Capítulo 9. Un destino triste.
–Voy a ir a Alemania. –informó Toshiko a su hija mientras ponía unas tazas en la mesa para servir té.
–¿A Alemania? –preguntó Sora.
–La Escuela Internacional de Música Klaus me ha pedido que vaya. –le explicó Toshiko.
–¡Eso es genial! –dijo Sora.
–¡Lo sé!¡Era mi sueño! –dijo Toshiko emocionada.
–¡Enhorabuena! –felicitó Sora contenta.
–Vendrás conmigo, ¿no? –dijo Toshiko, pero a Sora le cambió la cara.
–¿Cuánto tiempo estaríamos fuera de Japón?
–Al menos unos tres años. –respondió su madre.
–Entiendo. –dijo la pelirroja que ya no estaba tan emocionada.
–Todavía hay tiempo, así que tómatelo con calma para pensarlo. –dijo Toshiko al ver la cara de su hija. Ya en su habitación, Sora abrió una cajita de mimbre y cogió la concha que le regaló Yamato en su excursión a la costa. Esa concha le hizo recordar el momento en la playa en el que su ahora novio confesó sus sentimientos por ella.
–¿Si? –dijo un despeinado Taichi abriendo la puerta de su casa.
–Buenos días. –dijo Mimí, que se había presentado allí para sorpresa de Taichi.
–¿Qué haces aquí tan temprano? Todavía no son ni las siete. –dijo el chico. –Incluso están dando el informativo matutino todavía. –Hikari, que se encontraba removiendo nattou* con unos palillos y con la tele puesta bajó el volumen y se colocó más cerca para ver qué podía captar.
–¿Molesto? –preguntó Mimí.
–No. –y la dejó entrar mientras Taichi se rascaba la barriga.
–No he podido dormir. –dijo Mimí. –He pensado que llegaría el verano, luego el otoño, después el invierno y de nuevo la primavera; y he pensado en que las cosas podrían terminar sin que ocurriera nada.
–¿De qué estás hablando? –preguntó Taichi.
–De nosotros. –dijo Mimí.
–Espera un momento. –le pidió el chico. –Vamos fuera a tomar algo a algún sitio.
–No creo que haya ningún sitio abierto todavía. –dijo Hikari levantándose e interrumpiendo el paso a su hermano mientras removía el nattou que tenía en el bol.
–Buenos días. –saludo Mimí.
–¡Buenos días! –saludó Hikari alegre apartando a su hermano. –Pasa, por favor. Estaba haciendo el desayuno. ¿Por qué no te unes?
–¡Idiota! –insultó Taichi dándole un calbote a su hermana. –No podemos hablar de nuestro futuro comiendo nattou.
–Aquí tiene, señorita. Lo de siempre y su cambio –dijo el dependiente de la tienda de animales a Sora mientras le entregaba una bolsa con comida para pájaros. Sora salió de la tienda y se entretuvo en el escaparate saludando a un cachorro de bulldog francés de color blanco. Después se dispuso a desbloquear el candado de su bicicleta para irse a casa. En la acera contraria, un hombre con el cabello rubio y ojos azules llegaba con una maleta. Entonces la vio.
–Sora. –dijo para sí sorprendido de verla. –¡Sora! –la llamó. Pero Sora no le vio y antes de que se montara en la bicicleta, el hombre empezó a saltar y a mover sus brazos. –¡Sora!¡Aquí! –entonces, la chica lo vio. Su cara se iluminó de felicidad al ver a Takeru Takaishi, y lo saludó moviendo sus brazos con fuerza, de manera que la bicicleta cayó al suelo. Dándose cuenta de que metió la pata, Takeru rió de la ternura que le inspiró esa escena.
Taichi y Mimí se encontraban arrodillados frente a frente, con la mesa donde estaba el desayuno por en medio.
–Iré a comprar algo de café y algo para comer al combini. –dijo Hikari para poder dejarlos asolas.
–¿Tienes dinero? –preguntó su hermano.
–Sí, aquí hay algo. –dijo Hikari cogiendo una cartera.
–¡Oye!¡Esa es mi cartera! –dijo su hermano.
–Nos vemos. –dijo Hikari con una sonrisa maligna mientras se dirigía hacia la puerta con su cojera.
–Ten cuidado. –dijo Taichi.
–Sí. –respondió su hermana.
–Tengo que protegerla. –dijo Taichi mirando todavía hacia la puerta por la que había salido su hermana. –Por su estado. –añadió después.
–Yo también la protegeré. –dijo Mimí.
–¿Qué?
–Todo lo que tú protejas, yo también lo protegeré. –dijo Mimí. –Es muy graciosa. –añadió después.
–Pero su pierna no está bien. –se quejó Taichi.
–¿Y qué importa eso? Sin embargo sí hay un problema. –dijo Mimí ante la mirada curiosa de Taichi, que no entendía que otro problema habría. –Su peinado.
–¿Su peinado? –preguntó Taichi confuso.
Takeru tocaba el piano enérgicamente en la casa de las Takenouchi. Madre e hija aplaudieron después de su gran interpretación.
