Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, créditos respectivamente a sus creadores.
N/T: Atención, el capítulo puede abarcar temas delicados.
IX. Well, for a lonely soul, you're having such a nice time.
Tony está de pie en la oficina del director por primera vez en dos semanas.
Frente a él, Fury se mantiene en silencio. Tony escucha el tamborileo que hacen los dedos del hombre contra el escritorio; su mirada fija en la ajena. Tony está ahí de pie, esperando por alguna palabra, un comentario, algo que rompa ese incómodo silencio que se ha instaurado entre los dos. Pero el mayor es muy obstinado y es él el que tiene que ceder.
El reloj marca la hora. Son las 8:20 am.
—Renuncio. — dice, la voz más firme que nunca, la mochila colgando de uno de sus hombros. Tony entiende la magnitud de sus palabras, y es, en definitiva lo que quiere. Hoy se siente más bastardo y temerario que nunca, sus ánimos recobrando la fuerza perdida. Una sonrisa petulante se instala en su rostro.
Fury parece bastante desconcertado con su comentario, su ceño fruncido como el reflejo de la sorpresa. —¿Renunciar a qué, Stark?
—A la tutoría. — anuncia, rascándose el puente de su nariz. —Me di cuenta que Barnes no necesita ayuda, ¿sabe? El delincuente ese no es ningún tonto, aunque cualquiera podría pensarlo con, no sé, todo lo que dicen de él, ya sabe. Usted también se entera de estas cosas, ¿verdad? Las noticias vuelan por los pasillos, oh, por cierto, debe prestar atención al cuarto donde guardan las cosas de gimnasia. No se imagina lo qu-
—Basta. — le corta abruptamente el hombre, restregando su palma contra su rostro. Fury observa de reojo la hora en el reloj de escritorio. Son apenas las 8:25 am y su paciencia ya está en el límite. Eso, y agregando el hecho de que en estos momentos tiene un fuerte dolor de cabeza. —Apenas se ha cumplido una semana y media desde que te asigné a James. No puedes renunciar. Te recuerdo que es un castigo, Stark — la voz del hombre se vuelve más dura. Tony conoce aquel tono de voz. Sabe lo que significa: nada bueno saldría para él en aquella conversación con el pirata. —No es algo que puedas escoger tú. La decisión no fue sólo mía. ¿Te mencioné que fuiste y eres un tema de conversación en la reunión de profesores? — él está a punto de contestar, pero al final decide no hacerlo por su propio bien. Internamente se pregunta cómo Fury puede cabrearse tan fácilmente. Vamos, ¿Qué tan amargado se puede estar?
Además, él es un encanto. No hay razón para enojarse.
—No sabíamos qué hacer contigo, y YO, repito, YO, propuse darte una nueva oportunidad. ¿Puedes entender que esto no es por mí, sino por ti? Te estoy haciendo un favor, Stark. Ahora vuelve a tu clase si no quieres que me arrepienta aún más de lo que ya estoy. ¿Qué clase te toca ahora? — pregunta Fury, dando a entender que no quiere más quejas, buscando entre su escritorio algún lápiz y una hoja para escribir una nota de disculpa hacia el profesor/profesora. Tony frunce inmediatamente el ceño. No está dispuesto a dar a su brazo a torcer.
¿Había dicho que se siente… rejuvenecido? Pues sí, y eso significa que se siente también más terco de lo usual. —Y se lo agradezco. — responde, cruzándose de brazos y avanzando sólo un par de pasos hacia adelante. —Pero, como le dije, él no necesita alguna clase de ayuda. Además no entiendo por qué necesita un tutor, en una sesión de estudios que tuvimos me di cuenta que no se le hace complicado. Así que, si mal no recuerdo, la visión de este instituto es promover alguna mie-… cosa con la independencia, así que, ¿qué mejor instancia para hacerlo ahora? Que lo haga solo, solín, solito.
Después de sus palabras, Fury se le queda mirando firmemente. Los ojos del hombre están literalmente, –sí, no figurativamente, porque es así-, clavados en él. Tony desvía sus orbes de un lado a otro, alternándose entre la pared de su lado izquierdo y el director. El mayor no está haciendo ni diciendo nada por unos largos minutos y eso, en cierta parte, le está haciendo sentir nervioso. Tony odia esa incertidumbre. Siempre que el pirata llega a ese punto, él se olvida cómo respirar o pestañear. Es incómodo y Fury lo sabe; varias veces ha abusado de aquel conocimiento.
