Saludos, fieles lectores, aunque dije que ya casi acabamos esta historia, decidi dividir el ultimo capitulo en dos partes, para que no estuviera tan pesado, además, faltara el epílogo, con lo cual sera la conclusión dfinitiva de esta dramatica historia.
Nuevamente, las gracias para todos ustedes que con sus comentarios me hacen seguir adelante con esto (Eyiles Jack, Marowak-Dark, NippyDzk, Wolfito, Nelson Cabrera G, Spiteful Entity, Napo-1, Otro loco más y demás, sus palabras son bien recibidas y me alegran el dia, sigan así)
Dos estaciones mas antes de llegar al final de recorrido, pero seguiran llenas de acción y emotividad, disfruten el viaje.
.Paw Patrol es propiedad de Spin Master Entertainment, fanfic y adaptación, su servidor.
Capítulo 9: Un regalo inesperado
Marshall cayó desde lo alto del risco, pensando que iba directo a una muerte segura, pero para su fortuna, las copas de los árboles donde caía eran muy densas, logrando amortiguar su caída, aunque eso no evito que recibiera varios golpes conforme caía, finalizando con un duro aterrizaje sobre el musgoso suelo del bosque. Terminó acostado bajo un árbol, y permaneció desmayado y sin moverse por un rato. Poco a poco, comenzó a recuperar el sentido, aunque el dolor que tenía era aún mayor al de la golpiza, y noto que su pata trasera izquierda estaba torcida, señal de una fractura. También sintió un dolor inmenso en donde tenía la costilla rota y de su hocico brotaba sangre, resultado de la caída. Estaba débil y con más heridas, pensando que ese lugar apartado del bosque se convertiría en su tumba. Ante eso, el cachorro comenzó a aceptar la idea de que ya no podía huir de su destino, que era morir en ese solitario sitio.
-"No….. puedo…moverme, me siento…débil, ya no quiero huir…ni sufrir…..solo…solo quiero que esto termine! –pensó el dálmata con tristeza. De pronto, alcanzó a ver a lo lejos que los arbustos se movían, y de entre ellos vio salir una oscura figura. Debido al golpe y a su estado tan débil, no podía distinguir que era, hasta que ese ente se acercó, y pudo ver que se trataba de un lobo. Marshall sabía que en Bahía Aventura no había manadas de lobos, así que supuso que era de las montañas cercanas a la ciudad costera. Era un lobo adulto, su pelaje era de un tono gris con blanco y sus patas y hocico eran casi negras, alto y delgado, con ojos verdes y penetrantes y se veía intimidante. Por un momento, pudo ver como el lobo fijó su mirada en él y poco a poco se aproximaba hacia el cachorro, lento y sigiloso pero seguro y letal.
-Genial, lo que faltaba: un lobo, está bien, tal vez esta sea la señal de que debo rendirme y dejar de huir. Vamos! Ven y termina conmigo! –dijo el dálmata con la poca fuerza que le quedaba. El lobo estaba ya sobre el cachorro y comenzó a olfatearlo. Marshall pudo verlo con mayor detalle, realmente era imponente y sus garras y sus dientes era enormes. Sabía que no era rival para combatir a alguien así, y menos en el estado en el que se encontraba. El lobo seguía olfateándolo y mirándolo con curiosidad, como si tomara su tiempo para atacar.
-Qué esperas? Mátame! Soy tu cena, acaba con mi sufrimiento, házlooooo! -gritó con todas sus fuerzas y con su mirada empañada. El lobo lo miró extrañado, acercó su hocico y abrió sus fauces, mostrando sus afilados dientes, y puso su hocico en el cuello del dálmata. Marshall ya no sentía miedo, y solo cerró sus ojos, esperando que el lobo no tardara y le diera una muerte rápida. Sus últimos pensamientos eran hacia sus amigos, pensando que estarían mejor sin él.
Ryder se encontraba en el ayuntamiento, había terminado de hablar con la alcaldesa y se dirigía a su todoterreno para retomar la búsqueda por su propia cuenta, incluso ya tenía algunas rutas trazadas para revisar cuando recibió la llamada de Rocky, la cual contestó enseguida.
-Aquí Ryder, que sucede?
-Encontramos a Marshall…..pero cayó a un acantilado, necesitamos asistencia médica!
Al escuchar eso, Ryder se quedó petrificado, y por su mente pasó la aterradora imagen del cachorro cayendo al vacío, y todo lo que eso implicaba. La insistente voz del cachorro reciclador fue la que lo regresó a la realidad, y comenzó a trazar en su mente un nuevo plan de rescate.
-Vamos para allá! –dijo el joven rescatista. Colgó la llamada y volvió a oprimir su comunicador para una llamada general, mientras subía nuevamente a su todoterreno y encendía el motor.
-Cachorros! Rocky y Chase encontraron a Marshall! Diríjanse a su ubicación, se las mandaré a sus vehículos! Zuma! Necesito que traigas la ambulancia de Marshall y su equipo médico, vamos a necesitarlos, pronto! –ordenó el joven rescatista mientras, pisando a fondo el pedal.
-Enterado Wyder! –dijo Zuma. El labrador aceleró a fondo para dirigirse al cuartel, con Rubble quien lo seguía detrás. Ambos cachorros llegaron al cuartel y estacionaron sus vehículos. El cachorro nadador entró a la casita de Marshall y salió vistiendo el uniforme de paramédico de su amigo, después ladró el comando de cambio y la casita se transformó en una ambulancia.
-Sube Wubble, vamos! –grito Zuma. El bulldog subió a la ambulancia y se dirigieron con rumbo a donde cayó Marshall, con la esperanza de llegar a tiempo para ayudar a su amigo.
