¡Capítulo 7! ¡Hell yeah!

Aprovechando el tan festejado día feriado en mi País, he terminado este capítulo que, aún y cuando es mucho, MUCHO dialogo, me en-can-tó escribirlo. Y dado que muchas de ustedes quedaron infartadas (y algunas más mencionaron tener su alma destrozada) con el último capítulo y el EXTRA #2, he decidido traerles algo tranquilo, dentro de lo que cabe en esta historia.

Eso sí; tranquilo pero vital.

Advertencias: Ninguna, salvo como ya mencioné antes; muchos diálogos.

Dedicado para mi linda, linda amiga y colega, Chonik. Además, LucetNovae, ¡claro que tus comentarios tienen un inmenso valor! Has estado aquí desde el principio y tienes derecho a decir TODO lo que tengas en mente. Siempre tomaré en cuenta los comentarios. ¡Ustedes me enamoran con sus mensajes!

¡Sol-Sen! ¡Muchas, muchas gracias por la opinión que tienes acerca de esta servidora y sus locas ideas! Y claro que leo todos tus mensajes, todos son muy significativos para mí.

¡Por favor disfruten la lectura!

Capítulo 7: Víctima y victimario.

Despertó con cada musculo de su cuerpo adolorido tras pasar una noche completamente delirante; recordaba el rostro decepcionado de Donatello y aquellos ojos ausentes de la felicidad que momentos atrás habían experimentado tras una inmejorable sesión de sexo.

O al menos así lo consideraba Raphael, pues no recordaba que alguna de sus aventuras le hubiera dado tal satisfacción que la que su hermano le había otorgado la noche anterior.

«Aunque Donnie no parecía tan feliz durante ni después de hacerlo» se dijo mientras observaba alrededor de su habitación con pereza.

Tenía tanta hambre que comería cualquier cosa que Mikey le preparara e incluso pediría repeticiones, pero no recordaba tener tanto tiempo sin probar bocado como para sentir tal vacío en su estómago.

Entonces el cansancio extremo volvió a su cuerpo y gracias a eso pudo concentrar su vista en lo que ocurría en su habitación en lugar de querer levantarse para buscar alimento.

—¿Dónde está Casey? —se preguntó al ver que su hamaca estaba intacta y no había ropa y accesorios de hombre esparcidos por la habitación como últimamente ocurría.

Fijó su vista en el reloj y calendario digital que April les había obsequiado a todos hace dos cumpleaños y se dio cuenta de algo terrible.

Tres días; si no se equivocaba, había pasado tres días en cama, con altas temperaturas y fuertes dolores provocadas por una infección que lo debilito hasta quedar postrado durante tantos días.

Pero sabía que era y verdad y que nada de aquello lo estaba alucinando, pues ahora venían a su mente los recuerdo de unos preocupados Splinter y Mikey medicándolo, tratando de alimentarlo, e incluso cambiando las pequeñas toallas que ponían en su frente para poder regularizar su temperatura.

Incluso recordaba el rostro de su padre y la extraña expresión que le regaló cuando, tras un largo y agotador sueño, abrió los ojos simplemente para pronunciar el nombre de su hermano Donatello.

Te equivocas, hijo. Soy yo, tu padre. Tu hermano vendrá en un par de horas más para revisar el estado en el que te encuentras; él dice que no tardarás mucho en volver a ser el mismo de antes.

Daba gracias a todos los cielos porque Splinter no se había enterado del porqué su insistencia por ver y hablar con Donnie; fue ahí cuando la pesada hambre que sentía en su estomago se fue para dar paso a la preocupación y al vacío que acarrea el nerviosismo, pues si algo no había abandonado su mente todos esos días que se mantuvo en cama, fue la mirada de dolor de su hermano menor tras ser confundido con alguien a quien adoraba y admiraba tanto como lo era Leonardo.

Lo sintió temblar bajo su cuerpo, y tras mirarlo con tanto asombro en sus ojos rojizos, desvió la mirada y lo empujó con suficiente fuerza para quitárselo de encima; el fuerte mareo y las punzadas de dolor en su cabeza volvieron en cuanto aquél nombre se le escapó por accidente y su hermano pareció desquebrajarse de a poco.

El malestar que se había ido lejos gracias al grandioso orgasmo que había sentido al disfrutar del cuerpo del menor, había vuelto de golpe gracias a su ineptitud tras no poder satisfacer como se debe a alguien tan sentimental como lo era Donatello.

Donnie, yo…

Aléjate —lo interrumpió, posicionando una mano entre ellos para que no se le ocurriera acercarse.

El más joven desvió la mirada inmediatamente y se quedó así unos momentos, tratando de digerir lo que hacía nada, ocurrió dentro de aquella habitación sucia y con extraños olores rodeándolos.

Justo en este momento olía a humedad, o más bien, a un tipo de humedad difícil de describir, pues se trataba del olor del sudor de Raphael combinado con el suyo. Pero no llegaba hasta ahí, si no que ahora mismo los fluidos expulsados entre sus cuerpos comenzaban a llenar el ambiente.

Era por eso que no podía dejar de pensar en lo que acababa de pasar; él y su hermano recién tuvieron relaciones, y lo tenía más que presente en la parte más íntima de su cuerpo dado a que Raphael aún se encontraba dentro de él, por lo que el dolor y el fuerte ardor que se volvía cada vez más presente.

Había tenido sexo con Raphael.

Había tenido sexo con Raphael y lo había disfrutado TAN poco.

Había tenido sexo con Raphael y… había sido llamado con otro nombre.

Pero no con cualquier nombre, si no que era aquél que pertenecía a su hermano mayor.

Hubiera preferido que mencionara el nombre de una mujer desconocida, cuyo destino era el de pertenecer a una de esas tantas prostitutas que Raphael contrataba cada cierto tiempo con ayuda de Casey.

Definitivamente aquello habría dolido menos.

Se alejó un poco más de aquél cuerpo cuyos ojos no dejaban de mirarlo, estirando levemente sus piernas para quedar su caparazón cada vez más pegado contra el ruidoso respaldo de la cama. No pudo evitar soltar un quejido ante la extraña sensación del miembro de Raphael finalmente saliendo de su interior, seguido de aquél espeso fluido que su hermano había procurado liberar dentro suyo, convirtiendo aquello en algo totalmente incomodo cuando el semen de Raphael comenzó a pegarse entre sus muslos.

Aquello sólo ayudaba a que el ardor en su parte baja aumentara.

Esto lo llevó a intentar retirarse un poco más de su hermano, pero el recordatorio de aquél frio respaldo lo hizo volver a la realidad. Fue ahí cuando no encontró más salida y se detuvo.

Donnie… Lo siento tanto. En verdad no quise…—intentó tomar su rostro para que volteara a verlo.

¡NO ME TOQUES!

De un manotazo, Donatello alejó la mano que despacio se acercaba, evitando que siquiera un dedo rozara su piel.

Raphael observó aquella mirada dilatada concentrarse en él, justo en el momento exacto en que sintió que todos sus pensamientos comenzaban a bloquearse debido a que los mareos aumentaban.

