Capitulo 9.
Traumas de una vida perdida.
Meses habían pasado, eso se le hacía raro, Blaze… no estaba, se había ido… era como si ella no existiera, como si lo que le dijo el cocodrilo fuera verdad, tarde se dio cuenta de que a Blaze se la había tragado la tierra.
Despertó empapada de sudor, aún estaba conmocionada, todo lo que había visto, todo lo que había descubierto la tenía anonadada, odiaba la rutina, odiaba ese sentimiento de aprensión que se posesionaba en su pecho "¿por qué tuve que ver eso?" se preguntó con voz ronca mientras intentaba dejar de lado todos esos nombres y caras involucradas en el caso, tampoco podía creer que el jefe de la policía: el cocodrilo Vector, estuviera involucrado en un caso de semejante magnitud o que le llamaran "capítan"; fue aún más su pavor cuando notó varios nombres distintos, como Rack el Rodweiller y otras tantas cosas más, no podía seguir durmiendo por más que quisiera, jadeaba por la impresión. Se informaba siempre de las noticias y asuntos políticos… ¿pero que el asistente presidencial estuviera financiando la investigación? Tenía sentido por un lado… pero nada de lo que veía en las noticias se parecía siquiera a lo que el archivo decía, "deja de pensar tanto ahora, Amy" se dijo a sí misma mientras se sostenía la cabeza para sentir las brillantes gotas de sudor correrle por la frente. Se levantó, aún no había salido el sol, pero sentía que no volvería a dormirse aunque lo intentara... así que paciente y decidida esperó la llegada del amanecer.
Mientras trabajaba en su computadora, para las tareas escolares, no se podía concentrar, las ideas le eran sustituidas por esos perturbadores pensamientos... movió ligeramente la cabeza de un lado a otro, tratando de callar las voces de su mente, unas que le pedían a gritos liberar aquellas tensiones que le generaban el exceso de saber. Quiso evitar por un momento todos los posibles temas para iniciar su escrito, porque los géneros no ayudaban a que ella se mantuviera enfocada "¿Qué haré?" se preguntó a sí misma, entonces recordó: "Si tienes algo que te atormente, escríbelo" era la voz de su madre, quien había muerto hacía varios años.
Amy abrió un documento nuevo en su computadora y comenzó a teclear, esperando descargar sus frustraciones en él, deseando que todo despejara su mente de manera que sus pensamientos no se volvieran algo además de un simple sueño. Había notificado a sus compañeros de equipo (Sonic entre ellos) que ella haría todo una vez que terminó la primera parte del trabajo, lo que quería ella era despejarse.
Caminó despacio, recorriendo cada una de las calles con su mirada, como si así pudiera descubrir algo más, llegó entonces a ese callejón por donde vio a Blaze la última vez, todo destruido aun, nadie se iba a dignar a mandar a repararlo "¿qué pasó ese día?" se preguntó y se adentró por las calles solitarias, caminó un poco, y se acuclilló para tocar el suelo, "Hollín."
Sólo había hollín cuando había fuego, y por alguna extraña razón, el fuego le recordaba a Blaze.
Llegó y la esperó ese día en el mismo lugar, aunque sabía de antemano que no iba a llegar... otra vez. Cuando la jornada estudiantil terminó, se dispuso a partir a su casa. Caminó a paso lento y acompasado, como si no tuviera prisa, hacia su casa a la vez que le daba vueltas a todo el asunto: el parque quemado, el día en el que Blaze se perdió… por algún motivo todo tenía una relación que le causaba escalofrío, fue tanto que no se percató ni de que Sonic la estaba siguiendo de cerca ni de que Sally venía caminando en dirección opuesta; Sally estudiaba en el turno vespertino, pero había visto a Sonic de reojo y le había llamado la atención… para variar.
En ese momento, mientras caminaba con pesadez, sintió que una mano se posaba ligeramente sobre su hombro; volteó y entonces la sonrisa inmutable de Sonic la detuvo.
–Ven conmigo – le tendió la mano. Pero antes que pudiera tomarla, llegó a su lado Sally Acorn.
–Vas a salir conmigo – le anunció la ardilla con arrogancia, espetándoselo casi como una orden en espera de ser contestada de buena manera. Amy bajó la mirada y se marchó resignada, eso no era propio de ella, Sonic sabía que algo estaba mal, algo la preocupaba más de lo que aparentaba.
–Iré contigo – aseguró Sonic a Amy cargándola y llevándosela consigo a quién sabe dónde, sin objetar, se dejó llevar por los brazos de su amado erizo supersónico... llegaron a una hermosa playa, la playa de Emerald Coast – quiero saber qué es lo que te aflige – le dijo una vez estuvieron sentados en la calidad arena.
