Hola a todas!

Ya se: no pueden creer que estoy viva (?) Pero lo estoy y lamento monumentalmente haber tardado tanto en aparecer con un nuevo capitulo. No importan las excusas, siemplemente no podía sentarme a escribir. Espero que les guste el capitulo, que es el más largo hasta ahora.

Si alguna tiene ganas, escuche el soundtrack de la pelicula "Finding Neverland" mientras escribía la mayor parte de este capitulo. Es una musica increible.

Un beso enorme y que lo disfruten (: The wait is over.

Kisses.


9. Vergüenza


Sentada en la cama, dejó de pulir su daga con la sabana y miro a su alrededor con hastío: la habitación nunca había estado más oscura y era la primera vez que no podía ver la luz de la luna asomar por los barrotes de la pequeña ventana. Suspiro, abrazándose a si misma cuando el frio de la noche le dio escalofríos. El vestido blanco le cubría hasta los pies, pero dejaba su espalda y sus hombros descubiertos.

Un ruido extraño la hizo ponerse alerta y se puso de pie como un relámpago, ciñendo la daga en su mano con firmeza, dispuesta a enfrentar lo que fuera. Si la habían encontrado, se iba a enfrentar con ellos hasta el final. Sintió un escalofrío recorrerla cuando volvió a escuchar el ruido, esta vez espeluznantemente cerca, y se estaba preparando para lo peor cuando los goznes de hierro de la puerta de su habitación saltaron y la entrada voló en mil pedazos.

Grito, tapándose la cara con los brazos y retrocediendo hasta pegarse contra la pared del fondo. Un trozo de hierro paso volando a su lado y ella se agacho, aunque no lo suficientemente rápido como para evitar un profundo corte en su mejilla derecha. Maldijo en voz alta, llevándose la mano libre hacia la herida y haciendo presión, intentando cortar el flujo de sangre.

—Te has manchado el vestido de sangre.

La voz provenía del lugar en donde antes había estado la puerta, en donde ahora solo había un agujero, y era extrañamente familiar. Ella levanto la cabeza bruscamente, buscando con la vista el dueño de esas palabras insignificantes entre el humo, los pedazos de roca y de madera, y entonces lo vio. De entre los escombros surgió la silueta de un hombre, alto y de buena figura. Su rostro era de rasgos angulares y nariz fina, con el cabello negro azabache completamente despeinado cayendo sobre su frente. Sus vivaces ojos verdes la miraban centelleantes.

Dio dos pasos hacia ella y la observo con reproche.

—¿No vas a decirme nada?

Ella lo miro entornando los ojos, enojada.

—¿Qué es lo que quieres que te diga?

—Que es lo que estas haciendo aquí, quizás.

La pelirroja rió.

—Pues yo podría preguntarte lo mismo, primito.

—Rose…—Suspiro él con cansancio. —¡Estábamos preocupados por ti!

—Supongo que con esto me quieres decir que viniste a "rescatarme", ¿verdad? —Pregunto lentamente, aunque su acompañante pudo distinguir cierta ironía en su voz.

—Quiero llevarte conmigo, a donde perteneces.

—¡Aquí es a donde pertenezco!

—¡Demonios, Rose! —Grito él exasperado, pegándole una patada a la enorme cama de dosel que tenia al lado. —¿Cuándo dejaras de ser tan obstinada? ¡No hay nada que puedas hacer para cambiar la situación!

—¡Por supuesto que puedo hacer algo! El problema es que tú no quieres que la situación cambie. —Lo miró fijamente a los ojos y agregó, arrastrando las palabras. —A ti te conviene la situación.

Albus suspiro y se paso una mano por el pelo, contando hasta diez para calmarse.

—¿Qué es lo que tanto te disgusta del trato?

—Que no es lo que quiero para el resto mi vida. — Respondió ella sin titubear.

El moreno se agacho junto a ella y le aparto la mano de la cara con suavidad, descubriendo el profundo corte que tenia en la mejilla. Cerró su mano sobre la de ella manchada de sangre y la miro con preocupación.

—Rose… ¿De que estas hablando?

Ella se removió en su lugar, incomoda, y el vestido blanco dejo al descubierto el lobo que tenía tatuado en su muslo derecho. Los ojos de Albus, viajaron hasta el y lo contemplaron con perplejidad: el lobo tenía los ojos más negros que nunca. Cuando volvió a mirarla, ella lo observaba con resentimiento y furia contenida.

—¿Hay algo que pueda hacer por ti? —Preguntó él suavemente.

Ella rió casi con crueldad y tiro de su mano para soltarse de su agarre y así volver a tapar el corte en su mejilla y frenar la sangre que goteaba sobre su vestido.

—No puedo creer que estés tan ciego —Dijo levantándose bruscamente y poniendo distancia entre Albus y ella. El vestido resbalo por su pierna, tapando el lobo, y el rojo de su pelo se mezclo con el color de la sangre que teñía su vestido. Se alejo velozmente poniendo la enorme cama de dosel entre los dos antes de que él pudiera atraparla.

Albus hizo un intento de seguirla, su rostro una mascara de incredulidad y confusión.

—Rosie…

—¡No te atrevas a acercarte! —Grito ella, levantando la daga por delante suyo en posición defensiva con maestría, el corte en su mejilla olvidado. Sus ojos azules centellaban con enojo y determinación y apretaba los dientes hasta casi hacerse daño. —O juro que voy a usarla.

—¿Por qué estas haciendo esto? —Pregunto él con la voz en un hilo.

Sonaba tan dolido que Rose casi piensa que todo había sido un estúpido sueño, pero no… era imposible. Ella estaba convencida de que era imposible.

—La última vez que nos vimos casi te aprovechas de mi, Albus Potter. —Contraatacó ella, escupiendo las palabras con odio.

Albus retrocedió un paso con la boca abierta, como si ella acabara de clavarle la daga en el pecho. Sacudió la cabeza de un lado al otro consternado y de a poco su expresión fue cambiando a una de enojo y frunció el ceño.

—La última vez que nos vimos me encontré contigo en un pasillo y sentí en ti el olor a otro hombre. Esa fue la última vez que te dirigí la palabra.

Rose frunció el ceño y negó con la cabeza. Ella estaba segura… los dos habían estado en su cama. Uno a cada lado, cada uno con sus besos, sus caricias y promesas, queriendo compartirla en la cama de su habitación en la torre norte.

El encuentro del que hablaba Albus había sido antes, después de su aventura con Scorpius. ¿Cómo olvidarse de eso?

—¡Mientes! —Grito furiosa. —Eso fue antes… antes de lo que paso en mi habitación.

—¡No, Rose! ¡No se de que estas hablando! Hace semanas que estas extraña y todos estamos preocupados por ti.

—Si se preocupan por mí, lo único que tienen que hacer es romper el trato que han hecho. No seré parte de ello.

—¿Me tienes miedo, Rosewen?

La mención de su nombre completo la paralizó. ¿Miedo a Albus? No, no le tenía miedo. Jamás le había tenido miedo, él era su mejor amigo. No, no era Albus quien la asustaba. Era algo más, una sensación de que no estaba sola en ningún momento y de que confundía los sueños con la realidad. Pero no tenía nada que ver con Albus. El único problema con su primo era que habían crecido… y que ella, de repente, no quería cumplir con el trato. Meses atrás no habría tenido ningún problema, es más, hasta le gustaba la idea. Pero ahora algo había cambiado. No entendía porque, pero sus sentimientos eran distintos.

—¿Qué es lo que dices? Por supuesto que no te tengo miedo.

—Entonces, ¿puedes dejar que me acerque?

Rose vaciló un momento antes de bajar la daga y apoyarla sobre la cama muy despacio mientras Albus se acercaba hasta ella con pasos inseguros. Cuando estuvo a su lado se abrazaron de repente, él apretándola contra su pecho, ella enterrando su rostro en su hombro y aferrándose a él de forma desesperada.

—No importa el trato, Rose. Olvida el maldito trato. Olvidémonos por un segundo de nuestro futuro y dime por favor que es lo que te pasa. —Acarició su cabello y la aparto de él lo suficiente como para mirarla a los ojos. — Nunca en mi vida estuve tan preocupado por ti.

Yo tampoco, pensó Rose. En los brazos de Albus se sentía segura, como siempre había sido. Era él, tenia que ser él, y sin embargo… ¿cómo explicar lo que le estaba pasando sin sonar completamente demente?

