Capítulo 9:
Hermione se levantó muy temprano al día siguiente, tanto que ni siquiera había amanecido. Su mente era un mundo de sensaciones y de imágenes. No comprendía porque su corazón había deseado tan fervientemente ese contacto tan significativo con los labios de Ron. Se echó el cabello hacia atrás y exhaló un gran suspiro, estaba en el porche trasero de la casa de los Weasley y sostenía entre sus manos una taza de café. En la mesilla de madera descansaba un cenicero con los restos de tres cigarrillos. No era una mujer de fumar a menudo, tan solo lo hacia cuando estaba nerviosa o la situación la superaba. Como en esos momentos. Pensar que la causa de sus desvelos era su despistado y casi siempre infantil mejor amigo…si no fuera por lo que implicaba se estaría riendo como una loca. Pero en cambio, no podía sacárselo de la cabeza; ni siquiera habían hablado todavía. Se arrellanó mejor en la mecedora y cerró los ojos.
Pasó casi una hora entera hasta que sintió movimiento en la cocina; se encogió aun más y deseó no ser encontrada. Necesitaba ese tiempo a solas y no quería hablar con nadie. Durante unos segundos su corazón se aceleró al pensar que tal vez podría ser Ron; no se atrevía ni a mirarlo a los ojos sin sonrojarse. Pero Hermione recibió una de cal y otra de arena. No era Ron el que había bajado tan temprano, y no iba a poder pensar a solas. Después de abrir armarios, encender la tostadora y colocar todo su desayuno en una bandeja, la cabecita pelirroja de Ginny asomó por la puerta que daba al porche trasero. Si se sorprendió de encontrar a la castaña allí sentada, no lo dijo, y con una sonrisa ella también se sentó en la otra mecedora.
- Buenos días, Herm. –sus ojos tenían un brillo muy especial que no dejaban ver que se acababa de levantar. La castaña abrió los ojos y por inercia le sonrió de vuelta. Ginny ya estaba vestida con un vestido de tirantes de color blanco; era muy ancho y en el pecho tenia tres flores bordadas con hilo azul marino.- Hace un día estupendo, ¿no crees? Había pensado que podíamos relajarnos en la piscina, coger un poco de color, que ambas lo necesitamos.
- Si, claro, porqué no. –Hermione habría dicho que si a cualquier cosa con tal de no encontrarse con el pelirrojo en todo el día. Sabía que era una actitud tonta e infantil, e impropia de ella, pero así era como había decidido afrontarlo hasta el momento. Miró la bandeja con el desayuno de Ginny y sonrió.- Alguien se ha levantado con hambre hoy.
- Ey, no me critiques, soy una Weasley, nos caracterizamos por comer mucho. –contestó la pelirroja dándole un mordisco a su tostada untada con mantequilla y mermelada de fresa.- Además, tengo un buen motivo para hacerlo.
- ¿Ah, si? ¿Cuál? –preguntó Hermione con curiosidad. La verdad es que la hermana de Ron le parecía todo un personajillo muy especial y le caía muy bien. Ginny era la típica mejor amiga sin la que no podías vivir. La castaña sintió una pequeña punzada en el corazón; ella nunca había tenido una mejor amiga. Tan solo Ron había ocupado ese puesto.- ¿Tiene que ver con el brillo de tus ojos?
- ¿Qué les pasa a mis ojos? –Ginny se sonrojó sobremanera. No era buena guardando secretos, pero con este tenia que hacer una excepción; al menos hasta que… Se llevó el vaso de zumo de mango a los labios y sorbió una buena cantidad. Observó a Hermione en silencio y con ojo crítico. Ella le guardaría el secreto, lo sabia.- Voy a tener que ir todo el día con gafas de sol. Escucha, Herm, ¿te puedo contar algo? Pero es un secreto, nadie debe enterarse aun.
- No se si deberías confiar en mi; apenas nos conocemos. –dijo Hermione. Fue un acto de poner con palabras un hecho que era verdad; sin intención de ofender o dar una lectura diferente a la frase.- Aunque siempre se me ha dado escuchar a la gente, así que…-se encogió de hombros.
