Holaa!
Arww x.x temía que esto ocurriría alguna vez D: me atrase un dá entero :/ acuso de todo a la universidad x.x intentare que esto no vuelva a ocurrir u.u palabra de nefilim :P
Por otro lado, como siempre les agradezco a los que leen, le dan fav y follow al fics y en especial a AliceB1402, Lalala, Juesneca, San, SandraDom, Cecilia y Georgina t por sus comentarios...los respondo :D

Lalala: jajaja la reina del misterio? gracias xD bueno, Sebastian quiere ganarse a Alec, los chocolates y flores son aburridos xD Sebastian en cambio va con todo xD y pues si, Magnus ya sabe que Alec no lo traicionó, así que ahora tiene que buscar a su nefilim estúpido para recuperarlo :P

San: Narnia! jajajajajaja Raziel! no puedo con la risa xD ¿entonces para escapar Alec solo debe salir del armario? jajajajaa oh no, tendrás que congelar, romper o ponerle más numeritos a ese masoquimetro, porque esto apenas comienza xD ¿Desperdiciar la poción de odio? él la vertió sobre su flecha, así que pues, está en la flecha :) Presidente Miau es genial xD aunque si te soy sincera, me dio algo de cosita el que Magnus destruyera su cama xD Así que Team Magnus ¿eh? jajaja si, aquí empieza la ayuda de Tessa :)

Cecilia: Me alegra haberte sorprendido con ese giro, es la idea :P Sebastian es un poquito retorcido xD

Georgina t: Oh si, aquí veremos como Tessa ayuda a Magnus :P ¿Sabes que? Eres la única que notó el detalle de la poción de amor faltante ;)

El resto por inbox n.n

Me he dado cuenta, que aunque la mayoría prefiere a Magnus, les encantan las retorcidas formas de Sebastian de demostrar su amor por Alec ¿Quien las entiende? jajajajajaja en fin, mejor les dejo ¡A leer!

Parte II: Al infierno se va en pareja

¿Qué pasa cuando se abrazan el amor y la muerte?

¿Se muere el amor o se enamora la muerte?

Tal vez la muerte moriría enamorada

y el amor amaría hasta la muerte

Anónimo

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Capítulo 9: Magnus vs Sebastian

El amor no es un arte, es una pelea cuerpo a cuerpo por sobrevivir.

Jorge Díaz

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- Alec volvamos a casa - Pidió Sebastian cuando llegó hasta él; no había rastro del tono de voz rudo que había usado con Amatis y el demonio Oni minutos antes. Alec había corrido hasta la mesa de piedra donde descansaba el cuerpo de su hermanito tan pálido e inmóvil como la última vez que lo vio en las rodillas de su padre en medio del Gard.

Su cuerpo estaba intacto, como si no hubieran pasado ya tres meses desde aquella terrible noche y solo estuviera dormido. El de ojos azules acercó su mano trémula a la mejilla de su hermano, su piel estaba helada, sin vida.

- Tratas de revivirlo - Susurró.

- Voy a revivirlo - Le corrigió Sebastian. Alec apretó sus manos en puño al escucharlo y se volvió hacia él con una mirada furiosa.

- ¿Por qué? - Le espetó- ¿Para qué quieres a Max? - El chico se lanzó sobre Sebastian, golpeándolo. El rubio no se hizo a un lado, recibiendo el impacto. Amatis y el demonio hicieron ademan de intervenir pero Sebastian los corrió del lugar con un gesto de la mano. Ellos dudaron pero obedecieron finalmente. Los ojos del chico Lightwood estaban inundado de lágrimas - Ya lo mataste ¿Que más quieres de él? Déjalo descansar en paz - Sollozó con rabia.

Sebastian negó con la cabeza; parecía apenado.

- Yo jamás te haría daño Alexander - Dijo - Te lo dije antes: haber matado a tu hermano fue un error; quiero remediarlo, traerlo de nuevo contigo aunque tenga que mover cielo e infierno; es la única forma de que puedas amarme.

- Yo jamás te amaría – Dijo entre dientes. Sebastian suspiró.

- Para que dejes de odiarme entonces – Dijo. – Volvamos a casa.

Alec no lo miró, no se atrevió a hacerlo y en cambio observó el rostro de su hermanito, totalmente apacible. Acarició su rostro sin saber que se suponía que debía hacer. Él había ido allí para que Sebastian volviera a odiarlo pero ¿cómo iba a hacerlo cuando el supuesto amor que este le profesaba traería de vuelta a la vida a su hermano menor?

Cerró los ojos y se dio media vuelta evitando por todos los medios mirar al ángel que no apartaba su mirada de él ¿Lo convertía en un ser detestable por estar dispuesto a dejarlo allí? Quizás, luego de tener a Max de vuelta podría intentar liberarlo ¿Para qué más podría quererlo Sebastian? Caminó fuera del claro, esquivando la mano del rubio cuando este quiso colocarla sobre su hombro; en cambio volvió sobre sus pasos dispuesto a volver al bosque.

Sebastian lo siguió con paso lento; deteniéndose para recoger el arco y la flecha de Alec. El semi demonio lo observó confundido al notar que sus dedos se llenaban de algún líquido espeso. Se llevó los dedos a la nariz para olerlo, parecía barro, pero había un rastro de magia en ese olor.

