. Naruto y sus personajes pertenecen al gran Masashi Kishimoto.

Reservado todos los derechos.

Esta historia es de ficción, cualquier parecido con la realidad son pura coincidencia.


Capitulo 9

Después de la expedición, volvieron a entrar. Se quitaron la ropa de abrigo y los zapatos.

—¿Un café? —le propuso él—. ¿Te quieres casar conmigo?

—¡Sasuke!

—¿No pensarías que iba a darme por vencido tan fácilmente? —dijo mientras se acercaba lentamente.

¿Entonces?

—¿Quién dijo que el romanticismo había muerto? —dijo Sakura, mientras dejaba a Suske en la manta y se sentaba en una silla, tratando de poner cierta distancia entre ellos.

—¿Eso es lo que quieres? —le preguntó pensativo, mientras atravesaba la habitación—. ¿Te gustaría que te tomara en brazos, te montara sobre mi caballo blanco y cabalgáramos hasta el amanecer? ¿Quieres que te diga que no puedo vivir sin ti, aunque los dos sepamos que no es cierto?

Ella no respondió.

—Puedo vivir sin ti, pero preferiría vivir contigo —se le dibujó una sonrisa complacida en los labios—. Te aseguro que me pones furioso, me exasperas… pero te voy a echar mucho de menos cuando no te tenga conmigo.

—¿Y crees que eso es razón suficiente para que te cases conmigo? ¿No crees que te está fallando un pequeño ingrediente?

La miró intensamente.

—Si me estás pidiendo que te diga que estoy enamorado de ti, lo siento, pero no puedo.

Sakura se quedó inmóvil. No había pensado en ningún momento que lo estuviera, pero que lo admitiera tan franca y abiertamente, le dolía tremendamente. Su corazón se apretó.

—Igual que tú tampoco lo estás de mí —dijo él con total convencimiento.

Quería llorar, salir corriendo de la habitación. Pero no hizo nada de eso.

—¿Y qué ocurriría si de pronto te enamoraras de otra mujer? —preguntó ella en un tono completamente carente de emoción.

Él frunció el ceño.

—No soy un adolescente. Sé controlar mis impulsos.

—¿Puedes controlar el enamorarte o no de alguien?

—Sentirme atraído por alguien no implica que vaya a meterme inmediatamente a la cama.

—No estamos hablando de lo mismo, Sasuke. Yo no hablo de sexo, sino de amor.

—Lo que no es más que un eufemismo para hablar de la pasión, del deseo. Sakura lo miró confusa. Aquel no era el mismo Sasuke de hacía unos minutos.

Aquel Sasuke Uchiha, cínico y duro, le repelía. Durante unos segundos lo odió. Lo odió por tratar de ocultar continuamente al hombre al que ella amaba. Lo odio por mostrarse así de lejano, y lo odio aun más por no quererla como ella lo hacía.

—¿Dónde encaja Karin en todo esto? —siseo Sakura haciendo una mueca al decir su nombre.

—Karin y yo acabamos nuestra relación hace mucho —le aseguró él con tranquilidad—. Ahora sólo somos amigos.

Ella lo miró escéptica.

—¿De verdad crees que te propondría matrimonio si estuviera con otra persona?

—No —admitió Sakura.

Pero no entendía nada de lo que estaba ocurriendo.

Sakura se levantó, agarró el conejito blanco y se lo dio a Suske. Miró a su alrededor.

Aquel salón había cambiado mucho desde que ella había entrado por primera vez en él.

Lo miró de nuevo.

¡Si al menos tuviera el impulso de aproximarse a ella, de tomarla en sus brazos y de demostrarle que le gustaba! Un mínimo acto hubiera hecho que ella cambiara de idea.

Pero no lo hizo.

Se quedó al otro lado de la habitación mirándola expectante.

—¿Sakura?

Ella levantó la cabeza lentamente.

—Háblame de tu matrimonio.

Hubo un breve silencio.

—Conocí a Kira hace muchos años —dijo sin preámbulos—. Pensé desde el primer momento que era la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Seis semanas después, nos casamos.

Sakura entendió muchas cosas: amor a primera vista. Un joven Sasuke dominado por un amor impetuoso con resultados un tanto lamentables.

—El matrimonio duró dos meses —continuó él—. Al volver a casa un día, Kira me pidió el divorcio.

Sakura lo miró sorprendida.

