Disclaimer: Los personajes que utilizo en esta historia no son de mi pertenencia, fueron creados por Isayama Hajime, pero esto está bastante claro.

Advertencia: Lime.


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Capítulo 9: Revers.-

Eren abrió sus ojos de a poco, acostumbrándose a la luz que entraba por la ventana y lo cegaba por completo. Debía ser muy tarde porque para que los cielos de Londres se despejaran debía pasar al menos un par de horas. Probablemente fueran las once o más, pero esto no le importó porque sentía una calidez a su lado, no necesitaba mirar para saber que se trataba del cuerpo de Rivaille, quien parecía descansar tranquilamente. Eren estaba seguro de que el mayor estaba despierto, pero no quiso moverse durante un buen tiempo para disfrutar de la paz del momento.

–Ya sé que estás despierto –dijo Rivaille acariciando los cabellos del menor, cuya cabeza reposaba sobre el pecho del pelinegro –Buenos días, su majestad.

Eren no pudo evitar sonrojarse ante esa frase, sabía que Rivaille la había soltado con malicia para que reaccionara, e inconscientemente lo hizo, levantando un poco la mirada, bastante apenado por encontrarse abrazado a ese cuerpo desnudo, bueno, él estaba en las mismas condiciones.

–No me llame así –susurró el castaño hundiendo su nariz en la piel del mayor para aspirar ese aroma que lo volvía loco desde la misma fuente –Ahora solo soy… –no supo cómo terminar la frase, no sabía bien quién era en ese momento, solo sabía que ya no era un príncipe.

–Mío.

Aunque la voz de Rivaille había sonado gruesa y molesta, Eren no pudo evitar sonreír al escuchar esa palabra. No importaba como lo dijera mientras fueran ese tipo de palabras por lo que se apegó más al cuerpo que reposaba con él en la cama, cerrando sus ojos y dejando que la esencia de Rivaille llegara hasta cada rincón de sus pulmones, nublando su mente y todo su ser.

Para Rivaille, el que Eren no lo hubiera dicho había sido un golpe a la nuca. Esperaba que el castaño se confesara como siempre lo hacía, pero cuando no lo hizo soltó aquella palabra casi molesto por la falta de iniciativa del chico. Mas cuando éste reaccionó abrazándolo cariñosamente no supo qué hacer.

Él no era un hombre romántico, mucho menos alguien que supiera cómo responder a actos como ese, por lo que tensándose un poco tomó algo de aire para buscar una solución. Pero luego de darse cuenta de que no era necesario hacer nada sonrió suavemente y volvió a acariciar esos cabellos que brillaban por culpa del sol que entraba por la ventana.

Desde su perspectiva en ese instante, Eren era una especie de mota de pelo enmarañado, y volvió a sonreír de manera tierna, tomando el rostro de Eren entre sus manos, elevándolo para que le mirara de frente y quitó todos los cabellos que se atrevían a cubrir el rostro del chico. El castaño no supo qué hacer ante ese acto de Rivaille, podía ver la dulce sonrisa en los labios del mayor y como sus ojos ya no se veían tan duros como siempre, parecía que cada rasgo de su rostro se había suavizado, dándole un aspecto mucho más juvenil.

Aunque Rivaille no tenía marcas de demostraran su edad, ni mucho menos aparentaba los poco más de treinta años que tenía, Eren jamás lo había visto de aquella manera, no había visto tanta suavidad en sus expresiones ni mucho menos podía imaginar que su pareja podía verse incluso más encantador de lo que ya era.

Impulsado por esos pensamientos, acercó rápidamente sus labios a los de Rivaille y lo besó de manera superficial, separándose de inmediato para sonreírle.

–Eren –lo llamó el mayor y él le miró con gran interés, imaginando todas las cosas que éste podría decirle –Has dormido toda la mañana, mocoso. Recuerda que es domingo.

El castaño bufó y se sentó sobre la cama con un semblante de fastidio ¿tanto era pedir un momento de romanticismo? Bueno, si su amo quería pasarse el único día que tenían para estar solos limpiando, él debía aceptar.

