Germania le abraza por la espalda en la escuela un rato más tarde, cuando al fin ha conseguido encontrarlo dos segundos sólo después de seguirlo medio día.

Roma levanta las cejas sin esperárselo porque está pensando en quién sabe qué.

—Hallo...

—Oh! —sonríe y pone las manos sobre las suyas—. Ave!

El sajón le da un beso en la mejilla, corto y seco, como habitualmente... él se ríe.

—Me has asustado, estaba pensando en tu hijo.

Germania gruñe un poco pero con todo está de buen humor.

—Tengo cuatro.

—Svizza.

—Oh... ¿Qué pensabas de él?

—Cómo manejarme para que me aumente el crédito de las obras del cuarto de las chicas para comprar otro coche y en qué inversiones es mejor retirar para tener el efectivo.

—¿Otro coche?

—Sic, uno más nuevo y más potente para darle envidia a mi novio.

—Ponerle los pelos de punta, más bien. ¿Entonces estás bien? —sonríe un poco. Roma sonríe de lado y asiente.

—¿Y las chicas..?

—Creo que también lo están —le mira.

—Ägyptien no estoy seguro...

—¿Por?

Le cuenta la historia de manera escueta y rápida. El moreno sonríe de lado.

—¿Y qué esperabas, mi amor?

—¿Un "danke"?

—Si conmigo o con Helena es una víbora, ¿qué te hace pensar que te va a decir gracias a ti, que le caes mal? —se muere de risa.

—¿Sabes lo que costó convencer a Deutschland? Y solo era cuestión de... bueno, pensé que quizás ya no le caía TAN mal.

—Después de lo del cuarto... cariño, no le caes mal, cualquier día va a clavar tu cabeza en una estaca y le dará tu cuerpo a los gatos.

Germania levanta las cejas,

—¿Y por qué a mí y no a ti? Además... ¿No va a ponerse en el cuarto grande y con Helena?

—A mí también, a mí también, ni te creas que no me ha costado que ACEPTE mis regalos, ya no digamos dar las gracias.

—Las cosas no van a ser tan diferentes, vas a seguir tirándotelas igual —hace los ojos en blanco y le da un besito en el cuello. Roma suspira y aparta la cabeza, dejándole.

—Como siempre, estás haciendo más drama del que amerita —bueno, tú también estás de dramático, querido... pero creo que el tuyo estaba un poquito más justificado. Le aprieta contra sí—. Danke.

—Si te crees que me ha sido tan fácil, es que no me conoces —¿Querías drama? Toma, dos tazas.

—Nein... No creo que te haya sido fácil, te dije gracias.

—De nada —se ríe—. Aunque me gusta que lo hayas dicho.

—No pensé que se hiciera todo esto tan complicado...

—¿Por?

—Sólo con mudarme a tu cuarto.

—¿Y qué creías? ¿qué les daría igual?

—Que no sería tan grave...

—Cuando vas a entender que la mitad de ellas son sureñas... y la que no lo es tiene un carácter...

—Pero es que solo... es tener cuarto conmigo.

—¿Que habrías hecho tú si me llego a ir al cuarto de una de ellas?

—Me voy a casa. Vale, vale... —le aprieta con fuerza.

—Y conseguí que ninguna se vaya.

—Eso es lo que estoy viendo. ¿Ves? Nada de qué preocuparse, tú eres muy listo.

—Pero que morro tienes —se ríe.

—¿Lo tengo? —se ríe un poquito también.

—Sic. Vamos a comer.

—Vamos —le suelta al fin—, puedes invitar a Helena si quieres... o a quien sea.

—Nah, los viernes Egipto come antes y Helena no tiene clase por la tarde. Claro, como se tiró al decano, ¿sabes que por eso es que a mí me odia? Si será envidioso el tío.

—¿Se tiró al decano? ¿Helena? —el chisme de una buena vez.

—¡Eso me dijo! Y todo tiene sentido ahora.

—¿Todo tiene sentido? Tiene el mejor horario posible, eso sí...

—¡Y las aulas más grandes y todos los permisos que pide se los conceden!

—Pero el decano... ¿en serio? Si ni se miran, siquiera... el decano a quien mira es a Egipto...

