Disclaimer: Twilight no es mío ni nada que se le parezca. Sólo me adjudico la historia. Plagear es malo, traducir sin mi autorización, también. Si quieres hacer cualquiera de esas cosas, me dices vía mail o mp.
Princess Of Lust.
(By Cristtine.-)
VIII. Sensaciones.
Septiembre, 08
No me acordaba cómo había llegado a mi cama la noche anterior, pero sabía que ya era otro día más en el cual vivir.
Tanteé –con mucha somnolencia- la cama en busca de mi móvil, estaba casi segura que lo había dejado por ahí la noche anterior. Quería ver que hora era para llamar a Alice y Rose para preguntarles como les había ido con sus citas.
Traté de moverme, pero lo que me «sorprendió» del todo fue un brazo –masculino- envolviendo mi cintura.
Abrí los ojos alarmada, recordando poco a poco lo sucedido la noche anterior, y además, cerciorándome de que no hubiera pasado nada que yo no recordara del todo. Muchas veces mi mente era un auténtico colador.
Después de nuestro extraño paseo por la playa, nos fuimos a mi departamento a beber algo. Al parecer, tanto Masen como yo, pensamos equivocadamente otra cosa. Yo no quería adelantar tanto las cosas.
Bueno, siendo sincera, sí. Pero detuve a mis hormonas justo a tiempo.
No pasó nada más que una simple conversación en el sillón junto a dos copas de vino blanco. Aquello sin contar las mudas miradas que me mandaba Masen y que me hacían estremecer de pies a cabeza.
¡Basta ya!, me reproché. Tonta Bella, tonta Bella... me repetí hasta el cansancio.
En algún momento de la velada, me fui a dormir agotada. Y al parecer a Masen el sillón le pareció lo suficientemente incómodo y frío como para venir a dormir a mi cómoda y calentita cama.
Y hablando de dormir juntos, ¿habría pasado «eso»?
Levanté la sábana que nos cubría y pude respirar tranquila, aún tenía puesto mi vestido y mi acompañante estaba vestido también.
Traté de zafarme de su lado, pero fue casi imposible; su musculoso brazo me apretujó más contra él, acomodándome en su perfecto pecho.
Me helé y aguardé la respiración. Su hálito me llegaba de lleno en mi cuello, produciéndome unos terribles –placenteros- escalofríos por mi espalda.
Me quedé allí, totalmente inmóvil y con los brazos a cada lado de mi cuerpo, mientras sentía un mar de sensaciones recorrer por mi barriga, donde la mano de Masen se alojaba firmemente a mí. Suspiré resignada, no me podría mover de allí hasta que Edward se despertara.
Pero al parecer, la suerte estaba a mi favor, Masen me soltó de su agarre –después de unos minutos- y se volteó, dándome la espalda.
Aproveché y me escabullí de allí lo más rápido posible. Fui a mi closet y tomé el pijama más decente que tenía, pero antes de llegar al baño, me arrepentí. Y una maliciosa sonrisa apareció a lo ancho de mi rostro.
Sí quería que Masen babeara –aún más por mi- iba a usar todos mis encantos femeninos.
Tomé una camisola de seda azul oscura del closet, me llegaba hasta un poco más arriba de la rodilla, bueno, bastante más arriba. Y además saqué unas bragas que combinaban con la camisola. Entré al baño y me cambié rápidamente, me lavé el rostro y me tomé el pelo en una media coleta.
Salí de la habitación sin hacer ruido, Masen aún dormía pacíficamente en mi cama, y me dirigí a la cocina.
Empecé a preparar el desayuno para ambos. Llevaba unos minutos así, cuando unas manos me rodearon la cintura.
-Buenos días –susurró muy suavemente en mi oído. Sonreí complacida-, ¿cómo dormiste? –besó mi desnudo hombro.
Actuación, pensé.
Me volteé a verlo, pero cualquier amago de alguna «fingida actuación», quedó relegado al olvido cuando vi que el hombre que estaba al frente mío no llevaba su camisa y dejaba al aire su perfecto y musculoso torso.
-B-buenos… días –balbuceé como estúpida, aún sin salir de la sorpresa. Ese hombre, literalmente, podía nublar mi mente en un milisegundo.
Me dedicó una sonrisa de medio lado y miró lo que estaba haciendo.
-Hum… desayuno –y se fue de mi lado, husmeando lo que estaba preparando.
-¿Dormiste bien? –pregunté con fingida cortesía, mientras tomaba mi café y me sentaba arriba de una de las encimeras de la cocina. Mi pesadilla andante recorría la cocina como si fuera suya. Su perfecto torso me nublaba la visión, a veces, y unos pocos e impuros pensamientos recorrieron mi mente rápidamente.
