Capítulo 9.
Como de costumbre, apenas sonó el timbre saltó de su asiento y corrió a buscar a su hermano –¿Aquí o en el patio?– preguntó alegremente con su caja de almuerzo en mano.
–Aquí– respondió Kousuke luego de observar como la mayoría de sus compañeros salían del salón –La clase se me hizo un poco larga, muero de hambre– comentó inclinándose para tomar su propia comida.
Acercó la silla del pupitre contiguo y se sentó frente a su hermano desenvolviendo la caja –Odio las clases de literatura... No usaremos nada de eso en la vida...
–No me gusta leer esas cosas antiguas y complicadas...– murmuró Kousuke haciendo un mohín –Si vamos a leer sobre peleas al menos podríamos tomar una historia como la de los súper héroes...
–¡Es cierto!– asintió llevándose el primer bocado a la boca –Podríamos estudiar nuestros comics, así sería mi clase favorita.
–También la mía...
–Oye, y... ¿Qué piensas de ella...?– preguntó cambiando el tema.
–¿De quién...?– su hermano lo miró con intriga –¿De la chica que te gusta?
–¡No! ¡Y ya no me gusta! Hablo de Tsubomi... ¿Qué piensas de ella...?
–Eh... Lo mismo...
–¿Sigues con esa cosa del fantasma?– preguntó frunciendo el ceño.
–¡No no! Ahora sé que es una niña...– aseguró –Pero... No sé qué pensar de ella...– murmuró bajando la mirada.
–Eso es porque no la conoces, en cuanto comiences a hablar con ella, vas a quererla muchísimo.
–Dudo que eso pase...– le confesó.
–¿Por qué...?– preguntó observándolo con desconcierto.
–Porque por su culpa tú nos mentiste durante mucho tiempo... No sé si podré perdonarle eso...
Se quedó observando a su hermano desconcertado, no podía estar hablando en serio... Ni en sus más locos sueños era capaz de imaginar a Kousuke molesto con alguien, y mucho menos con Tsubomi... Aunque él mismo no tuviera esos recuerdos de los que ella hablaba, le parecía completamente impensable, que esos dos no se hicieran grandes amigos.
–Kousuke... Yo mentí porque quise... Ella no tiene nada que ver...
–¡Tiene todo que ver! Y me da miedo que termines convirtiéndote en un mentiroso... Con tu poder, no podríamos distinguir tus mentiras de la verdad...
–¿Qué clase de persona crees que soy?– preguntó frunciendo el ceño –Yo nunca haría eso... Es verdad que mentí, pero fue por una buena causa... Nunca le mentiría a ustedes por gusto.
–Aún por una buena razón, las mentiras son mentiras– susurró Kousuke volviendo a su comida –. Te hacen daño a ti y a los demás... Las mentiras siempre son malas...
Exhaló girando los ojos, ¿cómo explicarle a su hermanito que odia las mentiras, que una mentira piadosa podía hacer mucho más bien que mil verdades? –Sí, lo que digas... Intentaré limitar mis mentiras al mínimo...
–¿Eso es una mentira...?
–¡Claro que no!
–Bien– asintió luego de verlo por unos segundos fijamente.
Por algún motivo sintió la necesidad de tragar duro, tal vez se debiera al pescado que estaba un poco seco, o quizás a la advertencia de su hermano, en forma de mirada que pareció atravesarlo por completo...
–¿Qué haces?– preguntó Kousuke luego de entrar a la habitación de su hermano, y encontrarlo, observando la puerta con expresión de terror y una tijera en sus manos.
–Ahh... Eres tú...– exhaló Shuuya, relajándose al instante, al tiempo que en la silla delante de él, Tsubomi se hacía visible –Por favor, avisa antes de entrar, o nos dará un infarto...
–¿Ahora tengo que pedir permiso para entrar?– preguntó sentándose en la cama.
–¡No es eso! ¡Es que si sabemos que eres tú, no hay necesidad de que ella desaparezca!