—Non, non, mira a Egipto... hombre, porque quién no la mira con esa ropa y ese maquillaje que siempre se pone... pero Helena... eso explica porque a mí me riñe tanto cuando voy a posar.

—¿Celoso? Pero por Thor... Helena es... ¡Helena!

—Cazzo, ¡es que a mí me riñe por todo!

—No será que le gustas...

—Non, non, no es como Britania... no sé quién le gusta, pero es alguien con quien me ha visto y por eso me odia.

—Pero por favor, no esperará que Helena...

—Es a la que más favorece, además si fuera Egipto a quien odiaría sería a Helena... creo.

—¿Cómo?

—Es Helena quien siempre va a llevarle café y se la lleva de clase...

—¿Ah, ja? —ni se enteró.

—¡Venga, hombre! Y luego, además me quedo yo de suplente. ¡Subirme el sueldo debería en vez de machacarme tanto!

—¿Ves cómo eres tú el que hace drama por todo? Ya está bien que ALGUIEN te haga trabajar de vez en cuando.

—¡Pero si yo trabajo más que nadie!

—No creo que trabajes más que yo —niega con la cabeza.

—Ah, ¿sí? Pues he oído que están pensando promocionarme para subirme de categoría a jefe del departamento de Historia para después de Navidad —sonríe.

—Eso te haría... — le mira de reojo con las cejas levantadas.

—Tu jefe —se relame.

—Nein! Me niego rotundamente. Voy a ir a hablar con el decano,

—Noooon! —le abraza riéndose.

—¡Imagínate! Tener que pedirte permiso a ti para cambiar el programa, para irme de vacaciones... revisar contigo mis clases. Nein, me niego! Además... todos dormiríamos con el jefe, eso es incorrecto.

—¡Eh! ¡Que yo soy muy profesional! —protesta—. Además, no me digas que no te pone la fantasía del jefe que se sobre pasa con su pobre empleado obligándole a tener sexo a cambio de los mejores horarios...

—No me pone ninguna fantasía de Helena con el decano —aprieta los ojos.

—No es con Helena ni con el decano, ¡es conmigo!

—Contigo podríamos hacerlo igual... ¡sin necesidad de pensar en los horarios!,

—Pero tiene un punto sexy añadido —ese tonito y esa sonrisita, dedo acariciándole el pecho. Germania traga saliva y le mira de reojito. Roma sonríe encantador.

—Pues... ehm... puede que tuviera cierto encanto.

El latino se ríe.

—¡Puede!

El romano se sigue riendo negando con la cabeza.

—Igual no hay nada decidido, pero quería ser yo quien te lo dijera, solo para ver tu cara.

—Quiero hablar con el decano igual, no estoy seguro.

—¡Pero él es justo quien se opone!

—Pues me parece sensato, muy sensato. Prefiero a Helena

—Helenaaaa? ¡Lo dices solo para molestarme! Además a ella no le interesa.

—Ah non? Yo creo que ella lo haría mejor, no por molestarte...

—¡Claro que no lo haría mejor!

—¿Por?

—Porque no le interesa hacerlo y es mucho más desordenada que yo para esas cosas.

—Pero sería mejor jefa de todos, se entiende con todo el mundo.

—¿Insinúas que yo no?

—Es diferente.

Los ojos ámbar le mira fijamente.

—¡Yo la prefiero a ella de jefa que a TI! Evidentemente.

—Ya...

—¿Por qué te ofendes? ¿Porque digo que Helena se lleva mejor que tú?

—Al menos se lleva bien con el decano —sonríe de lado.

—¿Ves? Tú mismo lo reconoces. Estoy seguro de que te negrearía —le mira de reojo—, ¡Aunque por favor no permitas que Ägyptien se quede con el puesto!

—Admite que lo que pasa es que compites conmigo.

—Ich?

—Sic, por eso no quieres que sea yo.

—Nein, no quiero que seas tú porque NO puedes ser mi jefe. ¿Te gustaría que yo fuera el tuyo? Puedo postularme. Soy más ordenado que todos.

—¿Tú? No es cuestión de postularse. Tú no te llevas con nadie.