- Que cosas tienes, Herm. ¡Pero si vamos a ser familia, mujer! Además, esto te concierne. –Ginny bajó la voz en la última frase. Apuró la tostada y dio un nuevo trago al vaso de zumo, y acercó más la mecedora hacia donde estaba Hermione.- Pues verás, no se lo he dicho nadie aun, pero…es casi seguro…y…pues tendría que callármelo, pero no puedo…no puedo más…
- Ginny me estás mareando. ¿Qué te ocurre? –a la castaña cada vez le caía mejor la pelirroja y pensar que dentro de una semana se despediría de ella y ya no vería más…la ponía muy triste. Movió la cabeza un par de veces y alejó ese pensamiento.- No será nada malo, ¿no?
- Que va, Hermione. ¿Tu crees que estaría así de feliz por algo que no fuera bueno? A ver, acércate más a mi, no quiero que nadie nos escuche. Aquí las paredes son tan finas que…en fin…verás…-la castaña se acercó a la pelirroja y juntaron sus cabezas para hablar en susurros que a duras penas pudieron contener por la emoción del momento. Se estaban abrazando cuando por la puerta apareció un somnoliento Harry. El moreno se atusó el cabello, revolviéndolo aun más y miró a las dos mujeres. Le dio un beso de buenos días en la mejilla a Hermione y después besó a Ginny en los labios.- Hola, amor. ¿Al fin llegaste a una tregua con las sábanas?
- N-no…e-es…ju-justo. –dijo Harry entre un bostezo. Se restregó los ojos con las palmas de las manos y se estiró unos segundos. Después hizo levantarse a la pelirroja y se sentó él en la mecedora con ella en el regazo. Ginny iba a protestar, pero sus palabras se quedaron en la boca de Harry tras un nuevo beso.- Es injusto, no deberían de hacerme levantar tan temprano los días que no tengo trabajo. Por una vez que puedo dormir.
- Ya sabes como son mis hermanos, cielo. –Ginny le acarició la mejilla, arrugó la nariz; necesitaba un afeitado. Miró a Harry enarcando una ceja y el moreno captó la indirecta con una sonrisa. Volviéndose hacia la castaña, Ginny explicó el planning de los chicos.- Hoy mis hermanos se van a llevar a Harry a pescar; aunque es solo una excusa para cantarle las cuarenta.
- ¿Eso significa que Ron también irá? –preguntó Hermione con un atisbo de esperanza; no quería ver al pelirrojo, no hasta que se le aclarara un poco más la mente. Por suerte para ella, Ginny lo tomó como una muestra más del amor que sentía la castaña por su hermano, que no podía ni pasar un día sin él.
- Por supuesto que irá; él es el peor, no te tendrá compasión porque seas su mejor amigo, amor. Lo siento, a mi me conoció antes y tengo derechos de antigüedad y de hermana. –rió Ginny al ver como Harry tragaba con dificultad la tostada que había cogido de su plato.- Lo que me lleva a lo que te estaba diciendo antes, Herm. Tenemos el día entero para las chicas, y creo que nos convendría un poco de relax antes del concierto de esta noche.
- Bueno…vale. –la castaña se encogió de hombros; cualquier plan lejos del pelirrojo estaría bien para ella. Miró alrededor y aguzó el oído; en la cocina se escuchaba movimiento de nuevo y en pocos segundos se verían abordados por tres diablillos de cabello rojo. Cerca de la casa de los Weasley había otra algo más pequeña y su jardín colindaba con el de esta. Hermione la observó durante unos segundos hasta que se volvió a enganchar a la conversación después de escuchar su nombre. La señora Weasley salía de la casa con una jarra de zumo de naranja y una tetera.
- …Hermione le cayó muy bien a Nona anoche; cuando Harry y yo fuimos a llevarla a su casa no paró de hablar de ella. –Ginny posó sus ojos marrones en la castaña y sonrió.- Dijo que eras muy inteligente y bella, además de tener un corazón de oro, y para eso Nona es un as. Sabe calar muy bien a la gente. Lo que no entendí fue lo que dijo al final, que esperaba que en este viaje encontraras las respuestas a tu enigma. –mordió una tostada que le ofrecía Harry y recostó la cabeza en su hombro.- Nona a veces dice cosas extrañas.
