Disclaimer: Avatar: la Leyenda de Aang no me pertenece, yo simplemente amo este universo.
CAPITULO 9: Realeza
El sol brillaba en la tarde, los colores del atardecer desdibujaban las sombras del suelo, parecía como si todas las flores del bosque se hubieran abierto, el pasto se veía anaranjado, los arboles rebozaban de frutas, los pocos animales que pasaban se veían esponjosos y adorables. Un tímido conejo blanco asomo su cabeza, sus ojos eran grandes y su nariz rosada, olfateo una dulce flor mientras los rayos del ocaso brincaban en su cara; de repente, una flecha le atravesó la garganta y el animal cayó muerto sobre la flor.
- ¡Siii! – grito histérica Ty lee como si interrumpiera a propósito la quietud del bosque- con esto ya tenemos suficiente para que todos comamos muy bien, volvamos cuanto antes al campamento.
Mai la miro con impaciencia. Ty lee siguió caminando feliz, pero Mai no se movió del lugar desde donde había lanzado la flecha.
- ¿He? ¿Qué pasa? – dijo volteando Ty lee al percatarse que Mai no se movía- hay que volver cuanto antes o los demás se morirán de hambre.
- ¿En verdad tienes tanta prisa por regresar? – dijo Mai con pereza- la verdad es que Azula ha estado un poco…
- ¿Histérica? ¿molesta? ¿enfadada sin razón? – dijo la gitana acercándose a su amiga y haciendo ademanes mientras hablaba- ¿irritable? ¿frustrada por estar en el bosque acampando como pobretones en lugar de estar conquistando algún pueblo? ¿herida en lo más profundo de su alma por el primer gran fracaso de su gran vida? ¿desorientada por qué su padre la ha dejado a ella y a su hermano a su triste suerte?
- Violenta – interrumpió Mai- especialmente contra nosotras.
Ty lee la miro con los ojos grandes, pero con quietud y sin contradecirla; la verdad es que estaba de acuerdo.
- ¿Por qué…? – pregunto la gitana mientras se sentaba sobre el verde pasto- ¿por qué no sirvió el pasadizo? Tu dijiste que esos lugares eran por los que las diosas se transportaban, se suponía que debíamos llegar al castillo de la ciudad central de los valles – la chica dio un suspiro antes de continuar- la verdad es que no tengo muchos ánimos de regresar ahí.
- ¿Recuerdas la gran puerta roja? – respondió Mai mientras volteaba hacia lo más alto de la copa de los árboles- debíamos entrar al cuarto y salir de nuevo; si se activaba el conjuro saldríamos en un castillo diferente, así era como las diosas se movían y me encerraban al mismo tiempo.
- Pero cuando Azula abrió la puerta seguíamos en Omashu – termino Ty lee-
- Eso fue porque la magia no funciono – explico Mai- seguramente eso es lo que la tiene tan molesta.
- ¿Que la magia no funcionara? – pregunto Ty lee-
Mai dejo de observar las copas de los árboles y volteo hacia su amiga, Ty lee se sorprendió al notar la ligera sonrisa que se dibujaba en su rostro.
- Ella ya se dio cuenta – dijo Mai- de que no puede usar magia.
Ty lee se sorprendió; ella, la gran princesa, hermosa y orgullosa, no había sido agraciada por las diosas.
- Imposible – fue su implacable respuesta -
- Dependiendo de qué tipo de persona eres son los favores que las diosas te conceden – explico Mai- si le agradas a las tres diosas, te dejaran usar su magia; una magia que debes aprender y que a ojos comunes no parecerán más que grandiosas habilidades, grandiosas; pero humanas.
- ¿Cómo dar siempre en el blanco? – adivino Ty lee-
- Así es – dijo Mai mientras se inclinaba en cuclillas para seguir conversando, aunque era notorio que sentarse sobre el pasto le era desagradable – lo que asusta es el hecho de solo agradarle a una de las diosas; entonces las habilidades que obtienes sí que son grandiosas.
- ¿El agua control? – volvió a adivinar Ty lee, aunque esta vez Mai le respondió solo con la mirada- ¿y qué pasa si no le agradas a ninguna de las diosas?
Mai aparto la mirada de la gitana, se mantuvo absorta en la espesura del bosque, como si recordara algo que hubiera dejado atrás, como si extrañara a alguien. La chica volteo su vista hacia los conejos muertos, con dos de sus dedos cerró los ojos del último que había matado, cubrió con la palma de su mano el rostro del animal.