—Yo me llevo con todos menos con Ägyptien.

—Non, a mí no me gustaría que fueras mi jefe porque eres incorruptible y yo sí iba a tratar de conseguir cosas con sexo.

—¿Pues ves? ¡Un jefe debe ser incorruptible!

—Non, debe ser justo y empático.

—Yo soy justo.

—Ya veremos —sonríe.

—Quizás pudiera ser Gritania —se ríe un poquito.

—¿Te imaginas? Entonces yo sí estaría jodido —se ríe Roma.

—Todos en realidad... más Ägyptien que nadie, creo que ahora sí que nos mata a todos —palmaditas en la espalda.

—¿Quién? ¿Gritania?

—Nein, Ägyptien con Gritania de jefa.

—Ah, seguro —asiente riendo—. ¡Y al revés igual,

—No, bueno... es que de verdad si fuera Ägyptien, YO tendría que volverme a casa —carraspea—, insisto que voy a ir a hablar con el decano. Helena es la mejor opción.

—Nah, yo soy la mejor opción —insiste.

—Nein, si eres tú, yo dejaré de trabajar,

—Quid? ¿Por queeeé?

—¡Porque no vas a ser mi jefe! Es... como ser parte del imperio, me niego.

—¡No es ser parte del imperio! —pone los ojos en blanco.

—Es lo mismo, ¡es darte poder sobre mi y mi trabajo!,

—Pero habrá gente a quien quejarte si te hago daño y esta vez no planeo matarte.

—¡Pero es que habiendo tantas personas en el mundo! Insisto que sea Helena.

—Helena no va a querer…

—Bueno pues... no sé, que traigan a otro como el decano. ¡Solo me falta que tú seas el jefe! Ya tienes aires de jefe en casa, solo falta que lo seas aquí. Además vas a darle todos los horarios buenos a Ägytien!

—¡No es verdad!

Germania le mira con una ceja levantada.

—A ver... llegan Egipto y Helena contigo... vestido corto, labios rojos —el que no se fija, eh... pongan atención.

—Aja...

—Te piden las dos clases en horario convincente, se besuquean, te besuquean... ¡y yo termino teniendo el peor horario del mundo!

—Vienes sin camisa y me besuqueas y los tendrás tú.

—¡No voy a ir sin camisa a besuquearte!

—Oh... que desperdicio —niega con la cabeza.

—Si voy a dormir contigo una gran parte de las noches... —se sonroja un poquito—. No necesito venir aquí a la escuela sin camisa.

—No lo necesitas en ningún caso, pero es... divertido —sonríe.

—Y pervertido y todas esas cosas incorrectas. Helena, en cambio, sería incorruptible —el mundo entero se ríe a carcajadas. Roma se muere de risa—. Was? Seguramente no le importaría que alguien llegara desnudo, su sentido de la justicia es mayor que el tuyo.

—Me subestimas.

—Insisto que la prefiero a ella de jefa a ti, y creo que todos los demás estarán de acuerdo. Voy a proponerlo en la cena.

—Ella no tiene esa ambición y tú no eres quien decide, ni siquiera nosotros.

—Pues dejemos de discutirlo entonces... —protesta terminando su almuerzo, para las horas que llevan en esto.

xoOXOox

Helena sonríe mirando a Roma a través de la mesa, él la mira al notar su mirada, con la boca llena de macarrones ~PASTAAAAA~

—Hoy los alumnos me han dado una idea de qué quiero yo en compensación...

Roma traga y sonríe un poco limpiándose la boca.

—Me han dado un montón de ideas, no crean que no... —les mira a todos y se ríe un poco—, sorprendentemente creo que un cuarenta por ciento de esas ideas eran sexuales.

—¿Solo un cuarenta por ciento? ¿Cuánta gente va a tu clase y no a la mía? —protesta riendo, ella se encoge de hombros.

—Bastantes también van a la clase de aquí de la faraona... se sorprenderían en saber cuántos pidieron su cabeza en una estaca.

—JA! Idiotas. Los voy a suspender a todos —bufa la faraona.

—Y entonces los tendrás otra vez el próximo año, cielo —se ríe Helena.

—Pues hasta que aprendan... o ya no puedan pagar —replica.

