~~Declaimair~~
*Los personajes de Naruto no me pertenecen, todos son de Masashi Kishimoto.
*La historia NO me pertenece, yo solo hago la adaptación.
*Esto es sin finalidad de lucro, solo es por entretenimiento.
Capítulo 9:
Habían sido dos semanas de lo más extrañas, y más si tenía en cuenta el hecho de que se encontraba vestido de etiqueta rodeado de gente que lo miraba de arriba abajo, pues llevaba más de dos botellas de brandy bebidas él solo.
Solo la había besado una vez y de forma tan fría que cualquiera diría que ya eran marido y mujer. Le había negado el baile que debían tener, y ahora la había dejado sola durante toda la celebración, más ni por esas había conseguido herirla. Ella parecía tan feliz y tan llena de vida, daba a entender a todos y cada uno de los presentes que a pesar de la tosca actitud de él, era sin duda el día más feliz de su vida.
Miserable fuera ella y la estúpida boda que ese día había tenido lugar. Solo quedaban unos momentos para que todo ese teatro terminase y se encontrasen a solas en su casa, Sí, porque ya tenían asignada una casa para ellos dos, lo único bueno de ese estúpido enlace era el dinero que iba a cobrar extra y que junto al contrato matrimonial había firmado los papeles que le brindaban su título y dinero.
En un principio y hasta que encontrasen alguien más, viviría con ellos la familia de la que había sido la niñera de todas las Haruno desde que nació la mayor. Eso solo lo hacía adelantar cuanto antes la búsqueda de personal para su casa. No pensaba tener a una aliada de esa arpía entre sus paredes. De eso ni hablar, ella desearía no haber aceptado nunca nada de todo aquello. Lo peor era que no se entendía a sí mismo.
Había jurado no tocarla y se sentía tan sumamente estúpido por ello, pues ahora quien perdía con eso era él mismo. Cuando la había visto caminar hacia él con ese vestido blanco y su hermosa sonrisa, se había sentido terriblemente tentado a sonreírle de vuelta, más nunca llevó esa acción a cabo, mientras los ojos de ella mostraban vivir en un sueño, los de él reflejaban frialdad y decepción. Esperaba que ya se estuviese arrepintiendo de todo aquello. Porque deseaba deshacerse de ese matrimonio cuanto antes, por lo pronto esa noche ella la pasaría completamente sola en la habitación que compartían ambos. Una sonrisa de lo más satisfactoria le cruzó la cara; Sí, así empezaría su matrimonio.
Se terminó la nueva copa y algo mareado caminó hasta su mujerzuela, para después cogerla del brazo con brusquedad y declarar:
-Lamentándolo mucho, me temo que mi esposa y yo ya nos retiramos.
-¿Impaciente Inuzuka?
Escuchó que alguien le gritaba y él no pudo más que soltar una risa cargada de furia y declarar:
-Eso solo sería posible si la mujer que te asignan merece la pena. Pero aun así podría decirse que sí. Tengo una cita de lo más interesante esta noche.
Vio la cara furiosa de Lord Haruno y que este se disponía a acercarse a él, más lo ignoró y tirando de una Hinata que no dejaba de despedirse, salió del infierno que representaba la casa de Lord Haruno.
-Al menos podrías haber esperado a que recogiese mi chal, me estoy muriendo de frío.
Él la miró de arriba abajo y al ver sus mejillas sonrosadas gruño furioso, no permitiría que jugara con él. Se quitó su propia chaqueta y se la tendió. Prefería morirse de frío que caer en la tentación de verla deseable.
Ella se lo agradeció y se envolvió en su chaqueta como si fuera un salvavidas. Al llegar a la casa que les habían comprado les esperaba la niñera, claro estaba que iba a preparar a Hinata para una noche inolvidable y lo sería, pues era la primera que dormiría completamente sola en una enorme cama, a la espera de que su marido regresase.
Él fue a la sala y se sirvió otro brandy más y esperaría el momento ideal. Tomo una vez más la copa de un trago y soltó el baso en la mesa que allí había. No podía negar que la casa era bastante amplia y hermosa, perfecta para un matrimonio reciente. Se dirigió a su recamara y comenzó a desvestirse, más antes eligió otro traje para ponerse. Una vez terminó de colocarse la chaqueta y solo le quedaba colocarse bien la corbata, la puerta que daba al baño se abrió.
Él se dispuso a no girarse para no verla. Más el espejo estaba justo enfrente de esa puerta y lo que vio lo hizo odiarla aún más. Ella vestía un conjunto negro que seguramente Lady Utatane le había escogido. Traía su cabello negro-azulado suelto y aun con la poca luz que había, podía apreciar el rojo intenso de sus mejillas.
Era la primera vez que se ponía una prenda de ese estilo, sin duda. Se tensó en cuestión de segundos y sintió como todo su cuerpo despertaba ante tal imagen. Por ello se quitó la corbata de un tirón y dejando de mirarla a través del espejo se la volvió a colocar.
Escuchó que ella caminaba, se imaginó que hacía la cama, más sintió su mano en uno de sus brazos y como se colocaba de frente a él. La vio llevar ambas manos hacía su corbata y lentamente se la anudó:
-Creo que así está perfecta. Espero pases una gran noche hoy.
Sin más ella se dirigió a su cama. La miro completamente perdido y la contemplo coger una copa y llenarla de champan para después coger un libro y sin taparse dejándole ver sus blancas y largas piernas estiradas en la cama se puso a leer.
Entrecerró los ojos al ver como se llevaba la copa a los labios y apartó la mirada de ella, tenía que salir de allí cuanto antes. Se dirigió a la puerta y se fue, dio un portazo en la puerta, más grande de lo que debía, más el enfado y la presión que sentía entre sus piernas era desesperante. Se alejó a paso rápido de su casa, sin ver que su mujer miraba a través de la ventana de la recamara de ambos.
Llegó al club donde lo esperaban algunos amigos y por supuesto alguna muchacha deseable. Se sentó entre todos ellos y esperó que el espectáculo comenzara. Más en su mente solo había una maldita imagen que lo estaba matando por dentro. Una de las chicas se le acercó, una rubia despampanante con una delantera envidiable, y una sonrisa en su rostro que lo hizo acercarla a él para besarla más no llegó a hacerlo, pues una morena llamó su atención. Soltó a la rubia que se quedó completamente congelada y sin pensar volvió a vaciar su copa y se aceró a la morena que miraba hacía su mesa. Esta sonrió como una niña tonta, sus ojos no eran ni mucho menos blancos, sino de un color marrón oscuro, más su mente veía otra cosa. Sin pensar la besó con furia, más cuando ella se aferró a él para dejarse hacer, Inuzuka Kiba maldijo para sus adentros. Ella no sabía ni mucho menos como su esposa.
Se dispuso a no pensar así e intentó dejarse llevar, más la imagen de ella en su cama lo golpeó con fuerza. Maldita fuera esa mujer y sus tonterías. Se separó de la morena que se quejó por ser dejada a medias, y se machó del club.
