Hola a todos, aqui les traigo el 9 capitulo de este sencillo fic. Espero que lo disfruten tanto como yo disfrute escribiendolo. Este capitulo puede considerarse por algunos como uno de relleno, pero para mi escencial para llegar al verdadero drama que se avecina.

Reacciones 2

La lluvia siguió su curso, humedeciendo cada rincón de aquel vasto bosque. Una joven caminaba lentamente por el viejo camino de tierra, que cubierto de espesa capa de hojas secas, permitía su transito.

-¿Qué me sucede¿Por qué no puedo dejar de pensar en el? – murmuro Kikyou al mismo tiempo que se acercaba al pie de la escalinata de un pequeño templo en ruinas.

Subió por las viejas escalinatas hasta llegar a la cima. Una vez ahí, se dirigió hasta el lugar de oración. Ya el oscuro manto de la noche había cubierto todo a su alrededor. La miko comenzó a recoger algunos pedazos y coloco en un lugar seco del templo. Con muchos esfuerzos logro encender una fogata. Rápidamente busco entre sus ropas algo de comer, sin encontrar nada. Dejo escapar un leve suspiro y acurrucándose a un lado del fuego, se sentó a descansar.

Pasaron las horas, provocando que la sacerdotisa se sintiera fastidiada por el aburrimiento. Poso su mirada en la fogata y se puso a contemplar el baile fantástico de las flamas. El sonido de la madera al crujir hizo que se levantara del suelo al mismo tiempo que chispas ardientes comenzaban levitar por todo el lugar.

Hipnotizada por aquel extraño efecto del fuego, comenzó a danzar, entonando una triste canción. Muy pocas veces aquella joven sacerdotisa de cabellos negros cantaba, pero aquel encuentro con Naraku, había provocado un choque de emociones y sentimientos en su corazón. Con movimientos lentos se movía alrededor del fuego mientras que su mente evocaba las imágenes de ellos dos juntos.

Sus caricias, sus besos, sus palabras provocaban confusión en su mente. No era aquel Naraku malicioso, lleno de sorpresas desagradables, el ser que siempre manipulaba a los otros para obtener un beneficio personal. Esta vez era diferente, esta vez era un Naraku confundido, avergonzado, capaz de demostrar sentimientos distintos a los que un ser como el posee, un Naraku del cual ella se encontraba atraída.

Sus movimientos se hicieron más rápidos al mismo tiempo que saltaba alrededor del fuego. Miles de chipas flotaban alrededor de la joven al mismo tiempo que la canción que salía de sus labios, aumentaba su intensidad. Un terrible rayo cayo en medio del bosque al mismo tiempo que Kikyou terminaba su danza, sentándose en el suelo.

Cerró sus ojos y se recostó sobre la vieja pared del templo. El viento soplo sobre la fogata, aumentando sus flamas, convirtiendo la fogata en una gran hoguera cuyo calor se expandió por toda la habitación. La miko al sentir como el ambiente frío y húmedo se volvía calido y seco, se acurruco entre sus propias ropas y lentamente se durmió.

Las horas pasaron hasta que el amanecer aunque la tormenta seguía su curso. Un par de jóvenes caminaban a paso lento por la aldea donde Inuyasha y los demas descansaban. Ambas llevaban una gigantesca hoja que las protegía del inclemente clima.

-Buenos Días – murmuro una de las jóvenes al detenerse frente a la cabaña donde el grupo descansaba.

-Buenos Días – respondió la anciana.

-Disculpe que las molestias, pero mi hermana y yo hemos ido a todos los pueblos aledaños en busca de una sacerdotisa. – murmuro la joven.

-Lo siento querida, pero aquí no hay ninguna sacerdotisa. ¿Para que la buscan?

-Es nuestra sensei, ayer acabamos con una serpiente que asolaba algunos pueblos aledaños al bosque. Ella nos encargo avisarles a los poblados que aquella amenaza había sido neutralizada. Cuando volvimos de nuestra labor, no la encontramos. Buscamos por varias hasta que la lluvia comenzó.

- Esto es preocupante, desde ayer no la hemos visto y hemos pasado varias horas buscándola. – murmuro otra vez la joven.

-Que mal, con gusto puede reunir un grupo para que la vaya a buscar - exclamo la anciana.

-No es necesario, bueno nos retiramos, tenemos que seguir con nuestra búsqueda. – murmuro la joven al mismo tiempo que ella y su hermana se daban la vuelta.

