Bueno, este capítulo acaba de salir del horno y está esperando a que le leas. Me agrada que estés aquí, ahora sólo te pido que disfrutes del relato y no olvides decir que te pareció. Gracias por todo y disfruta la lectura.


-9-

Lazos fraternales.


Sabo sintió tensión en cada parte de su cuerpo. Al ver a Bellamy enfrente de él, acompañado de diez hombres y todos armados, le hacía recordar exactamente al momento en el que lo habían capturado por primera vez. Apretó los puños y gruñó entre dientes, como si fuese un animal acorralado.

—Me has causado muchos problemas. – masculló molesto el miembro de la familia de Doflamingo. —¿Tienes idea de lo que provocaste? Ahora Doflamingo-sama me matará si no te llevo conmigo.

—Es una pena que no sea así. – se levantó lentamente, esperando lo que vendría. Sabía que si intentaba pelear, aún herido no podría ganarles a todos. Más ahora que estaban armados. Rogó en silencio que, si le iban a matar, entonces no usaran las armas contra sus hermanos.

—Hablas mucho. – susurró el secuaz de Donquixote. Hizo un gesto para que dos hombres se le acercaran y así capturarlo de una vez por todas. Más la mirada de Sabo era claramente intimidante. Los hombres tragaron saliva cuando se le acercaron y por un instante dudaron en atraparlo.

Sabo se movió magistralmente, digno de un luchador en estilo marcial. Esquivó sus puñetazos, a pesar de estar herido, y les propinó una buena patada en la cara a uno de ellos, al otro le tomó de un brazo, lo pasó desvió con rudeza e impactó su puño en la cara del hombre.

—¡¿A qué están jugando?! – demandó molesto Bellamy. A su orden más hombres saltaron sobre Sabo. El chico simplemente se dedicó a evitar sus estocadas, utilizó sus piernas y sus brazos para alejarles, pero poco a poco su fuerza comenzó a disminuir, las heridas cobraban tributo y sentía que pronto desfallecería. Sintió que le tomaban del cuello y lo empujaban contra las tumbas, perdió el equilibrio debido a la pieza de piedra que le había interrumpido sus pasos en reversa.

Cuando se percataron que estaba retrocediendo le halaron hacia ellos y lo lanzaron al suelo. Sabo exclamó herido, puesto que todavía resentía sus lesiones. Sintió que le pateaban en el estómago y después le obligaban a levantarse. Seguía tomándole del cuello. El sujeto que lo tenía le lanzó un puñetazo en la cara que recibió sin poder evitarlo. El tipo sonrió y se empecinó en darle otro golpe sin nada de miedo.

Pero, esta vez el puñetazo no llegó a su destino ya que una mano interrumpió su trayectoria. Sabo miró entonces el brazo de Ace, quien le defendía espontáneamente.

—Aléjate de él. - masculló extremadamente molesto. El hombre intentó liberar su puño pero le fue imposible, el agarre de Ace era tan fuerte como el acero. Portgas le propinó un puñetazo limpió que lo noqueo y le obligó a liberar a Sabo. El rubio se arrodilló jadeante.

—Ace, gracias. – musitó mientras recuperaba el aliento.

—¿Estás bien? – le preguntó su hermano, protegiéndole de las miradas acusadoras de los secuestradores.

—¿Quién diablos eres tú? – alegó Bellamy.

Pero en vez de una respuesta hablada, Ace le miró con el odio más puro que alguna vez había experimentado. Los hombres observaron a su compañero caído, sospecharon que, si luchaban a puño limpio con él no saldrían ilesos.

—Ven. – le pidió Ace. —Maldito bastardo. – rugió como una fiera.

—¿Quieres pelea? – se burló. —¡Muchachos! – los agentes de negro que acompañaban a Bellamy se lanzaron contra Ace.

Hiken demostró una habilidad más allá de lo que pudieron esperar. No era un peleador blando, en sí, su estilo de pelea consistía en un estilo libre en donde predominaban las maniobras para tirar al oponente. Tomó a dos hombres de la cara, antes de que pudieran tocarle y los impactó contra el suelo, aún sin perder los levantó, sacudiéndoles con una fuerza impactante y los mandó a volar al mismo tiempo que se quitaba de encima a dos más.

