N/A: Tengo que decir, este es el penúltimo capítulo. Ojalá lo disfruten. Muchas gracias =)

Disclaimer: Los personajes son de JK Rowling.


IX

Primera cita

Te sientas en una banca observando el paisaje. Lo aprecias; sólo es una plaza en donde juegan niños y sus padres los observan atentos y desesperados evitando que algunos no se coman la tierra, otros no se caigan de boca por el tobogán y otros no se escapen corriendo hasta la calle. Sonríes al ver a una pequeña acercarse a ti y levantar su mano tendiéndote algo que con cuidado tomas. Te quedas observando sus ojos perlados, ya que su madre está gritándole para que te deje tranquila y se le humedecen. Lo que tu mano sostiene es una pequeña hoja recogida del suelo, bastante machacada, que la niña había llevado por media hora como su trofeo de guerra contra otros pequeños indios. La mujer te sonríe y toma a su hija en brazos regañándola, luego la traviesa niñita empieza a reír y te guiña un ojo mientras abraza a su mamá.

Te preguntas si los pequeños inocentes no son como los animales domésticos, que sienten más allá de lo que ven y se dan cuenta cuando una mujer está embarazada. De otro modo, no te explicas cómo podría ser que por primera vez algún niño se te acercara de esa forma, con complicidad.

Esperas un rato más y suspiras entre tanto. Repentinamente tu visión se interrumpe, alguien te tapa los ojos con una mano, y a pesar de haberlo sentido sólo una vez y en base a un sueño, no evitas recordar de quién se trata aquel tacto. Pronuncias su nombre con nerviosismo y él se deja ver. Se da la vuelta y se sienta a tu lado. También se ve tan nervioso como tú. La brisa de otoño despeina imperceptiblemente su cabello azabache y te mira con sus orbes verdes esperando que rompas el silencio.

—Hola —No se te ocurre mejor manera de empezar una conversación que tenían pendiente hacía una semana, cuando recordaste lo que habían vivido.

—Hola, ¿cómo has estado? —te pregunta evidentemente preocupado.

—No del todo bien, muchas náuseas —comentas haciendo una pequeña sonrisa de desagrado.

—¿Qué vamos a hacer, Hermione? —Se refriega las manos en su pantalón con nerviosismo.

—¿Qué vamos a hacer con qué? —preguntas frunciendo el entrecejo.

—Con el bebé, no… ¿Sigues sin quererlo?

—Lo de antes fue un impulso, yo… ¡Entiéndeme! ¿Cómo podía ser que tuviera un hijo si ni siquiera había un padre? Pero ahora estás tú… Por supuesto que no era lo que planeaba pero… sí, lo quiero —te explicas intentando no recordar que podrías haber matado a tu futuro hijo.

—Mejor así… —Lo ves meditando y te acaricia una mano con la suya, un leve roce que te hace estremecer. Luego te sonríe pero burlonamente y eso te desconcierta.

—¿Qué pasa?

—Estaba recordando nuestro sueño… Jamás imaginé que pudiera t-tenerte así —Te sonrojas ante lo que dice.

—Ni yo me reconocí en ese momento. —Tu estómago gruñe inoportuno y Harry te mira y se ríe.

—¿Quieres ir a comer algo? —Lo miras dudosa. Todo lo que comiste últimamente no te sentó muy bien—. ¿Tomar un helado?

—Bueno… Pero no me culpes si tengo que salir corriendo para vomitar —le adviertes con una pequeña sonrisita y juntos se levantan para caminar hacia el puesto de helados que se encuentra cruzando la plaza. Involuntariamente, entrelaza tu mano con la suya y sientes cómo el calor regresa a tus mejillas y alborota tus hormonas.

Luego, mientras están sentados cada uno con un helado, no evitas sentirte a cada minuto más cómoda. Hablas con él como si nada hubiese pasado, como si fuesen los mejores amigos de siempre, sólo que con una complicidad diferente. Como cuando se manifiestan detalles que demuestran a simple vista lo que ambos son sin darse cuenta. Detalles como que Harry te limpie la comisura de tus labios con su pulgar delicadamente, te observe con ojos brillantes y en tu rostro no se retire ese permanente rubor. Detalles que hacen ver a ojos externos, que son una pareja reciente pero muy enamorada.

—Ron me contó lo que pasó aquella noche en que lo descubriste… —comenta Harry introduciendo un tema para conversar cuando acaban los helados.

—Sí, fue completamente bizarro… Por un lado me hace feliz que esté con alguien, pero ese es el problema, no está con ella, es algo físico. De sólo pensar que pueda sufrir por esa… Me da rabia —aseguras.

—¿No estarás celosa?

—No, no son celos… No es lo mismo que sentí cuando él estuvo con Lavender. Pero creo que ya tiene suficiente con lo que pasó con nosotros. Sé que no quiere demostrarlo, pero tal vez sí esté enojado con nosotros…

—Hermione, Ron estuvo al tanto de todo. Además lo conoces bien. Si estuviese enojado te lo echaría en cara cuando estuviesen a solas, sabes cómo es… Él se está enamorando de Greengrass, dice que no pero creo que es así. Y a ella no la conozco bien, pero cuando se aparece por el ministerio, cuando lo mira… No sé, es como si de verdad le pasara algo con Ron, no creo que sólo sea físico… —conviene Harry.

Pensarlo de esa forma te alivia, tal vez, aunque fuera muy difícil para los demás, esa pareja podría funcionar, y si tu amigo era feliz, tú lo serías también. Harry estaría contigo a pesar de todo. Repentinamente, lo miras como queriendo trasmitirle la paz que gobierna tu interior, que ya no sientes dudas al respecto, que has entendido por fin absolutamente todo lo que sucedió en un mundo paralelo, pero quieres volver realidad lo onírico, quieres comprobar que todo es verdad. Y lo primero que viene a tu mente, el impulso que te envía el corazón, dice que una primera cita no sería perfecta si no existiera un beso. Tomas su nuca acariciando su cabello e inclinas tu cabeza a un costado, acercándote y apoyando tus labios sobre los de él, que te abrasan inmediatamente sumándose a la danza de ellos y el juego adictivo de sus lenguas. Aclamado roce sensual que te vuelve a estremecer y a recordar todo lo vivido en el letargo.

Onírico, onírico y real.