- Koh – dijo quedamente la chica como si no quisiera que Ty lee la escuchara; pero lo hizo-
- ¿Por qué me cuentas esto? – dijo Ty lee consternada de recibir una explicación que nadie más escuchaba-
- Porque tú y yo somos iguales – explico Mai volteando nuevamente hacia ella – nosotras les agradamos a las tres diosas.
- Eso no le agradara a Azula – dijo Ty lee tirándose de espaldas al pasto mientras estiraba sus brazos y sonreía-
- No, claro que no – dijo Mai mientras se ponía de pie – pero ya vámonos, si nosotras estamos aquí significa que ellos dos están solos.
- Espero que cuando lleguemos sigan los dos vivos – dijo la gitana poniéndose de pie con un movimiento-
Pero cuando las chicas llegaron los dos príncipes estaban más optimistas de lo que esperaban. Azula estaba sentada sobre un lindo banco comiendo un buen trozo de carne; mientras Zuko hurgaba en un gran saco y sacaba toda clase de cosas de él, ropa, comida, monedas, como si alguien hubiera guardado en él lo más fundamental para una vida cómoda.
- ¡Chicas! - exclamo Azula con una extraña jovialidad que no le veían desde que dejaron Omashu – se tardaron mucho, pero me alegra decir que nuestra recolección de frutos fue exitosa.
- Esos no son frutos – dijo Ty lee mientras se acercaba curiosa al montón de cosas que Zuko examinaba-
- No nos lo van a creer – dijo Zuko dándole la gran bolsa a Ty lee – Azula y yo íbamos caminando por el bosque, y encontramos una carreta abandonada con todas estas cosas, justo al lado del río.
- ¿Y no creen que sea de alguien? – pregunto Ty lee mientras se probaba una diadema –
- ¿A quién le importa? – respondió Mai mientras tomaba con la mano algo de la comida encontrada-
- Exactamente – dijo Azula jactanciosa –
- Pues eran de alguien que no las cuido muy bien – dijo Zuko mientras se unía a la comida-
Tal parecía que quedarse con esas cosas no era un conflicto moral para ninguno de ellos.
- No tardaremos mucho en llegar a la ciudad central – dijo Ty lee con un tono melancólico al terminar la comida- nos faltan unas dos o tres horas de caminata.
- No deberías sonar tan triste – corrigió la princesa con su aire de superioridad – te aseguro que esa ciudad ya no es lo que solía ser, ahora estoy segura de que podremos ganar.
- La tribu de agua ocupa ese lugar – dijo Zuko con pesimismo- no pudimos ni enfrentarlo en Omashu y no tenemos ningún tipo de recurso.
- ¿Insinúas que es imposible? – pregunto Azula altanera- ¿realmente crees que es posible que este equipo falle?
Zuko la miro incrédulo.
- Ya hemos fallado – siguió el chico pesimista-
- Zuzu… – regaño la princesa- no estamos derrotados, estamos en un proceso y te aseguro que terminara en la victoria, siempre es así; al menos en mi caso. Ahora que si prefieres abandonarme lo más seguro es que seas aniquilado.
Zuko seguía escéptico; sabía que su hermana tenía razón, ella no era de las que perdían, ella no solía arriesgarse a menos que la victoria fuera segura; pero ella también se había rehusado a contarles su plan, era brillante y traicionera; Zuko sentía que muy dentro de su ser se reía de él, como siempre lo había hecho.
- En el fondo del castillo de la ciudad central de los valles – dijo Zuko con una voz áspera que rompió el ambiente jovial que se había formado al fin - tu estuviste decidida a matarme.
El sol termino de ocultarse y una sombra cubrió los ojos de la princesa.
- Creí que no lo recordabas – dijo en tono de amenaza-
Entre Zuko y Azula se cruzo una mirada intensa, ninguno tenía miedo. Mai y Ty lee se miraron nerviosas al notar que había sido borradas de la escena.
Zuko poso su mano discretamente sobre la funda de su espada.
- Lo recuerdo vagamente – respondió el príncipe – creí que era un mal sueño; pero parece que no.
Azula se rio.