- Ese chico tiene un alma pura, jamás amara a alguien como tú – Escuchó la voz etérea del ángel tras suyo. Sebastian sonrió torcidamente volviendo el rostro por sobre su hombro.

- El amor no es algo que los ángeles conozcan.

- Mucho menos los demonios como tú – Aseguró este. La sonrisa de Sebastian desapareció en una expresión agria.

- Ya veremos qué tan respondón sigues cuando Oni y Maximus terminen contigo – Siseó marchándose a través de la cueva; sabía que lo mejor era darle tiempo a Alec pero tenía que ir tras él: el ojos azules no conocía el bosque.

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Alec no dejaba de caminar por el bosque; no fijaba por donde iban sus pasos solo quería alejarse de la cueva, de Sebastian, del ángel y el demonio Oni, alejarse de las esperanzas de recuperar a su hermanito porque no sería capaz de esperanzarse y luego desilusionarse.

Solo tenía una cosa clara: no podía apartarse de Sebastian, no podía marcharse mientras el trabajo no estuviera echo, y pese que había ido hasta allí para que Sebastian dejara de "amarlo" ahora no le quedaba de otra que rezarle a Raziel para que la poción de amor mantuviera su efecto el tiempo que fuera necesario.

Un gruñido llamó su atención. Alec se detuvo de golpe dándose cuenta que se había internado en el bosque más de lo que hubiera deseado: los arboles estaban ya mucho más cercanos al punto de que las copas de estos impedían que pudiera ver el cielo. El chico siguió el camino ya no tan seguro de haber hecho lo correcto al irse de esa forma, tomando las dagas ocultas en sus ropas cuando se dio cuenta que los gruñidos se hacían cada vez más; y más cercanos.

- Vaya, vaya; a la Clave se les escapó un Nefilim – Escuchó la voz burlona tras él. Alec se volvió hacía un hombre de apariencia un tanto salvaje riendo socarronamente frente a él pero no estaba solo: habían tres hombres lobos en forma lobuna secundándolo. Alec alzó las dagas preparándose a cualquier ataque. - ¿Qué haces aquí mocoso?

- Voy a casa - El hombre lobo rio.

- ¿Casa? ¿Eso está bastante lejos no crees? Yo creo que nos espiabas - Dijo y con un movimiento de su mano ordenó atacar. Alec retrocedió solo un paso para posicionarse mejor cuando uno de los lobos se lanzó sobre él con las fauces abiertas hacia su cuello; el chico cayó logrando mantener los dientes del lobo apartado de si entre gruñidos. Pateó al licántropo para apartárselo, escuchando los aullidos del resto de los lobos cerca de él.

Sintió un zarpazo en su hombro, no fue una herida profunda pero le hizo gruñir, lo importante era mantener la boca lejos de él: si lo mordían pasaría la próxima luna llena aullándole a la luna junto a ellos.

El lobo intentó arremeter una vez más y Alec no lo pensó, cerró los ojos con fuerza clavando la daga fuertemente en el pecho del lobo que emitió un aullido débil cayendo sin vida sobre él.

La sonrisa de autosuficiencia del líder de la manada se borró mientras el resto de ellos aullaba y gruñían amenazantemente.

Alec se quitó a prisa el cuerpo sin vida del hombre lobo de encima tomando una de las flechas de su carcaj; no tenía arco pero podrían servirle para apuñalar ahora que había perdido una de las dagas. Los dos lobos se acercaron amenazantes cercándolo contra un árbol apareciendo tras ellos el resto de la manada que se había mantenido oculta hasta el momento. Alec debió admitir que matar al licántropo no había sido la acción más inteligente para salir con vida de allí.

- Ya no pareces tan duro ¿Eh? – La voz del líder ya no parecía del todo burlona sino más bien ruda. El chico mantuvo su posición desafiante: él era un Nefilim y un Lightwood, no les daría el gusto de verlo retroceder.

Una daga se clavó de lleno en el costillar de un lobo gris quien cayó muerto al instante. Los otros hombres lobos voltearon en la dirección de la que provenía. Alec también miró: Sebastian se veía bastante amenazante saliendo de entre los árboles mientras sopesaba una segunda daga en sus manos.

- Pensé que habíamos acordado que no te meterías en mis asuntos Fabre – Siseó. El líder de la manada debía ser Fabre puesto que fue él quien contestó.

- Este Nefilim mató a uno de mis chicos – Le acusó señalando a Alec.

- Y yo maté al otro ¿Algún problema con eso? – Alec pudo ver la rabia fulgiendo de los ojos de Fabre; se preguntó de qué forma Sebastian lo habría enfrentado antes para que, a pesar de tanta ira, temiera atacarlo. El hombre lobo masculló algo sin embargo hizo un gesto marcando la retirada. Ni Sebastian ni Alec se movieron, viendo como los lobos se marchaban llevándose los cuerpos de ambos caídos.

Una vez solos; fue Sebastian el primero en acercarse descolgándose del hombro el arco de Alec.

- Dejaste esto en la cueva – Dijo tendiéndoselo. El pelonegro lo tomó estremeciéndose cuando también le entregó la flecha – La flecha se ensució con un poco de barro

- Na…nada que no pueda resolverse – Dijo intentando que su voz no sonara sospechosa: eso no era barro, él lo sabía, y no podía creer que Sebastian no lo supiera sin embargo el rubio no dijo nada al respecto.

