Crepúsculo no me pertenece


9. Sames old Blues

- ¿Cómo está tomando todo este asunto de Bella?

- ¿Quieres la versión oficial o la extraoficial? –preguntó con un dejo de diversión.

- Ambas señor Witherdale –respondió Aro mientras le ofrecía asiento.

James se sonrió mientras cerraba la puerta tras él y se acomodaba en el lustroso y cómodo sofá que se le ofrecía.

- Está tan fresco como una lechuga a pesar de haber conspirado a espaldas de sus hermanos para asesinarla. –reveló.

Aro suspiró, le entregó el vaso de whisky que estaba sirviendo mientras lo escuchaba.

- Pero, tu y yo sabemos que nadie conspira la muerte de alguien tan importante sin que al menos le tiemble la mano –tomó un sorbo del vaso y luego continuó -y tu mascota no es la excepción –finalizó.

- ¿Crees que está ocultando algo? –cuestionó Aro, curioso mientras se sentaba en su escritorio.

- No lo creo, estoy completamente seguro que es así –aseveró James, volviendo a tomar otro sorbo de su whisky.

- ¿Cómo podrías estar tan seguro? –Contra pregunto.

Aro sabía perfectamente que Edward era muy inteligente a la hora de manejar crisis… después de todo ellos lo habían entrado para eso; el no demostrar sus emociones y que estas no interfirieran con sus decisiones era parte del trabajo de un agente, por lo que no le sorprendía esta dualidad, sin embargo debía cerciorarse que la astucia de Edward no superara la suya – Hace sólo una semana volviste a la agencia, sin mencionar que aún sigues inoperativo por la lesión de tu hombro… prácticamente no lo has visto. -discrepó dándole el beneficio de la duda.

- Porque tengo ojos, y no es necesaria demasiada habilidad para descubrirlo –le aseguró. – Pero, si no me crees, puedes preguntarle a Jasper… no soy el único que no se traga la frescura e indiferencia de tu Mascota –insistió James, al ver que Aro no estaba demasiado convencido de lo que estaba diciéndole.

- Sigue vigilándolo –ordenó Aro luego de unos segundos de meditación.

James asintió dejando el vaso vacío sobre el escritorio de su jefe. Estaba levantándose del asiento cuando Aro volvió a hablarle.

– Pero no lo molestes –le ordenó, James puso sus ojos en blanco. –Lo digo en serio. Edward es probablemente el mejor agente que jamás haya tenido no sólo esta agencia, sino que este país. No quiero que lo arruines –le explicó.

- Tu eres el jefe… -contestó esté saliendo de la oficina.

- Carlisle dejo la bandeja preparada… pensé que tal vez ya tenías hambre… –exclamó Edward entrando en la habitación de Bella sosteniendo entre sus manos la cena.

La muchacha se volteó encarándolo apenas sintió su voz. Camino de vuelta a la cama. Edward hizo lo mismo.

- Gracias –exclamó Bella mientras daba los últimos pasos para llegar.

Edward solo sonrió, apoyó la bandeja sobre la mesa de noche, caminó hasta donde se encontraba una mesa pegable y que tenía una serie de frascos de medicina, los dejó sobre el sillón que estaba a un costado y la acerco para que Bella pudiera utilizarla.

Tomó la bandeja y la colocó allí.

Después del incidente del otro día, Edward y Emmett se turnaban para cubrir la vigilancia de Bella durante la noche, y hoy era su turno para cuidarla, pero contrario a Emmett que prácticamente dormía junto a ella, Edward sólo le hablaba lo estrictamente necesario. Casi no entraba a su habitación a menos que ella lo llamara o las maquinas sonaran. De hecho era tan poco el contacto que mantenían que era Carlisle quien, cuando era el turno de Edward, subía la bandeja de comida antes de irse, pero extrañamente hoy no lo había hecho, en cambio la había dejado convenientemente en la mesita de descanso daba justo de frente a la puerta principal y a las escaleras del segundo piso. Así que apenas Edward entró a la casa la divisó, y aunque dudo de subirla o no… finalmente lo hizo.

- Si necesitas algo, estaré abajo, tan sólo pídelo –le dijo mientras se volteaba para salir.

Estaba tomando la manilla para girarla, cuando Bella le habló.

- Necesito la verdad, Edward –exclamó ella sentándose en el borde de la cama.

Miró atentamente la reacción de Edward ante sus palabras, y aunque sabía que era probable que él se fuera sin siquiera hablarle, debía intentarlo, y aunque no estaba segura si iba a lograrlo, el hecho de que Edward siguiera en la habitación luego de que soltará la manilla.

Aun dándole la espalda Bella, finalmente habló.

- Ya te la dije –le aseguró con cautela, y por el tono de voz que empleó, Bella supo de inmediato que las indicaciones de Carlisle sobre su salud estaban prendiéndose y apagándose en la cabeza de Edward como letreros de neón.

- ¿De verdad? –Insistió y si quería lograr lo que estaba buscando debía presionarlo, dejó pasar unos segundos de silencio. – Si queremos que esto funcione… -hiló, sabía que tenía que darle un motivo razonable para Edward finalmente se abriera, tomó aire. –Como antes, necesitamos –volvió a guardar silencio -Yo necesito –se corrigió. –Yo necesito escuchar toda la verdad de ti, no de Carlisle, ni de nadie más que de tí –presionó.

- Bella…

- Te perdonó -improvisó parándose y acercándose hasta donde permanecía parado aún Edward.

Culpa pensó acercándose hasta prácticamente hacer inexistente el espacio entre ambos, y si Edward podía jactarse de conocerla tan bien, ella podía hacer lo mismo. Sabía perfectamente cuál era el talón de Aquiles de quien era aún su marido, al menos en los papeles.