Ella desvió la mirada, con voz casi inaudible admitió.
–Tengo miedo –reveló con la voz quebrada, como si algo por dentro se estuviera consumiendo, como si un ente estuviera sustituyendo a Amy… a su Amy -¡estoy asustada, demasiado asustada! –expresó en forma de exclamación y entonces fue cuando se pegó al cuerpo de Sonic sin importarle si fuera él… le daba lo mismo en ese instante, no le importaba si siquiera se iba a aferrar a un cactus, lo único que quería era aferrarse.
Supo entonces que ella lloraría si le preguntaba de nuevo, así que, sólo guardó silencio, mientras la abrazaba por los hombros, y buscaba algo sensible qué decir, a veces, su bocaza no ayudaba, y su impertinencia podría dañar a la persona que más amaba "no hay qué temer. Yo estoy aquí" le dijo al oído... y se dejó abrazar por los brazos del consuelo. Sonic no sabía de qué estaba hablándole ella, no creía que algo de verdad la pudiera asustar. Asustar a aquella eriza rosa era imposible… casi al parecer porque ahora ella estaba sacando sus emociones de una manera tan líquida que terminó por empaparle los hombros, pero lo que pudo asegurar después fue que jamás sintió tantas ganas de estar con esa chica.
Cuando la dejó en su casa, llegó a su apartamento, donde lo esperaban sus otros hermanos Speed… cinco letras que podrían definirse con elegancia. Eso era lo que predominaba en la vida de los hermanos Speed... elegancia definitiva, a pesar de que su padre hubiera decido mantener en secreto sus vidas y su profesión, Sonia, Sonic y Manic, vivían en uno de los mejores apartamentos de Station Square, lleno de lujos que solo las posiciones de los políticos podían ofrecer... sin embargo, la escuela elemental de Station Square no era la mejor y aunque ellos no lo sabían, estaban ahí por protección. Sus días eran rutinarios, se levantaban temprano para ir a la escuela, desayunaban, se iban juntos, a veces, Sonic se iba y los dejaba por ser lentos... pasaban una jornada estudiantil que aburría a muerte, en las que casi se dormían, cuando salían, la pasaban bien con sus amigos, los cuales principalmente eran Amy y Cream... aunque también había una que otra chica colada por Sonic que les unía, a las cuales Amy, en la mayoría de las veces, terminaba por ahuyentarlas, a todos se le hacía cómico... y en las noches, veían T.V, jugaban X-box, comían en restaurantes y pedían a domicilio. Eso era lo bueno de no tener un representante, lo gratificante de vivir solos. Pero las rutinas no terminaban ahí, las noches, no únicamente se despedían con unos buenos deseos, todas las noches... todas, absolutamente todas, desde hacía seis años, Sonia, la hija mayor de los Speed, despertaba a sus hermanos con sus llantos, pues sus pesadillas eran atormentadas por recuerdos desdibujados en la mente de la eriza.
Sonic "la cosa más rápida del mundo" estaba relajado en la gran cama de su magnífica habitación, no había podido dormir últimamente por la indiferencia de Amy y la preocupación de haberla visto hurgando en papeles confidenciales de la estación de policía.
"¿Qué la tiene asi?" se preguntó, entonces, sus cavilaciones se vieron interrumpidas por fuertes azotes en su puerta de caoba.
– ¡Sonic! – escuchó el timbre conocido para él a través de la puerta: Manic. Se levantó y abrió la puerta, para mirar a Manic alterado, una faceta que sólo Sonic conocía. Entonces miró el reloj de pared, las cuatro, supo lo que pasaba – ven rápido – prosiguió Manic – está volviendo a tener el ataque.
Sonic corrió hasta la habitación de su hermana, una y otra vez durante años lo había hecho, era costumbre, era rutina. Irrumpió en la habitación, y entonces la vio, se revolcaba en la cama, pateaba las sabanas, daba manotazos al aire, apretaba sus ojos fuertemente provocando que lágrimas cristalinas abandonaran la morada de sus ojos. Sonic se acercó a ella decidido. Trataba de calmar nuevamente este desastre, este ataque en que era sometida durante todas las noches su hermana mayor.
–Tranquilízate, Sonia – le pidió con voz pasiva mientras la tomaba de las manos para que no se hiciera daño.
–No puedo... no la ayudé – dijo entre delirios con voz ronca... rota, cargada de sentimientos que desaparecían con el primer rayo de luz.