- Eres un arquero excelente; pero tenemos que trabajar en tu combate cuerpo a cuerpo – Comentó el rubio de pronto – Aunque, debo admitir que supiste salirte con la tuya: ví como mataste a ese submundo. – Alec solo frunció el ceño pero no dijo nada. Sebastian suspiró – Vamos, volvamos a casa.

El rubio se dio media vuelta dispuesto a adentrarse en los arboles una vez más. Alec lo miró y luego la flecha con poción de odio en sus manos, suspirando antes de guardarla en su carcaj; no podía usarla, no hasta tener a Max; pero era precisamente eso, Max, lo que no le dejaba irse tampoco tan tranquilo con el rubio.

Tomó otra flecha a prisa disparando en dirección al rubio clavándose en el árbol delante de Sebastian rozándole el brazo. Sebastian se giró sorprendido, viendo la fina línea sangrante que se había formado en su brazo y aún más al darse cuenta que Alec le apuntaba firmemente una vez más. Su mirada era férrea, sin rasgo alguno de vacilación.

- Tienes razón, soy un buen arquero – Coincidió – Así que te recomiendo que vayas diciéndome que planeas con Max a menos que quieras que averigüemos si puedes sobrevivir también a un flechazo en el ojo.

- Vamos Alexander, acabo de salvarte la vida, no hay que ponerse dramati…- Alec disparó el arco, la flecha una vez más se clavó en el árbol tras Sebastian no sin antes dejar una fina línea sangrante en su mejilla. Sebastian se llevó la mano a la herida viendo su sangre, rojo oscuro; sonriendo al darse cuenta que Alec ya le apuntaba con una tercera flecha.

- Estoy hablando en serio; y la tercera vez no voy a fallar – Advirtió. El chico Morgenstern alzó las manos en señal de rendición.

- Ya te lo dije antes: era una sorpresa; intento enmendar un error.

- ¿Cuál es el precio? – Preguntó con rudeza. El rubio negó con la cabeza.

- No hay ningún precio; es un regalo.

- No me veas cara de idiota – Rugió tensando el arco de forma amenazante – Raziel sabe que le agradezco cada día a Clary por traer de vuelta a Jace pero tú has sido el precio que cientos de Nefilims aun pagamos por eso. ¿Cuál es el precio por Max?

- Ninguno – Repitió – Lilith pudo reclamarme a mí porque Raziel revivió a Jace: el cielo trajo a alguien del cielo; el infierno reclama a alguien del infierno – Aseguró.- Yo no represento al cielo Alec, pero Max sí; no creas que no he pensado bien en las consecuencias de traerlo: para eso necesito al demonio Oni y a ese ángel Omael. Si el cielo y el infierno colaboran en traerlo a la vida ninguno de los dos podría reclamar una compensación luego: no me interesa traer a nadie más de regreso, pero no les dejaría la via libre a la clave para hacerlo.

Alec dudó. Realmente no había esperado que Sebastian pensara en todo eso. Se estaba asegurando de atar todos los cabos al traer a Max, ¿Significaba entonces que no tenía ningún plan de reclamar la resurrección de algún demonio a cambio? ¿Podía confiar en que Sebastian hacía todo eso solo por…él?

- Ahora si no te importa – El rubio se llevó la mano al bolsillo buscando algo. Alec tensó el arco una vez más estando a punto de disparar la flecha y ruborizándose avergonzado al ver que había sacado era su estela. - ¿Me haces una Iratze para irnos a casa antes de que los lobos vuelvan?

Alec bufó bajando el arco pero no tomó la estela que Sebastian le ofrecía; en cambio se dio media vuelta internándose una vez más en el bosque. El rubio guardó la estela fijándose en el barro en sus manos: había algo a lo que le venía haciendo cabeza desde hacía ya un rato pero tendría que dejarlo un poco más; se limpió la mano en el pantalón y apuró el paso para alcanzar a Alec; después de todo este no sabía hacía donde iba.

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- Esto no va a funcionar; esto no va a funcionar – Magnus intentó no perder la paciencia ante el mantra que mantenían a su lado. Ya estaba lo suficientemente nervioso por no dar con Alec como para que encima tuviese que preocuparse porque el plan fallase gracias a la falta de fe de los involucrados.

- No podemos decirles que Alec se fue, al menos no hasta que sepamos donde está – Alegó Jace también a su lado; el rubio daba pequeños brinquitos como si estuviera calentando para entrar a la pelea; Magnus no sabía que lo ponía más nervioso, si el mantra negativista a su derecha o la ansiedad del rubio a su izquierda.

- Será fácil; lo has hecho antes: eres una buena actriz Tessa.

- Por supuesto, es muy sencillo para ustedes decirlo: conocen a Alec Lightwood, yo solo sé lo que Magnus me ha contado – Se quejó Tessa; se veía totalmente como Alec y Magnus realmente agradecía que estuviera haciendo eso por ellos al estar ahí, en la biblioteca del instituto; pero si no se contenía los descubrirían pronto. – Y pudieron haberme dado ropa sin agujeros – Se quejó viendo el hoyo en el sweter que llevaba.

- Esa es la ropa de Alec – Dijo Magnus.

- Deberías comprarle ropa a tu novio de vez en cuando Magnus; no seas tacaño. – Lo riñó la cambiante. Magnus torció la expresión, no es como si no lo hubiera intentado antes. Jace por su parte abrió la boca, al parecer se había tomado enserio el alegato de la chica de no conocer al ojos azules.

