CAPITULO 8
Secretos
Breadstix fue el lugar elegido para el almuerzo entre las chicas.
El sol en aquellos últimos días de la primavera, lograba que aquella mañana de sábado fuese perfecta para disfrutarla al aire libre, y la pequeña terraza del restaurante idónea para una reunión de aquellas características. Una reunión sin un solo minuto de tregua en la que las conversaciones se sucedían una tras otras.
Eran muchos los temas y demasiada la curiosidad de las cuatro amigas por descubrir cómo eran sus vidas después de tanto tiempo separadas, sin embargo, fue Quinn quien se convirtió en el centro de atención tras las decenas de preguntas que Spencer le formuló acerca de su abismal cambio de aspecto físico. Y a pesar de haber guardado ese secreto con tanto esmero durante aquellos años, la rubia no tuvo inconveniente alguno de contestar a todas y cada una de las cuestiones que recibía, provocando no solo la sorpresa en las chicas, sino también un sentimiento de pena al ser conscientes de todo el daño psicológico que había sufrido por culpa de los complejos, y la ineptitud de sus padres.
—Rachel, ¿Por qué no me has dicho nada de todo esto?— cuestionó rompiendo un breve silencio que consiguieron crear por arte de magia— Le he preguntado muchas veces por ti, pero siempre me decía que no sabía nada.— Volvió a mirar a Quinn, que desdibujó su sonrisa y volvió a mostrarse seria. Rachel guardó silencio por algunos segundos tratando de abordar el tema con calma, y pensar bien en una respuesta que no terminase incomodando a Quinn, pero ésta no permitió que eso sucediera y se adelantó.
— Ella no lo sabía—la excusó— No sabía que yo era Lucy, por eso no te pudo decir nada
—¿Y tú no reconocías a Rachel?— preguntó Ashley incrédula.
—Sí, claro que la reconocía
—¿Entonces...¿Por qué no le dijiste quien eras?— insistió Ashley y de nuevo el silencio las invadió. Rachel se limitaba a desviar su mirada hacia el plato, mientras Spencer divagaba por ambas, esperando una respuesta que colmase su curiosidad.
Sin embargo, Quinn entendía que aquel no era el momento oportuno de aclarar nada a Spencer. Si, tenía que hacerlo, pero debía ser a solas. Su única intención en aquella mañana, a pesar de haberse olvidado de ella, era la de poder descubrir si Rachel conocía o no su secreto y el motivo por el que sus padres terminaron ingresándola en aquel estúpido centro. Tenía que saber si Rachel estaba mintiéndole o por el contrario, tal y como empezaba a sospechar, ignoraba absolutamente todo lo que le sucedió en aquellos días.
—Bien chicas, creo que ese tema es mejor que lo habléis vosotras dos a solas, porque a mi es algo que ya me aburre— fingió siendo consciente de la incomodidad que mostraba Quinn tras escuchar aquellas preguntas.
Realmente se moría por saber la verdad, pero aquel día Quinn estaba increíblemente dulce y sonriente, y no quería que todo se echase a perder por culpa de aquello.
Fue esa misma interrupción de Rachel, la que dio por zanjado el tema de conversación, tras recibir una mueca de agradecimiento por parte de Quinn, y continuaron con el almuerzo sacando a relucir otros temas de conversación menos peliagudos. Entre ellos la confirmación de que Ashley y Spencer eran algo más que amigas, algo que Rachel conocía de sobra, sin embargo Quinn, desconocía por completo la vida actual de su amiga en Los Ángeles, y aquella noticia le sorprendió demasiado, no porque fueran pareja sino porque Spencer había conseguido dar ese paso tan importante que tantos quebraderos de cabeza supuso para su adolescencia, y no daba muestras de sentirse culpable o mal por hacerlo. Y con esas noticias, llegó el final de aquel almuerzo y de la reunión, aunque a pesar de despedirse de la pareja, volverían a verse en aquella noche gracias a la insistencia de Ashley, y su afán por salir a divertirse.
Quinn fue la encargada de llevar a la morena hasta su hogar, y los escasos 10 minutos que duró el trayecto, fueron en absoluto silencio. La rubia se mostraba inmersa en sus pensamientos mientras conducía, y Rachel lo hacía de la misma manera, pero con distinto objetivo. Buscaba alguna excusa para estar más tiempo junto a ella en aquella tarde, algo que siempre había deseado. Ser su amiga había sido una asignatura pendiente durante aquellos dos años, y aun estando todas aquellas peleas por Finn, la aparición en escena de Lucy y la llegada de Spencer, podrían suavizar las cosas entre las dos, al fin y al cabo, habían sido amigas y se conocían muy bien.