- Buenos días, hijos. –dijo la señora Weasley. Entró de nuevo unos minutos a la cocina y volvió a salir con tostadas y vasos. Ahogó un suspiro y se acercó una silla a la mesa del porche. Miró con una sonrisa a los tres jóvenes y se sintió inmensamente feliz. Molly Weasley vivía por y para su familia.- ¿Habéis dormido todos bien? Aunque creo que algunos todavía siguen.
- Mamá, hablarás con ellos ¿no? –Harry miró con cara de perrito degollado a la mujer que soltó una carcajada. Su corazón se sentía henchido cada vez que el moreno la llamaba "mamá".- Quieren llevarme a pescar, pero creo que al que quieren pescar es a mi. –se refería al día de chicos que habían montado los hermanos de Ginny.
Hermione estaba presente en la conversación, pero realmente no estaba allí. Lo que había dicho Ginny sobre Noralie la tenía bastante intrigada; ella sí que sabía a qué se refería la anciana, pero no estaba segura de querer averiguarlo. El corazón bombeaba tan fuerte y tan rápido que estaba a punto de salírsele del pecho. Acostumbrada a estar sola, ahora estaba descubriendo las ventajas y lo que significaba tener una familia amorosa alrededor; volteó la cabeza justo en el momento en que Molly se levantaba y le daba un beso tranquilizador en la mejilla a Harry.
- No te preocupes, cielo. Arthur irá con vosotros para asegurarse de que todo irá bien. –recogió las tazas y los platos sucios que había encima de la mesa y se metió de nuevo en la casa.
- Se olvida de que él es también el padre de la novia. –rezongó el moreno.
Hermione encendió un nuevo cigarrillo y se lo llevó a los labios ante el gesto de disconformidad de la pareja. Pero de verdad que lo necesitaba. La abogada eficiente y segura se había quedado en Nueva York. A Londres solo había viajado la chica sencilla e insegura que era en realidad. ¿Y si Ron no volvía a hablarle o su amistad se resentía? Definitivamente tendría que haber pensado mejor antes de aceptar acompañarlo a ese viaje. Por otro lado, no había pasado nada entre ellos y no entendía porque se comportaban como dos chiquillos. Se quedó pensativa mirando hacia el horizonte, mientras Harry y Ginny se besaban.
Los chicos se fueron después de desayunar, ya bien entrada la mañana. En la casa quedaron la señora Weasley, Ginny y Hermione, además de los cinco nietos mayores. Pero con Belle y Elora no se podía contar, pues habían salido con los adolescentes de la urbanización y estaban en un cine cercano. Los niños jugaban a la pelota en el jardín y la señora Weasley aprovechaba para descansar un rato de su ruidosa familia. Eso dejaba de nuevo solas a Hermione y Ginny durante la tarde. A la noche se juntarían con las dos jovencitas para ir al concierto de Beyoncé. Pero de momento se habían apalancado en el jardín y tomaban el sol tapadas por unos finos bikinis negros.
- Pero si es la bella Ginevra en carne y hueso. –dijo una voz de repente. Las chicas abrieron los ojos detrás de sus gafas de sol y miraron hacia el seto que separaba el jardín del de la otra casa. Allí había una mujer de unos cincuenta años, con el cabello negro teñido y unos ojos grises que taladraban a todo aquel que miraban. Era bajita y se tenía que aupar para poder ver más allá del seto.- Ya pensamos que te había pasado algo antes de la boda; como nunca paras por aquí. Pobre Harry, seguro que se quedaría destrozado si te volvieras loca con tanto detalle.
- Buenos tardes, señora Chang. –contestó Ginny después de chasquear la lengua; nunca le habían gustado los vecinos de sus padres, pero tenia un motivo muy particular y significativo. Masculló un par de frases entre dientes y volvió a su tono amable habitual.- Ya sabe como son los preparativos de una boda, acuérdese de la suya. Es una suerte que Cho todavía siga soltera, sino se volverían locas ustedes también. Pero esté tranquila que mi boda sigue en pie y Harry es un novio muy comprensivo. Sabemos muy bien lo que hacemos.