Disimulando su malestar en las caderas, Eren tomó una de las sábanas para enrollársela en el cuerpo y adentrarse en el baño que pertenecía a la habitación, dejando a Rivaille confundido, el joven tenía su propio cuarto de baño.

Bufó entendiendo que ese mocoso debía ser todo un mimado, ahora entendía muchos de sus actos, siempre pidiéndole al cocinero hacer cosas que le gustaban, siempre ignorando a medio mundo de manera olímpica y actuando como él quería, sin importarle mucho ser inoportuno. Claro, todo tenía sentido ahora, se había traído a casa a un príncipe que de seguro estaba acostumbrado a muchos lujos y a sirvientes que hacían todo lo que él pedía.

Suspiró sentándose en el borde la cama, era seguro de que él no podría darle una vida como la que el joven tenía en su país. Aunque él ganaba mucho más dinero que la gente normal en su país, era un pobre diablo al lado de cualquier noble en la actual sociedad inglesa, porque por más que quisiera, su origen jamás le dejaría llegar lejos.

En el fondo sabía que esto a Eren no le importaba, porque se había visto feliz durante su estadía en el lugar, pero ahora que lo sabía todo sobre el chico, no podía evitar sentirse abrumado por la realidad, estaba teniendo a un maldito príncipe en su casa y aunque existía la posibilidad de que su pueblo lo haya dado por muerto, temía por su permanencia.

Estaba seguro de que Eren no se iría por sí mismo, eso le provocaba cierta calma, pero…

–¿Rivaille? –preguntó la voz del castaño y solo entonces reaccionó.

Vio esos ojos verdes consternados y como una mano se acercaba a él, mas rechazó el contacto y se puso de pie. No se había dado cuenta, pero Eren ya estaba completamente vestido ¿cuánto tiempo había pasado pensando estupideces? Se reprochó mentalmente por eso y se apresuró en su ritual matutino, quedando listo para el trabajo en pocos minutos.

–¿Ha pasado algo? –preguntaba Eren quien caminaba a su lado, luego de haber cambiado las sábanas de la cama se dirigían hacia el patio, donde comenzarían las tareas ese día –Rivaille, quiero saber si le ha pasado algo. ¿Se siente bien? No me ha hablado en todo el…

–Estoy bien.

La respuesta seca del mayor le provocó cierto dolor, pero intentó ignorarlo y se dedicó a hacer todas las tareas que Rivaille le pedía. Había progresado mucho en el aseo y ese tipo de tareas, ya no era un inútil y estaba feliz por ello, pero ese día, por alguna extraña razón, Rivaille no le felicitaba su progreso ni tampoco le pedía las cosas como era de costumbre.

Quiso creer que se debía a cansancio, o simplemente sus extraños cambios de humor, pero en verdad temía que se tratara de su confesión anterior. Tomó algo de aire y volvió a sus tareas, pensando en que tarde o temprano debían hablar sobre todo aquello.

–Terminamos –le sonrió a Rivaille y él solo asintió dirigiéndose a la cocina donde prepararían la cena.

De nuevo el silencio se hizo presente y Eren no estaba seguro de querer romperlo. Era muy incómodo, sí, pero en el fondo no quería saber que era él el responsable de todo ello.

–¿Estás cómodo aquí? –preguntó entonces Rivaille llamando su atención cuando ya se encontraban en el comedor.

–Siempre me ha gustado sentarme a su lado –fue la respuesta que dio, sin entender muy bien a qué se refería.

–Estoy preguntándote si estás cómodo en mi casa.

Eren calló unos instantes, sus sospechas se habían concretado, era verdad que todo esto era su culpa, tal vez debió callar o inventar alguna cosa para evitar decir cosas que pudieran complicar su relación.

