Per me.
Loco por ella
Capítulo IX.
- No quiero que tomes a mal esto que te voy a decir, pero creí que serías un… mejor oponente – habló Ginny, tenía una lata de gaseosa en la mano. – Hermione me dijo que en Hogwarts eras un gran jugador, ¿por qué hoy…? – se calló, al notar la poca atención que su compañero le prestaba. - Harry… – le llamó, tocándole el hombro.
El moreno le oía pero no la escuchaba. Su mirada se paseaba por cada rincón del lugar, con una sacudida melancólica en el pecho. Su mente atajaba varios recuerdos, y ahora se veía haciendo esfuerzos sobrehumanos para que no se le aguasen los ojos.
- ¿Estás bien? – la pelirroja le sacudió levemente. La observó y sonrió a medias, dando una disculpa. Miró la mano que reposaba aún sobre su hombro, y un estremeciendo le sacudió el cuerpo, eran cosas inevitables.
- Lo siento, sólo…
- Has estado distraído desde que llegamos – quitó la mano de su hombro, y Harry lamentó no haber estado atento al cien por ciento de ese pequeño contacto. - ¿Seguro estás bien?
- Sólo… este lugar… no sabía que querías entrenar aquí y yo… - guardó silencio y miró en derredor. Tenía meses sin visitar ese parque. – De pequeño jugaba aquí hasta hartarme. En realidad…. mi padre… jugábamos hasta que nos doliera cada hueso y músculo del cuerpo. Y estar acá… sólo… - los ojos se le humedecieron. Trató de evitarlo en vano, ¡ahora quedaría frente a la chica como un estúpido llorón! El Magdaleno…
- Discúlpame – Ginny tomó su mano, y esa vez Harry sí prestó más atención. – Hubiese escogido otro lugar para entrenar, no sabía…
- Descuida. Sólo… es sentimentalismo, debes creer que soy un idiota.
- ¡Nada que ver! Si yo perdiese a mis padres estaría… lo siento – dijo de pronto. Harry la observó fijamente. – Hermione nos contó pero… no quiso entrar en detalles. Es algo totalmente tuyo y no tienes que hablar de eso si no lo deseas. Mejor… vamos a otro sitio, ¿te parece? – hizo ademan de levantarse, mas él no quería irse. Haló la mano de la chica hasta hacerla sentar nuevamente en el césped, sobre la gruesa manta que habían conjurado para protegerse de la humedad de la tierra.
- Quisiera quedarme otro rato, si no te molesta – no soltó la mano de la joven, por el contrario, se la apretó un poco más. Quizá Ginny pensaría que se debía a la tristeza que sintió; daba igual. No esperaba inspirar lástima, aunque poco le importaba si la chica creía que sí. Tan sólo quería mantener ese tacto tibio entre sus dedos, esa leve caricia inmóvil que le hacía apreciar cosquillas en la palma de su mano. Menos mal hacía frío, de lo contrario ya hubiese empezado a sudar. – ¿O quieres irte ya? – se atrevió a preguntar, después de ya verla acomodarse junto a él.
- No, me agrada este parque. Es bastante relajante sin tanta gente alrededor.
- Discúlpame por no haber sido un verdadero adversario en el Quiddicth.
- No te preocupes – Harry la miró y ella le sonrió de esa forma especial que siempre hacía, haciéndolo desearla como un loco. – Habrá revancha, no creas. – el moreno rió. – No es divertido ganarle a un hombre en un deporte si éste no está lo bastante atento como para sentir la derrota.
- Estás muy segura de tus habilidades.
- Dejando la modestia a un lado, soy una de las mejores – aseguró con tono altanero, aunque luego realizó una mueca, que le dieron a entender que estaba bromeando. Rieron de nuevo.
- ¿Qué puesto quieres ocupar en el equipo?
- Cazadora, creo que es lo mejor que se me da. En una ocasión, jugando con mis hermanos, fui golpeadora. ¡Casi le parto las piernas a Fred! ¡Y era de mi equipo! – Harry no se contuvo en reír nuevamente.
- Lograrás entrar – le aseguró.