-Voy para allá también Ryder -dijo Skye, dando la vuelta a su helicóptero –No puede ser! Es mi culpa, si lo hubiera visto antes, no habría caído por ese acantilado, solo espero este bien, después de todo, también es mi culpa que Chase lo golpeara –pensó Skye, llorando en silencio.
Marshall ya había aceptado su destino, solo esperaba a que el lobo terminara el trabajo. Podía sentir el aliento y la saliva del canino salvaje en su nuca, así como sus afilados colmillos tocando su piel, listo para acabarlo, esperando su que su dolor acabara. Inesperadamente, el enorme mamífero se detuvo, y retiró sus fauces del cuello del cachorro, se levantó y se alejó un poco, quedándose sentado y mirando al cachorro, quien no entendía la extraña actitud del lobo.
-Qué esperas, acaso quieres hacerme sufrir más? VAMOS, CÓMEME! –gritó el dálmata.
-No! -dijo el lobo secamente, mirando al cachorro, actitud que sorprendió a Marshall.
-QUUEEEE? Por qué no acabas conmigo? Acaso no ves que ya no quiero vivir?
-Estás herido….pero no estás tan grave como crees, lo que si detecto son varios sentimientos en ti: tristeza, dolor, angustia, pero realmente no quieres morir, no veo en ti la resignación de toda presa cuando realmente encara a la muerte y la acepta, es más…..te daré un regalo.
-Un regalo? –preguntó el cachorro extrañado por esa respuesta tan enigmática.
-Sí, ahora ponte de pie y levántate –ordenó el lobo gris.
-Pero no puedo…..
-LEVANTATEEEEE! –gruño el lobo con fuerza, adoptando una pose de ataque y una expresión de furia endemoniada. El dálmata, instintivamente, usó la poca fuerza que tenía, y tambaleante, logró incorporarse, al menos en tres patas, pero aun así, pudo ponerse de pie.
-Lo ves? Estás débil y lastimado, pero no estas agonizando, puedo oler cuando una presa ya está moribunda, resignándose a su destino y suplicando por el piadoso abrazo de la muerte, pero este no es tu caso. Además, he visto lobos con heridas más graves que las tuyas y aun así se las arreglaban para seguir combatiendo contra el enemigo hasta caer o ganar al final.
-Entonces, cuál es tu regalo? –preguntó Marshall tratando de comprender al lobo.
-Una segunda oportunidad, si puedes salir de aquí, tal vez puedas encontrar ayuda con los humanos, seguro estarán dispuestos a ayudar a un cachorrito moteado como tú, lo que no harían con un lobo, así que tal vez alguien te encuentre y pueda ayudarte.
-Pero, por qué haces esto? –dijo Marshall, mirando con más confianza al predador canino.
-Soy un lobo, un cazador, y a veces soy un carroñero, pero aunque no lo parezca, no soy un cruel asesino, aunque los humanos nos consideren así y no nos quieran, nuestra vida es dura y difícil, y aunque vaya contra mi propio instinto y los mandamientos de mi manada, no pienso tomar ventaja de un cachorro malherido e indefenso como tú, lo que cualquier otro lobo haría, además, yo pase por algo similar a ti, estaba herido y abandonado y solo deseaba unirme a los ancestros, pero alguien me salvó la vida y me dio otra oportunidad, así como lo hago contigo, así que eres libre de irte para regresar a tu guarida con tu propia manada, seguro te esperan.
-Vaya….eso…..es muy amable de tu parte, y te lo agradezco, pero…. no quiero regresar.
-Aaaahh! Ya entiendo, veo que huyes de tu manada, tendrás tus motivos, esos no son de mi incumbencia, pero tú eres quien eliges tu propio destino, así que tu decidirás si regresas o no, decide con sabiduría, cachorrito moteado, además *sniff sniff*, puedo olfatear dos presencias similares a la tuya, parecen ser otros dos cachorros, y una extraña ave metálica sobre nosotros.
Los dos caninos miraron al cielo y vieron el dron de Chase, el cual los enfocaba y luego se fue.
-Esas dos presencias deben ser amigos tuyos, huelen muy similar a ti- dijo el lobo, rascándose.
-Ellos no son mis amigos –dijo el dálmata con tristeza.
-Si no lo fueran, no estarían aquí, yo tuve amigos, y una manada, pero por ciertas diferencias preferí seguir mi propio camino, y aunque ya no formo parte de ellos, procuro ayudarlos cuando lo necesitan, es decisión tuya seguir con tus amigos o dejarlos, pero nunca abandonarlos.
-Tal vez….tal vez tengas razón –dijo el dálmata, meditando esas palabras.
-Debo retirarme, y sugiero te decidas pronto, aunque yo vigilo estas tierras, puede que haya otros lobos rondando por comida, y puede que ellos no sean tan misericordiosos como yo, mientras yo esté aquí, estarás protegido, pero no tardes mucho, o serás una presa fácil.
-Está bien, y…gracias por los consejos.
-De nada, tal vez nuestros caminos se crucen en otra ocasión, y si eso ocurre, espero me extiendas la misma cortesía que tuve contigo –dijo el lobo y comenzó a correr hacia el bosque.
-Espera! Cuál es tu nombre? –preguntó el dálmata.
-Grey Shadow, nos vemos, cachorro moteado! Que el destino sea benévolo contigo! –dijo el lobo, y rápidamente se perdió entre la vegetación del bosque. Marshall se quedó sentado viendo en la dirección en la cual se fue el canino, tratando de asimilar todo lo ocurrido.