–Sí –soltó luego de meditar mucho su respuesta –No me importa nada, solo soy feliz con usted así que no me haga ese tipo de preguntas –pidió frunciendo su entrecejo –Jamás me quejaría por algo. Después de todo lo que pasamos… no voy a arrepentirme nunca. No me interesa lo que usted crea, no soy esa clase de persona. Sí, alguna vez fui alguien importante y eso ocurrió hace poco tiempo, pero también he tenido que vivir en todo tipo de condiciones –dijo sin saber a dónde se dirigían sus palabras –, al final, yo soy distinto a mis hermanos. Lo que quiero decir es que donde usted se encuentre, para mí será un jodido palacio y punto.

Rivaille le miró incrédulo, ¿eso había sido una confesión?

–Porque usted provoca cosas en mí –siguió sin notar el interés que le ponía su pareja –Mi madre me enseñó que el hogar es donde está la gente uno que ama, y no me queda nadie en oriente, así que todo mi hogar está donde usted esté.

Bien, había sido una confesión, del todo.

Rivaille llevó su mano a sus cabellos, sin saber cómo responder a todo eso. Por primera vez en su vida quiso ser un tonto romántico para poder corresponder la manera adecuada. Sí, tenía profundos sentimientos por el joven. Sí, también ese chico provocaba cosas en él. Pero no podía decirlo, las palabras no parecían querer salir de sus labios y su mente se nublaba de a poco dejándole prácticamente mudo.

Eren le miró con cierto temor. Temía el no ser correspondido, y la postura que había adoptado Rivaille era de total incomodidad. Sabía que ser sincero estaba bien, pero también entendía que una persona como el pelinegro no era fácil de llevar, porque su manera de ser era bastante complicada. A lo mejor no le había gustado saber los sentimientos que tenía hacia él, a lo mejor no se esperaba todo eso y…

–¿Estás seguro? –preguntó Rivaille y Eren solo asintió sintiendo un nudo en su garganta –Porque entonces no te dejaré ir –soltó frunciendo su entrecejo solo un poco, demostrando la seriedad de sus palabras –Tendrás que vivir siempre así y no podrás volver jamás a tu hogar y a tus lujos –explicó advirtiendo por última vez –Tenía pensando en dejarte libre al poco tiempo, pero me he arrepentido, te quedarás para siempre a mi lado.

Los ojos de Eren se nublaron un poco y sonrió de tal manera que dejó a Rivaille sin palabras. La confesión del mayor le había dejado más que satisfecho y por primera vez después de la muerte de su madre y sus abuelos se sintió totalmente amado.

Y su vida desde ese momento hasta los meses siguientes fue como una especie de sueño. Eren se había acostumbrado completamente a la vida en Inglaterra y ya conocía bastante de la ciudad de Londres, que era impresionantemente enorme, además de que había convencido a Rivaille, luego de mucho pedirle, que le llevara al majestuoso Big Ben.

Con Sasha las cosas seguían prácticamente igual, la chica sabía guardar muy bien los secretos por lo que nadie que no fuera cercano a ellos se había enterado de su relación.

Además estaba aprendiendo a escribir y leer en inglés, cosa que le era bastante difícil, especialmente porque su novio no tenía nada de paciencia. Por lo mismo, había propuesto pedirle a Hange que le ayudara, porque de esa manera se evitaría los maltratos del mayor. Grave error, Rivaille no solo no aceptó que la castaña le ayudara, sino que le reprendió por no confiar en él y por ser un flojo que no hacía más que buscar su propia comodidad. Eren solo había aceptado de nuevo su ayuda, sabiendo que Rivaille no tenía talento para enseñar, pero en secreto, practicando con la mujer de anteojos que solía ir a visitarle.

–Entonces Rivaille y tú se están llevando muy bien ¿o me equivoco? –preguntó Hange luego de ayudarlo un poco con su tarea.

–Sí.

–Salir con un hombre así debe ser agotador –dijo sabiendo que el chico defendería su relación, le gustaba eso porque sabía que su amigo se encontraba en buenas manos. Aunque en realidad era probable que ese enano fuera quien hiciera sufrir al príncipe.

