Amor de Uno: Por una Mazorca
Drabble No. 9, Traslado
-por GirlBender L-
.
.
.
En una ocasión estaba almorzando con mi padre, mi madre y Hanabi, mi hermanita menor. Había un clima templado rodeando la ciudad de Konoha, y conversábamos de distintas cosas.
-Creo que cambiaré mi escuela de Artes marciales a otro lugar.- Esperen, ¿Qué había dicho padre? Santos cielos, sentí mi mundo derrumbar.
-¿P-por qué?- me atreví a cuestionar, y es que en verdad me generaba mucha intriga la razón tras su decisión.
-Porque el lugar en donde estamos se encuentra muy oculto, y además me ofrecen una buena oferta en aquel centro comercial vacío.- Honestamente no recuerdo que fue lo que siguió. Bla, bla, bla; yo ocultando mi preocupación. Ellos cambiando de tema, y luego yo en un rato de silencio, analizando todo con detenimiento.
No me molestaba que nuestra academia creciera, digo, era lo normal y resultaba beneficioso para mí. Además sería bonito llegar a estar en un centro comercial, sobre el segundo nivel, viendo a las personas andar y los autos estacionarse desde arriba; y poder observar el sol y los árboles todos los días. Eso no era lo que me angustiaba, de hecho, hasta parecía agradable….
Lo que tanto me dolía y calaba hasta el fondo de mi alma era la simple razón de que al trasladarnos, tú probablemente no llegarías más a los entrenamientos. Y es que si bien, en donde estábamos antes asistías, era porque vivías al lado izquierdo. La casa siguiente a la de Tenten. Solo caminabas como cinco pasos y ya te hallabas frente a la puerta. Pero, ¿tú caminando durante diez o quince minutos para llegar? No, sabía que eso no pasaría, y que tus padres no te llevarían.
Dios mío, no entendía cómo era posible amar tanto en cuestión de cuatro meses. ¡No lo entendía! Y es que tú, con tu determinación, valentía y entusiasmo por la vida hacías de mi existencia la mejor de todas.
Pasaron unas semanas, y hasta dos días antes de que cambiáramos de lugar de entreno, tú te enteraste. ¡Pero qué despiste el que llevabas contigo! Aquella tarde en que recibiste la noticia, tu rostro se desfiguró y palideciste, para luego comenzar a alegar que ya no podrías llegar entonces. Listo, tal y como lo predecía: mi felicidad a tu lado pronto se acabaría. Bendita sea la hora en que te conocí, pero olvidada sea también. Listo, llegábamos a jueves: el último día en que sabría de ti, por el resto de mi vida. Escribí fugazmente una carta para declararte mi cariño, de cómo te volviste mi primer ejemplo a seguir, la primera persona a la que admiré, el inolvidable amor de mi vida. No era un gesto muy romántico: la leerías hasta estar en tu casa y encima de todo verías que está impresa.
El último día llega, guardo la carta entre uno de mis zapatos y ambos nos adentramos al área de entreno. Me abrazaste entonces como nunca nadie lo hizo ni lo ha hecho, y dijiste con tu dulce voz: -¡Es nuestro último día aquí!- Y mientras yo correspondía tu gesto, pensaba en lo mucho, y a la vez poco que habíamos compartido. Dios, era mi última hora a tu lado. ¿Qué el destino no nos quería juntos?
Pues eso pensaba y sigo pensando incluso hoy. Sin embargo aquella vez, se me presentó otra oportunidad más. Seguiste llegando. Y mi corazón se regocijaba al verte caminar hacia mí.
Darlings, olvidé agradecerles por sus reviews anteriores. Me encantan y me alegran, jajajaj.
¿Alguien cuenta algo interesante por aquí?
En el próximo capítulo: "Mi probabilidad de suegra."
