Italia 2.0

El viaje no estaba siendo del todo placentero, en lo absoluto y todo ¿por qué? No, no era por Eriol y todo eso del ED, hubiera preferido mil vez que fuera por eso… una llamada, solo eso… su madre, la gran Sonomi Daidoji había regresado antes y o sorpresa, no había encontrado a su hija esperándola.

-Tomoyo, ¿dónde rayos estás? – gritó la desesperada mujer – ¿Qué es esto de que fuiste a buscar a tu padre?

-¿Quién te dijo eso? Solo estoy… de vacaciones, en la playa – intentó la amatista sintiendo un fuerte escalofrío en la espalda.

-¿En qué playa de Venecia estás exactamente? – le preguntó Daidoji.

¿Cómo rayos había sabido eso? Su madre definitivamente comenzaba a darle miedo.

-¿Cómo…

-Si crees que no sé dónde está mi propia hija, te equivocas – se escuchó una fuerte inhalación y prosiguió con voz más calmada – dos de mis guardaespaldas llegarán a Italia por la mañana y regresarás con ellos.

-No mamá, escucha, tengo que encontrar a…

-Escucha tú Tomoyo, ya estas metida en serios problemas, no lo hagas más grande.

-No volveré a Japón hasta haber encontrado a mi hermano – gritó la pelinegra haciendo que muchas personas (y Eriol que estaba distraído) voltearan a verla.

-Volverás por las buenas o por las malas y punto.

Furiosa, herida y con un poco de culpa, Tomoyo colgó la llamada antes de incrementar la tormenta. Se suponía que había elegido esa fecha por ser la temporada de mayor ausencia de su madre, ¿por qué había vuelto tan pronto? Y ¿cómo se había enterado que estaba en Italia?

-¿Por qué lloras? – le preguntó el oji-azul inclinándose ligeramente hacia ella.

-No es nada.

-Nadie llora por nada – dijo buscando en sus bolsillos – no traigo pañuelo – se lamentó – bueno, que remedio.

-No necesito un…

Paró al sentir como el chico ED limpiaba sus lágrimas con las manos, se sorprendió al sentirlas tan suaves y cálidas.

-Ya está – dijo sonriéndole.

La nívea desvió la vista, se sentía un poco apenada al ser observada por él… ¿desde cuándo le pasaba eso?

-Gracias, supongo.

Ya estaba entrada la noche cuando por fin subieron al tren, les tomaría todo un largo día llegar hasta La Spezia (Italia) donde tomarían un segundo barco a Toulon (Francia) donde tomarían el segundo tren a París. Definitivamente una larga travesía, pero era ya imposible cambiar los planes y tomar avión o su madre sabría donde había respirado cinco minutos antes.

-Escucha, será un largo viaje, así que…

-¿Jugamos?

-No, vamos a dormir.

-No tengo sueño.

-Pero yo sí.

-Vamos, vamos, vamos, vamos.

-¿Qué puedes jugar en un tren? – le preguntó comenzando a ceder.

-No lo sé, déjame ver – se inclinó sobre su mochila y la hurgó por un rato, finalmente se levantó examinando un libro, se sentó y comenzó a leerlo.

-Pensé que íbamos a… olvídalo – dijo restándole importancia – voy a dormir un rato, no vayas a hacer alguna de tus alieneces entendido.

El chico ni siquiera la escucho absorto en su lectura.

¿Mala idea? Pésima idea.

Para cuando la amatista despertó, no había rastros de ningún inglés chiflado por todo el compartimiento. Nuevas ideas sobre el karma y su vida pasada llegaron a su cabeza y lo que le esperaba para la futura después de asesinar a tantas personas en la presente.

-Disculpe, ¿ha visto al chico que estaba en este compartimento? – le preguntó a la primera persona que pasaba por ahí, persona que no entendió ni media palabra, desesperada intentó decirlo en inglés con el mismo resultado – cuánto lo odio.

No le quedó más remedio que pasearse por el tren esperando verlo en algún lado, pasó por el área de restaurant, la de juntas, por todo lo largo del vehículo asomándose por todos los compartimientos que se lo permitían, hasta llegar a la punta, donde pudo distinguir al maquinista cómodamente sentado y hablando con su dolor de muelas permanente.