–Es fantástico salir con él. Es un hombre increíble.

–Oh no, enamorado a la vista.

Eren se había sonrojado al decir esa frase y luego de que Hange lo molestara el color siguió en aumento agachando su mirada hacia la hoja de papel. Su caligrafía era terrible, aunque no tan mala como la de la mujer, pero si la comparaba con la de Rivaille, parecía la de un niño pequeño.

–¿Pensando en él nuevamente? –Hange había soltado esa pregunta de manera maliciosa haciendo que el chico se crispara al instante –Veo que no me equivoco. Ustedes dos se ven tan lindos juntos que siento envidia –confesó cruzándose de piernas.

Pronto Rivaille volvería a la casa. Había ido a buscar unas cosas a la casa de Erwin, todos esos papeles que evitaban que ambos pasaran tiempo libre. A veces el trabajo de Rivaille era un enemigo terrible en su relación, pero Eren entendía muy bien y evitaba quejarse sobre esto.

Después de haber acompañado a Hange la puerta y haberle agradecido por su ayuda, volvió a entrar a la biblioteca y tomó el libro que alguna vez Armin le había regalado. Leerlo era un poco difícil, se trataba de historia natural y había términos en otros idiomas que no comprendía muy bien, pero le encantaba, porque se lo había regalado quien era en esos momentos, su más preciado amigo.

La relación entre ambos había avanzado con mucha rapidez. Mucha gente creía que se conocían de toda la vida, porque ambos habían logrado llegar a un nivel de entendimiento del otro bastante sorprendente. Eren adoraba pasar tiempo con Armin por lo mismo, porque de esa manera se evitaban temas incómodos cuando no se estaba listo para hablar sobre ello. Debido a esa extraña conexión, Armin había comenzado a tener problemas con Jean, quien era un tipo bastante celoso, y éste a su vez había comenzado a odiar a Eren con cierta profundidad, cosa que fastidiaba al príncipe. Era bastante claro que él y Armin eran solo amigos, pero ese tonto cara de caballo creía lo contrario.

–¡Ya basta! –había gritado Armin cuando ambos habían comenzado una pelea de nuevo.

Se encontraban en la casa de Erwin por lo que pronto mucha gente comenzó a llegar, los sirvientes del comandante se debatían entre quien debía separar a ambos jóvenes. La ferocidad de la pelea esa vez había hecho que muchos se retractaran de entrometerse y solo Reiner, un rubio bastante corpulento, y Berth, un muchacho de estatura considerable, fueron capaces de separarlos.

–¡Suéltame, Reiner! –gritaba Eren lanzándole golpes al muchacho quien lo sostenía fuertemente –¡Asesinaré a ese maldito! –decía dando patadas al aire mientras era elevado por el rubio quien había comenzado a caminar con el chico para alejarlo lo suficiente, mientras que del otro lado Berth hacía lo mismo con Jean –¡No quedará…!

–Eren, por favor, relájate –pidió el joven interrumpiéndolo, pero el castaño no había dejado de moverse en todo ese tiempo para intentar zafarse.

–¡No! ¡Esta vez sí que…!

–Esta vez nada, mocoso –dijo Rivaille entrando en escena seguido por Erwin –Has causado un alboroto, idiota –gruñó bastante molesto y solo eso Eren se detuvo y Reiner pudo descansar un poco, sostener a ese chico con fuerzas le había dejado bastante agotado –Nos vamos.

Reiner soltó a Eren y éste se quedó de pie mirando cómo Rivaille se iba, dándole la espalda. Sabía que el mayor estaría bastante molesto con todo eso, pero no podía evitarlo, porque ese maldito de Jean había…

Molesto nuevamente se dirigió rápidamente hacia donde el otro castaño era sujeto por Berth y de improviso le golpeó en el pómulo, justo debajo del ojo derecho, con tal fuerza que fue capaz de hacer girar su cabeza y todo el mundo guardó silencio. Rivaille detuvo tu marcha y se quedó totalmente quieto, no necesitaba mirar para saber lo que había ocurrido. Se volteó molesto y tomó al joven del brazo, llevándolo lejos de allí, lanzándolo dentro del primer carruaje que encontró, y dándole la dirección al chofer, se introdujo a éste.