- Lo mejor que puedes hacer es seguir creyendo que no fue real – dijo Azula con una extraña sonrisa- soy lo que más te conviene, ¿o prefieres volver a vagar sin rumbo? Papá no te recibirá si buscas su ayuda y si yo te echo la culpa de los anteriores fracasos sabes que me creerá.
Zuko estaba acorralado, apretó fuertemente el mango de su espada, tan solo por un segundo pensó en desenfundar y la mano de Mai lo detuvo. La mano de Zuko sosteniendo fuertemente la aun enfundada espada y la mano de Mai sosteniendo la de él con mayor fuerza.
- No lo hagas – susurro ella mientras Zuko se perdía en sus ojos-
Y por un segundo esos ojos y esa caricia lo convencieron, paso ese segundo y el príncipe volvió a ver los ojos de su hermana, vio detrás de ella a Ty lee y de repente toda la ira del joven se convirtió en una repulsión hacia esos horribles tratos que su propia hermana propiciaba.
- Esta en ti decidir lo que harás hermanito – siguió Azula- puedes tratar de enfrentarme si quieres, aunque sabes que no ganaras. Pero debo decir que el tratar de matarte fue una decisión precipitada que tome sin pensarlo mucho, ahora es cuando debemos estar más unidos.
Se sentía controlado, atado a una causa que no comprendía; la confusión que lo acompañaba desde los lejanos días en los que su madre los abandono seguía presente. Zuko alejo su mano de su espada y de la mano de Mai, se levanto y miro con odio a Azula.
- Dime que es lo que planeas – exigió Zuko- o me iré de aquí.
Azula observo con su mirada segura, como si esa reacción no fuera sorprendente ni inesperada.
- Vamos a la ciudad central para destruir a los maestros agua – dijo Azula mientras divagaba con la mirada y adoptaba una pose despreocupada- tu puedes creer que no tenemos recursos, pero la verdad es que no los necesitamos.
Zuko seguía de pie frente a su hermana con esos ojos que exigían respuestas.
- Si ya sabemos que nuestro enemigo tiene más poder que nosotros no debemos tratar de combatirlo – dijo Azula con una sonrisa en su rostro- eso nos conduciría a la muerte inevitable; simplemente debemos conseguirles un enemigo que si pueda derrotarlos, alguien que si este dispuesto a darlo todo.
Zuko la miro confundida, tardo en comprenderlo.
- Las gitanas – murmuro Ty lee, se podía leer el miedo en sus ojos-
Zuko se quedo pasmado, confundido, indeciso, no parecía que Azula mintiera.
- Eso es…- el príncipe no encontró un calificativo adecuado-
Pero la sonrisa de Azula seguía ahí, Ty lee estaba al lado de ella, si alguien debía reclamar esa era ella; pero no dijo nada.
El príncipe retrocedió en silencio, el repudiaba toda esa actitud, se dio la media vuelta y camino firme hasta la casa de campaña, se sentó en el suelo y presiono su puño contra la dura tierra. Zuko sintió como otra persona entraba a la tienda, se sentaba detrás de él.
- Podría vencerla si me lo propusiera – dijo Zuko mientras le daba la espalda a la chica que lo había seguido-
Ella no respondió, pero no era difícil interpretar ese silencio con una negativa.
- ¡¿Y que se supone que haga? – grito el chico desesperado mientras se daba la vuelta y la veía de frente - ¿Qué le diga que todo esta bien? Yo no le importo, nos esta usando, estamos más que perdidos.
Ella siguió sin responderle nada.
- Todos los que nos podrían ayudar no están – siguió el príncipe gritando- ¡todos me abandonaron!
- No están muertos – dijo al fin Mai, con una ecuanimidad que perturbaba a cualquiera-
Zuko volteo hacia ella en silencio, consternado por sus preocupaciones y miedos.
- ¿Es todo lo que puedes decirme? - pregunto él desesperado-
Mai se acercó a él y acaricio su rostro y limpio sus lágrimas.
- Te quiero – dijo ella-
Y él se sintió aliviado y triste. En ese momento ella era la única que podía decir eso con tanta seguridad. Zuko ya no recordaba muy bien los tiempos en los que no era así, aquellos días donde se sentía el centro del mundo.
- Yo no puedo seguir junto a ella – dijo Zuko mientras se acercaba más- sé que no es confiable.
- Estar con ella es lo mejor que podemos hacer – aseguro Mai- y tu lo sabes.