Presionalo le gritó su instinto, y sin reflexionarlo demasiado, acerco su mano hasta donde permanecía la de Edward. Rozó sus dedos con los de ella, suavemente. Edward no pudo no reaccionar correspondiendo el toque, y aunque lucho por no hacerlo, finalmente cedió. Se volteo y ambos quedaron nariz con nariz. Sus miradas se confrontaron.

- Te perdono –retomó la palabra Bella, mientras contemplaba como Edward liberaba una batalla interna por no quebrarse y que traspasaba su mirada -por todas y cada una de las mentiras, de los engaños, de las muertes… -precisó Bella estrechando aún más la distancia entre ellos. Sus labios prácticamente rozaban los de él, pero ahora fue el turno de Edward para interrumpirla.

- Si hubiera sabido que estabas embarazada jamás te hubiera… -Bella lo calló poniendo sus dedos sobre sus labios.

- Era tu trabajo Edward, no podías mantenerme a salvo siempre… -reconoció Bella, sin dejar de mirarlo, y estaba a punto de llegar a un lugar desde el cual no iba a haber retorno.

Ella lo sabía, Él lo sabía. Ambos guardaron silencio y solo se quedaron contemplándose, examinándose, tal vez buscando una razón, una pequeña razón para apartarse el uno del otro, pero ambos sabían que no había ninguna razón. Edward tomó entre la suya la mano que Bella sostenía en sus labios y la quitó.

- Esa noche… -exclamó Edward, su voz era profunda -No fue fácil llevarla a nuestra casa… meterla a nuestra cama… -Su mirada se cristalizó, su voz se quebró y de pronto no fue tan fácil como pensó sería su confesión. Para poder continuar debió tomar una onda y larga bocanada de aire. Dolía como si hubiera sido ayer, pero la verdad iba a liberarlo, así que era mejor dejarla salir. Sus miradas aún permanecían fijas una sobre la otra –Cuando cruce la puerta de nuestra habitación, yo…

Su voz se apagó cuando Bella no pudo mantener el contacto visual y cerró sus ojos mientras las lágrimas invadían su rostro. ¿Cómo podía esto sanarla? ¿o a él? Se cuestionó comenzando a llorar también. La coraza se había desvanecido, el hombre fuerte estaba completamente socavado.

- ¿La amaste? –preguntó Bella en un susurró.

Su corazón comenzó a latir tan desbocadamente que incluso se hizo difícil respirar.

- No –confesó. –Pero tenía que hacerle creer que sí, y no sólo por ti… sino que por mí –agregó.

- Yo te entregue el arma… tu solo apretaste el gatillo –exclamó Bella moviendo su cuerpo hacía atrás en un intento de romper el contacto físico que estaba a un segundo de intensificarse, sin embargo Edward se lo impidió.

- Y nos destruí a ambos –finalmente aseguró Edward besándola.

- Hiciste lo correcto al decírselo –le aseguró Emmett apenas divisó a Edward, en el primer piso de la casa, y aunque debió sorprenderse por la presencia de Emmett, no lo hizo. Camino hasta su encuentro y se sentó frente a él.

Emmett camino hasta el refrigerador y sacó una cerveza, la abrió y se la entregó a Edward, luego tomó la suya que había dejado sobre el mostrador de la cocina.

- ¿De verdad lo crees? –quiso saber Edward.

- Totalmente. –insistió este luego de tomar un sorbo de su bebida.

- Carlisle te pidió que vinieras –adivinó Edward.

Emmett se sonrió.

- Él tenía sus dudas de cómo iban a resolverlo ustedes dos –confirmó apoyando su cuerpo contra el lavamanos. –Pero, si te sirve de algo, yo tenía toda mi fe puesta en ustedes dos –añadió botando la botella vacía en la basura.

Edward se sonrojó al recordar el beso que se habían dado con Bella hacía cuestión de minutos. Lo que era técnicamente impensable después de todo lo que había sucedido. Tres años separados pero por esos escasos minutos en que estuvieron besándose parecía que nunca lo hubieran estado. Siempre había sabido que su amor permanecia intacto por ella, pero tenía sus dudas respecto al amor de ella, las que claramente ahora se habían disipado.

- No estoy seguro que la merezcamos, al menos yo –exclamó mientras Emmett se dirigía a la puerta, para irse. En el camino tomó su chaqueta y mientras se la colocaba, le habló.

- No sonaron las alarmas Edward… -refutó mientras le daba una última mirada a su amigo -Lo que no te mata te hace más fuerte, Buenas noche dale un beso de mi parte -añadió Emmett para finalmente cerrar la puerta tras él.

Era noche de luna llena, lo que era completamente ventajoso para lo que estaba a punto de hacer. La silueta de Edward podía verse perfectamente a través de la penumbra. Hacía un par de horas que se había quedado dormido, y como lo había sospechado Edward había bajado sus defensas por completo. Caminó lentamente hasta que lo tuvo frente a él. No tuvo que buscar demasiado para encontrar lo que buscaba. El reflejo que propinó el teléfono móvil de Edward sobre la mesa de noche le ayudo. Lo desconecto suavemente y luego de tomarlo entre sus manos salió de la habitación tan sigilosamente como entró.

Camino por el pasillo del segundo piso, se alejó lo suficiente de la entrada de la habitación de Edward y aunque el móvil tenía clave, no fue problema descifrarla. Buscó entre los contactos habituales, cuando encontró el que buscaba, marcó.

No alcanzaron a sonar tres ring, cuando su interlocutor contestó.

- Estoy Dentro

- Bien hecho Agente Swan –contestó un muy satisfecho Aro Volturi.