Uno intentó interceptarle por un flanco con una patada, pero Ace la bloqueó perfectamente con sus manos, y le tomó en el aire para después halarlo hacía él y darle de lleno al estómago. No satisfecho sacudió al sujeto y para cuando lo soltó le propinó una buena patada en la espalda.

—¡Ace, atrás de ti! – Sabo advirtió algo que él ya sabía. Dos hombres se acercaban hacía él en un embiste seguro. Se agachó e interceptó a ambos con una patada doble en la cara de los sujetos. Éstos se tambalearon adoloridos, Ace se recuperó con una pirueta y antes de poder estabilizarse por completo giró sobre sí mismo y apresó a otro con sus tobillos, su cuerpo era tan flexible que logró hacerle una llave y dejarlo fuera de combate.

Ya sólo quedaban tres personas más Bellamy y no se animaron a interceptarle. Ace se enderezó y se preparó para atarles directamente, pero justo cuando el aura bélica de él se hizo presente Bellamy desenfundó su arma.

Al mismo tiempo los hombres lograron levantarse, a pesar de los golpes y sacaron sus pistolas para amenazarles. Ace se quedó quieto, podía ser muy rápido, pero simplemente no podría competir con la velocidad de una bala.

—¡Esto ya ha sido suficiente! – vociferó La Hiena. —¿Acaso quieren burlarse de mí? – se veía muy estresado. —No toleraré que un par de chicos me fastidien. Vendrás conmigo, así te guste o no. – la expresión de su rostro era salvaje pero sobre todo muy asustada.

—Ace. – Sabo le llamó. El moreno le miró de soslayo. —Es suficiente Ace. – se levantó con cuidado. —No quiero que te lastimen.

—¡¿Qué crees que estás haciendo, Sabo?! – le detuvo cuando se dio cuenta de lo que intentaba hacer.

Quería entregarse.

—No permitiré que te maten por mi culpa. – susurró adolorido.

—Así está mejor. – gruñó Bellamy. —Ven, ya hemos perdido mucho tiempo.

—Pero antes promete que no le harás daño.

—Está bien.

—¡Sabo! – Ace reclamó molesto. —¡Estás muy equivocado si piensas que dejaré que te vayas con él! – lo tomó fuertemente del brazo.

—Lo siento. – cerró los ojos lastimosamente.

—Oye. – pero entonces una cuarta voz se escuchó detrás de todos ellos. Lentamente y bajo toda expectativa, Luffy se encontraba detrás de todos los hombres de Bellamy.

—Luffy. – musitó con pánico Sabo, lo que menos quería era que lastimaran a sus hermanos.

—¿No me digas que es otro amigo tuyo? – se burló el criminal. —Ya he tenido suficiente con esto.

—No soy su amigo. – contrarrestó Luffy. La imagen del chico era aún peor que la de Ace. Luffy no solía enojarse a menudo, siempre mantenía un humor ameno y tonto, pero ahora… poco faltaba para que su Haki hiciera efecto.

—¿Ah no?

—No, Sabo es mi hermano. – confesó con firmeza. El rubio sintió un peso en el estómago.

—¿Hermanos? – Bellamy los miró a ambos. —Pues no se parecen en nada.

—Nosotros brindamos y nos volvimos hermanos. – terminó de informar Luffy.

—¿Con que eso, eh? Bueno, hermanos o no. – le apuntó con el arma. —Me llevaré a Sabo, te guste o no.

—¿Llevártelo? – Luffy llevó una mano a su sombrero.

—Así es, Doflamingo-sama espera. – miró a sus acompañantes. —¡Tráiganlo!

—¿Doflamingo? –aquello lo hizo con una voz rasposa e intimidadora. —Doflamingo fue quien lastimo a Sabo. – apretó sus puños.

—¿Qué le pasa a este chico? – preguntó uno de ellos.

—¿Acaso quieres morir, niño? – ahora todos le apuntaban.

—Yo… - les miró muy molesto. —¡Le patearé el trasero a ese hijo de puta!

—¡No ofendas a Doflamingo! – y sin esperar la orden de Bellamy le dispararon a Luffy sin ningún remordimiento.

—¡LUFFY! – el grito casi les desagarra la garganta tanto a Sabo como a Ace. Las balas se adentraron en el cuerpo de su hermano menor sin nada que ellos pudieran hacer.

Luffy simplemente retrocedió un poco, para después asomar una mirada tramposa y reír quedamente.