-Eriol – le gritó para hacerse escuchar.

Los dos giraron la vista hacia ella.

-Hola Sophy – la saludó – mira todos los botones que hay.

-¿Es su compañero? – le preguntó el hombre serio de rasgos duros en inglés – llegó aquí diciendo que estaba perdido, llamé a un guardia para que lo acompañara a su compartimiento, pero no ha llegado.

-Ya veo – dijo la chica apenándose cada vez más – lo lamento tanto, él no sabe lo que hace y…

-Está bien, es bueno tener compañía de vez en cuando.

-Túnel – gritó el chico – que divertido, no veo nada… auch, me tropecé.

-Conmigo, quítate de encima – le dijo Tomoyo empujándolo.

-¿Puedo conducir? – le pidió el pelinegrodestellosazules al maquinista.

-De ninguna manera – exclamó la chica antes que nadie.

-¿Por qué no?

-Te aseguro que los pasajeros no quieren morir.

-Yo quiero manejar.

Comenzaron a discutir ante la mirada atónita del hombre del tren. Para cuando hubieron terminado, y Eriol olvidado sobre lo que discutían el maquinista estaba ya sonriéndoles.

-Hacen linda pareja.

-No somos pareja – dejo en claro la nívea.

-Deberían.

Tomoyo pensaba decirle algo más, pero recordó que en ese momento estaban sobre su tren y realmente no quería otro accidente más que el de anteojos que estaba a su lado.

Regresaron a su compartimento una hora después, después de que Eriol hubo satisfecho sus deseos de conducir el tren y después de una larga charla con el conductor donde, para su sorpresa resultó ser más alegre de lo que su apariencia permitía.

-Quiero ir al baño – anunció Eriol al abrir la puerta.

-Oh no, ¿en serio?

-Bueno, no quiero pero necesito.

-No puedo creerlo – se lamentó la nívea.

Para cuando al fin llegaron a la tierra prometida, mejor conocida como La Spezia, volvía a ser de noche, volvían a tener hambre y el alíen hacia volvía a revolotear a su alrededor en busca de lo que ella llamaba "la atención que de niño nunca tuvo".

-Entonces, ¿a dónde vamos?

-Ya te lo dije, tomaremos un barco.

-No me gustan mucho los barcos.

-Pues tendrás que subirte a ese – le dijo la nívea soltando el aire.

-Pero, ¿a dónde vamos?

-De acuerdo, vamos aquí – le dijo pasándole la hoja con la dirección.

Delante de ellos, no muy bien camuflajeados que digamos, se encontraban dos sujetos vestidos de traje negro, con anteojos para sol y zapatos lustrosos, giraban la cabeza de un lado al otro como un par de marcianos aterrizados.

-O no – fue lo primero que Tomoyo dijo y pensó al reconocerlos – tenemos problemas.

-¿Por qué?

-¿Cómo rayos supo dónde estamos? Mi madre realmente tiene tratos con el servicio secreto.

-¿Tú madre también? – cuestionó el de gafas – un segundo, ¿quién es tu madre?

-Vamos, por aquí – le indicó – y no hagas mucho…

Demasiado tarde, el chico ED había logrado, de alguna manera inexplicable aún, tirar un gran anuncio de neón que se alzaba sobre una tienda de vinos, al lado de una tienda (curiosamente) de mascotas.

-Ups.

Los hombres de negro giraron hacia ellos y uno los apuntó.

-Corre – le dijo la nívea al ver a los hombres caminar hacia ellos – corre.

-No creo que el señor se enoje tanto.

-Corre.

Los hombres de negro los siguieron por todos lados a los que iban, giro a la izquierda, giro a la derecha, giro, giro, giro. Las calles eran angostas y los puestos abundantes pese a la hora, corrieron de un lado al otro buscando la bahía.

-Oye oye oye oye oye – la llamaba Eriol – oye.

-¿Qué pasa?

-¿Por qué corremos?

