Aquel
que debemos proteger
Tentaciones
Nota de la autora: Algo que había escrito hace tiempo. Beteado (una parte) por Parvati-Blossom. Hasta que a la autora le importó un comino lo apropiado (literaria/lingüísticamente) y decidiera sólo divertirse. A ver si así era más fácil terminar sus pendientes.
-HPHPHP-
La puerta se cerró con un susurro; sólo quedó la penumbra y un incómodo silencio. Harry suspiró, enterrándose aún más en las cubiertas de la cama. La partida de Tom siempre lo dejaba vacío y exhausto.
-Has estado silencioso todo este tiempo, Severus.
El mago en cuestión no respondió, manteniéndose en el mismo rincón abandonado desde donde presenció otro acto de posesión de Voldemort. La expresión de su rostro no revelaba el más mínimo pensamiento.
Harry sonrió.
Tom había cambiado tácticas, mostrándose cariñoso y conciente al hacer el amor, murmurando idioteces a su oído y sosteniéndolo en sus brazos durante toda la noche. Sin duda alguna esperaba que esto lastimara más a cierto testigo de la escena.
-No has dicho nada desde nuestra llegada¿he sido un mal anfitrión?
No esperaba que contestara. Sabía muy bien que el silencio sería su mejor defensa, no dándole municiones para que lo acuchillara por donde más le doliera.
Se levantó de la cama, las sábanas besando su desnuda figura en su recorrido al suelo. Severus seguía cada uno de sus movimientos con una expresión de desapego, inmutable. Ni siquiera cuando Harry se encontró delante de él traicionó una pizca de emoción.
Las expresiones de temor, de ternura, de desconfianza, de amor, de traición, de dolor... todas desaparecidas.
Con una sonrisa sombría y un movimiento de su muñeca, Harry invocó cierto objeto sobre su velador, el cual voló a su mano inmediatamente. La mirada de Severus no abandonó sus ojos.
Ni siquiera cuando el anillo apareció ante la débil luz del amanecer.
El anillo que simbolizaba la promesa de hacía meses atrás, un compromiso hecho antes que se diera a conocer la verdadera lealtad de Harry Potter.
Aún recordaba cuando Severus Snape le había propuesto matrimonio; el brillo de placer en sus ojos, el tinte rosado en sus mejillas; la vacilación en sus palabras, la decepción en su sonrisa. El silencio que trajo su secuestro... No hablaron del tema hasta que Harry aceptó, una noche en su habitación, con una taza de té entre sus manos y una sonrisa tímida.
-Esto es lo único que detiene a Tom de tomar acción sobre ti –mencionó desinteresado, como si comentara del clima a un completo extraño.- La promesa que hay pendiente sobre nosotros.
-¿Por qué?
¡Finalmente una respuesta! Asintió complacido.
-¿Por qué aceptaste?
Doblemente complacido, se puso el anillo, admirándolo a la luz.
-Porque era mi decisión, mía y de nadie más. No dependía de las manipulaciones de Dumbledore. No era plan de Voldemort. Ciertamente no estaba en las expectativas de nadie del mundo mágico. ¿Qué otra razón más para aceptar?
Severus perdió la compostura, sus puños se contrajeron en furia, sus ojos lanzándole una mirada de odio.
-Fue un juego para ti. ¡Un maldito juego!
Harry rió, humor risueño por primera vez desde que llegaron a la fortaleza de Voldemort.
-Por el contrario, pienso casarme contigo.
Sorpresa desarmó completamente la ira de su prometido, parpadeando ante las noticias. Harry volvió a apreciar el anillo de compromiso.
-Eso es, si tú aún quieres casarte conmigo –tono de voz serio.- O si por el contrario, preferirías... –agitó la mano en la que reposaba el anillo y éste se transfiguró en una filosa daga, la cual ofreció a Severus con una sonrisa maliciosa en su rostro.
La acción paralizó a Severus Snape. De todas las ramificaciones en que la conversación pudo haberse divergido, jamás se imaginó que llegaría al punto en el que se encontraban. ¿Era real¿El ofrecimiento¿O se estaba burlando de él como lo había hecho el Dark Lord durante todo este tiempo?
Harry pareció leerlo como un libro abierto, asintiendo. Incluso tomó su mano derecha y forzó la empuñadura en su palma, cerrando sus dedos sobre ella. Aún con esa odiosa sonrisa en el rostro, jaló a Severus hacia la cama, dejándose caer sobre ella y arrastrando a cierto Maestro en Pociones con él.
La daga se clavó en el colchón, a unos centímetros de la oreja izquierda del muchacho, pero esto parecía no interesarle.
-No es justo que yo sea el único que debe lidiar con decisiones difíciles, Sev. El destino me fuerza, pero yo no puedo forzar al destino. Como no puedo jugar con él de la manera que él juega conmigo, me contentaré... contigo.
Con una mano acarició su mejilla, dedos callosos pero cálidos.
-Si el Dark Lord...
-Tom no está aquí para detenerte, Severus –interrumpió sonriente, conectando intensas miradas.
Ambos eran concientes que aún no había soltado la empuñadura, lo que engrandecía el humor funesto de Harry.
-Podrías salvar al mundo... –tentó, soltando risitas- Si el mundo mereciera ser salvado, claro.