Déjame explicarte, D… Lo que pasa es que Leo y yo…

Por favor vete, Raphael.

Volvió a desviarle la mirada, pero esta vez con la voz totalmente temblorosa y supo que estaba soportando una lágrima al ver aquella insistencia por no quitar sus ojos del suelo mientras mordía su labio inferior con evidente furia reprimida.

¡QUE TE VAYAS!

Finalmente explotó, empujando con ambas manos el pesado cuerpo de su hermano mayor, quien quedó a nada de caer de la cama gracias a que pudo detenerse al poner una de sus manos en el filo del endurecido colchón.

No me voy a ir, Donnie; necesito hablar contigo antes de que termines de hacerte una idea equivocada sobre lo que ocurrió —argumentó el mayor, volviendo a su posición sobre las piernas de su hermano—. Además; esta es mi habitación.

Pero Donatello no le tuvo la paciencia que esperaba, pues removió fuertemente sus piernas hasta que logró liberarlas tras permanecer atrapadas debajo del mayor y salió de la cama, llevándose la blanca sabana con él, la cual permanecía enredada en su delgado cuerpo.

¡No te vayas! —le pidió Rapha, mientras veía al otro luchar contra su peso por liberar una pequeña porción de la sabana—. ¡Tienes que dejar que te explique que…!

Antes de permitirle terminar, Donatello aló más fuerte, a lo cual Raphael puso toda su fuerza en atraerlo nuevamente hacia él mediante aquél pedazo de tela.

El más joven trastabilló un poco pero logró desenredar la sabana de su cuerpo, dejando a Raphael con el accesorio entre sus manos.

Agitado por tanto luchar, Donnie lo observó unos momentos con rencor mientras lo veía hacer a un lado ese pedazo de tela tan aclamado por ambos, hasta que notó a Raphael concentrarse en ella cuando inevitablemente ambos concentraron sus miradas en unos diminutos puntos rojos que manchaban el impoluto blanco sobre las manos de Raphael.

Rápidamente, el mayor dirigió sus claros ojos a las delgadas piernas de su hermano, notando inmediatamente que aparte del opaco líquido que escurría por entre aquellos muslos, tenía unos muy notables hilos rojos desfilando hasta llegar a sus rodilleras, donde vieron interrumpido su camino.

Raphael se quedó perdido en aquella escena mientras el chico genio intentaba cubrirse con una mano, hasta que notó una ridícula esfera de nieve que Michelangelo le había reglado al mayor en una navidad pasada, por lo que inmediatamente la tomó y se la arrojó justo en el estómago, sacándole el poco aire que en estos momentos le quedaba.

Lo vio retorcerse sobre la cama, y con voz asfixiada, escuchó un ruego para que no se marchara, pero era evidente que no iba a quedarse ahí.

Raphael era un imbécil y en estos momentos lo único que deseaba hacer era estar lo más lejos posible de él.

El mayor de ambos se quedó recostado sobre su cama, observando adolorido el cuerpo de Donatello salir de su habitación y desaparecer ante su vista tras un fuerte portazo que seguramente, más de uno dentro de la guarida debió haberlo escuchado.

Donnie…—escuchó su propia voz debilitarse cada vez más mientras estiraba uno de sus brazos hacia la puerta con esperanza de que el otro volviera a su lado—. R-regresa… Tenemos que hablar.

Pero nada sucedió.

Donatello se había marchado, dejándolo a él con una terrible frustración después de haber experimentado el mayor placer en toda su vida. Sensación que todo el tiempo que duró el acto había tenido el rostro de su hermano mayor, pero extrañamente, sabía que aquél olor pertenecía a Donnie.

A su dulce y depresivo hermano menor.

Terminó de recostarse sobre su cama cuando el dolor de cabeza se volvió más punzante y su cuerpo cada vez más débil.

Tenía que admitirlo; se había equivocado como nunca en su vida, y era evidente que Donatello jamás lo perdonaría por algo como aquello.

Y por primera vez en muchos años, sintió miedo; miedo de perder para siempre a uno de sus hermanos y la relación tan única que todos llevaban como familia. Así que decidió levantarse de la cama e ir a buscarlo; si ya habían pasado tantos días como su aparato digital marcaba, tenía la esperanza de que su cabeza se encontrara un poco más fría que durante esa fatídica noche.

Aunque claro, ni de lejos menos molesto con él.

Caminó despacio esperando que sus piernas no flaquearan al momento de avanzar, descubriendo que a pesar del dolor muscular, se encontraba fuerte como un roble y ya no quedaba rastro de la fiebre y aquellos intolerables dolores de cabeza.

No alcanzó a llegar hasta la puerta cuando esta se abrió despacio, descubriendo la bajita figura de Mikey, quien llevaba una pequeña charola con algo de zumo, leche, tostadas y frutas en rodajas, seguramente para intentar alimentarlo al imaginar que seguía sumido en su delirante mundo.

—¡Raph! ¡Estás mejor! —se alegró el más joven, casi queriendo arrojársele encima a su hermano si no fuera porque llevaba un montón de comida en sus manos.

—¿Dónde está Donnie? —preguntó, dejando de lado la evidente felicidad de su hermanito por verlo en mejor estado de salud.

Pero Mikey no respondió y se limitó a desviar la mirada para evitar darle tantas explicaciones a su hermano.

—D está ocupado, Raph —ayudado por la charola, le dio unos cuantos empujones a Raphael para que diera media vuelta y volviera a la cama—. Por ahora es mejor que comas algo, ¿sí? Después de descansar y llenar tu estomago te explicaré que fue lo que ocurrió.

Raphael no se movió de su lugar aún y cuando Mikey seguía picándole el plastrón con el filo de la charola, notando inmediatamente que algo malo estaba ocurriendo cuando el más joven de sus hermanos comenzó a evadir su mirada constantemente.

No podía engañarlo; Mikey era un libro abierto para todos en esa familia.

Lo hizo a un lado con mucha facilidad y salió a paso moderado de su habitación mientras Michelangelo arrojaba la charola en una de las antiguas cómodas antes de perseguirlo por toda la estancia.

Raphael había dado un vistazo rápido dentro de la habitación de Donatello y salió disparado hacia el laboratorio en cuanto la encontró vacía; lo que más lo había desorientado de aquella fugaz vista había sido la cama totalmente desecha y las telarañas que ya comenzaban a formarse en las esquinas de las paredes; Donatello era bastante cuidadoso con la limpieza de su habitación y esta tenía que haber pasado más de un par de días sin ser utilizada como para que las telarañas ya pudieran notarse.

Entonces notó un escenario mucho más preocupante y desolador cuando llegó hasta las puertas del laboratorio; este se encontraba notablemente cerrado, mientras al menos una decena de piezas, entre las que se encontraban vasos, botellas con bebidas y algunos platos con comida y postres descansaban en el suelo, frente a las puertas del laboratorio. Algunos parecían tener mucho tiempo ahí al notar que la comida ya se encontraba en malas condiciones.

