Disclaimer: Los personajes de InuYasha pertenecen a Rumiko Takahashi, historia hecha sin fines de lucro.
Por el frondoso bosque un peliplata iba viajando solo en su misión, ya que para hacer las cosas más rápido, se había separado de su acompañante youkai. El hanyou presentía desde hacía unos minutos que lo seguían sin dar marcha atrás, a pesar de que había acelerado el paso, algo no andaba bien, lo presentía.
El youkai perro se detuvo inesperadamente en un claro en medio del bosque, sus acosadores apenas si se dieron cuenta pero no pudieron evitar el salir descubiertos.
-A ver, a ver, ¿Qué está pasando? ¿Por qué me están persiguiendo?- Les preguntó encarándolos a los 4 youkai serpiente que lo seguían.
-Por órdenes del Lord del Este, estás detenido.- Se apresuró a decir uno de ellos, al parecer era el líder.
-Pe.. pero, ¿cuál es el cargo?- Preguntaba InuYasha nervioso y confundido mientras uno de los youkai le aplicaba un hechizo en brazos y piernas para que no pudiera escapar ni defenderse, imposible para él el hecho de liberarse, era magia muy fuerte.
-No te diremos nada, cuando estés frente al Lord él te castigará por tus cargos.
Luego de eso, perdió totalmente la conciencia.
-Buenas tardes Amo.- Saludó Jaken haciendo una reverencia al ver a su querido Amo llegar a su encuentro.
Sesshoumaru asintió el gesto de su sirviente.
-¿No me diga que va a regresar de nuevo al Palacio?- Jaken se apresuró a preguntar viendo que su Amo caminaba lentamente hacia esa dirección y no a la de la aldea.
-…
-¡No se puede ir Amo, no ahora!- El peliplata detuvo su paso al escuchar las palabras de Jaken.- ¿Qué va a pasar con la sacerdotisa? anoche se quedó triste porque lo estuvo esperando para cenar, las cosas van muy bien.
-Jaken, es mejor que nos olvidemos de ese asunto.- Dijo con un poco de decepción.
-¿Por qué?- Arriesgaba su vida al interrogar a su Amo.
-Me molesta, me molesta pensar que prácticamente me voy a comprar una hembra.- Esta bien, se estaba ablandando y pensando en las penas que esa mujer tendría que sufrir.
No quería que las cosas fueran de esa manera, si la mujer querría estar con él por voluntad propia, entonces la aceptaría. No le caía mal, olía bien, cocinaba bien, su presencia no le molestaba y todo aquello junto, es más de lo que ninguna hembra youkai había logrado, no es que la humana fuera perfecta, pero en realidad le agradaba, podría convivir con ella por todas las eternidades que les esperaban juntos, pero si y solo si… ella quisiera hacerlo. Él durante la noche se dedicó a pensar bien las cosas, no guiaría de ninguna manera las cosas, prefería que se dieran solas. Jaken no había mencionado nada sobre InuYasha así que suponía que lo que fuera que Jaken iba a hacer con él, entonces no se había hecho.
Si, era mejor esperar, si la sacerdotisa quería estar con él, sería por… porque ella lo quería. Él estaría con ella por dos cosas: la primera es que aún no conocía a nadie mejor y la segunda… la chica le agradaba.
-Eso no tiene por qué ser de esa manera Amo, tal vez ella y usted puedan conocerse mejor, ella puede enamorarse de usted…- Jaken inmediatamente fue interrumpido.
-Jaken… los planes de InuYasha… deséchalos.
El aludido simplemente no supo que decir, no le había dicho a su Amo que el trabajo estaba hecho, así que en estas circunstancias era mejor callar y seguir la corriente sino… su cabeza rodaría.
-No se preocupe Amo.-Hizo una ligera reverencia con la cabeza- Si ella se llega a enamorar, va a ser sin la presión de nadie, igual ella no sabe nada de lo que ha pasado y el por qué necesitaba quitar a InuYasha o los motivos para que usted quiera acercársele.
-Pero yo sí y eso no me gusta, no es el tipo de relación que quiero.- Sin darse cuenta alzaba un poco la voz.
-No es que quiera presionarlo, pero… en verdad la sacerdotisa se decepcionó cuando se enteró de que no llegaría a cenar. Debería… ir a disculparse.- Jaken pensó que sería degollado en ese instante por su atrevimiento.
Cerró los ojos de golpe y esperó.
Pero nada pasó.
Cuando abrió los ojos buscó a su Amo y sorprendentemente él caminaba de regreso a los alrededores de la aldea, oh si... conocía bien a su Amo.
InuYasha despertó en una celda, estaba algo mareado, no podía mover sus brazos con libertad pero ahora si podía usar sus piernas. Que más daba si estaba encerrado.
Esperó alrededor de diez minutos y un guardia apareció.
-Necesito hablar con quien esté a cargo.- Demandó InuYasha.
-No puede ser, tengo órdenes de mantenerlo encerrado y aislado.- Le dijo el lagarto frente a él mientras se revisaba que todo estuviera en orden.