Se dirigió a otro donde no hubiese nadie conocido y se dispuso a perderse en la bebida hasta que ya no pudiese pensar con nada de claridad.
-Ya estamos en su casa Lord Inuzuka.
-¿Si?, Genial.
Definitivamente eso no estaba bien. Ni siquiera sabía la hora que era, solo sabía que la cabeza le daba vueltas y que aun así solo veía a esa dichosa morena de ojos plateados. Subió los tres escalones que lo separaban de la puerta de su casa y justo cuando iba a llamar la puerta se abrió sola. Ante él se encontraba muy enfadada Lady Utatane, más él la ignoró, esa le importaba bien poco. Subió a su recamara como pudo de manera bastante torpe, y sin duda haciendo bastante ruido, más no le importó.
Abrió la puerta de la habitación y caminó hacía su cama, se dejaría caer en esta y dormiría, sin duda al día siguiente se sentiría mucho mejor. Se colocó en el lado derecho de la cama y justo cuando estaba por acostarse se encontró con que ahí estaba ella. ¿Hasta eso se lo iba a quitar?, alargó su mano hacía ella dispuesto a despertarla y a que le diera su lugar en la cama, cuando sintió que la tela que la cubría no era ni mucho menos la seda de las sabanas.
Esta era una tela más de traje que de sabanas, intentó enfocar bien la vista y se sorprendió al ver que lo que estaba tocando era la chaqueta que pertenecía a su traje de novio. Apartó su mano de ahí completamente sorprendido y negando se dejó caer en el otro lado de la cama. Necesitaba dormir, necesitaba pensar, ¿Por qué demonios no se había tapado con las mantas?
Abrió la misma y cuando ya estaba para acostarse gruño enfadado al darse cuenta de que temblaba de frío. Lentamente y sin saber porque con cuidado la movió un poco para abrir la cama por ese lado. Una vez la hubo tapado, algo que le costó bastante porque no había forma de que soltara su chaqueta y él encima estaba más para otro mundo que para este, se dejó caer en su cama. Olvidándose por completo de taparse a él mismo.
"Hinata"
Verlo marcharse ya era lo último que podía soportar de ese día, pero de todas formas, estaba dispuesta a que él no se percatase del daño que le ocasionaba todo lo que le estaba haciendo.
Se quedó un rato mirando a través de la ventana, viendo como él se alejaba a paso ligero de su casa, sin duda llegaba tarde a los brazos de alguna fulana. Se miró un momento y se mordió el labio con enfado e impotencia. Se giró para quedar de frente al espejo, se miró en el mismo y no pudo aguantar más. Se había vestido como una maldita idiota para él, había hecho caso a Lady Utatane, quien le había dicho que ningún hombre podría resistirse a sus encantos.
Se sentía la mujer más idiota de la faz de la tierra, ¿cómo demonios había podido quedar en semejante ridículo?, él ni siquiera se había inmutado. Sin duda estaba acostumbrado a cosas mucho mejores que ella.
Se había comprometido en un principio con Ayame, ¿y si era ella su mujer ideal?, una chica, linda, de altura media, de ojos terriblemente castaños, y que si se enamoraba era terriblemente obvia. Además de esa facilidad, para expresar sus sentimientos y de poner nombres absurdos a sus amados. ¿Qué demonios era eso?, ella no podría ser así nunca. Sus ojos eran de un color blanco-plateado, ¿podía ser eso lo que no le gustaba a él de ella? Negó, no podía seguir pensando así, debía hacer algo para llamar su atención así fuese lo último que hacía.
¿Pero qué?, suspiró algo cansada, miró al borde de la cama y vio la chaqueta de él, sin dudar se acercó, la cogió y se fue a la cama. Se envolvió en la misma y respiró su aroma. Una lágrima se le escapó de los ojos. Esa era su tan esperada noche de bodas.
No pudo evitar que más lágrimas salieran de sus ojos y recordó lo que Sakura le había dicho. Quizás sí que hubiese sido mejor no haberse casado con él. ¿Más era eso lo adecuado?, ¿Rendirse sin ni siquiera intentarlo?, no, no pararía hasta conseguir que él la amase y la desease con desesperación. Él podía hacerse el duro el tiempo que quisiese, más ella no era una rival fácil. Lucharía por su felicidad con él así fuese lo último que conseguiría.
Le demostraría a Inuzuka Kiba que no había mejor mujer que Haruno Hinata, ahora Inuzuka para llevar ese apellido. Sonrió, mientras apretaba aún más la chaqueta contra su cuerpo, sí, el día siguiente sería diferente sin ninguna duda. Se durmió con la creencia de que Kiba al día siguiente se daría cuenta de lo que ella era. Cuando el sol la despertó, se encontró echada en el pecho de Kiba, el cual se encontraba destapado y con la ropa que se había puesto la noche anterior.
Se acercó un poco a él e intentando que no despertase depositó un suave beso en sus labios.
-Buenos días esposo mío.
Él no respondió tal y como esperaba, se estaba apartando de él, cuando un aroma la embargó, era una mezcla de brandy y algo más. Un olor a perfume suave pero persistente.
Se apartó de él furiosa, al final si había estado con otra. Se sintió terriblemente enfadada y a la vez desesperada y triste, ¿qué le daban esas mujeres?, ¿qué era lo que ella no sabía hacer?, ¿por qué no conseguía que la tomase en cuenta como antes de que se comprometieran? Se alejó de él, y se dirigió al baño, no quería que viera que de nuevo salían lágrimas de sus ojos. Eso era peor de lo que se pensaba, de verdad había estado con otra en su noche de bodas. No creyó que lo fuese a hacer, no pensó que la odiase de ese modo.
Se desvistió enfadada y se dio un baño, ese día no podría verlo. Necesitaba desahogarse, ¿pero dónde?, accedería Lord Itachi verla ese día.
Inuzuka Kiba carecía del conocimiento de que ella practicaba esgrima y ni mucho menos sabía que era buena en el tiro al blanco. Más pensaba seguir guardando eso para ella, no pensaba decirle a donde solía ir o que solía hacer. Ella también podía hacerle creer que tenía algo con alguien aunque no fuese real.
Se limpió la cara cuando sintió que otra vez volvía a llorar y llamó a Lady Utatane con una campanilla que allí había. Esta no tardó en llegar y tras pedirle la ropa que deseaba, ella se fue a traérsela.
No tardó en salir ya arreglada y dirigirse a desayunar, una vez hecho eso, se dirigió a los establos y buscó a Pakkun. Ella no sería una mujer de las que después de casada, se quedaba en casa a la espera de que su amado esposo volviese o quisiese salir con ella. Si su esposo no era como debía ser, ella tampoco lo sería. Se subió en Pakkun y sin más se alejó de su casa. Solo esperaba que Lord Itachi la recibiese de buen grado.
Al llegar a la casa se encontró con que estaba el carruaje de la familia Namikaze, ¿quién sería quien estaba en la casa de Lord Itachi?, ¿se enfadarían mucho con ella? ¿Y qué más le daba?, caminó y llamó a la puerta. Esta fue abierta enseguida y Kisame la dejó pasar.