Tony comienza a frotar sus manos hasta que después de unos minutos, ve al otro devolver, –al fin-, su vista hacia el papel en el que ahora está firmando y posicionando el timbre oficial del instituto Levram High School en él. —No. — dice el viejo rotundamente, mientras escribe su firma y extiende su mano hacia el castaño con la hoja. —Ahora vete a tu clase si no quieres que te expulse.
Él lo mira alarmado, sintiendo como el aire se le escapa de sus pulmones. ¡Y una mierda! —¿Qu-
—Ahora. — y lo dice de tal manera en que no acepta réplicas. Tony sólo frunce el ceño, comprendiendo de inmediato el cómo alguien puede pasar de un estado de ánimo a otro. Se da cuenta, tardíamente, que a él le sucede a cada momento. A todo adolescente, en realidad. Y es que algunas veces se le olvida y otras sólo decide ignorarlo. El castaño se siente un poco –medianamente- molesto con el hombre, pero no tiene mucho qué reprochar debido a su situación y esa es la triste verdad. No puede negarse ante el mandato si no quiere sentir como sus padres pasan de él. No podría soportarlo.
Es un hecho que ellos no vendrían, ni aunque estuviera en peligro. Ellos ya se fueron; ya ha sido abandonado.
Pero, ¿Qué importa, no?
Tony le arrebata el papel sin delicadeza, mientras agarra la mochila de una de las correa. —Cuidado. — señala en advertencia el director, entrecerrando sus ojos peligrosamente. Tony en respuesta sólo puede esbozar una sonrisa altanera y grosera, mientras se voltea dirigiéndose a la salida de la oficina sin pronunciar algún comentario sarcástico y malintencionado, como tanto desea hacer.
Y antes de que cruce la puerta, la voz del mayor retumba a sus espaldas como un mal recordatorio que lo hace bufar y maldecir internamente. Él ya sabe que está jodido, muchas gracias.
—Si me llego a enterar que no estás cumpliendo con la tutoría, te vas expulsado con un lindo regalo, Stark. — Fury gira sobre su asiento, distrayéndose con algún que otro papeleo aburrido. —Yo mismo me encargaré de traer a Howard.
A Tony le duele el pecho.
Justo en el lugar dónde se encuentra el corazón bombeando sangre.
Cuando está saliendo, –más bien, huyendo, porque está hecho una furia y no necesita de estas mierdas sentimentales en el inicio de lo que se supondría debía ser un buen día, demonios, había apostado que ni Strange se lo iba a joder así como así-, del área de dirección y administración, Tony no se da cuenta de la persona que está al frente de él hasta que un fuerte "¡PARA!" lo hace detenerse violentamente. Tony logra enfocar su mirada hacia la persona que está en el suelo, delante de él, sujetando con ambas manos como si su vida dependiera de ello, un pequeño hormiguero.
Scott el chico hormiga Lang comienza a incorporarse lentamente ante un confundido Tony. —Eeh… compañero, casi nos matas. Ibas muy acelerado. — dice, suspirando aliviado, su atención total en el objeto de cristal.
Tony rueda sus ojos. Scott es uno de los tantos que están babosos por el famoso Capitán del equipo de fútbol. Es, además, uno de los más raros de la clase y eso recalcando que él es amigo del idiota de Strange, -quién también le hace el quite al pobre Scott, porque no congenian y el estúpido de Stephen se excusa diciendo que: "Ese tipo es muy extraño, miremos a otra parte" cuando pasa cerca de ellos-. Lang está totalmente obsesionado con los insectos; más específicamente con las hormigas. Siempre se le puede ver con su hormiguero y siendo acompañado por Luis, –el que casi nunca está, la verdad, es como una persona que no se sabe que está ahí hasta que lo ves comiendo a las afueras del instituto junto a Lang-, uno de sus mejores amigos. Aunque claro, el chico hormiga también se relaciona con el idiota de Barton y Sam Wilson. Aparte de todo eso no lo conoce muy bien. Sólo ha intercambiado unas cuantas palabras con Scott y eso es todo. A Tony no le desagrada, honestamente, pero tampoco le importa.
—Lo siento, Lang. — dice Tony, palmeando el hombro de su compañero de curso toscamente. —¿Te estás escapando de clases?
—¿Qué? ¡Oh! ¡No, no, no! No es lo que piensas — Lang le sonríe —Sólo es que la Profe Sallow no soporta que las traiga — él señala el hormiguero. Tony enarca una ceja mientras Scott prosigue: —Así que me ha mandado con el director como un castigo, no sé por qué. No es como si le hicieran daño a nadie.