- Lo se, querida, lo se. No ha debido de ser fácil mantener una relación durante diez años sin concretarla; os habéis tardado mucho. Cuando al fin lo anunciasteis, no nos lo podíamos creer, Cho se quedó muy sorprendida.
- Ya lo creo que se sorprendió; lleva toda la vida intentando quitarme a mi Harry. –le murmuró Ginny a Hermione. Estaba tensa y se le notaba a pesar del disimulo.
- Y ahora solo queda el pequeño Ronald por colocar. Tal vez aun haya esperanzas para mi Cho. Tu sabes lo hermosa que es, cualquier hombre estaría orgulloso de casarse con ella.
- Ha llegado el momento de presentarte. –le dijo Ginny a la castaña, luego alzó la voz para añadir con una sonrisa.- Señora Chang, no le he presentado a mi amiga. Hermione Granger, es la prometida de mi hermano Ron; han venido juntos desde Nueva York.
- ¿Prometida? Oh, querida, ya todos los Weasley están fuera del mercado, es una lástima. Aunque tu madre tiene que estar que se sube por las paredes de contenta. –se volteó hacia un hombrecillo bajito y rechoncho que había aparecido detrás suya. Sus rasgos eran orientales y sus ojos denotaban un descontento constante.- Liang, querido, ¿has oído eso? Hasta Ronald tiene novia. Pobre Cho, el disgusto que se va a llevar. –regresó hacia las chicas.- Bueno, queridas, tengo que dejaros, he de avisar a la pobre Cho. Nos vemos en la boda, supongo.
- Que pase un buen día, señora Chang. –se despidió Ginny y después suspiró sonoramente.
- ¿Qué pasa? ¿Quiénes son esos? –preguntó Hermione. La conversación había molestado mucho a la pelirroja y ella quería saber porqué. No es que fuera una persona curiosa, pero se preocupaba por la gente que estaba a su alrededor.
- Los Chang. –habló como si tuviera un limón en la boca.- No los soporto; su hija Cho, ha perseguido a Harry desde que tengo memoria. Ella es un año mayor y…cuando íbamos al colegio, durante unos meses Harry estuvo colado por ella, pero ella no le hacia ningún caso…hasta que lo utilizó para darle celos a otro. –chasqueó la lengua.- Total que siempre me echa en cara que el primer beso de Harry fue con ella y se comporta como su perrito faldero. Es realmente vomitivo y desagradable ver como se rebaja y no acepta la realidad.
- Eso no debe de afectarte, Gin, ahora menos que nunca. Piensa que a pesar de ella…Harry y tu seguís juntos y os vais a casar –le puso una mano en el brazo y lo apretó ligeramente en señal de apoyo.- Además, seguro que no es tan desagradable como Lavender.
- Umm…tienes razón. –aceptó la pelirroja después de pensarlo unos segundos y rió.- Menudo tándem; si es que mi hermano y Harry son unos gilipollas a la hora de escoger mujeres, excepto a nosotras, claro. –miró el reloj de pulsera y se sentó en la tumbona.- Hora de darse una ducha rápida, vestirse y salir hacia el concierto.
- ¿Tan pronto? Si solo son las cinco. –se levantó enrollándose la toalla alrededor de la cintura. Había pasado una agradable tarde conociendo mejor a la pelirroja y no acordándose del pelirrojo para nada. Hasta ese momento.- ¿Crees que Harry estará bien?
- Claro. Él hace tiempo que forma parte de la familia y es como un hermano más para los chicos, solo que han de mantener la tradición de cuidar de la única mujer Weasley. –rodó los ojos.- Además, Ron nunca permitiría que le pasara algo a su mejor amigo…básicamente porque después se las tendría que ver conmigo. –rió la pelirroja.
