¡Buenas!

Les dejo una nueva entrega, sé que todas esperan con ansias que nuestros protagonistas se unan, pero les pido un poco de paciencia, en esta historia ambos tiene miedos y conflictos internos, ella ha sufrido mucho y no confía en nadie y él tiene demasiados problemas para pensar en las "tonterías" de su protegida, pero prometo solemnemente que a partir del próximo, Ed y Bells limaran sus asperezas y aprenderán a confiar entre ellos, no falta nada, también Rose, Emmett y Jasper tendrán participaciones importantes, y ¿Alice? jamás la han visto como la verán en este fic, prometido...

Los personajes conocidos son de Meyer, yo solo los uso a mi antojo y los originales, pues son eso, originales y míos.

Besos y hasta la próxima...

El capítulo fue beteado por Cony ¡Te quiero!

Capítulo 9.

Amigos del pasado.

— ¿David? —Ya su voz era baja, llevaba demasiados días sin saber de él, ni siquiera Nana la había ido a visitar. Cada día que pasaba Bella se sentía más nerviosa por la ausencia de su prometido, haciendo que cada vez que entraba en su habitación lo buscara en todos los rincones; casi no tenía oportunidad de llamarlo en voz alta y en ese momento se presentó una oportunidad.

—David. —Esta vez su voz fue más alta—. Por Dios Dave, ¿dónde estás?

— ¿Bella? —Cerró los ojos con derrota. Rosalie no la había dejado ni a sol ni a sombra los días que llevaba quedándose en la hacienda, ella no quería regresar a casa y había aceptado la propuesta de su mejor amiga en quedarse en su casa mientras mejoraba su estado de ánimo.

—Aquí estoy Rose, ya salgo —dijo entreabriendo la puerta de su habitación. Rosalie estaba en pantuflas, bermudas azul celeste y franela de tirantes blancas con nubes estampadas.

—Me dejaste sola en la sala —su tono era de reclamo. Bella resistió la tentación de rodarle los ojos, su dependencia se había vuelto enfermiza.

—No te dejé sola Rose, estabas con Khloe y te dije donde venía.

Rosalie se abrió paso a la habitación que ahora compartía con Bella, en el enorme espacio que antes albergaba únicamente la cama de Bella, ahora había otra, un tanto más pequeña que la de Bella.

— ¿Qué estabas haciendo? —Bella se apartó del camino de su amiga, la necesitaba ahora y no podía simplemente fastidiarse de su dependencia. Rose necesitaba estar distraída las 24 horas para no permitirle el paso a la tristeza y Bella le ofrecía tal distracción.

—Nada —dijo Bella cerrando la puerta tras ellas.

— ¿Vemos televisión? —La rubia arrugó los labios después de su petición, imaginándose la respuesta de Bella.

— ¿No has comprado ya suficiente? —Las cejas de Bella se alzaron reclamándole su última adicción a las compras por televisión—. Estoy más que segura que no usarás más de la mitad de las cosas que han llegado a esta casa.

Rosalie se encogió de hombros, dieron un pequeño toque en la puerta y Bella, antes de seguir regañándola, habló hacia la puerta cerrada.

— ¿Sí?

—Niña Bella. —Se trataba de Sara—. Afuera hay un caballero preguntando por la Srta. Hale. —Bella torció el gesto.

— ¿Otro mensajero? —preguntó con burla, viendo a su amiga que se encogió de hombros.

—No niña, es una visita. Preguntó también por usted, me dijo que se llama Jasper, Jasper Ha…

Pero Sara no pudo terminar. Al escuchar el nombre del mellizo de Rosalie, la rubia se levantó desesperadamente de la cama, corriendo hacia la puerta, pasó por un lado de Sara, que se vio obligada a apartarse para no ser atropellada.

Rosalie, descalza, con el cabello hecho una maraña y en su atuendo de dormir que no se había cambiado en algunos días, corrió a las escaleras principales y las bajó como si al final de ellas se encontrara el mejor y mayor tesoro del universo.

Jasper Hale estaba ahí, vestido casual, camisa de lino blanca con los primeros botones abiertos acunando sus gafas de aviador, su cabello rubio lo había cortado, casi en corte militar, quitando los rizos que se le formaban cuando lo dejaba un poco largo, sus pantalones eran de caqui, con botas de escalar de color amarillo de trenzas desamarradas.

Estaba distraído e incómodo viendo las fotos de la sala de la amiguita de su hermana melliza, aquella que tenía demasiados años que no veía y de la que había huido después de que había tomado la decisión de declararle su amor y nunca llegó a decírselo, ya que cuando pensó en hacerlo, había llegado muy tarde, pues ella se había enamorado de alguien más.

Ahora estaba allí porque al enterarse de la pérdida del novio de su hermana vino a acompañarla y a ofrecerle consuelo. Nunca le gustó Jacob, para él era un patán y un vividor, alguien que no se merecía, aunque quisiera, a alguien como Rose; había discutido incontables veces con ella por teléfono y en persona de ese tema y hasta se habían dejado de hablar por ese motivo, por razones que él no quería aceptar. Rosalie era sumamente insegura; era hermosa, tierna y caritativa, pero había crecido en un hogar machista, donde su madre vivió siempre bajo la sombra de un padre sobre protector y troglodita, donde para él el único lugar de la mujer era siendo la esposa de alguien, nada más.

Rosalie había sido criada bajo ese yugo. Agatha, la madre de ambos, no ayudó a mejorar su autoestima, más bien todo lo contrario; y aunque él peleó por los derechos de su hermana y madre, y eventualmente logró arrastrar a Rose con él fuera de casa, la sombra de la crianza de los Hale siempre acompañaría a su hermana, que cuando encontró a Jacob Black supo que Rose se volvería a esconder bajo aquella terrible sombra.

Pero eso no significaba que le deseara la muerte a aquel ser que detestaba o que no sintiera pena por su dependiente hermana, por lo que, yendo en contra de sus instintos de supervivencia, fue a la hacienda Los Cisnes después de todo ese tiempo, para ayudar a su única hermana y ver a la que él consideraba aún, el amor de su vida.

— ¿Jazz? —la voz llorosa y dubitativa de su hermana lo hizo girar. Ellos nunca habían compartido esos sentidos extrasensoriales que los gemelos solían o decían tener, pero al verla a los ojos rojizos y al ver su expresión tan triste y descuidada, no dudó en un segundo en que había tomado la decisión correcta, su hermana lo necesitaba, sus sentimientos escondidos por Bella no tenían cabida en ese momento.

—Rose. —Su nombre salió con la misma tonalidad que la llamaba cuando, de pequeños, jugaban a las escondidas y él la llamaba con ternura después de que la chica pasara horas buscándolo sin tener éxito.

La rubia bajó las escaleras con rapidez mientras su hermano se acercaba, se fundieron en un abrazo apretado. Rose se sintió pequeña entre los brazos de Jasper, sintió que podía volver a derrumbarse, que podía llorar su pérdida otra vez.

—Ya, mi Rose. Ya —susurró Jasper en su oído—. Estoy aquí. Shh, shh. —Acarició repetidas veces su cabellera enredada al tacto, levantó la mirada y se sintió agradecido de tener a su hermana como apoyo físico.