—¡No funcionan conmigo! – automáticamente y de una forma inverosímil las balas rebotaron en su cuerpo de goma, mandándolas a todas direcciones. Los ojos casi se salen de las órbitas de los maleantes y de igual manera de sus hermanos.

—Las balas… - Ace tragó saliva.

—Rebotaron. – completó Sabo, igualmente impactado.

Los hombres de Bellamy se quedaron en una pieza, con los ojos totalmetne desorbitados. El maleante, conocido en el mundo de Luffy como La Hiena, tragó espesamente saliva y cuando observó a Luffy que se acercaba despacio hacia donde estaba él se llenó de un temor completamente justificado.

—¡No dejen que se acerque! – sus hombres respondieron saltando sobre Luffy pero en el acto, ni bien se habían acercado menos de tres metros, cayeron al suelo totalmente desmayados, con espuma en la boca y los ojos en blanco.

—¡Gomu Gomu no…! – comenzó a decir Luffy, estirando su brazo y aterrorizando a Bellamy.

—¡No te acerques maldito monstruo! – disparó lo que le quedaban de sus balas pero ésta no lograron tocar a Luffy.

—¡Pistol! – el puño de Luffy se estiró con fuerza y le dio en el rostro a Bellamy. Claramente se pudo escuchar cómo sus dientes de destrozaban y su mandíbula se rompía en el acto. Los pies de Bellamy se despegaron del suelo y voló varios metros hacia atrás, pasó entre Ace y Sabo, quienes tenían una cara de lo más sorprendida, y fue a pasar contra una capilla que estaba cerca.

Por un momento, los tres hermanos permanecieron afónicos al tiempo que dejaba escapar un bufido exasperado. El hombre que les había amenazado yacía en el suelo, totalmente inmóvil y herido de gravedad. Ace tragó saliva y después miró a Luffy con fascinación, tal como le había dicho, sus golpes eran tan fuertes como un cañón; bueno, en este caso una pistola.

—Luffy. – Ace se le acercó con cuidado, seguido de Sabo. —Eso fue… impresionante. – no encontraba cómo expresarlo con claridad.

—El Bellamy de mi mundo era un poco más resistente que eso. – se excusó Luffy, encogiéndose de brazos.

—¿Cómo fue que…? – Sabo pasó saliva. —Los derrotaste a todos. – observó a los hombres que yacían inertes en el suelo.

—Haki del conquistador. – dijo con simpleza. —Tan sólo estaban estorbando.

—¿Haki? – los dos mayores alzaron los ojos. —¿Qué es eso?

—Es algo así como… - Luffy se llevó una mano a la barbilla, intentando recordar la amplia explicación que el Rey Oscuro le había dado en una ocasión. —Amm, no recuerdo bien, pero se trata de voluntad.

Los tres se miraron por interminables segundos y después hubo un suspiró por parte de los mayores.

—Creo que es mejor que nos vayamos de aquí. – sugirió Ace. —Tenemos que tener cuidado, aparentemente estos hombres estaban siguiéndonos o algo así. – los miró en el suelo y sintió algo de pena por ellos.

—No te preocupes, Ace, si esos tontos nos molestan yo les patearé el trasero. – aseguró Luffy, mientras se tronaba los dedos.

—No lo dudo, pero creo que por el momento hay que irnos. – Miró a Sabo.—¿Cómo estás?

—Estoy bien. – asintió. —Gracias por ayudarme.

—Para eso estamos aquí. – los dos sonrieron y Luffy se llevó una mano a la nuca.

—Yo te protegeré. – aseguro el moreno menor, claramente no mentía.

—Gracias. – Sabo palideció, el escozor de sus heridas volvía a molestarlo.

—Vamos. – Ace se pasó uno de sus brazos por su hombro. —Te ayudaré.

—Yo también. – Luffy hizo lo mismo por el otro lado. Sabo se conmovió tanto que se mordió el labio inferior para no gemir de alegría.

—¿Cómo es que pude olvidarlos? – musitó.

Los tres hermanos se alejaron del cementerio, dejando a la banda de maleantes totalmente fueras de combate. Decidieron tomar un taxi de regreso a su casa. El taxista los estuvo mirando acusadoramente durante todo el rato, posiblemente pensando que se trataba de chicos problemas, si tan sólo supiera.