No, ni pensarlo. Sacudí mi cabeza, aún viendo a Masen moverse de aquí para allá por la cocina... aunque...hum, podría ser. Y una sonrisa –no del todo buena– apareció por mi rostro.
-Sí… –dijo despreocupadamente, tomando una tostada y volteándose a verme. Al verme, esbozó aquella sonrisa de tan suya. Tan Edward Masen…
Se acercó lentamente a mí y puso sus manos a cada lado de mis piernas, encerrándome con sus perfectos brazos. Sus ojos esmeraldas estaban cegados, nuevamente, por aquel deseo lujurioso que lo embargaba por completo.
Sentí su mirada posarse en mis piernas y subió lentamente hasta que sus ojos chocaron con lo míos, que le miraban con un deseo oculto.
-¿Sabías que el azul es mi color favorito? –preguntó con voz suave y endemoniadamente sexy, atiné a negar suavemente.
-No –respondí con una sonrisa coqueta.
Empieza fase dos.
Dejé mi taza de café a un lado y puse mis brazos alrededor de su cuello. Se sobresaltó un poco, debido a mi «atrevimiento», pero poco a poco, pareció comprender a donde nos llevaría. Bajé mis brazos y los situé en los de él, trazando formas sin sentido y presionando, levemente, sus músculos de piedra.
-Y, ¿qué tienes planeado hacer hoy? –pregunté presionando un poco sus antebrazos. Lo miré detenidamente a sus orbes verdes; la ceguera aumentaba.
-No sé –dijo cerrando sus ojos. La expresión que tenía su rostro era de máxima concentración, como tratando de aguantar algo. Después de algunos minutos, abrió sus ojos-, dime tú algo para hacer. Estoy abierto a sugerencias –añadió, claramente, en doble sentido.
-Hum... –llevé mi mano derecha a mi mentón, pensando. Tenía una idea muy buena, pero la iba hacer otro día. Hoy solo le iba a dar una pequeña y diminuta probada-. Es algo que nos involucra a ambos –moví mi dedo índice, señalándonos-, pero... –me acerqué a él, quedando muy cerca de su oído-, no sé si tu quieras –dije muy suavemente y tratando de sonar seductora.
Me enervé y, nuevamente, quedamos frente a frente. Sus manos se situaron en mis rodillas y mis brazos subieron nuevamente a su cuello, ahora, acercándolo más a mí.
-¿Eso es un desafío? –preguntó, alzando una ceja.
-Pongámoslo así –respondí, con mi nariz en su cuello. El olor que desprendía Masen, era, simplemente, enloquecedor. Bajé mi nariz por su cuello, a la par que enredaba mis dedos en su cabello, tan suave como la seda.
No me fijé que sus manos habían empezado a subir hasta mis muslos, donde los apretujaba y los masajeaba. Sus manos estaban ardientes que sentí que me iba a dejar una marca permanente.
Me estremecía de pies a cabeza, tan solo con su toque. Y yo, realmente, no sabía que hacer.
Sentí como Masen se acercaba a mí y sentí su respiración en mi cuello, haciendo que se erizara toda la piel. Además de los claros escalofríos.
Masen empezó a depositar, en todo mi cuello, un camino de besos que partían desde mi oreja hasta mi clavícula, ida y vuelta. Y muy pocas veces, creo que escuché que él murmuraba mi nombre.
Sus manos subieron hasta mis caderas. Allí las situó mientras seguía besando mi cuello con excesiva lentitud y parsimonia, como si él tuviera todo el tiempo del mundo para besarme. Mis manos acariciaban su cabello, mientras me dejaba llevar por cada sensación que Masen me producía.
Sus manos, hasta ahora quietas, empezaron a masajear suavemente mis caderas, acompañando al sinuoso camino de besos que él dejaba por mi cuello. Las apretaba, haciendo pequeños círculos con sus pulgares. Me mordí el labio, aguantando un gemido de mi parte.
Pero no, fue imposible cuando empezó a lamer y a succionar mi cuello con especial dedicación, a la par que aumentaba la presión en mis caderas.
-Edward... –gemí muy suavemente en su oído y retorciéndome de placer. Pero supe que ya era suficiente.
Solté sus manos de mis caderas y solté las mías de su cabello. Me bajé de la encimera, pero él me arrinconó allí mismo.
-Bella –susurró aterciopeladamente y cerca de mi oído. Sus manos, nuevamente, se posaron en mi-, ¿podríamos ir a un lugar más cómodo? –claramente, quería seguir con el asunto.