Jasper alzó la vista al sentir la presencia de un tercero, y se fijó que a lo alto de la escalera estaba Bella, más delgada, mayor. Adulta sería una mejor descripción. Su cabello estaba, a diferencia de cómo recordaba, en una coleta de caballo, tenía unos shorts negros y una camisa de botones de color rosa, anudada en su cintura, dejando un cinturón de piel entre ambas piezas.

No pudo ver su calzado por lo alto que ella se encontraba en la escalera, tampoco fue que le importó, con verle las piernas era suficiente tortura.

Apretó el abrazo en su hermana y cerró los ojos concentrándose tan solo en eso.

Rosalie sollozó de nuevo, había llorado con su amiga los días anteriores, había llorado en el sepelio y había llorado en el funeral, también había pasado las dos primeras noches sin poder dormir, haciendo gozar a su amiga del mismo mal. Se había negado a hablar de él, simplemente lloraba cuando lo sentía, y no dejaba de sentirse miserable al ver lo sola que se encontraba.

Pero con su hermano era más fácil sentirse miserable, con él existía aquella confianza donde la otra persona puede verte en el peor de tus momentos y simplemente no importarte su reacción porque la confianza y el amor eran incondicionales.

Bella observaba desde arriba de las escaleras, cubrió su boca con su mano haciendo eco del dolor de su amiga; sin embargo sonrió tras su mano al saber que no estaba sola, Rose siempre contaría con Bella incondicionalmente, pero la presencia de su hermano, de la sangre, era mucho mejor recibida.

—Vamos a que descanses un rato —susurró Jasper. Rose negó contra su hombro sin hablar—. Bueno, igual déjame llevarte arriba, podemos tirarnos a ver televisión o hablar un poco, vamos Sis.

La alzó en brazos sin esfuerzo aparente y subió las escaleras mientras Rose seguía con el rostro enterrado en su cuello. Bella le sonrió cuando se encontraron frente a frente y acarició un poco el brazo de su amiga, Jasper la vio a los ojos y afianzó el agarre en su melliza, se había declarado fuerte, pero fue un alivio no poder saludarla con un abrazo o un beso en ese preciso momento.

—Guía el camino —le pidió en voz baja. Bella asintió y caminó hacia el corredor en dirección de su habitación, Jasper no perdió de vista su derrier deliciosamente guardado bajo sus shorts, se fijó en ese momento que llevaba unas flats. Bella atravesó la antesala de ambas habitaciones para luego abrir la puerta de la que ahora compartía con Rose.

Jasper se abrió paso a la habitación y Bella le indicó que tomaran la cama de ella, que era suficientemente grande para albergarlos a los dos, Jasper le sonrió depositando a Rose en la cama y acostándose frente a ella mientras acariciaba algunos mechones de su cabello.

—Les traeré algo de beber, ¿quieres algo en especial, Jazz?

Ese Jazz hizo que el rubio aspirara profundo, todo el mundo lo llamaba así, pero que ella lo hiciera era realmente una delicia.

—Cualquier cosa servirá, Bells —dijo encontrando sus palabras—. El viaje fue largo, así que no soy exigente.

Bella le sonrió y después de obtener una sacudida de cabeza de Rose cuando le hizo la misma pregunta, salió de la habitación dejándolos solos.

Jasper no había dejado de sonreírle todo el camino mientras salió de la habitación, Rose parpadeó en dirección a su hermano y susurró en lo que la puerta se cerró: — ¿Sigues colgado por ella? ¿Después de tanto tiempo?

Jasper no contestó, se acostó a su lado y la vio a los ojos.

—Estoy aquí por ti, no por ella. ¿Cómo estás, princesa?

Eso fue suficiente para que Rose no continuara su cuestionario/acusación. Su quijada tembló, consecuencia de la tristeza, y con voz quebrada relató lo que fue la pérdida de su novio.

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—Así estará bien, Khloe. —El ama de llaves pensaba si era mejor colocar más galletas en la bandeja que había preparado para los amigos de la niña.

—Yo recuerdo muy bien que al joven Jasper siempre le gustaron mis galletas de canela, mejor pongo otro par por si acaso. —Tomó del gran frasco de vidrio las otras dos y las acomodó encima de la torre que había preparado con anterioridad. Bella rio entretenida y dándole un beso en la frente salió con la bandeja en mano, (luego de convencer nuevamente a Khlo de que podía hacerlo sin problemas) llevando la merienda a sus amigos.

Para cuando llegó a la antesala de los cuartos de ambas hermanas, Jasper venía saliendo de su habitación, por el modo en que silenciosamente cerró la puerta, le dio a entender que Rose se había dormido, cosa que él confirmó al colocarse un dedo contra los labios, en señal de silencio.

— ¿Se quedó dormida? —Bella no pudo ocultar su impresión. Jasper asintió caminando hacia ella y quitándole la bandeja de las manos.

—Apenas me dijo algunas palabras y empezó a bostezar, cuando le dije que durmiera un poco, no lo pensó dos veces.

Bella sacudió la cabeza incrédula, se dejó caer en el sofá de la antesala sentándose sobre una de sus piernas, pasó una mano por su cabello.

—Tiene días que no duerme bien, se queda hasta muy tarde en la noche o se despierta producto de pesadillas, es bueno que por fin esté dormida.

Jasper sonrió mientras, de cuclillas frente a la mesita del medio, sirvió un poco de jugo de naranja en dos de los vasitos de la bandeja, le extendió uno a Bella que aceptó con una sonrisa.

—Si eso es cierto —convino Jazz sentándose frente a ella extendiendo un brazo sobre el espaldar del sofá—, quiere decir que tú tampoco has tenido mucho descanso.

Bella se encogió de hombros restándole importancia. —No importa, entiendo por lo que está pasando —dijo viendo con pesar hacia la puerta cerrada de su habitación, cuando se giró hacia su amigo dibujando una sonrisa en sus labios, se fijó que Jasper tenía cara de vergüenza, parecía tener las palabras atragantadas en la garganta, él no había estado cerca en el fallecimiento de David y Bella asumió que la pena que sentía se debía a su ausencia en ese episodio tan terrible de su vida.

Su intención nunca fue hacerle pasar un momento incómodo a Jazz, así que aclaró su garganta mientras se sentaba más derecha y señaló hacia la bandeja.

—Khloe mandó galletas de canela, será mejor que las pruebes, las mandó especialmente para ti.

Eso sirvió de catalizador. Jasper, aunque aun incómodo, sonrió estirándose para tomar un par de ellas, le ofreció una a Bella que la tomó sin probarla y rio al ver la expresión en el rostro de Jazz al darle un mordisco a la suya.

— ¡Por Dios del cielo! ¡Son mejores de lo que recordaba!

Bella dio una risa ligera y dejando los temas incómodos de lado por el momento, se internaron en una conversación más tranquila.

— ¿Cómo estuvo el vuelo? —Jasper venía desde Houston, había tomado un vuelo temprano y luego de rentar un auto, había conducido todo el camino hacia Los Cisnes.

—Largo, pero ha valido la pena. Es bueno verte —aclaró su garganta de nuevo y agregó: —A Rose también, por supuesto.

Bella sonrió sin notar el nerviosismo de Jazz. —Claro que a Rose también, tontito. —Empujó un poco su hombro y Jazz sacudió la cabeza sintiéndose en verdad tonto, él se explicaba porque la había mencionado a ella primero y Bella no tenía idea del segundo sentido de sus palabras.