Manic trataba de atar las esposas en los tobillos de su hermana a la par de la cama, así ella dejaría de luchar no sin antes hacerse mucho daño. Sonic subió en la cama, para calmar el cuerpo agitado de su hermana, y atar sus muñecas sobre su cabeza con pañuelos de seda.
–No fue tu culpa... ¡escúchame, Sonia, no fue tu culpa! –le decía Manic.
–Te habrían matado a ti también si hubieras estado ahí.
A los hermanos Speed les dolía esa escena en la que ellos tenían que atarla, se movía bruscamente haciendo un ruido metálico de las esposas chocar contra los tubos de la cama, hasta que ella, exhausta, se detenía y suplicaba con voz paciente "suéltenme" "no me aten" "no soporto que me aten" Después, ellos con el corazón en la mano, le soltaban las cadenas, y la abrazaban hasta que sus lágrimas desaparecían al secarse, y el sol, con sus primeros rayos, borraban de la memoria de Sonia, esos episodios que sólo Sonic y Manic, podían recordar muy bien.
Sonic detestaba que su padre, no estuviera con ellos cuando lo necesitaban, por sus obligaciones laborales… las que eran desconocidas para ellos, no les prestaba atención, Sonia lo necesitaba, Manic lo necesitaba, él lo necesitaba.
Sentía que era su responsabilidad el hecho de que Sonia se culpara por semejante suceso, era una niña, no podía hacer nada, era culpa de su padre que ella se condenara cada vez que pensaba en eso, que los recuerdos tormentosos de una pérdida la agobiaran. "No fue tu culpa" siempre se lo decían. Noche tras noche.
"Seis años antes, los hermanos Speed vivían en una elegante mansión en la zona más lujosa de Station Square, con una magnifica vista hacia Coast Emerald, los atardeceres ambarinos le llenaban de júbilo, viendo al sol tocar el mar como si lo besara. El sueño frustrado de Aleena Speed era el ser enteramente feliz con su familia, su esposo y sus tres hijos, Sonia, Sonic y Manic, pero las obligaciones de su marido lo alejaban mucho de la vida familiar. Así que, Alena tenía que conformarse con estar sola en tardes llenas de tristeza.
Esa tarde, sus hijos se habían marchado, su esposo también, y como siempre, tenía que estar sola.
–La profesora de historia se enfermó del estómago, así que no hay clases para mí – anuncio la pequeña eriza que era Sonia Speed en ese entonces.
– ¿Regresaras a casa? – le preguntó Manic, con ojos brillantes, pues le deleitaba la idea de irse temprano a casa sin haber tenido clases.
–No – los ojos de la eriza brillaron con picardía – iré a casa de Ginger a ver películas... y tú, mi querido Manic, no debes decírselo a Sonic.
Manic selló sus labios, y se fue directo a su primera clase del día en el prestigioso instituto Emerald High... Sonia miró cómo entraba su pequeño hermano al salón, Después de que éste desapareciera de su vista, se marchó con sus amigas. Unas horas más tarde, Sonia caminaba de regreso a casa, llevaba una gran sonrisa en su cara, pues había comprado un regalo para el cumpleaños de su mamá que sería pronto, y quería esconderlo sin que se diera cuanta, pues se arruinaría la sorpresa. Checó una vez el bello adorno de cristal, y su cara brilló por su fulgor. Entonces, vio la casa, corrió hacia ella, y entró "¡Mami!" gritó una vez, usualmente, su madre siempre respondía a la primera llamada, y salía con un vaso de chocolate con leche listo para sus pequeños, pero esta vez... ella no llego.
"Mami" gritó otra vez, se quitó su abrigo y caminó hacia la cocina, su madre no estaba ahí, ni en la biblioteca, ni en el comedor, en ninguna zona de la planta baja, entonces, subió por las escaleras de mármol pulido, y revisó arriba "Mami" susurró.
La puerta de la habitación de los niños estaba tirada y rota en el área de la cerradura, lo que hizo que la niña se alterara y corriera a dentro, la imagen que vio la traumatizó de por vida, su madre, estaba tirada en el suelo de su habitación, aferrándose a una de las cobijas de las pequeñas camas que pertenecían a sus hijos, cubierta de sangre.
La imagen se desdibujó cuando sus lágrimas empañaron sus ojos y entonces reaccionó corriendo hacia ella, tomándola entre sus brazos, llenándose de su sangre, y ahí, la vio morir... notó un escrito en el espejo, que no comprendió: "esto es para que no te olvides de mí.""
Desde ese día, Sonia se preguntaba qué significaba a eso.