–¡Maravilloso! –dijo Sora sorprendida.
–Dice Sora que ha sido maravilloso. –tradujo su madre.
–Gracias. –dijo Takeru en lengua de signos.
–Tomemos un té. –dijo Toshiko.
–Me enteré por tu madre, así que decidí aprender lengua de signos. –explicó Takeru al ver la cara de sorpresa que puso Sora cuando éste le dio las gracias en lenguaje de signos. –Es difícil. ¿Lo hago bien? –preguntó Takeru mientras ambos se sentaban a la mesa.
–Muy bien. –dijo Sora.
–¿En serio? ¡Qué alegría! –dijo él. –Me quedé impactado cuando oí la noticia. Debes de haber pasado por mucho. Estaba en Alemania, así que no tenía ni idea hasta hace unos meses.
–Takeru toca el piano en la Escuela Internacional de Música Klaus. –informó su madre.
–¡Es dónde vas a ir tú! –dijo Sora dándose cuenta.
–Exacto. Me ha dicho que cuando vayamos a Alemania nos ayudará. –dijo Toshiko trayendo té fresquito en una bandeja. –No os veíais desde hace bastante tiempo, ¿verdad? Solíais jugar juntos cuando erais pequeños. Incuso hacíais planes secretos. Sora decía que os casaríais cuando fuerais mayores. –dijo Toshiko riendo.
–¡Para! –dijo Sora avergonzada. –¡Eso fue hace mucho tiempo!
–Ups. Perdona. –se disculpó su madre riendo. –Takeru se ha tomado unas vacaciones para venir a Japón, así que se quedará aquí. Sé amable con él.
–Muchas gracias de antemano. –dijo Takeru.
–Un placer. –dijo Sora.
Mimí y Hikari caminaban contentas por las calles de Tokio. Taichi iba al lado de su hermana, aunque con su típica cara de indiferencia.
–¡Mira esa tarta! –dijo Hikari señalando una vitrina de una pastelería. –¡Qué pinta tiene!
–¿Por qué has tenido que venir? –se quejó Taichi.
–¡Cuántas tiendas! –dijo Hikari ignorando a su hermano.
–¡Para ya! Pareces una chica de campo que acaba de llegar a la ciudad. –dijo Taichi.
–¿Dónde entramos primero? –se preguntó Hikari.
–¿Por qué no vamos a cortarte el pelo? –sugirió Mimí.
–¿Dónde? –preguntó la chica.
–Donde voy yo siempre. –contestó Mimí. –Está por allí. –dijo señalando con el dedo.
–¡Me encantaría! Oh, podría haber traído los recortes de las revistas que he ido coleccionando. Me gustaría cortarme el pelo como la cantante Nacchi*.
–¡Pero tu cara es diferente! –replicó Taichi ante la mirada asesina de Hikari.
–Puedes quedarte en esta habitación. –indicó Sora a Takeru abriéndole la puerta del dormitorio donde se quedaría.
–Entendido. –dijo él. Entraron al cuarto y Sora apartó las cortinas para que entrara luz. –Siento no haberme enterado antes de tu problema de audición. No he podido hacer nada para ayudarte. –Sora negó con la cabeza restándole importancia.
–Tiene muchas ventajas. –dijo Sora quitándole hierro al asunto.
–¿Ventajas? –preguntó Takeru, al no verle las ventajas de estar sordo. –¿Cómo cuales?
–Por ejemplo, puedo estudiar en restaurantes llenos de gente ruidosa; no escucho a chicas chillonas de la mesa de al lado.
–Oh, entiendo. –dijo Takeru riendo. –Me alegro de ver que no has cambiado. Tu sonrisa no ha cambiado desde que eras una niña. –Sora le sonrió alegremente.
Sora estaba en el hotel trabajando tocando el piano. En ese momento tocaba "Deux Arabesques" de Claude Debussy bajo la atenta mirada de Takeru y su madre, que se encontraban sentados en la barra.
¿Qué piensas? –preguntó Toshiko.
–Creo que tiene potencial. –opinó Takeru. –Es increíble. Es difícil de creer que haya perdido el oído por la forma de tocar.
–En realidad puede oír un poco los tonos agudos. Parece que depende de ellos al tocar. –explicó Toshiko.
Hikari hablaba por teléfono ya con el pijama puesto. Tenía el pelo mucho más corto al haber sido acompañada por Mimí a la peluquería.
–Muy bien…De acuerdo. Nos vemos. –dijo Hikari antes de colgar a su madre.
–Vete a dormir. –ordenó Taichi a su hermana, el cual salía de la ducha.
–Sí, hermanito. Aunque todavía es temprano. –dijo Hikari. –Taichi. –dijo Hikari una vez en su habitación, que estaba conectada con la salita.
–¿Qué? –preguntó él.
–Mimí es buena chica, ¿verdad? –comentó ella mirando su nuevo corte de pelo en un espejo que tenía en su escritorio.
–Sí. –se limitó a decir su hermano mientras ojeaba un manga y se tomaba una cerveza.