Tomé su rostro en mis manos y lo miré con toda la dulzura posible. Sus ojos aún tenían el brillo de la lujuria.
-Edward, tengo que salir –respondí-, iré a ver a Alice y a Jasper –frunció el ceño, claramente confundido-. Es el casi novio de Alice –le expliqué, tratando de salir de su agarre. Pero antes añadí:-. Si quieres, podríamos seguir después... -concluí con una sonrisa tentadora y escabulléndome de allí.
Empecé a caminar hacia mi habitación, necesitaba una buena ducha de agua fría para calmarme.
-¿Cuándo quieres que nos veamos? –preguntó aún desde la cocina. Sonreí internamente, todo se estaba dando bien.
-No sé –dije de espaldas a él y me saqué la camisola mientras entraba a mi habitación, quedando solo en bragas. Creo que pude ver, así de espaldas, la cara de estupefacción que debió tener.
Me metí rápidamente al baño y cerré la puerta con seguro, no tenía ánimo alguno de que «cierta» persona se metiera a la ducha junto conmigo.
Estuve bastante rato bajo el chorro de agua, relajándome y tratando de apaciguar a mis insistentes hormonas hiper-revolucionadas e hiperventiladas. Me lavé el cabello con mi champú favorito y olor me hizo olvidarme de todo.
Cuando salí del baño, estaba más relajada y calmada. Me aseguré de que Masen se había ido de mi departamento y así no tener sorpresas mientras me vestía en mi habitación.
Dicho y hecho, Masen se había ido del departamento, por lo que puse estar más tranquila.
Me vestí con lo primero que vi –mis jeans oscuros, unos tacos no muy altos, una blusa y un sweater a juego-, tomé mi bolso, las llaves de mi departamento y de mi coche.
Estaba saliendo del departamento, cuando vi una nota pegada en la puerta.
«Espero verte pronto. Ayer fue la mejor cita que he tenido y gracias por todo. Con afecto, Edward Masen»
Tomé la nota y detrás salía el número de Mase. Lo miré por unos segundos y luego boté el papel al piso.
Te llamaré, pensé con sarcasmo y salí del departamento con rumbo a ver a Alice.
Toqué dos veces la puerta del departamento dónde vivían los hermanos Cullen. Al tercer toque, Emmett me abrió la puerta con una flamante sonrisa.
-¡Bella! –dijo el gigante hermano de mi amiga, mientras me daba un abrazo de oso-, ¡tantas lunas sin verte! –rió fuertemente.
-Em-mett bájame –respondí entrecortadamente mientras Emmett me apretaba más a él.
-Ja, ja, enanita –dijo Emmett, soltándome de su abrazo-. ¿Quieres ver si está la duendecillo? –curioseó.
-Sí, ¿está o no? –pregunté, algo hastiada ya.
-Sí. Pasa, está en su habitación –hizo un ademán para que entrara. Asentí y entré al departamento de los Cullen.
La habitación de Alice estaba hacia el lado derecho del departamento. Lo supe casi al instante, ya que era la única habitación con una puerta pintada con un color rosa pálido. Toqué la puerta dos veces.
-¿Alice? Soy Bella –dije abriendo la puerta de su habitación.
La habitación estaba en penumbras. Alice estaba tumbada boca abajo en su cama, supuse que estaba dormida –a pesar de la hora que era- ya que respiraba pausada y tranquilamente.
-Alice –la remecí suavemente para que despertara. Nada-. Alice, despierta –la remecí nuevamente.
Alice se volteó a verme, aún somnolienta. Se restregó sus ojos y bostezó abiertamente.
-¿Bella? –pestañeó varias veces seguidas-, ¿Bella eres tú? –preguntó con voz pastosa.
-No, soy Jasper encarnado en Bella –rolé mis ojos. Alice rió suavemente.
-¿Qué te trae por aquí? –preguntó, sentándose en la cama.
-Vine a verte –respondí con una sonrisa amable. Alice me miró ceñuda-. Okay, vine a saber como te había ido con Jasper –confesé rápidamente.
Alice sonrió enigmáticamente, dejando a ver que algo más que una simple conversación habían tenido la noche anterior.
-¡Alice Cullen, me cuentas todo ahora o juro que no te contaré nada de lo que me pasó ayer! –grité, apuntándola con mi dedo índice. Alice soltó una risita nerviosa.
-¡Ay, Bella! –suspiró soñadoramente-. ¡Todo estuvo tan perfecto ayer! Jasper es todo un caballero. Después que me fue a buscar a tu departamento...