-Pero es que están cometiendo una injusticia, permítame hablar con su superior.- Intentó pegarse lo más que pudo a los barrotes.
-¡No va a hablar con nadie!- El guardia se acercó a la celda para ponerse frente al peliplata.
-Estoy seguro de que esto es un error, necesito hablar con el Lord o consiga que venga un amigo, Akira es su nombre, dígale que estoy aquí.- Bufó molesto.
El guardia simplemente se fue por donde vino.
-¡Ayudame! ¡No te vayas!- Gritaba el ambarino al filo de las rejas.
-Disculpe Amo, ¿vamos a ir a la fiesta del Lord Koga?- Decía Jaken al borde del río cercano a la aldea mientras Sesshoumaru reposaba a la sombra de un árbol.
-Por supuesto que no, no digas tonterías.- Contestó para asombro del sirviente.
-¿Por qué no?- Jaken volteó a verlo abruptamente, acercándose a él lentamente.
-No me interesa.- El peliplata ni siquiera abrió los soles que tenía por ojos.
-No pues no vamos.- El renacuajo se encogió de hombros y se sentó bajo un árbol cercano al de su Amo.
En su recámara, se encontraba la sacerdotisa rememorando el momento en que hizo el amor con su amado InuYasha, era un recuerdo que la acompañaría por siempre. No podía ser más feliz por aquel maravilloso regalo que le hizo el peliplata, hacerla suya justo en el día de su cumpleaños y dejarse hacerlo suyo.
Ella sabía que InuYasha estuvo con otras mujeres, él nunca lo había dicho, pero ella intuía que sí, que ella no era la primera y probablemente tampoco sería la última ya que su existencia sería fugaz comparada con la de InuYasha.
Pero no importaba, no importaba porque se amaban o al menos eso es lo que siempre quiso, entregarse al hombre que amara y que la amara, nunca más podría estar con otro que no fuera él.
De repente se escucharon unos golpes en su puerta.
-Adelante.- Gritó con emoción.
-Soy yo, Sango.- Dijo la tajiya entrando a la cabaña de su amiga.
-Pasa amiga.- Apareció Kagome de su habitación.- Siéntate, ¿te ofrezco algo?- Ambas se sentaron en el sofá que tanto las había escuchado.
-No nada, estoy bien, gracias. Vine a decirte que decidí ir a la fiesta de Koga y quiero que tú me acompañes.- le tomó la mano que reposaba en su rodilla.
-No lo sé, déjame pensarlo Sango, InuYasha vuelve hoy y quiero pasar todos estos días juntos, lo platicaré con él y te digo, ¿sí?- la sacerdotisa acarició con sus pulgares la mano de su amiga.
-Está bien.- Le respondió con una sonrisa.
-Aún hay mucho pastel, deja sirvo un poco y algo de té para platicar un rato, ponte cómoda, no tardo.- La humana futurista salió de la pequeña sala y se fue a su cocina para preparar todo.
Segundos después se escucharon unos golpes en la puerta principal, la tajiya se sobresaltó y decidió ir a abrir la puerta.
Fue su sorpresa al encontrarse con una cara nada conocida de una mujer apenas mayor que Sango, muy hermosa por cierto, que de lejos se notaba que le gustaba la buena vida, vestía un kimono muy lindo, corto y bastante revelador con su busto y piernas.
-Buenas tardes, ¿se le ofrece algo?- Soltó palabra sin salir de su asombro al ver a una forastera ahí, tal vez vendría pidiendo ayuda porque su rostro no estaba para nada tranquilo.
-Buenas tardes, ¿está la sacerdotisa Kagome Higurashi?- Su voz sonaba como sacada de cuento, muy seductora y femenina, tanto que hasta a Sango encandilaba.
-¿Quién la busca?- No le daba buena espina esa mujer.
-Soy Mei Kitemura. No me conoce pero tengo algo urgente que hablar con ella.- Le dijo decidida, pero Sango estaba atenta a todo.
-Pase…- Sango no tuvo opción, aunque ella no le diera buena espina, la verdad era que si venia por ayuda, no podía negársela.- En un momento le atienden.
Sango se retiró en busca de su amiga dejando a la hermosa mujer ahí justo en la entrada de la casa.
-Disculpa amiga.- Entró Sango a la cocina hablando bajito, asustando un poco a Kagome.- Hay una mujer en la puerta que desea hablar contigo.
-¿Quién es?- preguntó modulando la voz.
-Me dijo que se llama Mei Kitemura.- Se acercó un poco más recargándose en un mueble muy cerca de Kagome.
-¿Mei?... No, no la conozco.- Le dijo negando con la cabeza y separando unas hierbas.
-Pues eso fue lo que me dijo y que tiene algo muy urgente que decirte.- No paraban de hablar bajito.- Ve a atender a esa mujer, que de todos modos tu y yo tenemos que seguir hablando.
-¿Segura?- Quitó el agua caliente del fuego.
-Sí, ve, aquí estaré hasta que termines.- Le aseguró Sango, más que nada por ver que su amiga quedara a salvo.