—Me preguntaba... si…te apetece un café— habló sin apartar la mirada del frente.
—No—respondió Quinn con sequedad, y Rachel se lamentó.—Quiero decir que no puedo hoy, tengo que cuidar a los hijos de mi vecino, y luego salgo con Finn… tal vez en otro momento— añadió tratando quitarle dureza a su negación, y Rachel sonrió.
Benevolente. Esa era la palabra que describía el gesto de Quinn por intentar suavizar la tensión entre ellas, y Rachel no tardó en captar el mensaje, agradeciéndole con una leve sonrisa que tratase de mostrarse más amable.
—Me, me lo he pasado muy bien hoy— musitó Quinn tras lograr que el silencio se alargase de nuevo hasta que llegaron a su destino, y detuvo el coche frente a la casa de la morena.
—Yo también—respondió recuperando la sonrisa—¿Vendrás esta noche?
—No lo sé aún… pero me gustaría.
—Está bien, te estaré… estaremos esperando.—Corrigió al tiempo que se decidía a abandonar el coche ante la atenta mirada de Quinn. Mirada que de nuevo se trasformaba en una débil sonrisa tras escucharla balbucear—Cuídate Quinn.
—Tú también, y gracias por avisarme.
—No me des las gracias, ellas…bueno ya sabes…somos…hemos sido amigas, ¿No?
—Así es.
—Ok…será mejor que me marche—añadió evitando que pudiese terminar molestándose por la conversación, sin embargo, no fue eso lo que provocó en Quinn.
No pudo evitar sonreír al ver como Rachel giraba su cabeza para observarla, cada dos o tres metros que recorría en dirección hacia su casa. Gesto divertido que ella misma continuó cuando se despidió de ella saludándola con la mano satisfaciendo así la necesidad de despedirse con aquella amabilidad que ambas mostraban, y logrando que la sonrisa de Rachel se ampliase al máximo antes de adentrarse en su casa.
Y así se mantuvo durante toda la tarde, hasta que los nervios comenzaron a aparecer de forma inesperada en Rachel. Quinn no dio señales de poder participar en aquella salida y las pocas esperanzas que tenía por poder seguir compartiendo tiempo con ella, terminó esfumándose.
El lugar elegido era un pequeño bar de estilo rockero al que Ashley insistió en acudir tras haber oído hablar de él a su padre. Y tanto Spencer como Rachel supieron de primera mano lo especial que debía ser para que insistiera tanto en acudir a él. Aquel Paredes repletas imágenes con estrellas mundiales del Rock, entre ellos el padre de Ashley, y que terminó logrando que Spencer no dudase en indicar a uno de los camareros que aquella chica que le acompañaba, era hija de aquél conocido guitarrista de Rock.
Ni siquiera fueron conscientes de como terminaron encima del pequeño escenario, pero aquel secreto que Spencer confesó al camarero que les atendía, no pasó desapercibido para el dueño del bar, y terminó por invitando a Ashley a regalarles una improvisada versión de uno de los mayores éxitos de su padre.
No había mucha gente por lo que el momento se volvió íntimo, y eso hizo que Rachel no desaprovechase aquella oportunidad de dar algo de su mayor talento. Daba igual que fuesen apenas cinco o seis personas las que estaban escuchándolas, siempre y cuando hubiese un escenario disponible, ni siquiera se lo pensaba.
Y Spencer, pacientemente, se limitó a ser una más de aquel escaso público entusiasmado que les estaba dando la oportunidad de hacer lo que más les gustaba.
Fue ahí, justo en mitad de una de las canciones, cuando sintió que el corazón empezaba a palpitar con más fuerza en su pecho. La figura de Quinn adentrándose en el bar y saludando a Spencer, fue el motivo por el que Rachel sintió aquella pequeña convulsión que a punto estuvo de hacerle perderse en el estribillo que cantaba, y que la habría dejado en ridículo si no fuese por su capacidad para salir airosa de una situación como aquella. Al menos hasta que acabaron y ambas decidieron dejar el escenario.
—Hola Quinn—saludó Ashley en primera instancia—, me alegra verte aquí. Veo que al final has sido coherente y has preferido pasar una noche con nosotras a aburrirte en casa.