—No, la verdad es que no lo hacen. — concuerda, mientras tantea con su dedo índice el cristal del hormiguero. —Lo único bueno es que al menos te vas a perder su aburrida clase. — La atención de Tony está completamente posada en los insectos que logra vislumbrar. Él quiere decirle que son asquerosas, que por eso la profesora no las soporta, pero decide quedarse callado. —Lo malo es lo que hay allá en dirección. No te recomiendo ir con Fury ahora mismo. Al viejo no le dieron ayer por la noche.
—Oh, puta mierda, ¿En serio? ¿Vienes de allá? ¿Qué hiciste? — Inquiere Scott como si de verdad le importara el asunto y eso sólo hace que Tony sonría arrogante.
—Nada malo, lo juro. Fury tiene como una especie de obsesión conmigo, ¿Te lo han comentado? — dice con sarcasmo. Él se sorprende de lo rápido que se le ha pasado la molestia. De pronto Scott Lang no se le hace tan desagradable como le parece a Strange. Sólo es un tanto peculiar, pero no irritante. Y eso es bueno, piensa Tony, ahora mismo necesita una de esas conversaciones simples y agradables con alguien liviano. Scott tiene esa presencia que no te perturba porque no es hostil ni empalagosa. Sólo no lo conoce y Tony en serio ama descontroladamente a los desconocidos.
Y Scott es uno de ellos.
—No es el único. — el comentario del otro, sin embargo, no es lo que se espera. A Tony se le deforma el rostro cuando lo escucha decir aquello. Intenta disimularlo con una sonrisa y el ceño fruncido, sin entender. Scott lo está viendo de una manera que a Tony no le gusta para nada.
Le trae malos recuerdos.
—¿A qué te refieres? — pregunta lo más despreocupado que puede aparentar. El otro sólo niega con su cabeza con simpleza. —Obviamente no es el único. ¿Has visto la cantidad de mujeres que tengo detrás de mí?
—No, no, no me refiero a las mujeres, eh. Mira… — Scott se acerca a él invadiendo su espacio personal. Él no entraría tanto en pánico si es que no se hubiera enterado que en ese puto mundo existían los hombres lobo. Tony no entiende por qué lo piensa, pero ya no puede evitar imaginar que el chico hormiga puede ser uno de ellos. Aunque bueno, no parece muy feroz como el delincuente de Barnes; pero cualquiera podría serlo. Y eso es algo que no había pensado hasta este momento. —Yo tenía una hormiga. — A Tony le vuelve el aire a los pulmones cuando escucha esa estupidez. Aunque claro, desconoce lo que sigue: —Yo la quería más que a las otras, la hormiga reina. Con sus lindas antenas encorvadas y sus alitas...
—Sí… mira, tengo que irm-
—Y murió. — dice, frunciendo su boca con tristeza y manteniendo sus ojos pegados a los miel. —Se llamaba Ant-thony.
Tony se queda sin habla.
—Le puse Anthony por ti.
Y Scott le está mirando con toda la seriedad del mundo y Tony no sabe si reír, gritar o llorar por la mierda que le dice y cómo lo está mirando. Por eso guarda silencio, un sepulcral y largo silencio. Tony tiene la necesidad de alejarse. Lo más rápido si es posible, por favor. Es lo más raro que le han dicho hasta el minuto y eso que recién deben ser las 8:40 am. ¡Y eso que es amigo de un par de locos!
Aun así, Tony se muestra impávido. Al menos por fuera. Los gritos internos intensificándose.
Lo que sucede luego es que Scott se está carcajeando de él exageradamente. Y Tony no reacciona. —¡Oh, viejo! ¡Debiste haber visto tu cara! — Las manos de Ant-man se afianzan al hormiguero que sostiene contra su pecho, intentando calmar sus risotadas. —Es broma, hermano. Oh, pero Ant-thony sí existió. Era tan lin-
Tony sólo se cruza de brazos. —Ok, es suficiente. Muy linda charla. — Y antes de que el otro responda, él ya está alejándose precipitadamente por los pasillos.
De repente las palabras de Strange cobran sentido en su cabeza.
Está escuchando los murmullos. Los pensamientos deslizándose por esas bocas y esos olores, clavándose en su respingada nariz y tras su espalda. La presión del chocolate atravesándole el cuerpo y la piel, mientras ella intenta desesperadamente no ceder ante los impulsos de protección que está teniendo. Y no puede, desgraciadamente. Su naturaleza le niega el expandir sus feromonas para tranquilizar a su protegido en presencia de un alfa como lo es James.