La sacerdotisa salió de la cocina y al dar la vuelta a la sala, vio a la mujer en su recibidor, su primera impresión fue igual a la de Sango, la mujer era bella.
Su piel era de un tono más o menos igual de claro que la suya, ojos color miel, delgada, cabello café claro un poco arriba de los codos, ni muy alta pero tampoco baja de estatura, cintura estrecha y caderas no muy anchas, al parecer la mujer sabía lo que tenía porque lo presumía con su vestimenta. Obviamente la mujer era youkai, lo sentía, pero aún no podía saber de qué raza era.
Kagome sonrío.
-¿Querías hablar conmigo?- Le preguntó a un poco de distancia.
-Si.- Dijo casi en un suspiro.- ¿Tú eres Kagome Higurashi?- Preguntó con nerviosismo pero con la mirada fija en ella.
-Si.- Kagome aun sonreía mientras se acercaba un poco a la desconocida.
-Necesito hablar contigo de… InuYasha Taisho.- Kagome se alarmó.
-¿Qué pasa con él?- Terminó de acortar la distancia, estaban a solo dos pasos.
La mujer suspiró.- Lo amo.
A Kagome se le nubló la vista porque las lágrimas amenazaban con derramarse.
-¿Qué estás diciendo?- Pronunció difícilmente porque un nudo en su garganta se estaba apretando.
-¡Que lo amo!- Mei estaba al borde de romper en llanto.- Lo amo más que a nadie en el mundo.- Por fin derramó unas lágrimas de sus preciosos ojos.
-¿Cómo te atreves a venir a molestarme con eso?- Kagome se limpió unas lágrimas traicioneras que bajaron por su mejilla izquierda.
-Me costó muchísimo trabajo encontrarlo, tengo años buscándolo.- Intentó explicar las cosas.
-No no no, yo no entiendo a dónde quieres llegar con esa broma… ¡vete!- lo último lo dijo tajantemente.
Mei levanto las manos como quien quiere calmar las cosas y las bajó al instante.
-Solamente escúchame, por favor, ¿sí?- No le dio tiempo de contestar.- InuYasha y yo nos íbamos a unir cuando él viajaba por el Este y de un día para otro desapareció sin decirme nada.
-No, no, eso es mentira ¿de qué hablas?- Kagome no podía creer aquello, no de su InuYasha.
-No, es la verdad, muchos ya me habían dicho como era, pero yo no les hice caso, yo le creí todo lo que me dijo.- Sango estaba escuchando desde la cocina.
-No…- dijo en un suspiro.- a mí InuYasha nunca me habló de ti, ni a nadie que yo sepa.
-Obviamente.- Bajó la vista.- Porque lo que quiere es verte la cara igual que a mi.-dirigió sus ojos a los de la sacerdotisa.-InuYasha me quitó todo lo que tenía, se aprovechó de mis poderes hasta que ya no le serví más, hasta que se enteró de alguien mas y un dia antes de nuestra unión… me abandonó.- Sus lágrimas caían lentamente por su inmaculado rostro.- Es un mentiroso, es un traidor, pero con todo y eso pues yo…- movió sus brazos en fastidio.- lo sigo amando como una estúpida.
Kagome estaba que no cabía en sí misma de la sorpresa, ¿Cuándo había pasado todo esto? Ella había estado con InuYasha muchos años y jamás le dijo nada. Al parecer a nadie.
-Vengo de hablar con él y enfrentarlo, por poco y me parte en dos con su espada, me dijo que me fuera del Oeste.
-No, no no…- Kagome puso su mano derecha en su frente negándolo todo.
-En todos estos años que tarde en encontrarlo, descubrí muchas cosas, me cambió por una sacerdotisa llamada Kikyo, quedó sellado por ella, lo cual borró su rastro haciéndolo imposible para mí el encontrarlo… dejé de buscarlo hasta que empezaron los rumores de que ya había despertado de su largo sueño, hace poco me enteré de que está contigo y por eso vine a verte, para prevenirte.
-No.- Kagome negó con su dedo índice.- Fijate que no te creo ni una sola palabra, asi que fuera de aquí.- Caminó de frente, empujándola en el trayecto y abriendo la puerta de su cabaña.- Lárgate de aquí.
-¡Acompáñame y vamos las dos y lo enfrentamos!- Le gritó con su demanda.- Acompáñame para que me creas y a ver si InuYasha se atreve a negarme a mí en tu cara.- Su voz era muy decidida, eso ponía a dudar a Kagome.
-Kagome, no te atrevas a rebajarte a ese nivel.- Sango apareció de la cocina, rabiosa por aquella revelación.
-Pero Sango…
-Pero nada…- volteó a ver a Mei.- Tu…lárgate de aquí.- le dijo con fiereza.
-No, no te preocupes, ya dije lo que tenía que decir, espero que no hayas hecho lo mismo que yo Kagome… que no le hayas brindado de tus poderes todo este tiempo a InuYasha.