—Estoy…—No había otra forma de explicar las cosas. —Estoy confundiendo los sueños con la realidad. Sueño cosas tan reales, que cuando me despierto no se si en realidad me acabo de despertar o si, por el contrario, acabo de dormirme.

Albus negó con la cabeza.

—No lo entiendo…

—Lo se, suena ridículo y estúpido. Pero hasta ahora pensaba que la ultima vez que te había visto habíamos tenido relaciones y ahora…

—Rose… —La interrumpió él con un hilo de voz. —eres virgen.

La pelirroja perdió el habla y hubo un silencio incomodo que no duro más que unos segundos, pero ella sintió que fueron años. Los ojos verdes de Albus estaban clavados en los azules de ella con intensidad.

—Lo eres… ¿verdad?

—Si. —Dijo ella, mas rápido de lo que pretendía, recuperando el habla en el momento justo.

Siempre, siempre tenia que ser tan estúpida de decir las cosas sin pensar.

—Por supuesto que soy virgen.

—Scorpius…

—Scorpius no ha hecho nada por lo que puedas enojarte, Al. Scorpius es tu amigo.

—Y sin embargo me prometió que lucharía por ti.

—Lo hizo.

—Y…

—Y esta cumpliendo con su promesa.

Albus apoyo su frente sobre la de Rose y suspiro.

—Estas enamorándote de Scorpius. —Dijo con pesar. — Eso es lo que te pasa.

Antes de poder contestarle, Rose despertó.


Nicole entro al Hall y busco a James con la mirada entre el tumulto de gente que se acomodaba para salir frente a las puertas del castillo. Él la vio y levantó una mano para indicarle donde estaba.

—Hay mucha gente. —Comento ella cuando llego a su lado y lo saludo dándole un beso en la mejilla.

—Es la última salida antes de Navidad, Nic. Todos quieren hacer compras. —Contesto él.

—¡Lo se! Me incluyo.

—¿Qué vamos a hacer entonces, he? Dime.

La muchacha se paso una mano por el cabello para apartárselo del rostro y luego le dedico una sonrisa de medio lado a su compañero.

—¡Oh no, no me sonrías de esa forma, Nott! —Rió James, negando con la cabeza. —La idea es que seduzcas a mi hermanito, no a mí.

Nicole se mordió el labio provocativamente y rió.

—Si te pongo tan incomodo, quizás esto no va a funcionar.

—Claro que funcionara. Solo, por Merlín, no me sonrías así.

—De acuerdo. —Prometió ella riendo.

En ese momento la gente empezó a moverse para comenzar a salir del castillo y los dos Gryffindors siguieron a sus compañeros hasta llegar a los terrenos del Colegio, en donde los esperaban los carruajes que los llevarían hasta el pueblo. James ayudó a Nicole a subir a uno y luego la siguió.

—Bueno. —Dijo mientras se sentaba y se giraba a mirar a su amiga con una sonrisa de autosuficiencia, guiñándole un ojo. —Pongamos esto en marcha.


—Profesor, necesito hablar con usted.

Firenze evaluó con la mirada a la chica que tenia frente a él. Rose Weasley era increíblemente parecida a su madre en la forma de su cara, en su nariz pequeña y respingada, en su físico y, sobre todo, en su abundante pelo ondulado e incontrolable. Sin embargo, tenía los colores de su padre en sus luminosos ojos celestes y en el fuego en su cabello, así como un puñado de sus microscópicas pequitas alrededor de la nariz y en los pómulos. Su rostro estaba hoy surcado de preocupación y creía distinguir miedo en sus ojos.

—¿Qué puedo hacer por usted, Señorita Weasley? ¿No debería estar yendo a Hogsmade?

—Mis compras de Navidad pueden esperar si me permite hablar con usted. Es realmente importante.

Lo se, pensó el profesor irguiéndose sobre sus cuatro patas y mirando a su alumna.

—Te escucho.

Rose le conto todo desde el primer sueño que había tenido, pasando por la extraña actitud de Albus, su repentina relación con Scorpius y llegando hasta el sueño que acababa de tener la noche anterior. Dejo afuera solamente los dos sueños que tuvo en los que estaba prácticamente desnuda en la cama de dosel con los hombres, por razones obvias. Cuando termino, Firenze la miraba fijamente, analizando sus palabras. Después de un largo silencio, hablo.

—Algo fue distinto.

Rose espero a que terminara la frase, pero parecía que eso era todo lo que el centauro pensaba decirle. Se mordió el labio sin entender.

—¿A que se refiere, Profesor?

—Este último sueño fue distinto a los demás. Tuvo algo diferente que te hizo venir a verme sin siquiera pensarlo dos veces. —La miro a los ojos sin pestañar. —¿Qué fue?

Rose sabía que él había dado en la tecla.

—Fue real. —Dijo, sin titubear. —Fue muy, muy real. Recuerdo cada mirada, cada palabra y cada ruido como si hubiese estado ahí al lado de ellos dos en ese instante.

—Fue un sueño. —Le recordó el centauro.

—No. —Rose negó con la cabeza. Nunca había estado más segura de si misma. —No lo fue. Fue mucho más que eso: fue real.

—Si eso fue real, esta usted queriendo decir que ahora mismo esta soñando, Señorita Weasley. ¿Estoy en lo correcto?

Rose suspiro. No sabía como explicarlo.

—No Profesor, no es eso lo que quiero decir. —Se paso una mano por los ojos y respiro profundamente antes de seguir hablando. —En todos los sueños anteriores sentía que estaba soñando conmigo misma. Sentí que era yo la que intervenía en la pelea de Scorpius y Albus y que era yo la que estaba encerrada en esa torre. Pero esta vez… esta vez no fue así. La que sostenía la daga no era yo. La que tenía ese tatuaje no era yo. Tenía mi apariencia y mi voz, pero no era yo. Y el Albus de este sueño no era mi primo.

La pelirroja intento seguir hablando, pero le costaba encontrar las palabras adecuadas para hacerse entender.

—No me imagine a mi misma de manera distinta ni con un tatuaje en la pierna, vi a una chica pelirroja, obstinada y de carácter fuerte con un lobo tatuado en un muslo y la mejilla cortada. Vi una persona real. Y me desperté con un recuerdo. —Terminó, señalando con el dedo su propia mejilla cortada, de la que todavía salía sangre. —No me hice esto a mi misma Profesor. Estoy recibiendo lo que sea que esta chica hace y se esta transmitiendo hacia mi.

—Señorita Weasley…

—Profesor, por favor no me diga que estoy cansada o que necesito aclara mi cabeza por estrés: estoy perfectamente bien y aunque parezca que estoy diciendo algo sin sentido, se perfectamente que es la única opción.

—¿Me va a escuchar, Señorita Weasley? —Interrumpió el Profesor, suave pero firmemente.

Las mejillas de Rose se tiñeron de escarlata. Había interrumpido a un Profesor y le había hablado insolentemente, sin titubear un segundo. Por un momento se había parecido horrorosamente a la Rose de su sueño. El pensamiento la asustó más de lo que ya estaba.

—Lo siento, Profesor.

—¿Cómo llegó a la conclusión de que usted esta viendo a otra persona, mas que soñando con usted misma?

—Fue lo que ella dijo. —Contesto Rose suavemente. —Dijo que estaba confundiendo los sueños con la realidad ya que sus sueños eran sumamente reales. Y es lo mismo que siento yo. —Tomo aire y dijo finalmente lo que creía. —¿Qué tal si yo veo en mis sueños su vida y ella en sus sueños la mía? Y cuando las dos dormimos al mismo tiempo soñamos los mismos sueños.

Firenze contemplo el techo mágicamente soleado de su oficina, como si estuviera analizando la situación.

—Podría suceder… Pero usted sueña con Rose Weasley, Señorita Weasley. Y solo hay una persona como usted en el mundo, por lo que me resulta difícil de creer.

—Pero están también las marcas. —Recordó Rose.

—Si. —Respondió el centauro pensativo. —Están también las marcas. —La miró nuevamente y se acerco hacia ella, examinando el corte que tenia en el rostro. —Necesito pensar. Vaya a la Enfermería a que le curen ese corte, Señorita Weasley.

Y con eso se dio vuelta, dando por terminada la charla. Rose no lo soporto.

—¿No me va a decir nada más?

—No hay nada que pueda decirle, Señorita Weasley. —Respondió él sin darse vuelta a mirarla. —Creo que usted tiene razón, pero no entiendo el como ni el porque esta sucediendo esto, ni tampoco porque a usted. Si descubro algo la mandare llamar.