Logró notar una pequeña charola que contenía exactamente lo mismo que Mikey le había llevado a él para que desayunara, pero en cantidades mucho menores.

—No ha querido salir del laboratorio en tres días —escuchó la vocecita del menor mientras seguía analizando cada uno de esos platillos con comida—. Ni siquiera ha querido hablar con Splinter. No sale para absolutamente nada, salvo para revisar tu estado de salud una vez al día y darme un montón de píldoras para medicarte.

—¿Qué dice el sensei de todo esto? —preguntó.

—Que le demos tiempo —la voz de Mikey se volvía cada vez más triste—. Sabe que algo le pasa a Donnie pero no quiere obligarlo a hablar.

Gracias a eso Raphael notó que algo faltaba dentro de la guarida, pues esta se encontraba inquietantemente silenciosa.

—¿Dónde están los demás? —refiriendose a Splinter, Leo y Casey.

—Casey regresó a su casa la mañana siguiente en que Donatello regresó. Dijo que April por fin hablaría con él y no dudó en tomar sus cosas y marcharse. El hecho de que no regresara en estos tres días nos dice que April lo perdonó, pero no se han comunicado con nosotros de vuelta; Casey no sabía de tu situación de cama y al parecer tampoco saben que Donatello no se encuentra bien. Ahora mismo Leo y el maestro fueron en busca de nuestra amiga para que nos pueda decir que fue lo que le pasó a Donnie; lleva actuando así desde que volvió hace tres días, y dado que nadie ha podido hablar con él, no sabemos lo que ocurre.

La preocupada voz de su hermano sólo logró que sus entrañas se removieran un poco más en cuanto se supo el responsable de lo que ocurría con su hermano; los otros dos no lo sabían, pero Donatello había vuelto con una actitud completamente normal. Él había sido el responsable de que su hermano permaneciera tantos días encerrado y sin desear el contacto externo.

Tomó a Mikey de los hombros y con una ligera sonrisa le dijo sin palabras que no se preocupara. Acto seguido se posicionó frente a la puerta y comenzó a tocar; primero se trataron de golpes muy leves, manteniendo la esperanza de que su hermano por fin decidiera dejar de lado aquella actitud tan depresiva y se mostrara ante ellos. Pero nada ocurrió, y fue por eso que tuvo que poner más fuerza en sus golpes; de esa manera se enteraría que era urgente el poder hablar a solas.

—Tengo miedo, Rapha —dijo el más pequeño, jugando con sus deditos en señal de nerviosismo—. Donatello también está enfermo; la última vez que salió parecía muy débil y casi no tenía color en la piel. Jamás lo había visto tan delgado, aparte de que lo hemos visto salir corriendo directo a los baños sólo para volver el estómago y encerrarse de nuevo.

Raphael se preocupó ante estas palabras; si Donatello estaba deprimido por su culpa, no tenía porque comportarse de aquella manera. Eso sólo significaba que había algo más que lo estaba afectando, y la terrible situación en que su encuentro amoroso terminó no había ayudado del todo.

Pasaron cinco minutos y no tuvo ningún tipo de contestación. Diez minutos y Raphael comenzó a debilitarse, hasta que llegó a veinte y no tuvo más remedio que hacer todos esos platillos a un lado con ayuda de su pie para después sentarse, recargado en una de las puertas del laboratorio a esperar que su hermano se dignara si quiera a asomar su cabeza y se diera cuenta de lo preocupados que estaban por él.

Y también de las incontrolables ansias de Raphael por hablar con él y aclarar todo de una buena vez.

Al verlo ahí, dispuesto a esperar, Michelangelo salió corriendo en dirección a los dormitorios y volvió con la comida que estaba destinada desde un principio para su querido hermano mayor.

—Será mejor que comas un poco mientras esperamos —le entregó la charola en las manos—. Así evitarás una recaída.

—Gracias, Mike —aceptó la comida.

Comenzó a degustar un poco de fruta mientras sintió a su hermanito tomar asiento a al lado suyo dispuesto a esperar junto a él. En realidad no tenía hambre, pero Mikey tenía razón; tenía que reponer fuerzas para evitar caer en cama nuevamente.

Los minutos pasaron y la compañía del menor no era la mejor en cuanto a paciencia se trataba, pues no dejaba de lado aquél nerviosismo tan desesperante cuando nunca dejó de juguetear con sus dedos; se dio cuenta de que había algo más que quería mencionar pero no se atrevía. O tal vez no encontraba la manera de hacerlo.

—¿Hay algo más que deba saber antes de que los nervios te carcoman y te tragues tu propia lengua? —preguntó el mayor.

Mikey comenzó a temblar y en ningún momento volteó a verlo, por lo que Raphael se limitó a observar aquella extraña forma en la que seguía mordiéndose los labios para no soltar de golpe el seguro mar de palabras que se le irían encima.

Pero el más joven no pudo decir media palabra porque, tras una hora de espera fuera del laboratorio, las puertas se abrieron, haciéndolo caer caparazón al suelo al mismo tiempo en que Raphael se ponía de pie para enfrentar a su hermano.

Y hubiera funcionado de no ser porque Donatello lo evadió olímpicamente tras salir corriendo, saltando en primera estancia, el cuerpo de Michelangelo recostado sobre el suelo.

—¡Donnie! ¡Espera!

Raphael se olvidó por completo de Mikey y emprendió una persecución que lo llevó hasta los baños mas cercanos, donde lo vio entrar apresuradamente antes de cerrar la puerta y dejarlo fuera.

Se quedó observando la puerta aún y cuando la manija se encontraba sin llave, puesto que aquellos extraños sonidos que hacía Donatello al vomitar lo estaban inquietando de a poco.

Mikey tenía razón; Donnie no se encontraba bien de salud, pues lejos de querer salir para discutir con él sobre el camino que seguiría su relación, lo había hecho simplemente por las urgencias de liberar su estomago de algo que no era precisamente comida.

O por lo menos eso quería pensar al ver tanta comida que se había negado a ingerir desde hace tres días.

Espero pacientemente que el otro terminara ahí dentro, hasta que escuchó el sonido de la cadena del retrete seguido de interminables segundos con la llave del grifo abierta. Vaya que le urgía refrescarse.

Y entonces, cuando abrió la puerta, lo vio directamente a la cara, la cual pasó inmediatamente de un evidente gesto de malestar a uno de desconfianza.

—Déjame pasar —ordenó, sin mucho tacto en sus palabras.

—Lo haré después de que hablemos.

Pero a Donatello no le importó escucharlo, así que si no se quitaba por su cuenta, lo obligaría, comenzando con unos empujones tan débiles que Raphael simplemente no podía creer que se tratara de su hermano, el astuto ninja científico que siempre tenía un as bajo la manga para salir bien librado de casi cualquier situación.

—Dejaré que regreses a tu laboratorio después de que me escuches —dijo, poniendo fácil resistencia a los trágicos golpes que recibía por parte de su hermano—. Tienes que saber lo que realmente está sucediendo.