- Ay, Ginny, para ser la única mujer…los tienes a todos controlados. –rió la castaña mientras subían por las escaleras. En la pared había infinidad de fotografías familiares, algunas de ellas antiguas, de los abuelos. Hermione pudo ver que Ron se parecía mucho a su abuelo Billius y sonrió a su pesar.
- A todos no. Ahora a quien obedece Ron y a quien no quita los ojos de encima es a ti. A mi me miraba de manera fraternal, para protegerme, pero a ti…se te come con la mirada. Él te quiere mucho, lo se. –sentenció Ginny al llegar a la puerta de su habitación.- Nos vemos en el salón en quince minutos. –y entró dejando a la castaña en el pasillo.
Durante su ducha rápida, Hermione no se quitó de la cabeza las palabras de Ginny. Ella también quería a Ron, lo quería demasiado, como nunca antes había querido a nadie desde que sus padres murieran. Bueno, durante un tiempo había estado ÉL, pero ya formaba parte del pasado y le dolía de solo recordarlo. Ron nunca le haría daño y se estaban comportando como unos completos idiotas e infantiles. Esa misma noche, a la vuelta del concierto, arreglaría las cosas con él. Pero mientras tanto, quince minutos después bajó al salón con un tejano azul y una blusa blanca de tirantes; en los pies llevaba unas bailarinas blancas y un pequeño bolso cruzado con algunas cosas. Belle y Elora ya estaban allí y pronto unieron a la castaña a su conversación trivial sobre canciones y espectáculos. Ginny se retrasó diez minutos, pero al cruzar una mirada con Hermione, esta supo que había una razón de peso para ello. Se acercó a ella y se abrazaron antes de salir por la puerta.
El Royal Albert Hall estaba lleno, las entradas hacia meses que se habían agotado y los críticos coincidían en que merecía la pena. La potencia de la voz de Beyoncé aumentaba en directo y los números musicales no tenían desperdicio. Las cuatro mujeres estaban en uno de los palcos más cercanos al escenario, aunque sabían que poco sería el tiempo que permanecerían sentadas. Con puntualidad británica comenzó el concierto y las dos chiquillas entonaron con emoción las letras más movidas de la bella Beyoncé. Crazy in Love y Single Ladies eran las que ganaban por goleada, hasta se sabían las complicadas coreografías. Ginny lo observaba todo con ojos brillantes e intentando no moverse mucho, estaba muy emocionada. Esa noche daba comienzo al fin de su vida como soltera para pronto embarcarse en la de casada. Sin embargo, las canciones favoritas de Hermione eran las que contenían las letras más profundas, como Broken Hearted Girl, Dangerously in Love o Halo. La castaña sentía cada una de las palabras de esas canciones como si fueran propias. Ella sabía lo que era ser la chica con el corazón roto. Pero fue otra canción la que le devolvió la determinación e hizo que se acordara del pelirrojo.
De vuelta a casa, en el taxi, las cuatro iban apretujadas en el asiento trasero. Eran más de la una de madrugada y las luces de la casa familiar estaban todas apagadas. Belle y Elora que ahogaban bostezos rápidamente se perdieron en su habitación cuando el taxi paró en la entrada. Hermione y Ginny pagaron al hombre y en silencio también entraron. La castaña se entretuvo a beber un vaso de agua en la cocina y subió sola las escaleras hasta la buhardilla. El corazón se le aceleró cuando al abrir la puerta vio la imponente figura de Ron tumbada en la cama; su cuerpo contrastaba totalmente con su cara de ángel. Debía de estar rendido del todo, pues no se había quitado ni la ropa, tan solo los zapatos. Siguiendo un impulso, Hermione se sentó en el borde de la cama y le retiró unos mechones de cabello pelirrojo. Ron se movió, pero no se despertó. La castaña le acarició la mejilla pecosa y sonrió al tiempo que tarareaba la letra de la canción.
I've
been alone
When I'm surrounded by friends
How could the silence
be so loud?
But I still go home knowing that I've got you
There's
only us when the lights go down
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Nota de la autora.
La canción que susurra Hermione es Ave Maria de Beyoncé; tanto la melodía como la letra son preciosas, así que si tenéis oportunidad de escucharla, hacedlo. No os arrepentiréis.