Con esto último, y viendo que no conseguiría nada más de parte de su profesor, Rose se dirigió hacia la puerta de salida de la única aula de Hogwarts que parecía un bosque y abrió la puerta de madera.

—Tenga cuidado, Señorita Weasley. —La voz la hizo darse vuelta nuevamente antes de salir. —Se acercan nubes de tormenta.


—¿Seguro que estas bien como para salir? —Chad miraba a su primo respirar con dificultad mientras iban hacia Hogsmade en uno de los carruajes. —No te ves… no te ves bien.

El rubio suspiro, exasperado.

—Es la quinta vez que me lo preguntas, Nott. Te estas pareciendo a Nicole. Estoy bien.

Su primo miro a Michelle, sentada frente a ellos, una pregunta en su rostro. Ella negó con la cabeza.

—Obstinado como él solo.

—Mira quien habla, Elle.

Scorpius estaba cansado de que le preguntaran si estaba bien. ¡Por supuesto que estaba bien! No podía correr ni jugar al Quidditch por un par de semanas, pero estaba entero. Además, tenia suficiente con la carta de su madre, en la que expresaba una seria preocupación por su salud física y la reacción que había tenido Draco Malfoy al enterarse de que el agresor había sido el hijo de Ron Weasley. "Tu padre no tiene ningún amor por Ronald Weasley, como bien sabes. Me ha dicho que `no puedes esperar otra cosa del hijo de esa bestia, Astoria, seguro que es tan mastodonte y tan bruto como el padre´. Por supuesto que no debes escucharlo, ya sabes que cuando habla de Weasley vuelve a estar en Hogwarts en un abrir y cerrar de ojos. Estoy segura de que estarás bien hijo, pero por favor cuídate." Y luego seguía preguntando por sus primos y por Elle, y diciendo que sabia que las chicas lo iban a cuidar y le decía otras cinco veces que se cuidara y que lo quería. Su padre agregaba una posdata: "Hijo, si Weasley te vuelve a tocar rómpele unos cuantos dientes: a ver si sus abuelos pueden arreglar eso". Scorpius no había entendido que significaba aquello, pero rió sabiendo que era la forma que Draco Malfoy tenia de decirle que se preocupaba por él y que estaba feliz de que estuviera bien. Su padre era un hombre de pocas palabras, pero Scorpius las entendía todas.

—¿Hay alguna razón por la que estés tan desesperado por ir a Hogsmade, Scorp? Podrías haberte quedado en el castillo, lo sabes, ¿verdad?

—Necesito comprar los regalos de Navidad, Elle.

—De acuerdo. —Acepto Michelle encogiéndose de hombros, entendiendo que su amigo no iba a darle más información.

Era solo parte de la verdad. La realidad era que Scorpius esperaba ver a Rose en alguna esquina y hacerle alguna seña para que se encontraran a solas, aunque lo veía poco probable. Seguramente sus amigos no se despegarían de su lado en ningún momento.

—¿Y tu porque estas tan callado? —Pregunto Elle de repente. Albus se dio vuelta a mirarla.

—Estaba pensando que voy a regalarle a Rosie. —Confeso el moreno con una sonrisa, atrayendo la atención de Scorpius a la mención del nombre de ella. —Supongo que terminare regalándole algún libro, como siempre.

—Podrías regalarle algo más femenino. —Sugirió Michelle. —Algún perfume, accesorio o maquillaje. Tu prima nunca se arregla.

Los tres hombres del carruaje se miraron entre si y rieron. Elle los miró sin comprender, frunciendo el ceño.

—¿Qué fue lo que dije?

—Bueno… perdón Al. —Chad miro a Albus guiñándole un ojo. —Pero Rose Weasley no necesita ponerse una gota de pintura encima. Tiene una belleza rara y natural por si misma.

Scorpius sintió la mirada de Michelle sobre él, pero no se atrevió a mirarla, por miedo a pisarse en frente de los otros dos. Lo que Chad decía no era más que la verdad que cualquier hombre con sentido común vería. No significaba que a su primo le gustara Rose ni que pensara en hacer algún avance con ella: simplemente le atraía, como a muchos otros hombres de Hogwards.

—Me parece que voy a tener que vigilarte, Nott. —Dijo Albus riendo.

Scorpius sonrió. Albus se había despertado distinto ese día. Desde hacía tiempo que lo miraba con mala cara y prácticamente no le hablaba mas que lo mínimo indispensable, como si lo culpara de algo, y el estaba seguro que tenía que ver con Rose. Pero esa mañana había sido diferente: le había sonreído al despertar, apurándolo para bajar a desayunar y señalándole a Terry Brown en la mesa de Hufflepuff, que chupaba una cucharita con mermelada de la manera más indecente posible. La habían mirado y se habían reído juntos cuando ella los encontró observándola y se puso colorada hasta la raíz del cabello, tirando la cucharita adentro de su taza de café con leche con torpeza. Scorpius no sabía que era lo que había cambiado como para que su amigo volviera a ser el de siempre, pero no tenía intensión alguna de preguntarle: estaba feliz de que así fuera y no quería que nada lo arruinara.

—¿Ah si? —Pregunto Michelle con interés. —¿Y tu hermana y yo necesitamos arreglarnos?

Chad sonrió y la sonrisa llego a sus ojos, que centellearon picaros.

—Tú eres hermosa y cuando te arreglas sigues siéndolo. Nic y tu tienen otro tipo de sensualidad, son consientes de ella. Rose Weasley no es consiente de lo sexy que puede llegar a ser que se muerda el labio mientras lee un libro en la biblioteca. Aunque si se arreglara…—Miró a Albus guiñándole un ojo. —No dejes que tus primas la maquillen, Al.

—Nott, me estoy preocupando…— Albus se cruzo de brazos y contuvo la risa.

—A ti también te parece sexy cuando lo hace, ¿no es así?

—Siempre. —Respondió Albus sin bacilar, asintiendo con la cabeza.

—No te preocupes Potter: tu prima es hermosa, pero no es mi tipo.

—Tampoco el mío: tu hermana, por el contrario…

Scorpius sonrió de medio lado. No entendía que estaba pasando, pero definitivamente le gustaba. Chad rió descaradamente.

—Nunca podrías con Nicole, Potter.

—Yo no estaría tan seguro, Nott.

—Mi hermana esta fuera de tu alcance Albus, tanto como ella esta del mío —sentencio, señalando a una chica de largo cabello platinado que iba en el carruaje de al lado y se reía a carcajadas con Lucy Weasley. —Es increíblemente sexy se ponga lo que se ponga y es perfectamente consiente de ello. Es como tú y Nic, — Agrego, acercándose a Michelle hasta casi rozarle la nariz con la suya y clavándole sus ojos verdes con una sonrisa despiadada. —peligrosa. —Sentenció casi en un susurro, sin despegar los ojos de los de ella.

Michelle lo empujo lejos de ella resoplando, aunque Scorpius pudo ver el sonrojo que se extendía por sus mejillas.

—¡Wow Nott! No pensé que encontrabas tan guapa a mi prima.

—¡No es tu prima! —Chad miro incomodo a Albus y repitió. —No es tu prima.

—Como si lo fuera. —Contesto Albus riendo. —Evan es de la familia. Y si, es hermosa.

Chad lo miro, analizándolo.

—¿Crees que pueda hacer algún avance con ella?

Eso hizo reír a Albus mas que cualquier otra cosa que le hubieran dicho antes. Negó con la cabeza.

—Evangeline no es una chica fácil de tener. Me divertirá ver como te las arreglas, pero ten cuidado con Louis. —Previno Albus. —Mi primo siempre la esta cuidando.

—¿El capitán del equipo de Gryffindor?

—El mismo.

—Llegamos. —Anunció Michelle bruscamente. —Los veré luego.

Sin más salto del carruaje y desapareció entre el tumulto de gente. Los chicos se miraron, sorprendidos.

—¿La enojo nuestra conversación? —Pregunto Chad.

—Yo creo que fue tu acercamiento— Contesto Albus.

—¡Por supuesto que no! —Rio Nott. —No es la primera vez que lo hago.

—Se puso celosa, nada de lo que debamos preocuparnos. — Scorpius se levanto y bajo del carruaje con algo de dificultad. Luego miró a sus amigos. —¿Quién quiere una cerveza de manteca? Muero por una.

—Yo me apunto

—También yo. —Anuncio Chad.

