Las personas hablaban en tono bajo, formando susurros en uno de los restaurantes más importantes de París que se alzaba en negro, blanco y rojo.

En aquel lugar de cinco estrellas se encontraba una camarera de ojos miel y cabello rojizo ligeramente ondulado; ella vestía un pantalón de vestir negro junto a una blusa blanca muy femenina que permitía ver su espalda a través de la tela traslúcida. Era una mujer atractiva sin la necesidad de usar mucho maquillaje y los comensales agradecían el agradable trato que solía brindarles.

Pero lo que todos ignoraban era que su vida no era color de rosa, a pesar de que siempre estaba dispuesta a brindar una sonrisa. Ella era una universitaria que buscaba pagar las cuentas que estudiar provocaban, su padre había dejado su hogar cuando ella rozaba los ocho años y su madre bebía alcohol para curar el dolor de su corazón al perder al hombre que tanto había amado.

Cuando su madre la veía no dudaba en aventarle cualquier objeto que tuviera a la mano, llena de rencor. Después de todo ella era el retrato de su padre.

Una infancia difícil que se extinguió para dar lugar a una adultez igual -o quizás más- complicada.

Cuando tenía catorce años tomó sus pocas pertenencias y salió de ese lugar al que llamaba hogar, incluso tomo la mitad del dinero que su abuela le hacía llegar a su madre para subsistir con el fin de tener algo de dinero con lo cual subsistir.

Encontró rápidamente a una señora mayor que rentaba algunas habitaciones de su hogar y que no dudo en dejarle un cuarto a cambio de que ayudara a mantener la casa limpia; decisión tomada al notar las marcas de maltrato que en el cuerpo de la chica existían. Después de eso la vida no mejoro.

En busca del afecto que nunca tuvo, se enredó con muchos chicos que solo la buscaban para compartir algo más que castos besos, esto sin mencionar a algunas mujeres que también habían desfilado en su modesta cama.

Con mucho esfuerzo llego a la universidad, consciente de que los gastos eran demasiados. E irónicamente se dejó abrazar por el alcohol para sedar su mente, el cual fue la gota que derramo el vaso que representaba su vida.

Su jefe noto más temprano que tarde una taza con una marca de lápiz labial rosado, el cual contenía algo de ron ligeramente diluido con alguna otra bebida. Este se encontraba mal escondido detrás del bolso de la chica, en el casillero donde ella siempre guardaba sus cosas y cómo negar que era la única que utilizaba ese tono de lápiz labial.

La despidieron a pesar de que intentó culpar a otros compañeros, pues al hablar se podía sentir el olor a licor salir de sus rosados labios. Eran las tres de la tarde cuando se encontró sin trabajo, tambaleándose con la esperanza de llegar a su cuarto para darse una ducha y dirigirse a la universidad.

Eran las tres y media cuando se terminó su licor que estaba escondido inteligentemente en su botella de agua, eran las tres cincuenta cuando al tambalearse se calló de la banqueta, eran las tres cincuenta y tres cuando acepto ayudar a Hawk Moth para vengarse por la vida que había tenido.

A las cuatro de la tarde, Adrien se preparaba para salir de su clase de esgrima, cuando un hombre de mediana edad entró al patio de la escuela, tambaleándose y diciendo una serie de palabras altisonantes que causaron risas entre los demás compañeros, lo vieron correr torpemente, intentando huir de los hombres de seguridad que intentaban sacar al señor pasado de copas del territorio del colegio.

Sin interesarle el espectáculo, el joven modelo caminó en dirección a la entrada principal del colegio, Natalie lo estaria esperando ya seguramente; fue grande su sorpresa cuando vio a la mujer que trabajaba para su padre abrazada al cesto de basura público mientras se reía histéricamente antes de caer dormida. ¿Qué demonios estaba pasando?

La bolsa deportiva donde llevaba su ropa habitual se removió y él supo de lo que se trataba. Un akuma. Corrió al callejón más cercano y con mayor emoción que el día anterior se decidió a hablar.

—Tikki ¡Transformame!

No necesitaron mediar palabra, cuando el de ojos verdes se transformó suspiro intentando calmarse y dio uso a lo que había aprendido sobre su yo-yo la noche anterior.

Al estar en un punto alto siguió el rastro de personas que parecían actuar de una forma extraña. Rápidamente encontró a Alya grabando con su celular escondida detrás de un auto, seguida muy de cerca de Nino.

Dirigió su vista a donde la morena dirigía su cámara y pudo ver a la akumatizada que aventaba botellas de licor a los transeúntes, estas al impactar contra alguna persona los rodeaba en una neblina café para desaparecer y dejar a la víctima completamente ebria.

Al observar a la akumatizada pudo ver que sostenía fuertemente una botella de agua en su mano izquierda, algo le decía que ahí se encontraba el akuma.

No paso mucho tiempo antes de que una silueta negra se posicionara a su lado.

—¿Llego tarde gatito?

—¡Buenas tardes my Lady! Se ve encantadora como siempre —El rubio tomo la mano de la fémina para posar un beso en sus nudillos

—¿Qué pasa con el akuma?

—Alguien más con un mal día, creo que el akuma está en la botella que sostiene con su mano izquierda; que no te toquen ninguna de sus botellas, no tenemos edad para beber.

La chica asintió antes de intentar acercarse a la akumatizada esperando contar con el factor sorpresa; sin embargo un grito en la calle arruino sus planes.

—¡¡Es verdad!!

Ambos héroes buscaron a quien gritaba, viendo a Alya muy emocionada al descubrir que las noticias que le habían dado eran ciertas. Cuando se giraron a la akumatizada se dieron cuenta de que ella ya iba a su encuentro, aventando un par de botellas que lograron esquivar sin mucho esfuerzo.

—Parece que alguien esta de mal humor —Comentó el de traje moteado.

—¿Qué les paso a sus trajes?- la mirada perpleja de la akumatizada estaba enmarcada con la silueta morada de Hawk Moth.

—¡Eso no te interesa! —Gritó la azabache mientras extendía su bastón y se posicionaba para la batalla.

—¡Denme sus miraculous!

Y la batalla empezó.

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