—¿Qué es lo que quieres que entienda? —preguntó el menor, siguiendo con aquella resistencia al intentar golpear en el rostro a Raphael—. ¿Qué nunca disfrutaste salir conmigo? ¿Qué al final todas las citas fueron una ridícula actuación que me tragué cual niño pequeño? ¡Ah! ¡No! ¡Espera! ¡Tal vez quieras que entienda que tuviste que pensar en alguien como Leonardo para poder cumplir como hombre aquella noche en la que me rogaste que tuviéramos sexo! ¡Me persuadiste con engaños para que me acostara contigo mientras pensabas en nuestro hermano! ¡NUESTRO HERMANO, RAPHAEL!

Arto de que su pelea física no funcionara, en cuanto vio aquella distracción en el rostro del mayor, Donatello aprovechó para poner todas sus fuerza y empujarlo a modo de separarlo un poco de su cuerpo, momento en el que por fin pudo escaparse de él, retomando nuevamente el camino a su laboratorio.

Pero al final de los pasillos se encontró con los grandes ojos de Michelangelo, observándolos a ambos con expresión de asombro seguramente por haber escuchado aquella conversación.

Donatello resistió el decir algunas palabras para su hermanito, pasando de largo para dejarlo a solas con Raphael, pero este, tras una pequeña punzada que apareció en su pecho al ver la terrible expresión del menor, le dijo un simple «Lo siento», antes de continuar su camino para detener a Donatello antes de que volviera a encerrarse en su laboratorio.

Más tarde hablaría con él, pidiéndole disculpas y aclarándole que no había absolutamente nada entre él y Leo.

Llegó al laboratorio justo en el momento en que Donnie tenía intenciones de encerrarse nuevamente, atravesando medio cuerpo para evitar que las puertas se cerraran, sorprendiendo al genio tras esta acción.

Raphael, aún de pie en el umbral, pudo darse cuenta de que aquél lugar estaba menos iluminado que antes, pues las luces en el cielo eran mucho más tenues que de costumbre, mientras que aquello que le daba un poco más de vista a todo, era un extraño artefacto sobre una de las mesas de experimentación que Donatello tenía justo en medio del laboratorio, pues aquella extraña caja de cristal reforzada se encontraba rodeada de bombillas que emitían un mínimo de energía, y cuyo propósito era el de… ¿incubar un huevo?

—¡Sal de mi laboratorio! —ordenó nuevamente al observar que Raphael cerraba las puertas tras él y acercaba despacio a la incubadora.

—¿Qué rayos es esto, Donatello? ¿Estás experimentando con huevos?

El rostro del joven más inteligente se volvió de pánico en cuanto su hermano comenzó a girar su vista hacia todos lados, observando detalladamente todo lo que tenía dentro del laboratorio en esos momentos.

Entonces escuchó la puerta abrirse nuevamente, viendo la pequeña presencia de Mikey dirigirse a ellos a paso moderado, pero no porque le pesara algún sentimiento que deseara exteriorizar, pues si era así, había quedado de lado en cuanto también puso sus ojos en el pequeño huevo que yacía sobre un montón de arena verde dentro de aquella incubadora.

—¡Oye, D! ¿Estás criando tortugas? —preguntó Mikey, aparentemente repuesto de aquél sentimiento que mostró momentos atrás.

—¿Tortugas? —se giró a verlo el mayor, pues su vista estaba concentrada en diversos acuarios de cristal que dejaban ver distintas especies de animales, como una lagartija de colores opacos que para nada se asemejaría a todas aquellas que se tenían de mascota, algunas ranas muy pequeñitas, e incluso una tortuga que parecía ser de agua, cuyo acondicionamiento era el más grande debido a su considerable tamaño al ser por lo menos el doble de cuando Spike aún era su mascota—. Explícate.

—Recuerdo que cuando entré aquí hace unos días —continuó el menor—, esa tortuguita comenzó a poner huevos y le pedí a Donnie que cuando naciera, me diera una como mascota. Pero después me dijo que esos huevos no servían, pues aún y cuando no se aparean con ningún macho, ellas tienen que sacar los huevos de su cuerpo para comenzar nuevamente el ciclo de reproducción, por lo que los huevos que puso ese día no tenían tortuguitas bebés adentro.

—¿Entonces por qué hay un extraño invento tuyo incubando uno de esos huevos, Donnie? —preguntó Raphael, quien ahora que ponía más atención al huevo, pudo darse cuenta de que se trataba de aquél artefacto por el cual Donatello lo había dejado casi plantado en aquella desastrosa cita—. ¿Y qué es ese misterioso brillo verde que emana?

Donatello se negó a contestar mientras sus hermanos ponían cada vez más atención al pequeño ser frente a ellos. Sobre todo a Raphael, quien en poco tiempo se dio cuenta que el pequeño y alargado gotero sobre el huevo era…

—¿Mutageno? —preguntó, un tanto acelerado—. ¿Estás demente, Donnie? ¿Quieres crear a alguien más como nosotros? ¡¿Por qué?!

Pero el jovencito no soporto más aquella presión porque sus hermanos no se dieran cuenta de lo que realmente estaba ocurriendo dentro de su laboratorio, haciéndolos a un lado para interponerse entre ellos y la incubadora.

—No tengo por qué decirles en lo que estoy trabajando. Además —se dirigió a Raphael con la misma mirada fría que antes—, se supone que estás aquí por otra razón.

Raphael volvió a su posición, apresando con sus manos ambos brazos de Donnie para después dirigirlo a la silla más cercana que encontró y obligarlo a sentarse.

—Ahora sí hablaremos —sentenció.

—No quiero… ¡Váyanse de mi laboratorio!

—No, Donnie. Tenemos que hablar.

—Ya te dije lo que opinaba. Tal vez si es necesario que hablemos sobre la otra noche, pero no hoy. No quiero ver tu rostro durante un tiempo y quiero que respetes eso.

—Pero Donnie… —interrumpió Mikey al escuchar aquellas palabras por parte de su hermano genio—… tu amas a Raphael. Tienes que darle una oportunidad.

—No estás ayudando, Mikey —respondió el mayor, forcejeando con su otro hermano para mantenerlo sobre la silla.

El más joven simplemente se disculpó y agachó la mirada después de un «Vete, Mikey. Donnie y yo necesitamos hablar a solas» por parte del de rojo.

—A él no lo estoy corriendo —argumentó Donatello—. Es a ti a quien no quiero ver por ahora, ¿Qué no lo entiendes?

—Entiendo que no terminas de comprender lo que está pasando, Donnie —comenzó Raphael—. Estás molesto por algo que no tiene razón alguna; fuiste tú quien me exigió una experiencia de novios completa, con absolutamente todo lo que conlleva ser una verdadera pareja; acepté porque realmente necesito tu perdón. ¡Y sí! ¡Me equivoqué! No debí pedirte que te acostaras conmigo mientras tenía a alguien más en la cabeza. ¡Pero siempre fui sincero contigo! Desde que comenzamos este "trato", te dejé muy en claro que no me gustan los hombres. Y si lo acepté fue por ti, porque aún me siento la basura más sucia sobre la tierra de sólo pensar que aquella noche que llegué ebrio a casa te obligué a tener relaciones conmigo.