-Antes que se marchen¿Podrían decirme el nombre de la sacerdotisa?

-Su nombre es Kikyou – respondieron en coro las jóvenes al mismo tiempo que se alejaban del lugar, en dirección al bosque.

-Pobres niñas- murmuro la anciana al mismo tiempo que entraba a su cabaña.

-¡Mmm que rico, oh delicioso! – murmuraba Inuyasha, mientras daba vueltas en el suelo. – ¡Kagome, dame mas, delicioso!

-¿Qué cree que sueñe? – murmuro Shippo al ver como Inuyasha se ruborizaba inconscientemente.

-No lo se, pero se puede ver que es algo muy rico – murmuro Miroku con la mirada perdida. Un golpe seco resonó en la habitación seguido por un quejido de dolor – ¡Ay eso me dolió!

-Eso le pasa por pervertido – exclamo enojada Sango al mismo tiempo que limpiaba su Hiraikoutzo.

-Inuyasha. – murmuro Kagome mientras mantenía su mirada en el cuerpo del híbrido. Las palabras que salían de sus labios habían provocado que la joven también se sonrojara.

-¡Kagome¡Si¡Este ramen es delicioso! – exclamo Inuyasha al mismo tiempo que un hilillo de baba salía la comisura derecha del labio.

-¿Qué! – exclamaron en coro los demas.

-¡Inuyasha¡Abajo! – grito Kagome al mismo tiempo que Inuyasha se hundía violentamente en el suelo.

-¡Maldición Kagome! – grito iracundo el híbrido al mismo tiempo que se levantaba dificultosamente del suelo. - ¿Por qué hiciste eso!

-Tonto – murmuró la joven mientras caminaba en dirección al comedor.

El tiempo siguió su curso en la aldea, los campesinos realizaban sus actividades a pesar de la lluvia. El grupo se encontraba sentado alrededor del comedor, saboreando la deliciosa comida que la nieta de la matriarca de la aldea, había preparado para ellos.

-Delicioso, no he probado un platillo más delicioso que este – exclamo el monje Miroku mientras saboreaba su comida.

-Gracias, usted es muy amable – respondió la joven, alegre por el comentario.

-Apenas terminemos de comer, partiremos en busca de Naraku. – exclamo Inuyasha mientras devoraba un enorme plato de arroz.

-¿Ya se van¿Tan pronto?- pregunto la anciana.

-Si señora, tenemos que seguir con nuestra búsqueda. – respondió Sango mientras acariciaba el suave pelaje de Kirara.

Luego de terminar de comer, el grupo se despidió del poblado. Los aldeanos les proporcionaron algunas sombrillas para protegerse de la lluvia.

-Muchas gracias por todo, espero verlos a algún día – murmuro Kagome mientras abrazaba a la anciana.

-Gracias querida, por cierto, antes que se marchen, les quiero pedir un favor.

-¿Cuál es? – pregunto Shippo.

-Lo que sucede es que esta mañana, un par de jóvenes vinieron a la aldea. Estaban buscando a una sacerdotisa, al parecer ha estado perdida desde la tarde de ayer.

Todo el grupo sintió un escalofrió al escuchar tal cosa. Inuyasha bajo la cabeza al mismo tiempo que Kagome lo miraba, ambos sabían perfectamente quien era.

-¿Disculpe pero sabe el nombre de aquellas jóvenes? – murmuro el Monje Miroku.

-No, no me dijeron sus nombres pero si el de la sacerdotisa. – respondió la anciana.

-¿Cuál es su nombre? – pregunto Kagome sin apartar su mirada del hanyou.

-Kiky…Kiky…Kikyou, si eso era, se llamaba Kikyou. – Respondió la anciana, esbozando una sonrisa.- ¿Ustedes no vieron a una sacerdotisa ayer?

-No, no vimos nada – murmuro Inuyasha mientras se daba la vuelta y lentamente se marchaba.

-Esta bien, cuídense y que el cielo los colme de bendiciones – exclamo la anciana al mismo tiempo que el grupo se alejaba en dirección al bosque.

-¿Inuyasha? – murmuro Kagome. No hubo respuesta.

-¿Estas bien Inuyasha? – pregunto Sango preocupada.

-Si Kikyou esta aquí, quiere decir que Naraku aun se encuentra por estos alrededores. – murmuro Inuyasha sin mirar a nadie.

-Inuyasha tiene razón, debemos concentrarnos en encontrar a Naraku – exclamo Miroku en un intento para cambiar el ambiente.

