Dolor.
Uno de los muchos sentimientos similares que acaparaban mi cuerpo. Me sentía muriendo. Sentía lo mismo que podría sentir un paracaidista sin paracaídas. Sentía que cada segundo que pasaba, el cielo, los astros y y las estrellas estaban más y más cerca de estrellarse contra mí. Lo único malo de eso era que no era verdad, y que por desgracia, seguiría con ese dolor insoportable durante mucho, muchísimo tiempo.
Vivir sola no estaba tan mal en momentos de desesperación. Esos momentos en los que podías llorar sin temer que alguien te viese. Esos momentos en los que podías sufrir sin hacer sufrir a los demás. Las lágrimas, esta vez más pesadas y amargas que nunca, resbalaban pesadamente por mis mejillas, mojando los lirios blancos rosados que me habían dicho de una manera más delicada el adiós que ella no me dijo. Estaba confusa; no sabía que pensar.
Había estado tan sumamente cerca de las puertas de la felicidad... de las puertas del amor. En unas pocas horas podría haberle echo llegar la carta con mis sentimientos grabados a Eli, y quién sabe, quizás con suerte ella podría haberme correspondido. Podría haber sido la mejor Navidad de todos los tiempos. Pero no. Claro que no. La vida no tiene pensado un final feliz en mi historia.
Mis lágrimas no cesaban, aunque tampoco me esforcé en detenerlas; tenían derecho a escapar del increíble nido de estrés, miedo y desesperación que era mi cuerpo. Quería romper algo, quería seguir llorando, quería gritar, quería morir.
De todas formas, nadie echaría en falta mi ausencia. Y ahora más que nunca; no había nada ni nadie que perder, porque ya lo había perdido todo con su ida.
No recuerdo cuanto tiempo estuve sentada en la cama, llorando y llorando sin parar, pensando en cierta rubia tan inalcanzable en mil maneras distintas de hablar. Pero recuerdo que oí a alguien picando a la puerta de mi apartamento una vez más. No me quise levantar a abrirla. Fuese quién fuese, estaría mucho mejor sin mí.
"¡Nozomi-chan!"
Oía una voz conocida gritando desde el exterior. No la supe reconocer, pero era una de las ocho musas que tenía como amigas.
Amigas. Quién necesita amigas en un momento como este. Quién necesita aire, quién necesita vida, si no te tengo a ti.
"¡Abre, por favor!"
Me daba igual todo. Lo único que quería era acabar con ese sufrimiento. Estaba más que segura de no poder soportarlo mucho más tiempo, teniendo en cuenta lo increíblemente letal que era. Por cada segundo, notaba un río de lava que desintegraba todos mis órganos por mi interior, cuchillas oxidadas que cortaban mis venas, voces imaginarias que cierta persona. Eso era lo que más dolía. Recordarla. Recordarla como se recuerda a un muerto, sin esperanza de volver a verla.
"Nozomi-chan, "
Dejó de aporrear la puerta.
"Sé por qué Eli-chan se ha ido."
Imposible.
Aún con las cascadas saladas emanando de mis ojos, salí corriendo hacia la entrada. Un pequeño brillo de esperanza se hizo lugar en mi mirada hasta entonces completamente destrozada. Giré la manilla con manos temblorosas, para ver a una joven con el pelo de color jengibre.
Su gesto, hasta entonces nervioso y alegre, cambió por completo al ver mi aspecto: ojos rojos, oscuros. Las puertas del alma que reflejaban mi sufrimiento sin ni si quiera palabras. Manos y piernas temblorosas, al igual que mis labios, los cuales tenía que morder para evitar gritar. Era un dolor tan profundo que no podía ni si quiera soportarlo.
"Tenemos que hablar."
No podía responder. No tenía fuerzas para mover los labios sin llorar. Los llantos eran el único sonido que era capaz de emitir.
Honoka hizo un gesto con su cabeza para que entrásemos en el apartamento. Una vez dentro, me senté en el sofá, hundiendo el rostro en mis manos. No quería que me viese todavía peor.
"¿Te importa que haga una llamada?"
Negué con la cabeza.
Sin querer mirarla, oí el sonido de las teclas de su teléfono móvil marcando un número.