-Lord Itachi me temo se encuentra algo ocupado en estos momentos.
-Solo deseo hablar con él sobre un asunto.
Kisame la miró de arriba abajo y ella no dijo nada, estaba claro que no venía solamente a hablar, al menos su ropa era lo que daba a entender.
-Enseguida vuelvo.
Hinata esperó pacientemente, más quien la fue a buscar no fue ni mucho menos Kisame, sino Lord Uchiha Obito.
-Estimada Lady Inuzuka, no esperaba verla aquí. Más por la forma en la que viene vestida, es posible que pueda solicitar de usted un favor muy especial.
Hinata lo miró sin entender, para percatarse después de la ropa que este portaba. Era un traje de esgrima, y dios, ¿Cuántas mujeres no desearían estar en su lugar en ese momento?, ¿De verdad alguien sería capaz de decirle NO, a ese Dios? Tragó en seco terriblemente perturbada por la visión de este y asintió sin ser capaz de decir una sola palabra. Este sonrió y Hinata deseó tener un solo lugar donde apoyarse.
Esas sonrisas suyas deberían estar prohibidas. Si bien estaba claro que ese hombre despertaba pasiones, Hinata también estaba clara en otro punto, no lo querría de esposo. Dios, se moriría de celos a cada paso que él diera.
-Será todo un honor servirle de ayuda en algo.
-Estupendo. Acompáñeme Lady Inuzuka.
Ambos comenzaron a caminar y Hinata se percató de que se dirigían a la sala de prácticas.
-La verdad es que nos sorprendimos cuando Kisame nos dijo que se encontraba aquí. Creía que Kiba era mucho más. Pero si vos estáis aquí a estas horas es porque mi sobrino postizo no rindió demasiado bien anoche. Deja que lo vea, me voy a divertir mucho con…- De repente Lord Uchiha dejó de hablar, y Hinata se percató de que la miraba de frente, se encontraban en mitad el pasillo, aún quedaba un tramo para llegar a la sala de práctica. Ella levantó su mirada hacía él extrañada de que se detuviera, y se quedó helada cuando vio la cara de él. -¿Qué te ha hecho?
Hinata negó sorprendida ante ese tono acusador, más él tan solo llevó una de sus manos a su rostro y restregó este debajo de uno de sus ojos. Hinata llevó su mano hasta ese mismo lugar y sintió que se mojaba uno de sus dedos: Estaba llorando. Una maldita vez más sus ojos habían dejado escapar una lágrima traicionera.
-No es nada Lord Uchiha. Es solo que mi esposo ayer se encontraba demasiado cansado.
Él la miró durante un momento y después le susurró:
-Sabe dónde está la mansión Uchiha, allí siempre encontrará un sitio donde hablar, o refugiarse si es lo que necesita, no lo olvide.
¿Por qué no se había enamorado perdidamente de ese hombre?, Porque era un mujeriego empedernido. ¿Podría ella haberlo hecho cambiar?, eso nunca lo sabría, pues nunca dejaría de querer a Lord Inuzuka por mucho que le doliese.
Siguieron el camino hasta la sala de práctica y escuchó una risa risueña que reconoció en el acto. El joven Namikaze se encontraba en la sala. Seguida de la misma risa escuchó una queja, Hinata no pudo evitar formar una sonrisa en sus labios. El joven Namikaze le gustaba, era un chico alegre y la verdad era que le caía muy bien.
-Aquí tenemos a nuestra damisela.
Hinata se encontró siendo observada por Lord Itachi, que en lugar de su semblante serio de siempre, se encontraba con una mirada de desesperación. Con los ojos azules de su ahora hermano Namikaze que brillaban cargados de diversión y con unos ojos negros que la miraban con curiosidad. Cosa que ella misma imitó, ¿quién era esa muchacha a la que no había visto anteriormente? No, mentía, sí que la había visto una vez más, el día anterior acompañando al joven Namikaze a su boda.
-Hinata, ¿qué tal todo?, Espero que el bruto de mi hermano no haya hecho ninguna estupidez aún. Dime, ¿sigue quedando comida en la despensa?
Hinata no pudo evitar sonreír:
-Sí, aún hay.
Vio como el joven Namikaze fruncía el ceño y declaró:
-Eso es que aún sigue en la cama, sino sería imposible.
Lord Uchiha y el joven Namikaze rompieron a reír, no sabía que su esposo amase la comida hasta ese punto. Una sonrisa se formó en sus labios, tendría que tener una entrevista privada con su ahora hermano. Tras ese pensamiento no pudo dejar de mirar a la chica en el suelo, ambas intercambiaron una mirada y esta le sonrió de forma amable. Era sin duda mayor que ella, más era bastante guapa.
-Bueno es hora de hacer las presentaciones y de informarle a Lady Inuzuka para que es buena.- La voz de Lord Uchiha la sacó de su escrutinio a la mujer, este caminó hasta situarse al lado de la misma y le ofreció una mano. Ella la cogió sin más, y se puso en pie ayudada por él.
-Le presento a mi sobrina Lady Hanare. Ha venido para quedarse a vivir entre nosotros a partir de ahora. Ella es la nueva Lady Inuzuka. Hinata.
La mujer sonrió e hizo una pequeña inclinación:
-Es un placer conocerla. Espero podamos ser grandes amigas.
Hinata respondió a esa sonrisa y asintió:
-Sin ninguna duda Lady Hanare. Será todo un honor.
-Hechas las presentaciones, solo queda decir que si nos harías el favor de ayudar a lady Hanare con su práctica de esgrima.
-¿Practicas esgrima?
La chica hizo una mueca y asintió, quien contesto a su pregunta fue el joven Namikaze que declaró:
-O eso intenta, siempre que consigue quedarse en pie más de ¿cuánto es tú record?- El joven Namikaze sonreía de medio lado, tenía el cabello completamente revuelto y en su mano derecha se encontraba un florete, sin duda él había sido su profesor.
-Por mí no habría ningún inconveniente, más creo que sería bueno que se lo solicitásemos a otra persona.
-¿Quién?- Quiso saber Lord Uchiha Obito.
-Verá yo, como muy bien puede informarle Lord Itachi aquí presente, no soy la mejor con el florete. Más mi hermana por otra parte...
-No tiene nada que ver aquí. Si quiere hacerlo usted bien, sino, no tengo inconveniente en ser yo quien la enseñe, tal y como lo he estado haciendo hasta ahora. Obito, ya te dije que me divierto bastante ayudando a Hanare, no sé qué manía con que deje de hacerlo.
-Naruto sé que te diviertes con esto, más pienso que ella necesita hacer otras amistades además de ti. Solo conoce a tú familia y ni siquiera a todos, yo quiero que tenga amigas como Lady Inuzuka aquí presente. Y estoy por apostar que ella también lo desea.
Lady Hanare miró a Naruto con un extraño brillo en sus ojos y este tan solo suspiró para decir:
-Coincido en que Lady Inuzuka Hinata sería la indicada, más ella parece reacia.