–También huele muy bien. –continuó ella. –Ojalá alguien así hubiese sido nuestra madre. –dijo Hikari metiéndose en su cama. –Buenas noches.
–Buenas noches. –dijo Taichi cerrando las puertas correderas que separaban el cuarto de Hikari con la salita, contento de que su hermana viera a Mimí como una figura materna.
–¿Estás celoso? –preguntó Sora a Yamato después de hablarle de Takeru. Ambos se encontraban en el apartamento del chico.
–No. –dijo Yamato mientras llenaba la tetera de agua para calentarla.
–¿Por qué no? Hicimos una promesa de matrimonio. –dijo Sora, que parecía que quería ver celoso a Yamato.
–Cuando teníais cinco años. –añadió Yamato. –No me pondré celoso por algo como eso.
–¿Por qué no?¿Confías en mí? –siguió preguntando Sora.
–Supongo que me siento tan bien que no me preocupa. –zanjó Yamato volviendo a la salita y sentándose en el suelo. Sora se puso a su lado.
–¿Sabes? –dijo Sora. –Cuando cierro los ojos, realmente me sumo en la oscuridad total. Porque no puedo ni ver, ni oír. Pero sé que estás ahí. –Yamato cogió las manos de Sora poniéndolas en una determinada postura las movió preguntando "por qué". –Siento que tu corazón está cerca. –Yamato le sonrió y la aproximó hacia él con un brazo, apoyando la cabeza de Sora en el hombro de él.
Pensamientos de Yamato:
Estábamos juntos todo lo que podíamos. Hacíamos el amor, nos abrazábamos y compensábamos la voz que ella no podía emitir ni ser oída. Lo superábamos. Como separados éramos débiles, juntos juramos ser más fuertes. Al menos, es lo que sentía.
Unos días después, Toshiko y Sora se encontraban sentadas en los sofás de su casa. La más mayor enseñaba a Sora un folio.
–Concurso Nacional de Piano. –dijo la madre de Sora. –¿Por qué no lo intentas? Creo que puedes hacerlo. Takeru también lo piensa. –dijo señalando al chico, que estaba sentado a la mesa tomando un té.
–Si estás interesada, puedo ayudarte en los ensayos. –se ofreció Takeru.
–¿De verdad? –preguntó la joven.
–Claro. –dijo él.
–Tienes talento, Sora. –continuó Toshiko. –El talento que yo no tuve. ¿Qué me dices?
Taichi llegaba a la sala de la facultad en ese momento mientras el resto de la Sociedad Naranja estaba sentada a la mesa hablando de un profesor. Jou vio a Taichi y alzó la mano para indicarle que estaban allí. Los chicos siguieron hablando del profesor mientras Taichi se puso detrás de Mimí.
–Ejem. –tosió Taichi para llamar su atención. Cuando ella giró la cabeza, Taichi le dijo: –Gracias por lo del otro día.
–¿Qué? –preguntó la chica confusa. Al ver que todos se les quedaban mirando, Taichi la cogió del brazo y casi la arrastró de espaldas a los demás para que no supieran de qué hablaban, aunque seguían mirando.
–Hikari está muy contenta. Dice que ahora los chicos van detrás de ella.
–Eso es genial. –dijo Mimí contenta.
–Te invitaré para agradecértelo. –dijo Taichi.
–No es necesario. No te preocupes. –rechazó ella.
–¿Es que no lo pillas?¡Te estoy pidiendo una cita! –dijo Taichi.
–¡Whoooo! –dijo Yamato en tono agudo. –Le ha pedido una cita. –le explicó a Sora mientras los aludidos sonreían. –¿Jou? –se dirigió al moreno que no apartaba su mirada de ellos. Parecía que aunque lo aceptaba, aún le costaba asumir un poco el rechazo que sufrió de Mimí.
Sora iba andando con su bicicleta por la ciudad y vio unos carteles de la competición de piano, meditando si presentarse o no.
En casa, Takeru hablaba con Toshiko mientras que ésta daba de comer a Piyomon y le cambiaba el agua del bebedero.
–Casualmente, tengo un amigo en la industria de la música que tenía la misma dolencia que Sora y se operó. –dijo Takeru.
–¿Y qué le pasó? –preguntó Toshiko con interés.
–No es infalible al cien por cien, pero recuperó algo de audición. –informó el chico.
–Vaya. No le digas a Sora nada de esto. No es que no hayamos pensado en esa opción antes, pero es muy aprensiva al tema de la cirugía. Cuando llegue el momento yo misma le informaré. –dijo Toshiko.
–Entendido. –aceptó Takeru.
Sora y Yamato estaban sentados en el apartamento del chico. La chica había ido a su casa cuando éste iba a empezar a cenar.
–¿Un concurso? –preguntó Yamato a Sora cuando ésta le explico lo de la competición de piano. Sora le enseñó el papel del concurso.
–Estoy pensando en concursar. –dijo Sora. –¿Qué piensas?
–¿Tendrás que competir? En los concursos tienes que competir contra otros. Pensaba que era suficiente con sólo tocar. –dijo el chico.