Mientras caminaban hacia Las Tres Escobas, Scorpius vio a Lily y Hugo Weasley despareciendo por un callejón no muy lejos de allí y se pregunto que harían en ese rincón oscuro. Sonrió pensando que, fuera lo que fuese, le gustaría hacerlo con Rose y se pregunto en donde estaría ella en ese momento. Así estaba, pensando en ella, cuando su primo le dio un codazo que lo trajo de vuelta a la realidad.

—Tú no expresaste tu opinión acerca de Rose Weasley, Scorp. —Le guiño un ojo, riendo.

—Es hermosa. —Sentenció Scorpius riendo, mirando a Albus por el rabillo del ojo para ver su reacción. —¿Qué me dirías a mi si quisiera hacer un avance con ella, Al?

Su amigo lo miro entornando los ojos. Por un momento Scorpius pensó que había metido la pata y que Albus iba a volver a ser el del día anterior en cuestión de segundos. Se maldijo por haber hablado antes de tiempo y estaba pensando como iba a poder arreglarla cuando Al se rió, tomándolo por sorpresa.

—Te diría que si llegas a lastimarla. —Le contesto sonriendo, pero con una amenaza clara en sus ojos verdes. —Te arrepentirás por el resto de tu vida.


Cuando Rose salió de la enfermería el corte en su mejilla había sido cerrado y ahora solo tenia una línea roja que iba desde el pómulo casi hasta su boca. Madam Pomfrey le había dado una pomada para que se aplicara todos los días, con el fin de que no le quedara ninguna marca: dentro de un par de días ya no tendría nada. Eso la relajo. Quería que la marca desapareciera cuanto antes.

Bajó al Hall sin mucha esperanza de que hubiera algún carruaje todavía allí, pero estaba equivocada. El Profesor Longbottom, su `tío Neville´ había reservado uno para ir mas tarde y la invito a que lo acompañara en el viaje hasta el pueblo. Por un momento se sintió tentada de hablar con él sobre lo que le estaba pasando, pero lo reconsidero: si le contaba, había una gran posibilidad de que su tío se preocupara por ella lo suficiente como para contarles a sus padres, y ella no tenía ninguna intensión de que eso pasara.

El corte en su mejilla había sido causa de una caída, mintió. Se había cortado con un pedazo de vidrio de un frasco de perfume que había caído con ella. Si, había ido a la enfermería y estaba bien. La misma mentira que a Madam Pomfrey. La tercera mentira del día. La "otra Rose", como la llamaba en su cabeza, estaba empezando a afectarla seriamente.

—¡Gracias por traerme, tío Neville! —Aprovecho para decirle cuando llegaron. En el colegio debía llamarlo Profesor. Neville sonrió.

—Un placer. Cuídate Rosie.

Y con esto último se dirigió hacia el lado contrario de su Profesor, hacia Las Tres Escobas, abrazándose a si misma y levantándose la bufanda hasta la atura de la nariz para protegerse del frío. Entrar al lugar fue increíblemente vigorizante. La temperatura del bar era ideal y se estaba deshaciendo de su bufanda y su abrigo cuando escucho su nombre desde uno de los rincones de lugar.

—¡Aquí, Rosie!

Nicole Nott agitaba su mano en el aire haciéndole señas para se acercara. A su lado, su primo James le sonreía pícaramente. Rose no entendía que hacían esos dos juntos, pero se dirigió hacia la mesa riendo y se sentó al lado de Nicole.

—¿Qué es lo que están haciendo ustedes dos juntos?

—¿Por qué todo el mundo lo encuentra tan raro? Después de todo, somos de la misma casa. —Comentó James extrañado.

—Pues nunca los había visto juntos. —Rió Rose. —¿Cómo están?

—Bien. Estamos haciendo planes malignos. —Contesto Nic con una sonrisa pícara. —¿Quieres escucharlos?

—Claro, cuéntame.

Nicole era especial para romper las reglas sin que nadie lo notara, para conquistar chicos sin que ellos se dieran cuenta de en que momento habían caído en sus redes y para vestirse y siempre verse como una reina. Rose pensaba que eran tan distintas que por eso se llevaban tan bien. A Nic le gustaba hablar, mientras que Rose era buena escuchando y guardando secretos. Y, mientras que la pelirroja no tenia ni idea de moda o de cómo relacionarse con los hombres que no fueran de su familia sin quedar como una nerd, Nicole Nott era una eminencia en esos temas.

—Mira, hace mucho que quiero contarte… pero no sabía como ibas a reaccionar y… —Nicole dejo de hablar de repente y miró a Rose con preocupación. —¿Qué te paso en la mejilla Rosie?

—Me caí. —Mintió Rose sin darle importancia, mirando a James para asegurarse de que había escuchado y de que no se lo preguntaría otra vez.

James la había escuchado.

—¿Segura que te caíste nada mas? —Pregunto desconfiado.

—Si, por supuesto. Me corte con un vidrio cuando me caí, es todo. Pero ya fui a la enfermería. —La pelirroja quería zanjar el tema lo antes posible. James era especial para preocuparse de más. —¿Vas a contarme ahora, o no?

—Sí. —Rió ella, el corte de Rose olvidado. —Me gusta tu primo. —Soltó de repente, sus mejillas apenas adquiriendo un suave color rosa. Hasta para sonrojarse Nicole era extremadamente femenina.

La pelirroja miró a Nicole y luego a James, y luego otra vez a cada uno.

—¿Estas saliendo con Jaime?

—¡No, no! —Nicole reía de los nervios.

—Ni en mis mejores sueños Nicole me mira, Rosie.

—¡Oh, no digas eso! —Le recriminó Nic empujándolo apenas.

—Nic, tengo siete primos varones, ¿pretendes que adivine cual es el que te gusta?

Nicole pestaño confundida.

—¿Siete? Juraba que tenias cuatro…

—Esta contando a Lorcan, a Lysander y a Teddy. —Ilumino James.

—Ah… bueno, no es ninguno de ellos.

—Bien. —Dijo Rose, pensativa. —Porque los tres están de novios con mis primas. Ahora… no puede ser Fred, porque no es tu estilo. Y por supuesto que Albus no, así que…—La miro con cara rara, incrédula. —¿Te gusta Louis?

James rió y golpeo la mesa con la mano.

—¿Sabes? Yo llegue a la misma conclusión la primera vez que me dijo que le gustaba alguien de mi familia. Deberías jugártela por Lou, Nic.

—No me gusta Louis. —Dijo Nic, decepcionada. —No me malinterpreten, es extremadamente apuesto, pero… ¿Por qué dijiste que por supuesto que Albus no?

—Bueno, porque es Al…—Rose pestaño y abrió la boca en un gesto de sorpresa, comprendiendo. —¡Te gusta Al! —Sentenció, más fuerte de lo que pretendía, tapándose la boca al darse cuenta de lo que había hecho y mirando a ambos costados para asegurarse de que nadie la había escuchado. —Te gusta Albus. —Susurro.

—Me encanta. —Rió Nicole estúpidamente.

Nic nunca se reía estúpidamente. Nicole Nott sonreía como una reina cuando hablaba de hombres, le guiñaba el ojo Rose diciéndole que sería pan comido y a los cinco minutos estaba hablando de otra cosa. Nunca, nunca, se ponía estúpida por un chico.

—Nicole, esto es mucho más grave de lo que crees. Estas enamorada de Al. —Dijo mirando a James casi con horror, los ojos desorbitados, sin poder creerlo.

—Es lo mismo que dije yo. Esta completamente idiotizada. —Acotó James riendo.

Jaime siempre se reía de todo.

—No te gusta que este estúpida con tu primo. —Dijo Nicole tristemente.

No era una pregunta. Rose se removió incomoda en su asiento.

—No, no, no es así. Definitivamente me gustaría que fueras mi prima. —Rose sonrió con toda la sinceridad de la que fue capaz, pero no creyó haber ocultado su incomodidad del todo bien.

Albus era su mejor amigo. No se imaginaba como sería su relación con él si se pusiera de novio, y no se lo imaginaba con alguien como Nic. Mucho menos con las reacciones que estaba teniendo últimamente con respecto a ella. Pero, ¿cómo decirle a Nic que ella pensaba que quizás Al sentía algo más que solo amistad por ella? No podía decirle eso.

—¿Cuándo te empezó a gustar Al? —Preguntó, aun luchando por entender.

—Siempre me pareció genial tu primo, Rose. Pero siempre lo vi como un amigo, al ser el mejor amigo de mi primo y de mi hermano…—Suspiró, pensativa, como recordando algo. —Pero el verano pasado cuando vino a pasar quince días a casa, ya sabes, se juntaron los tres en casa y Michelle también estuvo ahí, lo conocí de manera distinta.