Quería preguntarle si estaba saliendo con alguien, pero no se atrevía, eso significaba de alguna manera sacar a David en la conversación y no estaba preparado para eso, por lo que devoró las galletas que Khloe amablemente le mandó y se dedicó a hablar de temas menos profundos con la mejor amiga de su hermana.

Bella estalló en risas cuando Jasper le contó acerca de su primer día en la universidad.

— ¡No puedo creerlo! —dijo abriendo su boca de más. Jasper asintió riendo apenado.

—Créeme, estaba en el primer año y todos me dijeron que ella era la víctima del "bautizo" de la fraternidad, así que fui hasta ella y le lancé un termo gigante encima de agua y hielo, todos rieron y yo me sentí increíble, señalando a la pobre mujer mientras me burlaba, pero terminó siendo la profesora de Cálculo.

Bella abrió sus ojos con asombro. Jasper asintió mientras terminaba de masticar la penúltima galleta. —Sip —dijo luego—. Era la Srta. Johnson —convino sacudiendo la cabeza—. Me costó horrores pasar Cálculo, de hecho tuve que presentar mi caso a la junta de la universidad y pedir que me evaluara otro profesor, hasta pensé en abandonar la carrera.

Bella sacudió la cabeza y no pudo evitar exhalar una risa incrédula. —Estás loco, Jazz. —Y ahí estaba de nuevo esa abreviatura de su nombre. Jasper sonrió intentando calmarse, aclaró su garganta de nuevo y tomó la última galleta ofreciéndosela. Bella negó sacudiendo la cabeza y él la metió en su boca.

—Creo que ya tengo suficientes de ellas por ahora.

— ¡Jazz! Te las comiste todas, yo apenas y las probé —acusó rodando los ojos. Un bostezo involuntario atravesó sus labios, su mano llegó a tiempo para taparlo. Jasper la vio con ternura.

— ¿Quieres descansar un poco? —Bella sacudió la cabeza.

—No es buena educación hacer eso, acabas de llegar. —Jasper rodó los ojos.

—No me importa si lo haces, ya buscaré que hacer mientras, debo buscar un hotel donde quedarme, no creo que Rose quiera que me quede en su casa por ahora. —Y volvió sobre la mesa el tema incómodo, ambos se dieron cuenta y Bella fue la que salió de él limpiamente.

— ¿Buscar un lugar para quedarte? —preguntó incrédula—. Estás loco. Te quedas aquí, hay montones de habitaciones libres, no puedes quedarte en un hotel por Dios.

Jasper abrió la boca para contestar, pero unos pasos aproximándose hacia ellos los hicieron girarse hacia la entrada de la antesala.

Alice venía distraída mandando un texto en su celular recién comprado en tierras asiáticas, le había traído uno a Bella de regalo, pero la había visto tan poco desde que había regresado de viaje y desde que la rubia estúpida de su mejor amiga se estaba quedando en casa, que no se lo había podido entregar.

—Bella, ya llegué, Mamá llegará en media hora, le dije que la esperaría para almorzar, ¿tú y blondie se nos unen? —No levantó la cabeza sino hasta que terminó de textear.

Al ver que su hermana no estaba sola, detuvo el flujo de palabras, pero, al darse cuenta de quien se trataba se quedó estupefacta.

Jasper por su otro lado la vio lleno de asombro, desde que se había ido de Dallas a estudiar y había optado por no ir más a Los Cisnes, habían pasado alrededor de unos cinco, casi seis años, eso quería decir que había dejado de ver a la hermanita menor de Bella de unos 14 años de edad.

Frunció el ceño gratamente asombrado. — ¿Alice? —la llamó incrédulo. Volteó a ver a Bella que le asintió en acertamiento, dio una risa divertida y por primera vez actuó sin el nerviosismo característico que lo acompañaba cuando veía o si quiera pensaba en Bella. Dio una risa y se levantó caminando hacia la chica—. ¡Dios! Como has crecido chiquilla, te veo en la calle y no te reconozco. —La tomó por los hombros teniendo sus brazos de distancia, la vio de nuevo con asombro y la estrelló contra su pecho en un abrazo fraternal y la sacudió un poco—. ¿Cómo te va, chiquilla?

Alice no atinó a contestar, tenía los brazos a sus costados cuando él la abrazó por lo que no pudo rodearlo con ellos, parpadeó varias veces intentando pedirle a su corazón que no latiese tan rápido.

—Ho…Hola —atinó a decir. Jasper la volvió a separar un poco de su pecho y la soltó.

—Soy Jasper —dijo creyendo que la chica no sabía quien era—. El hermano de Rose, me recuerdas ¿no? —Alice no podía articular palabra, pero no porque no supiera quien era, sino porque su corazón se había atragantado con latido y todo en medio de su garganta, por lo que tan solo atinó a asentir en respuesta.

—No…no sabía que…que vendrías —logró articular. Jasper le sonrió en todo su esplendor, haciendo que el corazón de la adolescente se acelerara más.

— ¿No? —dijo incrédulo, luego se encogió de hombros—. Bella me llamó para contarme lo de Rose y decidí venir. —Volvió a encogerse de hombros. Alice volteó a ver a su hermana la que repitió la misma seña de Jasper, restándole importancia al hecho de no haberle avisado.

—Bueno —dijo Jasper dando un aplauso ligero—. ¿Dijiste algo de un almuerzo, chiquilla?

Bella se colocó de pie riendo mientras caminaba en su dirección. — ¿Hablas enserio, Jazz? Te comiste cerca de quince galletas de canela tú solo, ¿crees poder manejar un almuerzo de Khloe?

Jasper subió sus cejas seguidamente. —No me perdería por nada un almuerzo de Khloe, ¿sabes si hará filet mignon? —Bella rio negando.

—No cambias ¿no?

Jasper le sonrió. — ¿Qué me dices si luego vamos a montar un poco? Así quemamos calorías y recordamos viejos tiempos.

Bella borró la sonrisa de su rostro. —No creo que eso sea una buena idea. —Jasper frunció el ceño.

Alice, desesperada por volver a formar parte de la conversación agregó: —Bella ya no monta. —Jasper la vio por un segundo y luego volteó a Bella, que negó despacio. Alice continuó rápidamente: —Pero yo puedo acompañarte, podrías montar a Goliat, el caballo de mi madre, o te presto a Juanita, seguro te encantará.

Jasper no dejaba de observar a Bella, que le devolvía una expresión apenada.

— ¿No montas? —preguntó en voz baja. Bella negó—. ¿Por qué? —No podía evitar seguir preguntando, él recordaba muy bien el amor de Bella por los animales, especialmente por los caballos, ¿cómo no iba a tolerarlos ahora?

Alice rodó los ojos con frustración por ser de nuevo evadida en la conversación. —David murió, dejó la veterinaria para no recordarlo bla, bla, bla. —Bella la observó con horror. Alice reconoció su error al dejar salir las palabras, abrió muchos sus ojos sintiéndose aterrada—. Lo siento. —Se disculpó de inmediato—. Lo lamento, Bella. No sé que me pasó, no, no… esa no era mi intención.

Bella respiró profundo.

—Si me disculpan —dijo y salió de la antesala, no podía ir a su habitación porque Rose estaba durmiendo ahí después de tanto tiempo sin poder descansar, por lo que, siendo realmente grosera con su invitado lo dejó solo y se fue escaleras abajo para intentar tranquilizarse un poco.