-No, Sango, yo necesito saber si esta mujer me está diciendo la verdad porque todo esto es una mentira.- la apuntó con su dedo.- tengo que ir con ella para hablar con InuYasha.
-¡Por favor Kagome! ¿te has vuelto loca?.- no permitiría que le hicieran más daño a su amiga.- ¡que te largues pero ya!- rugió contra Mei, quien en acto seguido se dirigió a la puerta azotándola al salir.
-No no no, no es cierto, no no no, no puede ser verdad.- Golpeó la puerta sintiéndose desfallecer.
-Amiga.- se acercó Sango a socorrerla.- ya lo has escuchado, esa mujer no tiene motivos para mentirte, ¿ves porque InuYasha te da tantas largas para casarse?... ya sabes lo que ha estado buscando, solo tu poder… para estar a salvo, para sentirse poderoso.
-Es que esa mujer está mintiendo Sango, mi InuYasha sería incapaz de aprovecharse así de mi.- Se alejó de Sango y fue a su habitación, dejando a su amiga sola en la sala.
La tajiya no lo pensó y fue en busca de su amiga.
-No lo puedo creer Sango.- la sacerdotisa se encontraba sentada en su cama abrazándose de una almohada, llorando a mares.
La amiga incondicional se sentó junto a ella.
-Pues sí Kagome, te entiendo, cuando uno está enamorada pues piensa que nuestra persona especial no puede ser malvada, pero la vida nos va enseñando con golpes que… desgraciadamente puede ser que sí.
-¡Es que InuYasha me ama Sango!... yo sé que me ama.- sollozaba incontrolablemente.
-Y sin embargo, ve lo que ha hecho, todo tiene sentido… ¡reacciona Kagome por favor!... ¡Convéncete Kagome!... si las intenciones de ese maldito hubieran sido buenas, desde hace tiempo que hubiera ido a hablar con tu familia, ¿no?
-Es que lo intentó, pero te juro que por una cosa u otra nunca se pudo hacer…
-O a lo mejor eran pretextos de él porque la verdad nunca tuvo intenciones de hablarlo con tu familia.- hicieron una pausa de 5 segundos donde solo se escuchaban los sollozos de Kagome.- Yo sé que te duele amiga, pero considera la idea de que aunque te duela…. InuYasha nunca te amo.
Kagome se rindió en lágrimas en el regazo de Sango quien la consolaba como siempre lo había hecho.
En un lugar lejos de la casa de Kagome se encontraba caminando hacia el Este una hermosa youkai que desde hace momentos había sentido una presencia acercándose a ella.
Paró en medio del bosque para dejarse alcanzar.
-¿Fuiste a buscarla como quedamos?- se escuchó a su espalda.
-Sí, si fui y solté todo como me dijiste y creo que salió bien porque la mujer se puso a llorar como loca, pobrecita, sentí horrible…- La mujer se llevó una mano al pecho, quedando aun de espaldas frente a su acechador.
-Esa mujer es tan estúpida, ¿se creyó todo verdad?
La presencia se hizo más fuerte que de un momento a otro ya lo tenía a dos pasos de ella.
-Yo no estaría tan segura, como que se quedó con dudas… Yo no sé porque me estas metiendo en esto, en cuanto busquen a InuYasha para aclarar las cosas, va a descubrir que todo era una mentira Sabusashi…- La youkai se dio media vuelta para encararlo.
-No, a ese perro no lo va a volver a ver nunca, mira… - le extendió un pequeño costal y lo puso en sus níveas manos.- Para que te tranquilices.
-Pues si… yo creo que ya me siento mejor.- Dijo con sufrimiento fingido sabiendo que en ese costal había monedas de oro.
Ya había oscurecido, de hecho era algo tarde, Kagome caminó lentamente por su casa, decidiéndose si salir o no a la espera de InuYasha, el cual, ya se había tardado en volver, quería salir pero tampoco quería verse desesperada. Rin estaba en la pequeña sala viendo unas fotografías junto a Jaken, mientras seguía a su tutora con la mirada de vez en cuando, aun no había visto a su Amo pero sabía que no andaba lejos.
Kagome se acercó a la puerta principal.
-¿A dónde va señorita Kagome? - preguntó Rin al ver que iba de salida.
- A los jardines Rin.- Le dijo con una voz algo triste y apagada.
-¿A ésta hora?...- La pequeña se asomó por la ventana- ¡Ay no, mejor no señorita!... quédese aquí con nosotros.- Le dijo con voz rogona.
-Rin, deja que salga la sacerdotisa a respirar un poco de aire fresco.- Rin no dijo nada y Kagome simplemente salio.
Jaken sabía perfectamente que ella estaba impaciente por que InuYasha no llegaba y también que seguramente jamás volvería, pero eso nadie tenía que saberlo así que simplemente dejó que las cosas pasaran.
InuYasha había recuperado un poco la movilidad de sus brazos, había estado intentando escapar pero simplemente no podía, había alguna magia en aquella celda que no dejaba que sus poderes se desplayaran.