- En realidad no es tan complicado: solo debes ser arrogante pero no demasiado, ese es mi papel en la familia – Explicó el rubio rápidamente - Si te hacen un cumplido avergüénzate pero no parezca un estúpido semáforo ruborizándote demasiado y trata a todos bien, pero tampoco seas demasiado sumiso y juega con los hilos sueltos del sweter y…no, ya Alec no hace eso, entonces…

- Cállate Jace, alguien viene – Lo chitó Magnus. En efecto, se escuchaban pasos acercándose a la biblioteca donde esperaban a Robert. Maryse le había citado allí de inmediato, seguro no estaría muy feliz de ver a Magnus y Jace también. El rubio se calló y los tres esperaron expectante; Tessa sin estar muy segura de cómo colocar una expresión amable/arrogante/avergonzada y todo lo que dijo Jace, así que optó por su mejor cara de Poker. Finalmente fue Izzy quien se dio paso por la biblioteca sorprendiéndose un poco al verlos a todos allí.

- ¿Qué hacen aquí? Pensé que todavía estarían reconciliándose duro contra el muro.

- Vine a hablar con...- Tessa se cayó; ahí iba el primer problema: ¿debía llamarlo papá, padre o Robert? - Con papá. – Optó por lo que esperaba fuese lo más común. Izzy enarcó una ceja pero lo dejó pasar.

- No creo que le haga mucha gracia hablar con tanta gente presente.

- ¿Para qué viniste en cualquier caso? - Intervino Jace con un tono que daba a entender a la chica que estaba estorbando.

- Por un libro obviamente; mamá me pidió que le buscara...

- ¿Qué hacen todos aquí? - La voz de Robert sobresaltó a Magnus, Tessa y Jace como si hubiesen sido atrapados cometiendo una fechoría.

- Queremos oír tu conversación con Alec - Dijo Izzy; Robert arrugó el ceño nada feliz al respecto.

- Vamos a la sala de reuniones hijo - Ofreció. Tessa asintió dispuesta a salir de la biblioteca seguida por los otros tres pero Robert los detuvo con una mirada fulminante - Solo Alec y yo - Dijo a modo de advertencia colocando una mano sobre el hombro de su hijo quien le dirigió una estrangulada mirada a Magnus antes de ser guiada por Robert fuera de la vista del resto.

Jace maldijo sin ningún reparo y Magnus se dispuso a seguirlos, buscaría cualquier excusa para interrumpir esa charla padre e hijo o por lo menos participar y apoyar a Tessa; pero Isabelle se interpuso en su camino; se veía bastante seria y había cruzado los brazos en su pecho.

- ¿Izzy que...?

- Van a decirme ya quien es esa persona que se hace pasar por Alec y como lo hace – Era una orden.

- ¿Qué? - Preguntó Jace desentendiéndose -¿De qué hablas?

- ¡Por supuesto que es Alec! - Exclamó Magnus maldiciendo mentalmente.

- ¿Crees que no reconozco a mi hermano? - Dijo seria – Este…quien sea, ni siquiera se avergonzó un poco por mi comentario sobre la reconciliación con Magnus - ¿Quién es y dónde está mi hermano? - Repitió sin dar lugar a alguna replica.

Magnus y Jace se miraron con derrota, finalmente fue Magnus quien asintió: era absurdo mantener a Izzy fuera de todo el asunto: la chica amaba a su hermano y realmente dudaba que fuera a desconfiar de él, después de todo el verdadero problema allí era Robert no ella. El rubio suspiró llevándose la mano al bolsillo sacando el pequeño papel arrugado de tanto ser manoseado y se lo entregó. Isabelle lo leyó abriendo la boca desconcertada: era el mensaje de fuego que Jace había recibido la noche anterior.

- ¿Donde esta ese idiota? ¡Iré a patearle el trasero! - Exclamó molesta - ¿Cómo pudieron dejarlo irse solo por Sebastián?

- Shhh - La chitaron ambos y Magnus continuó - Como te podrás imaginar, no nos pidió permiso.

- Pero... ¡Arg!... ¿Entonces quien esta con papá ahora?

- Es Tessa Gray, una amiga mía; tiene la habilidad de convertirse en cualquier persona y... - La voz de Magnus murió en su garganta: podía convertirse en cualquiera y navegar en su mente ¡E incluso comunicarse con la persona! Lo había hecho con Camille hacía tantos años ya: Tessa era su oportunidad para saber dónde estaba Alec, para comunicarse con él y planear la manera de sacarlo de allí cuanto antes ¿Cómo no lo había pensado antes?

- ¿Y qué? - Preguntó Jace preocupado al ver que el brujo se quedaba callado.

- ¡Y ya lo tengo! - Exclamó - Tengo que buscar a Tessa; ella puede averiguar dónde está Al...alguna buena oferta - Se completó a prisa al toparse en medio del pasillo con Maryse; la mujer tenía una expresión seria, pero aun así lo saludó cordialmente.

- Bane - Magnus hizo un gesto con la cabeza en respuesta, se sentía como un niño travieso que estaba por ser descubierto - ¿Has visto a Isabelle? La mande por un libro y no ha vuelto.