En otro lado, lejos de aquellos parajes, se alzaba la ciudadela donde Naraku y sus siervos habitaban. Pese a la lluvia, los habitantes realizaban sus quehaceres, debido a la presencia del hanyou en el lugar.

-¿Sientes algo por ella? – murmuro Ying mientras miraba a un grupo de mujeres que llevaba comida a los soldados que se mantenían en las enormes puertas de la fortaleza.

-No molestes – fue lo único que respondió Naraku mientras tomaba un vaso de licor.

-¿Crees que el alcohol lograra que olvides su recuerdo? – volvió a preguntar el espíritu.

-¡Ya dije que no molestes! – vocifero Naraku.

-¿Estas bien? – murmuro una voz. Naraku miro a la puerta y vio que Hakudoushi lo observaba.

-¿Qué haces aquí?

-Vine a ver cual era tu escándalo. Tus gritos se escuchan por toda la casa. – respondió Hakudoushi, de pronto guardo silencio al ver el ser que estaba a lado del hanyou. - ¿Y ese¿Acaso es otro de tus marionetas¿O es una nueva creación?

-Ni lo uno ni lo otro, mi nombre es Ying, un "amigo" de Naraku, es un gusto conocerte Hakudoushi.

-Vaya, es extraño ver que Naraku tenga amigos y principalmente amables. Bueno eso no importa, ya la comida esta, baja a comer. – respondió Hakudoushi mientras se daba la vuelta y salía de la habitación. Naraku se levanto y se dirigió a la puerta cuando un comentario de Ying lo detuvo.

-Antes de bajar, deberías tomar un buen baño, hueles mal.

-Miserable – murmuro Naraku mientras se daba la vuelta y se dirigía al baño.

-¡Señorita Kikyou! – gritaron en coro, Asuka y Kouchou. Ya era medio día y no habían encontrado señales de la miko. La lluvia comenzó a disminuir su fuerza hasta que los nubarrones se disolvieron en el cielo y la luz del sol ilumino el valle.

-¡Asuka¡Kouchou¡Aquí! – se escucho una voz a lo lejos. Las jóvenes caminaron a paso veloz hasta llegar a la vieja escalinata de un templo. En la cima de la escalinata, se encontraba Kikyou.

-Es bueno verla de nuevo – murmuro Kouchou al mismo tiempo que la miko descendía por las escaleras.

-Nos preocupo, no sabíamos nada de usted desde ayer. – exclamo Asuka.

-No exageren – respondió la sacerdotisa con una pequeña sonrisa. -Ahora que ya estamos juntas, podremos buscar algo de comer.

-Hay una aldea a unos kilómetros de este lugar, si lo desea podemos ir ahí. – exclamo Kouchou.

-Me parece bien, Vamonos – respondió Kikyou y las tres mujeres partieron en dirección a la aldea.

Mientras tanto, de vuelta en la ciudadela de Naraku….

- Delicioso, Kanna cada día me sorprendes más – murmuro Hakudoushi mientras comía un gran filete con especies.

-Gracias – musito la joven albina – Las doncellas que se encuentran encargadas de la cocina, me enseñaron a prepararlo.

- ¿Por cierto a que hora bajar? – murmuro Akago mientras devoraba con rapidez un gran platón de arroz.

-No lo se y la verdad no me interesa – respondió de mala gana Hakudoushi.

-¡Piernas de cerdo envinadas¡Delicioso! – exclamo feliz Mouryoumaru al ver el enorme platillo frente a el. Rápidamente comenzó a comer, deleitando cada bocado.

-No vayas a tener una indigestión por comer tan rápido – exclamo Akago mientras veía al youkai.

- No digas tonterías – respondió Mouryoumaru mientras comía.

-Disculpa, no entendí lo que dijiste, es que estaba viendo el pedazo de cerdo muerto que se asoma por tu boca – exclamo burlón Kohaku.

Todos comenzaron a reír a excepción de Kanna que solo se limito a una pequeña sonrisa debido al comentario del exterminador, era costumbre hacer comentarios de se tipo a la hora de la comida, para alegrar el ambiente. De pronto un silencio fúnebre se extendió en la habitación debido a que Naraku había entrado. Lentamente se sentó en la mesa y en absoluto silencio comenzó a comer.

-La comida esta deliciosa – murmuro el hanyou. Todos lo miraron sorprendidos, normalmente cuando Naraku comía con ellos, no desperdiciaba la oportunidad de decir algún comentario hiriente a cualquiera de ellos, pero ahora, con aquel simple cumplido, había provocado confusión.