Él sonrió con amargura.

—Sí, a mí me sorprendió también —apretó las manos y se levantó impaciente. Abrió el armario de la bebidas y se sirvió un poco de whisky. Se quedó pensativo—. Poco antes de conocer a Kira, ella había roto con su novio. Pero, al casarse conmigo, su ex decidió que la quería junto a él. Al parecer, se había presentado en casa poco antes de que yo llegara. Kira no necesitó mucho para dejarse persuadir. Así es que, en cuanto llegué, me pidió el divorcio.

—¿Kira se casó contigo para darle celos a su ex novio? —Sakura trataba de averiguar qué sentimientos se ocultaban tras aquel rostro que aparentaba calma. Pero era imposible.

Él se quedó en silencio unos segundos, recapacitando sobre la pregunta.

—No, no lo creo. Al menos, no lo hizo conscientemente —estaba claro que aquella era la conclusión a la que había llegado después de muchos años de recapacitar sobre ello—. Ella creyó que su relación había acabado. Incluso es posible que pensara que se había enamorado de mí.

—Lo siento, Sasuke —dijo Sakura.

—No, Sakura, no me coloques en el papel del héroe trágico.

Ella se ruborizó.

—No era mi intención.

—Ya te he dicho que lo único que salió ligeramente dañado fue mi orgullo y mi ego masculino. Nada más.

¿Quién iba a creerse eso? ¿A quién demonios pensaba él que estaba engañando?

—No estaba enamorado de ella. Y ella tampoco lo estaba de mí. Yo tenía veintidós años, era un crío. Simplemente, me quedé prendado. Aunque el matrimonio no hubiera acabado de aquella manera, tampoco habría durado mucho.

—¿Y piensas que el nuestro duraría? —preguntó Sakura con toda la calma del mundo. De entrada, dudaba mucho eso de que aquella ruptura no le hubiera dejado cicatrices. Su petición era, probablemente, resultado de una herida aún sin curar—.

¿Crees que lo único que se necesita es que no haya sentimientos que interfieran?

Él frunció el ceño y Sakura decidió levantarse.

—Voy a prepararle la comida a Suske.

Él asintió y salió al balcón, cerrando la puerta.

En ese momento sonó el teléfono.

No podía ser para ella.

A punto estaba de llamarlo, cuando oyó el contestador.

—Hola, Teme, soy Naruto.

Beth se sintió como una intrusa, escuchando una conversación personal.

—Llámame, voy a estar en casa —Sakura pensó que ya no le daba tiempo de ir y avisarle. Pero el mensaje continuó—. Por cierto, me encantó Sakura. A lo mejor va a resultar que tu gusto en temas de mujeres ha tomado un curso razonable por fin.

Sakura se detuvo y sonrió. «Gracias, Naruto ».

—Supongo que te has dado cuenta de que está perdidamente enamorada de ti.

¡Cómo se le ocurría decir eso! Tendría que borrar todo el mensaje y decirle, simplemente, que había llamado.

Pero ya era demasiado tarde.

Sasuke acababa de entrar.

Estaba en la cocina, dándole de comer a Suske, cuando Sasuke apareció. No le hizo falta nada más que una rápida mirada, para darse cuenta de que había oído el mensaje.

—Sí, es cierto —admitió ella, antes de oír la pregunta—. La última cucharada, Suske.

Dejó el plato en la mesa, le quitó el babero y le limpió los restos de puré de la cara.

El pequeño comenzó a tomarse el biberón.

—Te quiero, Sasuke —continuó. No sentía vergüenza de admitirlo. Simplemente, era la verdad—. No es un capricho, ni algo pasajero, ni puro deseo. Tampoco te tengo idealizado. Veo cómo eres y te aseguro que no te creo perfecto. Pero me gustas tal cual.

—¡Maldición! ¡Yo lo siento, Sakura! No lo sabía.

—¿Cómo no te has dado cuenta? Naruto lo vio de inmediato. Probablemente toda tu familia —se encogió de hombros—. Es por eso, precisamente, por lo que no me puedo casar contigo, si tú no me amas a mí.

—Sakura, lo siento, de verdad.

No quería su simpatía.

—Necesito a alguien que no tenga miedo de mostrar sus sentimientos —lo miró con dureza—. El amor te hace vulnerable, ¿verdad, Sasuke? Eres demasiado cobarde como para arriesgarte a sentir dolor otra vez. Lo lamento pero si voy a casarme será con alguien a quien no le importe amarme.