-¡Alguien que me ayude!- gritaba mientras se aferraba a los barrotes.- ¡No pueden tenerme aquí sin ninguna explicación!... ¡Necesito hablar con el Lord del Este!.- Nadie acudía a su llamado.- ¡Heeeeeyyyy!.
Kagome caminaba lentamente entre los jardines, no sabía cuánto tiempo había pasado, solo pensaba en que InuYasha no estaba de regreso y necesitaba aclarar las cosas.
Mientras tanto Rin y Jaken seguían en la sala con algo de hambre a decir verdad.
-Señor Jaken, ya se tardó mucho la señorita Kagome, ¿debo ir por ella?- decia la niña con un libro entre sus manos.
-No Rin, yo me ocupo, mejor ve a servirte algo de la cena porque a este paso jamas cenaremos.- en ese instante entraba Sango a la cabaña.
-Hola señorita Sango, ¿podría ir a buscar a la señorita Kagome a los jardines?- La niña iba directo a la cocina.
-Eh... eh... si, yo ... ire en un momento.- Le dijo con una sonrisa. Sango no entendía muy bien así que se sentó frente a Jaken que ya estaba muy dispuesto a salir.- ¿Qué hace Kag en los jardines a estas horas?
-Esperando a InuYasha, pero todos sabemos que nunca va a llegar...- Le dijo como queriendo que nadie lo escuchara.
-¿Qué sabes tú de eso?- Sango lo quería fulminar con la mirada.
-Los rumores están por todos lados tajiya, apuesto a que hasta tu y la sacerdotisa lo saben.- El silencio de Sango le afirmó aquello. - La pobre ya tiene bastante rato ahí.- fingió lástima pensando en que todo había salido bien.
-¿De dónde salió esa mujer?- Preguntó Sango, esperando que el renacuajo tuviera alguna idea.
-No tengo idea, pero muchos años atrás ya había rumores sobre InuYasha y una mujer de la cual nunca escuche de su identidad, probablemente sea ella.- Mintió, pero lo cierto era que aún no sabía quién era a la mujer que contrataron para el plan.- ¿Podrías ir a buscarla tú?... el gran Jaken no está para lidiar con esos berrinches de humanos y sus sentimientos.
-Claro, solo deja asegurarme de que Rin coma algo y llevarla a la cama, igual a Kagome le vendría bien un poco de soledad.- Sango decidió ir a hacerse cargo de la niña.
Kagome ya estaba caminando en el follaje del bosque, intentando rastrear a InuYasha, iba a darse por vencida pero en un claro pudo ver un campamento, eran los mismos que había visto que irian a misiones al igual que su amado, decidió acercarse y preguntar, si ellos ya habían vuelto entonces era seguro que sabrían sobre el peliplata.
Se acercó hasta mezclarse entre ellos, prácticamente la ignoraban porque sabían de quién se trataba, delante de una casa de campaña improvisada vio a un hanyou con cara de amable, lo que ella no sabía era que se trataba de Akira, quien acompañó a InuYasha en su misión.
-Buenas noches.- se dirigió a él.- Soy una especie de familiar del Lord del Oeste y quisiera hablar con su hermano, InuYasha.- tenía sus manos cruzadas en su pecho a causa de la angustia, pero antes de que el hanyou pudiera contestarle...
-Soldado... retírese.- El capitán apareció.
-¡Si señor!.- Hizo una especie de saludo.
-Yo me encargo de atender a la señorita.- Akira hizo una reverencia y siguió su camino pero se detuvo a unos cuantos pasos en la oscuridad.
Kagome sonrió.
-¿Cómo está sacerdotisa? - le hablo con bondad.
-Capitán, perdón que lo moleste, quiero pedirle algo, en nombre de la amistad que usted tiene con Sesshoumaru, por favor dígame dónde puedo ver a su hermano InuYasha, es muy urgente para mi.- La azabache le rogaba con la mirada.
-Lo siento mucho señorita, pero el Amo InuYasha pidió hace unos días que lo trasladaran a una misión más grande, muy lejos de aquí y hoy en la tarde se fue de la aldea rumbo a su destino.
Kagome no podía creerlo, estaba estupefacta y el nudo parecia volver a su garganta. Akira tampoco se veía muy de acuerdo con lo dicho por el capitán.
-No puedo creer que se haya ido así...- Kagome volteó su cabeza a la derecha llevando una de sus delicadas manos a su boca, no pudiendo creer y dejandolo dicho con su mirada de angustia.-... así sin decirme nada.
-Mire, yo no sé qué relación tenía con InuYasha.- Kagome volvió su mirada al capitán.- pero al parecer tenía mucho interés en conseguir esa misión e irse lo antes posible de este pueblo.- había tanta pureza en su hablar que era imposible no creerle.
-Pero... ¿a dónde lo enviaron? ¿dónde puedo localizarlo? porque... de verdad yo necesito hablar con él.- Sus ojos estaban dilatados ante tantas revelaciones y lágrimas contenidas.
