Fobos

Capítulo 9: Sagitario

Había perdido la cuenta de la cantidad de veces que oyó a las personas decir lo responsable y bien criado que era, siempre se había mostrado maduro para su edad y muy servicial con el resto de las personas. Su personalidad fuerte, segura y bondadosa lo convirtió prontamente en alguien querido por todos.
El día en que su pequeño hermano nació, Aioros estuvo lejos de sentirse intimidado, por el contrario, el amor y la calidez inundaron todo su cuerpo desde el momento en que vio a Aioria por primera vez. Estaba seguro de ser capaz de dar la vida por aquel pequeño indefenso sin dudarlo ni un instante, más aún tras la pérdida de su madre durante el parto.
Viendo a su hermanito crecer en un pobre orfanato de Atenas, con el alimento muchas veces escaso y educación faltante, comprendiéndose solo y desamparado lejos ya del amor de una familia, si algo sentía el pequeño Aioros en lo más profundo de su ser, era miedo. Había sentido miedo durante mucho tiempo, incluso después de que el santuario lo reclutara y le permitiera llevar a Aioria también, desde ese entonces, recibió la ayuda de varias doncellas amables que se ofrecían a cuidar del niño mientras su hermano mayor entrenaba para convertirse en el próximo santo de Sagitario. Esto sin embargo seguía sin ser del todo un alivio para Aioros, pues su hermano desde un principio había sido su prioridad y mayor preocupación, y aun dejándolo a cargo de las fieles doncellas se sentía inseguro, tanto así que le preocupaba no dejar de tener miedo jamás. Miedo por su hermano, miedo por no poder cumplir con su deber hacia Athena, y miedo al futuro tan incierto que le esperaba.
Fue uno de esos días en el pasado cuando el joven aprendiz de sagitario conoció a una de las personas que más confianza le generaría:

-¡Suéltame! –Exigió un muchacho de cabello azul mientras hacía un movimiento brusco para alejarse de quien lo perseguía.

-¡No te dejaré hasta que me devuelvas lo que me robaste! –El castaño apretó los puños y se acercó amenazante, pero el otro chico no resultó intimidado. -¡Esas frutas eran para mi hermano menor!

Había estado buscando a ese jovencito a través del bosque por un buen rato, desde el momento en el que robó las frutas, Aioros únicamente había visto su rostro y su desaparición, y estaba seguro de que habían pasado varios minutos hasta que por fin logró dar con él, y para su sorpresa, aquel chico de cabello azul solo se había quedado parado viéndolo ante sus reclamos, y negando la realidad con sus palabras firmes pero falsas.

-Ya te expliqué que no fui yo quien te robó. –Negó con la cabeza mostrando inquietante serenidad y un porte muy elegante. –Lamento que perdieras la fruta, compra otras en el mercado.

-¡No es por no poder comprarlas! –Le gritó deteniendo el paso del otro muchacho que estaba dispuesto a marcharse. -¡Es porque robar está mal, y si haces algo así debes ser juzgado!

El joven de cabello azul apretó los dientes y frunció el ceño notoriamente.

-Te he dicho mil veces que no fui yo.

-¡Pero te vi!

El acusado serenó su expresión y se silenció por unos segundos, Aioros realmente pensó que entonces confesaría su crimen.

-Si dices que me viste, entonces debió ser mi hermano, Kanon.

-¡Claro que no! –Si el desconocido hubiera aceptado su error, entonces él hubiese considerado la opción de dejarlo ir, pero el otro muchacho estaba empecinado en salvarse de la responsabilidad. -¡Eras tú, vi tu rostro!

-Es porque Kanon y yo somos gemelos. –Confesó y en sus profundos ojos verdes, Aioros no veía mentira alguna. El silencio tomó posesión de unos cuantos segundos mientras el aspirante a sagitario relajaba sus músculos y facciones ante la mirada tranquila de su acompañante que suspiró con notable cansancio.

-Perdona la actitud de mi hermano, él ni siquiera lo hace por necesidad, es solo por travesura, te pagaré lo que robó como disculpa.