Rose recordaba. Todavía estaba algo enojada con Al por haberse ido quince días a la casa de los Nott mientras todos estaban en la Madriguera.

—Y me empezó a gustar y… sinceramente pensé que se me iba a pasar, como me sucede siempre. —Agregó, haciendo con la mano un gesto de impaciencia. —Pero no fue así, y no se… no se que hacer.

—Y me vino a pedir ayuda para conquistar a Severus. —Acotó James usando el segundo nombre de su hermano, cosa que era tan habitual en él como era que Albus lo llamara Sirius. —¿Qué dices, Rosie? ¿Cómo lo ves?

La pelirroja se mordió el labio. No tenia idea de cómo lo veía.

—Yo… Albus esta algo raro últimamente… Realmente no se que decirte Nic, no se si…

Una mano en sus ojos la hizo parar de hablar. Levanto ambas manos y las colocó sobre la que tapaba su vista, intentando adivinar al tacto quien era el o la que lo estaba haciendo.

—Scorpius Malfoy. —Dijo finalmente.

El rubio rió, apartando su mano de los ojos de ella.

—Muy bien Weasley. —La felicitó, divertido.

—¿Cómo adivinaste? —Quiso saber Nic, genuinamente sorprendida.

—Es por la forma en la que respira. —Dijo Rose sin pensar, riendo.

Las reacciones fueron diversas. James frunció el ceño, demostrando claramente que las palabras de Rose no le hacían ninguna gracia. Nicole abrió los ojos desmesuradamente y su mandíbula cayó abierta de la impresión. La cara de Chad, detrás de Rose, era un reflejo de la de su melliza. Albus pasaba su mirada de Rose a Scorpius y viceversa de forma suspicaz, sin entender, o entendiendo demasiado bien y sin gustarle. Scorpius, impresionado e incomodo, tomo un color parecido al verde y sus ojos grises buscaron los de Rose, preocupación surcando su mirada.

La pelirroja se dio cuenta de lo que había dicho en cuanto vio la cara de Nic, a quien tenía enfrente, y se puso colorada como su cabello al ver las caras de los demás. Cuando sus ojos se encontraron con los grises de Scorpius, dirigió la cabeza hacia otro lado rápidamente muerta de la vergüenza, deseando que el piso se abriera bajo sus pies y que se la tragara la tierra. Lo único que quería era desaparecer.

—¿Qué quieres decir, Rose? —Pregunto James después de lo que parecieron horas a Rose, aunque no hubiesen sido en realidad mas que unos segundos.

—Bueno… am, yo… yo… quiero decir…—La pelirroja negó con la cabeza. —El respira algo fuerte. —Logro articular finalmente.

No podía entender como había sido tan estúpida. Ahora todo iba a ser un desastre. Sus primos iban a crucificarla y Scorpius no iba a hablarle nunca, nunca más. Había tirado todo al diablo por una frase estúpida. Fue en ese momento que miró a Nic con desesperación, rogando que ella pudiera sacarla del desastre. La Gryffindor tardo unos segundos en reaccionar, pero luego empezó a reírse.

Aunque algo forzada, su risa la saco del aprieto. Los demás la miraron extrañados.

—Rose tiene razón, Scorpius respira bien fuerte.

—Yo nunca lo había notado. —Acotó Albus, desconfiado.

—Bueno, tú nunca dormiste con él. —Respondió Nic.

Los ojos de Rose se abrieron desmesuradamente. Scorpius miró a Nicole como si quisiera filetearla y comérsela cruda, mientras los hermanos Potter lo miraban a él de la misma manera.

—¡Como yo! —Agrego Nic casi gritando, y riéndose luego, cada vez de forma más forzada. —¡Yo dormí con Scorpius cientos de veces! ¡Y Rose es tan inteligente que se da cuenta solo con prestar atención! Rose presta mucha más atención que tú, Potter, deberías imitarla mas seguido.

Genial, pensó Nic, excelente manera de ganarte a Albus: bajándole la autoestima. Voy a matar a Rose.

James se levantó de su silla de repente.

—Voy a hacer algunas compras de Navidad, nos vemos después. —Dijo, acariciando el cabello de Rose al pasar por su lado y dedicándole una mirada de advertencia a Scorpius antes de irse.

—Yo… yo también. —Albus salió disparado detrás de su hermano.

Scorpius cayo rendido en la silla en frente de Rose y se tomo la cabeza con las manos, la mirada fija en la mesa.

—Necesito un whiskey de fuego.

—Nunca nos venderán uno. —Comento Chad

—Consígueme un whiskey, Nicole. —Pidió, aun con la cabeza gacha.

Nic se levanto rápidamente sin decir una palabra y se dirigió hacia la barra, agarrando a su mellizo del brazo cuando paso a su lado y llevándoselo con ella. Chad miró hacia atrás con una expresión extraña antes de desaparecer entre la gente con su hermana.

—Lo siento mucho. —Susurro Rose cuando estuvieron solos, sin despegar la vista de su falda. —No pensé… fui una estúpida…

—Esta bien Rose. —Contesto él, tomándola por la barbilla y haciendo que lo mirara.

Rose lo miro. El rubio sonreía débilmente.

—No pasa nada, es solo una tontería

—Todos harán preguntas ahora.

—Que las hagan. No interesa.

—¿Cómo se me pudo ocurrir decir una cosa así?

—Porque fue lo que sentiste. —Contesto Scorpius riendo, haciéndole una caricia en la mejilla. Estaba extremadamente nervioso, pero Rose parecía realmente muy afectada y no le iba a dejar ver lo mucho que la situación lo había incomodado. —Y no pudo haberme gustado más, si no hubiese sido por el público que teníamos. No te preocupes. Hablare con Albus y le explicare la situación.

—¿Qué vas a decirle? —Quiso saber ella. La pregunta sonó más ruda de lo que la pretendía. —No somos nada. Es mejor que no le digas ni una palabra: yo voy a hablar con él. Le hare entender que fue un error mío.

—Rose…

—Discúlpame Scorpius. —Dijo ella, soltándose del agarre de él de forma brusca. —Te puse en una situación incomoda y lo lamento. No volverá a suceder y voy a arreglar esto de la mejor manera posible sin involucrarte.

Scorpius no entendía porque ella estaba reaccionando así.

—No necesito que arregles nada Rose, todo esta…

—Necesito hacer algunas compras, con permiso. —Lo interrumpió ella levantándose bruscamente y dirigiéndose hacia la puerta.

—Pero, ¡Rose! —Grito él, intentando seguirla.

Su cuerpo le jugo una mala pasada y sus costillas rotas, que aun le dolían, le indicaron que no intentara correr. Se sentó de vuelta y maldijo a Hugo Weasley por no poder seguir a Rose. La conversación le había dejado un sabor amargo en la boca y el haber visto lagrimas en los ojos de ella antes de que se fuera lo hacia sentir vacio en su interior.

Un vaso fue apoyado con más fuerza de la necesaria en frente de él y levanto la vista para ver a Chad.

—Nicole consiguió tu whiskey del camarero y dos más para nosotros.

—No quiero saber como lo hizo. —Contesto el rubio con la sombra de una sonrisa.

—Pero yo si quiero saber que fue lo que paso recién. —Dijo su prima sentándose enfrente de él.

Scorpius miró a sus primos, primero a Chad que lo observaba esperando pacientemente con el vaso en la mano, luego a Nicole, los ojos caramelo fijos en él, desafiantes. Supo en ese instante que iba a tener que contarles todo.


—¿Tienes alguna idea de que fue lo que paso allá adentro?

Albus negó con la cabeza. No tenía ninguna explicación para dar a su hermano. Más bien, cada vez tenía más preguntas.

La última vez que había pensando en la posibilidad de que Rose y Scorpius tuvieran algo había estado furioso. Quería matar a su amigo y tomar a su prima para él, desesperado por que nadie más la tuviera: nunca en su vida se había sentido más avergonzado por un sentimiento de lo que se sentía ahora por ello.

¿Cómo podía haber pensando eso? Si, Rose era hermosa y era adorable y era su mejor amiga, pero era su prima y jamás en la vida había sentido nada mas que un profundo amor de hermano hacia ella. Nunca la había pensado como otra cosa. Y sin embargo, era muy consiente de las reacciones que había tenido los meses anteriores con respecto a Rosie, y a Scorpius por acercársele.