Al llegar al departamento se dirigieron a la habitación de Ace y le limpiaron las heridas al rubio. El chico suspiró de agotamiento, había sido un día duro y ya no tenía ganas de seguir con sorpresas. Comieron en silencio, pidieron pizzas, diez de hecho, puesto que Luffy no se llenaba con unos cuantos trozos. El resto de la tarde estuvieron en casa, contándose de sus vidas. Ace les contó de cómo fueron las vidas de Luffy y él después de la "muerte" de Sabo. La tristeza angustiante y el apoyo incondicional de su familia para superarlo juntos. Sabo les contó sobre la vida con Shirohige, cómo se volvieron los mejores amigos y lo agradecido que estaba por haberle rescatado, que, aunque no de la mejor forma, tomando en cuenta que lo atropelló con el auto, pero que al fin y al cabo le estaba agradecido.

—Vaya, así que el viejo Shirohige es tu padre. – expresó Luffy, sonriendo levemente.

—¿Mi padre es algo en especial en tu mundo, Luffy? – preguntó Sabo, los tres yacían sentados en el piso de la sala, comiendo los últimos trozos de pizza que quedaban.

—Sí. – asintió tranquilamente. —Él fue un gran pirata. – confesó sin mucha prisa. —Creo que era muy temido y esas cosas. Tenía un barco enorme y muchos nakamas.

—¿Qué le pasó? – preguntó Ace, notando la conjugación en pasado.

—Murió. – Luffy logró captar la mirada entristecida de Sabo al instante.

—¿Murió? – tragó pesadamente un poco del té que Ace le había servido hacía un rato. —¿Cómo? ¿Por qué? – lo preguntó relativamente relajado, pero aun así se notaba su preocupación.

—No estoy seguro. – Luffy bajó la mirada. —Yo no pude verlo morir. - ¡Y claro que no pudo! En el momento que Shirohige murió, Luffy se encontraba en un estado de colapso mental, sufriendo en el delicado hilo de la vida y la muerte.

Los dos hermanos mayores parecieron comprender la tristeza que Luffy reflejaba, pensaron que quizá ellos se llevaban muy bien. Es decir, los dos siendo piratas, probablemente tendrían una relación de camaradería.

—¿Eras amigo del padre de Sabo? – aunque a Ace le costaba un poco imaginar a su hermano siendo "hijo" de otra persona, puesto que los tres crecieron libres de padres, por así decirlo, lo dijo para ser cortes.

—La verdad no. – dijo mientras se cruzaba de brazos y recargaba su espalda en el asiento del sofá. —Pero… - entonces se tragó lo que iba a decir. Planeaba decir que Ace había sido uno de sus tantos hijos, que él quería a Shirohige como un verdadero padre y que, a pesar de que el gran Yonkou le había dado órdenes de huir se quedó en el campo de batalla para defender su honor… y posteriormente morir.

—¿Pero? – repitieron los dos, entusiasmados por oír más.

—Era una persona agradable. – sonrió un poco, para quitar el estrés de la situación.

—Oh. – suspiraron los dos.

—Oye, Luffy, cuéntanos, ¿Cómo te hiciste tan fuerte? – preguntó entusiasmado Ace.

—¿Fuerte, yo? – ladeó la cabeza. Según podía recordar, Sabo y Ace siempre habían sido su ejemplo a seguir. Desde que era niño, Luffy luchaba día con día para ser reconocido y ganarles en una batalla. Aún en Marineford, cuando Ace le dijo que se había vuelto muy fuerte supo reconocer que todavía le faltaba mucho por lograr.

—Claro. – continuó Ace. —Esa habilidad tuya es muy útil, ahora veo que en una batalla puede servir de mucho. – era irónico escucharlo decir eso, puesto que durante toda su infancia, el pecoso se la pasó recordándole a Luffy que su Gomu Gomo no Mi no parecía ser servible en un combate. Si tan sólo Ace se escuchara a sí mismo.

Luffy sonrió inevitablemente ante ese pensamiento.

—Es raro que me lo digas, Ace. – confesó, llevándose después otro trozo de comida a la boca. —Cuando éramos niños me decías que mi fruta no servía de mucho en una pelea.

—¿Ah sí? – se rio momentáneamente.

—Sí. – asintió sonriente. —Pasábamos horas y horas al día entrenando. – comenzó a relatar. —Los tres. – claro que, eso antes del accidente de Sabo. —Sabo, tú y yo. Teníamos rondas de 100 peleas al día.