Banner está preocupado, está tan preocupado por la ausencia de Stark y ella no puede hacer nada sin amenazar el territorio de su aliado. Los de su raza son demasiado territoriales. Eso significa que si existe una mínima imposición por parte de ella; se enfrentarán. No es el minuto y el lugar, piensa Natasha, pero ella tampoco lo puede permitir y no le importaría tener una lucha por defender a su protegido.
Un gruñido cae de sus labios en advertencia. James está a su lado esta vez, el fruto de los cuchicheos se debe a aquel hecho. Atrás se encuentra un irritado Capitán. La mirada verdosa de Natasha está estancada en la pared, mientras la profesora Sallow se toma el tiempo de corregir sus exámenes. Todos están distraídos en sus propios mundos y conversaciones.
La voz de Clint se alza por sobre el bullicio de la sala ganándose de inmediato un regaño de la profesora.
Mientras, la inquietud de Brucie, –y de otras tres personas como James Rhodes, Virginia Potts y Stephen Strange-, se propaga por al aire. Natasha puede escucharlo preguntar claramente: "¿Alguien sabe que le pasó a Tony? ¿Por qué no está aquí? ¿Alguien puede llamarlo?" y es la razón de sus lamentos lo que le disgusta: Stark. Ella es consciente que no le corresponde enfadarse porque Tony Stark sea el principal motivo de la tristeza de Brucie, pero lo hace. Natasha no puede soportar el hecho de que el otro cause tal emoción en alguien tan bueno como Banner, porque no se lo merece. A ninguno de ellos.
Y, eso, en cierta manera, hace que lo deteste.
—James. — susurra secamente, los ojos de él pesando en su rostro.
—Tasha, no. — contesta apresurado sintiendo las feromonas de la hembra esparciéndose por el salón, obligándolo a imponerse de la misma forma. El olor a menta sobreponiéndose al de él. James desvía su mirada a los alrededores buscando la causa de la tensión de ella. —No quieres esto. Termina, ahora. — suelta un gruñido bajo y demandante, la fiebre cosquilleando y sacudiendo su piel. James no quiere esto y sabe que ella tampoco. Arriesgarían demasiado por nada. —Detente. Tú eres la más civilizada de todos. Para.
Los verdosos ojos de ella se encuentran con los azules. —Haz algo. — exige la adolescente, frunciendo su ceño mientras intenta calmar a Bruce y calmarse a ella misma. La situación la está sobrepasando, las sensaciones, los dolores y los malestares ajenos. Esas son las consecuencias cuando eliges a un humano de compañero. Las emociones de Brucie son tan reales, auténticas y genuinas que no puede controlarlo. Tal vez porque ni el mismo humano puede y aquello, al fin de cuentas, es lo que la tiene así de exaltada.
—No sé que esperas qué haga.
—Traélo. — continúa ella, firme y severa. Aun así, sus feromonas disminuyen en intensidad. —No me interesa los problemas que tengas con Steve o con Stark o con quien sea. Encuéntralo, ahora. — la mirada de ella es dura y su voz, inquebrantable. —Si no quieres que te despedace aquí mismo.
—No hace falta. — dice James, su postura irguiéndose con la amenaza estampada en él. Y, ante aquel hecho, la furia que quemaba sus entrañas comienza a disiparse poco a poco cuando la figura de Stark se adentra a la sala de clases. La sensación de serenidad que le embarga de repente, es extraña. James aún no puede acostumbrarse a la idea de que lo haya escogido a él. No le parece justo cuando todo lo que le produce es a causa del instinto y de sus sentidos más básicos. Y aunque él haya admitido que lo quiere de pareja, no significa que lo hará.
No significa que lo haya aceptado.
Aunque se encuentre mirándolo fijamente y desee hundirse en la calma de su fragancia a avellanas y a miel mientras Anthony Stark pasa a su lado, ignorándolo, James sabe que toda esa calidez y esa atracción irrefrenable que siente en una parte de su pecho no son provocadas por sus propios sentimientos.
Sabe que son, más que nada, mentiras.
Y eso no es algo que pueda cambiar.
—Lo siento. — pronuncia Natasha después de un largo tiempo mientras la tensión poco a poco se disipa en el ambiente. Puede sentir, incluso, que la irritación de Steve ha mermado con la llegada de Stark, y eso le fastidia. Aunque no sea el más indicado para hacerlo, ni tampoco tiene el derecho. Entre ellos existe un pasado y un asunto no resuelto en el que no debería entrometerse y del que ha sabido siempre; enterándose en cada noche cuando se adentraba a la habitación de su mejor amigo. Y, a pesar de ello, lo hace y se pregunta el por qué ha elegido a un humano y específicamente a Tony Stark.