-No-no, para nada. Es solo que mi hermana es mejor, pero si a Lady Hanare no le importa recibir clases de alguien no muy buena, no tendré ningún inconveniente.
Lady Hanare sonrió alegremente:
-Muchas gracias Lady Inuzuka.
-Bueno como sea, la clase de hoy ya está terminada, así que mañana las esperaré a ambas en mi casa. Lady Hanare, yo solo doy clases a damas los Martes y Jueves.- dijo Lord Itachi.
Ella asintió para después mirar al joven Namikaze y decir:
-¿Puedo ver cómo practicas?
Él sonrió y se encogió de hombros:
-Sí lo deseáis podéis quedaros ambas.- dijo y Hinata no tardó en asentir, la verdad es que no deseaba marcharse de allí.
Obito bufó para después decir:
-Déjate Naruto, que la señorita aquí presente ya está casada, y mi sobrina, me temo que ya no la puedes encandilar más.
-Quién sabe.
Ambos intercambiaron una sonrisa cómplice y Lady Hanare se acercó a Hinata y la cogió del brazo para tirar de ella. Las dos juntas se quedaron apoyadas al final de la sala para mirar desde esa posición como el joven Namikaze y Lord Itachi cambiaban sus armas por espadas.
Los dos se colocaron en posición.
-Estaba bellísima ayer Lady Inuzuka, me encantaría poder lucir así en alguna ocasión.
-Sin duda lo conseguirá. Por lo que veo va en buen camino con mi hermano político.
Ella la miró un momento para después soltar una risa divertida:.
-Sin duda. Más Naruto y yo, somos cómplices más que otra cosa.
¿Cómplices?, ¿A qué se referiría ella?
Hinata y Lady Hanare se quedaron bastante tiempo viendo la práctica de espada de Naruto, el cual parecía haberse olvidado de todo a su alrededor exceptuando de Lord Itachi y sus espadas.
Hinata no podía dejar de notar que el chico aunque siempre alegre, también tenía su lado serio. No podía disimular lo guapo que se veía con esa expresión concentrada y seria. Lord Uchiha se situó al lado de ambas y declaró:
-Es peor que Minato. Ese chico tiene unas capacidades para todas las armas, que aun no entiendo por qué demonios no ha intentado ingresar en el ejército. Sin duda se haría un nombre que muchos recordarían.
Lady Hanare miró a Lord Uchiha y declaró:
-Naruto odia utilizar esas armas que tan bien se le dan, precisamente para el uso que fueron creadas. Él disfruta con ellas, sabiendo manejarlas y utilizándolas, más odia que lo desafíen en duelo precisamente porque no le gusta su uso.
Hinata frunció el ceño un poco, era evidente que Lady Hanare conocía al joven Namikaze bastante, ¿cómo era posible que no estuviesen comprometidos?, Ver a esta hablar de él, era algo increíble.
-¿Cómo sabes todo eso?, Solo os conocéis desde hace dos semanas y media. Es imposible que en tan poco tiempo puedas saber tanto de él.
-Te dije que soy torpe en cuestión de ciertas cosas, pero en conocer a la gente soy toda una experta. Además, Naruto se ha convertido en alguien muy importante.
-¿Tan importante como para casarte con él?- dijo Lord Uchiha que tenía un tono claro de esperanza, era evidente que deseaba ese enlace, más Lady Hanare soltó una risita.
-Lo siento tío, alguien más ocupa el corazón del galán. Yo soy solo una hermana mayor. Además alguien más me interesa a mí.- Le guiñó un ojo y Lord Uchiha gruño por lo bajo.
-¿Quién es ese indeseable?, preséntamelo que ya me haré yo cargo de que cambies de opinión.
-Quizás algún día lo haga. Veremos a ver si eres o no capaz de hacer tal cosa.
Su sonrisa enigmática hizo que la curiosidad de Hinata sobre esa muchacha se intensificara. Ella no podía ser mucho más mayor que su hermana Temari, más sin duda había vivido mucho más que ella.
-Y así termina todo por hoy.
La voz del joven Namikaze los hizo a los tres mirar al frente, allí se encontraban Naruto con su espada en el cuello de un Lord Itachi que respiraba agitadamente y tenía ambas manos abiertas en señal de rendición. Como último acto de perdida, Lord Itachi dejó caer su espada al suelo, la cual rebotó en el mismo, haciendo un sonio metálico al caer.
-Sin duda hoy se encontraba inspirado Lord Namikaze.
Este hizo un mohín torcido con sus labios y no dijo nada, mientras que escuchaba el chasquear de la lengua de Lady Hanare a su lado.
-No está de tan buen humor como nos hizo creer esta mañana.- Sentenció Lord Uchiha y Lady Hanare tan solo dijo:
-Y solo yo sé el motivo.- Su voz cantarina hizo a Lord Uchiha murmurar entre dientes. Sin más ambos se acercaron hasta el ganador de la pelea. -¿A casa entonces?
-¿No prefieres que te invite a comer algo?
Los ojos de Lady Hanare brillaron ante esa pregunta y asintió como niña pequeña, el joven Namikaze se giró a mirarla a ella y dijo.
-¿Te apetece acompañarnos o tal vez prefieres ir a comer con mi hermano?
-La verdad, es que me apetece bastante esa invitación.
-Pues no hay más que hablar, te alargaremos a tú casa, te cambias de ropa y nos vamos.
Tras despedirse de Lord Itachi y concertar una cita para el día siguiente, todos se fueron de allí. En el carruaje Lady Hanare de repente preguntó:
-Naruto, ¿quién es la hermana de Lady Inuzuka?
Este pareció no escucharla, por lo que Hinata respondió en su lugar.
-Soy la segunda mayor de cuatro hermanas. La mayor de todas es lady Haruno Temari, luego voy yo, después Lady Haruno Karin y por último mi hermana más querida, Lady Haruno Sakura.
Ella asintió, y tras fruncir un poco el ceño declaró:
-¿Y cuál se supone que es la que podría enseñarme de verdad a luchar con florete?
-La menor de todas, Sakura. Ella es increíble, tanto con el florete como con el tiro al blanco. Espero mañana poder presentártela. Estoy segura de que seréis grandes amigas.
Una risa se escuchó y Hinata miró al joven Namikaze, este parecía divertido con algo.
-¿Naruto?- pregunto Lady Hanare
-De seguro os llevaréis de maravilla, espera a que llegue mañana.
Hinata pudo apreciar un toque sarcástico en sus palabras y eso la enfadó, ¿qué se supone significaba eso?
-¿Qué quieres decir?
-¿Recuerdas la mañana después de conocernos?
Lady Hanare asintió a esa frase y él tan solo señalo su muñeca para decir:
-Bien, no creo que necesites más explicaciones.
Lady Hanare, miró su muñeca y abrió al máximo los ojos, Hinata hizo un tanto de lo mismo al mirar la muñeca de Lady Hanare, donde descansaba una pulsera idéntica a la que Sakura tenía.