—¿100 peleas? – Sabo se sintió algo extraño. —Eso es mucho, ¿No?

—Éramos muy decididos ¡Shishishi! Pero ustedes dos siempre me ganaban, aunque tuviera los poderes de la Akuma no mi.

—¿Tan fuertes somos en tu mundo? – elogió Ace con gracia.

—¡Por supuesto! Nosotros tres matamos a un tigre gigante en una ocasión. Y de vez en cuando cazábamos osos y cocodrilos para la cena.

—¡Oh, que emocionante!- exclamó Sabo mientras le tocaba el hombro a Ace.

—¿Nosotros también somos piratas en tu mundo? – preguntó Ace, ambientado por la conversación.

—Sí, siempre quisimos ser piratas.- aunque ellos hubiesen muerto su sueño de salir al mar se había hecho realidad. Sabo murió como un pirata cuando izó su bandera y desafió todo pronóstico para partir hacia la aventura. Ace no había sido cualquier pirata, era mundialmente conocido como un poderoso comandante de una flota colosal. Le conocían como Hiken ya que su poder era tan fuerte como para derretir varios buques de guerra con un solo puño. Eso, a pesar de sus muertes, había sido su vida de piratas y toda una realidad.

—¿Y somos muy poderosos? – volvió a interrogar Ace.

—Claro. – lo último lo balbuceó.

—Vaya. – el moreno sonrió. —Eso es alentador. – Luffy le miró unos segundos y bajó su mirada al suelo. Si tan sólo supiera.

—¿Entonces, Luffy? ¿Cómo fue que mi padre murió? – insistió Sabo después de un rato.

—En una guerra. – contestó, el humor de Luffy ahora era más serio.

—¿Estuviste en esa guerra? – cuestionó Ace.

—Sí. – asintió con frialdad.

—¿Peleaste contra él? – Sabo estaba más que interesado.

—No. Luchamos juntos.

—¿Contra quién?

—La Marina.

—¿Peleaste contra el abuelo? – rápidamente Ace preguntó, aún sin saber si Garp era un marine en su mundo.

—Así es. – aunque no se sentía muy orgulloso de admitirlo, Luffy asintió.

—¿El abuelo también es muy fuerte?

—Demasiado. – contestó un poco animado. —Siempre que nos vemos me recibe a golpes.

—Típico del viejo. – susurró Ace. —Entonces, ¿Por qué pelearon?

—La Marina… - tragó saliva. —Había capturado a un comandante de la flota que Shirohige manejaba. Como era… alguien muy querido para él, les declaró la guerra. – entonces su rostro ensombreció. —Querían ejecutarlo. – apretó los puños. —Yo luche contra la Marina porque… también apreciaba a esa persona. – no quiso decir más. No se sentía capaz de contarles el resto de la historia, no quería que se enteraran de la muerte de Ace.

—Ya veo. – Ace colocó su brazo en su hombro, Luffy le miró sorprendido. —Debió ser un buen amigo.

—Sí. – contestó forzadamente.

—Entonces… murió en una batalla para salvar a alguien que amaba. – concluyó Sabo, un poco triste. —Típico de él. – sonrió levemente.

—Por lo que nos has constado tu padre parecer ser del tipo de persona que protege y cuida celosamente a quien le importa. – opinó Ace, mientras bebía un poco de té.

—Al principio, aunque yo no sabía quién era él realmente, me sentía extraño de ver que me tratara tan bien. – confesó Sabo. —Padre siempre ha sido muy amable conmigo, pero cuando alguien lo molesta puede ser muy abominable… tanto así como el viejo Garp. – sonrió alegre ante el comentario, vaya que deseaba ver a Garp. —Oh, por cierto… ¿El viejo Garp está bien? ¿Cómo está Dragón-Oji-san? – tanto Luffy como Sabo miraron a Ace.

—Ellos están bien. – abogó el moreno mayor. —¿Sabes? No les he avisado sobre ti. – le digo a Sabo. —Como no podías recordar… ¡Además! – agregó con fuerza. —Luffy no es exactamente el mismo. – puntualizó.

—¡Shishishi! – rio mientras se llevaba las manos a la nuca.

—Ya veo. – Sabo suspiró. —Aun así, me gustaría comunicarme con ellos. ¡Y claro, con mi padre! Debe estar muy preocupado.

—Si quieres puedes hablarle por teléfono. – sugirió Ace.

—¿Puedo?