-¿Estas bien Naraku? – se atrevió preguntar Hakudoushi.

-Si – respondió el hanyou mientras devoraba el último bocado de su comida. -¿Por qué?

-Por nada, solo preguntaba – respondió el albino al mismo tiempo que los demás proseguían su comida. Naraku frunció el ceño y levantándose de su lugar, se retiro a su habitación.

-Raro - murmuro Kohaku.

-Extraño – exclamo Mouryoumaru.

-¿Qué tendrá? – pregunto Hakudoushi.

-….- fue lo único que salio de los labios de Kanna.

-No lo se, creo que la perla es la culpable de dicho cambio de personalidad – explico Akago.

-¿Acaso también tiene que ver, aquel hombre que esta en su cuarto?- murmuro Hakudoushi mientras cerraba los ojos y fruncía el ceño.

-¿Un hombre¿Quién es? – preguntaron en coro Kohaku, Akago y Mouryoumaru.

-Su nombre es Ying y es idéntico a Naraku salvo que posee un cierto parecido a la ropa de Kanna, parece un espíritu. – explico Hakudoushi miraba a Kanna, esta solo se limito a tomar un sorbo de su te.

-¿Acaso es otra extensión de Naraku? – pregunto Mouryoumaru.

-No lo creo, la verdad no se quien es este tipo y de donde salio, solo Naraku lo sabe. – respondió el joven albino. Los demás quedaron en silencio y siguieron comiendo.

-Son personas muy agradables – exclamo Ying al ver a Naraku entrar a la habitación.

-¿Acaso me espiaste cuando comía?

- Claro que no ¿Acaso me crees capaz de tal cosa?

-No responderé tu pregunta- exclamo el hanyou mirando de reojo al Ying. Este no pudo disimular una carcajada al mismo tiempo que flotaba por toda la habitación. - ¿Quién dijo que no tenias un buen sentido del humor?

-Vaya, eres el primero que se ríe de mis chistes – respondió Naraku mientras se acostaba en la cama.

-Será porque tus chistes son muy malos e hirientes – exclamo burlón Ying.

-Se supone que los espíritus no tienen sentido del humor, todo el tiempo están llorando y lamentándose. – murmuro el hanyou.

-Y también se supone que los demonios no pueden amar.

-Eso fue un golpe bajo – exclamo el hibrido al mismo tiempo que cerraba sus ojos.

-Lo se.- respondió Ying.

-¿Qué crees que haga en estos momentos?

-¿A quien te refieres? Un momento, no me digas, ya se a quien te refieres. La verdad no lo se, ella es una mujer bastante complicada al igual que tu.

-¿Eso crees? - pregunto Naraku abriendo los ojos al instante.

-Claro que si, un día los dos se odian a muerte y buscan alguna manera de matarse uno al otro y al día siguiente ya se están besando.

-Tú no entiendes nada.

- Entonces explícame.

-No hay nada que explicar, ella y yo somos enemigos, simplemente eso somos y eso seremos sin importar nada.

-Eso dices tú pero tu corazón dice otra, tarde o temprano tus sentimientos saldrán a flote y no podrás evitarlo.

-Tonterías, lo único que habrá entre la sacerdotisa y yo, es una sola cosa Odio. –refunfuño Naraku.

-Recuerda el viejo proverbio "Del odio al amor hay un solo paso" – sentencio Ying al mismo tiempo que se desvanecía en el aire.

Naraku se quedo solo en la habitación, con la mirada perdida en el techo al mismo tiempo que sus pensamientos y recuerdos se revolvían, evocando la imagen de Kikyou. -¿Acaso un ser como yo puede amar? – murmuro el hibrido al mismo tiempo que cerraba los ojos y se hundía en un profundo sueño. Pero mientras Naraku dormitaba, una sombra viajaba a gran velocidad por el bosque, en busca de un solo objetivo: Kikyou.

-Prepárate Sacerdotisa, hoy vas a morir – murmuro la sombra apretando los dientes con furia.

Interesante cambio de personalidad de Naraku ¿Verdad¿Acaso este ente maligno podra ser capaz de amar¿Quien es la sombra que amenaza la vida de Kikyou? Estas y otras interrogantes seran resueltas en el proximos capitulo de Flecha de Amor, nos vemos y cuidensen. Gracias por los reviews recibidos en el capitulo anterior y espero tener mas en este capitulo. Sayonara.