Disclaimer: Ranma ½ es propiedad de Rumiko Takahashi

Demonika

Under the rose (HIM)

Capítulo 8: ¿Qué me escondes?

Gruñí frustrado al pasearme por el apartamento como león enjaulado. Revolví mi cabello, tratando de encontrar una respuesta lógica. Saqué una cajetilla de cigarrillos y encendí uno, dándole una calada.

Lo que decía el cuaderno de Anna no podía ser cierto, de ninguna manera.

Ella había descubierto un detalle sobre los crímenes que a mí se me había escapado: se centraban alrededor de tres locaciones particulares. La facultad de Ciencias Económicas de la universidad, el restaurante Blue Crystals y el puesto de guardabosques de Aokigahara. Consiguió, vaya uno a saber cómo, listas de empleados y de alumnos, en ambas había un denominador común: el apellido Kuonji.

Ukyo trabajaba en el Blue Crystals y estudiaba en la facultad de Ciencias Económicas, mientras que su hermano trabajaba en el tercer lugar. ¿Qué tendrían que ver esos dos en todo esto?

Me dejé caer en el sillón, todo aquello no podía ser cierto…pero eran demasiadas coincidencias. Recordé aquella vez en la que me encontré a Ukyo caminando sola de madrugada, como huyó cuando yo la reconocí, su actitud extraña esa vez que mencioné mis anhelos de convertir al Asesino De Los Signos en un best-seller policial. Joder, ¡incluso en el carnaval! ¿Cómo sabía que estaba yo allí si ella se hallaba en Osaka, a cinco horas de distancia de mí? ¿Tendría algo que ver ese incidente que tuve con Shinnosuke dónde aparentemente nos habíamos visto pero luego llegué a casa sin recordar nada de dicho encuentro?

Poniéndome a pensar en ello…uno de los boletines que pasaron en televisión decía que la policía especulaba la posibilidad de que el sospechoso fuera una mujer debido a que el asesino era muy organizado. Joder, decían que era porque a las chicas las habían asesinado con mucha saña, como si fuese personal. Por eso al principio se descartó la idea de un asesino en serie.

Aún así, ¿qué motivo tendría Ukyo para asesinar a todas esas chicas? ¡No tenía sentido! ¡Ella no conocía a ninguna de las-…!

«Anna», recordé de pronto, «Ukyo conocía a Anna».

Dios, tuve que sentarme pesadamente en el sillón ante esa nueva información, ¡joder, joder, JODER! Creía que estaba por darme algo, mientras le daba una nerviosa calada a mi cigarrillo, que de fumarlo tan rápido ya se estaba terminando. Tiré la colilla en un cenicero cercano, casi sin preocuparme por apagarlo.

No… no podía ser. Mi dulce Ukyo no lo haría, ¡no tenía por qué! «Yo siento cosas por ti, Ryoga… muchas cosas. No sabes lo celosa que me puse cuando escuché los rumores de que andabas con Anna… lo aliviada que me sentí cuando escuché de tu boca que era sólo una amiga, que no estabas con ella…», maldición, no. Ukyo no era así, ella no hubiera asesinado a Anna por celos. «¿Dónde estaba Ukyo la noche que asesinaron a Anna? Claro, estaba conmigo… pero, ¿no había dicho que iría a Osaka? No, no, no…».

Me levanté con fastidio y ganas de escapar de mi propia mente. Me arrastré hasta la cocina, dónde bien sabía que en el fondo de alguno de los gabinetes Ranma y yo teníamos guardada una botella de Jack Daniels. Cuando di con ella, apenas atiné a poner todo en su lugar antes de prácticamente arrancarle la tapa y beber un trago, sin siquiera molestarme en buscar un vaso. La quemazón en la garganta me devolvió a la realidad y tosí un poco. «Ukyo… tengo que hablar con Ukyo…» pensé con determinación. Sí, lo mejor era ir a verla para acabar con todo ese lío. Probablemente ella no tuviese nada que ver y sólo fuesen imaginaciones mías.