Su deber es mantener su especie, además. Tiene una obligación con su familia y su raza. Y los humanos no entran en aquella ecuación. Mucho menos Stark.
James enfoca sus ojos nuevamente en la fémina. Natasha murmura: —Fue demasiado, no pude sobrellevarlo.
—Te entiendo. — suelta, mientras el aroma de Tony inunda sus sentidos. James se siente incómodo frente a ello. —No es como si pudiéramos controlarlo. — suelta en un susurro que va más para sí mismo que para la pelirroja. Ella, al fin de cuentas, parece entenderlo. Es por aquella razón que se quedan en silencio, ambos enfrascados escuchando la conversación que se escucha desde los asientos de atrás.
—¿Por qué has llegado tan tarde? — pregunta Banner mientras Tony rodea su asiento, dejándose caer en la silla al lado de su querido nerd. En ese momento, Strange se voltea rápidamente hacia él, apoyando ambas manos en el respaldo de la silla. Tony puede sentir el peso de las miradas de sus amigos y de otra que proviene del otro extremo de la sala, al fondo: es Steve. Rhodey y Pepper se encuentran ahí también y él no puede comprender la situación.
—¿Por qué están así? — comenta él, sonriendo de medio lado y restregándose la nariz. —¿Ahora no puedo llegar tarde? Vamos, chicos, son unos exagerados.
—¿No lo entiendes? — la voz firme de la pecosa se asoma por sobre la de él. Y Tony en serio no entiende por qué tanto alboroto. Está a punto de comentar que el maquillaje que lleva le hace ver como un mono y que debería esperarse hasta que sea más grande, pero decide no hacerlo. Pepper prosigue: —¡Estábamos preocupados!
—¿Esto es una broma, verdad? — Tony los señala con su dedo índice, incrédulo y sonriendo. —Sólo he llegado un poquitín retrasado ¿y ya están regañándome? Mejor deberían preguntarme, no sé un "Tony te ves bien esta mañana, ¿te hiciste un nuevo corte de pelo?" y respondiéndolo, sí, ¿lo not-
—Tony. — interrumpe Rhodey, mientras la señorita Potts sigue con sus grititos. Porque sí, le está gritando pero no lo suficientemente fuerte como para que la profesora se dé cuenta. —No contestabas tu teléfono, no llegabas siendo que siempre llegas tan temprano como Bruce y además, nadie sabía dónde podrías estar, ¡Estábam-
Él mueve sus manos por sobre su cabeza, algo hastiado. —Amor, cariño, queridos… ¿No creen que están exagerando? Amh, no sé… ¿Monumentalmente? — una nueva y sarcástica sonrisa se asoma por sobre su rostro. —No es como si fuera a cometer una locura.
Y es eso. Las miradas que le dedican se ven tan preocupadas y honestas que él no quiere sentirse observado de esa forma. La decepción brilla en cada uno de sus ojos y Tony puede ver como Banner suspira cansadamente, pasándose la palma de su mano diestra contra su rostro, retirando sus gafas. Es un gesto que siempre hace cuando está dolido. Tony repasa el aspecto de cada uno de ellos; Rhodey está abrazando con uno de sus brazos a Pepper, acariciando el hombro que sujeta; mientras que lo mira rudamente. Ella está frunciendo sus rojizos labios, escondiendo el resto de su rostro en el pecho de Rhodey. Strange no lo mira y está tan serio que le causa escalofríos.
Tony lo había olvidado.
El recuerdo del incidente –uno de los tantos- vuelve a él y puede entender el miedo que produjo su pequeña ausencia. Había sucedido un día lunes del 2003, el día anterior tía Peggy había marchado. El teléfono vibraba con insistencia, mientras que él acariciaba su amoratado rostro con sus dedos temblorosos, agazapado en un rincón de su cuarto en penumbra. Estaba solo. Y ni siquiera Jarvis estuvo ahí ese día para él.
Nunca había tenido tendencias autodestructivas hasta ese año. Pero, ¿quién no caía una vez que lo obligaban? Él no pudo soportarlo más, la verdad. El límite de su cordura había colapsado cuando sus manos viajaron por su cuerpo adolorido, cubierto de hematomas y cicatrices que se ocultaban bajo las telas de sus ropas. Colapsó cuando el espejo roto cayó frente a él y tomó un pedazo de vidrio, murmurando un: « no quiero más, no quiero más » ahogado en su voz entrecortada y seca.
