9. La fecha fatídica

Las primeras sensaciones que inundaron su mente tras su marcha fueron de tranquilidad, pero a medida que los días se iban deshojando, acercándose la fatídica fecha del reencuentro, estos sentimientos fueron cambiando, transformándose el hasta entonces sosiego en una desesperada sensación de inquietud. Sabía que volvería a verle, y que él como siempre, conseguiría destruir la calma que la acompañaba, hundiéndose sin remedio en la vorágine de su pasión. Debido a sus meditaciones los minutos habían pasado sin ser consciente y el desayuno que se disponía frente a ella se encontraba tan frío con el corazón del príncipe. Se llevo las manos a la cara y frotó sus ojos. No había dormido apenas aquella noche, y la desazón que la envolvía le privó del apetito. Retiro la comida, y recalentó el café. Lo bebió a grandes sorbos y mirándose en el reflejo del cristal de la puerta de la cocina, fingió una sonrisa. Su apariencia hoy debía de ser de total normalidad. No solo debía de afrontar su destino, si no también a un Yamcha herido que no veía desde el día que Vegeta abandonó el planeta. Tras darle el pecho a su hijo aquella noche extraña, en la que confundieron sus deseos, y al volver a la habitación donde él estaba solo encontró una sala vacía. Lógico. Desde entonces no habían vuelto a verse. Ella por temor a represalias, él por que no quería sufrir mas. Podría vencer a Vegeta, pero nunca a Trunks.

En la fecha indicada, los amigos que protagonizaron tantas batallas volvieron a reunirse en aquella pequeña isla. Yamcha llegó el primero, junto con Ten Shin Han. Sus miradas se cruzaron, él intentó que reinara una paz que no existía y ella se esforzaba en mostrar una sonrisa que no pareciese falsa. El saludo fue un ritual frío y de compromiso. Los ojos de él no se apartaba de la figura del niño. Bulma le devolvió una mirada entre tierna y vacilante. Pero el se sentó encima de las rocas mientras esperaban la llegada del resto. Ten Shin Han miraba con interés la escena pero su prudencia le hizo guardar silencio mientras aguardaba igualmente la aparición de los demás guerreros.

Cuando el portentoso ki de Goku pudo ser captado por Yamcha este se levanto y anunció su próxima llegada. Bulma estaba nerviosa pues las preguntas rondarían escasos segundos desde que posasen sus pies en tierra firme, pues su affaire con Vegeta era desconocido para sus amigos, o al menos eso era lo que creía.

Lo que había pronosticado no tardo en suceder, aunque Goku se encontraba mas escandalizado por su presencia que por el hecho de llevar en brazos a un niño. Pero la coherencia de Krilin hizo que se desatara una situación tensa, pues Gohan atribuyó la paternidad de su vástago a su antiguo novio. Yamcha se alejo mientras indignado se refería al padre como una sorpresa. Los ojos de Krilin parecían desorbitados, mientras su cabeza hacia cálculos intentado adivinar de quien se trataba. Mientras Goku se acerco a Bulma y tocando al pequeño, desveló el nombre del padre y el suyo propio para shock de los presentes y de la propia madre. ¿Cómo lo ha podido saber? Sin duda sabia algo, pero permanecería serena analizando la situación. Notó el nerviosismo que se apoderó de Goku y eso no le hizo si no confirmar que Yamcha habría estado hablando con él. No podía reprocharle nada a su amigo de la infancia, pero... ¿qué confidencias le contaría? Krilin aun no daba crédito de la noticia y se cuestionaba la veracidad del hecho, mientras Yamcha suspiraba de indignación ante la derrota sufrida en su corazón. "El ni siquiera fue capaz de acompañarla" pensaba mientras desviaba la mirada hacia el suelo.

Mirar al cielo a la espera de ver su silueta era las verdaderas intenciones de Bulma, aunque ciertamente tenia gran interés por ver a los androides. Era una mujer intrépida y aquel muchacho del futuro hizo renacer en ella su espíritu de aventura, aquel que la acompañaba cuando en su pubertad buscaba las esferas junto a su gran amigo. La idea de poder observar de cerca los cibors que supusieron la muerte de los guerreros Z era una tentación para una mente tan despierta como la suya, nacida para comprender la mas alta tecnología y liderar un imperio mundial. Pero sobre todo, y por encima de todas la cosas necesitaba verle. No sabia en que punto se hallaban, su relación estaba llena de altibajos, pero ella por fin tenia una idea fija en su mente. Una idea que no cambiaría, ni siquiera aun siendo la ultima palabra de Vegeta un "no" rotundo, ella seguiría ahí.Le esperaría, en la sombra, sin importarle que sus ojos no la quisieran ver, lo amaría por siempre , por que él le había dado mucho, le había dado lo que mas quería en este mundo, su hijo.

¿Dónde esta Vegeta? No lo veo por ningún lado ¿es que no va a venir? – peguntó Piccolo dirigiéndose a Bulma.