—No podía dejar escapar una oportunidad así—le respondió con media sonrisa, mientras notaba como Rachel aguardaba de pie frente a ellas.
—Haces bien…Rachel y yo vamos a por algo de beber, ¿Queréis algo?
—Mmm yo no, aún tengo en mi vaso—respondió Spencer.
—Si me traes lo mismo que tú vayas a tomar, será perfecto—dijo Quinn ganándose el primer guiño de ojos de la chica, que sonriente tomó del brazo a Rachel y la arrastró con ella hasta la barra.
—Tienes mucho valor pidiendo lo mismo que ella—dijo Spencer acercándose a la rubia.
—Dudo que le den algo con alcohol, estás en Ohio no en Los Ángeles.
—¿Y?—sonrió—Su padre está en aquella pared de allí—señaló hacia uno de los cuadros—Nada más llegar, la han invitado a subir al escenario por ser hija de él…¿Crees que no le darán lo que pida?
—Bueno…entonces aprovecharé los beneficios de estar con la hija de una estrella del Rock—bromeó.
—Tienes razón—murmuró desviando la mirada hacia su vaso—Al final…has podido venir.
—Sí. He estado cuidando a los hijos de mis vecinos, y después de eso suelo quedar con Finn pero…estando tú en la ciudad, no podía desechar la idea.
—¿Te alegras de verme?
—¿Por qué preguntas eso?, ¿Cómo no me voy a alegrar de verte?
—No lo sé…supongo que todo éste tiempo alejadas es por algo, ¿No? No sé qué hice para que ni siquiera me llamaras. Y entiendo que no sea el momento de hablar de algo así, pero…bueno…es extraño Lucy, perdón…Quinn.
—Puedes llamarme Lucy—masculló la rubia.
—No eres Lucy, no te ofendas…me encanta tenerte de nuevo en mi vida y que desees estar aquí, con nosotras…pero no siento que seas Lucy. No solo por tu físico, son muchas cosas…¿Sabes la de veces que Rachel y yo nos hemos preguntado qué te había sucedido?
—Tú lo sabias—recriminó algo molesta.
—¿Yo? ¿De qué hablas?
—Le contaste todo a Rachel, ¿Qué esperabas que hiciera?—espetó cambiando de actitud.
—¿Qué? ¿De qué hablas?
—De mis sentimientos—masculló Quinn asegurándose de que Rachel y Ashley siguiesen en la barra—Me dijiste que lo habías hecho, que le dijiste que me pasaban cosas con…con las…eso.—Añadió molesta.
—No le dije nada—respondió rápidamente Spencer—Te dije que si tú no lo hacías, lo haría yo…pero jamás se lo confesé porque tú desapareciste y no quisiste ser honesta con ella.
—¿No se lo dijiste?—cuestionó recuperando la confusión
—¡No! ¿Quién te crees que soy? Solo quería que te lanzaras, pero no iba a hacer algo así sin tu permiso. Ni siquiera cuando te fuiste, lo hice.
—Oh dios…—balbuceó Quinn regresando la mirada hacia Rachel, que ajena a todo seguía conversando con el camarero que estaba atendiéndolas—No sabe nada…¿Y por qué…por qué no vino a mi cita?
—¿A tu cita?
—Le dejé una nota en su buzón y…
—Oh…eso…la encontró cuando ya te habías marchado—le interrumpió—Rachel me dijo que la había encontrado cuando estaban en plena mudanza. Ella no supo que tú querías verla hasta varios meses después de que te marcharas. Y te aseguro que tanto ella como yo, intentamos localizarte, pero tus padres siempre nos decían que no podías hablar…que estabas en Columbia, que tenías cosas que hacer…que se yo. Ojala hubiésemos tenido teléfono móvil—se quejó.
—Oh dios—volvió a lamentarse al ser consciente de todo lo que había sucedido y como Rachel le había dicho la verdad. Aunque lo que más le empezaba a pesar, era saber que durante dos años, estuvo odiándola sin motivo alguno. Haciendo de su vida en el instituto un infierno.—Dios…no tendrías que haberme dicho aquello, no tendrías que haberme hecho creer que se lo ibas a decir…
—Lo siento Quinn, solo quería ayudarte a que te lanzaras. Ella era nuestra amiga y tenía derecho a saberlo. Yo le confesé mis dudas y mira, nunca dejamos querer…aunque estemos separadas, aunque no hablemos a diario, seguimos siendo amigas…
— Era una cría y estaba asustada
— ¿Y yo no?, te recuerdo que ambas teníamos esa duda. Lo solucioné y ahora estoy feliz con alguien a quien quiero y me da igual lo que digan o piensen. Y te aseguro que no ha sido sencillo, pero mereció la pena, pero… ¿Y tú? ¿De qué te sirvió esconderte?