Donatello cerró los ojos con fuerza y volteó su rostro a otro lado, simplemente quedándose con las palabras de su hermano sin tener que mirarlo.

—Ya no lo soporto, Donatello —continuó, con una voz sorprendentemente cansada—. Jamás olvidaré que le hice daño a uno de mis hermanos. Merezco algo terrible por el simple hecho de que abusé de ti; pero no puedes obligarme a sentir algo hacía otro hombre.

—¿Entonces porqué deseas tanto a Leo como para confundirme con él? Por si no lo recuerdas, también es macho, al igual que todos nosotros.

Raphael suspiró; hubiera preferido llevarse todo aquello a la tumba, pero no tenía más remedio que sincerarse con su hermano.

—Aquella noche de nuestra primera fatídica cita, fui a reclamarle a Leo que sus consejos para complacerte habían sido inútiles, pero cuando entré a su habitación lo descubrí… Teniendo intimidad con Mikey y eso provocó que repentinamente comenzara a soñar con él.

Donatello lo miró con rareza; en verdad no podía creer aquellas palabras. Entonces volteó a ver a Mikey, a quien apenas recordaba, seguía dentro del laboratorio. Su hermanito lo miró con pena y el rostro completamente enrojecido.

—Es verdad —admitió el ninja de naranja.

—Estás enfermo —soltó con fastidio, Donatello.

—Ese no es el punto —volvió a tomar la palabra el mayor, fastidiado—. Mi obsesión por Leo fue simple calentura, lo admito. Pero nunca fue mi intención hacerte daño; te quiero, eres mi hermano y no deseo que nuestra familia tenga que dividirse sólo porque metí la pata más de una vez.

Donatello finalmente lo observó, a lo cual Raphael no soportó y apretó los labios, arrodillándose frente a él hasta que sus manos descansaron en sus piernas y observarlo desde un punto más bajo.

El menor no parecía muy cómodo con esto. Más bien, se mostraba asustado.

—Por favor perdóname, Donnie —aquellos ojos claros comenzaron a humedecerse, cosa que el joven científico no podía creer—. No sabes lo que se siente tener por el resto de tu vida la culpabilidad de que violaste a tu propio hermano y no merecer su perdón. Ustedes, nuestro padre y amigos lo son todo para mí, y es por eso que ni yo voy a perdonarme lo que te hice.

Escuchó a Mikey ahogar un gemido mientras Raphael dejaba escapar una diminuta lágrima que recorrió todo su rostro para después abrazar sus piernas (las de Donatello) y soltar sobre ellas toda la culpabilidad que contuvo dentro de él todo este tiempo.

Donatello no pudo siquiera obligarlo a levantarse para que dejara de hacer aquello, pues sus manos trataban de reprimir los sonidos de asombro que demandaban salir de su boca; y es que no lo podía creer, aquello realmente estaba afectando a Raphael.

A partir de aquella noche en la que hablaron sobre aquél deplorable espectacular, Donatello imaginó que después de todo su hermano si sentía algo de atracción por él dado que los besos y las caricias que compartieron en los siguientes encuentros no lo dejaban a dudas. Raphael era malo con las palabras para conquistar, pero aquellos besos habían sido tan perfectos que jamás dudó en que fueran totalmente reales.

Pero a final de cuentas, su hermano había sido un excelente actor que se dejó manipular por un sueño húmedo que no le dejó más remedio que rogarle por adelantar un día la noche en que por fin dormirían juntos.

—Raphael, por favor levántate —dijo, removiendo su caparazón para que volviera a su postura—. No hay nada que perdonar, todo esto fue mi culpa.

—¿Qué? —preguntaron los otros dos al unisonó.

El recordatorio de que Mikey se encontraba ahí volvió a Donatello, cosa que lamentó porque ya no podía dar marcha atrás después de que tanto él como Raphael se pusieron de pie y limpió las lagrimas de este ultimo para ver su rostro calmado una última vez antes de que una tormenta se formara dentro de la guarida.

—Jamás abusaste de mí —comenzó, sintiendo inmediatamente el cuerpo de su hermano tensarse frente a él—. Aquella noche que llegaste borracho, realmente te metiste a mi cama y comenzaste a tocarme, pero no pasó mucho tiempo para que me convencieras y terminé aceptando.

—¿Entonces porque…? —Raphael estaba sorprendido. No parecía creer todo lo que estaba escuchando.

—Al día siguiente te mandé llamar porque estaba molesto contigo; no pudiste terminar tu trabajo porque te quedaste dormido y yo me sentí muy humillado gracias a eso. Era precisamente eso de lo que iba a hablarte, pero parecías tan culpable y no recordabas aquello ultimo que decidí obligarte a que me cumplieras. Al principio lo consideré una venganza, pero, más adelante… Yo…

Raphael rápidamente se quitó las manos de su hermano de sus hombros, las cuales reposaban ahí desde que este había limpiado las contadas lágrimas que pudo mostrarle.

Entonces los papeles se invirtieron; ahora era Raphael quien, con aquellos ojos enrojecidos por el llanto, lo miraba con desprecio.

—Lo siento —se disculpó el menor, desviando la mirada tras no soportar aquellos ojos verdes sobre él—. Sé que estás molesto, pero ya obtuve mi merecido, si es que eso ayuda un poco.

—¿Que si estoy molesto? —preguntó Raphael, tomándolo fuertemente los hombros para volver a sentarlo en la silla—. ¡¿Que si estoy molesto?! ¡Maldita sea Donatello! ¡Me hiciste creer todo este tiempo que era un ebrio violador! ¡Que ese estigma nunca saldría de mi alma!.. ¡¿Qué si estoy molesto?! ¡¿QUE SI ESTOY MOLESTO?!

Al ver que los gritos de Raphael aumentaban y que tras la última pregunta este se arrojó sobre su hermano genio, Michelangelo corrió hacia ellos, intentando separarlos antes de que el mayor hiciera algo de lo que pudiera arrepentirse, pero Raphael se lo impidió al arrojarlo a un lado con una fuerte patada con tal de no quitarle las manos del cuello a Donatello.

No estaba poniendo tanta presión sobre su garganta para llegar a asfixiarlo, pero aquellas grandes manos estaban lastimando la parte baja de su cuello y los huesos de la clavícula.

—¡R-Rapha! Me haces… Daño.

Pero el furico ninja no se echó para atrás; estaba cegado por la ira y la humillación de haber llorado frente a su hermano, rogándole por una disculpa que simplemente no tenía sentido.

El debilitado cuerpo de Donatello se aplastó más contra la silla mientras ya soltaba unas cuantas lagrimas debido al dolor que aquél ataque le causaba, sintiendo la fuerza de su hermano disminuir medio segundo antes de que…

—¡Rapha! ¡Suéltalo!

