Pronto el cielo comenzó a aclarar, las personas salían de sus casas a trabajar, abrían las cafeterías y cada cual comenzaba con su rutina. Después de caminar varias cuadras en silencio, nos detuvimos en un McDonald's y esperamos a que el resto nos alcanzara. La niña que había llegado con Marethyu y Scathach fue la primera en protestar.
- ¡Ay no! – chilló – no voy a entrar ahí.
- Ni siquiera sabes qué lugar es – replicó Clive.
- ¡Puedo sentir el olor a carne putrefacta, eso es suficiente para mí! No voy a entrar.
- ¿Carne putrefacta? – preguntó su hermano en tono burlón - ¡Aah! Te refieres al delicioso aroma de la carne vacuna cocida con el toque de carne misteriosa, que lo hace aún más delicioso.
- ¡Iu! ¡Eres un asqueroso!
- Ya basta – intervino Marethyu – Clive, deja en paz a tu hermana, y Gryffin, también tienen ensaladas allí.
De acuerdo, debo admitir que me resultó sumamente extraño pensar en Marethyu como mi hermano mellizo y a la vez escucharlo hablar como… padre. Pero luego que recordé que él no era mi hermano, sino otra persona completamente diferente que yo no conocía.
Gryffin miró a Scathach, buscando alguna a clase de apoyo.
- ¿Ese rejunte de conservantes y químicos y cosas verdes que pretenden ser verduras? – dijo ella – No sabía que fueran ensaladas.
- Lo son – respondió con él con una sonrisa sobradora – No ayudas – gesticuló con la boca solo para ella, sin emitir ningún sonido.
- Lo sé – contestó Scathach de la misma manera, con la misma sonrisa.
En ese momento me sentí una intrusa. Aira, que todavía se veía algo agotada, y Clive se miraron y comenzaron a reír, haciendo que Kende se removiera en los brazos de su madre (eso sonó más extraño aún ¿Scathach, madre?), y de repente todos, los cinco, empezaron a reír. Era claramente un momento familiar ¿Qué hacía yo ahí? Eso me recordó que debía hablar con Marethyu.
- A esta hora también tienen chocolate caliente – me oí diciéndole a Gryffin e inmediatamente me arrepentí.
Los cinco me miraban. Hasta que la niña sonrió y dijo.
- Amo el chocolate caliente.
Tomó la mano de Clive y lo arrastró hacía dentro, seguidos por Aira y Scathach. Ella y Marethyu se miraron por un segundo y supe que debían estar teniendo alguna clase de comunicación silenciosa que solo ellos comprendían.
Pronto estuvimos solos, Marethyu y yo. Hizo una seña hacia el parque de enfrente y lo seguí hasta un banco en el medio, junto a un frondoso árbol. Permanecimos en silencio durante varios minutos, hasta que no pude soportarlo:
- ¿Qué hago yo aquí? – fue la primera pregunta que se me vino a la cabeza.
Él no dijo nada, pero no me vi obligada a repetir la pregunta. Sabía que me había escuchado y estaba tratando de encontrar la manera correcta de responderme.
- Fue lo primero que se me vino a la cabeza. Vi que mi familia estaba en peligro y tú fuiste la primera persona que se me vino a la cabeza. – respondió, si anteriormente había alguna especie de calma en su voz, ahora la había perdido – Simplemente… supuse que los protegerías y debo agradecerte por ello.
Quería decirle que no importaba, que seguramente él hubiera hecho lo mismo por mí y que agradaba pensar que confiaba en mí de esa manera, pero en lugar de eso dije:
- ¿Por qué ahora? ¿Qué paso? Tú… tú, desapareciste, así sin más – note que estaba al borde de las lágrimas mas no pude detenerme – Enviaste un par de cartas de tu maravillosa nueva vida como… no sé ¿Dios? O-o-o qué. Después desapareciste, te olvidaste de mí, de todo. ¿Qué paso? ¿Tú nueva… misión te consumió? ¿Qué paso?
Él inhalo profundamente. Abrió y cerró la boca varias veces, sin decir nada. No sabía cómo explicarse, cómo cuando tengo que dar una clase y algún alumno me hace una pregunta que no esperaba o tan complicada que no sé cómo responderla.
- Bien, primero debes saber cuán complicadas son las cosas una vez que adoptas esto – dijo al fin, levantando el garfio – Es… cuando las personas dicen que "cambian su vida", bueno, no se compara a esto. Todo cambia, por completo, de una manera que no puedo explicar. Y lo primero que aprendes es que es mejor mantenerse a un lado, en las sombras. Yo no desaparecí, solo no puedes verme.
La ira me bajo desde la cabeza hasta las puntas de los pies. Lo entendía, claro que sí, Nicolas y Perenelle me habían hablado de ello. Pero, estaba esta cuestión…
- ¿Y Scathach? – solté sin pensarlo – Porque definitivamente ella puede verte.