—Bella —llamó Jasper intentando seguirla, pero hubo ruido en la habitación, Rose se había despertado. Se disputó en cual de las dos direcciones iba y decidió ir tras su hermana, si aún seguía conociendo bien a Bella sabía que le vendría bien unos minutos a solas.

Alice aún tenía el pecho consternado, sintiéndose realmente mal.

—Jasper, yo… lo… no quise. —Pero Jasper no le prestó atención, ni siquiera para sacudirle la cabeza o pedirle que se callara, fue hasta la habitación abriéndola con cuidado, llamando a su hermana. Para cuando Alice intentó hablar de nuevo, Jasper entró en el cuarto cerrando la puerta tras él.

Se dejó caer con frustración en el sofá, últimamente nadie le prestaba atención en su casa y eso la hacía sentirse realmente mal y comportarse como una perra.

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Bella bajó las escaleras para encontrarse de frente con Seth, el chico se puso de pie inmediatamente la vio bajar.

— ¿Necesita que la lleve a algún lugar, señorita? —Él era su nuevo escolta. Charlie había accedido a su petición de quitarle a Cullen de escolta principal, pero no quiso que ella se quedara sin seguridad y como el chico merecía una oportunidad lo trasladó hacia su hija y por ahora a su mejor amiga también.

Bella negó con la cabeza y respiró profundo para poder hablar.

—No Seth, no voy a salir, solo iré a los jardines a tomar aire.

Se encaminó hacia la puerta principal para no tener que pasar a la cocina y tener que explicarle a Khlo a donde iba, era mejor rodear la casa.

Seth la siguió manteniendo la puerta abierta para que ella pasara, Bella bajó las escalerillas de la entrada y empezó a rodear la casa teniendo bien claro hacia donde se dirigía. Seth continuó siguiéndola.

—Seth —dijo deteniéndose sin girarse—, no tienes porqué seguirme, ve a casa.

El chico intentó refutar, Bella se dio la vuelta y alzó una de sus manos deteniéndolo. —Estoy en casa, no tienes que seguirme. Además, necesito estar sola, por favor. —Señaló la casa tras él. El chico frunció los labios dudando, Bella resopló y continuó: —Voy a continuar mi camino, cuando me vuelva a girar no quiero verte tras de mí.

—Señorita, por favor. Es mi trabajo. —Bella respiró profundo.

— ¡No me sigas! —El chico dio un pequeño salto y la observó marcharse. Resopló obstinado y sacudió sus manos.

—Que se joda —dijo entre dientes.

Bella empezó a rodear la casa y se fijó tras ella dispuesta hasta a despedir al chico si se atrevía a seguirla. Suspiró aliviada al ver que finalmente estaba sola.

Llevaba apenas unos días con Seth como escolta y había resultado ser un grano en el trasero, el chico era increíblemente insoportable, no la dejaba ni a sol ni a sombra y a veces debía darle más explicaciones que a su padre.

Por un momento pensó en Cullen y sintió algo de nostalgia. Edward la obedecía, no preguntaba sus porqués.

Gruñó furiosa al recordar lo estúpida que había sido al contarle su más escondido secreto. Nunca debió hacerlo, ella lo mantenía en lo más profundo, con nadie, absolutamente nadie lo había compartido y había tenido razón en hacerlo.

Se había prometido a sí misma que nunca más lo compartiría, que no volvería a confiar en nadie.

Finalmente llegó a su destino. Ian, el veterinario de Los Cisnes, estaba presente.

—Señorita Swan —dijo asombrado al verla. Bella asintió en respuesta. Ian no le llevaba muchos años, quizás unos cinco, era joven, pero bastante bueno en su profesión, mientras Bella estuvo convaleciente y en recuperación, Charlie lo contrató para que se hiciera cargo de la salud de los animales de la hacienda mientras ella volvía sobre sus pies. Bella pospuso su regreso una y otra vez y Charlie no la presionó en retomar su trabajo, por lo que Ian se quedó como el veterinario oficial de la hacienda.

— ¿Cómo te va, Ian? —preguntó con educación, sonriéndole a Neo que corrió hacia ella al verla entrar. El hombre asintió colgando su estetoscopio en su cuello, era bajo, de cabello negro, sus raíces seguramente eran árabes ya que lo poblado de sus cejas y el color de su piel era definitivamente árabe, aunque no tenía ningún acento que lo acusara de ser otra cosa que sureño.

—Todo muy bien, señorita —contestó mientras ella, de cuclillas, rascaba las orejas de Neo.

— ¿Trini? —preguntó por la labradora. Ian sonrió.

—Bien, aún le quedan una semana de gestación, según el ultrasonido tendrá catorce cachorros. —Bella alzó sus cejas impresionada.

— ¡Bien hecho chico! —elogió a Neo tomándolo del pelaje de debajo de las orejas mientras lo sacudía un poco, el perro le devolvió una sonrisa perruna como si supiera de qué lo felicitaban.

—Voy a ver a los caballos —informó Ian.

Bella asintió agregando: —Dile por favor a John que prepare el balneario, quiero encargarme de la limpieza de Luke.

El chico asintió sin discutir, ellos intentaban todos los días sacar a Luke de su guarida sin tener éxito, estaba seguro de que la chica no tendría éxito, pero no iba a discutir con la dueña de la casa.

Bella se quedó sola y fue hasta la cama de Trinity, la enorme perra la observó y meneando su cola con alegría intentó levantarse. Bella no la dejó, manteniéndola acostadita.

—Shh, cariño —le dijo acariciándole el rostro—. Estás pesada, no te esfuerces de más. —Trini pareció entender y volvió a acostarse, apoyando su cabeza en la pierna desnuda de su dueña.

El estar con los perros la tranquilizaba mucho, Neo se sentía solo y juguetón porque Trini no podía acompañarlo a jugar, así que aprovechando la presencia de su dueña no dejó de llevarle una y otra vez una pequeña pelota de goma para que Bella se la lanzara.

Bella conversó un poco más con Trini acerca de sus catorce cachorros, preocupándose momentáneamente por qué harían con todos ellos.

Neo profirió un sonido agudo y se sentó sobre sus patas traseras. Bella lo vio con el ceño fruncido, iba a formular una pregunta en voz alta cuando una brisa familiar y fría le pegó en la nuca descubierta.

—Hola Jake —dijo al levantar la vista. Su amigo seguía vistiendo la misma ropa de la última vez, sin embargo se veía bastante mejor.

¿Cómo estás, Bella?

Ella se encogió de hombros al recordar las palabras de su hermana, no podía llegar a entenderlas, le parecieron simplemente crueles y sin sentido. Alice no era así con ella, su hermana siempre era dulce. Jake se sentó a su lado. Neo gruñó por lo bajo y Trini cuadró sus orejas en alerta pero sin levantarse, Bella palmeó su inflada barriga y le murmuró una advertencia a Neo para que se tranquilizara.

Jacob vio asombrado como los animales podían sentir su presencia, Bella tomó de nuevo la pelota de goma lanzándosela a Neo que no dudó en ir a buscarla.

—Jasper está aquí —convino Bella sin mover la mirada del trasero de Neo.

Jacob alzó sus cejas. —Él me odiaba.