Observó con seriedad a la niña, estaba sentada en silencio y parecía no querer mirarlo por algún motivo –Y, ¿qué hacían?
–Le corto el cabello– explicó Shuuya volviendo a concentrarse en su tarea.
–¿Más corto...? ¿No te gusta el cabello largo?– preguntó a la niña, con franca curiosidad.
Ella tardó unos segundos en responder, como si le costara comprender que la pregunta iba a su persona –N-No es eso... Es que aún tiene partes quemadas... El olor es molesto... No se va con un baño...
Aquello le hizo comprender la situación un poco mejor, no se trataba solamente de su hermano escondiendo a una chica... La relación de ambos era mucho más profunda que eso, ellos ya tenían su propia forma de interactuar, sus propios códigos, su propia vida creada aparte de los demás.
–¡Ouch! ¡Cuidado con esa tijera! ¡Vas a lastimarme!
–¡Lo siento! ¡Lo haré bien, sólo no te muevas tanto!
–No me tires del cabello y no me moveré.
–Entonces...– comenzó a hablar, interrumpiendo la charla de su hermano y la niña, había algo que no le gustaba de verlos tan cerca –¿Cuándo vamos a hacer la tarea?
–¡En un momento, ya casi termino!
Esperó pacientemente los diez minutos que Shuuya tardó en cortar algunos mechones desparejos en esa niña. Se sentía un poco culpable por ese rechazo instintivo hacia ella, pero era inevitable...
La niña era un extraño que apareció de la nada a robarle a su hermano... No podía verla de otra forma.
Kousuke la odiaba... Aunque Shuuya jurara y perjurara que no era así, ella lo percibía con claridad. El que en sus recuerdos fuera su querido hermanito del alma, ese que la adoraba y que siempre tenía una tierna sonrisa y un cálido abrazo para ella... En la realidad, simplemente la aborrecía.
Deseaba que todo aquello fuera simplemente una impresión errónea, pero al verlo intentando alejar a Shuuya de su lado en momentos como ese, en los cuales los tres decidían ir al parque a jugar, no había duda de que no la soportaba.
–¡¿Vendrá con nosotros?!– preguntó Kousuke deteniéndose a mitad de la acera.
–Viene con nosotros...– lo corrigió Shuuya con una gran sonrisa, quien parecía no darse cuenta de la tensa situación, o simplemente era un tonto.
Miró a todos lados, una vez que se cercioró de que nadie más veía en esa dirección desactivó su poder, ganándose una mirada molesta por parte de Kousuke.
–¿Por qué? Creí que iríamos al parque a jugar como siempre.
–Sí, pero ahora que sabes de ella, puede venir también, jugar entre tres es más divertido– aseguró el rubio.
–Eso no es verdad– negó el castaño retomando el camino.
–¿Cómo que no? Tú mismo dices eso cuando Ayano viene con nosotros– comentó Shuuya siguiéndolo.
–Ayano es diferente... Es... Ayano...
–Y Tsubomi es Tsubomi... No entiendo el punto...
Permaneció en el lugar, escuchando aquella discusión que se perdía en la distancia. Le hacía ilusión pasar un rato con ambos, pero no de esa forma, no si Kousuke iba a mirarla feo todo el rato. Se dio la vuelta activando sus ojos, pero antes de ser capaz de dar un paso, alguien tomó su brazo.
–¿A dónde vas? El parque es para el otro lado– dijo Shuuya tirando de ella, dejándola sin escapatoria, y la arrastró hasta el parque haciendo oídos sordos de sus quejas.
En un principio se molestó, pero al llegar al lugar en cuestión, había comprendido un poco mejor aquella faceta de su hermano... Él no se estaba comportando como un idiota, tampoco era como si no supiera leer el ambiente... Su hermano simplemente estaba ignorando las malas vibras y haciendo todo lo posible para unirlos...
Shuuya era un gran chico... Todos sus hermanos lo eran...
Pero él... Era especial...