Noté que la situación me estaba cabreando bastante, por lo que me calcé la chaqueta y tomé mis llaves, estaba lloviendo afuera, pero era apenas un chispeo, no me importaba. Tal vez debería tomar la Ducati para llegar más rápido. Por si acaso y para prepararme para la conversación que iba a tener con mi "novia" -gruñí ante la palabra-, tomé también otro trago de la botella, hice una mueca debido al escozor y volví a beber.

Maldije cuando oí que se largaba a llover con fuerza, por lo que fui a la sala y me dejé caer sentado en el sillón. Entre el desgaste emocional por el cabreo que traía y el alcohol que consumí me quedé dormido. Me desperté media hora más tarde, con alguien que tocaba impacientemente la puerta. Fui a abrir, bastante malhumorado porque el ruido me estaba dando dolor de cabeza, cuál fue mi sorpresa cuando, al abrir, me encontré con mi novia del otro lado, empapada de pies a cabeza. En cuanto la vi frente a mí, con esa carita de susto, me sentí el rey de los imbéciles. ¿Realmente estaba por ir a casa del amor de mi vida a demandarle explicaciones después de haberme tomado Dios-sabe-cuántos tragos de Jack Daniels? Era un jodido idiota. No estaba en condiciones de nada, fijo que me largaba a llorar nada más verla de haber salido en el estado que estaba antes. Aparte de idiota, era patético.

Ella cerró la puerta detrás de sí y me abrazó, largándose a llorar en mi pecho. ¿Cómo podía estar enojado con ella? Tenía el cuerpo helado y su ropa estaba mojada, ¿acaso había corrido bajo la lluvia para venirse conmigo? Mientras acariciaba su cabello, noté que traía una mochila. ¿Se habría peleado con su hermano? La separé lentamente de mí y le acaricié la mejilla de modo reconfortante, para luego ayudarla a que se quitase la chaqueta mojada. Le sonreí.

Claro que sólo hasta que vi los moratones que le decoraban grotescamente los brazos, ¿¡qué demonios!? Juraría que esas marcas se parecían demasiado a la morada silueta de un par de manos. ¿Alguien la había lastimado? ¿Por eso lloraba? ¿Por eso traía una mochila? ¿Huía? La verdad el imbécil que se había atrevido a ponerle una mano encima a Ukyo, pagaría MUY caro por ello.

—No es nada… —trató de apaciguarme—. Es que… me caí —estaba mintiendo y yo lo sabía, pero sus siguientes palabras me acallaron—. ¿Ryoga? ¿Por qué hueles como a alcohol? ¿Acaso estuviste bebiendo?

—No —mentí con una sequedad que hizo parecer que decía la verdad—. ¿Qué te pasó en los brazos?

—Ya te dije que me caí —insistió, frunciendo el ceño.

Suspiré con una sonrisa triste. Éramos un par de mentirosos, ¿y esa charla que nos debíamos? Carajo, ninguno de los dos estaba en condiciones de tenerla. Le dije que se diera un baño, que se iba a enfermar, ante lo que ella sonrió y me dijo que se había "olvidado" su pijama, que si le podía prestar alguno de mis sweaters. Sonreí cómplice y le dije que sí, que se fijase en mi cuarto si alguno "le quedaba".

—¿Ryoga? —me preguntó cuándo le di la espalda para ir a la cocina, me miraba coqueta y algo tímida por sobre su hombro, cosa que me hizo arquear una ceja en su dirección, siempre que se hacía la coqueta era para pedirme algo, lo cual me daba igual, le traería la maldita tumba de Tutankamón si ella me lo pedía, batió levemente las pestañas—. ¿No te quieres dar una ducha conmigo?

¿Qué? ¿Había escuchado bien? Sacudí la cabeza, no, aunque me hubiera encantado decirle que sí, yo estaba borracho y ella estaba lastimada. No era una buena idea. Le dije que no y me fui a la cocina a guardar la botella de Jack Daniels, luego me puse a preparar algo para comer. Hacía frío así que supuse que a Ukyo no le molestaría comer un poco de sopa miso con sobras de teriyaki de pollo.