-Tenemos que perder a esos sujetos – lo jaló para acceder a otra calle.

Se detuvieron momentáneamente para tomar aire cuando los dos sujetos no lograban verse.

-Mira, tengo una hoja – exclamó el pelinegrodestellosazules mostrando la hoja con la dirección – tal vez pueda hacer un barquito, o un avión.

-No, dámela.

-Pero…

-Sin peros.

El chico se la extendió y una fuerte ráfaga proveniente del piso, que no era piso sino una alcantarilla de tren se la arrebató de la mano con tanta violencia que se perdió momentáneamente con los destellos de las farolas cercanas.

-¿Dónde está?, ¿dónde está? – preguntó la amatista desesperada.

-Ahí, mira.

-Que no se escape.

La siguieron un rato saltando para intentar recuperarla, hasta que entró a un callejón completamente oscuro y se perdió de vista.

-La pista, la pista – repetía mientras se internaba en la oscuridad, al instante salió. Derrumbándose en el borde de la acera, abrazando sus rodillas y respirando entrecortadamente.

Eriol pasó a su lado trotando.

-Yuju, qué oscuro está aquí – observó entrando un poco – eco, eco – salió y se arrodilló a su lado, aún animado – oye, ¿qué haces?

-La dejé ir, perdí la dirección – se lamentó ella.

-¿Por qué se te fue? – le preguntó inocentemente.

-A ti se te fue – le gritó – la pista que tenía para llegar a Ian se ha ido.

Eriol observó un poco el escenario, primero la oscuridad, luego ella.

-Ya malhumorada – le dijo en un tono que se emplea para hablar con los bebés – si la vida te derrota, ¿qué hay que hacer?

-No sé qué hay que hacer – respondió sin ganas.

-Correremos, correremos, correremos – cantó a la vez que bailaba – en la calle, calle, calle, ¿qué hay que hacer? Correr, correr.

La tomó de la mano y la guió hacia la oscuridad.

-No cantes – le pidió.

-Ojojojojo oh correr – la ignoró jugando con las notas.

-Eriol.

- Wuaa jojoj, correr en la calle…

-Voy a traer esa cancioncita todo el día dándome vueltas en la cabeza – le gritó.

-Perdon.

Todo a su alrededor ya estaba oscuro, no se veía absolutamente nada… ¿por qué había una calle así en Italia?

-Eriol, ¿ves algo?

-Haa, Hay algo aquí – gritó asustado.

-Soy yo, perdón.

-¿Quién es?

-¿Quién es? – repitió casi rodando los ojos – ¿quién más? Soy yo.

-Ehm, ¿eres mi conciencia?

-… – resopló – sí, sí, sí, soy tu conciencia, hace mucho que no hablamos, ¿cómo estás?

-Eh, no me quejo.

-Sí, que bueno, Eriol, quiero que me digas, ¿puedes ver algo?

-Veeeo – se esforzó – veo, una luz.

-¿Una luz?

-Sí, por allá – indicó hacia el punto distante de luz que había aparecido – oye conciencia, ¿ya me morí?

-No, yo también la veo – dijo Tomoyo entrecerrando los ojos.

Ambos se acercaron más a la brillante luz, tan atrayente e hipnotizante, estaba a la altura apenas de sus caderas, se agacharan para verla mejor.

-¿Qué es? – cuestionó la nívea.

-Es tan… bonita – dijo Eriol medio idiotizado por el brillo.

-Sí, lo es – dijo Tomoyo en el mismo estado.

-Quiero tocarla – dijo el chico rozándola con los dedos, la luz brincó un poco sorprendiéndolos a ambos.

La luz se movió de un lado al otro.

-Oye, no te vayas, vuelve – le pidió la amatista.

-Te voy a alcanzar – canturreo Eriol – te voy a alcanzar.

-Te voy a alcanzar – lo siguió Tommy.

No despegaban la vista de la luz, hasta que, en una elevación especialmente alta que dio la luz, mostró a un enorme perro negro de ojos rojos que mostraba los dientes filosos y puntiagudos mientras aguantaba el ladrido, la luz colgaba de su collar. Los chicos se quedaron con la boca abierta.