Ni siquiera la repentina presencia de Leonardo pudo distraerlo un poco, por lo que este, ayudado por Casey, logró quitárselo de encima al joven inventor.

Cayó en cuenta de lo que estaba haciendo cuando vio a su padre asistir a Donatello, quien mantenía los ojos cerrados debido al trauma del ataque.

—¿Qué es lo que está pasando por tu cabeza, hijo? —preguntó el mentor con voz molesta—. Tu hermano está cada vez más débil y tú lo atacas deliberadamente.

—Esto es entre Donatello y yo, sensei. Porfavor no te metas.

—¡Ay por Dios! ¡El huevo!

Los ojos de Donatello se abrieron al instante en que escuchó la desesperada voz de April al momento en que corrió hasta la mesa de experimentaciones; sin darse cuenta, Mikey había golpeado la mesa tras ser arrojado por Rapha, lo que provocó que dentro de la incubadora, el huevo callera de la frágil plataforma moldeable que lo rodaba de arena, donde se encontraban decenas de cables que seguramente formaban un circuito de protección para el pequeño y el cual era peligroso si llegaba a exponerse directamente.

El joven científico se quitó de encima a su padre para auxiliar al huevo, pero April había llegado primero, cortando la energía que rodeaba la incubadora para abrir una pequeña compuerta por la cual metió una de sus delgadas manos para volver a colocar el huevo en su lugar. Cuando Donatello legó a su lado, solo restaba conectar nuevamente la energía esperando que todo volviera a funcionar correctamente.

Ambos suspiraron cuando un monitor conectado a la incubadora mostró signos vitales.

—¿Porqué tanto empeño en ese estúpido huevo de experimento? —se molestó quien permanecía resguardado por Leo y Casey.

—¡Raphael! —se molestó la chica, ayudando a Donatello a contenerse ante aquellas palabras—. No digas palabras de las cuales puedas arrepentirte.

—¿Qué tiene que ver ese experimento de biología conmigo?

Observó a April con molestia y la chica le sostuvo la mirada, sintiendo también el fastidio de Donatello sobre él. Entonces aquello lo hizo volver a la realidad inmediatamente, pero fue Mikey quien lo expresó con palabras.

—¿Qué están haciendo todos aquí? —preguntó el más joven, quien ahora era asistido por Splinter mientras acariciaba su estómago con insistencia.

Los recién llegados se observaron entre ellos y se resistieron a decir palabras alguna salvo por Splinter, quien sosteniendo la mano de hijo menor se dirigió a April con unas simples palabras.

—Es tu turno, mi querida estudiante.

—No se preocupe, maestro —suspiró la joven sin separarse de su mejor amigo—. Hablaré con Donnie, y en cuanto estemos listos los acompañaremos.

El anciano asintió, ordenándoles a los demás, con un gesto, que salieran del laboratorio; estos obedecieron sin protestar, llevándose consigo a Raphael para dejar a solas a Donatello y April.

—No puedo creer que mi padre haya ido a buscarte —dijo la joven tortuga, sintiendo las manos de su amiga entrelazarse con las suyas.

Ella sonrió para mostrarse comprensiva; tenían muchas cosas de qué hablar.

—Simplemente no puedo creerlo, Raphael —dijo Splinter, molesto—. Michelangelo te dijo claramente que la salud de tu hermano empeora cada día, y llego a casa justo a tiempo para ver cómo le das una paliza. ¡¿Qué tienes que decir en tu defensa?!

—Que se lo tenía merecido.

Soltó aquellas palabras con un veneno que hizo a su padre parar en seco cuando momentos antes caminaba de un lado a otro frente al sofá de la estancia, donde ahora se encontraba él junto a su mejor amigo, sentados.

No pudo ver la expresión que Splinter le dedicó porque no dejaba de ver la puerta que dirigía al laboratorio de Donatello; quería verlo, pero al mismo tiempo lo deseaba lejos de él. Aquél sentimiento de manipulación que había plantado y cosechado no se iría tan fácilmente.

Pero en verdad quería saber la razón por la que lo había hecho hasta llegar a las últimas consecuencias, pues no se creía el cuento de que era simple despecho por no completar su trabajo como amante aquella terrible noche llena de lagunas.

—Es tu hermano, Raphael —prosiguió el sabio hombre—. No existe suficiente motivo en este mundo que excuse el comportamiento que tuviste hacia su persona, sobre todo si sabes que su estado de salud no es bueno. ¿Qué es lo que ocurre entre ustedes para que dejes eso de lado?

Raphael chistó de mala gana; realmente no quería hacer esto.

—Lo siento, sensei, pero esto es algo que sólo nos incumbe a Donnie y a mí.

Splinter se limitó a respirar pausadamente para intentar comprender lo que pasaba por la mente de su iracundo hijo, hasta que Leonardo lo tomó de un brazo y lo condujo hasta el sillón más alejado de la estancia, dedicándose después a mover la mesita de centro donde tenía una tetera y una taza para servir té.

Casey observó al envejecido hombre tomar la bebida caliente que Leonardo le ofreció y relajarse un poco después de ello, concentrándose enseguida en su mejor amigo.

—¿Estás bien? —preguntó el joven, observando el terrible puchero que este tenía en el rostro mientras permanecía con los brazos cruzados—. Raph, ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Por qué la agresión contra Donnie?

—No quiero hablar de eso, Case —respondió, aguantándose las ganas de mandar todo al carajo para encerrarse en su habitación y no salir de ahí en mucho tiempo.

Pero no lo había hecho porque escuchó perfectamente las palabras de April antes de salir del laboratorio de Donatello:

"Hablaré con Donnie, y en cuanto estemos listos los acompañaremos."

¿Qué rayos significaba aquello? ¿Había algo que incluso la chica pelirroja les estaba ocultando hasta ahora?

Esto ya no le estaba gustando para nada, mucho menos cuando sintió a alguien acercarse por el costado contrario a donde Casey lo agobiaba con sus tontas preguntas.

—Rapha —escuchó la intranquila voz de Mikey llamarlo y no dudó en levantar la vista para verlo a la cara—. ¿Podemos hablar a solas?

La impaciencia del pequeño ninja aumentó y Raphael supo que se trataba de nada bueno. Gracias a eso, deseó quitarse la duda cuanto antes y estaba dispuesto a levantarse para acompañar a su hermanito a otro lugar donde pudieran hablar sin molestias, pero justo en ese momento la puerta del laboratorio se abrió, revelando a un abatido Donatello que caballerosamente le daba el paso a la chica de cabellos rojos para que saliera primero al encuentro con los demás.

Ella se llevó a Donnie consigo, como intentado prepararse para un discurso motivador, pues realmente así se sentía al ver todas esas miradas sobre ella.

—Donatello tiene algo muy importante que decirles —soltó finalmente, mientras acariciaba una barriga apenas notable en su cuerpo, lo cual la mostraba impaciente.

—Adelante, hijo mío —amable, Splinter animó a su hijo a que iniciara su relato mientras depositaba la taza en la pequeña mesita frente a él.