Un sentimiento extraño, una especie de angustia se apoderaba de ella cuando pensaba en aquello, en la forma en que Shuuya siempre cuidaba de todos, la forma en que los protegía y procuraba siempre alegrarlos...
"La forma en que siempre nos pone antes que a su propia felicidad..."
Nunca sabría de dónde vino aquel pensamiento...
–¿A qué jugamos?– preguntó Kousuke, al menos, tal como en sus recuerdos, no era un niño al cual le durara demasiado un enojo.
–¡A las escondidas!– sugirió Shuuya –De a dos son aburridas, pero de a tres será muy divertido, ¿qué dices Tsubomi?
–Por mí está bien– respondió ausentemente.
–¡¿Y si hace trampa?!– preguntó Kousuke señalándola –Puede desaparecer, y así no la encontraremos nunca.
–¡Yo no haría trampa!– se defendió de inmediato –No soy ese tipo de persona...
–Empezaré buscando– ofreció Shuuya –Puedo encontrarla por mejor que se oculte– aseguró con orgullo.
–Eso no es verdad– respondió cruzándose de brazos ofendida –¡No necesito mis poderes para ocultarme tan bien que no puedas encontrarme!
–Eso se está por ver~~
Con aquella sentencia, comenzó el juego...
Juego que tan inocente y honesto como fue planteado, pronto degeneró en tres niños con un rojo intenso en su mirada, valiéndose de sus poderes para encontrar y no ser encontrados.
Shuuya fue quien comenzó a romper las reglas de juego, mimetizándose con los adultos del entorno mientras Tsubomi lo buscaba. Esto desencadenó una discusión y que ahora fuera ella quien activara sus poderes para estar en igualdad de condiciones. No hace falta mencionar que Kousuke encontró los propios muy útiles cuando le tocó buscar a su hermano y a la niña.
Cuando el sol bajó lo suficiente para que decidieran regresar a casa, las cosas entre Kousuke y Tsubomi no habían mejorado sustancialmente, pero al menos habían sido capaces de compartir un juego de forma más o menos amena.
–¿Te sientes bien?– preguntó por novena vez.
–¡Deja de preguntar, ¿quieres?!- le reclamó bastante molesta e incómoda.
–Pero... No te ves bien...
–¡No es asunto tuyo!
–¡¿Entonces de verdad te sientes mal?!
–¡Déjame en paz!– le gritó antes de levantarse y salir de la habitación de su hermano sin importarle si alguien la veía.
–¡Espera! ¡¿A dónde vas?!- corrió tras ella confundido y preocupado. Llevaban más de tres meses de convivencia, y nunca la había visto enferma... O de tan mal humor por la nada misma.
Ella simplemente lo ignoró, así que no tuvo otra opción más que seguirla para averiguar aquello, tampoco podía dejarla caminar sola y completamente visible por el pasillo, sus padres podrían regresar en cualquier momento o su hermana salir de su habitación y descubrirla.
Cuando al fin comprendió que ella simplemente iba al baño, y luego de detectar por una fracción de segundo como ponía una mano en su estómago, se tranquilizó un poco, probablemente la cena de la noche anterior no le sentó bien, sí... Eso debía ser.
Como cada vez, permaneció recargado en la pared, a unos centímetros apenas de la puerta del baño, haciendo guardia. A los ojos de cualquier otra persona que apareciera de la nada, él estaría sentado en el marco de la ventana jugando despreocupadamente con su consola portátil. Después de tanto tiempo su familia encontraba su rutina algo... sospechosa, por lo que debía tomar esa clase de precauciones.
No le extrañó que se demorara un poco más de lo usual dentro, y evitó pegar su oreja a la puerta para escuchar los sonidos del interior del baño, aquello sería desagradable, y poco propio del hermano protector que pretendía ser.
Sin embargo debía admitir que se arrepintió un poco de aquello, cuando la vio salir aún más pálida de lo que había entrado, con tal expresión de terror que en apenas un instante le contagió el pánico.
–¿Qué pasó?– preguntó alarmado pero en voz baja.
