Con un suspiro, Sasuke cerró el portafolio negro que lo acompañaba a todos lados. Hecho un vistazo y recorrió cada rincón de la oficina asegurándose por enésima vez que todo se encontraba en orden y finalmente camino a la puerta. Los murmullos de los pocos empleados que quedaban revoloteo hasta su puerta, todos despidiéndose afectuosamente. No era de extrañar que presenciara esas escenas, siempre era el primero en llegar y el ultimo en marcharse.
Finalmente alcanzo la puerta y no pudo evitar sorprenderse de encontrar aun a su secretaria sentada sobre un escritorio y mirando fijamente la silla de Naruto.
-Vuelve a hacerlo. – dijo la pelirroja volteando hacia él.
Sasuke sigo la mirada de Karin, descubriendo que la silla volvía a girar como si fuera posesa.
-Ya, mañana llamare para arreglarla.
-Sasuke… - Karin se levantó del escritorio y dio un par de pasos indecisos a su dirección ajustándose las gafas. – Aun no es muy tarde, pensé que tal vez… bueno, no has cenado y…
-No. – la interrumpió Sasuke, clavando sus profundos ojos en ella.
-Pero…
-Vete, Karin.
Tenten interrumpió en ese justo momento, tarareando la misma canción que Sasuke llevaba cantando desde su visita a la residencia Uchiha. Al verlos a ambos se detuvo y un brillo malicioso apareció en sus ojos.
-Ups, - dijo con fingido pésame, observando a Karin. La pelirroja se dio la vuelta, molesta, moviendo las cosas de su escritorio de un lado para él otro.- solo he venido a dejar la carpeta con lo que me has pedido esta mañana.
-Dámela. Lo revisare en casa.
Tenten se acercó a él y le tendió la carpeta. Luego se fijó en la silla que seguía dando vuelvas sin parar.
-A Naruto no le gustara saber esto. – murmuró. Los tres miraron fijamente la silla por un par de segundos. - ¿Creen que es el fantasma del señor Braken? Es lo que Naruto piensa.
-Eso no es algo que el señor Braken haría. – Karin imito el despectivo tono de la anciana que les suministraba telas y que tenía su local junto al de ellos. Tente lanzo una corta carcajada, pero nadie más la acompaño. Karin, aun molesta, guardo el resto de sus pertenencias con más fuerza de la necesaria para hacerse notar. – Me retiro.- Anuncio antes de salir de la oficina.
Sasuke apenas y movió su cabeza en forma de despedida y Tenten siguió con la mirada a la flamante pelirroja hasta que desapareció del piso.
-Esta vez si se lo ha tomado mal. – Comento casi para sí misma, pero muy atenta de la reacción del pelinegro.
Para nadie en el edificio era un secreto las muchas veces que Karin había intentado llamar la atención de Sasuke, y también conocían las muchas maneras de rechazarla que el había utilizado y con el tiempo estas solo se volvían más hostiles. Pero en secreto y para avivar los chismes y hacer interesantes las pláticas diarias, todos esperaban que al menos un interés escondido pudiera tener Sasuke y que el continuo rechazo se debiera nada más por la estricta supervisión de Madara en cada uno de sus pasos.
Sin embargo, para la desilusión de tente, Sasuke solo rodo los ojos con fastidio y se concentró en la silla giratoria frente a ellos. El silencio que siguió fue demasiado para la castaña y carraspeando torpemente anuncio su retirada.
Sasuke escuchó atentamente como las puertas del elevador se cerraban, una mirada basto para asegurarse que se encontraba solo y clavando nuevamente sus ojos en la silla, avanzo hasta ella con pasos amenazantes.
Recorrió el escritorio de Naruto y cuando estuvo a un par de pasos de la silla, esta se detuvo de pronto. Sasuke alzo una ceja y se acercó aún más.
-Cobarde. – escupió a la silla.
Rodeo a silla, inspeccionando cada centímetro y la sostuvo una vez estuvo frente a ella de nuevo, con un rápido movimiento se sentó y espero. Nada paso, la silla seguía tan estática como debía de estar. Sasuke dio pequeños brinco en ella, la movió un poco, pero seguía sin moverse, fue hasta cuando él se disponía a levantarse que la silla comenzó a dar vueltas, primero de forma lenta y pesada, aumentando velocidad a cada segundo.
Sasuke sujeto los brazos de la silla con fuerza, ligeramente tenso por el susto recibido. Pero a medida ganaba velocidad y el aire azotaba su cara, su cuerpo automáticamente se estaba relajando. Ya no recordaba la última vez que había jugado de esa forma, pero era como si su subconsciente sabía exactamente qué hacer. Lanzo la cabeza hacia atrás y cerro sus ojos, dejando que el movimiento le moviera incluso las piernas y una pequeña risa comenzó a brotar desde el centro de su pecho.
Su ronca risa hizo eco en la oficina vacía.