El de morado tragó saliva, sintiendo todas las miradas sobre él en espera de lo que tenía que decir; sobre todo aquella verde y brillante que con el simple hecho de tener su atención ya lo ponía mal en muchos sentidos.

—En realidad no estoy enfermo —comenzó—. Mi cuerpo está rechazando un exceso de hormonas que yo mismo introduje en mi sistema como parte de un experimento que llevo planeando desde hace mucho tiempo.

—¿A qué te refieres con eso, Donnie? —preguntó el hermano mayor—. ¿Qué es tan importante para que experimentes así con tu propio cuerpo?

Tardó un momento en contestar, lo que volvió la espera un tanto difícil para todos.

—Un bebé.

Leo y Mikey gimieron con asombro mientras los demás permanecieron expectantes; el silencio se había vuelto incomodo hasta que Raphael comenzó a reír ante tan absurdas palabras.

—¿Es un maldito chiste? —preguntó—. ¿Tú? ¿Embarazado? ¡Eres un hombre, Donatello! ¿Quieres vernos la cara de estú…?

Repentinamente calló y el miedo se notó en todo su rostro cuando algo retorcido llegó a su mente en cuestión de instantes.

Lo que su hermano les estaba contando era tan absurdo que por ningún motivo tenía razones para creerle. Pero también estaba el hecho de que Donatello era un científico asombroso que había obtenido tantos avances en su campo que incluso ni el mejor escuadrón científico de élite que trabajara para el clan del pie podía superar su adiestrada mente.

Había inventado infinidad de retromutajenos.

Había comprendido hasta en el más mínimo detalle el funcionamiento de otras dimensiones y como sobrevivir dentro de ellas.

Había creado todo tipo de armas para derrotar a sus enemigos.

Y más recientemente; había logrado crear vida en el vientre de la chica cuando todos los médicos que visitó le dieron cero esperanzas de tener familia.

Raphael se puso de pie a toda prisa sin dejar de ver a su hermano con ese rostro deformado por el asombro… y la preocupación de que aquello que pasaba por su mente en verdad estuviera ocurriendo.

—¡Maldición Donatello! ¡Sólo hace tres días de eso! ¿Cómo puedes estar seguro? —preguntó el mayor, importándole poco que los demás estuvieran presentes.

El rostro de Splinter, April y Casey se debatió en entre la confusión y la ignorancia, mientras que Mikey y Leo parecían saber exactamente de lo que estaba hablando, pero intentaron no demostrarlo.

Donatello enrojeció con furia al imaginar que su hermano lo creyera realmente embarazado de manera natural tras mantener relaciones sexuales con él.

—No seas tonto, Raphael —respondió finalmente, ordenándole con la mirada que volviera a su lugar—. No puedo desarrollar vida en mi interior; soy un hombre. Como tú lo has dicho; eso es imposible.

Raphael sintió la vida regresar a su cuerpo con aquellas declaraciones. Ahora simplemente esperaría a que su hermano terminara de decir sus boberías antes de saltar en deducciones.

Splinter respiró profundamente antes de pedirle que continuara con lo que tenía que comunicarles.

—Ante el anhelo que tengo por convertirme en padre, decidí aplicar algo tan sencillo para mí como lo es la clonación. Investigué, arme el equipo necesario y prepararé a April con los conocimientos necesarios para que me asistiera en dicho experimento. Pero todo me llevó a un rotundo fracaso.

El joven agachó la mirada mientras los demás no dejaban de observarlo, preocupados.

—¿Estás hablando… De un mini-tú? —preguntó inocentemente el más joven en edad.

—Así es, Mikey —respondió la chica con dulzura al ver que su amigo no pudo—. Pero no llegó a concretarse debido a qué, sin darnos cuenta, existen grandes fallas en el ADN de Donatello, y que gracias al mutageno que corre por sus venas el pudo mantenerse con vida hasta el día de hoy.

Todos escucharon con asombro aquellas palabras por parte de la chica; era asombroso saber que si no fuera por el mutageno que dejaron caer sobre ellos hace más de dieciocho años, Donatello no seguiría vivo bajo su forma de tortuga normal.

—El clon no sobrevivió porque el mutageno no se puede duplicar de la misma forma en que lo hacen las células en nuestros cuerpos al desarrollarse, por lo que terminó con el mismo ADN incompleto que yo tenía cuando era un bebé. Eso fue lo que lo mató.

—¿Significa que sí pudieron darle vida a un segundo Donnie y que este no sobrevivió por la misma enfermedad que tú tenías al nacer? —preguntó Casey, echando humo por la cabeza ante tanta información que pudo comprender perfectamente.

Donatello y April asintieron, por lo que Splinter clavó las uñas de una de sus manos en el brazo del sofá donde descansaba.

Sus hermanos no sabían que decir; aquello era simplemente asombroso.

—Por favor ve al punto importante, hijo —suplicó el padre.

El joven asintió, preparándose para lo que tenía que decir.

—Después de eso, busqué otra forma de poder tener una cría que pudiera formar parte de nosotros, y todo me llevó a estudiar el mundo animal, donde existen ciertos reptiles que han logrado reproducirse sin necesidad de un compañero del sexo opuesto, o incluso pueden cambiar su género si existe la posibilidad de que su especie pueda extinguirse. Lo cual me dio como resultado, que si convertía mis células en femeninas por medio de fuertes dosis de hormonas, y encontraba información masculina que pudiera cubrir los huecos de mi genética defectuosa, podría crear vida con la información que yo deseara dentro de un huevo de tortuga sin fertilizar. Sólo necesito el cascaron para que la cría se mantenga con vida unas cuantas semanas hasta que su desarrollo continúe fuera de este. Para ese entonces, será mucho más fácil mantenerlo con vida bajo estricta vigilancia médica.

Todos los presentes, excepto April, se quedaron con la boca abierta; ¿Realmente Donatello había hecho todo eso para poder convertirse en padre?

El lugar quedó nuevamente en silencio cuando nadie supo que decir, hasta que el mismo Splinter se levantó de su lugar hasta llegar donde su hijo para poder hablar de frente.

—Y dime… ¿Lo has logrado? —peguntó, paciente.

No supo como leer aquél rostro que combinaba felicidad y culpabilidad al mismo tiempo, por lo que se limito a tomarlo suavemente de los brazos para que pudiera contestarle sin miedo.

—S-si —dijo, sintiendo como las generosas manos de su padre recorrían sus hombros hasta obligarlo a terminar con la distancia entre ellos para darle un significativo abrazo—. Por favor compréndeme. Si estás molesto conmigo, es tu derecho, pero no me obligues a deshacerme de él. No puedo… Jamás podría.

—Por supuesto que no, Donatello —respondió su padre, comprensivo, indicando con su cansada mirada que sus demás hijos se acercaran—. Ese pequeño ser que creaste ya tiene vida, no está dentro de mi juicio obligar a nadie a que termine con ella.

Splinter sintió los brazos de su hijo rodearlo y abrazarlo con fuerza, pues estaba agradecido por el apoyo que su padre le mostro ante algo tan dudosamente ético dentro de la comunidad científica y la sociedad en general.