- Si, de hecho esta en la biblioteca con Jace - Intentó no sonar demasiado culpable. Maryse asintió continuando su camino mientras Magnus buscaba el salón de reuniones escuchando como la mujer reñía a su hija. Esperaba que no se le fuera la lengua a ninguno de los dos: Jace le había dado buenos motivos para mantenerlo en secreto: no quería que sus padres volvieran a desconfiar de Alec; pero él tenía uno mayor: Robert era el inquisidor, usaría su lugar como tal para mover cielo y tierra para buscar a su hijo y él no quería inmiscuir a la clave, no solo porque no confiara en ellos: si se hacía una gran movilización y Sebastian llegaba a sentirse perseguido, quien sabía lo que sería capaz hacerle a Alec.

No, no podían tomar ese riesgo.

Llegó al salón justo cuando la puerta se abría. Robert y Tessa aparentando ser Alec salían de allí; el primero colocando una mano sobre el hombro de la segunda que le sonreía. Magnus debía asumir que todo había ido bien. Robert lo saludó con un gesto de la cabeza que él contestó; y luego se marchó dejando a la "pareja" solos.

- No estuvo tan mal - Comentó Tessa - Me recordó a Will cuando metía la pata con James y Lucie y luego no sabía cómo pedir perdón.- Lo dijo con un tono cargado de nostalgia que le recordó al brujo lo difícil que debía ser sobrevivir por tantos años a su esposo e hijos, e incluso nietos. Magnus negó con la cabeza, ese no era el punto ahora.

- Tu puedes llegar a la mente de Alec - Dijo sin rodeos - Intenta averiguar dónde está, si está bien; trata de comunicarte con él.

- Magnus no puedo...

- Si puedes - Le contradijo el brujo - Sé que desde que te convertiste en el ángel tus poderes no son lo mismo, no puedes hurgar su mente pero puedes contactarte - Pero Tessa negaba con la cabeza, mirándolo apenada.

- No entiendes Mags, no puedo - Dijo tomándole la mano de forma conciliadora - Lo intente apenas me convertí en él esta mañana, pero no pude: mis poderes están muy débiles desde aquella vez en Gales y no consigo acercarme a la mente de Alec.

Magnus sintió que las piernas le fallarían en cualquier momento; no podía perder a Alec de esa forma; no podía solo sentarse y esperar que el chico mandara otro mensaje de fuego o que se dignara a aparecer; no podía solo esperar sentado porque Alec estuviera bien.

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Escuchó que llamaban a la puerta; Alec suspiró, tenía que reconocer que Sebastian se había tardado en ir a buscarlo: ya había amanecido y él no había podido dormir en lo absoluto, no cuando la imagen de Max, ahí en esa mesa de la cueva, muerto y esperando regresar al mundo de los vivos, volvía a su mente una y otra vez.

Tenía miedo de lo que Sebastian realmente estuviese buscando de Max, miedo a que no pudiera lograr traerlo de vuelta o a que lo hiciera y su hermanito no fuese el mismo niño amable y bueno que siempre fue; pero aun así no podía solo irse y perder la oportunidad por mínima que fuera de recuperar a Max aunque eso significara tener que dejar un poco más a ese ángel apresado u olvidarse de su plan de usar la poción de odio contra Sebastian; pese a todo, no podía arriesgarse a perder la oportunidad de recuperar a su hermano.

- Alexander...Alec... ¿Estás despierto? - El chico suspiró ante la voz del rubio y se incorporó de la cama yendo a abrirle la puerta, sorprendiéndose al ver a Sebastian de pie en el umbral con una bandeja con el desayuno. El pelo negro abrió los ojos con sorpresa mientras se apresuraba en abrir la puerta para darle paso: había una pila de pan tostado, un plato con huevos revueltos y tocino; una jarra con jugo de naranja y una con agua. Se preguntó cómo demonios mantenía todo eso en equilibro en la bandeja mientras entraba.

- No sabía que la estadía venía con servicio a la habitación.

- Soy un anfitrión bastante bueno - Dijo Sebastian colocando la bandeja sobre la cama, sentándose el mismo en el borde de esta. Alec mantuvo la distancia, no quería sentarse en la cama junto a él; Sebastian lo notó y suspiró - Se suponía que lo de Max sería una sorpresa - Dijo - Sé que no dormiste bien pensando en eso.

- No dormí en lo absoluto - dijo serio - No sé qué tramas con Max.

- Solo quiero enmendar mi error - Aseguró - Y no quiero desayunar solo.

Esto último descolocó al Nefilim: había un sentimiento de soledad en esa simple frase que lo abrumó. Desfrunció el ceño y descruzó los brazos; en cualquier caso ya estaba allí ¿Que había de malo en desayunar con él? Sin embargo no era tan fácil solo fingir que nada había pasado en lo absoluto. Tomó la jarra de agua para servirse en un vaso y darle un trago ante la mirada atenta del rubio. Podría intentarlo, no tenía que hacerse su amigo ni mucho menos, pero si mantener un trato cordial para conservar su voluntad de traer a Max de regreso.

Suspiró sentándose en el extremo de la cama alejado suyo, tampoco quería acercarse a él demasiado; estaría solo lo estrictamente necesario. Sebastian sonrió ligeramente ofreciéndole una tostada. Alec lo miró con desconfianza.

- ¿Cómo sé que no le pusiste más droga de hadas a la comida?