Mientras revolvía la sopa ya con todos los ingredientes, pude escuchar el secador de cabello encenderse y poco después Ukyo vino a la cocina. Tenía una de mis camisetas de manga larga con el logo de Rancid, la cual le quedaba preciosa. Se ofreció a vigilar la comida mientras yo me duchaba, dijo que suponía que me hacía falta y, siendo honesto, la verdad que era cierto.

La cena que siguió transcurrió en un silencio incómodo que ninguno de los dos nos atrevimos a romper.

Yo iba a dormir en el sillón de la sala, me pareció lo más adecuado, digo, tal vez lo mejor era separarnos por esa noche, pero, ¿creen que pude hacerlo cuando ella me pidió con los ojitos brillantes que la acompañase que no quería dormir sola? Malditos sean los encantos de Ukyo. Me deslicé debajo de los cobertores y ella me abrazó, por lo que no pude sino devolverle el abrazo.

—Pensé que me estabas pidiendo otra cosa —admití frunciendo el ceño, siendo que, en realidad, me hallaba aliviado de que no insistiese. No podría decirle que no para siempre.

—¿Exactamente qué clase de chica crees que soy, Hibiki? —demandó saber.

—Definitivamente no el tipo que pide que me duche con ella —contraataqué—. ¿Ya vas a explicarme qué bicho te picó?

Ella apartó la mirada y murmuró algo que no entendí. Al pedirle que lo repitiese, me miró con los ojos llenos de lágrimas listas para caerse. Fruncí el ceño, apartando sus lágrimas con el pulgar.

—Tengo miedo de que mañana… cuando sepas todo… ya no me quieras… —alcanzó a decir entre sollozos.

—Oye… —ella me rehuía la mirada, por lo que le sostuve la mejilla para hacer que me mirara—, oye no, no vuelvas a decir o hacer cosas como esa, ¿de acuerdo? Cuando nosotros… um, hagamos eso quiero que sea porque quieres hacerlo y porque me quieres a mí, no porque tienes miedo de que ya no te quiera más, ¿vale? Además, ¿dejar de quererte? ¿Qué tontería es esa? Yo te amo, Ukyo… si tú… no sé, te metiste en algo peligroso, yo te voy a ayudar a salir, ¿sí? —ella hizo una mueca—. Mi madre tiene un bufete de abogados que trabaja para nuestra empresa, pero tienes que decirme cuál es el problema, ¿de acuerdo? ¿Viste algo que no debiste? ¿Sabes algo que la policía no? —sonrió con tristeza.

—Tú no podrás ayudarme, Ryoga —sentenció, antes de darse media vuelta, dándome la espalda.

La abracé por la espalda, apoyando el mentón en su hombro, para luego dejarle un beso en el cabello.

—No si no me dices qué sucede —no respondió y temí lo peor—. Ukyo… ¿lastimaste a alguien?

—No.

—¿Y Anna? —tragué con dificultad—. Ukyo, ¿mataste a Anna?

No sé muy bien qué reacción esperaba, pero no era la que recibí. Ukyo me pegó un codazo en el estómago, sacándome el aire y haciéndome soltarla cuando rodé de costado. Me miraba furibunda.

—¡¿Crees que lo hice?! ¿¡Crees que yo la maté!?

—Ukyo, cálmate… —intenté apaciguarla.

—¡No me pidas que me calme! ¡Yo traté de salvarla, Ryoga! ¡Ella no tenía idea de qué o con quién se estaba metiendo! ¡Fui a su departamento y traté de advertirle que dejase la investigación! ¿Y sabes qué hizo tu querida amiga? ¡Se río en mi cara y me dijo que, en cuanto terminase su pseudo-investigación iba a ir con la policía y te iba a contar todo!

—¿Qué hiciste tú? —la interrumpí, algo más recuperado del golpe.

—Le dije que no sabía lo que hacía y me fui, vine a verte. A la mañana siguiente apareció muerta, no tengo idea de que hacía en ese distrito… —las lágrimas caían nuevamente por sus ojos azules—, quise ayudarla… de verdad —dijo más en un susurro para sí misma que otra cosa.

Sin saber qué más hacer, acaricié su mejilla y le sonreí.

—Está bien, Ukyo, yo sé que lo intentaste.