–Quiero probarme. –dijo Sora. –Quiero probar mis habilidades. Quiero saber lo lejos que puedo llegar.
–Entiendo. –dijo Yamato no muy convencido.
–¡Me niego! –gritó Taichi a su hermana.
–Sabía que dirías eso. –dijo Hikari.
–Pues fin de la conversación –dijo Taichi.
–Pero mamá ha roto con su novio y ahora está sola. –dijo Hikari –Por eso quiere volver a vivir con nosotros.
–Fue ella la que nos dejó. ¿Por qué debería importarme lo que quiera? –dijo Taichi mirando un periódico.
–Creo que se siente sola. –dijo Hikari.
–¿Pero qué dices? –preguntó Taichi, que no apartaba la vista del periódico.
–Estoy pensando en irme a vivir con ella. –dijo Hikari. Entonces, Taichi tiró el periódico al suelo y la miró a los ojos.
–¿Estás mal de la cabeza? –preguntó él. –¡Ha estado todo el tiempo cambiando de tío y ahora quiere volver porque la han abandonado!¡Iba de camino a la casa de uno de esos tíos cuando la perseguiste y por eso tienes la pierna mal!
–Fui tras ella porque la quiero. –dijo Hikari con tristeza.
–¡Idiota!¡No tiene sentido hablar contigo! –gritó Taichi antes de salir de casa, dejando a Hikari llorando. Cuando Taichi salió, caminó hasta la estación de metro y se sentó en un banco a esperar frustrado el próximo tren.
Sora ensayaba la "Polonesa" de Chopin con el piano cuando Takeru la detuvo y señaló un compás de la partitura con el lápiz.
–Aquí, toca más suave y gracioso, como si un pajarito recién nacido empezara a volar. Te lo mostraré. –dijo él sentándose junto Sora y tocando ese fragmento con una mano.
–¿Cómo si un pajarito recién nacido empezara a volar? –preguntó Sora.
–Exacto. Con cuidado pero con valentía. –dijo Takeru. Sora empezó a tocar y mientras tocaba Takeru le daba instrucciones. –Pisa los pedales como si estuvieras montando en la bicicleta. –dijo haciendo el gesto de los pedales de la bicicleta con las manos. –Será más y más divertido si continúas pedaleando. ¡Incluso puedes llegar a volar como E.T! ¿He dicho algo divertido? –preguntó Takeru al ver que Sora reía.
–Tan sólo me estoy divirtiendo. –dijo Sora. –Me siento como si fuera a dar vueltas por el cielo con el piano.
–¡Eso es!¡Ese es el tipo de piano que quiero que toques! –dijo Takeru emocionado. –Lo siento, me he emocionado un poco. La espontaneidad, libertad y fuerza de tu mente se transmiten al tocar el piano. ¡Tienes una gran imaginación!
–¿Me estás alabando? –preguntó Sora.
–¡Por supuesto! –dijo Takeu. –Si pudiera, te enseñaría así toda mi vida. Perdona, no debería decir esas cosas mientras ensayas. –dijo al ver la cara desprevenida de Sora. –Empieza a tocar desde aquí. –dijo señalando la partitura e intentando reducir su entusiasmo. Pero cuando Sora empezó, tuvo que parar. –Te has equivocado.
–Lo siento. –se disculpó Sora todavía distraída por lo que había dicho Takeru.
Mimí salió a abrir la puerta de su apartamento. No esperaba encontrarse con Taichi.
–¿Qué ocurre? –preguntó preocupada al ver su cara.
–Siento venir sin avisar.
–¿Qué pasa? –preguntó Mimí preocupada al ver la cara de Taichi.
–No puedo más. –dijo mirándola a los ojos. –¿No es costumbre dejar pasar y ofrecer un té? –preguntó Taichi al ver que Mimí no hablaba y seguía todavía con el pomo de la puerta en la mano.
–Sí. Es sólo que no pareces tú. –se justificó la chica. –Entra. –Cuando Mimí se dio la vuelta para entrar más adentro Taichi la giró cogiéndola del brazo y la abrazó. –Taichi.
–Quiero abrazarte. –dijo Taichi. –¿Puedo?
–Claro. –dijo Mimí abrazándolo también.
Yamato estaba sentado en la sala de la facultad con la cabeza hacia arriba, los pies en otra silla y el cuaderno naranja abierto sobre su cara.
–Oye. –dijo Yamato.
–¿Qué? –contestó Jou.
–¿Qué crees que está pasando en el mundo ahora? –preguntó Yamato quitándose el cuaderno de la cara.
–Los Dragones ganaron ayer. –contestó Jou, que estaba leyendo un manga. –Y los Neet y los Cometas…
–¡No, no me refiero a eso! –interrumpió Yamato. –Me refiero a nuestro alrededor. Como por ejemplo, qué está pasando en la Sociedad Naranja.
–Esto es lo que pasa–preguntó Jou dejando el manga abierto encima de la mesa y en posición de escucha activa, posición que también adoptó Yamato. –Los universitarios tienen mucho tiempo libre y son jóvenes. Cuando tienen pareja nada les detiene. Son como perros y gatos en celo.