–M-Me voy a morir...– murmuró ella en un hilo de voz antes de correr a encerrarse en la habitación que ambos compartían.
–¿Qué...?– le preguntó al aire, con sus ojos completamente abiertos sin ser capaz de reaccionar.
Un par de minutos después cuando al fin retomó consciencia del tiempo y pudo ir tras ella, la encontró escondida en la tienda de campaña, hecha una bolita sollozando.
–Tsubomi... ¿Qué pasó...? ¿Por qué lloras?– le preguntó sentándose en el piso a su lado.
–N-No quiero decirte...– negó en una actitud tan dulce y sumisa que lo asustó aún más.
–¡Por favor dime! Lo que sea... ¡Si me lo dices le encontraré una solución!
Tsubomi lo miró por unos instantes antes de susurrar un quedo –Me estoy desangrando...
–¡¿Qué?!– gritó más fuerte de lo que debía –¡¿Cómo que desangrando?! ¡¿Dónde?!– chilló aterrado, pero ella permaneció en silencio –¡DIME!
–A-Ahí...– volvió a susurrar con su rostro enrojeciendo al instante.
–¡¿Ahí dónde?!
–A-Abajo...
–¡¿Los pies?!– preguntó recibiendo una suave patada en el rostro cuando intentó quitarle las medias.
–¡No tan abajo!– le chilló ella sentándose para encararlo –Cuando fui al baño... Y me limpié... Había sangre...– le explicó con dificultad tragándose su orgullo.
La miró fijamente antes de soltar un sentido –Demonios...– sólo imaginarlo le daba terror, aquello no podía ser nada bueno –¿T-Te duele...?– preguntó tentativamente y ella asintió.
–También me duele mucho la panza... Desde que desperté...– confesó antes de mirarlo fijamente –¿Voy a morirme...?
Negó por simple instinto pero sin saber qué responder.
–¡Niños, ya llegué!– escucharon el grito de Ayaka, y aquello le iluminó el día a Shuuya.
–¡Tranquila, hablaré con papá! Él es médico– le contó como si ella no lo supiera –, voy a pedirle que te atienda– se levantó decidido.
–¡Espera! ¡Él no puede verme!– intentó detenerlo.
–¡Hay cosas más importantes en este momento!– le recordó antes de correr a buscar a su padre.
Lo buscó, en la sala, el laboratorio y el garaje, pero ni siquiera la camioneta familiar estaba allí, así que se dirigió a la cocina donde encontró a Ayaka guardando los víveres.
–¡Mamá, ¿dónde está papá?!
–No está– respondió ella girándose para verlo –. Me dejó en casa y continuó hacia la clínica, hace un rato le avisaron que lo necesitaban.
–Oh...– murmuró con todas sus esperanzas cayéndose a pedazos, y su madre debió notarlo por la forma en que se acercó a él.
–¿Para qué lo necesitabas?
Hizo una mueca involuntaria mientras evaluaba sus opciones, su madre como una adulta tal vez tuviera una idea de lo que le sucedía a Tsubomi, pero no podía arriesgarse a revelar su gran secreto cuando no tenía la certeza de que alguien podía ayudarla.
–Tengo... Un amigo...– comenzó a decir, odiaba mentirle a sus padres, pero cuando de su hermana se trataba aquello estaba más que justificado –Le está pasando algo muy... Raro...
La mujer levantó una ceja –Cuéntame...
–Le sale sangre por... Ese lugar...– explicó señalando su entrepierna, y no le gustó nada nada la expresión en el rostro de su madre.
–¡Shuuya eso puede ser muy malo! ¡¿Desde cuando te está pasando?!
–¡No es a mí!– exclamó de inmediato, ¿por qué siempre veían a través de sus mentiras cuando no usaba su máscara? –De verdad mamá, yo estoy bien... Pero me preocupa mi amigo...– murmuró lo último al borde de las lágrimas –¿Crees que se va a morir...?
–¡Claro que no!– exclamó de inmediato –Tu amigo debe decirle a sus padres y ellos lo llevarán a un especialista, así que no te preocupes por nada...– le sonrió en un intento por reconfortarlo, sin embargo aquello no funcionó.