Usualmente, verla vulnerable o tímida me daba ternura, porque rara vez sucedía. Viéndola así en ese momento, me preocupé, sintiéndome un idiota al darme cuenta de que, en parte, era mi culpa, ¿cómo pude dudar de ella?. No era propio de Ukyo estar así en absoluto y no sabía cómo hacerla sentir mejor. Besé sus lágrimas y acaricié su cabello, tratando de apaciguarla en cierto modo.

—Mañana… —murmuró con suavidad.

—¿Qué, amor? —pregunté desconcertado separándome levemente de ella para poder verla a la cara.

—Mañana —repitió con más firmeza—. Te prometo que mañana temprano te lo contaré todo, hasta el último detalle —no me miraba, se ocupó jugueteando con los botones de mi pijama, cuando sus ojos azules finalmente me miraron sólo pude ver tristeza en ellos—. Mañana decidirás si quieres seguir siendo mi novio, ¿sí?

—Ukyo —quise corregirla, pero ella me tapó la boca con la palma de su mano.

—Mañana —declaró, antes de voltearse, dándome la espalda.

La abracé por la espalda y le besé el cabello. En lugar de respuestas tenía cada vez más preguntas, ¿qué habría Ukyo para sentirse tan mal al punto de que creía que yo ya no querría ser más su novio? Ella me dijo que no había lastimado a nadie, ¡incluso que había tratado de proteger a Anna! ¿Qué debía pensar? ¿Qué era cómplice forzada del asesino o una mierda así? Si la forzaron no era su culpa.

Rato más tarde, ella dormía pacíficamente mientras que yo fumaba un cigarrillo frente a la ventana abierta, el frío me molestaba un poco, pero no lo suficiente. Esperaba que la nicotina durmiera mi confusión, al menos por un rato, pero, la verdad, que no estaba funcionando. Apagué la colilla contra el alfeizar de la ventana tras mi última calada, lo sé, es un mal hábito. Fruncí el ceño al ver algunas marcas quemadas en la pintura producto de anteriores cigarrillos. En el fondo de mi mente pensé que tendría que darles una mano de pintura, porque si el apartamento no estaba intacto no nos devolverían el depósito a Ranma y a mí cuando nos mudemos, bah, de todas formas faltaba mucho, apenas iba en mi primer año de universidad y faltaban muchas quemaduras por aparecer en esa ventana.

Miré por sobre mi hombro a Ukyo, quién dormía pacíficamente. En algún punto de la noche, había rodado hasta quedar mirándome en lugar de mirar a la pared. Tenía las mejillas levemente sonrosadas, los labios entreabiertos y el largo cabello castaño revuelto sobre las mantas y la almohada. Una sonrisa escapó de mis labios. Ella era completamente adorable. Cerré la ventana, para luego sentarme al borde de la cama y acariciarle la mejilla.

«Mía…» pensé con determinación, «Mi Ukyo…», terminé eligiendo en el proceso mi respuesta ante lo que acontecería a la mañana siguiente.

Ni el propio Lucifer sería capaz de separarme de mi amor…

Vale, vale no había actualizado en meses, pero sólo porque la universidad no me ha soltado :'v. He aquí un capítulo, espero tener el próximo lo antes posible.

Respuesta a reviews:

Guest: Yo amo fuerte que me dejes reviews :3. Omg, me encanta saber que te gustaron las canciones, tal vez debería hacer un playlist, como para Realidades de Cirstal xD. También amo el amor de estos dos, ¡gracias por leer y comentar, encanto!

BustamanteKayla: Veremos, veremos… pronto se sabrá… ¡gracias por leer y comentar, hermosa!

Revontuli Amin: Pronto conoceremos la verdad sobre nuestra castaña preferida, ¡lo aseguro! ¡Gracias por leer y comentar, divina!

Andy Saotome Tendo: Puede ser, puede ser, ¿será? Pronto lo descubriremos, ¡gracias por leer y comentar, diosa!

SARITANIMELOVE: Paciencia, paciencia, en menos de lo que esperas conocerás toooda la verdad sobre Ukyo y su hermano, ¡gracias por leer y comentar, cariño!

Dee-Dee Zednem

05/09/18

09:37 p.m.