A mi no me preguntes no lo sé, no quiso venir conmigo. De todas formas creo que vendrá pronto por que ha estado entrenando duramente para cuando llegara este momento tan importante – respondió, en un intento de no hacer constar que no veía a Vegeta desde hacia bastante tiempo. Sus ultimas semanas de entrenamiento habían sido lejos de ella.

Claro que si, estoy seguro de que vendrá- dijo Goku. Bulma miro a su amigo con cariño. Deseaba con todas sus fuerzas que Vegeta realmente apareciese, aunque estaba claro que el motivo no sería otro que el de demostrar sus logros en estos tres años y seguir alimentando su ego. Podría envolverse de toda la soberbia que quisiera, pero ella con tan solo mirarlo a los ojos vería sus verdaderos pensamientos.

Faltaban solo 30 minutos para la aparición de los androides, Gohan estaba ansioso pero Goku se mostraba preocupado por que ella no sufriera ningún daño.

Bulma será mejor que te vayas antes de que sea demasiado tarde. Ahora tienes un niño pequeño- le exigió. Trunks lo miró asustado y ocultó su rostro en el pecho de su madre.

Lo haré, pero primero déjame que vea los robots, lo estoy deseando- dijo mientras sonreía. Goku sintió que Bulma era una cabezota y no lograría cambiar de opinión, aun con el paso de los años no había cambiado nada. Pero ese pequeño, debía de cuidarlo. Alejarlo todo cuanto pudiese de las desgracias de este mundo. Pues sabia bien que el futuro del joven Trunk podía ser similar al de su homologo en el futuro. Debería estar atento al trascurso de las siguientes horas, y velar por la integridad de todos, sobre todo de Vegeta. La idea de su vida sin el orgulloso guerrero se le imaginaba vacía, pero sobre todo debía de protegerlo por aquel bebe, y sobre todo por Bulma. Ante sus ojos siempre la había visto como un amigo masculino, sin fijarse en los bonitos atributos de la intrépida mujer. Pero ahora era consciente de la belleza que cautivó a Vegeta y en sus ojos podía ver lo que nunca vio reflejado mientras estaba con Yamcha. Eran curiosos sus pensamientos se decía para si mismo mientras se limitaba a observar desde la colina como pasaba lentamente el tiempo. Pero él, en el fondo de su ser tenia un espíritu saiyano, y sus pensamientos internos quedarían siempre guardados para si.

La hora había llegado y en su poder se encontraban las alubias mágicas traídas por un cobarde Yajirobe. Los minutos iban pasando, y el enemigo no hacia su aparición. Ten Shin Han se mostraba preocupado. Yamcha se mostraba incrédulo desprestigiando las palabras de aquel chico misterioso cuando de repente una explosión rompió la quietud del momento. La nave de Yajirobe había sido atacada y en el cielo se divisaban dos pequeños puntos que se dirigían rápidamente hacia la ciudad. Los minutos ahora se iban desencadenando rápidamente y Goku no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Decidió tomar el mando de la situación y organizar a los guerreros. Bulma se encargaría de guardar las alubias mágicas. Ahora les tocaba separarse pero si alguno de ellos se topaba con los androides debía de informar al resto.

¡Adelante! – grito Picolo dejando tras de si una estela de humo que se iba disipando. Bulma y Trunks se quedaron esperando en la colina.

En la ciudad no parecía haber ni rastro de los temibles androides, Gohan encontró a Yarijobe en el mar que bordeaba la isla mientras que Yamcha se convertía en el primero de los guerreros que vería a los androides, el primero que divisaría el emblema del ejercito de la cinta roja, el primero en sufrir en persona el devastador poder que sobre él se cernía absorbiéndole la energía. Para su fortuna la explosión de un camión que esquivó la trágica escena alertaría a los demás guerreros. Pero era tarde, la otra mano que le quedaba libre al androide atravesó como una cuchilla el débil cuerpo de éste a la altura del pecho.

Mientras en la colina, Bulma observaba ajena la explosión, sin saber que él que hasta hacia poco tiempo había sido su gran amor estaba apunto de morir.

Los ojos de Yamcha se iban nublando mientras que el androide seguía presionando su boca con su mano y su brazo aun seguía atravesándolo. Se sentía profundamente agotado intuyendo que la causa de su desplome no era otra que el descenso de su energía incrementado por aquella herida mortal.

Por su mente pasaban todos los buenos momentos a modos de diapositivas. No había orden en las imágenes que se iban sucediendo lentamente. Pasaban delante suya mientras el brazo de aquel desconocido se abría paso en sus entrañas lentamente. Un nombre solo era capaz de venirle a la cabeza, un dulce sabor, un calidez, una suave piel, un pelo azulado. Lentamente su ojos fueron perdiendo visión fruto de lo que sería muerte inminente. Agotado sus músculos dejaron de hacer fuerza quedándose su cuerpo totalmente lánguido e inerte mientras poco a poco su alma se separaba de su cuerpo.

Lamentó en sus últimos segundos de conciencia todo una vida llena de sinsabores, de verdades a medias, de sentimientos reprimidos, sintió por un solo instante no poder haberle desnudado el alma y no el cuerpo.