La mirada que Rivaille le dirigía a Eren lo decía todo, estaba molesto con el castaño por su actitud, pero no solo molesto, estaba totalmente colerizado. Eren solo mordió su labio inferior y se dedicó a mirar por la ventana, aunque no por eso dejaba de sentir la intensidad de la mirada de Rivaille.

Cuando por fin llegaron a casa lo primero que hizo el mayor fue preguntar qué mierda había sido todo eso, ganándose un gruñido y lo que parecía una palabra como respuesta desde el chico que yacía en el suelo. No podía creerlo ¿acaso ese mocoso lo estaba desafiando? Frunciendo su entrecejo se acercó al joven para tomarle del rostro y obligarlo a mirarle directo a los ojos.

Podía verla molestia en esos orbes verdes, no entendía qué había ocurrido, pero fuera lo que fuera debía ser bastante malo como para que el chico actuara así. Suspiró sabiendo que no sacaría ni una palabra de ese joven y lo soltó.

–Golpearlo de esa manera fue cobarde –le dijo y Eren le respondió en su lengua haciendo que Rivaille se molestara –Eren –de nuevo la respuesta fue en el idioma desconocido, solo que esta vez parecía más fastidiada que la vez anterior –Maldita sea, Eren, no soy tu enemigo.

Solo entonces el joven pareció reaccionar y agachó su mirada, quitando su actitud desafiante y encogiéndose en su lugar. Volvió a hablar por última vez esas palabras que Rivaille no entendía y luego pidió disculpas.

–Está bien –respondió el mayor soltando aire –No es conmigo con quien tienes que disculparte.

–Lo haré luego con el señor Smith…

–No estoy hablando de él, Eren.

–¡No le pediré disculpas a Jean! –gritó haciendo que Rivaille volviera a fruncir su entrecejo –A él no –susurró –Es un maldito.

–Bueno –soltó Rivaille, Eren no podía creérselo y levantó la vista, ¿de verdad estaba bien? –Si es lo que crees, está bien. Pero no vuelvas actuar así de nuevo, mocoso de mierda.

Eren se ruborizó con molestia ante esas palabras, aunque aceptaba bien que había obrado mal y se merecía todo eso. Entonces Rivaille pareció recapacitar y le extendió la mano invitándolo a ponerse de pie y a tomar el té esa tarde.

Ambos caminaron hacia el salón dedicado a eso y todo pareció volver a la normalidad, al menos por ese día.

–Sabe pelear muy bien, aun así –lo defendió Erwin el día siguiente, Rivaille había ido solo esa vez y ambos hombres se encontraban en el despacho del rubio sin mucho trabajo que hacer –Bueno, está clara la razón, pero solo quería que lo supieras –se burló y con ello su amigo frunció el ceño mirando por la ventana, desde donde habían observado gran parte del conflicto el día anterior –Te demoraste en actuar. Vamos, tú también querías ver quién ganaba. Jean no es un debilucho, así que para tumbarlo de esa manera, Eren debe ser un muy buen peleador. Incluso Reiner tuvo problemas para mantenerlo bajo control, probablemente si tú no hubieras intervenido, Eren se hubiera zafado y…

–Ya lo sé.

–Hace honor a su título ¿no lo crees?

Erwin tenía razón, ese chico hacia honor a todo lo que era y por primera vez Rivaille se dio cuenta de qué había comprado. No solo había pagado por un ser humano, sino que había adquirido a un príncipe cuya especialidad era la guerra y el combate cuerpo a cuerpo.

–¿Lo has reprendido siquiera? Jean terminó con medio rostro hinchado luego de eso. Armin no puede creer lo que sucedió y todos estaban temeroso de que tú volvieras con Eren –dijo sacando a Rivaille de sus pensamientos.

