Try again

Disclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, todos sus personajes le corresponden a Clamp, yo sólo los uno a mis locas ideas.

Summary: Sakura tiene 21 años, una familia terrorífica, una mejor amiga que se va a casar, una carrera de periodismo que absorbe su vida y un nefasto historial en cuanto a hombres, ah… y algo así como un amigo que no pierde la oportunidad de burlarse de su desastrosa vida pero también de echarle una mano cuando la necesita. UA.

9.-

Acababa de echarme en la cama a mirar algo de televisión cuando unos golpes en la puerta me pusieron en estado de alerta inmediata, conocía esos tres golpes rítmicos, secos y duros, sabía perfectamente de quién provenían. Miré la hora, casi las siete de la tarde, gemí. Me miré al espejo y arreglé un poco mi cabello, estaba medianamente presentable para una visita de la suprema inquisición. Los tres golpes volvieron a sonar y apuré el paso hacia la puerta de entrada. Miré el apartamento, por suerte se encontraba bastante ordenado.

Abrí la puerta y traté de articular mi mejor sonrisa.

- Hola, mamá.

La recién llegada no pronunció palabra y se adelantó hacia el living mirando todo a su alrededor, rodé los ojos, sabía exactamente por qué mi mamá había decidido hacerme una visita, estaba claro que su curiosidad había podido más, curiosidad que tenía nombre y apellido: Syaoran Li.

- Está bastante más ordenado que la última vez, Sakura…- comentó sentándose en el sillón y mirándome con una sonrisa.

Ni un "Hola ¿Qué tal? ¿Te has alimentado bien? ¿Necesitas algo?". No. Mi madre no era del tipo, jamás lo había sido y no iba a cambiar, así que lo tenía asumido, no era algo que me amargase demasiado, ya no. La miré y sonreí de vuelta, lucía como siempre espectacular, podías oler el Chanel y visualizar los aros de perlas, su cabello ondulado, oscuro y largo, su rostro que a pesar de la edad seguía luciendo mucho mejor que muchas de mis compañeras de universidad. Varias veces me pillé preguntándome si quizás yo había sido adoptada, porque estaba claro que de la elegancia y prestancia de mi madre yo no había sacado ni un poco. Nada. Cero. Lo gracioso es que Tomoyo parecía más hija de ella que yo, lo cual hacía entender de manera mucho más fácil por qué mi madre siempre había preferido a su sobrina por sobre su propia hija, cosa bastante cruel pero ya fuera de discusión en ese minuto de mi vida.

Di unos pasos y me senté en una de las sillas del comedor, observándola. No decía nada, desviaba su mirada desde la escaza decoración de la sala hacia mi y viceversa. Carraspeé un poco incómoda, prefería que fuese al grano y nos saltásemos la parte de inspector evaluador de apartamentos de estudiantes, donde sabía por cierto que a ojos de mi madre me llevaba un reprobado.

- No fuiste al desayuno hoy…- comentó dejando su cartera a un lado.

- No, es que…

- Pese a que lo teníamos acordado desde hacía días… eres la dama de honor, Sakura, ¿sabes las responsabilidades que tiene ese puesto?

- Sí, las conozco.- respondí meciendo los pies, incómoda.

- Te llamé y respondió un tal Syaoran Li… - silencio absoluto luego de aquella frase. Me entró el pánico, sobre todo porque aún no decidía qué le diría a mi madre sobre él. Sin dudas no iba a contarle el nefasto episodio de quedarme fuera del apartamento y que terminé durmiendo en la casa de él. No era estúpida como para saber que eso no le gustaría.- ¿Me dirás quién es o tengo que averiguarlo por mi misma?

- Es un amigo.- respondí mirándola a los ojos y completamente asustada de que mi madre empezase a averiguar cosas por sus propios medios. A Li no le iba a gustar nada.

- ¿Un amigo? ¿Un amigo que te trae el desayuno?

- Es un buen amigo.- aclaré tratando de no perder los estribos, cosa muy fácil con mi madre.

- No lo habías mencionado antes.

Me reprimí la carcajada de burla y él "¿No es obvio por qué?". Me limité a hacer una mueca torcida y asentir a medias.

- Bueno, no es como si fuese tan importante contarte de todos mis amigos, ¿verdad?

- Faltaste a un desayuno porque, según sus propias palabras él te hizo desayunar con él…- comentó.- ¿Estás saliendo con ese chico? – arremetió con toda su caballería.

- Por favor, mamá, fue sólo un desayuno, me lo trajo, desayunamos juntos y sí, me perdí la reunión con ustedes, pero… ¡era sólo un desayuno, no una comida con el Papa! – exclamé levantándome de la silla y comenzando a ordenar cosas que no necesitaban ser ordenadas, sólo por calmar la ansiedad de la visita de mi madre.