-¿En serio?- Naruto solo asintió y Lady Hanare clavó su mirada en Hinata , ahora parecía examinarla hasta en el más mínimo detalle. -La verdad es que tienen un aire. Aunque ella parece más una señorita.
Ya no dijeron nada más en todo el resto del trayecto, y Hinata no podía dejar de pensar que algo se le escapaba en todo eso. ¿Por qué ella poseía una pulsera idéntica a la que Sakura tenía?
"Sakura"
La boda de Hinata había sido preciosa, exceptuando la cara de maldito amargado del ahora Lord Inuzuka Kiba. Cómo deseaba que Hinata le diese un buen golpe a ese imbécil que no sabía apreciarla. Lo único malo de la boda, había sido volver a ver al joven Namikaze, el cual iba acompañado ni más ni menos que de la mujerzuela esa. No sabía que le sucedía con ella, más aunque nunca había juzgado a nadie a primera vista, a ella no la podía ni ver.
Llevaba dos días sin saber nada de Hinata, el día anterior le fue imposible de encontrar durante todo el día, esperaba que no se olvidase de sus clases de esgrima ahora que se había casado, si lo hacía sería otra cosa más que recriminarle a Lord Inuzuka.
Terminó de arreglarse y se llevó una mano hacía la muñeca, donde descansaba una pulsera fina, más no tenía nada que ver con la que antes poseía. ¿Por qué había sido tan estúpida referente a ese aspecto?, le encantaba esa dichosa joya, era tan fina y a la vez tan sumamente hermosa y encima le ayudaba horrores a tranquilizarse e incluso a escapar, pero también la atormentaba, esa piedra azul la hacía temblar, de solo pensar en el dueño de ese color.
Suspiró, ya estaba hecho, y ahora solo le quedaba lamentar la pérdida y quedarse con ese triste sucedáneo que el joven Akasuna Sasori le había entregado. Le resultó sumamente extraño que él notase al día siguiente que la pulsera ya no estaba. Ella le dijo que la había extraviado y al día siguiente él colocó una nueva en su muñeca.
Sonrió al recordar ese gesto, no podía negar que ese joven era todo lo que podía desear, y un poco más, ¿cuánto tardaría en meter la pata y pedirle matrimonio? En cuanto hiciera eso todo se iría al traste, pues ella no estaba dispuesta a casarse aún, y él por el contrario parecía sumamente deseoso de ello.
Se dirigió a la puerta y tras ver el día frío que hacía no dudo en pedir el carruaje, se dirigió a casa de Lord Itachi y una vez allí Kisame la recibió, informándola de que las señoritas y Lord Itachi la estaban esperando en la sala.
¿Las señoritas?, ¿quién además de Hinata podía estar allí? Camino tras Kisame y este le abrió la puerta para que pasara. Lord Itachi al verla sonrió, parecía recibir a su salvación. Por primera vez desde que lo conocía Lord Itachi se acercó hasta ella.
-Lady Haruno, gracias a todos los cielos. Pensé que hoy ya no vendría. Pero no es el caso y no sabe cómo se lo agradezco.
No pudo evitarlo, sonrió como tonta, era la primera vez que su profesor daba a entender que estaba feliz de darle clases.
-Nunca podría dejar la esgrima Lord Itachi.
-No te creas, yo mismo estoy dispuesto a dejarla en estos momentos, no sabía que enseñar podía ser tan…- No terminó la frase y tan solo se giró para mirar a sus espaldas. Allí se encontraba su hermana Hinata acompañada de otra muchacha más. -Ven que te presente a vuestra nueva compañera de prácticas.
Lord Itachi comenzó a caminar y ella lo siguió de cerca, cuando estuvieron al lado de ellas, Sakura, miró al fin hacía la mujer que a partir de ese momento sería una más entre ellas.
Se quedó completamente estática en el lugar, ¿qué demonios significaba eso? Ante ella con una sonrisa de niña traviesa, y un brillo de diversión se encontraba la misma mujer que había conocido en casa del joven Namikaze. La que había pasado la noche con él. Recordar eso la hizo enfurecer, ¿qué le estaba pasando?
-Le presento a Lady Hanare.- ¿Hanare?, ¿qué clase de ridículo nombre era ese?, Aunque viéndola bien le iba de maravilla. Cualquier nombre era bueno para una mujerzuela como aquella. -Es la sobrina de Lord Uchiha Obito, a partir de ahora vivirá entre nosotros. Creo y espero no equivocarme que en la reunión de hoy se dará a conocer.
Sakura paró todo pensamiento posible en su mente, para tan solo pensar en la presentación que le acababan de hacer, sobrina de Lord Uchiha, el "tío" del joven Namikaze. Se sintió tremendamente pequeña e insignificante al lado de ella. ¿Cómo iba a poder competir contra años de amistad? Seguramente ella era la que ocupaba los pensamientos del joven desde hacía mucho tiempo.
Si sería tonta, él le daba una pulsera y un maldito beso y ella no paraba de pensar en él. ¿Por qué la había besado en la maldita torre? Algo debió de delatar lo que estaba sintiendo en su interior porque tanto Lord Itachi como su hermana Hinata la miraron y dijeron.
-¿Estás bien?
-¿Se encuentra bien Lady Sakura?
Sakura intentó respirar hondo para contestar, más quien lo hizo fue Lady Hanare.
-Tan solo se acaba de dar cuenta que hay cosas que no puede vencer.
Lord Itachi miró a Lady Hanare, a la par que Hinata también lo hacía. Ella se compuso tras esas palabras y formó una sonrisa en su rostro.
-No hay nada que yo no pueda sobrepasar.
Lady Hanare tan solo sonrió aún más, era como si hubiese conseguido lo que deseaba y eso la enfadó. ¿Quién se creía que era?
-Hechas todas las presentaciones pasaremos a lo que necesito pedirle Lady Sakura. Es preciso que tú seas a partir de hoy quien enseñe a Lady Hanare el arte de la esgrima.
Eso la pilló de sorpresa, más todo en ella gritó de alegría, ¿así que existía algo en lo que ella no la ganaba? No lo dudo ni dos segundos, se iba a divertir.
-Será todo un honor Lord Itachi.
-Le aviso de que no será una tarea fácil, esta chica parece haber nacido con dos pies izquierdos. No es por ofenderla Lady Hanare.
Ella hizo un gesto de descarte con su mano y negó, para después sonreír y declarar:
-Es algo de lo que soy muy consciente desde niña. Naruto opina que es parte de mi encanto.- Y le guiñó un ojo a su hermana Hinata de forma divertida. Hinata correspondió a su sonrisa y eso enfadó a Sakura, ¿acaso su hermana simpatizaba con esa mujerzuela?
Después de ese intercambio de palabras, Sakura, se percató de que había dicho que a Naruto ese defecto le parecía adorable. Se guardó un gruñido para sus adentros y esperó a que Lord Itachi diera la orden debida para empezar a practicar.
"Itachi"
Si alguien entendía algo, que hicieran el favor de explicárselo. Desde que había dado la orden de empezar, la joven Lady Hanare, había cambiado radicalmente.
