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La Cámara de los Secretos

-¡Profesor Snape! - gritaba el muchacho con desesperación mientras golpeaba la puerta del despacho al llegar a las mazmorras. -¡Es urgente!

Pero nuevamente, no sirvió de nada.

-¡Demonios! - se frustró Alan, y le pegó una patada a la puerta del despacho.

-¿Buscas al profesor Snape, muchacho? - dijo una voz amable detrás de él. Alan volteó tan deprisa que se lastimó el cuello, pues ya había oído más de una vez esa voz…

Se trataba del director del colegio: Albus Dumbledore, que miraba al chico con sus penetrantes ojos azules. Alan sintió como si el director estuviese examinándolo detrás de una máquina de rayos X, y no pudo contener un delicado rubor que pasó por sus mejillas. Después de todo, era Dumbledore el que ahora estaba ante él y le hablaba directamente.

-Pro…pro…profesor Dumbledore… - balbuceó Alan. El anciano que estaba ante él rió discretamente.

-No me tengas miedo, Alan. No muerdo - dijo el director dándole una palmada en la espalda. - Dime, ¿para qué buscabas al profesor Snape? - preguntó Dumbledore con una sonrisa.

Alan tardó en digerir lo que el viejo le acababa de preguntar, pues la sorpresa de que el director del colegio le dirigiera la palabra directamente a él le había borrado por unos momentos su misión de encontrar a Snape y contarle lo que había visto en la pared de aquel corredor. Entonces vio a Dumbledore, que seguía parado frente a él, y se preguntó si sería buena idea contarle…

-Lo… buscaba para contarle una cosa, señor - le dijo el muchacho.

-Oh, pero lo que tengas que decirle a Severus puedes comentármelo a mí - Dumbledore le ofreció su confianza a Alan. Éste ya no sabía qué hacer: Si se lo contaba a Dumbledore, él podía avisarle a todos los profesores para que resolvieran el problema de la pared… Pero no podía contarle que Ginny lo había hecho, le tenía un gran cariño y no se perdonaría si la expulsaban del colegio por su culpa. Tampoco quería que Dumbledore supiera que Alexa estaba con él cuando encontraron el mensaje, pues ya había metido a la rubia en suficientes problemas: Le contó a Snape que ella le enseñó el Expelliarmus, y ambos trataron de embrujar a Hermione el primer día de clases, en presencia de éste. Finalmente, Alan decidió decir la verdad… o al menos una parte, así que le contó a Dumbledore que él solito había encontrado en el corredor el mensaje y a la gata del conserje con el tono más convincente que fue capaz de sacar. El viejo escuchó atentamente el relato, pero cuando escuchó lo del mensaje en la pared, Alan notó que Dumbledore se puso pálido, y por un momento pensó que el director podría haber detectado alguna mentira en el cuento del muchacho.

Pero Dumbledore, para aclarar las dudas del muchacho, dijo:

-Espera al profesor Snape en su despacho, Alan. Él vendrá a verte para que le cuentes lo que me has dicho con más detalle - sacó su varita y con una sacudida logró abrir la puerta del despacho de Snape, que estaba cerrada a cal y canto. Apenas el muchacho entró, la puerta se cerró de golpe y Alan no pudo volver a abrirla, además de que no sabía cómo abrirla mediante magia.

Mientras el chico revisaba el despacho del profesor, pensó en lo que pasaría si Alexa o Hermione fuesen descubiertas en algún sitio comprometedor; no quería ni pensar cómo se pondría Hermione si la expulsaban antes de que se examinara, ni en qué sería de su vida en Hogwarts sin Alexa (Alan no pudo evitar sonrojarse).

Pasó una media hora, y Snape entró con aire contrariado en el despacho. Alan lo miró fijamente al entrar; la ansiedad lo mataba y quería saber qué había pasado.

-Profesor… ¿qué ocurre? - preguntó vacilante.

-¡Pues que Potter se ha vuelto a salvar de una severa expulsión! - respondió Snape, molesto, mientras se sentaba en su silla de forma usual. Alan se encogió de hombros, pues esto ya no le sorprendía. - Lo hemos encontrado enfrente del mensaje en la pared del que le hablaste a Dumbledore, y Filch, el conserje, creyó que Potter, Weasley y Granger - Alan se estremeció ligeramente - habían matado a su gata.

-¿Her… Es decir, Granger estaba con Potter y el hermano de Ginny? - preguntó Alan. Snape lo observó arqueando las cejas y el muchacho se apresuró a explicarle que él, Hermione y Alexa intentaban encontrarlo.

-Así que Granger me buscaba por orden tuya… Interesante - dijo Snape. Alan notó que el profesor no parecía muy convencido, pero no se le ocurrió nada para demostrar que estaba diciendo la verdad. - ¿Hay algo que quieras comentarme? - le preguntó el profesor a Alan.

Alan estaba a punto de comenzar a contarle todo lo que no le había dicho a Dumbledore; que Ginny había sido la que escribió el mensaje en la pared, que entre él y Alexa la habían noqueado (por accidente, claro), y que ella era la que había llevado a la gata hasta el mensaje. Pero después pensó la reacción que ocasionaría en Hermione, en la familia Weasley entera (empezando por Ron), en Harry Potter, que también le tenía cariño a Ginny, y en Alexa, al darse cuenta de que Alan había traicionado a Ginny. Así que decidió decir:

-No, señor. Nada.