- Estabas duchándote mientras él respondía tu celular…- continuó mirándome severamente. Bufé frustrada.

- ¿Sabes? Realmente no te entiendo, te pasas la vida criticándome por no tener un novio y cuando descubres que hay un chico en mi apartamento vienes a hacerme un espectáculo moralista… - espeté- ¿qué nunca estás conforme?

- ¿Sales con ese chico entonces?

- ¿Qué importa? – grité exasperada- Es mi vida, mamá, lo que haga o no es mi asunto y cuando sea algo realmente importante que necesite ser contado te lo diré, no lo dudes, pero deja de una vez de… de… de cuestionarme todo, ¿sí?

El silencio se posó en la mitad de mi apartamento como el invitado no deseado. Sentía un hormigueo en las manos y en la boca del estómago. ¡Dios! Qué mujer tan… tan... Era difícil recordar cuándo había sido la última vez que había enfrentado a mi madre de esa manera, quizás nunca… Cerré los ojos y traté de controlar mi respiración y no dejarme hundir por ella y sus comentarios, cosa que normalmente lograba.

- ¿Y qué hace él? – preguntó de pronto rompiendo el silencio. Como lo suponía no iba a dejar el tema.

- Trabaja.

- ¿Dónde?

- Es dueño de un Café… y me ha dado trabajo, así que puedes estar satisfecha al fin. ¿Contenta?- Me miró en silencio unos segundos y asintió.

- ¿Dónde está ubicado?

- Oh no, no irás a verme a mi lugar de trabajo, además tendré horarios muy… diferentes.- alzó una ceja y me miró.

- Sólo quiero saber….

- Tú nunca quieres "sólo" saber, mamá… y no, Li no es ningún sicópata, es un excelente chico.

- ¿Tiene tu edad?

- Es mayor.

- ¿Qué tan mayor?

- Veinte y seis años, ¿quieres también su grupo sanguíneo? – ironicé.

De pronto la vi levantarse y caminar hacia mi con su usual mirada de verduga medieval. Había esperado ver algo de felicidad en su rostro al saber que tendría un trabajo, pero no, estaba su típica mirada crítica e insatisfecha, como si nunca fuese suficiente.

- Tomoyo quiere que la ayudes con los asuntos de la fiesta, espero sepas crearte un tiempo para eso…- dijo caminando hacia la salida.

- Siempre es un placer tenerte en casa, mamá.

Caminamos hacia la puerta y me observó una última vez. Parecía que iba a decir algo pero sólo se detuvo ahí, mirándome unos segundos, se acercó a darme un beso de despedida y eso fue todo. Cerré la puerta y me aguanté el grito de exasperación. ¿Por qué tenía que ser de ese modo?

En ese instante sonó mi celular, era un número desconocido, dudé unos segundos si responder o no, desde siempre tenía esa manía de evitar responder llamadas de números no registrados, la mayoría de las veces eran personas con las que no quería hablar. El móvil seguía sonando insistentemente hasta que me decidí a responder.

- ¿No has quemado tu apartamento o algo parecido?

- ¿Li? – pregunté sorprendida.- ¿Cómo es que tienes mi número?

- Me llamé desde tu celular hoy en la mañana, supuse que alguien tan torpe como tú necesitaba tener el número de alguien cuerdo en su vida.

- ¿Tú eres ese alguien cuerdo? – hizo un sonido jactancioso y me reí.- Bueno ¿qué sucede para que me llames? Como ya sabes, mi apartamento sigue en perfecto estado.

- Te llamaba para decirte que mejor vinieras ahora al cierre del Café para enseñarte algunas cosas, mañana no podré estar…

- Oh… ¿y por qué?

- ¿Te pagan por cotilla?

- Simple curiosidad.- repliqué comenzando a caminar hasta el baño para ver si estaba medianamente presentable.

- ¿Vienes o no? Estoy por cerrar y sería notablemente mejor que te enseñe ahora que no habrá nadie.

- Vale…- después de todo era mucho mejor hacerlo así que delante de un lugar lleno de gente, potenciales espectadores de mi posible torpeza.

Corté el teléfono y aproveché de hacer un par de cosas, después de todo Li me había dicho que fuese a la hora del cierre y eso era a las nueve y media de la noche. Me conecté al computador y me tomé el tiempo para enviarle un mensaje por Facebook a Tomoyo explicándole mi falta al desayuno, esperaba que entendiese y no se lo tomase a mal, un mensaje era lo mejor que podía hacer contando que no estaba segura de sobrevivir a una llamada telefónica y ser invadida por las millones de preguntas con las que me atacaría sobre Li, porque sí, estaba más que segura que Tomoyo no pensaba muy distinto de mi madre y ya había sacado las conclusiones erróneas en cuanto "al chico del desayuno".