-No. –Aioros negó con determinación ante la sorpresa del otro. –Tú no tienes por qué pagar por los crímenes de tu hermano, no sería justo, perdona la confusión. –Finalizó bastante apenado pero aun así jamás perdió el contacto visual. –Si Kanon es quien me robó, ¿Quién eres tú?

-El futuro caballero de Géminis. –Dijo con total seguridad. –Saga.

El pasar de los días y los encuentros casuales con el otro aspirante a santo de oro habían puesto a pensar a Aioros, si algo le agradaba de Saga era que su rudo semblante jamás demostraba inseguridad, y aunque el joven en ocasiones tuviese confianza para contarle ciertas intimidades, pues era menos reservado de lo que parecía, dichas historias jamás tenían que ver con sus miedos. Saga le parecía una persona digna de admiración, desde el día en que lo conoció el castaño no depositó su confianza en nadie más, si bien tenía buen trato con otros aprendices, el aprendiz de géminis era el único al que consideraba su amigo. En aquel momento, el aspirante a sagitario nunca había pensado en perder toda la confianza que tenía en su compañero, ni en llevarse una decepción tan grande, o en que de un momento a otro dejaría de poder admirar la enorme seguridad y fidelidad de su amigo más preciado. Jamás se imaginó que aquel a quien admiraba por su grandeza terminaría siendo quien más lo envidiaría, y que conocería el lado oscuro de Saga años más tarde.

La luz del sol entraba cálida por su ventana, y fuera, el cielo se presentaba como un enorme lienzo azul por el cual las aves danzaban a gusto, sin nubes que impidieran apreciar la belleza de aquellas tonalidades cerúleas. Aioros había pasado la mayor parte de la mañana recostado en su cama disfrutando de leer un viejo libro de portada oscura que había retornado a sus manos después de tanto tiempo, ahora podía recordarlo, era su libro favorito en la adolescencia y así como cada cosa que le gustaba, había decidido compartirla con su mejor amigo. Le era extraño pensar en todo el mal que ocurrió después, le parecía un sueño creer que Saga podía llegar a hacer tanto daño, y a tantas personas. Suspiró mientras daba fin a su actividad y por solo unos segundos más se dedicó a ver la portada ya gastada por los años.
Sin cargar demasiadas preocupaciones salió a contemplar aquel maravilloso día a las afueras de su templo, cómo le encantaban los días soleados, y más si los mismos acarreaban alguna visita. Admitía que a veces tanta tranquilidad le parecía irritante, era un hombre acostumbrado a la acción y si bien se sentía inmensamente tranquilo y feliz por la reciente paz en el santuario, algunos días deseaba salir a combatir el peligro por simple costumbre, suerte que todavía tenía las largas horas de entrenamiento para gastar sus energías. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro al divisar una conocida figura ascendiendo por las escaleras: Se estaba empezado a preguntar si Saga no se había tomado en serio la invitación de hace un mes atrás.

-Saga, cuanto tiempo sin verte. –Saludó una vez que el caballero de géminis se paró frente a él.

-Buenos días.

El castaño alzó las cejas ante la respuesta tan tajante de su compañía, y es que desde que habían vuelto a vivir, Saga era la persona más triste que había conocido, y no lograba evitar recordar todos los pecados que el hombre había cometido, pero al ver sus ojos no encontraba más que dolor y arrepentimiento, no le guardaba rencor ni era preso de la ira pues con solo mirarlo comprendía todo el sufrimiento por el cual su compañero pasaba día y noche. Aioros buscaba recuperar al menos una mínima parte de la confianza que le tenía, quería darle otra oportunidad, pero que el geminiano lo entendiera era la parte más difícil.

-Espero que esta vez sí puedas quedarte. –Se cruzó de brazos sonriéndole mientras el otro asentía. –He estado leyendo otra vez el libro que me devolviste, ya recordé lo mucho que me gustaba y por qué. –Comentó mientras se dirigía al interior de su templo con la intención de que el de cabellos azules lo siguiera.

-La verdad nunca lo leí. –Confesó el de géminis, encogiéndose de hombros en cuanto el castaño se volteó a verlo con una mirada de sorpresa. –Sabes que no solemos tener gustos parecidos, en aquel entonces lo acepté por cortesía.

-Recordaré eso si alguna vez quieres compartir un libro conmigo. –Entrecerró los ojos intentando lucir lo más serio posible.