Bella rodó los ojos. —Eso no es cierto, Jake. —El silencio se hizo presente, haciendo que Bella levantara la cabeza para solo encontrarse con las cejas levantadas de Jacob y una expresión de incredulidad—. Ok, no eras santo de su devoción, pero no te odiaba.

Jacob se encogió de hombros, la verdad ahora no importaba si su cuñado lo odiaba o no.

¿Cómo está Rose? —preguntó con ternura y pena. Bella lanzó un suspiro.

—Está tratando —dijo—. No ha sido fácil —terminó por convenir—. No la he podido sacar de la casa para que vaya a las caballerizas o venga aquí, lo único que hace es comprar por televisión.

Jacob no pudo ocultar una risotada, la rubia siempre había sido adicta a las compras engañosas de televisión, de hecho habían discutido más de una vez por ese motivo, pero ahora simplemente le daba gracias a esa extraña adicción por distraerla.

—Pero tarde o temprano la traeré, así podremos ayudarte. —Jacob dejó de lado el recuerdo de Rose y resopló a la teoría que su amiga le había expuesto cuando se encontraron por primera vez en las caballerizas.

Estás demasiado segura de que funcionará. —Bella apretó los dientes.

—Va. A funcionar Jake —dijo tratando se sonar segura de sí misma, pero fallando estrepitosamente—. Sé que no soy una experta, ¿ok? —agregó rápidamente—, pero tampoco eres el primero que ayudo del más allá. Sé que va a funcionar.

Jake asintió levantando sus traslúcidas palmas al aire. —No pongo en duda tus intenciones ni tus acciones Bells, sólo que no creo que vaya a ayudar a Rose, o que Rose pueda ayudarme a mí.

Bella lo vio sin poder creer lo que escuchaba. —Eras su novio —dijo en voz baja. Jacob asintió.

Lo sé y también sé que ha llorado mucho mi pérdida, pero eso no significa que esté llorando por mí. —La mirada estupefacta de Bella lo instó a seguir explicándose—. Seamos claros ¿ok? —dijo angustiado—. Rose y yo no nos amábamos. —Bella abrió la boca, Jacob levantó su dedo pidiéndole silencio—. Ella, tú y yo lo sabemos.

Bella negó rotundamente. —No puedes asegurar eso, no…no puedes —agregó tartamudeando—. Ustedes dos tenían años de relación, se conocían, se querían, ¡por Dios! Tenían más tiempo juntos que Dave y yo —Bella empezaba a sonar desesperada.

Jacob suspiró. —Nunca nuestra relación se parecerá siquiera una pizca a la que tú y Dave tuvieron. —El labio de Bella tembló—. Nunca amé a una mujer como Dave te amó a ti y Rose nunca me amó como tú a Dave.

Bella sintió sus ojos llenarse, dándose cuenta de cuánto extrañaba a David, sobre todo esos días que llevaba ausente, sin embargo se concentró en no llorar, estaba tratando de ayudar a su amigo. —Pero aún estás aquí —dijo aclarando su garganta—. Eso solo quiere decir que tienes algún asunto pendiente, y si tengo razón ¿con quién más vas a tenerlo que con Rose? —Jacob respiró profundo, esa teoría ya se la había explicado su amiga. Bella le había dicho que a los pocos espíritus que había podido ayudar, se había dado cuenta que necesitaban cerrar algún capítulo de su vida, aclarar un mal entendido, pedir perdón o, como en el caso de Thomas, el primer hombre que ayudó, el de la farmacia, indicarle a su esposa que poseía una póliza de vida que la ayudaría a mantener a sus hijos hasta que crecieran.

Eso había hecho pensar mucho a Jacob, aunque cuando Bella le contó su teoría de tener un asunto pendiente con Rose, no le terminaba de cuadrar esa teoría con los relatos anteriores de Bella.

Algo le decía que ese no era su asunto pendiente.

Volteó de nuevo a ver a su amiga que volvía a lanzarle la pelota a Neo y supo que era ese algo. Esa verdadera razón del retrazo de su partida de ese mundo.

Respiró profundo y dijo en voz más alta de lo que pensaba: —Contigo. —Bella lo vio con ojos desorbitados, perdiendo la puntería en la pelota de Neo, haciéndola pegar con un árbol cercano. Bella ignoró las protestas del perro y Jacob le aclaró a la cara asombrada de su amiga—. Estuve pensando en tus teorías para salvar a los fantasmas que vagan por el mundo. —Bella entrecerró los ojos acusatoriamente. Jacob la ignoró—. Y llegué a la conclusión de que mi asunto pendiente, es contigo.

Bella exhaló una risa incrédula. — ¿Qué asunto puedes tener pendiente conmigo?

Jacob respiró profundo, aun muerto se sentía inmensamente avergonzado de verla a la cara. —Fue mi culpa —dijo en voz baja.

— ¿Ah? —Bella sonaba incrédula, no entendía a qué se refería su amigo. Jacob respiró profundo queriendo tomarla de las manos, desistió cuando vio que tan solo se deslizaban entre las de ella. A Bella sus brazos se le erizaron pero no dijo nada, estaba bastante acostumbrada—. Jake —apremió cuando él no contestó. Jacob fijó la vista en el suelo.

Tu accidente con David… fue mi culpa.

— ¿Bella? —Jasper apareció en la puerta del lugar de los perros, Neo bajó sus orejas en defensa, Trinity tan solo alzó su cabeza. Jasper entró sonriéndole al animal que se colocó sentado frente a su dueña con mirada desconfiada—. Me dijeron en la casa que saliste, vine a buscarte y el veterinario me dijo que estabas aquí. —Jasper se quedó en silencio al verle la expresión—. ¿Estás bien? —Bella observaba a su costado, no al frente, donde él se encontraba.

— ¿Bella?

Jacob, señaló hacia la entrada con un dedo, Bella parpadeó confundida y giró despacio hasta Jasper.

El rubio le dedicó una sonrisa. — ¿Estás bien? —Bella aclaró su garganta intentando serenarse, asintió aun aturdida.

Jasper dio un paso en su dirección y Neo gruñó haciéndolo detener Bella palmeó su lomo, murmurándole. —Shh, shh. Tranquilo Neo. —El perro a regañadientes bajó la cabeza, pero no dejaba de observar al nuevo visitante.

— ¿Te molesta si te acompaño? —Bella había volteado de nuevo hacia Jacob, no podía simplemente ignorar lo que le acababa de decir.

Mira al frente Bella, Jasper te está hablando.

Bella parpadeó de nuevo confundida. —No puedes pedirme eso después de lo que me dijiste. —Ambos, Jacob y Jasper levantaron sus cejas asombrados pero por motivos diferentes.

— ¿De qué hablas Bella? —preguntó Jasper con una sonrisa divertida.

Jacob se colocó un dedo contra los labios. —Te lo contaré todo, pero cuando estemos solos, habla con Jasper, ayuda a Rose como lo has estado haciendo. Esta noche hablamos, no me iré a ningún lado y lo sabes.

Bella cerró sus ojos con derrota, cuando volvió a abrirlos Jacob ya no estaba sentado a su lado.

— ¡Diablos! —dijo alterando a Trinity que se había dormido, la labradora se removió y acomodó su postura, alejándose de la pierna de su dueña, Jasper alzó más las cejas.

— ¿Qué pasa?