—No puedes compararlo con mi situación. Rachel habría salido corriendo si le hubiese dicho lo que me pasaba, de hecho, eso es lo que creí que hizo cuando me dijiste que le contaste todo— trago saliva— pero tuve valor ¿Sabes?, la cité, estuve toda una tarde esperándola en tu casita del árbol y ella no apareció… creí morir aquel día, me sentí la persona más estúpida y fea del mundo. Mis padres me mandaron a Columbia, a un centro en el que creían que la homosexualidad se cura, ¿Entiendes lo que tuve que pasar? Se supone que tenía que curarme de mis sentimientos a hacia ella… fue horrible.
—Lo entiendo y me hace mal saber que has tenido que soportar algo así, pero al menos podrías haber hablado conmigo si con ella no te atrevías. Te fuiste sin más, Quinn.
— Creía estar enamorada de ella,—replicó volviendo a buscarla en la barra— pensaba que ella… pensaba que al menos me comprendería y que a pesar de que tú le hubieses dicho algo, iba a tratar de ayudarme, de apoyarme para superar aquello.
—¿Y después de todo eso?¿Por qué no se lo contaste cuando te encontraste con ella en el instituto?
—Porque la odiaba. Verme sola en la casita del árbol fue la mayor humillación que sentí, y eso que casi estaba acostumbrada a que se burlasen de mí, pero desde aquel día nunca más he vuelto a confiar en nadie. Llegar al Mckinley me cambión. Conseguí todo lo que no pude conseguir en Fairbrooks y no iba a permitir que viniese a reírse y a destruirme de nuevo.
—Por favor Lucy, es Rachel, nuestra Rachel ¿Cómo pudiste pensar algo así de ella?
—Lo pensé…pero estaba ofendida, el dolor era superior y no por mis sentimientos, sino porque sentí que me fallo como amiga. Cuando descubrí que estaba en el instituto no quería verla ni tenerla cerca.
—¿Y qué piensas hacer?, porque Rachel quiere saber porque le hiciste eso...y qué es lo que tenías que decirle.
—Eso es lo que menos me preocupa ahora.
—¿No te preocupa? ¿Le vas a decir lo que sientes por…
—¿Sentir?—le interrumpió—Yo no siento nada por ella. Solo fue una estúpida confusión de crías. Era una de mis mejores amigas y yo me confundí, nada más. –Añadió orgullosa.
—¿Estás segura?
—Tengo novio—apuntilló—creí que ya lo sabias.
—Sí, claro que lo sé…lo que no sé es si eres feliz.
—Lo seré
—¿Lo serás?—cuestionó sorprendida—Se supone que si tienes novio, debes estar feliz…¿No?
—Yo no he dicho que no lo sea, he dicho que lo seré…porque me importa el futuro. Mi vida está al lado de Finn, y no hay nada más que hablar.—Zanjó justo cuando ambas se percataban de la llegada de Rachel y Ashley.
Disimular no era sencillo para Quinn, que no podía evitar mostrar el malestar en su rostro por la conversación, casi disputa, que había mantenido con Spencer, y Rachel no tardó en percibirlo.
—Hey…Spencer, necesito que vengas…el camarero no se fía de mí y necesita que le respondas algunas preguntas antes de hacerme un regalo—fue Ashley la primera en romper el tenso silencio que habían creado su chica y Quinn, lanzándose hacia ella y obligándola a que siguiese sus pasos, mientras Rachel se mantenía al margen, tratando de saber qué hacer o decirle.
La conocía. Conocía aquella mirada desconfiada de Quinn y sabía que interesarse por ella, le haría recibir alguna de sus maléficas respuestas. Sin embargo, y después de haber logrado que estuviese allí, estaba dispuesta a correr el riesgo.
—Me alegra que hayas decidido venir—murmuró tomando asiento a su lado, y Quinn hizo ademán por separarse de ella. Sin embargo no lo logró, porque el embriagador perfume de la morena, el mismo que había notado en su habitación aquella misma mañana, seguía haciendo de las suyas y logró retenerla allí, a escasos centímetros de su cuerpo. —¿Qué tal con los hijos de tu vecino? ¿Te han dado mucha guerra?