Saga esperó unos segundos antes de mostrar una leve sonrisa acompañada de un tono más relajado.

-Tranquilo, sí lo leí.

-Más te vale, después de todo el tiempo que lo tuviste.

El peliazul no pudo evitar tensionarse ante la respuesta y la forma en que su compañero le dio la espalda, a veces le resultaba imposible comprender si Aioros estaba ofendido o feliz con su presencia. No pasó desapercibido para el caballero de sagitario que géminis se había quedado estancado después de que él le diera la espalda.

-No te quedes ahí, pareces un niño asustado.

Le sonrió y pudo notar como Saga fruncía el ceño. Reconocía que después de todos los altibajos que había tenido con el geminiano, lo mejor era guardarse su honestidad brutal por la paz, pero también era consciente de lo difícil que le resultaba no decir lo primero que se le pasaba por la cabeza. Desde hacía tiempo Aioros había decidido que era mejor vivir siendo sincero consigo mismo y con los demás. Su tranquilidad volvió cuando escuchó los pasos de Saga siguiendo los suyos.
Estaba feliz de poder recibir visitas en su templo, obviamente quien más concurría era Aioria, pero Aioros recibiría gustoso a cualquiera de sus camaradas, si algo le gustaba era ser el anfitrión.

-Ah, igual que la última vez, tienes compañía. –Le informó al observar al curioso minino que hacía aparición dentro del templo listo para acariciar su cuerpo en las piernas del caballero de géminis quien se notó bastante inconforme.

-¿Cómo es que este animal se las arregla para seguirme a todos lados? –Protestó apartando su pierna, la cual el felino tomó entre sus pequeñas patas para retenerla.

Para el arquero eso simplemente constituía una imagen adorable, pero a los ojos de su compañero no lo era tanto, y el mayor de los gemelos no era precisamente bueno para disimular cuanto le molestaba.

-Odias a ese gato. –Comentó divertido.

-O él a mí. –Contestó el otro mientras con pasos torpes se trataba de alejar de su perseguidor de cuatro patas.

-En realidad me parece que le agradas demasiado, y además hasta lleva tú mismo nombre.

El comentario despertó una sombría parte de Saga que se mostró cuando el caballero de géminis levantó la vista para ver al dueño de la casa. Aioros rió e hizo una seña para que su invitado lo siguiera dentro de la cocina.
Durante esa tarde no le fue posible evitar el sentir cierta tristeza al comprobar que la presencia del geminiano en su templo ya no se sentía de la misma forma que antes, pero se animaba a sí mismo pensando que el tiempo mejoraría las cosas entre ambos. Saga estaba lejos de ser el mismo que había conocido en su infancia, pero él también había cambiado, ya no era el mismo chico con miedo a vivir, había pasado por encima de todas sus inseguridades solo para encontrar que tenía todavía más esperándolo. Con el tiempo y la madurez, el castaño pudo aceptar que sus temores solo se irían para darle paso a los nuevos, y que el miedo sería algo con lo que debería convivir diariamente.
Pasaban los minutos y no dejando de observar el comportamiento de Saga, había empezado a notar algo que, sin saber por qué, lo sorprendía. Tal vez porque parte de él todavía era capaz de ver al peliazul de la misma forma que cuando niño: Inquebrantable e imposible de intimidar. Resultaba curioso como los roles se habían invertido y ahora él era mucho más maduro y confiable para el santuario que aquel jovencito a quien tanto deseaba imitar, y admitía lo mucho que le gustaba comprobar cuánto había crecido, pero sabía que jamás hubiera estado dispuesto a crecer de no ser porque Saga había sido su modelo a seguir. No tendría esta vez otra intención más que ayudarlo.

-¿Sabes qué? Es mucho menos pesado cuando lo admites, de otra forma tienes que cuidarte de tu fobia, pero también de ser bueno ocultando que la tienes. –Declaró cruzando los brazos al tiempo que observaba a su compañero esquivar con frecuencia al animal que correteaba entre sus piernas. –Me parece demasiado pesado, ya pasé por eso cuando era niño, es hora de vivir como adultos, está bien tener miedo Saga.