Bella tronó sus dedos con decepción, a ella le encantaba Jasper, pero en eso momento quería saber a qué se refería Jacob, no a hablar con el hermano de su mejor amiga.

—Nada —dijo terminando con sus dedos—. Nada… —repitió sacudiendo la cabeza.

Jasper se sintió entonces realmente fuera de lugar y no deseado, pasando su mano por su cabellera ahora corta dijo incómodo: —Lo lamento, no pensaba en molestarte.

Bella sintió su pena en la voz y colocándose de pie fue hasta él. —Hey —dijo tomándolo por la muñeca—. De verdad no lo lamentes, no me molestas, ¿cómo puedes creerlo? Solo estaba… distraída. —Pensó un segundo tratando de aceptar con una excusa decente, un bombillo se prendió en su cabeza—. Aún estoy un poco alterada por las palabras de Alice y creo que las pagué contigo, discúlpame.

Jasper le sonrió genuinamente. —No hay nada que disculpar, ven aquí. —La atrajo en un abrazo. Bella sonrió aliviada de que aceptara su disculpa, Jasper respiró disimuladamente el olor de su cabello, olía a sol y a cítricos, cerró sus ojos mientras aspiraba y se concentraba en que ella no lo notara.

Bella pensaba cómo hacer para reivindicarse con Jasper, había sido sumamente grosera y Charlie le había enseñado otros valores.

—Oye —dijo intentando separarse. Jasper la mantenía tan sujeta que no pudo soltarse al primer intento, frunció el ceño extrañada—. Jazz —susurró—. ¿Me sueltas? —su voz era un tanto aguda, Jasper inmediatamente aflojó sus manos sintiendo que el bello de la nuca se le erizaba de pura vergüenza.

—Ehhh… —se quedó sin habla de repente. Bella entonces recordó las palabras que le había dicho a Ian.

—Quería bañar a Luke, mi caballo, ¿quieres acompañarme?

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En las caballerizas Bella reía mientras Jasper se arremangaba sus pantalones para no mojarse.

—Puedes quedarte afuera, lo sabes ¿no? —El atuendo de Bella era mucho más fácil de manejar en el ambiente húmedo que se avecinaba.

— ¿Qué clase de compañía sería si me quedara por fuera? —Agregó recogiendo ahora la pierna derecha de su pantalón—. Además, ya que accedí a quedarme en Los Cisnes no importa que me moje la ropa.

Bella sacudió la cabeza riendo. —Voy por Luke, la manguera está allí. —Señaló tras él. Jasper asintió y corrió a paso ligero hasta el lugar señalado.

Bella entró a las caballerizas y su sonrisa se borró, había hecho bastantes avances con Luke y pensaba que no iba a haber problema con darle un baño, esperaba con ansias no estar equivocada.

Abrió la verja y lo llamó dando besitos al aire. —Luke, bebé. Soy yo, chico. —Esperó paciente y finalmente el resoplido característico de Luke se hizo presente. La sonrisa de Bella llegó a niveles insospechados, tanto así que hasta olvidó el asunto pendiente con Jake.

Acarició con cariño el hocico del caballo para luego tomar una rienda que guindaba muy cerca de la puerta.

Con susurros por lo bajo y canturreándole al oído, Bella desplazó con delicadeza las riendas por el rostro del animal, asegurándolas primeramente en la boca del mismo, cuando las hubo amarrado con éxito, haló con cuidado la correa y chasqueando un poco los dientes, lo instó a moverse.

—Vamos a darte un baño, guapo.

Jasper estaba desacostumbrado del la vida en la hacienda, en su niñez y adolescencia había disfrutado de ella, bien en la hacienda de sus abuelos o en la misma Los Cisnes, donde a veces pasaba los días con su hermana y su mejor amiga, sabía cómo montar a caballo y estaba acostumbrado a tener cuadrúpedos cerca. Cuando se fue a estudiar a Michigan perdió el contacto diario que tenía con el calor y la naturaleza, aunque aún guardaba buenos recuerdos de ellos, luego se instaló en Houston, un clima mas cálido, pero nunca fue igual que en su niñez y juventud.

Sin embargo al ver al ejemplar que Bella llevaba de las riendas lo hizo paralizarse, el animal medía cerca del metro ochenta, pasaba por mucho la estatura de Bella, el pelaje era opaco pero increíblemente negro, el crin era largo; Bella lo llevaba llena de orgullo hacia al frente, el animal dio algunas pisadas incómodas cuando entró en contacto con el sol, pero continuó el camino que le indicaba su dueña.

—Tienes a un hermoso ejemplar ahí, Bells. —Bella sonrió con más orgullo.

—Lo tengo, Jazz. Lo tengo. —Jasper le sonrió sintiéndose cada vez más acostumbrado a la sensación que le producía ese diminutivo en voz de ella—. Sin embargo este guapo ejemplar está acostumbrándose al trato humano nuevamente, así que no nos acerquemos mucho ni lo presionemos de más ¿ok?

Jasper asintió.

—Pásame la manguera, ¿quieres?

Jasper tomó el plástico verde y lo acercó mientras Bella amarraba las riendas de Luke en el soporte especial que se encontraba fuera de las caballerizas.

—Tenemos delantales de cuero y botas para no mojarnos tanto, las traeré. —Bella se perdió un segundo mientras Jasper abría el agua y preparaba el agua jabonosa.

Finalmente con el atuendo apropiado, Bella se aproximó a Luke y cursó el chorro gentil de agua en su dirección, el animal hizo el intento de encabritarse, Bella murmuró algunos "so, so" calmándolo de nuevo. Aunque fuera repentino el cambio de temperatura, Luke agradecía el cariño demostrado.

—Ya verás como quedarás, guapo. —Bella se dedicó a mojarle bien todo el pelaje, cuando empezó a enjabonarlo con la enorme esponja rebosante, Jasper tomó la manguera, mojando desde una distancia segura los lugares que Bella le indicaba—. Aún no está muy acostumbrado a la presencia cercana, mantente a una distancia prudencial para no asustarlo.

—Entendido —respondió el rubio dando un paso atrás. Bella sonrió y continuó su tarea, para luego subirse a un banquillo para poder alcanzar bien el lomo de Luke. Jasper se ofreció a hacerlo pero Bella le indicó que sería mejor idea que lo hiciera ella.

John había estado cumpliendo su trabajo, estaba patrullando a los trabajadores y haciendo los recorridos pertinentes, el entrenador de caballos estaba con un nuevo y particularmente salvaje ejemplar y se había quedado colina abajo observando al chico hacer su trabajo.

Su patrón le había indicado que hoy regresaba temprano a casa y quería reunirse con él para saber de la situación de la hacienda, por supuesto, la parte que manejaba el capataz, la de los animales. Charlie necesitaba conectarse de nuevo con ellos, ya que el petróleo lo estaba ocupando mucho.

Por eso al ver su reloj y darse cuenta que ya era tarde, dejó al entrenador solo y subió montado en su propio caballo hacia las caballerizas, allí tomaría el jeep y marcharía derechito a la casa principal de la hacienda, estaba pensando en pedirle a Khloe que le diera algo sabroso para comer.

Habían dos caballerizas, una de ellas era para los caballos de la familia, él en particular guardaba su caballo en la otra, observó que había movimiento en la de los patrones y se bajó del caballo, un chico llamado Adam, corrió a quitarle de las riendas.