"¿Kotori-chan? Sí, soy yo; Honoka. Necesito tu ayuda y la de las demás también; avísales por favor. Diles que vengan a casa de Nozomi-chan, ¿vale? Daos prisa. Es una urgencia."
Cuando acabó, volvió a guardar el teléfono en el bolsillo de su pantalón y se acuclilló en frente a mí. Notando su respiración tan cercana, hice un esfuerzo enorme para sostener todo lo que llevaba dentro y la miré. Ella me miró. Pero su expresión era indiferente, no podía descifrar lo que quería decir.
"Todo va a estar bien." me dijo. Nunca había escuchado la voz de Honoka con un tono semejante. Tan tranquilo, tan suave, tan seguro.
Negué con la cabeza de nuevo. Mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas imposibles de ser contenidas, pero me mantuve lo más firme posible.
"Escúchame; vamos a arreglar esto, ¿de acuerdo? Lo vamos a lograr. Todas te vamos a ayudar. No estás sola."
No, Honoka, no me entiendes. Nadie me entiende. Vosotras no la amabais como lo hacía yo. Vuestro mundo no se hundió, vuestra vida sigue por motivos; al contrario que la mía.
De todas formas, ¿cómo sabes que Eli se ha marchado?
No me atrevía a hablar, porque sabía que no podría con ello. Un montón de pasos apresurados captaron mi atención, y al poco tiempo, alguien picó a la puerta de una manera violenta y nerviosa. Honoka fue a abrir, y allí se encontraban Hanayo, Kotori, Nico y Umi, intentando recobrar la respiración.
"¿Qué ocurre, Honoka-chan?" preguntó Kotori entre jadeos.
"Pasad. Creo que tenemos que discutir un tema muy serio."
No me gustó nada el tono en que lo dijo. Tenía miedo de lo que pudiese ser.
Las otras cuatro chicas compartieron miradas confusas y asustadas al tiempo que pasaban a la sala de estar. Cuando me vieron, no supieron como reaccionar. No se atrevieron a hablar ni comentar nada al respecto. Sólo observaron, esperando por lo que fuese que Honoka tuviese que decir.
"Bueno, no sé como empezar esto..." con la mano izquierda se rascaba el cuello. Por cada instante que dudaba que palabras utilizar, mi corazón daba más y más tumbos dentro de su espacio.
"Todo empezó esta mañana temprano. La noche anterior al volver de la cena que hicimos todas, mi familia ya estaba durmiendo, y no supe de ellos hasta esta mañana, cuando mi hermana Yukiho me despertó..."
Podía ver como Hanayo temblaba por el rabillo del ojo. Aunque estaba segura de que mis temblores eran mucho peores.
"A ver, es Navidad, me supuse que quería que fuésemos juntas a desayunar con nuestros padres o algo, pero cuando vi lo temprano que era, la idea no me cuadró mucho. Le pregunté qué pasaba, y me contestó que había pasado algo terrible..."
A estas alturas del corto pero a la vez interminable relato, casi no podía aguantar. Necesitaba explotar, había demasiadas emociones extrañas y dolorosas en mi interior.
"Podía ver el pánico en sus ojos; me asusté. Pero fue peor cuando me lo contó:"
"¡Onee-chan, despierta!"
Los gritos de Yukiho consiguieron que abriese los ojos. Lo primero que vi fue su cara. Tenía una expresión que me costó varios instantes analizar, una expresión que mostraba terror y preocupación. Intentando hacerme a la oscuridad del cuarto, me di cuenta de que era tan temprano que ni si quiera había salido el Sol. Me extrañó aún más que Yukiho me despertase a esas horas.
"¿Qué ocurre?"
"¡Ha pasado algo terrible! ¡Tenemos que hacer algo!"
Con sus manos me sacudía hacia los lados, intentando hacerme entrar en consciencia de lo que estaba pasando, aunque todavía no lo sabía.
"¡Tranquilízate y dime de una vez que pasa!"
"¡Es Arisa! Ayer estábamos dando un paseo por la calle de enfrente cuando un hombre alto, grande y fuerte se nos acercó."
"Espera, espera, espera. ¿Qué clase de hombre? ¿Lo conocíais? ¿Cómo era?"