Lentamente la silla dejo de dar vueltas y con eso, la risa de Sasuke se desvaneció. Antes de quedar en completo silencio comenzó a tararear la melodía que había escuchado de Itachi e hizo la segunda cosa insólita de esa noche: comenzó a curiosear el escritorio de su amigo.
Ver el desorden de papeles sobre la mesa no le sorprendía mucho después de conocer al rubio de toda su vida. Había un cupón para comer ramen, que parecía ocupar el puesto de honor y que se mantenía sujeto al marco de una retratera. Sasuke la tomo y despego el ticket del restaurante favorito de Naruto y se quedó contemplando la fotografía. Era Naruto con su padre, madre y padrino, la única familia que el rubio poseía y estaban en su cumpleaños anterior. Naruto había pedido sus vacaciones en esa fecha, para poder pasar una semana entera con ellos, algo que no hacía desde que acompaño a Sasuke a Baile na gCroíthe. Se miraban muy felices, a pesar que Naruto peleaba cada dos segundos con su madre, en realidad se llevaban bastante bien y la hiperactiva pelirroja lo adoraba más de lo que Naruto jamás se imaginaba. En el retrato, ella lo mantenía sujetado firmemente de los hombros haciendo caras graciosas y Naruto hacia lo mismo, mientras su padre, detrás de ellos dos, lucía una sonrisa sumamente cálida y los miraba a ambos con la cantidad de ternura que él nunca había sido visto después de la muerte de su madre, y por ultimo estaba Jiraya, disfrutando de toda la escena.
Sasuke dejo de tararear e inspecciono los rostros de cada persona en la retratera.
El también había conocido cada una de esas miradas, intento no recordar aquella época, ni la manera cruel en que cada una iba desapareciendo de su vida.
Finalmente un nudo acido se atoro en su garganta. Sasuke dejo la fotografía en la mesa y se marchó deprisa del lugar. Necesitaba el aire frio de la noche, que secara sus ojos rojos y que volviera a estabilizar su mente en el ahora.
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Sasuke salto de su cama con emoción y corrió hacia el calendario que colgaba de la puerta de su habitación. Tacho un día más en el calendario. Finalmente era el día de su cumpleaños, después de muchos meses los vería nuevamente y le darían un día completo a él. Su madre se lo había prometido, haría un picnic en la playa y luego bailarían un zapateado en la arena, y aunque a él no le gustaba bailar le parecía genial porque su madre sonaba divertida. Finalmente al atardecer su padre lo llevaría a pescar y tendría su momento de hombre a hombre, donde él podría demostrar que tenía la edad suficiente para acompañarlos en sus viajes y buscar el lugar perfecto para vivir.
No podía dejar de pensar en lo mucho que se divertirían los cuatro juntos. Miro hacia el dibujo que había preparado para su padre, el primer dibujo de una casa de ensueño, y lo habían felicitado mucho en la escuela por ese trabajo. Sin duda, su padre estaría orgulloso.
El timbre de la puerta sonó y Sasuke dio un respingo. No los esperaba tan temprano. Busco las pantuflas por toda la habitación y luego se apresuró a correr escaleras abajo. Su corazón latía con fuerza de la emoción y su sonrisa nunca había sido más grande. Logro esquivar a Itachi que salía de su habitación y una vez llego al comienzo de las escaleras, se quedó paralizada.
No era una bella pelinegra la que estaba hablando con su Tía Rin, era una pelirroja abatida.
-Mikoto me ha hablado esta mañana. Fugaku volvió a pelear con Madara y no ha podido convencerlo de regresar… me llevare a Sasuke para distraerlo, Minato está preparando todo.
-Obito me ha mencionado algo, esta vez realmente fue serio.
La pelirroja elevo su mirada y lo vio directamente. De inmediato sonrió y su tía volteo a verlo.
-Felicidades Sasuke. ¿Qué te parece ir al cine?
Sasuke quiso decir que no le parecía en nada, que él deseaba su día de playa con su familia, pero no tuvo tiempo de renegar. Naruto, que al perecer se había escapado del auto, entro corriendo a la casa y al verlo aun en pijama, se cruzó de brazos molesto.
-Deja de holgazanear y vámonos. – le exigió el pequeño niño.
-Tranquilo, Naruto – hablo su hermano a sus espaldas. – Estaremos listos en un segundo.
Itachi lo guio de nuevo a su habitación, notando como sus ánimos decaían.
Se detuvieron frente a la puerta del baño e Itachi se inclinó hasta estar a su altura.
-Ya verás que te divertirás mucho. – le dijo sonriendo con amabilidad. Sasuke cruzo los brazos sobre su pecho y voltio su mirada al sentir como sus ojos le escocía.
-Pero no es lo que yo deseaba.
-Ya verás que regresaran pronto.
Sasuke entro al baño y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas, nunca hubo un picnic en la playa, ni aprendió a bailar, ni mucho menos tuvo el momento con su padre. En su décimo cumpleaños Sasuke aprendió que los sueños y promesas solo traían lágrimas.