—Tú sabes que sí. – dijo ligeramente ofendido.

—Gracias. – se levantó un tanto tambaleante.

—¿Necesitas ayuda? – ofreció Ace al verle cansado.

—No, estaré bien. – caminó hacia el teléfono.

Entonces tocaron la puerta.

—Iré a ver quién es. – Ace parecía tensionado, sospechaba de que los maleantes los hubiesen seguido.

—Yo iré. – se ofreció Luffy sin pesarlo mucho y corrió a abrir la puerta.

—Qué extraño.- exclamó Sabo y Ace lo miró.

—¿Qué pasa?

—Padre no me contesta. – suspiró marcando de nuevo. —Siempre contesta su teléfono.

—Tal vez esté ocupado. – sugirió el hijo de Gol D. Roger. —Quizá esté tan preocupado que haya olvidado el teléfono, ¿Por qué no intentas más tarde?

—¿Tú crees? – colgó el aparato y se sentó en el sofá. —Padre siempre contesta… ¿Por qué no ahora?

—Ya te lo he dicho. Quizá esté ocupado en algo, de todas formas no te preocupes. – se sentó a su lado y le colocó una mano en el hombro.

—Sí, tienes razón.

—¡Zoro! – escucharon el grito alegre de Luffy. Ace se sintió relajado, no eran los de la tarde.

El peliverde entró ligeramente adormilado y al mismo tiempo algo tenso.

—Buenas noches. – dijo haciendo una reverencia y ubicando su vista en Sabo

—Hola, Zoro. – saludó cordialmente Ace. —Permíteme presentarlos, Sabo él es Zoro, un amigo de Luffy. Zoro, él es Sabo es nuestro hermano.

—¿Hermano, eh? – el espadachín lo miró por unos segundos. —Vaya eso explica los acontecimientos.- razonó un poco.

—Luffy me dijo que tú me habías encontrado. – Sabo hizo una reverencia muy educada. —Te lo agradezco mucho.

—Oh, no fue nada. – movió las manos intentando quitarle importancia al asunto.

—¿Qué te trae por aquí? – preguntó Ace inmediatamente después.

—Venía a ver a Luffy pero… - se ruborizó levemente.

—¿Qué pasa? – le preguntó el muchacho del sombrero de paja. —¿Te perdiste camino acá?

—¡No, claro que no! – expresó indignado. —Sólo… tomé un atajo.

Los tres hermanos se rieron de él.

—¡Ay, Zoro! Eres igual que siempre, no importa los mundos. – salió precipitadamente de la boca de Luffy. El joven le miró extrañado.

—¿Mundos?

—¡Oh, debes tener hambre! – dijo de abrupto Ace, intentando distraer la atención de Zoro. —¿Quieres algo de comer?

—No, gracias. En realidad, venía a ver a Luffy. – le miró concretamente.

—¿A mí?

—Sí, prometiste que me contarías sobre eso.

—¿Eso?

—Tu cuello. – fue más específico.

—¡Ah, cierto! – se burló por su olvido. —Lo olvidaba.

—¿Te ha visto estirarte? – le preguntó Ace.

—Sí, cuando Sabo me golpeó en la cabeza mi cuello se estiró. ¡Shishishi!

—Créeme que lo siento, Luffy. – se disculpó el rubio.

—No te preocupes. – le quitó importancia.

—¿Ustedes sabían que él…? – Zoro lo señaló discretamente.

—No. – respondieron a la par los mayores. —Nos sorprendimos tanto como tú.

—Pero esto tiene una explicación. – argumentó Sabo. —Aunque… no sé qué tanto puedas creerla.

—Intentémoslo. – se encogió de hombros.

Acto seguido, los cuatro estaban en la cocina, sentados alrededor de la mesa esperando el relato de Luffy. Así, de la misma manera que le había dicho a sus hermanos, Luffy le contó a Zoro sobre sus habilidades de una manera resumida. Le hizo una demostración, halando su mejilla. Durante toda la narrativa el espadachín se mantuvo silencioso e inexpresivo. El cuento sobre los viajes entre mundos paralelos, piratas que tienen poderes increíbles, frutas que te transforman en súper-humanos y demás era procesado con mucha paciencia en su cerebro.

Cuando Luffy terminó de hablar todo se quedó en afonía. Zoro tenía los brazos cruzados y el café que le habían servido estaba por demás frío. No había tomado ni una sola gota. Parecía pensativo, además de que lucía como si fuese a hablar en cualquier momento. Carraspeó.