-Lo bonito se ha ido – dijo la nívea.

El perrazo más grande que habían visto en sus vidas, abrió el hocico y soltó un fuerte ladrido que les perforó los tímpanos.

-Haaaaaaaaaaa – gritaron antes de correr.

-No veo nada – gritó el oji-azul.

Corrieron con su persecutor detrás, chocando con distintas cosas. No veían la salida.

De pronto, viendo a un lado y al otro, Tomoyo vio algo que llamó su atención, una hoja atorada en lo que parecía ser una alcantarilla.

-La hoja – soltó antes de que el inglés chocara con ella.

-¿Qué hoja? – cuestionó antes de ser jalado por la chica para evitar el mordisco del perro – oye, no veo nada.

El perro giró hacia su dirección y volvió a arremeter.

-Ooh – dijo la pelinegra viendo los fieros dientes del perro.

-Mira, aquí hay una hoja – exclamó Eriol agachándose para intentar tomarla a la vez que la chica esquivaba otra mordida del perro – no puedo sacarla, está atorada.

-No la rompas – le dijo mientras corría con el animal detrás – intenta leerla.

-¿Leerla? – el chico se agachó aún más – hay letras, pero no traigo mis lentes.

-¿Qué dice? – lo urgió.

-Hay perdona pero si pudieras traerlo un poquito más cerca, necesito luz – le dijo haciendo un esfuerzo por leer. La chica se metió entre unas rejas, el perro intentó seguirla y quedaron momentáneamente bailando – ahí está, mantenlo ahí.

-¿Qué dice? – jadeó.

-Ya, ya te oí, que mal humor – dijo más pare sí mismo, volvió a agacharse – R… ¿Rue? Sí, Rue, la primera palabra es Rue – le gritó.

-Sigue leyendo – le ordenó ella con el perro a un palmo de su pantorrilla.

-Ok… Sch… Scheffertsesr… Schefff, con lentes es más facil – se quejó – Scheff…

-Date prisa – le pidió la amatista con la cabeza del perro entre las rejas.

-La luz por favor – armándose de valor, la chica tomó cuidadosamente el collar del perro y giró su luz – Scheffe… Scheffer, la segunda palaba es Scheffer.

La amatista no aguantó más y salió corriendo dejando a perro entre las rejas.

-Ya termina, no te presiones – le dijo viendo al perro que intentaba escapar – si presiónate, presiónate, has lo que sea con presión.

-750, París.

-Vámonos, vámonos, corre – lo apresuró para antes de que el perro lograra salir.

Corrieron sin rumbo fijo por un rato en dirección recta. Al fin, tras un par de minutos en oscuridad, pudieron salir a una calle débilmente iluminada.

-Salimos, salimos.

-¿De dónde? – preguntó el inglés.

-Eriol, ¿qué decía?, ¿Qué decía la hoja? – le preguntó con un poco de pánico.

-Rue Scheffer 750, París – Dijo rápidamente y casi sin pensar – ah no olvidé lo que decía – dijo emocionado tomando a la chica por los hombros – yo olvido todo, pero no se me olvidó esta vez, escucha Rue Scheffer 750, París… otra vez me acordé.

-Señorita Daidoji.

-Oh no.

-Al fin la encontramos – dijo un sujeto antes de tomarla por el brazo – es hora de regresar.

-¿Nos llevarán a Rue Scheffer 750, París? – preguntó Eriol.

-Eriol – gritó la amatista, el tonto les había dicho su próximo destino.

-¿Y ustedes quiénes son? – les preguntó Eriol.

-¿Quién eres tú? mejor dicho – le dijo uno de ellos – señorita no me diga que se ha escapado con este pive.

-No, no, él es… – pensó la chica – es… un alíen – gritó señalando hacia un punto en el cielo.

Los hombres giraron la cabeza

-¿Dónde? – preguntó Eriol.

-Vamos – lo jaló.

-Pero el alíen.

-Vamos.