Claro que no lo había reprendido, lo había intentado, pero al final lo había dejado todo así. No se veía capaz de reprender a alguien por una cosa así, estaba seguro de que Jean había tenido la culpa, solo que Eren era un poco sensible a veces, lo que quería decir que explotaba fácilmente. Al final él no era nadie para castigar a otro por pelear, cuando él también solía hacerlo de joven.

–Felicidades, usted ha adquirido un tigre de Bengala, su deber ahora es entrenarlo para que no ataque a las personas que pasan a su alrededor.

Erwin había soltado esas palabras para que Rivaille recapacitara, pero este se las tomó solo como una simple broma soltada al azar, por lo que cuando dejó esa casa las olvidó rápidamente, para él, Eren no era nada peligroso, y más que una especie de tigre, le parecía un pequeño gatito.

Esto se comprobó cuando entró a la casa y Eren le recibió como siempre con una sonrisa en su rostro porque era sábado por la tarde y Sasha ya había partido a su hogar, mientras que Connie había dejado la cena lista en el horno, para que en unos minutos más lo apagaran y se sirvieran. El chico caminó hacia él y cerrando la puerta detrás del mayor lo acorraló contra esta besándolo con pasión, apresándolo con sus brazos, sujetándolo de la cintura como si fuera a ir a alguna parte.

–Hoy me toca a mí –le susurró sobre los labios entre besos.

–No es por turnos, mocoso.

Siendo empujado por los besos de Rivaille, se apartaron de esa puerta y de manera torpe buscaron la escalera, intentando evitar separar sus labios y si lo hacían solo era por un corto tiempo, porque pronto buscaban la manera de volverse a encontrar. Cuando por fin dieron con la habitación de Rivaille, Eren se sentó en el borde la cama y dejó que el mayor se sentara a horcajadas sobre sus piernas, recibiendo los sabrosos besos de parte de ese hombre que lo traía tan loco.

–Así que quieres estar arriba esta vez –le decía Rivaille haciendo que ambas entrepiernas se rozaran, provocando que Eren soltara un jadeo mientras que con su boca aún abierta buscaba la contraria, que parecía negársele bajo todo concepto –Quieres mucho eso ¿no, Eren? –bromeó él tomándolo de los cabellos para acercarlo aún más, susurrando sobre la boca del castaño –¿Qué harás si no se te da?

–Lo tomaré –jadeó apresando el labio inferior de Rivaille con sus dientes.

–¿A la fuerza? –se atrevió a preguntar con cierta gracia cuando el chico lo soltó.

–No –respondió besando el mentón de Rivaille –Usted también lo quiere.

Eren acercó sus manos hacia el borde del pantalón del mayor por los costados, acariciando suavemente hasta llegar al frente para desabrocharlo y tomar entre sus manos el activo miembro de Rivaille. Estaba tan caliente, lo que le dijo a Eren lo excitado que estaba su pareja, y con una sonrisa en sus labios comenzó a masajearlo lentamente, subiendo y bajando mientras el mayor comenzaba a gemir de manera queda, sacando unos pequeños suspiros que apenas eran audibles.

–Más rápido –pidió ronco y fue un hecho, Eren comenzó a acelerar la velocidad al escuchar la voz de Rivaille –Eren… si vas a metérmela, hazlo ya –gruñó contra el oído del castaño quien se quedó unos segundos en silencio, pasando saliva y con sus ojos bien abiertos.

Lo llevó sobre la cama y lo tendió en ésta, quitándole los pantalones con lentitud, haciendo que Rivaille se impacientara un poco, gruñendo que se apresurara y se dejara de juegos. Eren solo le sonrió y besó el vientre del mayor levantando un poco la blanca camisa, haciendo que éste se arqueara un poco y con ello pasó a tomar el miembro del mayor para soltar su cálido aliento sobre éste.