A la mañana siguiente, sus hermanos la veían tararear una alegre canción mientras preparaba el desayuno, ya estaban acostumbrados, era un ciclo, uno que se repetía y se repetía de todos modos, una rutina, pero una cotidianidad no puede seguir así por siempre.
Sonic lo comprobó cuando la actitud de Amy lo cambió todo, pues los afectaba a todos, y por más que odiara la cotidianidad, por más que detestara hacer las cosas todos los días de la misma forma, Amy no podía seguir así, se alteraba fácilmente, lo que decía que ella estaba en graves problemas que no sólo se relacionaban con su miedo.
Speed... cinco letras que significan, que nada es lo que parece...
El erizo negro llego nuevamente al edificio abandonado, tenía la necesidad de contarle a alguien todo lo que había oído, pero sabía que no debía contar nada, ni a Silver, por mucho que fuera su compañero, no podía, no debía, tenía que guardase sus descubrimientos para el… por ahora. Al entrar en la pequeña sala que hacía de recibidor de ese edificio, lo primero que vio fue a Silver recostado en un sillón lleno de polvo mirando caricaturas en un televisor viejo, cuyas imágenes eran en blanco y negro, llenas de rayas y figuras desdibujadas que desaparecían en el borde del televisor para luego volver a subir, como un ciclo sin fin.
–Hasta que por fin apareces – le reprochó Silver, aunque, para él era mejor que no se apareciera, estaba muy bien sin tener la fría mirada de Shadow sobre él y su secuestrada.
Shadow rodó los ojos.
–¿Cómo está la víctima? – preguntó con desdén, y caminó con pasos decididos hacia la puerta de aquella habitación donde estaba encerrada, pero la voz de su compañero lo detuvo al instante en el que estaba a punto de abrir la puerta.
–Casi murió de fiebre – tuvo que luchar contra sí mismo para fingir que no le importaba, porque lo hacía y mucho – está dormida.
Shadow no tenía nada para dudar de sus palabras, pero ya que estaba tan cerca, quiso confirmarlo con sus propios ojos, al abrir la puerta, pudo corroborar que lo que decía su compañero era cierto. La gata se encontraba en la curtida cama acurrucada con una manta, gracias a la poca luz que había en la habitación, pudo ver pequeñas gotas de sudor aperladas bajar por la frente de la lila, así supo que la fiebre se le había bajado.
Pero eso no fue lo que más le llamó la atención, sino los amarres, las cuerdas y cadenas se encontraban en el suelo a un lado de la cama. Se giró hacia su compañero y caminó con pasos fúricos mientras lo tomaba de la sudadera para levantarlo de aquel sillón.
Silver no entendía porque la actitud de su compañero, lleno de sorpresa, lo miro esperando a que dijera algo.
– ¡Le has quitado las cadenas! – Casi escupió en su cara – eres un estúpido… ¿es que acaso piensas echar a perder la misión?
Lo arrojó al otro lado de la habitación, donde éste, se levantó y limpió su ropa, recogiendo su dignidad del suelo – tenía fiebre… y…
–¡Y nada! – le cortó – ahora mismo vas y vuelva a atarla.
–¿No te diste cuenta que en la pelea, ella no sabía cómo usar su piroquinesis? – Silver se encogió de hombros, se dio cuenta de que había captado el interés de Shadow cuando éste alzo una ceja interrogante – no sabe cómo hacer fuego.
–Ya qué – resopló exasperado y abandonó la sala para volver a perderse en las sombras de la noche.
Minutos después, cuando Silver estuvo seguro de que Shadow se había alejado lo suficiente, fue hacia la habitación de la chica, abrió la puerta lentamente y la miró ronronear en sueños, era la primera vez que dormía tan plácidamente desde que llegó, cerró la puerta con cuidado y bajó a una tienda en la esquina.
No temió que al llegar ella no estuviera, porque sabía, que ella no quería irse, no quería volver a lo que fuera que era su vida. Cuando regresó, ella había despertado, se encontraba sentada sobre la cama con la sabana en su regazo, su ceño fruncido daba a entender que estaba completamente absorta por sus pensamientos. Sonrió al verla, pues era sumamente hermosa, aun a la luz tenue de esa habitación, y aun más a las penumbras de la noche.
–¿Cómo te sientes? – le pregunto, acercándose a ella con el recipiente de comida.
La gata volteó a mirarlo, y enseguida su ceño se suavizó, Silver puso su mano en su frente, sintiendo su temperatura y comprobando que estuviera bien. Blaze cerró los ojos al contacto, se sentía segura, fresca… era un sensación agradable de… afecto. En la casa donde vivió desde la muerte de su padre, Blaze nunca había vuelto a sentir algo tan confortable como eso. Apenada se ruborizó y se apartó al instante, el toque de Silver se había convertido en caricia.