De pronto, Sakura se derrumbó. No podía más.

Comenzó a llorar desconsoladamente, gruesas lágrimas caían de sus ojos.

—¿Podrías…? —le pidió a él.

—Por supuesto — Sasuke se acercó y agarró a Suske, todo esto sin apartar la mirada de una desolada Sakura.

Ella salió de la cocina y se encerró en su habitación.

Se echó sobre la cama y dejó que un río de lágrimas inundara la colcha. Había estado guardando sus emociones durante mucho, era el momento de desahogarse. Luego de algunos minutos, ya un poco más tranquila, se volvió y se quedó mirando al techo.

Aquello pasaría. En algún momento, el dolor desaparecería y podría seguir adelante, viendo aquella experiencia como un sutil recuerdo.

—¿Sakura?

La voz de Sasuke la sobresaltó.

—¿Estás bien?

Despacio se levantó de la cama. No estaba dispuesta a esconderse como una avestruz.

Abrió la puerta, después de limpiarse furiosamente las lágrimas y de parecer menos rota de lo que realmente estaba.

Se quedaron el uno frente al otro, sin decir nada durante unos segundos, hasta que, por fin, él habló.

—Yo no valgo la pena, Sakura—le dijo y lentamente la atrajo a su cuerpo, abrazándola con tal ternura que creyó volver a llorar otra vez, y estaba claro que no se lo podía permitir.

Aquella situación era completamente ridícula. Sasuke era la última persona que debía estar allí, abrazandola mientras trataba de consolárla.

—Me importas mucho, Sakura —le susurró al oído, mientras la estrechaba aun más en sus brazos.

Sakura se apartó.

—Pero no me amas.

Él se tensó, con la mirada llena de dudas.

—Me importas. Me importa mucho lo que te suceda.

Sakura agitó la cabeza.

—No es suficiente —le dijo sin más.

Porque algún día, a pesar de que él no lo pudiera entender entonces, se enamoraría de verdad de otra mujer. Y ella no soportaría perderlo.

Lo estudió durante unos segundos.

—¿Dónde está Suske?

—Está bien. Lo he metido en su cuna. Está tratando de decapitar al conejo blanco.

—No puedo quedarme aquí —le dijo—. Tengo que volver a mi casa.

Él frunció el ceño.

—Quédate hasta Navidad.

—No —le resultaba intolerable la idea de pasar esa fecha con él.

—¿Y Suske?

—Te las arreglarás. Ya sabes que tu familia te puede ayudar. De hecho, te las habría arreglado muy bien sin mí. No había necesidad de que me trasladara a tu casa.

Y, en aquellos instantes, habría preferido no haberlo hecho nunca.

—Voy a hacer las maletas. ¿Podrías llamarme a un taxi?

—Sakura yo…

Ella se volvió mirándolo con los ojos rojos debido al llanto.

—Nada —dijo él.

.

Sakura se puso a recoger mecánicamente sus cosas. No quería pensar en el futuro, no quería pensar en nada. Cerró la pequeña maleta y la dejó junto a la puerta.

Se asomó por última vez a la ventana.

La nieve se estaba derritiendo.

Se volvió al oír unos ligeros golpes en la puerta.

—El taxi ya está aquí.

Agarró la maleta, miró la habitación de arriba a abajo y salió.

Sasuke le quitó la maleta y la acompañó hasta la puerta.

—Dile adiós a Suske por mí —le rogó Sakura.

Él asintió.

—Toma, las llaves —continuo ella.

Le dejó el llavero sobre la mano, intentando que sus manos no se rozaran, agarro la maleta y camino hasta la puerta, cuando una mano impidió que siguiera avanzando.

—¿Qué? —dijo Sakura con voz entrecortada sin voltearse, si no huía rápido de allí él vería nuevamente sus lagrimas y su dolor.

El silencio pareció llenar la estancia.

—Cuídate —susurro Sasuke al momento que liberaba su mano.

Ella volvió la cabeza y esbozó una sonrisa amarga.

—Tú también —le costaba marchar—. Será mejor que me vaya. No quiero hacer esperar al taxi.

Sin decir nada Sakura abrió la puerta y salió.

Dejando atrás a un sombrío Uchiha.


Próximo Sábado, Capitulo Final.

No olviden pasar por la nueva historia :D