–¿Y si no les dice...?– preguntó desesperado –¡Ella no tiene nadie a quién...!– se cubrió la boca al darse cuenta de su desliz.
–¿Ella...?– preguntó Ayaka levantando una ceja –¿Desde el inicio estábamos hablando de una niña...?– volvió a preguntarle, pero él se mantuvo en silencio –Shuuya, responde.
–¿Tiene alguna diferencia...?– se encogió de hombros con tristeza, su hermanita estaba gravemente enferma y la única forma de ayudarla sería tirar por la borda todo lo que tanto trabajo les había costado construir.
Ayaka rió –Es completamente diferente...– aseguró –Ven, vamos a sentarnos... Confieso que nunca creí que tendría "la charla" con uno de mis hijos varones, pero...– lo condujo a la mesa de la cocina.
–Entonces... ¿Es normal?– preguntó Tsubomi observando la compresa que él le había entregado.
–¡Sí!– asintió su hermano con una sonrisa de oreja a oreja –Ahora creo que las niñas son aún más raras si les pasa eso... ¡Pero estás completamente sana! ¡¿No es genial?!– preguntó emocionado.
–Sí... Supongo...– murmuró –Pero... ¿De dónde sacaste esto?
–Se lo robé a Ayano... Mamá dijo que las necesitarías... Lo malo es que no creo poder robarle muchas más sin que se de cuenta, y mamá me dijo que se necesita mínimo un paquete al mes así que en la tarde iré a la farmacia a comprar más.
–¿De verdad?– lo miró sorprendida, y él asintió –Y... ¿Mamá no sospecha nada...?
–Bueno...– se rascó la cabeza –Creo que ahora piensa que tengo una novia en la escuela o algo por el estilo... ¡Pero eso no importa! ¡No estás enferma, ¿no es genial?!– volvió a sonreírle.
No pudo evitar sonreír de vuelta, su hermano podía ser la persona más tierna del mundo incluso en las situaciones más raras.
Continuará.
Hola a todos... Egresada y recargada, Treku volvió :D
Les pido disculpas por estos meses, como les avisé antes fueron terribles, pero valieron la pena, el 9 de diciembre terminé la carrera, y entre el trabajo, y algunos trámites, (y el Zelda the Minish Cap), no tuve tiempo ni inspiración para dedicarme a esto. Pero de a poco la inspiración va regresando, y espero que vuelva con todo muy pronto.
Respecto al capítulo siento que quedó corto, pero de a poco retomaré el ritmo.
Le agradezco a Ryunnoko por ayudarme con el tópico de la última parte, porque no estaba muy segura de hacer la escena, y charlarlo con ella y que me diera ánimos me hizo decidirme a hacerla.
Por otro lado agradezco a todos los que retomen la lectura de esta historia a pesar del eterno hiatus, espero no volver a hacerles esperar tanto.
A continuación paso a responder los comentarios:
DianiX: Antes que nada, muchísimas gracias por el comentario, me alegra mucho tener una lectora más :D. Tranquila, seguí tu consejo y me enfoqué en terminar todo como es debido, y respecto a tu teoría, es muy interesante, sin embargo según recuerdo, al menos por el manga, la bufanda que Tsubomi le daba a Shuuya no era la misma que la que usaba Ayano... Corrígeme si me equivoco, pero en el manga la bufanda que Tsubomi le regala es escocesa... Aunque puede que la versión de la novela sea un poco diferente también en ese aspecto, si es así no recuerdo haber leído aquel detalle, pero siempre se me pasan cosas por la mala traducción al español, avísame así me informo un poco mejor. Muchísimas gracias por el comentario, nos leemos :D.
Madmoiselle Noir: Bienvenida al fic, y por supuesto que voy a seguir, muchas gracias por escribirme. Nos leemos pronto.
Espero que hayan disfrutado esta actualización.
Hasta la próxima.
Trekumy.