- Será difícil si no entreno como es debido – le miró con los ojos levemente entrecerrados. Harry se maravilló, es que era tan bonita… - Le reto, señor Potter, y espero sea todo un desafío vencerle. A usted y a su equipo.
- ¿Equipo? – Ginny se levantó de la manta, soltando su mano… aquello fue algo que lamentó, desde lo más hondo de su corazón. La vio tomar su lata de gaseosa y su escoba.
- ¿Quieres venir a la madriguera? Seguramente Fred y George terminaron con sus experimentos. Les encantará jugar un tres contra tres, si tenemos la suerte de que estén Bill y Ron también.
Harry aún no entendía del todo ese sentimiento que le estaba atacando en el pecho. La chica de sus sueños le estaba invitando a su casa y, si bien era toda una invitación inocente de amigos, él se sentía como si le hubiese propuesto ser novios y hacer el amor allí mismo.
De acuerdo, quizá exageraba con todo, pero una mujer no invitaba a su casa, con su familia, a un hombre que le fuera indiferente, ¿verdad?
Amigo mío, es difícil no pensar en lo casi imposible.
- ¿Vamos? – Ginny le instó a ponerse en pie. – La victoria es aún mejor cuando se le restriega en la cara a tres hombres al mismo tiempo.
-Eso está ya por verse – Harry se levantó de un salto y, tomando su escoba, caminó junto con Ginny hacia las afueras de Godric's Hollow.
Es difícil no pensar en lo casi imposible.
- Dame la mano – Harry no tardó ni dos segundos en obedecer a la chica; habían llegado a una pequeña esquina solitaria cerca de una estrecha calle bordeada por un montón de casas idénticas.
Ambos jóvenes cerraron los ojos y, al abrirlos, la estrecha calle bordeada por varias casas pasó a ser un verde campo, en el cual flotaba un ligero vientecillo que traía el aroma picoso de varias plantas silvestres. Harry detuvo la mirada en una casa que parecía destartalada, de dos pisos desnivelados, que se levantaba bajo la colina en la cual habían aparecido. Todo ese gran terreno servía como patio para los que habitaban ahí; sí, era perfecto para el Quiddicth.
- ¿Qué te dije? – Ginny señaló con el dedo una ligerilla nube de humo, que volaba sobre dos cabezas pelirrojas. – Desastre, es el sinónimo de estos dos. Vamos. – Caminaron colina abajo hasta verse a unos pasos de los gemelos Weasley. Harry los recordaba, no habían cambiado en nada.
- Y dichosos sean nuestros ojos…
-… que ven a nuestra hermana llegar hasta acá. ¡Ginny! ¿Podrías ponerte esto en la cara y decirnos si sientes como si te caminaran millones de insectos? – George Weasley le tendió a la pelirroja un frasquito transparente, lleno de un líquido verde moco.
- No me pondré nada que ustedes hayan creado en la cara. ¡Mucho menos con ese color mocoso!
- Se dice verde moco.
- Fred…
- Es color verde moco, no color mocoso.
- ¡Da igual!
- ¿Tú quieres probarlo? – George le tendió el frasquito a Harry. Éste lo observó con cuidado, desconfiado y preparado para negar con la cabeza. - ¡Vamos! Quizá te ayude con esos barrotes que tienes.
- ¡George!
Harry, tan rápido que pareció una bofetada para sí mismo, llevó ambas manos hacia sus mejillas; había enrojecido y ahora sentía como si el parpado izquierdo quisiera salir arrancando como bólido de su cara, dejándolo tuerto.
¡Qué maldito problema!
Nota/a: Después de tiempo, acá el noveno capítulo. No es gran cosa pero va a lo que va; y adoro a mi Harry, lo digo, jaja. Más adelante se verá esa amistad con Ginny un poquitito más fortificada.
Como ya saben, cualquier cosita que quieran decirme: ¡suéltenla con confianza! No es mi intención tardar y menos con este fic, pero hay veces en que las ganas no dan para este tipo de cosas. Y, cuando no son las ganas, es el tiempo que corre en contra nuestra.
Les mando un abrazo, y hasta la próxima actualización.
Yani.!