Rivaille se quedó quieto ante ese acto y le miró atentamente. La boca de Eren se abría de a poco y de ella salía la rosada lengua que iba a posicionarse sobre el glande del mayor, haciendo que éste, en un acto reflejo se arqueara soltando un ligero jadeo. El acto volvió a repetirse una y otra vez, y cuando Rivaille logró acostumbrarse a la sensación de tener esa lengua pasando sobre su erguido miembro, Eren pasó a succionar la punta, apresándola ligeramente con sus labios.

Lo único de lo que Rivaille fue consciente en ese momento era de que se sentía muy bien. Tomó algo de aire para luego volver a sentir la succión que lo hizo retorcerse ligeramente. Luego, un dedo decidió ingresar y comenzó a juguetear dentro de él, aún con su miembro en la boca de Eren. Un segundo dedo y luego un tercero, todo demasiado placentero para poder sobre llevarlo.

Pronto su interior se vació y Eren le miraba ahora desde otro ángulo, con sus ojos clavados en él, esperando el vamos. Rivaille asintió lentamente, claro que estaba preparado, luego de todo eso que Eren había hecho no podía pedir más.

Ayudó a Eren a deshacerse de sus pantalones y agradeció que el chico usara siempre esos vendajes que nada dejaban a la imaginación, porque sacarlos sí que era todo un desafío y no estaba seguro de cuánto fuera a durar así.

Acomodándose entre las piernas de Rivaille, Eren entró despacio, observando siempre el rostro del mayor quien mordía su labio inferior debido al dolor de la penetración. Se inclinó hacia él, poniendo los codos sobre la cama para evitar caer sobre Rivaille y le susurró unas dulces palabras, ganándose como recompensa unos mordiscos en su hombro. En realidad Rivaille poco y nada había entendido de lo que Eren había dicho, porque lo había hecho en su lengua materna, pero debido a la dulzura con la que había soltado esas palabras no pudo evitar morderle con un poco de fuerza, marcándolo como suyo, dejando la impresión de sus dientes que duraría al menos una semana.

Cuando Eren estuvo completamente adentro Rivaille no pudo evitar soltar un gemido debido al lugar que había tocado el castaño. Con ello, Eren supo que no podía parar y fue solo gracias a las vendas en su cuerpo que las uñas de Rivaille no le dejaron marcas luego de que comenzara a envestir una y otra vez contra el pequeño cuerpo debajo de él.

Cuando el orgasmo llegó para ambos supieron que nada podría quebrar eso que tenían, porque no estaba hecho de nada material, esa relación estaba armada de algo que habían olvidado, simplemente amor.

O al menos eso creyeron. El lunes siguiente alguien tocó la puerta de la casa, como siempre, debía ser Sasha quien fuera a abrir y, cortando la conversación que llevaba con Connie, salió de la cocina y se dirigió al vestíbulo totalmente calmada, creyó de que se trataba de algún mensajero o de un soldado, fuera como fuera, siempre era lo mismo.

Giró el pomo de la puerta para abrirla, pero se detuvo, antes de hacerlo, por alguna extraña razón todo eso se sentía extraño. Jamás nadie iba a esa hora a buscar a Rivaille puesto que era horario de cena, a menos que… claro, debía tratarse de Hange o Erwin que iban tarde a cenar sin siquiera avisar, como siempre lo hacían.

Un grito alertó a los tres hombres que se encontraban en la casa. Connie, al saber que era de Sasha, tomó lo primero que tenía cerca y corrió hacia el vestíbulo donde Rivaille ya se encontraba mirando estático la escena. Una mujer joven, de cabellos cotos, negros y lacios, con una piel de porcelana y vestimenta claramente oriental con estampado de pececillos y fondo rojo, estaba amenazando a la sirvienta con una katana puesta justo sobre el cuello de la castaña.

–¿Quién eres y qué quieres? –preguntó Rivaille furioso, no quería que esa mocosa luego anduviera toda nerviosa por la casa producto del ataque que estaba recibiendo, porque en el fondo, se preocupaba por Sasha.

–Mi nombre es Mikasa y soy la esposa de Eren.