Volvieron a correr. Los hombres tardaron aproximadamente quince segundos en seguirlos. Corrieron de un lado al otro hasta llegar a un lugar bien iluminado y con mucha gente. Chocaban de vez en cuando y en un par de ocasiones casi se separan, los guardaespaldas lo hacían peor. Delante de ellos la gente disminuía considerablemente y la luz se hacía más tenue, la amatista logró ver un hueco lo suficientemente ancho para caber en la entrada a una pequeña callejuela que daba a un jardín. Sin pensarlo mucho, se acercó jalando a Eriol consigo.

-Oye, no eres muy amable.

-Shhhh – lo cayó tapándole la boca.

No escuchaban los pasos apresurados y hasta torpes de los guarda espaldas, solo murmullos, charlas de gente desinteresada en sus asuntos y la respiración entrecortada y semi quejidos producidos por el pelinegrodestellosazules al ser asfixiado por la japonesa.

-Que bárbara, casi me ahogas.

-Lo siento, estabas hablando y no tenían que escucharnos y… y…

-¿Me hubieras dado resucitación boca a boca?

-No.

-Hubiera muerto, muerto.

-Y yo que me detuve, no sé en qué estaba pensando.

Alzó la vista, grave error de su parte, acababa de darse cuenta: él, ella, ni un centímetro de separación entre sus cuerpos, cinco entre sus rostros, cinco. La tenue luz apenas los iluminaba, el típico escenario romántico de callejón, en otra circunstancia y tal vez con otra persona, solo tal vez, ¿o no?

La amatista se sonrojó por la cercanía, se detuvo un segundo en su rostro no infantil pero tampoco adulto y sintió su corazón brincando, las manos húmedas por el sudor y el inconfundible temblor en las rodillas, ¿por qué?, ¿por qué le pasaba eso?, ¿por qué a ella?, ¿por qué con él?

-Hueles bien – le dijo el chico de pronto.

-… – más sonrojo – un segundo, les diste nuestra pista, ¿qué rayos pasa contigo?

-¿Qué dije? – preguntó agachando la cabeza.

-Les dijiste que vamos a París.

-Oh si, vamos a Rue Scheffer 750, París – dijo de pronto sonriendo – ¿quieres saber a dónde vamos?, vamos a Rue Scheffer 750, París.

-Antes tenemos que llegar al puerto – dijo ella enfadada – le preguntaré a alguien.

-Pero si vamos a Rue Scheffer 750, París.

-Disculpen – le dijo a un par de hombres que estaban frente a ellos, uno con la típica vestimenta de mimo y el otro, solo vestía gracioso, ¿por qué les preguntaba a ellos?, porque había escuchado al no mimo hablar inglés – disculpen.

Los hombres se dieron cuenta de que les hablaba y se alejaron.

-Oigan – Tomoyo los siguió – solo quiero hacerles una pregunta.

Se alejaron más.

-¿Quieres saber a dónde nos dirigimos?, a Rue Scheffer 750, París – dijo Eriol tras de sí – Rue Sche…

-Quieres cerrar la boca – le gritó la nívea, el chico paró en seco.

-Pero…

-Sin peros, ya has hablado de más.

-No eh dicho mucho.

-Claro que sí, les diste nuestro destino a los guardaespaldas de mi madre – le recordó, intentó controlarse, inhaló y exhaló – ojalá a Syaoran y Nakuru no se les hubiera ocurrido esta estúpida idea de mandarte conmigo, solo estás retrasándome.

-¿Qué quieres decir?

-Que quisiera seguir esto sola – le dijo, el chico entristeció – es algo que debía hacer sola.

-¿Quieres dejarme aquí?

-Ojalá pudiera – le dijo en tono serio.

-Pero no sé dónde estoy.

-Es por eso que no te puedo dejar.

-Entonces – su labio inferior comenzó a temblar – ¿quieres decir, que te caigo mal?

El oji-azul giró la cabeza con sendos pucheros y lágrimas en los ojos, sí, estaba llorando. Fue entonces que Tomoyo cayó en la cuenta de que tal vez, solo tal vez estaba lastimando los sentimientos de sus compañeros, se sintió mal, algo dentro le recriminó por causar el llanto en el chico que instantes antes la había sonrojado.