-¿Disculpa? –géminis intentó de cualquier forma lucir desorientado ante tal comentario, pero para el castaño era más que sencillo darse cuenta de lo que verdaderamente decían esos ojos que tan sinceros había encontrado una vez.

-El gato. –Contestó señalando al animal. –Le tienes fobia a los gatos, ¿No?

-Qué tontería.

El de ojos verdes frunció el ceño totalmente ofendido, acción que imitó su compañero: Aioros estaba siendo lo más directo, paciente y amable que podía solo para devolverle a Saga algo del valor que una vez había inspirado en su persona, pero el hombre se rehusaba a confesar, como si el miedo fuese pecaminoso.

-Entonces cárgalo. –Hizo un gesto con la cabeza mientras clavaba unos fríos ojos verdes sobre el temeroso acompañante que se acababa de encontrar entre la espada y la pared.

-¿Qué ganas con saberlo? –Cuestionó al sentirse completamente acorralado.

El arquero sonrió con más amabilidad y volvió a indicarle que lo siguiera mientras salía de la cocina y se dirigía a la salida trasera del noveno templo.

-Mira eso. –Señaló y por más que la mirada de Saga se mostró curiosa, el hombre no pudo encontrar nada que llamara su atención entre las columnas de Sagitario. -¿No lo ves? Es un nido de avispas, se ha formado hace unos días y por supuesto hay avispas viviendo ahí.

-Eeh… Bien por ellas. –Dijo el otro con una expresión extraña al no comprender el punto. Aioros sonrió.

-Le temo a las avispas, fui perseguido por muchas cuando era niño y no lo puedo controlar, mi cuerpo reacciona de forma exagerada de solo escucharlas volar cerca de mí, me dan escalofríos de recordar cómo se ven. La semana pasada estaba en la entrada del templo cuando una se acercó demasiado y cuando me di cuenta estaba rodando escaleras abajo.

Saga se lo quedó viendo con total seriedad, y se sabía que estaba hurgando en lo más profundo de su mente para lograr averiguar las intenciones de su acompañante, que parecían tan sencillas como rebuscadas a su parecer. Sagitario no logró contener la carcajada cuando pasó el primer minuto y su camarada seguía viéndolo sin decir palabra.

-Esto no es a lo único que le tengo miedo, de niño tenía tantos miedos como responsabilidades, ¿Sabes? Y me sentía tan perdido, yo quería ser como tú.

-¿Como yo?

-O al menos como te veía. –Dijo ligeramente apenado y frotando su cuello. –Y supongo que congelé en mi cabeza esa imagen de ti como joven que a nada le temía, pero me doy cuenta de que eso es imposible, y quisiera que también te dieras cuenta. –Se aproximó y tomó entre sus brazos al pequeño animal que aceptó con gusto la demostración de afecto. –Este gato es tu miedo, convives con él y con muchas inseguridades más, y es el estar por encima de todo eso a la hora de la verdad lo que nos fortalece, no el hecho de no temerle a nada. Te aseguro que de los doce caballeros de oro, no, de los ochenta y ocho caballeros de Athena, no existe uno que no tenga miedo a algo.

No le tomó más de cinco segundos el notar cuan abrumado se sentía el otro caballero, su rostro confesaba lo que sus palabras no y de no ser por su inmenso orgullo, Saga hubiese escapado de la casa de sagitario lo más rápido que sus piernas se lo permitieran.

-No intento avergonzarte, solo quiero devolverte un poco del valor que tú me diste sin siquiera notarlo. Estoy dispuesto a ayudarte si alguien se pone difícil. –Ofreció mientras observaba con ternura al felino entre sus brazos.

Saga tragó saliva y al parecer el que alguien conociera su fobia le aterraba más que quedarse encerrado con el mismo gato. El guardián del noveno templo no pasó por alto ese pensamiento, pero prefirió optar por la paz y no hacer comentario alguno.

-Exageras, Aioros, no es para tanto. –Declaró mientras volvía sorprendentemente a mostrar ese porte tan orgulloso que lo caracterizaba. –No necesitas preocuparte por mí, por supuesto que puedo cargar a esa insignificante criatura.