-No tengo esa información en este momento - Kagome suspiró con un sollozo.- Señorita, yo apenas la conozco pero hablaré honestamente... su lugar está con quien la apoye, con quien la necesite, no puede ir detrás de ese hanyou porque evidentemente no tiene ningún interés en usted, ¿sabe el dolor y la angustia que le provocaría a la princesa Rin si usted se fuera? - la azabache bajó la mirada dándose cuenta de que así era.- Señorita, la acompañaré a su hogar, deben de estar preocupados por usted.
Ambos comenzaron a caminar de regreso a la aldea mientras un muy intrigado Akira trataba de darle sentido a todo aquello.
-Hay algo aquí que no me da buena espina.- Decía para sí mismo el hanyou.
-Jaken, Kagome no está en los jardines.- entraba Sango a la cabaña después de unos minutos de búsqueda.
-¿Cómo que no está? - el renacuajo se levantó del sofá.
-Pues no está en los jardines, no sé dónde se metió.- La exterminadora estaba tratando de entender.
-¿Crees que haya ido en busca del hanyou?
-¿No me acabas de decir que no volverá? - Sango ya no pensaba claramente.
-Yo iré a buscarla, !eres una humana inútil!... quédate aquí por si vuelve.- Jaken salió para tratar de seguir el rastro.
Lejos de ahí, en una aldea cerca del Este donde residían youkais en su mayoría, se encontraba Sesshoumaru siendo arrastrado por Toshida a una noche de "diversión".
-No sé cómo me has convencido de acompañarte a éste lugar.- Decía el Lord mientras entraban a un pequeño salon-bar donde lindas youkais servían la bebida por todo al rededor y había espectáculos de youkais utilizando sus poderes como entretenimiento, el lugar no era muy iluminado y en las paredes predominaban largas cortinas rojas, todo el mobiliario era en madera color negro.
Ambos youkais veían a su alrededor, Toshida lucia con ganas de divertirse.
-Si lo que quieres es sacarte a una mujer de la cabeza... éste es el lugar perfecto.- Dijo Toshida con mucho ánimo, pensando más en él que en Sesshoumaru.
-A éste Sesshoumaru no le agradan éste tipo de mujeres.- Lo dijo con voz casi inaudible... por si acaso.
-Si lo que usted quiere "mi Lord".- dijo en tono sarcástico.- es refundirse en su palacio, por lo menos diviertase una noche.- dijo mientras levantaba uno solo de sus dedos.- ¡una!.
Toshida caminó hacia una mesa vacia y Sesshomaru optó por seguirlo. Mientras tanto, una youkai hermosa y con atuendo algo estrafalario les había echado el ojo y caminaba hacia ellos de una manera muy sexy y con una sonrisa en su rostro.
Ellos consiguieron tomar asiento.
-Hola hola.- La youkai paso una de sus manos horizontalmente por la espalda del Lord y les hablaba seductoramente con su voz melodiosa.
Ambos youkais voltearon a verla porque... era prácticamente imposible no notarla. Toshida sonrió ampliamente mientras la delicada mano de la youkai ahora llegaba a su espalda.
-Hola preciosa.- Contestaba Toshida al tiempo que le indicaba que se sentara a un lado de él y ella sin dudarlo tomo asiento.
-¿Me invitas algo de beber?.- Se dirigía al Lord.- Me llamo Mei.- ella le arrojó una sonrisa querubina y sus pestañas revolotearon.
-Mi nombre es Sesshoumaru Taisho, mucho gusto.- Aunque no quisiera, hasta el Lord sabía reconocer la belleza y esa youkai era un ejemplar divino. Lo que no sabían era que esa youkai había sido contratada para facilitarle el romance al Lord con la sacerdotisa, incluso la misma Mei no sabía el verdadero propósito de su mentira.
-Hacía mucho tiempo que no veía a un youkai tan bien parecido por aquí.- Era un deleite ver sus labios rojos carmesí al tiempo que ella hablaba.
-¡uuuuuuuyyy!- Toshida ya estaba agarrando el humor de fiesta. Sesshoumaru le dio una mirada fulminante.
-Gracias.- Su rostro se mantuvo estoico, la youkai era hermosa, pero la humana tenía algo que la hacía tener una belleza diferente, no es que él pensara que la humana fuera bella, simplemente... la recordó.
-Asi que ésta noche te la voy a dedicar completa a ti.- su cabello ligeramente ondulado se movía mientras ella hacía sus gestos y hablaba con su voz hipnotizante. Sesshoumaru simplemente no dijo nada, empezaba a sentirse muy incómodo ahí.
Hacía uno minutos que Jaken habia vuelto, el pobre renacuajo estaba pensando que su Amo lo mataría sin piedad por dejar que la humana desapareciera así como así. Tanto él como Sango no sabían dónde más buscar.
Se escucharon unos golpes en la puerta. De inmediato Jaken suspiró en alivio al notar la presencia de esa mujer.
-¡Que alivio!- suspiró Sango apena que abrió la puerta y se abrazó a su amiga.
-Buenas noches -dijo el capitán- les traigo a la señorita Kagome.