- Es distinto
- ¿Qué? ¿Qué es distinto? ¿Qué te acostas con ella? ¿Qué? – cuando me di cuenta de que estaba gritando, ya varias personas habían volteado hacia nosotros. No me importo.
- También es complicado.
No dije nada y me crucé de brazos, dándole a entender que no me interesada. Quería saber.
- Muy bien ¿Recuerdas Danu Talis?
Asentí
- Bien, entonces me recuerdas a mí.
- Estabas conmigo, por supuesto - ¿Acaso me estaba tomando por estúpida?
- No, tú estabas con Josh, con TU hermano. Yo estaba allí como… yo – se señaló asimismo – Marethyu ¿Comprendes?
No respondí, estaba realmente confundida, no comprendía una sola palabra de lo que decía.
- Voy a tomar eso como un no – dijo, haciendo referencia a su expresión – a Danu Talis llegaste tú con tu hermano. Allí Josh se trasformó en Marethyu, en mí, quiero decir. Yo… ¡Arg! Te dije que era complicado. La cuestión es que en ese momento, en Danu Talis, estábamos yo y Josh. Josh, TU hermano, al que no ves hace tanto tiempo; y yo, Marethyu, que mi misión fue llevarlos hasta allí. Ahora mi misión termino y le toca a TU Josh continuar con esto para que la historia se vuelva a repetir ¿Ahora comprendes?
Trate de procesar la información y transformarla en algo coherente.
- Tú no eres mi hermano – dije finalmente.
-No directamente. Quiero decir, hay una Sophie en otro… tiempo que es mi hermana. Supongo que ella… supongo que… a esta altura…. Estará muerta.
Tragué, intentando terminar de asimilarlo. Note el dolor en su voz y tuve el impulso de abrazarlo, mas no lo hice.
- Entonces… disculpa, trato de terminar de entender. ¿Por qué estas aquí? ¿Por qué no regresar a tu… tiempo? – no pude evitar sentir lo raro que eso sonaba mientras lo decía, me hacia acordar a las historias que Natanael leía por internet. Ninguna tenía sentido.
- Bueno, creo que a estas alturas de mi vida, ya no sé dónde es eso. Y aquí es a donde Scathach pertenece, me pareció algo lógico.
- ¿Qué edad tienes? – pregunté en un impulso.
Él sonrió.
- ¿Sinceramente? No lo sé. De un Mundo de Sombras a otro, de un tiempo a otro… perdí la cuenta.
Lo entendía, pero no me animaba a decírselo. Lo mio era una migaja en comparación a lo suyo. Cuando escapamos de Danu Talis, estuvimos de un Mundo de Sombras a otro tratando de regresar este. Cuando por fín lo hicimos, llegamos a un punto exacto de tiempo donde lo habíamos dejado; pero yo no era la misma, el tiempo en los otros mundos pasa de manera diferente, a veces es más lento, en otros es más rápido y hay algunos en los que el tiempo ni existe. Supuse que tendría unos veinte, y ahí lo deje. En mi siguiente cumpleaños, que debía ser de dieciséis, cumplí veintiuno.
Estuvimos varios minutos en silencio, hasta que él volteó hacia el McDonald's.
- Ahí vienen – anunció, poniéndose de pie.
Hice lo mismo que él y efectivamente el resto de su familia venía hacia el parque.
- Una cosa más – de repente me vi en la necesidad de saber – De mi hermano, ¿Sabes algo? Tienes que saber, ¿No?
Él me miro fijamente a los ojos y sentí todo el peso de sus años sobre mí, me sentí pequeña.
- No realmente. La historia no siempre sucede de la misma manera. – sonrió hacia Scatty – se suponía que yo tenía que morir. Pero tenés que saber que él no te abandonó, lo sé porque yo no lo hice. Solo no puedes verlo.
Antes que los seis, con Kende ya despierta, llegaran, metió la mano buena en el bolsillo de campera y sacó un celular. Yo no sabía nada de tecnología, pero sabía que si Natanael lo veía seguramente se burlaría sin pensarlo.
- Llámalo – dijo, ofreciéndome el teléfono – A tu hijo, será mejor que lo llames si no quieres que se preocupe.
Tenía razón. De hecho estaba tan nerviosa por hablar con Marethyu que no había prestado atención de que en Natanael era casi lo único que pensaba. Marqué el número que sabía de memoria y espere mientras llamaba.
- ¡Mira papá, te trajimos el desayuno! – gritó Gryffin con voz chillona – Clive se comió una hamburguesa tan grande que no le entraba en la boca ¡Fue genial! Y asqueroso.
Sonreí. El teléfono seguía llamando y yo comenzaba a impacientarme, hasta que saltó el contestador. Intenté dos veces más y nada. Era la mañana del sábado, estaba amaneciendo y si conocía a mi hijo debía de estar saliendo de alguna fiesta. Borracho, pero despierto.
Tenía un mal presentimiento y repentinamente me sentía observada.