"¡No tengo ni idea de quién era, onee-chan! Sólo se que era alto, tenía el pelo de un color claro, al igual que los ojos, y la cara más bien cuadrada. Su piel era muy blanca y parecía muy fuerte. Iba vestido con un traje negro, y tenía un acento parecido al de Arisa."
Le di vueltas en mi cabeza a la descripción, pero no me cuadraba en absoluto.
"¿No sería algún familiar de Arisa?"
"¡No! Se acercó y cogió a Arisa de la manga de la chaqueta para llevársela de allí. Yo le dije que a dónde se creía que iba y ella intentaba librarse pero entonces el hombre me dijo: "esto no es asunto tuyo" y agarró a Arisa con ambos brazos para cargarla sobre el hombro. Ella gritaba, y yo intenté ayudarla, pero entonces..."
"¿¡Entonces qué, Yukiho!?"
"¡Entonces le di una patada, una patada que el monstruo ese ni si quiera pareció sentir! Se dio la vuelta y me echó una mirada fulminante. Luego dijo: "Lo siento, pequeña. Pero tengo que llevar a la señorita Ayase con su hermana. Nos están esperando."
Me costaba buscarle sentido a la historia casi fantasiosa que me estaba contando mi hermana, pero poco a poco, lo entendía.
"¿Quién les esperaba?"
"Después de eso, le dije que a dónde se iba, le amenacé con llamar a la policía, y fue entonces cuando dijo una última cosa."
"¿El qué?"
"Dijo: -Nos vamos a casa, pequeña. Me temo que ni la mayor autoridad, ni el mayor Dios, podrá hacer nada por salvar a las señoritas Ayase de su destino.-"
"¿A casa...?"
Era muy temprano todavía, y sin duda todos los dulces que había comido el día anterior afectaban a mi manera de pensar. Intenté encajar las piezas como si se tratase de un puzzle.
Arisa, Eli. El señor de acento ruso. Se iban a casa. Nadie podría hacer nada.
Algo en esos pensamientos sonaba realmente peligroso, no estaba segura de el qué, pero había algo que me decía que debía de hacer algo. Había una pequeña voz en mi cabeza que me decía que necesitaba ayudar. Y no sólo a Eli, si no a alguien que echaría más en falta su ausencia que el resto de nosotras, y probablemente, que el resto del mundo.
"Onee-chan, hay que hacer algo."
"Lo sé, Yukiho. Lo sé..."
"¿Qué es eso de que nada las podría salvar, Honoka?" Umi parecía perder los nervios.
"Ho-ho-honoka-chan, tengo miedo..." los temblores de Hanayo aumentaron, aunque seguían sin poder compararse a los míos.
"¿Estás diciendo que...e-ese hombre...se ha llevado a Eli y a su hermana...a-a...Rusia?"
"Sí, Nico-chan. Me temo que sí."
Se hizo un silencio fúnebre en la sala de estar. Todas las miradas se centraron en mí.
"Nozomi-chan... ¿estás bien?" preguntó Kotori.
Y fue justo entonces, cuando exploté.
"¡No, claro que no estoy bien!" dije, levantando la voz cada vez un poquito más, con las lágrimas aún cayendo y los labios aún temblando.
"¿En serio teníais que haberlo preguntado? ¿Cómo se supone que debería estar? ¡Eli se ha ido! ¿Es que no lo entendéis? ¡Se ha ido para siempre! ¡Se ha marchado! ¡Se ha ido y ni si quiera me ha dicho adiós con su propia voz!" mi voz temblaba, pero ya me daba igual. Tenía que soltarlo todo de alguna manera. Me daba un poco de pena ver sus gestos asustados, intentando contener las lágrimas probablemente al ver mi situación. Pero como todo, me daba igual.
"¡Eli! ¡Eli! ¡Mi Eli se ha ido!" me intenté levantar pero mis piernas fallaron, y caí abrazándome a Kotori, que para entonces ya estaba llorando en silencio, como las demás.
"¡No podéis entenderme! ¡Yo la amaba! ¡La amo, y seguramente la seguiré amando hasta que el dolor insoportable me consuma! ¡La adoraba! ¡La deseaba! ¡Eli era todo lo que necesitaba para ser feliz, y se ha ido!"