–Mucho mejor – dijo sin ánimos. El erizo plateado sonrió.
–Entonces creo que puedes comer esto – le ofreció el recipiente, ella lo miró por un segundo, observando su contenido – tienes hambre.
Blaze asintió y tomó el recipiente, lleno de pollo frito y comió con las manos con un poco de desesperación, los asopados no le gustaban, y la comida de ahí, a pesar de estar un poco mejor de lo que se esperaba, no tenía un sabor que le resaltara en el paladar, le encantaba el pollo frito. Silver la miró comer, una risa escapó de su garganta junto con un susurro de: "eres una cerda", Blaze se detuvo ante tal insulto, pero luego notó que lo había malentendido, se le había salido inconscientemente… no importa, eso no cambia el hecho de que le había dicho cerda.
– Yo creí que era un gato… pero tienes razón, si, lo soy – y siguió comiéndose su gran porción de pollo frito.
Silver soltó una sonora carcajada.
–Tus modales apestan –dijo Silver, haciéndola bufar –para ser niña rica, no eres muy educada.
Blaze cambió su semblante a uno más serio, "niña rica" pensó, "¿por eso me secuestraron? Piensan que tengo dinero"
–No deberías decir eso… tus modales no son los más finos –dijo para después chuparse descaradamente la grasa de los dedos. La sonrisa de Silver desapareció mientras la observaba hacer ese acto.
–Veo que te gusta el pollo frito –comento.
Ella se echó a reír. Sí, le gustaba. Las risas se acabaron, ellos permanecieron en silencio por un minuto que pareció eterno. Blaze tenía dudas, muchísimas dudas, no es que le gustara entrometerse en la vida de los demás, pero había algo, algo que la inclinaba a desear saber. Ella rompió el silencio.
– Pensé en lo que me dijiste –bueno, no era lo que quería decir, pero por algo se empieza... notó que había logrado obtener la atención del erizo, y continuó – lo de ser amigos...
–¿Entonces quieres ser mi amiga? –preguntó con júbilo, aunque no era su intención sonar tan alegre.
–Podría ser... pero tengo que saber más de ti.
–¿Cómo qué? – Blaze estaba pensativa, quería llegar a conocer más sobre él, lo que fuera que la inclinaba a desearlo, ahora tenía la oportunidad, y debía pensar bien su pregunta.
–¿Qué te trajo hasta aquí? –dijo suavemente, la sonrisa del erizo se desdibujó de su rostro, "hasta aquí" ¿qué significaba "Hasta aquí"? No sabía la respuesta, a él nada lo había llevado hasta ahí, había estado siempre en ese lugar, no tenía justificación, siempre, desde que podía recordar, su hogar eran ellos, su familia eran Shadow y los demás asesinos del cartel, había sido una especie de esclavo de su jefe desde niño, educado y criado para ser el mejor asesino y sin embargo, sus sentimientos habían salido a flote, sin importar cuantas veces habían sido tratados de reprimir. Blaze fijó su mirada amielada en la dorada del erizo, y supo que había cometido una imprudencia, él estaba tan pensativo que ya no la miraba – lo siento... no quería incomodarte.
Silver se levantó, su cara seguía en penumbras, apenas miró a la gata mientras se dirigía a la puerta de aquella vacía y sombría habitación. Entonces, la miró, sus ojos se cruzaron por unos minutos, y sus corazones se desbordaron; sus ojos eran un pozo sin fondo, un pozo lleno de oro donde reposaba su alma.
–No me incomodo –dijo el, sin poder sostener la mirada. Blaze observó esa habitación, ahora se sentía más vacía de lo que alguna vez la sintió desde que llegó, entonces sus palabras se escucharon de nuevo en su cabeza en forma de susurro, notó que eran palabras sinceras, pero había algo que no supo distinguir... ¿dolor, quizás?
No quería volver a estar sola... había algo que le hacía desear no estar sola más, nunca... ahora sentía que esa sensación era algo ajeno, extraño, ya que conoció la calidez de la compañía, no quería dejarla nunca más, como abrazar el sol después de un día de tormenta.
Por una vez más, pasaron por su mente las personas que había conocido cuando era libre... libre, nunca se sintió libre cuando debía serlo, pero ahora, estaba encerrada en esa habitación baldía y su alma había dejado de vagar, ahora vivía ¿y todo por quién? por esas sonrisas amistosas con las que sólo el calor del sol era comparable... notó entonces que ambos no eran tan diferentes después de todo.