Miré la pantalla y releí el mensaje sintiéndome bastante satisfecha, la palabra "amigo" se repetía tantas veces como quería para dejarle en claro a Tomoyo las cosas y si bien Li me había dicho que dijese que éramos algo más, no era algo con lo que podría lidiar ni él tampoco, Syaoran Li no conocía a mi familia, no tenía idea lo que pasaría si se enteraran que él es mi novio, así que en parte le estaba ayudando a él también a no meterse en mis propios problemas más de lo que ya lo hacía.

A las nueve y cuarto exactas salí del apartamento –esta vez con llaves- y me encaminé hacia el Café, me había preocupado de lucir un poco más presentable, la chaqueta del día anterior había quedado guardada y remplazada por uno de mis chaquetones favoritos y que por cierto me había costado un ojo de la cara, creo que era la única cosa que Tomoyo aprobaba de mi guardarropas, eso debía significar algo. Entré justo en el momento en que una de las meseras ya se marchaba. Me senté en la barra y a los pocos minutos apareció Li, me sonrió como si en mi rostro pillase su propia broma personal.

- ¿Tú llegando a tiempo a un lugar? ¿Es una señal apocalíptica? – preguntó mientras limpiaba el mesón de la barra. Li sabía de mi increíble capacidad para llegar tarde a todos lados, siempre terminaba burlándose de mi por ello.

- No tenía mucho que hacer, así que me vine con tiempo. Además… pasó mi madre a verme y necesitaba salir y despejarme….- comenté dibujando círculos sobre el mesón. Sabía que me miraba fijamente.

- Por eso la cara de funeral que traías… ¿Y qué le has dicho de… ya sabes? –preguntó.

- Que somos amigos… o algo así- respondí alzando la vista. Li hizo una mueca como sopesando el asunto y asintió, parecía conforme, quizás se aliviaba de no tener el peso de ser mi supuesto "algo" o novio como se le quisiese llamar a lo que me había propuesto.

- ¿Y qué te dijo?

- Creo que no me creyó demasiado… ella quería saber dónde quedaba tu local.

- ¿Le has dicho?

- ¿Estás loco? No, mi madre por ningún motivo debe conocer este lugar.- Li lanzó una risotada y negó con la cabeza.

- Bueno, tampoco me hace gracia conocer a tu madre, es una bruja.- dijo como si nada, no le refuté aquello, tenía razón.

En ese momento los cocineros y un par de meseras más salieron de la cocina ya rumbo a la salida, Li salió de la barra y se encaminó hacia ellos apuntándome.

- Hey, todos, ella es Sakura Kinomoto, comenzará a trabajar con nosotros desde mañana… como saben mañana en la tarde no estaré por tanto ustedes estarán a cargo de la chica nueva…- comentó sacando sonrisas de todos los que me miraban, para ese entonces ya me había levantado y estaba a pocos metros de ellos- Preocúpense que no rompa demasiados platos…- el cocinero, que era un chico alto y gordo lanzó una carcajada. Me sonrojé.- Le explicaré algunas cosas ahora pero mañana deben ayudarla si lo necesita, Han, confío en ti…- dijo mirando a una chica bajita, de cabello corto y oscuro, quién asintió.- Bien, hasta mañana entonces…

Todos se despidieron de Li y de mi con agradables sonrisas, lo cual fue un alivio, no estaba para enfrentarme con grupos de gente complicados, ya tenía suficiente con mi familia. Li cerró con llave la puerta del Café una vez que salieron todos y se volteó a verme.

- Bien, ahora empecemos…

- Vale.

- Primero con la maquina para hacer café… no creo que la sepas usar ¿verdad? – negué con la cabeza.- Ven…- puso su mano en mi hombro y me arrastró hacia el lado de la barra en el que siempre estaba él. Sonreí mirando la cafetería desde esa perspectiva.- ¿Qué sucede? – preguntó notando mi gesto.

- Nada, sólo que es divertido mirarlo todo desde tu ángulo…- comenté mirando alrededor.

- Siempre puedes tomar el otro lado para sentirte como siempre.- bromeó.

Pasamos la siguiente hora con Li enseñándome el funcionamiento de cada máquina y la preparación de cada café, me explicaba y luego me hacía hacerlo, claro que nunca podía a la primera, cosa que ciertamente le exasperaba.

- Joder, Kinomoto…- comentó tirando otro café mal hecho al lavaplatos de atrás de él.- Por esta semana deja los cafés para que los hagan las otras chicas, por ahora sólo dedícate a practicar y a atender mesas, ¿correcto? También pasa ratos en las cocinas, después de todo tienes buena mano, le diré a Fuwa, el chef, que andarás por la cocina también, ¿vale? Pero nada de cafés.

- Pero no te enfades…

- No me enojo.