Snape lo miró arqueando nuevamente las cejas y a Alan se le encogió el estómago. Sabía que Snape era bastante sagaz en lo que a detectar mentiras se refiere. No obstante, el profesor se puso de pie y le dijo:

-Muy bien, puedes retirarte.

Alan se dirigía hacia la puerta, cuando recordó…

-Profesor Snape…

-¿Sí?

-¿Exactamente qué es eso de la Cámara de los Secretos? - preguntó, dudando que Snape le fuera a responder.

El profesor lo observó por unos instantes con gesto pensativo, como si tratara de decidir si debía contarle a Alan o no. Finalmente dijo:

-Lo que debes saber sobre ese sitio, Alan… Es que hace muchos años ocasionó la muerte de una niña de padres muggles.

-¿Pero qué hay en la dichosa Cámara? - preguntó Alan sin darle demasiada importancia, mas no podía esconder cierto grado de curiosidad.

-Hasta donde sabemos, un monstruo. Pero no sé qué clase de monstruo es, ni por qué es tan peligroso - confesó Snape. - Aunque todo lo que haya construido Salazar Slytherin es sumamente peligroso en potencia.

-¿Salazar Slytherin? - repitió Alan, desentendido.

-Pues claro, Salazar Slytherin fue uno de los cuatro fundadores de este colegio, y se dice que la Cámara de los Secretos fue construida por él - explicó Snape. - No me digas que no sabías quién es Salazar Slytherin - dijo Snape con una mueca de burla en su cara. Alan se ruborizó.

-Claro que lo sabía - mintió, contrariado. A Alan no le gustaba que se burlaran de él. - Pero ya debo irme, hasta entonces, profesor. - Y dicho esto, salió dando grandes zancadas del despacho, con Snape sonriendo detrás de él.

A la mañana siguiente, Alan y Alexa salieron a los jardines en las horas de receso que ambos compartían (que era como a las cinco de la tarde) y el muchacho le preguntó qué había pasado cuando se separaron.

-Pues no ocurrió mucho, revisé la sala de profesores y no había nadie, aunque cuando iba de regreso al gran comedor vi pasar a Snape seguido del director, y de Potter, Ron y Granger - respondió Alexa. - Creo que iban al despacho del profesor Lockhart.

-Así que es verdad, Granger estaba con ellos ayer. - dijo Alan, y miró a Alexa. - ¿Y si la buscamos y le preguntamos qué fue de ella? - preguntó vacilante. No sabía si Alexa accedería, pues lo de aquel día fue una tregua temporal, y no estaba seguro si Alexa pretendería continuarla. Pero para su sorpresa, Alexa asintió.

-Si logramos encontrarla, claro - puntualizó la chica.

Pero no fue difícil: Hermione iba saliendo hacia los jardines en aquel preciso instante.

-¡Hermione! - gritó Alan, entre preocupado y feliz. Alexa se ponía roja nuevamente, pero no hizo ningún comentario.

-Aquí estoy, ¿qué ocurre? - dijo Hermione.

-¿Qué pasó ayer? - preguntó Alan.

-¿Qué te dijo el profesor Dumbledore? - añadió Alexa. Alan la miró de reojo, y no pudo contener una pequeña sonrisa en la que Alexa no pareció reparar.

A Hermione le desconcertaba que ambos estuvieran tan preocupados por ella.

-Tranquilos, no pasa nada, estoy bien, no me expulsaron - decía Hermione a gran velocidad, despejando los temores de los chicos que estaban frente a ella. - Pero estaba convencida de que nos inculparían a Harry, a Ron y a mí por lo del mensaje en la pared - se acercó, quizá demasiado a Alan y lo miró ceñuda - del que estoy segura que sabes algo.

Alan miró a Alexa, como preguntándole "¿Se lo decimos?" con la mirada. Alexa se encogió de hombros y asintió, así que Alan y Alexa empezaron a contarle a Hermione lo que en realidad había sucedido en la pared del pasillo el día que vieron a Ginny escribir el mensaje.

-¡Así que ustedes tienen la culpa de que Ginny cayera en la enfermería! - rugió Hermione.

-¡Baja la voz! - suplicó Alan. - Intentábamos desarmarla, pero accidentalmente cayó contra la pared y se golpeó la cabeza. No fue nuestra culpa - explicó Alan. - El hechizo de Alexa se salió un poco de control. - añadió juguetón, y Alexa le pegó un puñetazo en un brazo.

-¡Esto es serio! - dijo Hermione preocupada. - ¡Pudieron haberle hecho algo peor, pudieron haberla matado!

-Por favor, Granger, tranquilízate - urgió Alexa. - El encantamiento Expelliarmus es para desarmar, no para asesinar.

-Pero te pedimos, por favor, que no le digas nada de lo que te acabamos de decir a nadie. Ni al profesor Dumbledore, ni a la profesora McGonagall, ni siquiera a Potter ni al hermano de Ginny. Ellos podrían contárselo a alguien más y podrían meternos en problemas a Alexa y a mí - dijo Alan observando a Hermione con su mirada seria. Como Hermione no parecía estar muy de acuerdo en no decirle nada a nadie, agregó: - Y también a Ginny.

Aquel nombre le pegó a Hermione en la cara como una sartén. Alan y Alexa la miraron y ella les devolvía la mirada, y se generó un silencio incómodo durante un largo rato.

-Está bien, no diré nada - dijo Hermione al fin. - ¡Pero tendrás que devolverme el favor! - continuó, apuntando a Alan con el dedo índice.

Alan y Alexa intercambiaron una mirada cómplice antes de que el muchacho respondiera:

-Vale.