Tony desvía su mirada y rostro, apoyando su mejilla en su mano alzada sobre la mesa sin querer ahondar más en aquel recuerdo y sin querer enfrentarlos a ellos.
—No lo entiende. — comenta Rhodey, el sonido de su brusca voz haciendo mella en él y en los demás. La decepción y la pena expandiéndose dentro de Rhodes. —De ti podemos esperar lo que sea, Tony.
—Denme un respiro. — y eso es todo. Pepper y Rhodey se retiran hacia sus asientos, mientras Stephen se vuelve al frente sin siquiera comentar algo. A su lado, Banner está ocultando su rostro en sus manos, con la espalda rígida y los hombros tensos. El silencio que se abre paso entre ambos lo obliga a sentirse incómodo y culpable. Tony está a punto de decirle que no quiere seguir viéndolo así, que no deberían preocuparse tanto por una persona jodida como lo es él, y que deberían irse, alejarse y sólo no voltear a atrás cuando lo hicieran.
Que él es un caso perdido y que no tienen el deber de cuidarlo. Que nadie puede, en realidad. Nadie nunca ha podido.
Cuando escucha un muy bajo y casi inaudible sollozo a Tony se le rompe el corazón.
—¿Brucie? — Y lo peor es que no sabe qué hacer. Es inútil en cuanto se trata a sentimientos y personas y no quiere ni sabe qué decir porque tiene la costumbre de cagarla siempre que intenta arreglar las cosas. Y a Tony le duele, le duele porque es su culpa. Así que deja que su mano se acerque dubitativa al hombro de Banner, en búsqueda de apaciguar lo que ha provocado. El cuerpo del cuatro ojos se tensa bajo su tacto y él lo rechaza alejando su mano con un brusco movimiento. La sensación que le produce es tormentosa.
—Eh… — insiste, su mano toma la ajena y aunque él trate de resistirse, Tony se lo impide.
—Déjalo estar. — contesta su amigo, su compañero, su hermano de ciencias mientras el castaño está afirmándolo de la mano, los dedos presionando la piel ajena. Tony no quiere soltarle y se remueve en su asiento.
—Bonito, escu-
—Mira, Tones, no digas nada. No hay nada que necesite escuchar, sólo quiero tener mi tiempo, ¿vale? Déjame. — Banner restriega sus ojos, acomodándose los anteojos. Tiene la nariz ligeramente enrojecida y los párpados y pestañas brillosos. Él se levanta de su lugar y se acomoda el suéter que lleva puesto eludiendo los ojos miel de Tony. —Permiso.
—No, es que, yo sólo… Brucie. Sólo fui a hablar con Fury, sólo fui a decirle que no quiero seguir con lo de Barn-
—Profesora, ¿Puedo ir al baño? — la mano de Brucie se zafa de su agarre y se eleva, ganándose la atención de la clase. La mujer asiente y le da el permiso mientras sigue concentrada en la revisión de los exámenes. El movimiento es frío y tan impersonal que al verlo alejarse llena a Tony de pesadumbre.
—Oh, espere, ¿Qué? — la voz de Clint asciende repentinamente. —¿Al nerdito este sí le da permiso y a mí no? ¿Ahora tengo que poner cara de borrego asustado para conseguir mear?
La mujer está a punto de replicar, pero Tony la interrumpe: —Oh, wow, ya hacía falta el comentario inteligente del día de Barton, en serio, ¿nadie se estaba asustando porque no abría su bocota? Yo sí.
El comentario del castaño hace que algunas risillas en el salón se asomen, mientras él juguetea con sus dedos y Banner está saliendo de allí. La profesora les dice que deben quedarse callados durante la clase y que esta no es la manera en que tienen que comportarse por respeto a los demás y a ella y más blablablabla que Tony no escucha.
—¿Tienes algún problema, princesita? — cuando él eleva su mirada, Barton está observándolo y apoyándose en el asiento vacío de Bruce.
—Señor Barton, vuelva a su asiento. — vocifera Sallow y nadie le hace caso. Todos están mirándolos atentamente.
—Lo tengo. — dice, con el rostro estoico y los ojos de Tony posados en los de Clint. —Pasa que la cantidad de mierda que sale de tu boca es insoportable.
—¡Señor Stark!