-No puedo creer que hayas interrumpido al capitán humana insolente.- Jaken no perdió segundos para hacer sentir peor a la azabache.- ella solo le dirigió una mirada vacia.
-¿Me disculpan por favor?- dijo más para Sango y el capitán.- gracias por todo capitán.- Ella pasó su mano ligeramente por el brazo del capitán, el cual hizo una reverencia al momento que Kagome se retiró a su habitación.
Segundos después Jaken y el capitán salieron camino al bosque.
-Puedes estar tranquilo Jaken, InuYasha está detenido e incomunicado.
-Te lo agradezco Igna, pero espero que no le haya dicho nada a la humana.- ambos pararon en la entrada al bosque. - porque si se entera donde está es capaz de irse a sentar a llorar afuera de donde lo tiene hasta que lo suelten y a nadie le conviene.
-Como te lo prometi, estoy manejando el asunto con mucha discreción, a la humana solo le dije que InuYasha había pedido una misión lejos de aquí y que hoy mismo en la tarde se fue definitivamente.
-¡No Kagome! no debiste haber ido a buscar a InuYasha y menos sabiendo que te ha estado engañando de la peor manera.- Sango insistía mientras Kagome estaba acostada en su cama llorando quedamente. - pero todo tiene un limite y tu ya no puedes seguir siendo tolerante con él, tienes que ver hacia otros horizontes.- Kagome se abrazaba a sí misma pensando en quién más podría ver si nadie mas le interesaba, solo su peliplata y como si Sango adivinara su pensamiento... soltó la lengua.- Sesshoumaru parecia interesado en ti.- se sentó junto a ella hablándole bajito, como si fuera pecado lo que acababa de soltar.- pero al parecer, tu manera de portarte con él ha hecho que no vuelva más a ésta casa.
Kagome ni siquiera se había dado cuenta de aquello, era cierto... Sesshoumaru no había vuelto y de hecho había tenido muchas atenciones con ella, pudiera ser que sí... que sí tuviera algun tipo de interés, pero hasta eso... hasta eso se ha ido junto con su búsqueda de Inuyasha.
Había amanecido y Kagome aun se encontraba llorando en su habitación, apenas si había dormido por tanta angustia y tristeza que sentía. Sango se encontraba en su cabaña desde temprano para atenderla pero ella simplemente no había salido de su recámara.
Tocaron a su puerta.
-Kagome, ¿no te vas a levantar? es tarde.- se acercó a ella.- mira nada más qué cara tienes.- se sentó a su lado.- no te pongas así, ningun hombre vale la pena.
-No lo puedo creer Sango.- su voz se quebraba.
-Pero si vino esa mujer a prevenirte amiga
-No se, algo me dice que esa mujer no me dijo la verdad.
-¿y que ganaba con decir mentiras?
-Pues a lo mejor y le gusta InuYasha y ella nada más lo hizo para alejarlo de mi.- levantó un poco la voz.
-¿Y entonces porqué ese maldito se largó de aquí así tan de repente?.- Kagome cerró sus ojos intentando no pensar.
-No sé...- negaba con la cabeza.- no sé y eso me tiene muy desesperada.
-Ya amiga, mira trata de calmarte y ahora que se fue de tu vida ese mal hombre, intenta conocer a Sesshoumaru, a lo mejor se da una chispita entre ustedes y de ahi nace el amor.
-No creo, eso es imposible.- Kagome ni en cuenta lo tomaria
-Bueno, pero me tienes que acompañar si o si a la fiesta de Koga.
-Esta bien, esta bien.- Kagome pensaba que a lo mejor InuYasha aparecia.
En un lugar del bosque Sesshoumaru reposaba bajo un árbol, una presencia se acercaba y por supuesto que ya sabía de quién se trataba. A los pocos segundos alguien se sentó a unos pasos de él.
-Eres un pésimo amigo, me dejaste ahí solo en ese lugar y ni cuenta me di cuando te fuiste.- Sesshoumaru no abrió los ojos.
-¿Cómo te iba a dar cuenta si estabas estúpidamente fascinado con esa youkai mientras hacia su baile?- su voz era ronca, signo de que no había hablado en horas.
-Está guapísima, ¿apoco no te gustó?.- Toshida intentó indagar.
- "La que no me puedo sacar de la cabeza es a esa humana".-pensaba Sesshoumaru, por lo tanto Toshida no obtuvo respuesta.
-Yo tengo un problema, ya que la youkai que quiero, está enamorada de cierto Lord.
-¿Mako?
-Si...
-No te des por vencido entonces.
-Yo te aconsejo lo mismo, pero con la sacerdotisa.- Sesshoumaru abrió sus ámbares en modo de sorpresa... seguramente había dicho otra cosa, tiene a esa mujer metida en la cabeza que ya la alucina donde sea.
Sesshoumaru decidió caminar directo a la aldea de la sacerdotisa, ya era mucho tiempo de haberse desaparecido y seguramente su hermano ya estaba de vuelta, por lo menos se despediría.