-No, no es eso, me caes bien – intentó contentarlo – solo decía que… solo quisiera que fueras menos despistado y avanzáramos más rápido.

-Iiiiiiiiii – chillaba el chico a lágrima abierta.

-No llores Eriol, si me caes bien – estiró la mano para ponerla en su hombro, pero no pudo – en serio.

-Hey tu – le dijo alguien, la chica se giró, eran los dos hombres que habían huido de ella, el mimo y su traductor – azulito, ¿te está molestando?

-Oh, ahm, ya se me olvidó – dijo con voz aguada, secándose los ojos con la mano – ¿qué hacias?

-N… nada, nada – respondió ella rápidamente – nosotros, yo… oigan ustedes saben dónde es…

-Oye amiga, es con el señorito no contigo – lo cortó el hombrecillo, el mimo a su lado asentía – que seas linda no te da el derecho para hacer llorar a los chicos.

-Yo no…

-Oye, ¿te gustan las imitaciones? – le preguntó un tanto emocionado.

-Mjm – Eriol asintió con la cabeza.

-Muy bien Memo, como lo ensañamos eh – el mimo asintió levantando las cejas, seguidamente se puso rígido, con la cara seria, una mano al costado y otra levantada como si estuviera tomando una espada – adivina qué es.

-Uuuaa, ya lo eh visto – exclamó el pelinegrodestellosazules emocionado.

-Va a la guerra y maneja una espada.

-Yayaya.

-Un soldado – dijo la nívea.

-Oye, deja que él adivine – exclamó el hombre. El mimo se puso a cuatro patas sacando un poco el trasero, abrió la boca y fingió rugir a la vez que usaba su mano de garra – ¿y dónde quedó Mufasa?

-Hay lo tengo en la punta de mi lengua – el oji-zazul gritó.

-León – tocio la chica.

-Te vi – la reprendió el traductor. El hombre se puso detrás del mimo a casi estar sentados, compusieron sus brazos y piernas de forma que se vieran como ocho miembros – tengo muchas patas y vivo en el océano.

-Almeja – gritó el chico.

-Casi casi.

Se levantaron. Seguidamente el mimo hizo una representación de lo que el hombre decía:

-Vivimos borrachos y somos muy machos y solo nos gusta la mar.

-Son grandiosos – les dijo Eriol.

-Nos puedes indicar el camino… – les dijo Tomoyo.

-Nos puedes indicar el camino… – imitaron ambos, uno con voz y otro con gestos.

-Jajajaja – se burló Eriol junto con ellos.

-Lo digo en serio – Tomoyo comenzaba a molestarse.

-Blablabla – siguieron imitándola.

-Gracias – les dijo, se giró dando grandes sancadas intentando contener las lágrimas.

-Oh no – dijo Eriol corriendo tras ella – hey, oye, vuelve. Oye, ¿qué pasa?

-¿Qué qué pasa? – le preguntó con las cejas muy juntas – que unos idiotas vestidos de negro nos persiguen y nos detenemos a ver a esos payasos en lugar de estar buscando a mi hermano – el mimo detrás de ella imitaba sus gestos y movimientos – y para colmo estoy con un… alíen que se le olvida hasta su nombre.

-Oh, se oye frustrante.

-Tengo que encontrar a mi hermano.

-¿Tu hermano Charley?

-Ian.

-Sí, eso.

-Pero da igual, porque no hay nadie en el mundo que vaya a ayudarme – dijo apretando los dientes y pasando a un lado del "alíen".

-Pues yo te ayudo – le dijo Eriol, la chica se detuvo – espera aquí. Chicos.

-¿Qué? – preguntó el traductor por ambos – ¿Te está molestando otra vez?

-Nop, no, es una buena niña – les dijo – discúlpenla, ha perdido a su hermano Flavio, ¿ustedes saben dónde queda Rue Scheffer 750, París?

Los hombres se le quedaron viendo con cara de ¿qué?

-Pues para ir a París pueden tomar un tren o un barco – le dijo el hombre, el mimo hacía imitaciones de un tren y un barco.