- La droga de hadas no se disuelve tan bien como otras sustancias - Dijo sin darle importancia mordiendo la primera rebanada. Alec se estremeció ante esa simple frase ¿Quería decir algo? Sabría de las pociones o... Negó, si Sebastian supiera de eso habría buscado la forma de liberarse del efecto y no estaría allí desayunando con él. Se fijó en el rubio pero no notó ningún comportamiento extraño en Sebastian luego de darle la mordida a la tostada por lo que decidió que comería, de todas formas tenía hambre: no había tomado ni comido nada desde que desayunó en casa de Jordan hacía día y medio.

- No sabía que pudieras coci...nar - Su frase murió al tomar una tostada y darse cuenta que por la parte de abajo estaba totalmente quemada. El ojos azules lo dejó pasar tomando otra pero estaba igual; aun así la tomó junto con una cucharada de huevo revuelto que se llevó a la boca y mantuvo allí: estaba simple, demasiado simple para ser agradable.

Tomó su vaso de agua apurando un trago viendo a Sebastian bajar la mirada avergonzado; incluso se había ruborizado.

- En realidad no sé; no es una habilidad que Valentine apreciara en un guerrero - Admitió - Yo... Mejor vamos a desayunar fuera - Dijo rápidamente tomando la bandeja otra vez para llevársela. Alec rio, de alguna forma esa actitud le parecía entretenida y cómica.

- Creo que es comestible - Dijo antes de que se lo llevara - Solo trae algo de sal y... Yo me encargo de la comida a partir de ahora - Alegó. Sebastian lo miró sorprendido por ese último comentario pero asintió dejando la bandeja y saliendo por la sal. Alec tomó otra tostada, quitando la parte quemada con una sonrisa que desapareció de sus labios al darse cuenta que estaba ahí.

*.*.*.*.*.*.*.*.

- Bien; entiendo que quieras ayudar Isabelle - Comentó Magnus; estaban en su casa apenas amaneciendo; y con esto, todos los que sabían sobre la ida de Alec con Sebastian se habían reunido en su casa; TODOS - ¡Lo que no entiendo es que parte de "secreto" no entendiste! – Gruñó dirigiéndole una fea mirada a Simon y Clary.

- ¡Y yo no entiendo porque querían dejarnos de lado! - Exclamó Clary en un reproche directo hacia Jace - Fui yo la que se dio cuenta en primer lugar que algo estaba pasando entre Alec y Sebastian.

- Ya dije que lo sentía - Se excusó el rubio avergonzado. Tessa rio con sorna, le daba gracia ver como su descendiente tan arrogante que era se comportaba de esa manera con la pequeña pelirroja; le recordaba a Will cuando ella lo reñía hacía tantos años ya.

- El punto aquí es que mamá y papá no lo sepan ¿no? - Se defendió Isabelle cruzándose de brazos con expresión arrogante.

- No sé porque tanto misterio – Cuestionó Simon - Clary intentó lo mismo y Jocelyn se enteró al día siguiente.

- Se enteró porque tú no mantuviste la boca cerrada - Le recordó la pelirroja.

- Igual que Isabelle - Gruñó Magnus.

- Ya basta, parecen unos niños discutiendo - Los riñó Tessa ya cansada con la discusión - Deberíamos estar planteando otras formas de dar con Alec, pensando en un plan o una manera de comunicarnos, no preocupándonos sobre quien lo sabe y quien no; porque créanme, Robert Lightwood ama a su hijo y cree en él.

Se creó un silencio aplastante luego de sus palabras, la bruja se sintió algo incomoda por la mirada de todos hasta que Magnus fue quien rompió el silencio dando un aplauso al aire.

- Muy bien, hagamos una rueda, lluvia de ideas; tenemos que dar con Alec o me volveré loco.

Se sentaron a discutir; ninguna idea es absurda había dicho Tessa, aun cuando Jace llamó idiota a Simon al este preguntar si la clave no tenía algún escuadrón de rescate tipo S.W.A.T o un Nefilim a lo James Bond al que pudieran pedirle ayuda. Finalmente, luego de una hora discutiendo, un par de ideas desechadas y uno que otro insulto, tenían un plan.

- ¿Estás seguro Jace? – La voz de Magnus era precavida

- Si - Dijo decidido - No me importa exponerme, y solo así Sebastian aparecerá: él está enojado conmigo y Clary pero no pienso arriesgarla a ella. – Su tono era categórico – Una vez que se muestre, ustedes dos – Se dirigió expresamente a Magnus y Tessa – Podrán colocarle un hechizo de rastreo.

- Realmente casi podría besarte – Dijo Magnus, sabía el alto riesgo que estaría corriendo el rubio y se lo agradecería siempre.

- Siempre has querido – Le guiñó un ojo Jace. Magnus no replicó, en cambio volvió la mirada hacia la mesita auxiliar junto al sofá donde habían un par de portarretratos: uno lo había colocado Alec allí hacía tan solo unos pocos días: era una foto familiar de los Lightwoods: Robert, Maryse, Izzy, Jace, el propio Alec y Magnus; el brujo recordaba esa foto: la habían tomado el día de la celebración tras derrotar a Valentine; Alec había insistido en que él debía aparecer y el brujo no tuvo de otra que colocarse junto a su novio ese día. Bane le había sugerido a Alec que colocara en ese portarretratos una foto de su familia que incluyera a Max en lugar de a él. El chico se había negado con una sonrisa nostálgica Ahora tú también formas parte de mi familia Magnus -le había dicho - deja esa ahí, pondré una con Max en el portarretrato de la chimenea. La otra foto era de ellos dos besándose justo en la puerta del Loft; Magnus la había tomado en el momento que Alec había puesto un pie en el Loft para mudarse juntos. El corazón se le estrujó: ¿Qué otro motivo necesitaba para recuperar a su Nefilim?