Pero él no la está escuchando. Ninguno de los presentes lo está haciendo mientras algunos silban y otros susurran. Tony puede ver el rostro furioso de Clint y la repulsión que expulsan sus ojos. Es increíble, piensa Tony, como años atrás ese mismo rostro le sonría cordial y burlón, riéndose de las bromas que ambos compartían. Le parece asombroso como alguien puede cambiar tanto por tan poco y transformarse en algo a lo que nunca pensaste que llegaría. Tony había pasado de estimarlo a tenerle un miedo inconcebible y luego a odiarlo.
—Te voy a reventar esa gran boca que tienes. — y Clint es el que empuja con sus piernas la silla dónde se sienta Banner. El ruido que provoca la caída del objeto es estrepitoso, alarmando a cada uno de los presentes y mezclándose con los bramidos de la profesora.
—Estoy esperando a que suceda. — dice Tony, sin amedrentarse por las amenazas del rubio.
—Ustedes basta. Es suficiente. — y es el sonido de la voz de Steve la que causa presión en Tony. Es algo que puede sentir por la imagen que crea su mente al tener a esos dos ahí, frente a él. El momento, -o más bien la presencia de Steve y Clint-, le provocan un escalofrío al recordar sus pesadillas. Es un disgusto que siente en su garganta, un mal sabor de boca que no debería estar ahí, pero lo está. Y Tony sabe que esta es la realidad y lo otro es sólo fantasía; sólo son malos sueños. Pero no puede evitar esas memorias. No cuando sus protagonistas están delante de él.
—Eh, la caballería ha llegado. — Steve no le responde ni tampoco lo está mirando. Eso está bien, piensa Tony, eso está bien porque no le importa una mierda que se entrometa en sus asuntos, pese a que su pecho se estruje y él desee que lo haga. Es tonto e idiota, porque no va a suceder. No es como si sus bellos ojos azules ahora le puedan causar el mismo bonito sentimiento como lo solía hacer tiempo atrás.
No es como si aún le gustara.
—Capitán no te metas, esto es entre Stark y yo. — menciona Clint.
—No es como si estuviera de acuerdo con él, pero tiene razón, Rogers. No es tu asunto. — Tony escupe lo que dice, aún enfrascado en esa lucha de miradas que tiene con Barton. En un gesto para provocarle, Tony sonríe ladinamente con socarronería y es en ese mismo instante en que Barton le está agarrando de la camiseta azul grisáceo que lleva puesta, alzándolo. Tony se lo estaba esperando, honestamente, y lo ha buscado. Los gritos de Pepper vienen del extremo de la sala junto a los de la profesora. Él puede ver como algunos compañeros han salido del salón, incluida Natasha.
Su mirada miel está perdida en un punto difuso.
Cuando Tony cae al suelo, puede ver como el Capitán está inmovilizando al idiota de Barton. A su lado, James siendo retenido por Sam Wilson. Tony no lo había visto, porque todo ha pasado muy rápido. Cuando enfoca su vista puede ver la mejilla derecha de Clint roja.
Y Tony no lo entiende.
—¡Los cuatro a dirección! — la profesora hace rechinar sus tacones por el salón. —¡AHORA!
Son exactamente las 9:30 am cuando los adolescentes están en frente de Nicholas Fury.
Él deja reposar sus dedos en su frente, en un intento de menguar el molesto dolor de cabeza que tiene. Sus ojos se desvían hacia el calendario que tiene en su mesa y frustrado, suspira nuevamente. Recién es lunes y apenas han comenzado la jornada escolar, ¿acaso no puede tener un solo día de descanso? A estas alturas está pensando seriamente en tomarse un descanso, unas vacaciones.
Pero no puede, no hasta que el semestre termine. Y todavía quedan dos meses para eso.
Cuando alza la mirada puede ver perfectamente que Tony está sentado en la silla frente al escritorio, cruzado de brazos y mirando hacia otra parte como si fuera lo más importante de su vida hacerlo. En el asiento contrario, un irritado Clint se encuentra sobándose la mejilla que tiene golpeada. Atrás de ellos, James está observando el suelo, apoyado en la puerta de la oficina, mientras que el único que le regresa la mirada es Steve Rogers.
Nick bufa. Hoy va a ser un largo día.