- ¿Ah no? ¿Y qué es esa arruga marcada ahí? –comenté alzando mi dedo y tocando precisamente esa zona.

- Esa sólo la haces aparecer tú… enana alterante.- replicó en tono odioso antes de tomar mi mano. Le miré arrugando el ceño.

- No soy una enana…

- ¿Ah no? Pero si eres alterante, está bien que lo admitas, Kinomoto.- continuó picándome y tirando mi puño hacia atrás mientras yo forcejeaba para soltarme.

- Eres un pesado…

- Uno que te da trabajo y te ofrece una cama para cuando olvidas tus llaves…- me reí y dejé de forcejear. Para cuando me di cuenta estaba completamente acorralada entre la barra y Li, me sonrojé y él pareció darse cuenta porque se alejó y comenzó a lavar las tazas que habíamos ocupado, como si nada.

Pasamos la siguiente hora practicando aún más los tipos de café y revisando el menú, Li me explicaba las especialidades de sándwiches del local, qué era lo que podía sugerir y lo más importante cómo tomar las notas para pasárselas a los de la cocina con los pedidos para no tener complicaciones. Acababa de mostrarle cómo había anotado un pedido cuando el celular de Li comenzó a sonar, miró la pantalla e hizo una mueca.

- Joder, que esta tía…

- ¿Qué pasa? – pregunté.

- ¿Recuerdas a la chica del viernes?

- Sí.

- No ha parado de llamarme.

- ¿Y eso es malo?

- Sí.

- ¿Por qué?

- Porque ya no quiero salir con ella.

- ¡Te acostaste con ella el viernes, Li! – exclamé sin dar crédito.

- Precisamente… me acabo de acostar con ella y no pienso verla hasta una semana más.

- Espera, ¿qué? – pregunté cruzándome de brazos. El vio mi gesto y separó nuevamente mis extremidades antes de hablarme.

- Ella quiere algo serio, cuando es sólo un polvo nadie llama a nadie, cuando ella lleva llamándome… -el teléfono seguía sonando - diez veces en lo que va del día quiere decir que está con la equivocada idea…

- … que esto podría ser algo serio…- le completé la idea. Pestañeé un par de veces, confundida y abrumada por la forma en que Li tomaba sus relaciones interpersonales y me las explicaba como maestro de párvulos.

- Contéstale tú.- dijo de pronto.

- ¿Qué?¿ Estás loco?

- Hazlo, por favor…- me pidió, aunque parecía lejos de estar abrumado o preocupado, más bien divertido con su propuesta.

- Li… ¡No!

- Dile que eres mi novia.

- ¿Qué? ¿Estás loco? Yo no…

Pero ya era demasiado tarde, Li le había dado al botón de contestar y me había puesto el teléfono en la oreja. Titubeé asustada mientras Li parecía que acababa de ganarse la lotería con esa sonrisa. Estúpido animal.

- ¿Hola? – dije algo temerosa.

- Hola, ¿está Syaoran? – miré a Li que pegaba su oreja a la mía. "Dile que estoy duchándome". Le vi articular hacia mi. Le golpeé el brazo.

- Está duchándose…- dije después de unos segundos.

- Oh… ¿con quién hablo?

- Con Sak… con su novia.

- ¿Novia? – Li hizo un gesto retorcido, le golpeé las costillas.

- ¿Tú quién eres? – pregunté comenzando a tomar ritmo en la conversación, pero para ese momento la chica ya había cortado. Li me abrazó y besó mi cabeza de manera brusca antes de soltarme y tomar mi mano arrastrándome hacia las cocinas.

- Estuviste fantástica, Kinomoto, gracias.

- ¡Mentí para ayudarte!

- Me ayudaste, es lo que cuenta.- aclaró a su modo.- Me perderé un segundo polvo con la chica pero valió la pena verte mentir…

- Eres un maldito, Li.

- Gracias.

- Lo digo en serio.- se volteó a verme y tomó mis hombros para observarme.

- Pero contigo no lo soy, Kinomoto y lo sabes…

No tuve contestación para ello porque Li tenía razón, conmigo no lo era, nunca lo había sido, al contrario, parecía estar ahí siempre para echarme una mano, no supe si sentirme feliz por ello. Había algo dentro de mi que se retorcía de una manera incómoda, sin poder descifrar el por qué.

OoOoOoO

Jo… bien, gracias infinitas por los hermosos comentarios del capítulo anterior… las personas que se suman, bienvenidas. Sé que muchas esperan el beso y todo ese royo pero me gusta tomar mi tiempo para estas cosas hahaha. Li es un cabrón y Sakura es una despistada con una vida algo complicada… sin embargo no desesperen, que las cosas se irán dando, de hecho ya se están dando, claramente. En fin, no tengo ganas de comentar mucho porque mi cabeza explotará del dolor.

Un abrazo a cada una,

Mademoiselle K.