–¡Ajj, déjalo! –interrumpió Yamato arrepentido de haber preguntado.
–Yamato, ¿por qué estás solo hoy? –preguntó Jou.
–Sora está ocupada con las lecciones de piano para el concurso. Pero Taichi y Mimí parece que están haciendo…
–¡Ahhh! –interrumpió Jou colocándole la mano en la boca y levantado hacia él. –No hace falta que sigas. Nunca termines esa frase. ¿Entendido? –Jou se volvió a sentar y a coger el manga, pero Yamato lo bajó para verle la cara. –¿Qué?
–Me preguntaba si sigues llorando por eso. –dijo Yamato refiriéndose al rechazo de Mimí.
–Ya no. –dijo Jou volviendo al manga.
–¿De verdad? –dijo Yamato quitándole el manga. –¿Desde cuándo estás llorando? –preguntó él con burla.
–Volvamos a Sora. –dijo Jou para vengarse, mientras se levantaba para coger el manga. –Me pregunto si el concurso es más importante que tú.
–Dejémoslo Jou. –se rindió Yamato, que le había dolido lo que dijo Jou.
–De acuerdo. –accedió el moreno.
–Si encima que estamos solos nos peleamos, no podríamos ser más patéticos. –reflexionó Yamato.
–No nos llames patéticos. –dijo Jou.
–Ya estoy en casa. –dijo Taichi entrando al apartamento. Su hermana Hikari se encontraba viendo la tele mientras comía unas patatas fritas de bolsa. –¿Qué pasa?
–¿Por? –preguntó su hermana seria.
–¿Me estás ignorando? –preguntó Taichi cogiéndole una patata al ver la actitud extraña de su hermana, ya que ella solía ser mucho más alegre.
–Sólo finjo no verte después de haber pasado la noche en casa de una chica. –dijo Hikari seria.
–Eso ya ha ocurrido en otras ocasiones. ¿Cuál es la diferencia? –preguntó Taichi.
–Hoy tienes un aura diferente. –dijo Hikari. –Como si hubieras estado en un campo de flores. –añadió ella más alegre. Entonces Taichi empezó a toser, como si se hubiera atragantado con la patata que se había comido. –Sólo bromeaba, pero supongo que he dado en el clavo.
El teléfono de Taichi empezó a sonar con guitarras eléctricas. Vio que le llamaban del estudio "Iwasaki Photography".
–¿Diga?…Hola jefe, sí hace tiempo que no hablamos.
–¿Al Tíbet?
Taichi había sido citado por su jefe en una cafetería del centro. Ambos, con sus respectivas tazas de café en la mesa, hablaban sobre el futuro de Taichi mientras sonaba música de jazz de fondo.
–Sí. –contestó su jefe. –Viajaremos por Nepal y después atravesaremos Camboya. Serán unos tres meses. He estado pensando en volver allí desde que volví a Japón. ¿Qué me dices?¿Te interesa? Vas a graduarte pronto, ¿verdad?
–Jefe. –empezó a hablar Taichi.
–¿Sí?
–Una vez le oí hablar de que la única razón por la que me contrató fue porque le gusto a las modelos. –Al jefe le hizo gracia lo que dijo. –¿Realmente piensa que no tengo talento?
–No digo que no lo tengas. A ver cómo lo explico. –dijo el jefe de Taichi. –Lo que intento decirte es que ahora mismo eres un cero. Estás en el punto de partida. Eres como un papel en blanco. Sin embargo, haces todo lo que se te dice sin protestar, eres muy obediente, aprendes rápido y siempre lo haces todo a tiempo. Confío en ti en lo fundamental. Bueno o malo así son las cosas. Pero ¿sabes? Un cero puede convertirse en un uno o un dos en cualquier momento. Todo depende de ti. Eso es lo que pienso de ti.
El día del concurso de piano llegó. Una de las pianistas participantes, acabada su actuación, se dirigió al centro del escenario y se inclinó para saludar al tribunal y agradecer al público sus aplausos.
–La siguiente concursante es la número 22: Sora Takenouchi, de la Universidad Heisei. –introdujo la presentadora por megafonía. Jou, Mimí, Taichi y Yamato se encontraban expectantes entre el público. –La pieza escogida será la "Sexta Polonesa de Chopin, Opus 53" –Mientras la presentadora presentaba a Sora, Toshiko, entre bastidores, animaba a su hija con Takeru detrás.
–Estate tranquila. Toca como lo haces siempre. –dijo Toshiko. Sora asintió y mostró a Sora que ya era su turno. Sora salió dirigiéndose hacia el piano llevando un elegante vestido largo de color negro. Cuando saludó al público, empezaron a aplaudir. Se sentó al piano, y comenzó una interpretación magistral. La introducción de la pieza le salió perfecta, también el tema principal iba bien, pero llegó un momento en el que algo dejó de funcionar. Sora perdió su referencia y dejó de tocar "La Polonesa" y se dedicó a tocar de manera repetida una nota aguda. La gente empezó a cuchichear mientras seguía tocando la nota aguda. Sora se dio por vencida. Toshiko salió de entre bastidores hacia su hija, que seguía sentada al piano y la abrazó mirándola a la cara.