- No voy a dejar que te expongas solo – Advirtió Isabelle ignorando el intento por aligerar el ambiente; su réplica recuperó la atención de Magnus en la discusión

– Si tú vas iré contigo – Advirtió Simon a la pelonegro - Sebastian es peligroso.

Tessa se apartó un poco de la discusión y en cambio se dirigió a la cocina volviendo a convertirse en Alec, lo intentaba periódicamente y necesitaba concentrarse para buscar alguna forma de acercarse a la mente del chico Lightwood.

- Por eso mismo-Seguía Jace discutiendo - Tengo que hacerlo solo: ya lo mate una vez.

- Y terminaste muerto también – Exclamó Clary apoyando a Isabelle.- Además yo también puedo enfrentarme a él: por si no lo recuerdas, te traje de vuelta y destruí su casa.

- Y yo le corte una mano; puedo enfrentarme perfectamente a ese maldito: no le tengo miedo.

- Y yo los matare a cada uno - La voz divertida de Sebastian los alarmó a todos. Magnus fue el primero en reaccionar apareciendo llamas en sus manos; lo había sentido aparecer en su departamento lo que le dio tan solo un par de segundos más que al resto - Ahora que me recordaron porque los odio.

Los Nefilims empuñaron sus armas; Simon se puso a la defensiva con sus colmillos visibles pero fue Magnus el primero en responder.

- ¿Donde esta Alec, maldito intento de demonio? – Rugió; estaba furioso y sus ojos refulgiendo en las mismas llamas azules que sus manos eran una prueba clara. Sin embargo eso no amedrentó a Sebastian quien solo sonrió de lado.

- Deberías saberlo; después de todo ¿No fuiste tú quien hizo la poción con que vino a mí? - Sus palabras le helaron la sangre a todos: ¿Sebastian había descubierto a Alec? Un estremecimiento general los cubrió; él estaba bien, tenía que estarlo o Jace lo habría sentido en su runa de parabatai.

- ¿Cómo entraste aquí? - Cuestionó Clary. Sebastian sonrió burlonamente acercándose a la mesa auxiliar tomando ambos portarretratos para observarlos antes de contestar.

- Alexander me dejó pasar la última vez que estuve aquí – Sonrió dejando las fotos sobre la mesilla - ¿Te acuerdas no brujo? - Preguntó sardónico; Magnus no se contuvo más: lanzó una llamarada de fuego azul contra él. Sebastian la esquivó empuñando su espada y arremetiendo contra el brujo. Magnus hizo un rápido movimiento de sus manos apartando al resto los Nefilims tras una barrera mágica: Esa pelea era entre Sebastian y él.

- ¡Maldición Magnus!

- ¡Sácanos de aquí! – Rugieron Jace e Isabelle mientras Simon golpeaba con su hombro la barrera pero era inútil.

El medio demonio arremetió contra el brujo que con un rápido movimiento invocó una de las espadas de Jace que atravesó la barrera hasta él; Magnus y Sebastian se enfrentaron con la espada; el brujo debía aceptar que quizás habría sido buena ida no abandonar sus clases de esgrima hacía unos 200 años solo porque el instructor no quiso acostarse con él. Interceptó un estoque de Sebastian logrando chasquear los dedos a tiempo: el látigo de Electrum de Isabelle cobró vida, soltándose de su dueña y actuando por sí mismo para atacar a Sebastian, y se enrolló en su muñeca obligándole a soltar la espada.

- ¿Dónde está Alec? - Rugió Magnus; estaba furioso, y le amenazaba con la espada de Jace directo al cuello.

- ¿Qué se te escapara no es una indirecta para ti? - Ronroneó el rubio saltando para patear la mano de Magnus tumbándole la espada y con otra patada golpeándole en el pecho; el brujo golpeó contra la pared, ante los gritos de los Nefilims y el vampiro que observaban. Escuchó el electrum del látigo de Isabelle romperse; Sebastian lanzó los restos hacía los cuatro muchachos que observaban y se agacharon para esquivarlo pero la barrera mágica no solo impedía que alguien se acercara, sino también que les hicieran daño. El mitad demonio bufó y de inmediato estuvo sobre Magnus golpeándole.

Jace, Izzy, Clarry y Simon intentaban liberarse de la barrera que Magnus, desesperados. El brujo desarmó al muchacho con un movimiento de su mano cuando este sacó una daga, y en cambio le propinó un gancho al hígado a Sebastian; el rubio gruñó devolviéndole un golpe en el rostro ante los gritos desesperados de los que intentaban librarse.

- Están haciendo mucho ruido, no me dejan concen...- La voz de Alec murió en la garganta de Tessa; había vuelto a la sala a quejarse del ruido horrorizándose al ver la escena frente a ella y la barrera que le impediría acercarse.

- ¿Alexander? - Volteó Sebastian durante un segundo totalmente confundido; segundo que Magnus no desaprovechó: solo un tronar de sus dedos y el sofá voló por los aires golpeando contundentemente al rubio que cayó al suelo. Magnus se incorporó sobre él tomándole del cuello de la camisa alzándole:

- No te lo voy a repetir ¿Dónde está Alexander? - Rugió empujándole contra el suelo, golpeándole la cabeza - ¿A qué infierno te lo llevaste?