— ¿Hay movimiento donde los patrones? —El chico de unos trece años, hijo de algún otro trabajador asintió.

—La señorita de la casa está ahí, un hombre la acompaña. —John despachó al chico con una sacudida de mano y se acercó despacio hasta las otras caballerizas.

Cuando vio lo que vio salió corriendo, su patrón tenía que saber eso.

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Edward entró a la cocina haciendo que Khloe sonriera.

—Dichosos los ojos que te ven, jovencito. —Edward no pudo evitar sonreír con afecto, Khloe se había convertido en poco tiempo en una amiga muy dulce.

—Hola Khlo —dijo dulcemente—. He estado bastante ocupado, casi no he pisado la hacienda. —El ama de llaves asintió.

—Lo sé, lo sé. ¿Cuándo vuelves a casa? —Edward frunció el ceño sin entender muy bien a qué se refería.

— ¿A casa?

—Sí, aquí a la hacienda, a casa, a cuidar a la niña. —Edward alzó sus cejas—. Sam ya regresó y Emmett lo hará el lunes, eso te llevará de nuevo con la niña, ¿cierto?

—Ehhh —comenzó el escolta—, no creo que sea tan sencillo. Sam ya está con la señora y la joven Alice, Emmett regresará el lunes, pero, no sé si me quedaré trabajando para la familia.

— ¿Cómo que no sabes si te quedarás trabajando o no? Eras el escolta de mi niña, cuando regrese Emmett volverás a hacerlo, simple.

Edward sonrió de nuevo, Emmett y Sam habían sido enviados a sus respectivas vidas personales por unos días, como lo había sospechado, Charlie lo dejó encargado de la seguridad de la familia mientras ambos regresaban. Seth, que era chofer pero aprendiz de escolta, se quedaría cuidando a la Srta. Swan y a su amiga que se estaba quedando en casa.

Y Edward se encargaría del resto de la familia mientras tanto.

Eso lo tenía realmente agotado y algo obstinado, cuidar a Charles Swan no era complicado, era llevarlo a su oficina y aguardar afuera hasta que fuera hora de regresar a casa, llevarlo a diferentes reuniones o a visitar algunos banqueros, pero nada fuera de lo normal.

El problema o la parte terrible de su profesión era cuidar a la señora de la casa.

Hubo algunos días en los que, después de dejar al Sr. Swan en la compañía, debía acompañar a Charlotte por la ciudad.

Como suponía, la señora Swan no trabajaba, su hija menor tampoco, el único en hacer algo por contribuir económicamente en la familia era Charles. Eso estaría bien siempre y cuando él no se viera arrastrado a días de Spa, compras y visitas atorrantes con amigas del club.

Había estado a punto de reportarse enfermo ese día, cuando Charlie le comentó que Sam había retornado ya para encargarse de la seguridad de Charlotte y Alice y que mientras Emmett hiciera lo mismo estaría con él.

Gracias a esos trajines no había parado en casa, por lo que no había visto o sabido nada de la niña, por las noches se iba directo a la casa de seguridad o a su casa propia, por lo que tampoco veía mucho a Khloe.

—Ya veremos que sucede cuando Emmett regrese, Khloe —concluyó Edward, algo le decía que ya no trabajaría para la familia Swan y sus instintos siempre eran bastante buenos. Se quitó su chaqueta y se sentó en uno de los bancos altos—. ¿Tienes algo de comer Khlo?

El ama de llaves sonrió enormemente. —Por supuesto, chico.

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— ¿Dónde está John, Khloe? —Charlie entró a la cocina más o menos una hora después, ambos dieron un pequeño respingo al oírlo.

—No sé, Charlie —contestó de inmediato el ama de llaves—. Por la casa no ha pasado, debería estar en los campos.

—Quedó en venir a la casa, tengo que hablar con él, me molesta esperar. —Charlie sacudió la cabeza dirigiéndose a la nevera.

— ¿Quiere que vaya por él, señor?

Charlie asintió a su escolta y cuando Edward se colocó de pie, la puerta se abrió de golpe.

— ¡Demonios John! Sabes que odio esperar.

El hombre respiraba acelerado, Charlie y los demás ocupantes de la cocina lo vieron impresionados de su falta de respiración. Khloe iba a hacer un comentario acerca de la cantidad de cigarrillos que el capataz fumaba a diario, pero el hombre habló primero: —Señor, tiene que ver esto. —Charlie frunció el ceño—. La niña, Luke, tiene que venir.

En tropel y sin pedir más explicaciones tres pares de pies corrieron tras los de John.

Edward se quedó un poco rezagado cuando se fijó que Khloe no podía ir tan rápido como el resto, caminó hasta ella y la tomó del brazo para servirle de apoyo en el irregular camino y luego para subirla al jeep de guardia.

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—Quedó impecable —la elogió Jasper, Bella dio una risa por lo alto.

—No es un mueble, Jazz. —Él sonrió con ternura, pero sobre todo por su sobrenombre.

—Aún está húmedo —dijo Bella acercándose al rostro del caballo, tocándolo gentilmente. Luke estaba demasiado tranquilo, tanto que nadie se daría cuenta de que siquiera estuvo algún tiempo aislado. Bella besó su pelaje murmurándole melodías.

—Ojalá me dejaras montarte —le dijo Bella.

— ¿Por qué no lo paseas en vez? —ofreció Jasper.

—Vamos, chico —dijo halándolo un poco, chasqueó sus dientes un poco haciendo un sonido seco para instarlo a moverse. Luke hizo movimientos típicos con su cabeza, Bella desamarró sus amarras y lo llevó más lejos de las caballerizas, los demás caballos relincharon desde sus lugares haciéndolo sentir incómodo. Bella volvió a susurrarle palabras de calma mientras lo caminaba ahora un poco más lejos.

Jasper cerró el flujo de agua y tiró al desagüe el agua sucia y jabonosa, Luke se había llevado dos baños completos.

Escuchó los frenos de un auto contra el suelo de tierra, y subió el rostro solo para ver acercarse a dos hombres corriendo en su dirección.

— ¿Charlie? —preguntó el chico incrédulo. El hacendado se detuvo.

—Por Dios, ¿Jasper? —preguntó y fue a abrazarlo de inmediato—. Bella me dijo que llegarías hoy muchacho, pero lo había olvidado, que cambiado estás.

El rubio devolvió el abrazo riendo. —Han pasado algunos años ya.

—Ni que lo digas, ni que lo digas. Pero ya tendremos tiempo para dedicarnos a conversar, ¿mi hija? ¿Bella? Me dijeron que estaba aquí.

Jasper señaló al frente. —Fue a pasear a Luke, debe estar por regresar.

Charlie volteó a ver a John que asentía despacio, Charlie no pudo evitar la enorme sonrisa que se dibujó en su rostro.

Justo en ese momento un ruido llamó su atención. Charlie levantó la mirada y observó a su pequeña caminando hacia ellos, venía riendo, fresca y ligera, mientras caminaba de regreso hacia las caballerizas. Charlie se adelantó rápidamente hacia ella.

— ¡Bella! —gritó emocionado.

Pero Luke aún estaba en adaptación, por algo Bella le había pedido a Jazz que se mantuviera alejado y tan solo ella le hablaba y tocaba al caballo.

Evidentemente Luke se puso nervioso, relinchó protestando y retrocedió halando las riendas que Bella llevaba en su mano.