¿Qué pasaba con esas dos muchachas?, Ambas habían empezado una lucha de floretes increíble. Y lo más raro de todo era que Lady Hanare no había tropezado ni una sola vez aún. ¿Por qué esa rivalidad entre ellas?, Si no fuera porque sabía que Lady Hanare nunca antes había practicado esgrima, juraría que era una experta. Más se le notaba que aunque no era de esgrima, tenía sus sentidos bien desarrollados. La joven Sakura no conseguía tocarla.
Lady Hanare, parecía hecha para ello, su forma de moverse era el de una pantera, suave, sigilosa pero letal llegado el momento. Si esa chica profundizaba en su problema de pies sin duda podría ser peligrosa.
Estaba completamente hechizado con la lucha de ambas que se había olvidado por completo de su otra alumna, la cual al igual que él miraba sin entender:
-¿Esa es Lady Hanare?, ¿La que… hace un rato no era capaz de andar sin tropezar con sus propios pies?
-Eso parece. Ya entiendo porque el joven Namikaze quería ese puesto.
-¿Ah sí?
Él asintió.
-El joven Namikaze sabe ver donde hay buen material, aunque este cuente con algún defecto. A pesar de que parece que ahora ese defecto no está presente. Lady Hanare, se ha transformado en otra al llegar su hermana menor. ¿Sabe si hay algo entre ellas?- Miró a Lady Inuzuka y esta negó algo perdida, más él pudo apreciar un brillo en sus blancos ojos, si bien no le mentía, tampoco se lo decía todo.
-¿Me acompaña a tomar una taza de té?, Algo me dice que esto va para largo.
Él se encogió de hombros y asintió, después de todo no creía poder hacer mucho con esas dos.
-Tocada.
La voz de Lady Sakura sonó triunfante, y justo en ese momento se escuchó un golpe. Lady Inuzuka y él se giraron a mirar a ambas chicas y se encontraron con Lady Hanare en el suelo y con Lady Sakura mirándola desde arriba. De un momento a otro la risa de Lady Sakura se hizo escuchar en el lugar, Hinata dio un paso para acercarse a Lady Hanare, más alguien más pasó rápido hasta ella.
¿De dónde había salido el joven Namikaze? Se giró a mirar hacia atrás y se encontró con que Kisame se encontraba en la puerta. Eso solo podía significar que acababa de llegar.
-¿Qué le pasa?
La voz del joven Namikaze le hizo mirar hacia donde se encontraban los tres, él estaba al lado de Lady Hanare, la estaba ayudando a levantarse.
-No es nada Naruto, ya sabes que soy un desastre. No culpes a Lady Haruno, tropecé conmigo misma en el último momento.
-Sin duda. Itachi creo que dejé bien claro que no quería que ella tuviese nada que ver con Hanare
-¿Qué te has creído, idiota?
Lady Haruno se deshizo de su máscara y la dejó caer. Lord Itachi apreció el enfado en la mirada de ella. El joven Namikaze la encaró y Lord Itachi se temió lo que allí podía suceder.
-¿Qué más?, Es claro que estabas disfrutando humillándola.
-¿Cómo te atreves maldito im…?
-Creo que deberíamos calmarnos un poco todos. Joven Namikaze yo creo…
-¡Al cuerno lo que usted crea!
-No se meta en esto Lord Itachi, por favor.
Hinata y Lady Hanare los miraron completamente sorprendidas y él solo pudo mirar a ambos con sumo enfado.
"Naruto"
Hacía bastante tiempo que no la veía, más verla riéndose de Lady Hanare, no le agradó en lo más mínimo. ¿Quién se creía que era para reírse de los problemas ajenos?, No podía creer que hubiese juzgado tan mal a una persona. Él creía que si Lady Haruno conocía a Hanare, acabaría por ayudarla. Más quería ver por sí mismo si era así, y menos mal que había ido porque si no podría haberse burlado de ella aún más.
Al ver a Hanare en el suelo corrió a ayudarla, no se esperaba que Lady Haruno rompiera a reír en lugar de ofrecerle ayuda. Se sintió estúpido y totalmente idiota, creyó que podría contar con ella. Se rió de él mismo, nunca podría tener nada que ver con una persona que era así, que juzgaba a las personas de una manera tan poco acertada y lo peor que se reía de sus defectos de forma tan descarada.
-¿Qué le pasa?
Su voz sonó más furiosa de lo que él se esperaba, ¿por qué estaba tan sumamente enfadado?, ¿Acaso era porque ella lo había decepcionado de esa manera? Se agachó hasta situarse a la altura de Hanare, y cogiendo una de sus manos la ayudó aponerse en pie.
-No es nada Naruto, ya sabes que soy un desastre. No culpes a Lady Haruno, tropecé conmigo misma en el último momento.
-Sin duda. Itachi creo que dejé bien claro que no quería que ella tuviese nada que ver con Hanare
-¿Qué te has creído, idiota?
Lady Haruno se deshizo de su máscara y la dejó caer. No dudo un momento en mirarla de frente, se encontró con que los ojos de ella brillaban de enfado. Parecía desear estrangularlo, deseo que él mismo compartía.
-¿Qué más?, Es claro que estabas disfrutando humillándola.
-¿Cómo te atreves maldito im…?
La voz de Lord Itachi interrumpió lo que Lady Haruno estaba por decir, más él sabía muy bien que era.
-Creo que deberíamos calmarnos un poco todos. Joven Namikaze yo creo…
Sin pensar en que se encontraba en casa de este, y que muy bien podía echarlo para no regresar, respondió furioso y deseoso de decirle unas cuantas cosas a esa niñita que lo había tenido todo y se creía capaz de poder reírse de los demás.
-¡Al cuerno lo que usted crea!
-No se meta en esto Lord Itachi, por favor.
Ella parecía igual de dispuesta que él a dejar las cosas claras, perfecto, estaba cansado de tantas tonterías y no dejaría que ella se riera de Hanare nunca más y mucho menos, que la volviese a insultar como lo hizo el día que la conoció.
-Mire estoy cansado de usted y sus tonterías. No consentiré que se ría de ella y mucho menos que la insulte tal y como lo hizo la otra tarde en mí casa.
-Yo no hice tal cosa. Solo me marché. Era evidente que sobraba en el lugar, era claro que debían hablar después de pasar la noche juntos.
Naruto la miró furioso, mientras a sus oídos llegaba la voz de Lady Inuzuka al dejar salir una exclamación de sorpresa y una risa divertida de Lady Hanare. Iba a contestarle cuando Hanare declaró:
-Claro que pasamos la noche juntos. Él me acompañó a casa de mi tío, nos encontramos en la calle yo viajaba con mi madre la cual estaba muy enferma. Pero la misma noche que llegamos a la ciudad ella murió en brazos de Obito. Naruto se quedó conmigo mientras yo intentaba dormir, cosa casi imposible debido al dolor de la pérdida. Más él no me abandonó tal y como yo se lo solicite.
Lady Haruno pareció perder todo el color de su cuerpo y de un momento a otro enrojeció furiosamente. Miró primero a Hanare, para después mirarlo a él. Cuando sus ojos se encontraron ella parecía sumamente mortificada.
