PODER

Cuando abrí los ojos me di cuenta de que me encontraba en la enfermería. Al asomarme por la ventana comprobé que aun era de noche, así que no me quedó más remedio que seguir en cama. A no ser…

Con mucho cuidado y sin hacer ruido, me levanté de la cama y fui hacia la salida. Antes de que pudiera darme cuenta, ya estaba en los jardines disfrutando de la maravillosa brisa que soplaba. Hacía una noche realmente preciosa. Pero como de costumbre, algo rompió aquel relajante momento. La figura de alguien se encontraba en la entrada del bosque, mas no podía saber quién era ya que tenía la capucha puesta. Lo único que sabía con certeza es que era un alumno, ya que llevaba las túnicas de Hogwarts. He de decir que aunque sea muy curtido en batalla, siempre he tenido un defecto: soy demasiado torpe. De la nada salió una rama, que crujió al ser pisada por mi enorme y torpe pie. Juro que esa rama no estaba ahí, y si lo estaba que Merlín me pille confesado.

-¿Quién anda ahí? – preguntó la figura misteriosa

Por precaución me mantuve quieto y no dije nada. Aunque está claro que no sirvió de nada, ya que en el mismo momento algo me golpeó y caí inconsciente.

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-¿Lo tenéis? – preguntó Voldemort

- Sí milord. Está en la celda inconsciente, aún no ha despertado. –dijo Lucius más feliz de lo habitual

- Excelente. Avisadme cuando despierte, tengo ganas de hablar con él. – dijo con una sonrisa algo retorcida

El señor Oscuro se había pasado la semana pensando en Ryan. Cosas tan básicas como: ¿Será poderoso? ¿Se unirá a mí? ¿Cuáles son sus ambiciones? Lo cierto es que andaba escaso en lo que se refiere a información. Lo poco que sabía eran rumores de que salía con una nacida de muggles, pero lo descartó rápidamente. ¿Ryan Riddle, descendiente de Lord Voldemort y heredero de Slytherin saliendo con una sangre-sucia? JA. Nunca lo permitiría.

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Desperté con dolor de cabeza en un lugar frío y húmedo. Empezaba a cansarme de estar todo el día inconsciente.

-¿Cómo te encuentras rubiales?

Me sobresalté al no esperarme a alguien ahí y levanté la vista para poder verle, pero al hacerlo me encontré con una chica preciosa observándome sonriente.

-¿No me piensas responder? –preguntó aun sonriendo.

-Emm…¿Dónde estoy? –pregunté con la voz más débil de lo que quería

- Te encuentras en la mansión Riddle.

- ¿Riddle? Me suena ese nombre. –respondí, intentando averiguar donde había oído ese nombre antes.

- Pues en sí no deberías. Es más, la gente lo conoce como aquel-que-no-debe-ser-nombrado o el señor tenebroso. –dijo mirándose las uñas

-¡¿QUÉ?! –grité frustrado

- Rubiales tranquilízate, no es para tanto.

- No me llames así, llámame Ryan. –dije algo más calmado

- Ryan… No suena tan bien, pero como prefieras. Y cuéntame, ¿eres hijo de alguien importante? –preguntó curiosa

-¿Por qué iba a serlo? – ''¿acaso tengo pinta de alguien importante?'' pensé

- No te ofendas, pero no suelen traer prisioneros. Solo los traen si son alguien importante con los que hacer chantaje.

- Pues no soy nada de eso. Es más, mis padres están muertos y vivo como un muggle. No hay más. –dije serio

-¿Cómo un muggle? –dijo algo asqueada

-¿Acaso tienes algún problemas con los muggles? –pregunté algo enfadado

-Pues- pero fue interrumpida antes de que pudiera responder

-¿Alyssa?¿Qué diablos haces aquí?- preguntó alguien algo cansado

- Madre. Mmm, estaba comprobando el estado del prisionero. –dijo de forma convincente

-Ah bueno, bien hecho. Y ahora vete, tengo que llevarlo ante el señor oscuro.

-Como tú digas madre, te veré a la noche.- con un último vistazo a mi celda desapareció.

Observé como aquella misteriosa chica, que resultó llamarse Alyssa, se marchaba y dejaba en su lugar a una mujer con unos ojos que prometían dolor y sufrimiento. Abrió la celda y con un movimiento de mano, me indicó que saliese y la siguiese.

-Yo de ti no intentaría nada raro. Juro que haría que te arrepintieses toda tu vida. –dijo con voz de ultratumba

Mi boca se quedó seca en segundos y asentí rápidamente. Al cabo de unos cinco minutos llegamos a unas grandes puertas de roble que eran custodiadas por dos figuras encapuchadas. La mujer psicópata picó a la puerta y segundos después, una voz le dio permiso para entrar.

-Bella, que agradable sorpresa. ¿Qué te trae por aquí? –dijo Riddle con cortesía

-Mi señor, le traigo al prisionero. –dijo arrodillándose a sus pies

En un acto de valentía levanté la vista del suelo y miré a los ojos a Voldemort desafiante.

-Tienes valor chico, eso me gusta. –dijo Voldemort

- No te temo. –el corazón me latía a cien por hora y a pesar de decir lo contrario, sí que le temía.

-Dicen que los hijos tienen que tenerle respeto a sus padres, no miedo. –dijo con voz, raramente, amistosa.

-Eso dicen, pero yo no soy tu hijo.

De pronto el señor tenebroso soltó una carcajada que hizo sobresaltarnos a Bella y a mí.

-Sí, si que lo eres.

Ante esas palabras, digamos que me quedé en blanco. Pasaron millones de ideas por mi cabeza al mismo tiempo. Yo no podía ser su hijo. ¿Podía serlo?

-…-

- ¿No vas a decir nada hijo mío?- preguntó Voldemort

- Mi padre fue asesinado.- dije con rabia

- Yo me veo bastante sano.- dijo con tono mordaz

- ¡Tu mataste a mis padres!- grité enfadado

Tom se levantó lentamente de su trono y levantó la mirada.

-Yo no maté a nadie.- dijo el señor oscuro. Tras unos segundos continuó- El que crees que es tu padre, no lo es. Ese era el marido de tu madre, pero digamos que le pedía a tu madre me hiciese unos trabajillos por las noches.

-¿Cómo te atreves a llamar puta a mi madre?- pregunté con los puños apretados

- Ella lo hacía por voluntad propia. Aunque claro, yo en aquella época no sabía que era espía.- suspiró.- Por alguna razón del destino, se quedó embarazada y le dijo a su marido que era suyo. Yo sabía que era mío, pero estábamos en guerra y no me interesaba tener un bebé por ahí en danza.

-Pero…- no supe que decir, las palabras quedaron atrapadas en mi boca y murieron en mis labios.- ¿Entonces no los mataste?

- Al que hace poco llamabas padre sí, pero a tu madre no. Ella murió en el parto. Aquí donde me ves como el mago oscuro y el malo, amé a tu madre y siempre te busqué. No siempre tuve este aspecto de reptil, en esos tiempos tenía un aspecto normal. Bueno, quitando los ojos rojos.-dijo Voldemort

En aquel momento, no sé lo que me llevó a hacer eso, pero me acerqué y le abracé.