— ¡Papá! —llamó Bella—. No te acerques —dijo colocándose de espaldas al caballo y de frente a su padre.

Pero Charlie solo vio que su chiquilla estaba en peligro, siempre se había reprochado que no estuvo para cuidarla cuando sufrió el accidente, así que no se alejó.

—Bella, suelta a Luke, ven conmigo. —El caballo estaba aun más inquieto.

—No papá, él solo no quiere compañía, puedo manejarlo, solo aléjate.

— ¡Bella! —Charlie llamó asustado y corrió hasta ella, entonces Luke se subió en sus patas traseras relinchando y pateando en el proceso a Bella que fue impulsada al suelo. Ella cayó al suelo apoyándose en sus manos, sintiendo las piedritas y la tierra rasguñarle la piel, se giró rápidamente sobre su trasero. Escuchó gritos detrás de ella, pero no se encontraba asustada, solo tenía que salir del trayecto de las patas de Luke, el pobre solo estaba asustado.

Cuando intentó arrastrarse un poco hacia atrás, un cuerpo masculino y vestido de negro se interpuso entre ella y el caballo.

—So, Luke, so —la voz del escolta no era fuerte, pero tampoco débil, el animal cayó sobre sus cuatro patas al suelo y con una de ellas raspó un poco la superficie de tierra—. Ya amigo, calma.

Bella se sintió arrastrada por sus brazos, luego estaba apretada en los brazos de Charlie, se separó de él caminando hacia Luke. — ¡Bella aléjate de él!

— ¡No! —respondió tan solo volteándose un poco—. Está asustado, no hagas un drama de esto.

Charlie se quedó estático frente a su hija. Bella caminó hasta el caballo y este volvió a relinchar un poco, Edward tomó sus riendas bajándole un poco el rostro.

—Vamos amigo, calma.

Bella le colocó una mano encima del brazo del escolta. —Gracias Edward —dijo en voz baja. El hombre asintió.

—Dámelo yo me encargo. —Edward acarició el espacio entre los ojos de Luke y extendió las riendas hasta las manos extendidas de Bella.

Cuando ambos se giraron había un arcoíris de sensaciones frente a ellos, Khloe cubría su boca con ambas manos y se podían observar sus ojos llenos de pura emoción, John tenía una expresión parecida pero menos emotiva, Charlie estaba entre ansioso y asustado de la proximidad de su hija al peligro y Jasper veía todo aquello sin entender una sola cosa.

Edward, ignorando a todos, acompañó a la chica hasta las caballerizas. Entre los dos pudieron manejar a Luke sin que se volviera a alterar.

—No quiero este caballo aquí, Bella —dijo Charlie entrando a las caballerizas. Bella no contestó mientras quitaba las riendas, le dio un beso en el pelaje y cerró la verja de madera. Edward se mantuvo tras ella como el escolta que era.

Bella levantó la mirada y lo observó a los ojos. —No —fue su único comentario y salió de nuevo. Edward aún siguiéndola.

Bella empezó a recoger los implementos que había usado, Jasper ya había hecho gran parte, sin embargo el rubio la ayudó manteniendo la boca cerrada.

—Aún mantengo ese caballo aquí por consideración contigo, pero si no puede ser controlado debe marcharse, no te quiero cerca de él.

—Es mi caballo, Charlie. Esa decisión no te corresponde a ti.

— ¡Con un demonio que sí!

Khloe ahogó un gritito, John la tomó de los hombros y la alejó de allí. Jasper intentó ver a Bella para tratar de calmarla, pero la chica prestaba atención a sus actividades, sin inmutarse de Charlie.

—Mírame cuando te estoy hablando jovencita. —Charlie odiaba cuando lo llamaba por su nombre.

—Te veré cuando se te quite esa ridícula idea de la cabeza.

— ¿Ridícula? —dijo indignado—. ¡Preocuparme por tu seguridad no es ridículo! —Charlie estaba indignado, cada vez su voz sonaba más fuerte. Bella por el contrario mantenía el mismo tono.

—Puedo cuidarme sola, Charlie —dijo en voz calma. Él intentó refutar pero Bella continuó—. Ya no tienes que hacerlo, no busques reivindicarte, no es necesario.

Charlie se quedó de piedra. Bella se quitó el delantal de plástico dejándolo en la entrada de las caballerizas y se giró hasta Jasper.

—Me voy a casa, ¿vienes? —Jasper asintió de inmediato despojándose igualmente de su delantal. Bella pasó por al lado de su padre, tomó tímidamente su brazo con ambas manos y besó su piel—. Te quiero, papá —dijo en voz baja, Charlie cerró sus ojos un segundo—. Por favor no te metas con Luke.

Charlie abrió de nuevo los ojos respirando profundo. Edward se encontraba aún en la puerta de las caballerizas, necesitaba estar solo unos segundos. —Cullen —llamó aclarando su garganta—. Llévalos a casa, usa el jeep, yo regresaré caminando. —Edward asintió de inmediato y emprendió su camino, sorprendiéndose cuando se subió al jeep y Bella le presentó a su amigo Jasper como si nada de lo sucedido minutos atrás hubiera pasado, peor aún, como si la última semana le hubiera hablado y no ignorarlo como lo había hecho.

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Charlie se quedó solo en las caballerizas, entró en ellas teniendo cuidado de no pasar donde estaba Luke, no quería alterar más al animal. El caballo se lo había regalado Renée cuando la chica cumplió los 4 años, apenas unos meses antes de que se divorciaran, era apenas un potrillo y Bella no podía montarlo, pero había sido una de los arranques impulsivos de Renée. Recordó la enorme discusión que habían tenido al él decirle que era una locura regalarle un caballo a apenas una niña. Quiso devolverlo, pero Renée armó un escándalo e hizo que la chiquilla lo viera, como era de esperarse Bella no se quería separar de él.

Apenas meses después la mayor crisis en su vida tuvo lugar, el divorcio y posterior desaparición de Renée devastó tanto a su pequeña hija como a él mismo.

Cuando Bella entendió que no vería más a su mamá y cuando se vio obligada a aceptar a una madrastra y una hermana nueva, después no tuvo valor de quitarle el caballo, la única conexión que tenía Bella con su madre, era Luke, no podía simplemente quitárselo.

El caballo había sido una enorme compañía para la chica mientras creció, gracias a él Bella había estudiado veterinaria, eran como dos almas gemelas. Hasta cuando se había enamorado de David, ambos cuidaban del pura sangre con devoción.

Tal era la compenetración de ellos, que cuando Bella dejó de ir a verlo mientras se encontraba en coma luego del accidente, el caballo sufrió la misma depresión. Él se había olvidado por completo de Luke, dedicándose únicamente a su hija. Cuando supo de sus empleados noticias del animal, intentó hacer algo por él, pero había sido demasiado tarde, Luke no toleraba el acercamiento de nadie y Bella luego de su recuperación física había perdido contacto con su profesión porque le recordaba demasiado a David.

Pero Charlie no podía tolerar ver a su chica en peligro, no de nuevo, no después de soportar verla acostada e inconsciente en una cama de hospital, se juró a sí mismo que no permitiría que nada la dañara, fuera quien fuera.

Observó a las caballerizas de nuevo, viendo la verja donde Luke estaba guardado.

El caballo tenía que irse, quisiera Bella o no.