Bla, bla, bla, Alice se sumergió en una exhaustiva descripción –detalle a detalle- de su cita con Jasper Hale.
Me contó que la fue a buscar a mi departamento y después se fueron al de él. Allí él tenía una cena preparada para ellos dos, tan «perfectamente romántica» -había dicho Alice- como las de las películas más pastelosas de Hollywood.
Conversaron, por supuesto. Y luego Jasper se le declaró a las luz de las velas.
-«Alice, sé que nos conocemos hace poco» –empezó Alice–«, pero me gustaría decirte algo que hace tiempo tengo guardado en mí» –Alice suspiró hondamente–«. Me gustas mucho, Alice, más de lo normal. Pero no sé que tu piensas al respecto» –terminó con una flamante sonrisa.
-¿Y tú le dijiste...? –le pregunté, así como para indagar más. Aunque, obviamente, ya sabía la respuesta.
-¡Qué sí, of course! –hiperventiló Alice, saltando en la cama y aplaudiendo como loca-. Con Jasper somos «amigos con derecho a más» –hizo comillas y recalcó la palabra–. Y hablando de Jasper, tiene que llamarme... –dijo pensativamente.
Dicho y hecho, la melodía de «Pretty woman» empezó a sonar estridentemente por la habitación. Alice tomó su móvil y miró el nombre que salía en la pantalla del celular. Sonrió tan a sus anchas, que pensé que sus finas mejillas se podrían quebrar. Supe al instante quien era.
-Ególatra –le susurré, por lo de la melodía, y me levanté para salir de su habitación–. Te espero afuera –dije y salí de la habitación, dándole un poco de sana intimidad con su casi-novio.
Me senté en uno de los cómodos sillones de la sala. Supuse que Emmett había salido, ya que su enorme figura no se veía por el departamento.
Estuve ahí unos minutos, haciendo zapping en los tantos de cientos de canales de la televisión por cable. No había nada interesante y me estaba aburriendo. Alice llevaba algo más de diez minutos hablando con Jasper.
Fui a la cocina para ver si tenía algo comestible, pero solo encontré una lechuga a medio podrir y un pote de yogurt vencido.
¿Qué en esta casa nadie compraba ó comía?
Me estaba yendo hacia el living, cuando llamaron a la puerta.
Fui a abrir y mi sorpresa fue encontrar a dos señores, no muy viejos, con una amable sonrisa en su rostro. Supuse que eran los padres de Alice y Emmett.
-Hola –saludé tímidamente y dejándolos pasar-. Soy Bella Swan, amiga de Alice y Emmett –me presenté.
-Somos Carlise y Esme Cullen –dijo el señor de pelo rubio y ojos azules-, un gusto –estrechó mi mano derecha. Esme me abrazó durante unos segundos.
-¿Está Alice? –preguntó Esme.
-¡Mamá! –gritó la duendecillo y corrió a los brazos de Esme. Ella la abrazó por unos momentos-. ¡Papi! –dijo infantilmente y lo abrazó-, los he extrañado –dijo con un puchero.
-Lo sabemos, pequeña, pero el trabajo nos absuelve por completo –respondió amablemente Esme a su hija. Me sentí una intrusa ahí, presenciando la escena de la «familia feliz», literalmente.
-Alice, me voy –le dije, para no importunar más-, te llamaré luego.
-¿Por qué no te quedas a comer, Bella? –preguntó dulcemente Esme-, me encantaría conocer a la amiga de mis hijos –sonrió abiertamente.
-No sería mala idea –repuse con una media sonrisa.
Me quedé toda la tarde en el departamento de los Cullen. Esme y Carlisle son un amor de personas. Carlisle es médico y su esposa es diseñadora paisajista, ambos viven en Chicago hace mucho tiempo.
Emmett llegó a los minutos después de la llegada de sus padres, llevaba las bolsas de las compras del supermercado y, al parecer, él si sabía que ellos venían, ya que para Alice fue toda una sorpresa que ellos estuvieran en Nueva York.
Con Alice y Esme hicimos la comida –roast beef con ensaladas–, mientras que Carlisle y Emmett veían un partido en el ESPN.
Le pregunté a Emmett que cómo le había ido con Rosalie, él solo me sonrió enigmáticamente y me dijo:
-Te puedo decir que todo va viento en popa –dijo y rió fuertemente.
No le quise preguntar detalles, me podría ahorrar esa innecesaria conversación.
A eso de las seis llegó Jasper –Carlisle y Esme ya se habían marchado–, invitando a Alice al cine. Le dijo a Emmett que los acompañara, pero dijo que llamaría a Rosalie para que salieran a cenar. Me invitó, pero rechacé amablemente su invitación, alegando que tenía cosas que hacer.