—¿Eso es… todo? – balbuceó.

—Eso creo. – Luffy se encogió de hombros.

—Entonces…- recapituló. —Eres un hombre de goma que viene de otro mundo muy parecido al nuestro, con la diferencia de que ahí todos somos piratas y perseguimos un gran tesoro.

Los hermanos asintieron al unísono, aunque la pregunta había sido para Luffy.

—Ya veo. – suspiró y de un momento a otro se tragó el café. —Está bien.

—¿Qué está bien? – Sabo alzó una ceja. —¿Sólo así lo crees?

—Luffy es de goma, ¿Qué otra prueba necesitaría? – expresó lógicamente.

—Bien, supongo que tiene razón. – bisbisó Ace.

—Ya que no eres… el Luffy de este mundo… - articuló Zoro. —Supongo que te gustaría salir a conocer la ciudad. Mañana Nami, Sanji, Usopp y yo íbamos a salir a pasear, ¿Quieres venir? – le invitó con cordialidad y sin nada de preocupación.

—¿Salir? Eso suena divertido, ¿Ace, puedo ir? – Luffy le miró con ojos soñadores.

—No veo por qué no, pero ten cuidado con tus poderes, recuerda que las personas no lo entenderían… excepto Zoro.

—¡De acuerdo! – festejó contento.

—Yo me retiro. – el muchacho de cabello verde se levantó con cuidado y se dirigió a la puerta. —Lamento la impertinencia. – hizo de nuevo una reverencia. —Fue un placer, Sabo.

—Lo mismo digo, Zoro.

—Adiós. – abrió la puerta y salió como si nada. Los tres quedaron solos de nuevos.

—Bueno. – concluyó Ace mientras se estiraba. —Creo que ha sido un día muy largo. ¿Qué les parece si nos vamos a dormir?

—Claro… Ace, ¿Puedo dormir en tu habitación? –pidió Sabo.

—Seguro.

—¡Ace, yo también! – se apresuró a solicitar el menor.

—Está bien, los tres dormiremos en mi habitación. – suspiró. —Pero vaya que roncan.

—¡Shishishi!

Y así fue, los tres estuvieron una nuche más, creando nuevos recuerdos y en el caso de Luffy una infinita nostalgia que no podía evitar sentir cada vez que reía junto a sus hermanos.

Ajenos a los peligros que se viven en las oscuras sombras de la ciudad de Tokio. Los pasos siniestros de un peso pesado avanzaban sin tapujos por los muelles de aquella fábrica abandonada. Susurrando una canción pegajosa, y llevándose a la boca de vez en cuando un trozo de tarta, la imagen de un enemigo nuevo se asomó ante la luz de un farol.

Inmediatamente y sin ningún altercado, Doflamingo emergió de su lujosa limosina para darle la cara a esa persona. El líder de la familia Donquixote le miró con una sonrisa amplía y maquiavélica.

—¿Qué era tan importante que no podías esperar hasta mañana? – susurró aquella persona, su voz rasposa mostraba claro fastidio.

—Sé que las cosas estaban planeadas de una forma al principio. – le hizo un ademán para que se acercara. —Pero… como te dije en la mañana, hubo un cambio de planes.

—¿Sigues con eso? – exclamó fastidiado. —¿Lograste atrapar al chico?

—Algo mejor. – Joker caminó hacia adentro y su socio le siguió. El sitio donde se encontraban no era exactamente el mejor de todos.

Aquella fábrica se había vuelto una guarida bastante inesperada para muchos. Doflamingo era una persona que odiaba las cosas sin estética, pero esta era una clara excepción a la regla. Ese lugar representaba un almacén de objetos que ya no quería o necesitaba. Era simplemente un lugar en donde guardaba sus trapos sucios… pero además, era una prisión.

En el fondo, yendo al subterráneo, alejándose de algunas oficinas, se encontraba un calabozo junto a un pequeño puerto escondido entre algunos muelles de madera, parecía un hangar de película. La cárcel, cual era capaz de mantener apresado desde enormes animales hasta un cuanto de prisioneros tenía celdas sucias y llenas de moho, así como muchas cadenas que estaban regadas por todo el suelo, algunos grilletes y otros tantos de cuerdas, barriles llenos de agua o aceite, etc.