En cambio ahora… en el bar, la situación no le había molestado tanto. Por supuesto que si Scropius tuviese algo con su prima le molestaba sobremanera que no le hubiera dicho nada. Pero si su amigo se había dado cuenta de las reacciones que él estaba teniendo, y no le cabía duda de que había sido así, ¿podía culparlo por no haber sido sincero con él?

Me estoy volviendo loco, pensó. No tenía idea de lo que le estaba pasando. Se tomó la cabeza con las manos e hizo presión, en un intento de frenar el dolor de cabeza que tenía, que iba en aumento.

Era cierto que el pensaba que Scorpius no era el tipo de Rose, así como también pensaba que su amigo nunca se fijaría en una chica como su prima. Pero si lo pensaba mejor, creía que no estaría nada mal que Rose y Scorpius estuvieran juntos. Por supuesto que era él único en su familia que diría eso, estaba seguro, pero eran sus dos mejores amigos. Sería genial que estuviesen juntos.

El solo hecho de pensar que una semana atrás había estado obsesionado con Rose hacía que su dolor de cabeza aumentara y que entendiera cada vez menos lo que le estaba pasando.

—¿Crees que lo que hizo Hugo en el partido de Gryffindor contra Slytherin fue por esto? —Pregunto James, pensativo.

Albus se mordió el labio con fuerza y negó con la cabeza.

—No tengo ni idea de nada.

—Creo que prefiero pensar que es cierto que Malfoy respira fuerte. —Comento James después de unos minutos de silencio.

—¿Seguro? —Rió Albus. —¿Qué harías si realmente ellos tuviesen algo? ¿Si Rose hubiese dormido con Scorpius?

James frunció el ceño.

—No creo que eso haya sucedido. Después de todo, es Rosie de quien estamos hablando. Y Nic solo quiso sacarla del apuro y se piso sola en el camino.

—Si, eso lo se.

—Hablando del tema, ¿Qué te parece Nicole? —Pregunto James.

Estaba desesperado por cambiar de tema. El solo hecho de pensar que Scorpius había siquiera tocado a Rose le revolvía las tripas y hacía que quisiera matar al rubio y tirarlo en una fosa. Nadie tocaba a Rose: menos que menos un Malfoy, aunque fuera el mejor amigo de su hermano.

—¿Nicole? —Contesto Albus, tomado por sorpresa. —¿Qué que me parece? ¿A que te refieres?

—Si te parece bonita.

Albus rió con ganas.

—¿Nicole Nott? Bonita es una falta de respeto al lado de lo que es.

—¿Si? —James estaba seguro de que Albus iba a decirle "si" y nada más. La respuesta lo sorprendía.

—¡Por supuesto que si! No creo que encuentres a ningún hombre que te diga que Nicole no es una de las chicas mas sexys y guapas del colegio.

—Podrías decir lo mismo de Rose…

—¡No! Nunca. Rose es bonita, inocente y delicada. La miran por su ingenuidad, por la forma en la que se le colorean las mejillas cuando le dices un piropo. Louis lo hace todo el tiempo, solo para molestarla. Y ella no es consiente de nada de eso. —Dijo Al repitiendo lo que había dicho Chad en el carruaje, que le parecía que describía perfectamente a su prima. —Nicole… Nicole es como Dominique o Evan. No hay nada ingenuo en como te miran, como se visten o como mueven el pelo. Dom y Evan son mis primas y soy inmune a lo que hagan… casi siempre. Pero Nic…—Suspiro fuertemente haciendo ruido. —Cuando estuve en su casa en el verano se la paso en bikini dando vueltas alrededor nuestro y subiéndose a mi espalda en la pileta. No te das una idea de lo difícil que fueron esos quince días.

—¿Seguro que no te pasa nada con Nic, Severus?

—Bueno muchas veces tengo ganas de arrinconarla y hacerle muchas cosas… pero no se si llamaras a eso que "me pase algo". —Se rió con ganas, Rose y Scorpius olvidados por un momento. —No la conozco lo suficiente, y lo que si conozco de ella es completamente superficial.

Eso era precisamente lo que él le había dicho a Nicole: que iba a tener que empezar a hablar con su hermano de otra cosa que no fuera Quidditch, "me gusta tu remera" o de "la chica que le gusta a mi hermano". No había forma de que Albus realmente se fijara en ella si lo único que sabía acerca de su personalidad era que le fascinaba la ropa, le gustaban ocho chicos a la vez, iba a Gryffindor y era amiga de Rose, prima de Scorpius y melliza de Chad. Simplemente no era la forma de ser de Albus estar con una chica solamente porque le atraía físicamente… lo contrario a él mismo.

—Además. —Agregó Albus. —Es la hermana melliza de Chad.

—¿Y entonces? —Pregunto James riendo. —Dom es la hermana de Louis, y sin embargo Lysander nunca tuvo ningún problema. Y estamos hablando de Louis. —Recalco, sabiendo lo cuida que era su primo con sus hermanas, aunque fuesen ambas mayores que él. —Simplemente tendrías que hablar con él y problema solucionado.

—¿Estas tratando de juntarme con Nic, Sirius? —Pregunto Al, desconfiado. Su hermano se rió.

—Simplemente creo que harían una linda pareja.

Albus se encogió de hombros.

—Supongo que puedo intentar conocerla un poco más…

—Mira, allá están los demás. —Dijo James de repente señalando un grupo de gente a la entrada de la sucursal de Sortilegios Weasley que había en Hogsmade.

Teddy Lupin estaba apoyado contra el marco de la puerta del local, riendo. Lo rodeaban Lucy, Lysander, Lorcan, Louis, Lily y Hugo, riendo con él. Las pocas oportunidades que tenían de ver a sus primos más grandes eran en Hogsmade durante las salidas.

James y Al se acercaron casi corriendo.

—¡Miren quien esta ahí! —Grito Ted cuando los vio.

Para los Potter, Teddy en realidad era como su hermano mayor. Después de la muerte de sus padres, Ted había ido a vivir con su abuela Andromeda, pero a sus cuatro años ella había muerto. Harry Potter lo había llevado a vivir con él entonces y Ted se había convertido en su primer hijo, además de su ahijado, por lo que Teddy era en realidad el hijo adoptivo de Harry y Ginny Potter. Y James, Albus y Lily lo veían como su hermano mayor.

—¡Sirius y Severus! Ya pensaba que no iban a venir a saludarme. —Siguió diciendo el hijo de Remus Lupin, no sin algo de reproche en su voz.

—No te librarás de nosotros tan fácilmente Lupin. —Contesto James abrazándolo y palmeándole la espalda. —¿Cómo va el negoció?

—Demasiado bien. ¡Amor! —Gritó hacia adentro del negocio. — ¡Mira quienes están aquí!

Segundos después la cabeza de Roxanne Weasley asomó detrás de la puerta del local. Con la piel morena y el cabello color chocolate, lo único Weasley que tenía eran los enormes ojos azules que resaltaban en contraste con su piel y su cabello. Eso y la enorme sonrisa pícara de su padre George.

—¡Hola chicos! —Los saludo con su voz cantarina. —¿Por qué no entran? ¡Deben estar congelándose ahí afuera!

Todos asintieron y entraron. Adentro estaba lleno de chicos de Hogwarts. Fred iba de acá para allá atendiendo a todos sus compañeros y contándoles todo lo nuevo que tenían: su padre se comunicaba por carta con él contándole todo, así como él comunicaba a George Weasley sus nuevas ideas para el local. Fred y sus dos sobrinos James y Hugo eran los que siempre tenían las mejores ideas para cosas nuevas y George siempre los escuchaba. Fred se unía a Roxanne y a Ted ayudándolos a trabajar los fines de semana en los que venían los alumnos de Hogwarts. Durante la semana el local estaba cerrado y solo permanecía abierta la sucursal del Callejon Diagon, ya que ambos Ted y Roxanne estudiaban de lunes a viernes y no podían ocuparse de la de Hogsmade. Pero con los fines de semana era más que suficiente y, los fines de semana que venían los alumnos de Hogwarts no daban abasto si Fred no los ayudaba.

—¡Tengo que seguir atendiendo! Nos veremos en navidad —Comento Roxanne guiñándoles un ojo y retomando su trabajo. —¡Ted, tu también! —La escucharon gritar autoritariamente cuando ya se empezaba a alejar. Su novio rió.

—¡Ya voy! —Contesto, y agrego luego mirando a sus primos antes de irse. —Siempre me esta dando ordenes… para todo. —Se acerco a James y a Albus y les susurro por lo bajo. —No hay nada que me guste más.

James lo empujo, riendo, y Ted desapareció entre la gente.