–¡Lo siento mucho!¡Una vez más, por favor! –pidió Toshiko al tribunal dirigiéndose al centro del escenario. –¡Una vez más, por favor! –Los miembros del tribunal se miraron entre sí y accedieron. Después de todo, se lo pedía la gran pianista Toshiko Takenouchi. La mujer volvió a dirigirse nerviosa hacia su hija. –¡Puedes tocar una vez más, hija! –Pero Sora no hacía nada. Toshiko colocó las manos de su hija en las teclas del piano. –¡Toca otra vez, Sora!¡Desde el principio, Sora!¡Venga! –insistía Toshiko desesperada. Yamato se levantó de entre el público y se dirigió hacia el escenario mientras Toshiko insistía e insistía en que su hija tocara. –¡Sora!¿Qué pasa?
Yamato subió al escenario.
–¡Señora Takenouchi! ¡Déjelo! –pidió Yamato. Después se acercó a Sora por el otro lado. –Sora, vámonos. –le dijo mientras la ayudaba a salir de allí, puesto que Sora estaba como ensimismada. Yamato ayudó a Sora a dirigirse a unos sofás que se encontraban en la entrada del patio de butacas. Desde allí, Yamato podía escuchar como otro participante tocaba la "Polonesa" que Sora no pudo terminar. La chica tenía su cabeza apoyada en el hombro del chico.
–Hey. –dijo Sora triste.
–¿Qué? –preguntó Yamato sin hablar.
–Tú estabas en contra de que participara porque sabías que algo así podía ocurrir, ¿verdad? –preguntó Sora.
–¿En contra? –preguntó él, esta vez hablando también.
–Sí. No parecías muy entusiasmado con la idea de que me presentara al concurso.
–Honestamente, pensé que sufrirías si las cosas no iban bien. –confesó Yamato mientras el pianista que estaba tocando en ese momento acabó su interpretación y la gente aplaudía. Las puertas del patio de butacas se abrieron y salieron tres personas comentado lo que le había gustado el último pianista mientras el público de dentro seguía aplaudiendo. –Hey. –dijo Yamato. –Te invito a un chocolate caliente. –Yamato se levantó y le tendió la mano. Sora la cogió y se dirigieron a una cafetería cercana. Ya en la cafetería, Sora dio un sorbo a su chocolate y después miró a Yamato.
–¿Es este el sitio que decías que tiene un chocolate caliente muy bueno? –preguntó Sora.
–Es bueno, ¿a que sí? –dijo él.
–Sí. –dijo Sora sonriendo a Yamato. Después dejó su taza. –Fue repentino. –empezó a explicar Sora con cara seria. –Fue como si de repente no pudiese oír más. Normalmente no oigo la mayoría de las cosas, pero puedo oír algo los tonos agudos, sólo un poco. Es difícil de explicar, pero es como estar debajo del agua y escuchar a la gente hablar en la superficie. Es como tocar el piano bajo el agua. Así es como oigo las cosas. Es muy vago pero hay sonido. Sin embargo, en ese momento, lo perdí todo, incluso ese leve sonido. Ha sido la primera vez que me ocurre algo así. Por eso me entró el pánico. No lo hago bien cuando más lo necesito. Me pongo nerviosa. Siento que he fallado.
–Sólo quería verla sonreír. –decía Toshiko a Takeru. –Quería devolverle su confianza.
–Lo entiendo. –dijo Takeru, que miraba por la ventana.
–¡Soy un monstruo! –dijo Toshiko llorando sintiéndose culpable.
–Sora no piensa eso. –intentó tranquilizar Takeru yendo hacia la mujer.
–¡Quiero que me devuelvan a mi hija! ¿Dónde está la niña que reía a carcajadas, la niña que hablaba conmigo? –se derrumbó Toshiko poniendo sus manos en su cara.
–¿Qué pasa? –preguntó Yamato después de que Sora bebiera agua y se pusiera a buscar algo en su bolso.
–Me he dejado las partituras en el auditorio. Dame un minuto. –dijo Sora.
–Voy contigo. –dijo Yamato.
–Estaré bien. –dijo Sora ya levantada.
–¿Segura? –preguntó él.
–Segura. –dijo Sora. La chica salió de la cafetería y llegó a la entrada del auditorio, donde vio a un señor quitando el cartel del concurso de piano que acababa de finalizar. Subió las escaleras y entró a la sala que le habían asignado durante el concurso. Efectivamente, las partituras se encontraban encima de una mesa. Las cogió y ojeó por dentro, viendo todas las anotaciones que le había hecho Takeru durante los ensayos. Después, se dirigió hacia el escenario por los bastidores. En el escenario había una luz tenue. Dejó sus cosas encima del piano, saludó a un público ausente, imaginando los aplausos, abrió la tapa y empezó a tocar. Necesitaba terminar lo que había empezado. Mientras tanto, Yamato pagaba lo que habían tomado y se dirigió al auditorio. Cuando llegó a las puertas del patio de butacas, escuchó un piano, abrió la puerta y efectivamente, se encontró a Sora tocando la pieza que no logró acabar durante el concurso. Después de estar unos segundos de pie, se sentó en un asiento junto al pasillo. Cuando Sora terminó la pieza, Yamato empezó a aplaudir mientras se levantaba. Cuando Sora se levantó e iba a saludar de nuevo al auditorio vacío, vio al chico aplaudiendo. Sora se inclinó agradeciendo los aplausos. Después de los aplausos, Yamato empezó a gesticular sin hablar.