-Yo, yo no sabía nada de esto. Le pido mis más sinceras disculpas Lady Hanare, yo reaccione de forma estúpida y sin pensar. No entiendo que me sucedió.
-Oh pero yo sí que lo sé.
La risa de ella hizo que Lady Haruno la mirara sin entender. Él iba a decir algo cuando Hanare lo agarró con fuerza del brazo y le pellizcó. Enfadado la miró y esta negó de forma casi imperceptible:
-Creo que lo mejor es dejar todo este malentendido en el pasado. Quizás sería bueno empezar desde el principio. Mi nombre es Lady Hanare, hija de Uchiha Mikoto. Soy sobrina de Lord Uchiha Obito. Es un gusto conocerla.
Lady Haruno miró primero a esta que sonreía como si nada hubiese sucedido y después a él. Estaba seguro de que lo que le estaba diciendo era que para él ese tema no estaba zanjado, más ella pareció ignorarlo y declaró:
-El gusto es mío, mi nombre es Lady Haruno Sakura, soy hija de Lord y Lady Haruno, y hermana de Lady Inuzuka Hinata.
Hizo una pequeña inclinación que Lady Hanare imitó. Y para enfado de él ambas sonrieron como si nada hubiese pasado allí.
-Es buena en la esgrima. No me creo que sea tan torpe como ellos dicen.
-Puede creerlo, más si el desafío merece la pena, parezco otra.
-¿Y acaso lo merecía?
Lady Hanare formó una sonrisa en su rostro y Naruto sintió como apoyaba su cabeza en su hombro y lo apretaba un poco contra ella.
-Dímelo tú querida. ¿Luchas siempre así o solo en esta ocasión?
Naruto apreció que Lady Haruno se tensó un poco para después decir:
-Siempre lucho enserio. Más he de concordar con usted en que si el desafío es bueno, me esmero aún más.
-Y ni que decir si encima el premio es deseado por ambos contrincantes.
-¿Quiere eso decir que he ganado?
La sonrisa en el rostro de Lady Haruno era de total seguridad en sí misma, y Naruto tuvo que apartar la mirada de ella. ¿Cómo podía seguir afectándole tanto ver sus labios?
Hacía ya dos semanas y dos días que no la veía, y casi tres, que no probaba esos labios. ¿Por qué demonios recordaba ahora eso?, Se enfadó consigo mismo al darse cuenta de que conocía exactamente la cantidad de tiempo que llevaba sin prestarle atención. A pesar de que el día de la boda de Kiba, no pudo evitar mirarla durante un buen rato. Más fue capaz de resistirse a hablar con ella.
-Bueno en esta ocasión sí.
-¿Y entonces?
-¿Conoce a Lord Sarutobi Hiruzen?
Lady Haruno no pudo evitar soltar una risa alegre, para después mirar a Lady Hanare y declarar:
-Es mi muy querido abuelo. ¿Por qué preguntáis?
-Verá, mi tío me dijo que mañana en la noche celebrará un baile. Pues bien, podría decirse que acaba de ganar las dos primeras piezas del mismo.- Sin más Lady Hanare se giró y tirando de él se marchó de allí.
Cuando pasaron cerca de Lord Itachi este los miró a uno y otro y Naruto sintió la gran necesidad de susurrar:
-Lo lamento mucho. Espero pueda disculparme por lo de hoy.- Sin más ambos abandonaron la casa. -¿Qué significaba todo eso?
Lo cierto es que Naruto se había perdido en mitad de la conversación de ambas chicas. Hanare le sonrió de medio lado y declaró:
-Mañana en la noche lo sabrás. Por cierto Lady Haruno Sakura me agrada mucho.
Le guiñó un ojo y sin más se subió al carruaje en el que había llegado él hacía cosa de un rato, desde que conocía a Hanare, había tenido que hacer más uso de él, quizás esa noche pudiera ir montando a Kurama.
Al pensar en el caballo frunció el ceño, pues su padre le había prohibido montarlo durante un buen tiempo por comprarlo sin decirle nada. Sonrió de medio lado, él no era de acatar órdenes: Esa noche iría a la reunión montando en Kurama.
"Sakura"
¿Qué será?, esa era la pregunta que surcaba la mente de ella sin parar. Desde que sabía que Lady Hanare, era la sobrina de Lord Uchiha Obito, los nervios no la abandonaban. ¿Estarían juntos en ese momento?
Se encontraba en el carruaje que los llevaba a casa de Lord Akasuna, donde había una reunión, ese día sería una simple cena, acompañada de un rato tranquilo. Más al día siguiente su abuelo había planeado un baile a gran escala. Cuando ella le había preguntado que si la familia Namikaze también estaría en su fiesta, este había dado su si, aclarando además, que le agradaba mucho esa familia, a pesar de todo lo que habían pasado.
Aunque también era cierto que decía que uno de sus integrantes lo hacía salir de sus casillas. No había querido aclararle ese punto en especial, más le había aclarado que le agradaba que el enlace de su hermana Karin hubiese sido cambiado. Y le había asegurado que le agradaba mucho el joven Akasuna y, a pesar de que ella era consciente de que su nerviosismo debía deberse a que iba a casa de su prometido a cenar, toda ella deseaba que cuando llegase ya estuviese allí la familia Namikaze al completo. ¿Qué locura era la que la estaba sobrecogiendo?
El carruaje se detuvo en la puerta de la casa de los Akasuna, la cual se encontraba en la otra punta de la ciudad. Al abrirle la puerta del mismo uno de los criados le ofreció la mano para bajar, no obstante estaba tan nerviosa que en el último escalón que debía subir tropezó y estuvo a punto de conocer el suelo desde una perspectiva para nada elegante. Sin embargo una mano la sujetó a tiempo.
-¿Se encuentra bien?
Rápidamente se apartó, ¿qué le pasaba?, ¿por qué se sentía así?, a su lado y cogiendo con fuerza su brazo se encontraba Lord Namikaze, más justo enfrente de ella estaba el joven Namikaze y del brazo de él estaba Lady Hanare. Ambos la estaban mirando y ella se sintió enrojecer, ¿por qué tenían que verla hacer el ridículo de esa forma?
-Vaya, al parecer Hanare, no eres la única con dos pies izquierdos.
No lo pudo evitar, miró hacia él furiosa, no podía dejar pasar la oportunidad de humillarla. Sus ojos azules la miraban, pero no había diversión ni regocijo después de haber dicho esa frase. Al contrario parecía enfadado por decirlo, ¿Por qué?
Lady Hanare lo hizo girar y alejarse de ella, más con ese gesto hizo que ella pudiera ver la pulsera que adornaba la muñeca de Lady Hanare.
Se soltó con furia del agarre de Lord Namikaze y se adentró en la casa sin más. La recibió como era de esperar el joven Akasuna. Y ella no pudo más que acercarse a él con una sonrisa en los labios, mientras que decía:
-Mucho gusto verlo de nuevo joven Akasuna.