—¿Y Dom? —Les pegunto James después de unos segundos, dándose cuenta de que no estaba.

—Fue a buscar a Rose. —Contesto Lysander. —¿Ustedes la vieron?

Albus y James se miraron.

—La última vez que la vimos estaba en Las Tres Escobas

—¿Con quien? —Quiso saber Lucy, curiosa.

—Nicole. —Respondió James rapidamente. No tenía ninguna intensión de sacar a la luz el tema de Malfoy otra vez y estaba seguro de que Albus coincidía con él.

—Me haría bien una cerveza de manteca. —Comentó Lily. —Estoy congelada.

—Vamos. —Dijo Hugo. —Luego podemos terminar de comprar los regalos.

—De acuerdo. — Respondió ella con una sonrisa encantadora. —¿Ustedes vienen?

Todos dijeron que sí, menos Albus y James. Venían de ahí, explicaron. Se quedarían un rato a ayudar en Sortilegios. El resto de los primos se despidió de Ted y Roxanne y se dirigió hacia la puerta.

—Espero que no la encuentren con Malfoy. —Comento James, pensando sobre todo en Hugo, mientras miraba a sus primos salir del local.

Albus asintió con la cabeza. Había estado a punto de decir lo mismo.


Rose esperaba que Scorpius no la siguiera. No lo hizo. En unos segundos estaba sola, esquivando a la gente y pensando a donde podía ir. Todos los lugares en los pensaba eran lugares en donde sus primos podían estar. Con los ojos bien abiertos paso por Honeyducks, por una tienda de ropa, por el negocio de Quidditch y por la librería, comprando los regalos de su familia que ya tenía en mente desde antes de venir. Evito Sortilegios por las dudas y, después de tener todo, se dirigió derecho a La Casa de los Gritos. Seguro que nadie iba a molestarla ahí.

—¡Aquí estabas Rose!

La pelirroja salto medio metro del susto y se dio vuelta para quedar cara a cara con Dominique.

—¡Me asustaste!

—Lo siento…— Se disculpo Dominique, sentándose al lado de Rose en una roca. —Te vengo buscando hace días Rose.

Rose lo sabía perfectamente.

—Me has estado evitando.

—Estaba ocupada…

—No mientas Rose. Hay algo más, algo que no me estas diciendo. —Dominique se mordió el labio, preocupada. —¿Fue tan grave lo que viste ese día en el séptimo piso? —Pregunto con suavidad.

—No voy a contarte Nique.

—¿Por qué no?

—Porque mi hermano no hubiera querido que lo hiciera. —Contesto Rose mirándola a los ojos.

—Pero ellos… ellos están bien, ¿verdad?

—Si, están bien. —Respondió Rose sin dudarlo. —Simplemente tienen un secreto y no voy a traicionar a mi hermano, lo siento Nique.

—Está bien.

Rose esta cada día más rara.

—Hay algo más, ¿verdad? —Pregunto Dominique tentativamente. —Y eso no tiene que ver con Hugo, así que puedes decírmelo. Se que necesitas hablar.

Dominique tenía razón, ella necesitaba hablar. Pero, ¿qué contarle, de todo lo que le estaba pasando?

—Es… complicado. Y largo…

—Tenemos toda la tarde… ¿Qué te paso en la mejilla? —Dijo de repente, asustada.

Rose levanto los ojos al cielo.

—Me caí y uno de mis perfumes cayó conmigo y me corte.

Dominique la miró con desconfianza, pero decidió dejar ese tema para después.

—Entonces, ¿vas a contarme?

—Tienes que jurar que nadie, absolutamente nadie, sabrá una palabra de lo que yo te diga hoy aquí. —Dijo Rose, decidida de repente. Tenía que hablar con alguien.

—¡Por supuesto que nada saldrá de mi! ¿Desde cuando me tienes tanta desconfianza? —Contesto Dominique, molesta.

—Lo siento, pero tienes que prometerlo.

—¡Lo prometo! Me estas preocupando.

Rose tomo aire y le conto todo a Nique. Desde el primer sueño que había tenido y, al contrario de cómo se lo había contado a Firenze, no dejo afuera ningún detalle. Roja de vergüenza, conto a su prima todo lo que había soñado y lo que le había pasado desde el sueño de la pelea. Termino contándole lo que acababa de pasarle en Las Tres Escobas y los ojos se le llenaron de lágrimas cuando llego a la parte de cómo había corrido de Scorpius.

A Dominique le estaba costando bastante comprender que a su prima la lastimaban los sueños que tenía. Aun así hizo un esfuerzo por entender y por no asustarse.

—Entonces no te caíste. —Fue lo primero que dijo cuando su prima termino de hablar. —Fue el hierro de la puerta de un sueño el que te hizo ese corte en la mejilla. —Negó con la cabeza con ganas. —Vivimos en el mundo mágico y puedo aceptar un millón de cosas pero… una chica que es igual a ti te lastima desde tus sueños y se acuesta con dos hombres a la vez, que muy probablemente sean Scorpius y Albus, y los dos están enamorados de ti y la otra Rose hizo un trato con Albus y lo quiere romper y…—Suspiró. —No entiendo nada.

Rose rió con ganas.

—No eres la única.

—¿Has hablado con alguien?

—Esta mañana antes de venir hable con Firenze… creo que quizás el pueda ayudarme.

—Tiene sentido. Me imagino que no le contaste lo del trío, ¿o si?

—¡Por supuesto que no! Me siento sucia cada vez que pienso en eso.

Nique había estado esperando una reacción así por parte de su prima.

—Debe ser genial. —Dijo riendo.

—¿Qué cosa? ¿Un trío? —Pregunto Rose azorada.

—¡Si! Dos hombres encargándose de ti, debe ser la gloria.

Para ese punto de la conversación, Rose ya estaba toda colorada.

—Primero déjame experimentar con uno.

Se miraron, riendo juntas. Rose decidió que haberle contado a Dominique había sido una de las mejores ideas que había tenido en varios meses.

—Así que, Scorpius, ¿eh?

—Si…—Rose había estado esperando el momento en el que su prima le diría algo referido al rubio. —Igualmente no hay nada entre nosotros.

—¡Fue tu primer beso! ¡Con Malfoy! Evan va a odiarte.

—Por supuesto que no. —Contesto Rose avergonzada.

Siguieron hablando durante un buen rato. Dominique quería saber todos los detalles acerca del beso y Rose descubrió que le gustaba contarle. Su prima no podía creer que había roto tantas reglas para ir a la enfermería ni que se había quedado dormido con él.

—¡Quien lo hubiese dicho, Rose! Procura que Hugo no se entere, o matara a Malfoy esta vez.

Finalmente se hizo tarde y llego la hora en al que tenían que volver al castillo. Rose estaba de mucho mejor humor del que había estado en la mañana y se decidió a hablar con Scorpius en cuanto tuviera la oportunidad.


Días después, Rose casi había olvidado el incidente en Las Tres Escobas… casi. Albus y James estaban ahí para recordárselo, como lo estaban Nic, Chad Nott y el mismo Scorpius. Pero lo que no la dejaba tranquila era que aún no había tenido oportunidad de hablar con el rubio.

Albus y Chad rodeaban siempre al Slytherin y lo que menos quería ella era llamar su atención pidiéndole a Scorpius hablar a solas. El rubio no se había acercado a ella en ningún momento tampoco, pero Rose no lo culpaba. Después de la reacción que había tenido ella, el tenía todo el derecho del mundo de pensar que ella no quería saber nada de él. Los horarios que compartía con Nicole eran bien pocos como para hablar y además Navidad se acercaba cada vez más rápido y el colegio enloquecía.

Como para agravar las cosas, le había llegado una carta de sus padres diciendo que no iban a estar en casa para Navidad. Su padre tenía un trabajo del ministerio y Hermione, por supuesto, lo acompañaba. La misma carta recibieron los Potter, pero de parte de Ginny Weasley. No decían que era lo tan urgente como para dejar de lado un de los pocos momentos del año en los que podían ver a sus hijos, pero Rose estaba segura de que era importante si tenía que movilizar al escuadrón más fuerte de Aurors del Ministerio.

—Realmente se me hace muy difícil entender. —Decía James a sus primos. —Si fuera algo realmente grabe, pongo las manos en el fuego a que estaría en la primera plana de El Profeta. Pero nadie sabe nada. Todos están convencidos de que es un entrenamiento de rutina. No me van a engañar tan fácilmente. Aquí hay gato encerrado.