Durante toda la tarde, recibí cinco llamadas y dos mensajes de texto de Masen. No contesté sus llamadas y no le devolví los mensajes.
Había tomado cierta decisión y quería llevarla hasta las últimas circunstancias, sin contar como iba a salir de ello. Pero siempre he sido así y no quiero hacer nada por remediarlo.
El día martes en la tarde recibí un mensaje de texto de Edward, quería verme.
¡Dios santo! Si tan sólo habían pasado cuatro o cinco días desde que nos habíamos conocido y él ya quería una segunda cita. Me pregunté: ¿qué le diría su «noviecita»?
Está bien, durante estos ¿dos o tres días? me ha llamado mucho y yo no le he contestado ninguna de sus llamadas. Pobre hombre, debe de estar desesperado por verme.
Con un suspiro marqué el número de Masen y lo llamé. Al tercer o cuarto tono, contestaron.
-¿Diga? –respondió una voz femenina.
Me helé de pies a cabeza, ¿acaso sería posible...?
-¿Señorita... Denali? –pregunté con voz cautelosa.
-Sí, soy yo ¿quién es usted? –dijo con tono marcadamente autoritario y jactancioso.
-Soy... –la posible amante de su pareja- Bella Swan, la reportera de la revista Twilight. ¿Se encontrará el señor Masen por allí? –pregunté lo más cortésmente posible.
-No –respondió cortante-. Él no está ¿para qué lo quieres? –capté el doble significado que ella le estaba dando.
-Lo que ocurre es que tengo que hacerle la entrevista de nuevo, la grabación no se escucha bien... –me cortó.
-Bueno, eso es tú culpa, niña incompetente. Aprende a hacer bien tu estúpido trabajo y deja a mi novio en paz –dijo con tono frío y cortante.
-Pero... –dije pero me cortó, nuevamente.
-Escúchame bien, niña tonta, ¡deja a mi novio en paz! O atenta con las consecuencias –dijo y cortó.
La rabia me consumía entera ¿qué se creía esa... esa... imbécil?
Tomé el almohadón y ahogué un gritó de rabia e histeria.
Ahora el separarlos, era ya personal. Y nada ni nadie me iba a detener hasta ver a Denali sola y abandonada.
Las cosas, cambiaron su rumbo desde ahora.
¡Oh, sí, dale Bella! Well, nuestra pequeña Bella ya está sacando a relucir sus pequeñas garritas xD, ojalá que todo le salga como quiere (?). Jeje, yo sé como le va a ir :3.
Mis pequeñas! Les gustó? A mi sí :B, al fin un cap que me guste, pero los próximos van a estar mejores :B, ya tienen que estar adivinando de qué línea va ir el fic en su próximo capítulo y ¡OJO! Que se acerca el cumpleaños de Bella y va a suceder algo MUY, pero MUUUY interesante xD. Como soy tan obvia, ya deben estar imaginando que ocurre xD.
Millones de gracias por todos sus reviews! ¡Y ya nos acercamos a los 100 *w*! Millones de gracias por los reviews, alertas y favoritos. Ya vamos por los 50 alertas, 49 favoritos y 4.963 visitas en tan sólo ¡8 capítulos!, es wow saber que tanta gente lee este humilde fic y le gusta. No sé, tengo tantos favoritos y siempre me llegan 8 o 9 reviews por capítulo u-u, es triste. Me encantaría que todos los que me tienen en favoritos o en alertas, me dejaran un rev :B. Hubiéramos llegado a los 100 reviews hace muuucho rato xD.
Les gustó? ¿Sí, no, ew? Todo me lo dejan en un review que esperaré con ansias y prometo, no, JURO que si todos los que me tienen en favoritos o en alerta y me dejan un review, les dedicaré a todos y a cada uno el capítulo que sigue. (Además de responder reviews a cada uno. Anónimos, me dejan su mail :3) Y el capítulo principal (o más importante) se lo dedico a el review número 100.
No sé cuando voy a actualizar nuevamente, pero trataré que no sea en un plazo mayor a dos semanas. You know, el colegio, el preuniversitario y la vida social a una la consumen xD.
Millones de besitos a todos mis lectores.
Los quiere: Cristtine.-
Pd: se me olvidó decir que ahora soy Beta Reader. Sí, ladies, soy Beta. Cualquiera que necesite de mi ayuda se comunica conmigo vía mail, mp ó review. Además actualicé mi perfil en y allí está mi mail para que se contacten conmigo.