- ¿No lo tienes allí? - Preguntó con sorna señalando a Tessa - Ya le tienes un remplazo: eso no le gustara cuando se lo diga. - Magnus le golpeó en el rostro con toda su ira.

- Magnus libéranos de aquí - Exclamaba Tessa golpeando también la barrera pero el brujo hacia oídos sordos.

- ¿Qué es lo que quieres? ¿Para qué viniste? - Interrogó. Sebastian realizó un rápido movimiento soltándose de él derribando al brujo e inmovilizando sus brazos con sus rodillas mientras que le sujetaba del cuello. Magnus intentó mover sus manos para hechizarlo pero no podía, Sebastian chasqueó la lengua.

- No, no, no, brujo malo – Le golpeó en el rostro – Hacer magia es trampa - Los jóvenes que observaban gritaron frenéticos mientras que Tessa alarmada empezó a recitar lo que parecía un embrujo en Purgatic, la lengua demoniaca, lo más rápido que podía. Sebastian en cambio entrecerró sus ojos negros, demoniacos, sin apartarlo de las pupilas de gato del brujo.

- Alec no me amará mientras estés vivo brujo – Lo golpeó otra vez - Así que resolveré ese problema.

- Alec no te amaría ni aunque su vida dependiera de ello. – Le escupió Magnus al rostro

- ¿Y si dependiera la de alguien más? - Preguntó con sorna limpiándose el rostro- No hay nada imposible; sino mira lo que logró conmigo.

Las palabras de Tessa eran cada vez más rápidas; tanto que detuvieron los intentos de los chicos por ayudar a Magnus para observarla: era perturbador, porque a la vista era Alec quien estaba realizando el embrujo.

Magnus intentó zafarse cuando Sebastian sacó otra daga que le mostró con una sonrisa de triunfo. El brujo intentó mover su mano pero no podía, el chico lo tenía prisionero, dirigió la mirada a sus amigos; fijándose en Tessa que no apartaba los ojos azules como zafiros de Sebastian y casi sin pensarlo susurró un par de palabras que paralizaron al rubio solo durante un segundo; un segundo en que una gran explosión ocurrió en la chimenea y una especie de látigo o tentáculo de fuego salió disparado hacia Sebastian golpeándole en el pecho y lanzándole contra la pared, llevándose consigo la mesita auxiliar con los portarretratos.

Magnus se incorporó a prisa agradeciendo con un gesto a Tessa que había recuperado su cuerpo luciendo agotada, y no era para menos, su hechizo había tenido que superar la barrera de Magnus primero. El brujo murmuró un par de palabras más manteniendo la invocación de Tessa para golpear una vez más al rubio que se incorporó totalmente furioso con una fea quemadura en el pecho.

- No volverás a verlo Bane; porque Alexander es mío - Rugió. Magnus volvió a murmurar unas palabras en Purgatic; que detuvieron a Sebastian en su intento por atacarlo. El rubio abrió los ojos con rabia y desagrado llevándose rápidamente la mano a su anillo, desapareciendo antes de que el brujo pudiera terminar. Bane gruñó con molestia, cerrando la mano en un puño con fuerza haciendo desaparecer el látigo de fuego y estallando los sofás que estaban volteados en la sala mientras que desaparecía la barrera que había mantenido al resto apartado.

Simon y Clary ayudaron a Tessa a sentarse; estaba bien, pero totalmente agotada; mientras que Jace e Izzy corrieron hacia el brujo, su rostro sangraba pero eso no detuvo a la chica para abofetearlo.

- Se suponía que lo enfrentaríamos juntos - Le reclamó; Jace tuvo que sujetarla para que no se lanzara una vez más contra el brujo - Ahora nunca descubriremos donde se está escondiendo, donde esta Alec.

- ¿Crees que no lo sé? - Las palabras de Magnus fueron amargas y se enfatizaron haciendo estallar un florero que había sobrevivido a la pelea - Ni siquiera pude terminar de colocarle el hechizo de rastreo: el muy maldito se fue cuando se dio cuenta de lo que hacía - El brujo se restregó el rostro, se sentía completamente frustrado. - Tenemos que irnos: Alec lo dejó entrar antes, mis hechizos de protección no lo mantendrán fuera como ya vimos: este lugar ya no es seguro.

Y no era eso lo que más le preocupaba: Sebastian sabía de las pociones; al menos de la poción de odio; y por Lilith que eso solo podía significar peligro porque sin duda ese ser no dejaría pasar lo que Alec le había hecho.

El sentimiento general fue de desasosiego; la situación no podía estar peor desde su perspectiva

- Necesito un poco de agua - Dijo Tessa; estaría bien, solo necesitaba descansar: ella no solía usar magia como Magnus. Simon se separó de la mujer para buscársela deteniéndose al pisar un portarretrato. Lo levantó: el cristal estaba hecho pedazos pero no había ninguna fotografía en él. Se extrañó: ¿Y la foto?

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¿Que pasó con la fotografía? ¿Cual de las dos desapareció? ¿Y para que la querrá?

La escena del desayuno quemado es una de mis favoritas *w* ese Sebastian cuando quiere lo intenta; el próximo capitulo va algo sobre eso, se llama El "Otro" Sebastian y prometo ser puntual el sábado :)
Nos leemos pronto
besos :3