-Oye, dicen que podemos ir en tren o en barco – le gritó a Tomoyo.

-Eso ya lo sé, estamos buscando la bahía – repuso acercándose un poco.

-¿Sabes dónde queda eso? – le preguntó Eriol.

-Claro que sí, vas por este jardín – el mimo hacia movimientos indicatorios – das vuelta a la derecha, todo derecho, derecho, derecho, derecho hasta donde topen y después dan a la izquierda.

-Lo hiciste Eriol – le sonrió tímidamente.

-De nada, soy tu ayudante, para eso estamos – le dijo él con un dejo de modestia.

-Gracias chicos, gracias – les dijo la nívea al pasar a su lado.

-No hay de qué – repuso el hombre – pero relájate un poco eh amiga y ya no hagas llorar a tu novio, ¿que no ves que se ve adorable así sonriendo?

-No es mi novio – aclaró incómoda.

-Bueno, lo que digas.

-Adiós chicos – se despidió el chico ED.

Siguieron las instrucciones, fueron todo derecho, derecho, derecho hasta que toparon, y vaya que toparon con… el mar. Giraron a la izquierda y no tardaron en dar con la bahía.

-Lo logramos, llegamos – de la emoción, la joven Daidoji abrazó al inglés.

-Lo logramos, lo logramos – festejó él dando pequeños saltitos con la chica.

-Bueno, no nos emocionemos todavía, tenemos que llegar al barco.

-Barco, no me gustan los barcos.

-No te pasará nada – vamos.

-¿Lo prometes? – le preguntó cómo niño pequeño que espera la promesa de que su padre volverá pronto a casa del trabajo.

-Lo prometo – no pudo evitar sentirse… conmovida – es el barco champiñón, ayúdame.

-Ok.

Se pasearon entre los barcos buscando el suyo, cuando de pronto, vieron a sus captores personales, la joven jaló del cuello al chico para evitar que los vieran.

-Mira, ese barco tiene nombre de pizza – observó Eriol – champiñón.

-¿Por qué ese barco?, ¿por qué justo ese barco? – se quejó la chica, los tipos estaban frente a ese barco – tenemos que subir ahí en cinco minutos.

-Pues vamos – dijo él que intentó caminar, pero ella se lo impidió.

-Ellos no deben vernos, o se acaba el juego.

-¿Juego?, ¿estamos en un juego?

-Ehm, sí, así es, si nos ven perdemos – le siguió la corriente.

-Yo me encargo, me encantan los juegos – le dijo Eriol emocionado. Analizó un poco la situación y en menos de un minuto sonrió satisfecho – ese carrito nos servirá – le señaló un carro de carga frente a ellos – vamos.

Se acercaron a él cautelosamente, se cubrieron un poco con la tela gruesa y gris que tenía, se agacharon y caminaron hacia el barco. Los hombres de negro estaban parados sin hacer nada, esperando.

-Si nos acercamos más nos verán – le hizo notar.

-Nop, solo empuja – le dijo haciendo lo propio – ya falta poco, con más fuerza, corre.

Se acercaban a los hombres con todo el trote del carrito, Tomoyo apenas comenzaba a entender lo que Eriol quería hacer cuando ya lo estaba haciendo. Empujaron con fuerza el carrito hacia los hombres provocando que estos cayeran al agua.

-Eso – soltó la amatista sonriendo.

El barco dio el pitido de salida.

-Vamos.

-No puedo creerlo, lo hiciste – le dijo a Eriol y en un impulso le besó la mejilla.

El chico abrió la boca con el rostro sonrojado.

-Sí, lo hice – logró articular antes de subir al barco.


Hola a todos, bueno, con un poco de demora, pero aquí está el capitulo jejejeje.

Les gustó? me divertí haciéndolo, para los seguidores de Buscando a Nemo, si, tome un poco del guión XD ustedes saben que parte.

Como ven? parece ser que Tommy "comienza" a sentir algo y Eriol cada vez más lindo o no?

En fin, espero subir el siguiente capitulo pronto.

Recuerden que: "Dejar reviews previene barros y espinillas"

:D