Pensamientos de Sora:
"Si yo fuera del jurado, te llevarías el primer premio". Eso fue lo que me dijo desde su butaca. "Tú eres la elegida".
Después, mientras volvían, pasaron por donde se encontraba el naranjo del que siempre cogían naranjas. Yamato saltaba intentando alcanzar una, pero no llegaba.
–Una vez más. –pidió Sora.
–¿Qué, otra vez? –preguntó él cansado de saltar.
–Quiero esa naranja cueste lo que cueste. –dijo Sora. –Como cuando me diste aquella cuando me escuchaste tocar el violín cuando nos conocimos.
–Entendido. –dijo él. –Aparta. –dijo el chico cogiendo carrerilla. Entonces saltó y consiguió la naranja, aunque como consecuencia cayó al suelo al perder el equilibrio con el salto. –¡Ouch!
–¿Estás bien? –preguntó Sora preocupada agachándose.
–Sí. Parece que es buena. –dijo Yamato dándole la naranja.
–¡Me refiero a ti, no a la naranja! –dijo Sora.
–Estoy bien. –dijo él levantándose mientras ella le limpiaba un poco el pantalón con la mano. –Dime la verdad. –pidió Yamato una vez que se Sora se irguió. –No es la primera vez que pierdes tu oído completamente, ¿verdad?
Sora sabía que en el fondo, Yamato ató cabos con lo que le pasó le pasó al coger la bicicleta para volver a casa a la mañana siguiente después de haber pasado la noche con él. Por eso se había mostrado algo reacio a su participación en el concurso.
–Según estos datos, está perdiendo el poco oído que le queda de manera gradual. –dijo el otorrino consultando unos informes de unas pruebas que le habían hecho a Sora unos días después del concurso de piano. Yamato empezó a traducirle a Sora lo que le decía el médico. –Si continúa así, me temo que dejará de oír completamente. –Entonces Yamato paró de traducir ante lo que dijo el doctor.
–No puede ser. Todavía puede escuchar un poco, ¿no? –preguntó él que se resistía a la idea de que su novia perdiera la audición completamente. –¿No hay manera de conservar lo que le queda?
–La única manera es la cirugía. –informó el otorrino. –No puedo asegurar que recupere la audición completamente, pero si la operación va bien, recobrará una parte.
–¿Y si no sale bien? –preguntó Yamato levantándose e interponiéndose entre Sora y el médico para que ésta no pudiera leer los labios del médico.
–Perderá la audición completamente. –informó el médico. Cuando salieron del hospital, iban caminando lentamente.
–Conozco la opción de la cirugía. –dijo Sora. –Normalmente, no es una operación tan complicada. Sin embargo, en mi caso, los médicos me dijeron que la forma de mi oído no es normal y que las posibilidades de éxito son del 60%. Seis de diez. ¿Entiendes?
–Sora, ¿por qué no te operas? –preguntó Yamato. –Si todo sale bien, será más sencillo tocar el piano. Las posibilidades en tu vida diaria también se ampliarán.
–Tengo miedo. –dijo Sora antes de sentarse en un banco del exterior del hospital. Yamato se sentó a su lado.
–Pero si existe, dios sólo da problemas a los que sabe que pueden superarlos. –intentó convencer Yamato.
–Tiene demasiada confianza en mí. –Sora siguió gesticulando.
–¿Dices que te ha sobrevalorado? –preguntó Yamato intentando captar lo que ella decía. Sora asintió con la cabeza. –Pero yo estoy aquí. Yo también estoy aquí para ti. ¿Qué me dices?
–Gracias.
Sora iba con su bicicleta de vuelta a casa después de tocar en el hotel. Ya había oscurecido. Al girar un callejón, la castaña volvió a sentir lo mismo que en el concurso de piano. Su oído volvía a fallar y se detuvo. Una motocicleta avisaba con el pito que se apartara, ya que no le daría tiempo a frenar después de haber aparecido de repente por el callejón. Sora, al percibir la luz de la moto, miró hacia atrás. A la moto no le dio tiempo de frenar.
–¡Oh, maldición! –se quejó Toshiko al equivocarse marcando un número de teléfono con el teléfono de su casa.
–Ya lo haré yo. –se ofreció Takeru.
–No, está bien. –dijo la mujer, que estaba nerviosa. –3,…35. –dijo marcando.
–¿Diga?. –saludó Mimí al teléfono mientras con la otra mano intentaba ordenar un poco su habitación. –Oh, hola señora Takenouchi. ¿Ocurre algo?