- Sé que hay cosas que no me has dicho – aseguro él mientras la tomaba de los hombros-
Zuko se esforzó por intimidarla para que hablara, pero había algo en ella que lo obligaba a verla con ternura, esos ojos claros que nunca se apartaban de él, que se mostraban preocupados ante sus depresiones y fracasos.
- Ven con nosotras a Ciudad Central – dijo ella con fuerza y sin apartar sus manos del cuello del joven-
Él estaba indeciso. Confundido.
Un silencio.
- ¿Por qué confías tanto en Azula? – pregunto él sin recato alguno-
- Me cae bien – dijo ella después de pensarlo un momento-
Zuko la miro incrédulo un segundo, respiro profundamente.
- Eres muy mala mintiendo Mai – dijo el muchacho-
- ¿Y entonces? ¿Iras con nosotras? – dijo ella insistente, esperando un si-
Un abrazo.
Casi sin sentirlo la noche apareció sobre ellos, los árboles se mecían y entre ellos no había respuesta que valiera la pena decir.
- Estoy cansado – fue la respuesta del príncipe- sé que Azula no me ayudara, tampoco las diosas lo harán.
- Según yo no has pedido la ayuda de ninguna – respondió Mai –
- No es como si pudiera – dijo Zuko mientras se recostaba derrotado sobre el piso-
Mai se acercó al chico y acaricio su frente, peinando el cabello del joven con un tacto suave.
- Las diosas ven lo que nosotros vemos sin usar nuestros ojos, aquellos anhelos y recuerdos que nos cuesta trabajo percibir y recordar, esos a los que nos aferramos para seguir viviendo – Explico Mai mientras Zuko se quedaba dormido- las diosas de la fortuna solo son capaces de ver nuestros sueños, porque son la forma más etérea que tenemos de mostrar nuestras vidas
El palacio de la familia real en la región de los volcanes, el calor sofocante y el olor a azufre tan característicos de la zona.
Ya hace casi dos años que Azulón murió. Ozai es rey, las guerras han incrementado y mi hermana y yo nos sumergimos en rutinas que exigen disciplina.
Durante dos años no me falto el buen consejo y la ayuda oportuna para mantener la esperanza falsa; pero un día la patria necesito más de esos consejos y Iroh me dejo confiando en el buen juicio de la reina para criarlo.
Iroh lleva un año fuera de palacio, peleando en las batallas que mi padre encarga, lleva pocas victorias, pero ninguna derrota. Cada cierto tiempo manda cartas a palacio, siempre las recibe mi madre y nos las lee. Ni Iroh, ni absolutamente nadie pregunta por Lu Ten.
Un día llega una carta que mi madre lee en silencio y que no comenta con nadie.
Y pasa otro día, y otro más y otros cuantos más. Noto a mi madre cansada, triste y con dolor. Le pregunte que pasaba y ella no me contesta más que con caricias y un beso en la frente.
Están a punto de ser los tres años desde que Azulón murió, uno desde que Iroh se fue y las cartas de mi tío dejan de llegar.
¿Por qué? – pregunta Zuko entre sueños.
Tu tío ha abandonado la lucha y ha desaparecido – respondió mi madre-
A mi madre se le ve triste, seca mis lágrimas. Se pone de pie, yo aun tengo nueve años y aun debe alzar la vista para verla. Y levanto la vista y lo veo sin ninguna duda, mi madre esconde una sonrisa con un gesto fingido. No lo comprendo.
Y pasan dos donde no me faltan las atenciones maternales, ya sean las que atienden con cariños no pedidos o con rencores infundados, dependiendo de a qué hijo le preguntes.
Yo busco el refugio en los brazos que me atienden sin descuidar mi entrenamiento para pagar con logros propios el amor de mi madre.
Mi hermana busca el refugio en el entrenamiento y la gloria de los logros propios para huir de los ojos de su madre.
Están a punto de ser los cinco años desde la muerte de Azulón, tres desde que Iroh se fue a la guerra, dos que la abandono y otra carta llega al palacio que mi madre lee en silencio y que no comenta con nadie.
Llega un aviso formal de la región de los valles, necesitan un nuevo general que comande las fuerzas en el frente de la batalla.
¿Tú sabes pelear? – le pregunte a mi madre- ¿o por qué te llaman para que vayas al frente?
El recuerdo es nubloso, la respuesta no es clara, solo recuerdo que mi madre estaba llorando.
