Jack
Jack despertó. No tenía la menor idea de dónde estaba. ¿Una mina? Parecía eso. Pero, ¿desde cuando una mina tenía paredes como de una casa? No tenía sentido. Un momento...esas paredes,.las reconoció. Eran iguales que las del hospital...pero manchadas de sangre... ¿Dónde diablos estaba? ¿Y porqué no recordaba nada? Miró a su alrededor. Nada, Silencio, un camino al frente y un ascensor. Él estaba en éste, pero como pudo ver, no había ni botones ni palancas ni nada que lo accionase. Entonces ¿cómo demonios había bajado? No lo sabía, pero decidió buscar una salida y largarse cuanto antes de allí. Caminó hasta la salida de aquella sala. Se encontró en un pasillo con varias salidas, una enfrente y otras al fondo. La puerta de enfrente suya estaba cerrada con 7 candados y no había otro modo de abrirla, por lo que decidió seguir por el pasillo. de nuevo, tenía que elegir: o continuaba por el pasillo hacia la izquierda o seguí por pasillo que conducían a varias escaleras que bajaban. Pensó mejor seguía por el pasillo, pues las escaleras no le dieron buena espina...
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El Verdugo sintió su presencia. El Pecador estaba en su Laberinto. Ahora era suyo y podía hacer con él lo que quisiera. Castigaría al Pecador con sus propios Pecados como hacía siempre. Era su Cometido, siempre lo había sido...
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Valtiel observó al Pecador, al que era el Séptimo Sacrificio. Caminaba confundido por el Laberinto sin saber qué hacer. Vio cómo seguía un pasillo hasta que se cortaba y recogía una llave de entre los restos de un Maniquí despedazado por el Verdugo. Le dio asco (algo normal en los Humanos), pero lo hizo. Después de abrir uno de los candados, bajó por unas escaleras y luego de un corto túnel subió de nuevo para llegar a la Sala del Cubo de Caras...
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¿Qué es este lugar? Es realmente extraño. He cogido una llave de los restos de... ¿un maniquí? Eso parecía...pero era como si hubiera estado...vivo, lo cual es imposible. No lo entendía. La llave era muy rara, pues tenía grabado en la caña la palabra UNIÓN y también la cara de una niña pequeña. Sin preguntarse nada, usó la llave en el primer candado empezando desde arriba de la puerta que vió anteriormente. Después bajó por unas escaleras y se encontró en otra sala con un cubo extraño en medio de la sala. Era bastante grande, con ocho caras talladas imitando cara humanas con diferentes expresiones: enfadado, feliz, triste, animado, loco, con miedo, desesperado, muerto...era bastante siniestro, pues todas las caras tenían las mismas características, como si fueran las diferentes facetas de una misma persona. ¿Y ahora? Pensó. ¿Se supone que he de hacer algo con el cubo? Revisó toda la sala, pero no había nada...sólo el cubo en medio. Se fijó que estaba unido por dos ejes, uno arriba y otro abajo, de manera que podía moverse. Por curiosidad, movió el cubo hacia arriba y al hacerlo, se escuchó un fuerte ruido provinente de la pared de la izquierda. Miró y vio una puerta abierta. ¿De dónde había salido? Se acercó y vio que el muro era corredizo y que conducía a una sala con otro muro corredizo. Dedujo que debía mover el cubo de manera que las dos puertas coincidieran abiertas. Volvió al cubo y lo movió en horizontal, pero no se produjo el ruido de antes. Así, estuvo un buen rato, moviendo el cubo de diferentes maneras hasta que consiguió su cometido. Salió de la sala del cubo y se dirigió hacia el nuevo acceso. Lo atravesó y tras una puerta, llegó a lo que parecía una celda a primera vista. Pero se fijó y vio que en la parte que supuestamente era la celda, había una puerta. Eso no tenía sentido y parecía que lo que era la celda en realidad, era donde estaba él. Esa idea le puso nervioso. Otra cosa curiosa es que no había puerta de acceso a la celda, sólo barrotes. No había nada más. Se sentía estúpido, pues se había pasado un buen rato con aquél cubo para nada. Pensando que se habían reído de él, se dio la vuelta para irse y entonces, escuchó la puerta de la celda abrirse. Se giró...y la vio. Se sentó tranquilamente en el borde de la cama que había y le dirigió una mirada tierna y una sonrisa amable.
-Hola Jack.
No podía creerlo, era SU Alice ¡Y estaba viva!
-Hola Alice. -dijo acercándose.
-¿Cómo estás? -dijo en tono amable- Hace tiempo que no nos vemos.
-B-bien. -bajó la vista, serio y triste, a punto de llorar- Yo...lo siento mucho...
Alice se puso seria repentinamente y se levantó.
-¿Lo siento? ¿Eso es lo que único que puedes decir? ¿Lo siento? ¡Tú me mataste! ¡Tú lo hiciste! ¡Me lanzaste al lago, maldito bastardo!
-Yo...yo...-se encendió de furia- ¡Tú me engañaste con mi mejor amigo! ¿¡Cómo quieres que no lo hiciera!?