Este recibió su mano y la beso, para seguidamente fijar sus ojos cafés cenizos en la muñeca de ella y sonreír.
-Veo con agrado que lleva la pulsera que yo le regalé.
Ella sonrió al ver que el joven Namikaze la miraba de reojo y declaró:
-Es todo un honor portar una joya tan distinguida.
Ambos se dirigieron a la sala y se les sentó en sus respectivos asientos. La cena fue de lo más incómoda para ella. No pudo evitar sentirse observada durante todo el tiempo. Y sabía sin necesidad de mirar para comprobarlo que quien la fulminaba con la mirada era el joven Namikaze y aunque debería de saber que no era bueno, se sentí terriblemente bien, y a la par humillada. ¿Cómo había permitido que Lady Hanare portase lo que era de ella?, Había tenido tantas ganas de arrebatarle la pulsera a ella de su muñeca cuando la vio, que seguidamente había deseado tener cerca al joven Akasuna.
Tras terminar de cenar se invitó a todos a pasar a la sala de al lado, donde unas mesas de juego se encontraban dispuestas, su padre, Lord Akasuna y Lord Namikaze no tardaron en sentarse a una sola mesa de cartas. Sus hermanas exceptuando la recién nombrada Lady Inuzuka, se sentaron en otra mesa, los hijos de los Namikaze exceptuando el joven Namikaze, se sentaron en otra mesa junto a su hermana Hinata. Lady Namikaze, su madre y Lady Akasuna, estaban apartadas hablando entre ellas y tomando una taza de té.
Ella se apoyó en una de las columnas del lugar, mientras veía como ida a su futuro esposo hablando con Lady Hanare y su tío Lord Uchiha.
Extrañada, buscó con la mirada a Lord Hatake, más se sorprendió al no encontrarlo en ningún lado, es más, ¿dónde estaba?, no había asistido a la cena, ¿iría al día siguiente al baile de su abuelo? Estaba tan distraída pensando en ese caballero en cuestión, que casi suelta un grito cuando sintió que alguien cogía su mano derecha, la cual estaba entre la pared y la columna en la que estaba apoyada.
-No podéis llevar un regalo de cumpleaños, pero bien que podéis portar esta alhaja barata.
Una vez más se recriminó el hecho de saber que era él antes de que le hablara. No debería resultarle tan familiar su roce, y lo peor no debería corresponderlo y desearlo. Sin pensar apretó el agarre de él y respondió:
-Ese regalo era mucho más. Me temo joven Namikaze que no podía permitir que especularan sobre mí. Ese presente podía significar muchas cosas.
-No es cierto y lo sabéis. No obstante, la nueva dueña parece valorarla como lo merece.
-Es cierto, no tardó en encontrar quien la quisiese, así que no sé por qué me recrimina nada.
-Le recuerdo Lady Haruno que usted misma se la entregó. Hanare la lleva porque fue un regalo suyo, no mío.
Ella iba a contestar cuando el joven Akasuna se le acercó. Inconscientemente y cuando sintió que él se iba a alejar entrelazó sus dedos con los de él impidiendo que este pudiera irse. No sabía si el joven Namikaze podía ser visto por el joven Akasuna. Más no deseaba que la dejara.
-Os veo algo cansada Lady Haruno.
-Sí, pero no es nada.
-Me dijo su madre que hoy se había ido de paseo. La estuve esperando un buen rato en su casa, pero al ver que no llegaba me marché.
-Lo lamento, no sabía que iba a visitarme en la mañana, ¿acaso me lo había dicho?
-La verdad es que sí. Más no importa.
No le fue difícil escuchar la risita alegre que el joven Namikaze no pudo evitar dejar salir al escuchar la respuesta de este. Y ella se sintió algo nerviosa, apretó un poco su mano y este cayó.
-¿Y qué deseabais Joven Akasuna?
Él la miró y al cabo de un momento respondió:
-Es sobre el baile que Lord Sarutobi dará mañana en la noche. Lo cierto es que quería asegurarme de que usted bailaría las dos primeras piezas conmigo.
Ella sintió que todo la abandonaba, sintió que la boca se le secaba y sin saber por qué deseaba llorar de impotencia. ¿Por qué tenía que pasarle eso a ella?, Se había olvidado por completo de que ella estaba prometida con el joven Akasuna y de que como tal, él tenía derecho a sus dos primeros bailes en la fiesta de su abuelo. Ella y Lady Hanare tendrían que buscar otro premio.
De repente sintió que el agarre del joven Potter a su mano fue un poco más fuerte y escuchó en un susurro que le decía:
-Estad tranquila. Suelo ganar siempre.
Ella no entendió esa frase más lo que sí sintió fue como este alargaba su mano y depositaba un beso en su mano. Seguidamente la soltó más en lugar de sentirse nerviosa y ansiosa, se sentía segura, como si nada pudiese impedir que bailase con el joven Namikaze al día siguiente.
Una sonrisa adornó su rostro, y el joven Akasuna la imitó:
-¿Es eso un sí?
-Nunca podría negaros nada.
"Naruto"
No sabía a qué se debía el nerviosismo de Lady Haruno cuando este le había pedido que bailase con él las dos primeras piezas. Era su deber aceptar esa invitación, más como le había brindado un momento histórico y realmente gratificante al decirle a este que ni siquiera se había acordado que había quedado en verse con él en la mañana, estaba dispuesto a hacerle un favor.
Buscó con la mirada a su hermano Sasuke y cuando lo vio frunció el ceño. Se encontraba mirando a Lady Haruno Karin con cara de pocos amigos, no obstante ese no era momento de hablar con él y hacerle algunas preguntas. Sonrió con malicia y caminó hasta este. Una vez estuvo a su lado susurró:
-¿Qué me dices?
-Sea lo que sea estoy contigo.
Él sonrió aún más:
-Eso es perfecto. Creo que Akasuna no sabe con quién se ha metido.- Su hermano Sasuke lo miró con intriga y él tan solo sonrió para hacer chocar su copa con la de él y susurrar. -Nadie se mete con uno de mis hermanos y sale bien parado.
Sasuke lo miró unos momentos para después decir:
-Estoy de acuerdo contigo.
Sin más ambos bebieron de sus respectivas copas.
"Kushina"
¿Por qué tenían que ser sus hijos así?, no había día que no se hiciera esa pregunta. Más ahora estaba peor que antes.
Cuando apareció Lady Hanare, ella pareció descubrir el cielo abierto, al ver lo bien que se llevaba con su hijo Naruto. Sin embargo ahí estaba él, besando la mano de Lady Haruno Sakura y con una sonrisa en los labios.
Al ver como este después de eso iba en busca de Sasuke, supo enseguida que iba a tener problemas. ¿Cuándo iban a aprender a no meterse en líos? Tendría que hablar con ellos al día siguiente para aclarar algunas cosas, sobre todo con su hijo Naruto, al cual le iba a dar una buena clase sobre lo que se puede o no hacer con una chica que ya estaba pedida.
Tarde pero seguro XD
No me gustan esos fanfics incompletos, asi que yo no sere una de ellos.