Era el atardecer cuando Mei se encontraba yendo hacia una aldea mas cerca del palacio del Oeste y en el camino, a lo lejos vio a Sesshoumaru en un claro cerca de un río, decidió ir a su encuentro.
-Hola, buenos dias.- Su voz melodiosa alertó al ambarino el cual no respondió.- Soy Mei, ¿no me recuerdas?- se acercó a él.
-Claro.- Dirigió su mirada hacia ella. Si... una bella youkai.
-Anoche te fuiste y nunca regresaste.- Le dijo a modo de reclamo.
-No acostumbro ir a ese tipo de lugares.- Lo dijo casi escupiendolo.
-Dejame decirte que no por ser una hembra de espectáculos y entretenimientos soy una mala youkai.
- ...
-Yo tenía sueños como muchas otras, pero me enamoré de un youkai que no supo apreciarme y terminó utilizándome solo para su beneficio y en fin... aquí estoy viviendo como se pueda porque una cosa llevó a la otra y soy buena en lo que hago, lástima que tú no te quedaste anoche para comprobarlo.- Le guiñó el ojo.
A una distancia considerable de ahí, sobre una colina donde las flores reinaban, se encontraban Rin y Kagome recolectando flores para que la niña se divirtiera, Kagome enfocó un poco su vista al rio y fue tal su sorpresa al ver a Sesshoumaru con tan buena compañia, nada más ni nada menos que Mei... tantas cosas pasaron por su cabeza.
Mei habia seguido su camino y Sesshoumaru se dio cuenta que InuYasha no había ido a la aldea, su olor no estaba presente y nada fuera de lo normal habia aparecido por ahí, incluso se dio el gusto de indagar un poco y al parecer la humana estaba preparándose para ir a la fiesta del nuevo Lord.
Probablemente él se daría una vuelta por ahí.
La noche estaba en su esplendor, las estrellas brillaban, la fiesta estaba tranquila y todos los youkai importantes se encontraban ahí, Sango y Kagome se encontraban platicando sobre Ayame, quien lucia despampanante.
A los pocos segundos un Lord peliplata hizo su aparición, como siempre... inigualable.
-Ve quien acaba de llegar.- Sango le indicó a su amiga para dónde voltear.
Kagome sonrió y Sesshoumaru sorprendido... intentó hacerlo.
-Kagome, creo que te está comiendo con los ojos.- Kagome no le quitaba la mirada de encima, tantas cosas pasaron por su mente desde que lo vio junto a Mei que solo quería venganza, no entendia nada de la situación pero por lo menos desquitaría su coraje así que se puso su vestido más lindo, uno sin mangas, verde esmeralda que le diera un brillo a sus ojos, entallado, sin mucho escote pero seductor y una cuarta antes de la rodilla, zapato no muy altos y su cabello luciendo elegante, claro... presumiendo en su cuello la joya que le envió por su cumpleaños.
Lentamente Kagome caminó hacía el peliplata, dejando a Sango sorprendida por su actitud.
Sesshoumaru la vio de frente y decidida, sintió un atisbo de emoción al verla así, como la conoció, decidida y siempre de frente.
-Buenas noches Sesshoumaru.- Su voz la moduló y la moldeó lo más seductora posible, le sonrió.- Te estaba esperando- Se posicionó justo delante de él, a dos pasos si mucho.
-¿De verdad?
-Si, aunque no estaba segura de que ibas a venir, hace tiempo que no te vemos por la aldea.
-...- Sesshoumaru no quería parecer más ni menos.
-Me gustaría hablar contigo...- Kagome dio un vistazo a su costado izquierdo.- pero aquí no, ¿nos alejamos un poco?.- sus ojos azules y grandes lo veían espectantes de la respuesta.
A Sesshoumaru le parecia increible que esa mirada lo tuviera cautivo por unos segundos.
-Por supuesto, vamos.- Su voz varonil era seductora también, pero Kagome no retrocedería.
La azabache estiró un poco su mano para alcanzar el brazo del Lord, el cual al instante lo posicionó para conducirla caballerosamente a un lugar lejos de ahí...
Cuando ella posó su mano en su brazo, el peliplata dirigió su mano del brazo libre para secuestrar la de ella, la ojiazul no se opuso y lentamente entrelazaron sus dedos, ambos sintieron algo en su interior, como si ese toque estuviera destinado a pasar. Sesshoumaru se dejó llevar por la sensación, pero Kagome no, a pesar de que algo dentro de ella le rogaba que lo intentara, su deseo de hacerlo sufrir tal como ella sufrió le brotaba por los poros porque piensa que fue él el autor de esa broma de mal gusto llamada Mei.
A paso lento se alejaron de la celebración dirigiéndose a un jardín donde nadie los escucharía.
No me veas así, si hubo un culpable aquí... fuiste tu.
(Inspirado en Kagome)
Reviews!
A todos gracias! ya es muy tarde y quiero dormir así que hoy no contestaré de uno en uno, se los debo a la próxima y lo siento por el retraso! espero les haya gustado y si aún están pendientes de la historia haganmelo saber, es reconfortante para mi.
10/12/15