-¡Porque tú no me valoraste nunca! Nunca lo hiciste...nunca...nunca...
Alice se sentó y empezó a llorar. Jack se sentía muy mal por no poder consolarla. Ella tenía razón, nunca la valoró, por eso le engañó...porque Gerald sí lo hacía..."Pero él nunca la ha amado como yo lo he hecho...y como la amo ahora".
-Si tanto me amas...-dijo entre lágrimas Alice- ¿Por qué nunca me lo demostraste? ¿Por qué?
-...Ni yo mismo lo sé...
-Jack...ven y dímelo. Seguro que lo habrás pensado cuando consigas llegar hasta aquí...te espero...ven, por favor...
-Sí, Alice, ahora voy, me reuniré contigo...
-Me alegra oír eso. Pero antes...toma, esto te será útil. -se sacó algo del bolsillo del pantalón y se lo ofreció a Jack. Éste la cogió. Era otra llave. Ésta tenía grabada en la caña la palabra: BÚSQUEDA y tenía la cara de un hombre grabada. Era rara como la otra que cogió. Le dio las gracias a Alice y se marchó. Fue y abrió otro de los candados, el segundo empezando desde arriba...En ese momento, un fuerte dolor de cabeza empezó a atormentarle. Cayó al suelo del dolor...sirenas...oscuridad...Alice...
Nathaniel
-Por la tarde, a las 13:40 En algún lugar, en Silent Hill.
¿Qué ha pasado? Me parece que han pasado horas desde que me desmayé...y ya van dos veces que me pasa. No me he despertado muy lejos de donde estaba, pero el caso es que me he movido y creo que si estás desmayado no puedes...algo raro pasa, lo noto...no sólo en este extraño lugar, sino conmigo mismo...algo me pasa...tengo...como lapsos...sí, eso es. Lapsos de memoria. Hay momentos que no recuerdo...lagunas...Pero es raro, no recuerdo haber tenido nunca estos lapsos. ¿Es posible que sea por la influencia del pueblo? Tal vez. No lo sé. No tengo ni idea.
¿Qué es esto? En el bolsillo tengo 2 llaves. Una con la cara grabada de una niña y la otra, con la cara de un hombre adulto. La primera lleva escrito UNIÓN y la otra BÚSQUEDA. Delante de mí hay una puerta con 7 candados, dos de ellos ya abiertos. ¿He de suponer que las he abierto? No recuerdo haberlo hecho...Dios,
¿qué me pasa? ¿Por qué esto? No lo entiendo, pero será mejor que busque una salida...
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Valtiel observaba. Nathaniel se levantó y caminó aún confuso hacia el fondo del pasillo. Cuando vio la bifurcación, decidió bajar por las escaleras de la derecha, para llegar a la Sala del Cubo de Caras. Lo miró sorprendido, y lo examinó, sin llegar a tocarlo. Luego miró a su alrededor y vio la puerta abierta. Entró y fue hasta la puerta de madera del fondo. Llegó a la Celda...y allí le esperaba la imagen de su amigo y de su amada. Nathaniel los miró lleno de furia, como Valtiel esperaba que sucediese. Pero el Pecador se pudo calmar y comenzó a hablar con ellos. Es entonces cuando a Valtiel le tocaba actuar...
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Ahí estaban, en aquella habitación que parecía una celda...pero que engañaba. Estaban sentados en el borde de una cama, juntos, cogidos de la mano y sonriéndose como tontos. Estaba separado de ellos por gruesos barrotes de metal sin puerta alguna. Mejor para ellos...pues estaba muy enfadado. Miraban a Nathaniel con sonrisas burlonas y se susurraban cosas mirándolo y riéndose.
-¡Ya basta, vosotros dos! -gritó de repente- Parad de reíros de mí.
Alice se rió. Gerald se levantó y se acercó a los barrotes, justo enfrente de Nathaniel.
-Nathan, tío, no te enfades. -dijo alegremente- No nos reímos de tí. Simplemente, disfrutamos ella y yo juntos, estamos muy felices. Yo le he dado la felicidad que tú nunca le diste. -dijo sin quitar la sonrisa de la boca.
-Maldito seas, Gerald, yo confiaba en ti...¡Eras mi mejor amigo, casi como un hermano para mí! ¿Cómo pudiste hacerme esto?
-¿Cómo te atreves? Lo hice por nuestra amistad.
-¿Qué dices, te has vuelto loco?
-No, amigo mío. Déjame explicarte: veía día a día cómo tratabas a Alice...y no podía soportarlo. Y yo te veía triste, porque siempre te arrepentías. Os veía mal, muy mal...pero demasiado solos como para dejar vuestra relación. Así que...decidí ayudarte, no sólo a ti, a los dos. Y así, nació el amor entre Alice y yo.
-No...eso es mentira...-dijo con lágrimas en los ojos Nathaniel.
-No Nathan. -dijo Alice levantándose y poniéndose al lado de Gerald- Lo que dice Gerald es cierto...Yo encontré en él el amor que tú nunca me diste...Pero no te gustó, ¿verdad? No pudiste soportarlo. ¡Y por eso nos mataste, por envidia, por puro egoísmo, por maldad!