Rose estaba completamente de acuerdo con él, como lo estaba también Albus. Sus abuelos los esperaban en La Madriguera si decidían ir, pero los Potter nunca se habían quedado una Navidad en el castillo, por lo que decidieron hacerlo. Hugo decidió casi al instante que se quedaría con ellos, y Rose sabía que había otras razones más que solamente estar en un castillo desierto con sus primos. O quizás esa era precisamente la razón… Finalmente Rose decidió quedarse también, sabiendo que el tiempo con sus primos le haría bien y, quizás, estar cerca de Albus y solos le haría entender mejor la situación por la que estaba pasando.

En cuanto Nicole escucho que Albus se quedaba para las vacaciones de Navidad escribió a sus padres comunicándoles que ella haría lo mismo.

—No se lo tomaron nada bien. —Le conto a Rose con media sonrisa. —Pero lo entienden. Igualmente me dijeron que sería solo por esta vez. —Agregó, riendo.

—¿Y tu hermano? —Quiso saber Rose.

—Se queda para cuidarme, por supuesto. Nunca jamás va a confesarlo, pero es una de las personas mas cuidas del planeta. Y la Navidad no le divertiría tanto sin mi… como a mi no me divertiría sin el. —Miró a Rose amenazadoramente y agregó. —Jamás, jamás te atrevas a decirle que dije eso.

—¡Pero el te lo dijo!

—Por supuesto que no. —Respondió Nicole sonriendo dulcemente. —Simplemente lo se, así como él también lo sabe.

Solo eso basto para que Scorpius decidiera quedarse también, y atrás suyo Michelle. La cabeza de Rose daba vueltas. No sabía como iba a sobrevivir las vacaciones, y lo que había empezado como un plan divertido se convertía ahora en un completo desastre.

Durante esos días, los sueños que tuvo nunca fueron imágenes concretas y nunca los recordó al levantarse, lo que consideró una bendición. La semana había estado lejos de ser perfecta, pero no soñar con camas de dosel, tríos, dagas y otras personas con su aspecto físico y su voz era decididamente una mejora de lo anterior.

Si lo pensaba bien, no tenia ni idea de cómo había terminado en el lago aquel día de invierno. Gorro, bufanda, guantes y abrigo de corderoy la aislaban del frio lo mejor que podían mientras miraba el lago congelado sentada en una roca húmeda. A su alrededor la nieve se acumulaba, blanca y pura, haciéndola sentir como si estuviera en otro mundo.

El mensaje le había llegado por parte de Nic. Scorpius le había contado todo. Él no tenía la culpa, ella podía ser bastante autoritaria cuando quería y Scorp estaba en un momento de fragilidad, así que definitivamente ella era la culpable de saber la verdad. Le dijo que su primo quería hablar con ella pero que ambos siempre estaban rodeados de gente y no encontraba el momento oportuno.

Al principio Rose se negó. Quería hablar con Scorpius, pero a la vez no sabía que demonios iba a decirle cuando lo tuviera en frente y el mero hecho de pasar vergüenza otra vez delante del rubio la acobardaba de manera brutal, su lado Gryffindor empequeñeciendo monumentalmente. Pero fueron pasando los días y el peso de no hablar con él se le hizo enorme. Finalmente, una semana después de la salida a Hogsmade, Rose le pidió a Nicole que le dijera a su primo que la encontrara a orillas del lago el Lunes a la mañana, en las horas que ambos tenían libres y en las que la mayoría de los estudiantes de sexto aprovechaba para dormir. Y Nicole hizo lo que su amiga le había pedido.

Cuando esa mañana de invierno las manos enguantadas le cubrieron los ojos, Rose no pudo más que sonreír de alegría.

—Di que sabes quien soy por como respiro. —Rogo él, en un suspiro en su oído.

—Lo se. —Contesto ella, recordando de repente lo idiotizada que estaba con él.

Scorpius Malfoy retiró sus manos y se sentó a su lado, siempre mirándola a los ojos.

—¿Cómo estas? —Pregunto, suavemente.

—Avergonzada.

—No tienes porque.

—¿Seguro?

—Totalmente.

Rose miro esos ojos grises que tanto le gustaban. Hacía solo dos meses que se había empezado a hablar enserio con el rubio. ¿Cómo podía haber llegado a este estado en tan poco tiempo?

—¿Qué es lo que sientes por mi, Scorpius? —Pregunto ella bruscamente, sin pensar. Últimamente todo era sin pensar.

Scorpius Malfoy rió, mirándola a los ojos.

—Me causas cosas que no comprendo, Weasley. —Confesó con soltura. —Me muero de ganas de besarte de nuevo desde que te bese por primera vez. Quiero conocerte, sorprenderte, hacerte reír y poder abrazarte en frente de cualquiera. Y quiero hacerte mía, como nunca lo quise con ninguna otra mujer. —Hizo una pausa en ese instante para ver subir el color en las mejillas de Rose, como sabía que pasaría. —Y debes saber que nunca antes me habían pasado todas esas cosas juntas. Nunca había sentido todo eso por una misma mujer. Y cuando digo nunca, es nunca. Y la realidad es que estoy un poco perdido.

La pelirroja se mordió el labio, colorada hasta la raíz del cabello de vergüenza, pero también impresionada y halagada por las palabras de Scorpius.

—Yo…

—No tienes que decirme lo que sientes por mi Rose. —Interrumpió él, sabiéndola incomoda. —Lo que quiero que me digas es si tienes tantas ganas de que te bese como las tengo yo de hacerlo.

Con una pequeñas sonrisa, Rose asintió. Y segundos después los labios del rubio estaban encima de los suyos, suaves primero, demandantes después, haciendo que el calor de su cuerpo subiera y queriendo que el momento no terminara jamás. La respiración cálida del rubio en su rostro, mientras repartía besos por su boca, sus ojos y la punta de su nariz, sus pómulos y el hueco que quedaba entre la bufanda y su cuello la hacía sentirse en la gloria. Estaban solos, solos en ese enorme colchón de espuma blanco que se extendía infinitamente y Rose estaba segura de que nada ni nadie podía romper la felicidad que sentía en aquel momento.

Separándose de ella por unos segundos y uniendo sus frentes, Scorpius la contempló. Rose se sintió estremecer bajo su mirada.

—¿Qué vamos a hacer?

Rose había estado esperando la pregunta… o esperado que Scorpius no la hiciera, no estaba segura.

—No lo se

—¿Tienes miedo?

—Sabes que si.

—Se tan poco de ti Rose…—Contesto el apartando un mechón de pelo de su rostro y acariciándole suavemente la mejilla. —Conozcámonos. — Dijo, de repente. —No le digamos a nadie lo que tenemos. Mis primos lo saben, y apuesto a que alguno de los tuyos también…

—Nique. —Dijo Rose mordiéndose el labio.

—Debí haberlo imaginado. —Rió él. —Pero no le digamos a nadie más. Que piensen que nos estamos llevando mejor si nos ven juntos, pero tratemos de hacerlo en secreto. Además, tenemos todas las vacaciones de Navidad. —Terminó, guiñándole un ojo.

Rose se acurrucó contra él y Scorpius la abrazo.

—¿Qué hay de Al?

Ambos se quedaron en silencio por un tiempo.

—Dime Rose. —La voz del rubio temblaba levemente. —¿Albus alguna vez ha sentido algo más por ti que no fuera solo amistad?

¡Entonces él se había dado cuenta!

—Yo… dudo mucho que Albus… se fije en mí de otra forma que no sea como su prima. —Logro articular, sabiendo desde el principio que su respuesta no era para nada convincente.

—Entonces, no crees que le moleste nada de esto, ¿o si? —Scorpius sabía que ella le estaba mintiendo. —Quiero decir… debería hablar con el, ¿cierto?

—Realmente no se Scorpius. —Se sinceró ella. —Por esta única vez, no puedo anticipar como va a reaccionar él. Hay muchas cosas que no entiendo.

—En eso podemos coincidir.

Una hora después habían entrado al castillo y se habían separado para ir cada uno a su Sala Común. Scorpius le robó un beso rápido en la entrada del Hall y se escapo riendo cuando Rose pego un gritito y lo empujó, rogando que nadie los hubiera visto. Rose no sabía en lo que se estaba metiendo y estaba muerta de miedo… pero no podía negar que en realidad estaba completamente excitada ante el prospecto de pasar más tiempo con Scorpius Malfoy, de conocerlo y de volver a besarlo. Y lo lamentaba por su padre, pero no se sentía para nada culpable de estar completamente idiotizada con el hijo de Draco Malfoy.