El día pasa lenta y tortuosamente para él; en la oficina de Fury, el mayor sólo les dio un discurso largo y extenuante sobre la convivencia escolar y la agresión. Tony si bien se libró de cualquier castigo, no pudo hacerlo de la charla que los mantuvo a los cuatro al menos dos horas allí. Después él y Steve pudieron irse a la clase que deberían tener en esos minutos. Ninguno habló durante ese trayecto, Tony lo evitó y el Capitán no insistió mucho. No supo qué ocurrió con Barton y Barnes, pero prefirió no hacerlo. Al regresar, Banner sólo le hablaba cuando Tony le preguntaba un par de cosas y no más. Strange lo ignoró por todo el día y Rhodey y Pepper no se le acercaron. Avispa fue la única que se mostró normal a pesar del ambiente incómodo y tenso que existía entre ellos.
A Tony le dolió esa indiferencia y ese desaire. Pero no se quejó ni un poco.
Cuando terminó la jornada de la mañana, Tony almorzó con Janet, evitando la mesa en dónde se encontraban sus amigos y su puesto vacío.
Él no volteó en ningún momento.
Tony está caminando por los pasillos, mientras sus auriculares cubren sus orejas y la voz de Corey Taylor atraviesa su piel causándole un estremecimiento. Tararea, encaminándose hacia la biblioteca de mala gana. Él se acomoda las mangas de su chaqueta de lana, antes de empujar la puerta y saludar cortésmente a la vieja de Ronda. Por supuesto, ella no le corresponde el saludo.
Y a Tony no le importa. Su cabeza está demasiado distraída en temas más personales e importantes que una vieja no regresando el saludo. La biblioteca está en el usual y sereno silencio sin muchas personas en su interior. Un par de estudiantes –que parecen ser de segundo- se encuentran en una mesa de estudio. Él no divaga más, hasta que se escabulle hacia la mesa que se encuentra en lo más oculto y profundo de la biblioteca, tan escondida que nadie puede verla. Al menos, no fácilmente.
Tony está tan concentrado en la canción de Stone Sour que está escuchando que cuando se encuentra con la imagen de James el delincuente Barnes sentado ahí leyendo un libro; suelta un jadeo de sorpresa.
—Hey. — murmura el mayor en cuanto Tony llega. El castaño frunce el ceño, dejando caer sus audífonos de su cabeza y lanzándolos descuidadamente hacia le mesa.
—Hey. — corresponde él, sentándose frente al idiota ese. —En dos semanas más es el examen de Química. — comienza Tony, centrándose en el tema que los compete a ambos. Tony se ha decidido en dejar el tema atrás y sólo concentrarse en su deber de enseñarle la materia que el otro no sabe por mero compromiso. Aunque sabe que la curiosidad lo mata, va a cumplir con su palabra. —Como falta poco para la evaluación, en clases de seguro entregarán un resumen de lo que ha pasado hasta ahora. Oh, y también un cuestionario.
La voz de Tony se desliza con indiferencia y solemnidad. James nunca lo ha escuchado hablar de esa manera. En su voz siempre ha encontrado algún sentimiento: enojo, impaciencia, temor, nervios, duda, dolor. Dolor. No esto. Y ahora no hay nada. La coraza está muy elevada y él no puede atravesarla. Eso le preocupa, obviamente, el peso del remordimiento calando dentro de él.
James se siente culpable y ansioso.
—Stark. — dice roncamente, y Tony no lo mira. Ni siquiera se ha inmutado ante él. Su interior aúlla al no percibirle y lo está desesperando. —Stark. — Una de las cejas del menor se enarca mientras está ocupado en sacar de su mochila unos libros y un cuaderno. —Oye.
—¿Qué mierda quieres? — Tony explota y su voz resuena en el pequeño espacio en el que están. Sus ojos al fin encontrándose con los de James. En la suave miel puede hallar angustia, cansancio y rencor. Encuentra miedo. Y puede ver en su cabeza al menor en esa fiesta, en esa noche cuando miraba en su dirección. Puede escuchar las palabras de Bruce y las de Stark. Puede, incluso, recrear ese momento en su cabeza.
—Lo siento.
N/T:
¡Habemus nueva portada! Estaba jugando con photoshop y decidí cambiarla, so, espero que les guste.
Respecto al capítulo, no hay nada qué decir. Encontré nombre para el pueblo: Hollow Town. Una amiga me lo recomendó, pero no va a ser el real Sleepy Hollow, o quizás sí, pero después voy a decidirlo en cuanto lo piense mejor. ¿Qué más? Ah, que me gusta Scott y quise que tuviera un momento de aparición, ¿y qué mejor con una broma hacia el rollito de canela? Todo bien, todo bien.
Amh, sí, tengo otras ediciones, una foto que hice de Bucky y otra imagen de fondo de pantalla del winteriron.
Cuídense y les quiero.
-Lyrock.