Sus miradas se centraron en mí. Empezaron a llorar más fuerte. Pero por mucho que llorasen, nunca derramarían tantas lágrimas como yo.
"Se ha ido. Y con ella; mi corazón."
Me derrumbé en el suelo. Y grité. Llantos de dolor, desgarradores. Pero daba igual, ni con eso conseguía sentirme un poco mejor. Las chicas intentaban buscar algo que decir para hacerme sentir mejor, pero no; nada funcionaría. Nada me podría consolar.
"Nozomi."
Levanté la vista para ver como Nico me miraba con completa seriedad, y los ojos enrojecidos.
"Esto no se va a quedar así."
Seguí llorando y gritando en el suelo. "¡No me entiendes, Nicocchi!"
"No, no te entiendo. Pero hay algo que sí. Entiendo que la ames, entiendo que sientas amor, y que eso mismo te esté destrozando. Por eso mismo no va a quedar así."
"¿A qué te refieres, Nico?" preguntó Umi.
"A que se supone que el amor es una de esas cosas tan maravillosas que la vida te da la oportunidad de sentir. Se supone que es algo hermoso; no algo así." dijo señalándome.
Tenía razón. Yo siempre he sido ese tipo de chica que leía libros a todas horas, básicamente porque para mí los libros y sus historias eran mucho mejor que las personas. Historias hermosas, épicas, llenas de amor y personajes increíbles. Historias felices con finales felices la gran mayoría de las veces. Pero mi vida no era un libro. Yo no era una princesa en apuros. Eli no era un caballero de brillante armadura. A mí nadie me iba a salvar del pozo sin fondo en el que estaba cayendo.
"¿Llego en un buen momento?"
Una voz distinta a las seis que nos encontrábamos hasta entonces en la sala se hizo oír. Miramos a la puerta, que estaba abierta, y en ella, Maki sonreía junto con Rin.
"¡Sentimos la tardanza-nya!"
"¡No es un buen momento, pedazo de idiotas!"
"¡Tranquilízate, Nico-chan!"
"¡No empecéis a discutir! Yo llamé a Maki-chan esta mañana." afirmó Honoka con un toque de orgullo.
Desde la llegada de las dos muchachas de primer curso, dejé de entender lo que planeaban.
"¿Qué?"
"¡Sí, lo hice! Me pareció lo más adecuado, era la única con recursos suficientes."
"¿¡A caso la gran súper idol Nico Nii no podía ayuda o qué!?"
"¡Nico! ¡Ni se te ocurra empezar con tus tonterías en un momento como este!" gritó Umi enfurecida.
"De todos modos... ¿por qué estás tan contentas? ¿No sabéis lo que ha sucedido?" preguntó nerviosa Kotori refiriéndose a Maki y Rin.
"¡Por supuesto que lo sabemos-nya! Maki-chan me lo contó cuando me la encontré por la mañana y decidí acompañarla."
"Honoka, creo que nos debes una explicación..." el aura malévola de Umi se esparcía a su alrededor.
"Después de que Yukiho me contase lo que había ocurrido, me paré a pensar detenidamente en qué podíamos hacer nosotras para ayudar a Nozomi, que ya me suponía desde un principio que esto le afectaría más de lo posible incluso. Entonces llamé a Maki-chan."
"¿Y por qué a ella?" preguntó Hanayo.
"¡Porque su familia es rica, obviamente!"
"¿Qué?" dijeron Umi, Kotori, Nico y Hanayo al unísono.
Maki y Rin se sonrieron, y la pelirroja se me acercó tendiéndome una mano para ayudar a incorporarme.
"Eh, Nozomi,"
Un poco más calmada, encontré las fuerzas para responder.
"... ¿qué?"
"¿Podrías hacerme un favor? Date una ducha, ponte guapa, y si tienes vértigo; vete superándolo."
"...¿por qué?"
"Porque nos vamos a Rusia a recuperar a tu chica. Y más vale que te des prisa, ¡nuestro vuelo sale esta noche!"
Y me volví a derrumbar entre lágrimas en los brazos de Maki.
Lágrimas de alegría.
A/N: ¡Yo también quiero tener unas amigas así! Pero que conste que no lo tendrán tan fácil. ¡Rusia es un país enorme!