–Es Sora. Todavía no ha vuelto a casa.
–¿Todavía no ha vuelto a casa? –preguntó Yamato desde el restaurante cercano al campus, donde se encontraba cenando con Jou y Taichi.
–Me ha dicho que llamaron al hotel donde trabaja y les han dicho que se fue hace un rato. –explicaba Mimí a Yamato por teléfono.
–¿Qué pasa? –preguntó Taichi
–Dice que Sora ha desaparecido. –informó el ojiazul a sus amigos.
–¡¿Qué?! –dijeron Taichi y Jou a coro.
Mimí y Toshiko estaban sentadas en el sofá de la residencia Takenouchi mirando un teléfono móvil.
–He estado enviándole mensajes de texto al móvil pero no contesta. –dijo Toshiko mientras Mimí la abrazaba con un brazo mostrándole su apoyo. Entonces entró Takeru seguido de Jou, Taichi y Yamato, que acababan de llegar.
–Perdón por la intromisión. –se disculpó Yamato.
–Sentimos venir tantos. –se disculpó Taichi. –Pensamos que podemos ayudar.
–Yamato, ¿tienes idea de dónde puede estar? –preguntó Mimí dirigiéndose hacia él.
–Bueno, esta mañana fuimos juntos al hospital. –explicó Yamato.
–¿Al hospital? –preguntó Toshiko.
–Por lo de su oído. –dijo Yamato.
–No tenía ni idea de esto. ¿De qué habéis hablado? –preguntó la madre de Sora.
–Hablamos sobre la posibilidad de operarse. –contestó él.
–¿Qué? –preguntó Toshiko indignada.
–Le dije que considerara operarse.
–¡¿Cómo te atreves a decirle eso?! –preguntó Toshiko enfadada.
–¿Qué? –preguntó Yamato sin saber qué había hecho algo malo para la madre de su novia.
–¡¿Cómo un extraño puede decirle eso tan a la ligera?! –preguntó Toshiko.
–Pero el médico dice que mejoraría con la operación. –argumentó Yamato dolido por considerarlo un extraño.
–¡Con una probabilidad de 6 de 10! ¡Si se queda fuera de esa probabilidad perderá el sentido del oído completamente!
–¡Pero existe la posibilidad de que esté en el porcentaje con éxito! –intentó Yamato darle la vuelta al argumento de Toshiko.
–¿Sabes? La dolencia de Sora es algo que se da en una de cada diez mil personas. Para mí eso ya ha sido tener demasiada mala suerte. Así que, después de eso, para mí es difícil creer que vaya a estar en ese 60% de éxito. ¡Me da miedo que todo falle! ¡Puede que lo que oiga ahora sea poco y vago, pero hay muchas cosas que puede hacer así!¡Puede tocar el piano y puede sentir a la gente acercarse!¡No importa la oscuridad que haya en su vida, porque si hay una pequeña luz, puede vivir!¡Pero si pierde eso después de la operación, ¿qué esperanza tendrá para vivir?!¡Para ella, lo poco que puede oír es su única esperanza!
–Pero ahora también está perdiendo el poco oído que le queda. –informó Yamato a Toshiko.
–¿Qué? –preguntó Toshiko atónita.
–Lo poco que le queda, va a perderlo.
–¿Es eso cierto, Yamato? –preguntó Mimí.
–Sí. Nos lo dijo el médico esta mañana. –confirmó el chico. Entonces sonó el teléfono y la luz de la casa empezó a parpadear. Esa luz solía avisar a Sora de que el teléfono estaba sonando.
–Ya lo cojo yo. –dijo Takeru, puesto que Toshiko todavía no había digerido lo que le dijo Yamato. –¿Diga?…Sí…Entiendo. ¿Hospital Yamashita? Sí, ya vamos.
–¿Qué ha pasado? –preguntó Toshiko nerviosa al escuchar la palabra "hospital".
–Sora ha tenido un accidente con una moto. –informó Takeru. Mimí, Jou y Taichi cogieron un taxi. Toshiko, Takeru y Yamato, con caras de preocupación, cogieron otro taxi hacia el hospital Yamashita.
Notas de autora: aquí tenemos el capítulo 9. ¿Qué os ha parecido? Menudo chasco ha sido el concurso de piano. Parece que Yamato se lo veía venir, o por lo menos intuía que algo no iba bien con Sora desde el día en que salió de su casa con la bicicleta después de pasar la noche juntos. Parece que la pobre Sora va perdiendo el poco oído que le queda y eso está poniendo de los nervios a todo el mundo, especialmente a su madre, que no le ha sentado demasiado bien que el chico hubiera acompañado a su hija al hospital sin decirles nada. Y para rematar va Sora y tiene un accidente con una moto. ¿Qué le habrá pasado? Para saberlo tendréis que esperar al próximo capítulo.
Dejen sus comentarios. Gracias por leer.
Referencias:
*Nattou: soja fermentada que muchos japoneses toman para desayunar.
*Nacchi: es el apodo de Natsumi Abe, miembro de Morning Musume.
