If He Found the Holder that I will do?

Consiguió alcanzar la cúspide de aquel entrenamiento, pudo aguantar al pesado de su compañero mientras iban a comer al Ichiraku, la gente que pasaba a su lado empezaba a ser de lo más variopinta, el examen estaba atrayendo demasiadas personas a la villa, entre la multitud observó a una muchacha que centraba el mismo color de cabellos y unos ojos del mismo color que su dueña, sin embargo algo hizo que descartase la posibilidad de que fuese esa muchacha, una muchacha en general, empezaba a creer que ninguna de las posibles muchachas que se caracterizasen con lo poco que tenía fuesen dueña alguna de aquella mirada, podía darse la posibilidad de que fuese un chico, algo mayor que él seguramente, no sería extraño pues desde muy pequeño se había visto sometido a diversas miradas que lo encadenaban, aunque, en esta ocasión, era algo más que eso...

Su expresión se había ido tornando más seria, más cansada, incluso dejaba las típicas discusiones con su amigo a medias, cosa que a éste no se la pasaba desapercibido. Finalmente acabó confesándole a su profesor lo que le pasaba, mostrándole aquellos kunais obteniendo como resultado que éste alejase su mente del lugar durante unos minutos, cuando por fin regresó a su lugar Sasuke sólo pudo averiguar una nueva cuestión, ¿si encontraba al poseedor que haría?

De nuevo regresó a su apartamento con al mente invadida por esa cuestión más todas las que ya poseía y de nuevo sintió esa sensación. Sin embargo se encontró con un muchacho de cabellos rubios y largos sueltos dejando que el viento jugase con ellos, uno de los peculiares kunais en la mano y, esa peculiar mirada, no podía creer lo que veía. Quien lo encadenaba de tal modo era un joven, observó sus labios y vio que eran los mismos, sus cabellos... idénticos.

El muchacho se giró a verlo con mayor detenimiento produciendo un escalofrío en Sasuke, que su cuerpo se estremeciera y su rostro reflejara una mueca de desagrado. El muchacho lo siguió observando, pudo identificar la placa que le adornaba el cuello. El muchacho rubio se acercó a él y como si de un suave roce del viento se tratase rozó los labios de Uchiha dejándolo clavado en el sitio.

El Uchiha observaba los movimientos del rubio sin poder moverse, auto interrogándose los porques.