Aseguró aproximándose a paso seguro y con los brazos extendidos. La mirada curiosa e inundada de felicidad de la mascota le hizo pensar que saltaría a sus brazos en cualquier instante provocándole un shock. El guardián de la tercera casa ni siquiera tomó en cuenta todo el tiempo que estuvo paralizado con los brazos extendidos y sin proceder de ninguna manera.

-¿Entonces es miedo, o es que Camus está detrás de mí y te paralizó con un Kolitso?

El protector de géminis alzó la vista con el ceño fruncido ante burla tan ofensiva, sin embargo el otro hizo caso omiso, pues si algo no le daba miedo, era Saga.

-No he venido para oír tus burlas. –Contestó volteándose y dispuesto a regresar a su templo. –Puedes quedarte con el gato todo lo que quieras…

Y no tardó mucho para darse cuenta de que acababa de meter la pata hasta el fondo con tal comentario, apreció sin embargo que esta vez Aioros mantuvo la boca cerrada. El hombre volvió a su posición anterior y mantuvo firmemente la mirada de su compañero.

-Antes de retirarme, quitaré el nido de avispas como agradecimiento a tu confianza.

Aioros sonrió complacido ante la nueva actitud de su viejo amigo, decidió no protestar y simplemente dejarle paso, se refugiaría por supuesto en alguna habitación lejana donde no pudiera ser perturbado por la presencia de los insectos voladores que tanto lo atormentaban desde pequeño.
Puede que Saga aún no estuviera listo para salir de su coraza, o que su presencia no se sintiera de igual forma que años atrás, pero si su perseverancia era la misma de cuando era niño, entonces estaba felizmente seguro de que poco a poco el lazo se volvería a recuperar. Y mientras tanto, su decisión había sido cuidar del pequeño gato las veces en las que Kanon faltara en el templo de géminis. Después de todo, siempre había sido un amante de los felinos.


Uff, esto fue INCRIBLEMENTE difícil de escribir, lamento la demora pero es que Aioros se me hizo un personaje demasiado complicado y después de darle muchas vueltas a su tema decidí que él sería la clase de personaje que tendría un millón de miedos pero estaría por encima del "soy muy orgulloso para confesarlo" y que por lo tanto sería perfecto para ayudar a los demás con sus problemas, como siempre... Así que decidí conectar su capítulo con el de Saga, y después de mucho tiempo de obligarme a escribir y de intentos fallidos y frustrantes logré algo que luego de varias correcciones (Que me tardó semanas hacer puesto que estaba tan frustrada que lo odiaba y no quería leerlo e.e) está decente a mi parecer! Espero que no los decepcione y por cierto no podía faltar una caída de Aioros en el fic (?) por eso hice que rodara por las escaleras lol Responderé los reviews:

Beauty-Amazon: Gracias! me alegra mucho que te gustara y espero que sigas leyendo :D!

Sukoru: Lamento que no fuera de tu agrado el capítulo, aún así me gustaría saber por qué puesto que no mencionaste qué no te gustó del capitulo, si fue la trama, o los personajes o qué? Me gustaría que fueras más especifica para poder mejorar en capítulos futuros. En cuanto al maltrato animal, no me pareció necesario poner ninguna advertencia puesto que este es un fic de Saint Seiya una serie donde el maltrato esta presente siempre a animales y a los humanos tambien xD pero mmm bueno, lo tendré en cuenta aunque dudo que aparezcan más animales a partir de ahora. En fin gracias por tu review

HappyGirl282: Gracias! Me alegro de que te divirtieras y te haya gustado el capítulo! Gracias por tomarte el tiempo de dejar review y espero que sigas leyendo :D

Ale: Aagh, que mala onda, espero que se haya solucionado todo lo de la rata y estén mejor, admito que tampoco me agradan mucho las ratas... Pobre Aioria! XD al final él salvó a Milo pero no por eso el bichis va a dejar de hacerle bullying(?) La verdad a mi me gusta mucho la amistad entre Aioria y Milo coffcoff y los shippeocoffcoff Gracias por tu review de siempre :D estoy trabajando en el capítulo de Shura espero no hacer un desastre con él :B

¡Bueno! Gracias a todos por sus reviews, espero que les guste este capítulo y nos vemos en el siguiente!