-¡No, yo...-era verdad, Alice tenía razón, pero...-¡Yo me arrepiento! ¡Todos los días que sucedieron hasta hoy me lamenté de haberlo hecho! ¡No pude nunca soportar tu pérdida, Alice, ni la tuya tampoco, Gerald! Yo...yo...no puedo...-cayó de rodillas-...no puedo...
Alice le puso una mano en la mejilla a Nathaniel.
-Pues entonces, ven y demuéstralo...ven con nosotros...
-Sí, sí...buscaré la manera de entrar...-levantó al cabeza y vio la puerta del interior de la celda.- ¿No podéis abrir la puerta?
-No, Nathan, nos está vedada esa salida. Sólo tú puedes entrar...nadie más.
-Bien, bien...entraré, enseguida vuelvo...
-Te esperamos, Nathan.- dijo Gerald.
Se sentaron los dos de nuevo en el borde de la cama. Pero ya no se reían de él...sólo le sonreían. Entonces, él les sonrió y se marchó por donde vino.
Cuando salió, bajó por otras escaleras y se encontró en un pasillo excavado en la tierra. Había agua barrosa que goteaba por todas partes. El pasillo hacía curva, por lo que pensó que era circular, lo siguió por la derecha. Mientras caminaba, sintió una sensación extraña...la atmósfera estaba demasiado enrarecida...había demasiado silencio...Algo malo pasaba. De repente, se paró en seco. Pasos a su espalda y delante suya. Chirridos y sonido de algo pesado arrastrándose. Tembló de pies a cabeza. Un sudor frío le recorrió toda la espalda. El Cabeza Pirámide...dos de ellos...iban a por él, y estaba atrapado. Miró a su alrededor y delante suya a pocos metros vio una entrada hacia dentro. Corrió hacia ella y cuando estuvo delante de la puerta metálica que se encontró, se encontró también cara a cara con el Cabeza Pirámide. Lo vio perfectamente, las ropas llenas de sangre, pero no fresca, sino podrida...la gran lanza oxidada...y la cabeza...porque no era una capucha, sino una cabeza...enorme, roja y piramidal. Fue apenas unos segundos, pero fueron como horas. Vio cómo el Cabeza Pirámide se preparaba para atacarle con la lanza y entonces giró hacia la puerta, la abrió y la lanza golpeó en la puerta de hierro cuando Nathaniel la cerró. Sin pensarlo mucho, Nathaniel atrancó la puerta con una mesa metálica que había y se retiró al fondo de la pequeña habitación. Entonces, pudo verla bien. Los cadáveres colgando del techo, aprisionados en extrañas celdas, las herramientas de tortura llenas de sangre podrida que habían caído de la mesa, el suelo y paredes rojo sangre...gritó de terror y gritó aún más cuando los Cabeza Pirámide empezaron a golpear fuertemente la puerta. Entonces las vio. La especie de espada que llevaban esos monstruos. Estaban en el suelo, a su lado. Cogió una. Pesaba muchísimo. Casi no podía con ella, pero al menos podría defenderse...
De pie, en medio de la sala, esperaba a los Cabeza Pirámides...
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El Verdugo estaba delante de la puerta de su Sala, en el Centro del Laberinto. Allí dentro estaba el Pecador al que debía perseguir y castigar. Intentaba abrir la puerta a golpes con su Lanza, mientras que otro lo hacía con su Espada. Entonces, el Amo Valtiel hizo sonar la alarma y tuvo que marcharse, él y su compañero. Ya lo atraparían en otra ocasión...
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De pronto, escuchó pasos y chirridos alejarse. Los Cabeza Pirámide se marchaban, lo dejaban en paz. Aquello era muy extraño...salió de la habitación, asomándose con precaución. Nadie, no había nadie. Decidió irse de allí antes de que volvieran, y justo antes de cerrar la puerta, vio algo en el suelo: tres llaves. Al principio pensó que eran las que ya tenía, pero cuando las recogió, vio que no era así. Una llevaba grabada la palabra REDENCIÓN y la cara de un hombre de mediana edad; otra, CULPABILIDAD y la cara de una mujer con aspecto triste...curiosamente, la llave tenía una ligera forma de cuchillo. La tercera llave tenía grabada la palabra CASTIGO y la cara de un hombre joven con la cara gruesa. La forma de la llave le recordaba a un revólver. Extrañado, se las guardó y cuando volvió a subir, las usó en la puerta. Ahora sólo quedaban 2 candados. de repente, se acordó de la llave que encontró en la celda de Walter. La sacó y la usó. Ahora sólo quedaba una...Volvió a bajar por donde había subido, pues estaba seguro de haber visto otras escaleras. Efectivamente, allí estaban. Subió y se encontró con una puerta. Entró y cruzó un pasillo hecho en el barro...o eso parecía. Tocó la pared y retiró la mano enseguida, ya que tenía el mismo tacto que la piel. Siguió caminando hasta llegar a otra puerta y un nuevo pasillo. Ahora ya tenía más aspecto de edificio, a juzgar por las paredes y el techo. había una puerta a su lado. Entró...