Caminaron un par pasillos, pasaron entre las celdas viejas y vacías, mediante avanzaban lámparas de color amarillo comenzaban a encenderse automáticamente, iluminando alrededor.

Doflamingo se frenó antes de llegar al último segmento, el cual todavía estaba a oscuras. Se volvió a su invitado.

—¿Estás preparado para la sorpresa?

—Sabes que odio ese sentido del humor que te cargas. – gruñó el otro.

—Apuesto que no podrás contener el aliento. – chaqueo los dedos y el pedazo en sombras se encendió automáticamente.

En el acto, los ojos de su invitado se abrieron totalmente incrédulos, dejando caer el trozo de tarta que se estaba comiendo. Se atragantó con su propia saliva y después de un momento de delirio, comenzó a reírse a carcajadas.

—¡No puedo creerlo! – escupió más que emocionado, mientras se acercaba lentamente hacia aquella silueta que conocía muy bien.

Sus ojos contemplaron la imponte figura de Shirohige, un hombre de gran estatura y musculatura muy impresionante para alguien de su edad. Aquel que había sido el terror de los mares después de la época de Roger en el mundo de Luffy, ahora era un hombre que, aunque imponente, se encontraba a merced de un par de locos.

Estaba encadenado a la pared, casi colgado de las muñecas y forzado a permanecer sentado en la posición de loto. Tenía moretones y heridas por todo el cuerpo. Se podía ver su ropa maltratada y su bigote blanco exhibía un poco de sangre. Tenía el cuerpo lleno de cicatrices recientes y pequeños puntos rojos, signos de que le habían administrado algo por medio de agujas.

Estaba aparentemente dormido, respiraba pero muy superficialmente.

—No tienes idea de lo que me costó atraparle. – susurró Doflamingo con cansancio. —El anciano es sumamente fuerte, tuvimos que usar métodos barbáricos para capturarlo y aun así… necesitamos más fuerza bruta y algunos narcóticos para dejarlo quieto. – se limpió una gota de sudor, recordar la captura de Shirohige realmente le extenuaba.

—¿Cómo cayó en tu trampa?

—Le dije que intercambiaría a su hijo por una módica cantidad de dinero. – sonrió despiadadamente mientras se acomodaba sus enorme gafas de sol. —Evidentemente, cuando llegué sin él mis planes cambiaron. Maté a sus guardaespaldas y me las arreglé para capturarle a él. Créeme cuando te digo que… fue difícil. – se llegó una mano a su tórax y acarició ligeramente.

—¿Estás herido?

—Así es. – susurró ahora ya no sonreía, su rostro se transformó en una mueca de dolor. —Me rompió dos costillas.

—¡No lo creo! – exclamó su socio con alborozo. —El viejo golpea fuerte para su edad. Es la persona más dura que conozco.

—Concuerdo contigo. – Doflamingo fue asistido por un guardaespaldas, quien le colocó una silla. —¿Y bien? – inmediatamente le sirvieron una copa de vino, se sentía como un cazador contemplando su trofeo de caza. —¿Qué piensas hacer con él?

—Oh, algo se me ocurrirá. Supongo que tendré que pagarte extra por esto.

—Supones bien.

Entonces, de una manera casi tenebrosa, las cadenas de Barbablanca tintinearon con pesar. Lentamente y casi con sopor, la figura del gran magnate comenzó a estabilizarse. Había despertado y sus miradas lograron cruzarse, una enorme expresión de ira y sorpresa nacía de Newgate, mientras que al otro lado se podía apreciar un goce único por parte del victimario.

—Veo que estás despierto. – apretó los puños mientras se acercaba más a su imponente cuerpo. —Me alegro por ti… Shirohige. – y automáticamente se asomó un gruñido profundo y pastoso del aludido. Resonando casi como el rugir de un terremoto que destroza la tierra y crea tsunamis. Los agentes de Doflamingo tragaron saliva y retrocedieron un paso. Edward Newgate estaba sumamente furioso y dicha emoción se manifestó adecuadamente cuando dijo la siguiente palabra:

—Teach.

Continuará…

Apuesto que no se lo esperaban, ¿O si? Bien, en todo caso este es un capítulo que nos ubica en ciertos sucesos futuros. Espero que les guste tanto como a mí al escribirlo. No olviden decir que les apreció y si tienen dudas y demás. Gracias de nuevo.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.