—¿Significa que ese huevo que está en tu laboratorio es mi sobrinito? —preguntó Mikey, feliz al imaginar que dentro de poco habría una pequeña tortuguita corriendo entre los pasillos de las alcantarillas.

Donatello se separó de su padre y asintió ante el cuestionamiento de su hermanito, pero no pudo evitar darse cuenta de la mirada insatisfecha de su mejor amiga ante una victoria bastante apresurada.

«Aún falta» pareció leer en su rostro en cuanto sintió los largos brazos de Leo rodearlo en señal de que él también le daría el apoyo que fuera necesario.

—¿Y con qué animal que estudiaste pudiste completar la información del pequeñuelo? —preguntó alegremente el hermano mayor, sin darse cuenta de que había hecho el cuestionamiento más acertado hasta ahora.

—Con ninguno —declaró ante la atónita mirada de sus hermanos y su padre—. Ninguna de esas especies tenía las características necesarias para completar una cadena de ADN adecuada para crear una nueva tortuga antropomorfa; esa era sólo información que podía encontrar en nuestra propia especie, la cual se limita a nosotros cuatro.

—E-eso significa que… —tartamudeo Casey, hablando por sus amigos presentes.

—Utilicé la información genética de uno de mis hermanos para completar la cadena de ADN con la cual crear al nuevo bebé dentro del huevo.

—¿Qué dices? —preguntó Splinter, asombrado—. ¿Quién de ellos fue al que elegiste y porqué?

Sabiendo que no tenía opción ni salida, Donatello dijo nada, simplemente se limitó a posar su mirada sobre su hermano que en estos momentos se encontraba más alejado de él; aquél que permanecía sentado en aquél viejo sofá que compartía con Casey.

Los tres integrantes de su familia que lo rodeaban se quedaron callados, mientras Raphael tuvo otro ataque de risa en cuanto comprendió lo que aquello significaba.

—Debes estar de broma —dijo el chico rudo mientras su risa se volvía más nerviosa de a poco.

—En estos momentos quisiera que fuera eso, Raphael; una broma —replicó su hermano, cuya voz parecía decepcionada—. Pero ya no hay vuelta atrás; ese pequeño ya existe y comparte la información genética de ambos.

—Técnicamente es tu hijo —interrumpió April, como queriendo que el ninja entrara en razón con algo más directo, tal y como él solía ser.

Raphael caminó hacia su hermano con aspecto peligroso, por lo que Casey, quien aún permanecía a su lado, lo detuvo tomándolo de un brazo.

—Será mejor que discutas esto con Donatello a solas y cuando tu cabeza se haya enfriado un poco —le pidió Casey, mientras lo atraía hacia él para evitar que avanzara en su propósito.

Raphael le siguió el paso a su amigo con tal de no hacer más escándalos dentro de su hogar, pero no pudo evitar señalar a su hermano mientras sacaba lo que tenía en la punta de la lengua, desesperado por salir.

—Estás chiflado, Donatello —le dijo—. No puedo creer que hayas llegado tan lejos esta vez, y que incluso me hayas involucrado en todo esto.

Mencionando en voz baja un «Ya, vámonos», Casey terminó por conducir a su amigo hasta su habitación, donde se encerraron para no volver a salir.

—¿Estás consciente de que no estuvo bien que utilizaras a tu hermano como conejillo de indias sin consultarlo anteriormente? —preguntó el padre, a lo cual Donatello asintió—. ¿Qué fue lo que te orillo a elegirlo a él y no a otro de tus hermanos?

—Nada en específico —contestó—, salvo por una pequeña pregunta que le hice no hace mucho sobre estar dispuesto a convertirse en padre si la vida le diera la oportunidad. Él me respondió que sí, cosa que me animó a proseguir con el experimento.

—¿Te das cuenta que aquello pudo haberlo dicho sólo para hacerte sentir mejor y simplemente seguirte la línea de la conversación? —preguntó Leo, intentando meterse en la mente de Raphael para comprender su comportamiento.

—Reparé en ello enseguida.

Sonrió pesadamente en cuanto todos comprendieron aquello.

—¡Acompáñame, Leo! ¡Vamos a visitar a nuestro sobrino!

Mikey tomó la mano de su amante para arrástralo a su lado dentro del laboratorio y Donatello rió un poco en cuanto vio a su padre rodar los ojos y seguir el mismo camino que sus hijos para entrar a ver el huevo.

Cuando quedó a solas con April, ella lo rodeó con un brazo y con su mano libre acarició su mejilla, observando cómo su amigo permanecía fuerte a pesar de todo.

—Lo siento. Raphael es un idiota —intentó consolarlo ella.

—Eso ya lo sé —dijo él entre gestos—. Por eso no entiendo, ¿cómo fue que me enamoré de él?

Y tras esto, April lo abrazó, sintiendo cómo sus holgadas ropas se arrugaban bajo los puños cerrados de Donatello al soportar todos esos sentimientos que se negaba a dejar salir.

Ella lo abrazó más fuerte, sin dejar de pensar que su amigo, por una vez en su vida, merecía ser feliz.

Sólo esperaba que ese bebé le diera aquella felicidad que desde hace tiempo estaba buscando.

Casey se había marchado desde hace un par de horas y por fin estaba logrando conciliar el sueño aún y cuando ese pequeño huevo que permanecía en el laboratorio de Donatello no salía de su mente.

—¿Cómo es posible? —se preguntó.

Justo en ese momento sonó su Tphone con el tono de un nuevo mensaje recibido, así que alargando su brazo para tomarlo desde la cómoda, se dispuso a leerlo; tal vez Casey había olvidado algo y aquello era una petición para que no se deshiciera de él.

Pero se sorprendió cuando vio que el remitente era Mikey.

"Tenemos que hablar.

Iré a tu habitación en cuanto Leo se quede dormido".

Volteó a ver el reloj y cayó en cuenta de que faltaba nada para media noche; su hermano realmente tenía algo importante que decirle como para insistir en distintas ocasiones hablar a solas.

Se rascó la cabeza con insistencia; realmente no necesitaba más por aquél día.

…Continuará.

¿Qué será lo que Mikey estuvo intentando decirle a Rapha durante todo el capítulo? ¿Raphael llorando? Y lo más importante; ¡Ya sabe que va a ser papá!

¡Cielos! ¡Estamos más cerca del final! Así que ya puedo mencionar que esto ya rebasó la mitad de los capítulos que tengo planeados para esta historia.

Que tengan un productivo día laboral post-Independencia y por favor no olviden dejar un comentario sobre la opinión que tuvieron de este capítulo y los cientos de temas que se trataron en esta extraña combinación entre drama y tragedia.

¡Los amo!

Siempre suya…

Miss GRavedad.

PD: A las personas afectadas por la tragedia en Chile y parte de Argentina, espero de todo corazón que superen con fuerza la contingencia y que tanto ustedes como sus familias se encuentren a salvo y gocen de buena salud. ¡Buenas vibras desde mi México lindo y querido!