Con pasos pesados mi madre va a ver al rey para pedirle que mande a otro, que ella ya no esta para las batallas.
"Nos conviene escuchar esto" fueron las palabras de Azula al arrastrarme hasta detrás de las cortinas. Desde aquí podemos ver a mi madre pedir un favor, un poco de comprensión.
"Es el tiempo de hacer otro sacrificio"- fueron las palabras de mi padre.
"Prefiero la tragedia antes del sacrificio" – le contesto mi madre.
No termine de escuchar, salí corriendo de ahí. La mirada en los ojos de ambos me asusto.
Yo tenía once años y Azula a penas y había cumplido los diez y mamá se fue; ella dijo que iba a la guerra; pero al ponerse su capucha y antes de subir al carruaje se acercó a mi y susurro antes de besarme la frente: "no les creas, yo sería incapaz de irme a una guerra"
Y la reina subió al carruaje, el carruaje a un barco, nos dijeron que ese barco la llevaría a la guerra; pero nunca recibimos noticias de batallas, ni una sola carta llego de mi madre.
Durante dos años creí que el mundo era distante, que detrás de las paredes de palacio era fácil perderse, que esa tierra existía para llevarse a mi gente lejos de mí; confié en que la guerra era un mito y las palabras de mi padre sobre el valor de las batallas y la fortuna de nuestros soldados me llegaron a lo más profundo de mi corazón; no porque yo quisiera creerlas, sino porque durante esos años en los que mi madre y mi tío se fueron esas palabras eran lo único que yo escuchaba.
Y un día escuche un sonido grave, un día que alce la voz sin pensar, el día que mi padre me exilio, su rostro furioso, hubiera deseado ver ese rostro; pero por más que alzaba la vista no era capaz de verlo…
Zuko abrió los ojos, la casa de campaña, aun era de noche, Mai dormía junto a él, Azula y Ty lee dormían al lado de ella.
Ty lee abrió los ojos, la casa de campaña, ya era de mañana, Azula dormía junto a ella, no había nadie más. La gitana se levanto despacio y salió, Mai estaba sentada frente a los restos de la fogata comiendo un poco de la comida seca que habían encontrado.
- Se fue – dijo Mai con voz seca y triste – y no se adonde.
- ¿Te dijo por qué? – pregunto Ty lee acercándose-
- No – respondió su amiga sin levantar el rostro – pero yo sé porqué.
- ¿Lo seguirás? ¿Iras a buscarlo? – pregunto la gitana-
Mai guardo silencio.
- Yo me quedare con Azula – dijo Ty lee con seguridad-
Mai guardo silencio.
- Iremos a la ciudad central – siguió Ty lee- no tengo muchas ganas de regresar ahí pero si Azula quiere yo la seguiré.
- No te importa que te trate mal – dijo Mai sin levantar la vista-
Ty lee guardo silencio.
Mai levanto su vista y volteo hacia ella.
- Cuando yo estaba con las gitanas – dijo Ty lee sin bajar la mirada de la copa de los árboles- ellas decían que me trataban bien, pero no me querían. Un día Azula nos tendió una trampa y yo fui capturada. Cuando la princesa fue a verme a la celda ella decidió soltarme ¿sabes por qué?
- Ella te dijo que te soltaba porqué tu no servirías para atraer a las gitanas, que no tenía caso tener a un rehén por el que nadie vendría – respondió Mai, ciertamente esa era una de las muchas escena que había visto en su bola de cristal- desde entonces tú te convertiste en su espía.
- Yo no voy a traicionarla – declaro Ty lee-
- Yo sé que lo mejor que puedo hacer es quedarme de su lado – dijo Mai – es lo más seguro, para mi y para Zuko.
- ¿Por qué? – pregunto Ty lee mientras bajaba su vista, se dio cuenta de que su amiga no estaba llorando-
- ¿Jamás te dije cual fue el deseo que conmovió a las diosas? – respondió Mai – aquel que pidió la reina Ursa, el que las diosas concedieron a cambio de retirar los poderes a toda la familia real.
Ty lee escucho con atención.
Azula abrió los ojos, la casa de campaña, ya no había nadie dormido. La princesa salió de la casa y vio Mai y a Ty lee platicando frente a los restos de la fogata.
- Zuko se fue – dijo Mai – creo que solo nosotras iremos para ciudad central.
Azula no parecía sorprendida.