—No—respondió sin mirarla. No estaba enfadada con ella, menos aún después de saber la verdad, pero aquella angustia le hacía tomar aquella actitud frente a ella, y no podía evitarlo.
—Ok…me alegro—susurró incomoda—¿Estás…estas bien?— pregunto preocupada.
— Estoy bien—volvía a responderle centrando su mirada en Ashley y Spencer, que parecían divertirse con el camarero, y Rachel la imitó. Dos respuestas cortantes eran suficientes para saber que no deseaba que la cuestionase más, pero no había templado sus nervios para nada. Rachel iba dispuesta a pasárselo bien y recuperar la sonrisa de Quinn, era su principal objetivo para lograrlo.
—¿Es lindo no crees?, se les ve tan felices juntas. Me alegro mucho por Spencer, debe ser muy duro soportar todo lo que ella ha soportado—añadió y Quinn se lamentó, tanto que tuvo que desviar la mirada de nuevo hacia el suelo para evitar que el malestar terminase provocando las lágrimas en sus ojos. –Quinn—continuó— sea lo que sea lo que te esté rondando por la cabeza, olvídalo, aunque sea por esta noche .No quiero que estés mal y menos hoy…además, cuando te pones tan seria no estás igual de guapa que cuando sonríes— fue dulce, tanto que logró hacer reaccionar a Quinn.
—¿Alguna vez me has visto guapa?— cuestionó desconfiada.
— ¿Por qué me preguntas eso?, es evidente que si, te lo he dicho muchas veces…
—Ahora pero… ¿ Cómo me veías cuando era Lucy?—tensó la mandíbula— ¿También pensabas que era la chica más hermosa que jamás habías visto?
—No entiendo por qué me preguntas eso, Quinn—respondió desconcertada—Siempre te he visto hermosa. Y si me permites, puede que ahora tu físico sea espectacular, pero Lucy tenía algo que tú ahora no tienes…y eso sí que era hermoso.
—¿Qué tenía? No era más que un cero a la izquierda. El hazmerreír, la chica gordita, con gafas y aparato de dientes de la que todo el mundo se burlaba. ¿Qué tenía de hermoso eso?
—Tú—la interrumpió—Tu corazón lo era, Quinn. Eras especial, eras única y ahora ya no lo eres. Ahora eres una más de las guapas del instituto, pero no miras con la dulzura con la que me miraba Lucy, ni me cuida como ella lo hacía. Eso es lo hermoso, Quinn…el físico cambia, ya lo has visto…pero la persona se queda, y tú…
—Cállate Rachel—le suplicó
—Ok, no digo nada más… solo trataba de responder a tu pregunta—hizo una breve pausa—Sí, siempre te he visto hermosa.—Añadió dando por concluida la conversación al notar como Quinn la miraba directamente a los ojos por primera vez, y mostraba un halo apenado que incluso a ella le hacía daño. Una mirada que terminó justo cuando Ashley las interrumpía, regresaba la normalidad entre ellas. Al menos, intentaban fingirlo.
—Chicas…¿Os apetece un trago?— dijo riendo y mostrando una botella de ron.
—¿La has conseguido?—cuestionó Rachel recuperando su habitual tono desenfadado.
—Yo siempre consigo lo que me propongo, ¿Verdad Spencer?—sonrió mirando a su chica, que volvía a tomar asiento junto a Quinn.
—Claro…tú siempre consigues lo que te propones, pero yo no quiero beber…prefiero mantenerme sobria, así al menos una de las dos podrá llegar al hotel.—Se quejó.
—Aburrida—murmuró Ashley
—Yo creo que tampoco voy a beber—intervino Rachel— no tolero demasiado bien el alcohol y…no quiero que mis padres terminen enterándose de que eres una mala influencia para mí—bromeó.
—Otra aburrida—se quejó Ashley, que no tuvo más remedio que centrar su mirada en Quinn.—¿Y tú, Lucy? ¿También eres aburrida?
—No, yo no soy como ellas…así que cuenta conmigo—espetó adueñándose de uno de los vasos y ofreciéndoselo a Ashley para que lo llenase ante la sorpresa de Rachel y Spencer.
—¡Bien!—exclamó la chica— por fin alguien que se lo va a pasar bien conmigo…
#NC