—Claramente no pretendo pedir tu cabeza en una estaca de todos modos... pero puedo al menos tener sexo ardiente contigo la mañana en que califiques los exámenes —gesto con la mano y le cierra un ojo a Roma.

—¡JA! —se sonroja un poco ella. Roma sonríe y se nota que se lo está imaginando... Junto con Germania, que se cruza de brazos y se sonroja también, demasiado concentrado en su tenedor.

—Propusieron... escuchen esto, que Rómi hiciera una escultura mía para donarla a la escuela y que la pusieran a la entrada...

—¡Oh! —el romano levanta las cejas y sonríe más.

—¿Desnuda o vestida? —es la PRIMERISIMA pregunta de Egipto.

—Les dije que tú harías esa misma pregunta y te dejaría elegir.

—¿Dejarías que TODA la escuela te viera desnuda? —pregunta Britania levantando las cejas.

—Podemos hacer una en la que estés con Britaniae, las dos desnudas —pica Roma.

—WHAT? NO! —le cae un guisante en la cabeza y él se muere de la risa.

—Pues no sería yo propiamente, sería una escultura —explica Helena.

—Jum! Te lo diré después —asegura la egipcia. Helena le sonríe a Roma y le cierra un ojo.

—¿Qué te parece? Era eso o uno de esos libros que llaman incunables... ¿Han visto lo que cuestan?

—¿Esos? Tú no viste bien los que te traje, ¿verdad?

—Ah que me trajiste unos libros, ¿verdad? No, estaba demasiado impresionada con el coche que le diste a Brit, o el cuarto de Egipto como para verlos —se ríe.

—Fíjate más, Helenita —le guiña un ojo.

—Vale, vamos a ver qué me trajiste. Germania, querido, ya que te has convertido en el blanco de todos los odios de hoy y yo soy la excepción, ¿te importaría traerme la caja que trajo Rómi en la mañana para mí?

Germania, que seguía con su masculina imagen mental de Helena, Britania y Galia sale de la estupefacción.

—Ah... ¿eh?

—Libros, los libros de Romi. Están en la entrada aun en la caja —sonríe mientras Germania se levanta por ellos.

Roma mira al germano de reojo y se echa sobre Egipto pidiéndole que le diga ahora, ella se sonroja un poco y le susurra al oído.

—¡Oh! —sonríe y asiente mientras ella habla.

—Seguro está diciendo "con poca ropa... tan poca que no deje mucho a la imaginación, pero tanta que no pueda dejar de imaginarme lo que hay debajo".

—Non —niega—. No exactamente al menos —le sonríe cómplice a la egipcia.

—¿Alguien les ha dicho que los secretos en reunión son de mala educación? —pregunta Britania con su mejor cara de McGonagall.

—Dice que las dos desnudas, tu delante, que ella te esté abrazando por la espalda y esté... tocando. Sé perfecto que cara ponerte —asegura Roma fingiendo una cara parecida.

—What? Shut up! Yo no voy a salir en tu estúpida escultura! —se sonroja un MONTÓN mirando a Helena de reojo... porque por más que a Britania no le gusten las chicas, Helena tiene ese asunto problemático que a todos nos da miedo.

—Mira así —se lleva las manos al cuello y cierra los ojos, mordiéndose el labio—. Oh, Jelen, mai goddes! Don estop... —la imita en falsete. Helena se ríe a carcajadas mientras Germania vuelve con su caja.

—Shut the hell up!

—Lo bueno es que si la pones con las manos así no se le van a ver los pechos... que total, para lo que hay que ver —añade Egipto sobre Britania riendo por lo bajini. Britania la FULMINA.

—Eh, eh... no te pongas celosa, Egipto. Ya sabes lo que dicen, de lo bueno... poco —defiende Helena a Britania, cerrándole un ojo. Egipto pone los ojos en blanco.

—Como si hubiera algo que celar...

Roma se cuida de que Germania no haga cosas bestias con la caja.

—Nada que celar entonces... lo tomaré en cuenta —responde Helena sonriendo, asomándose a la caja que Germania solo puso en la mesa de un golpe, nada mucho más bestia.

Galia la mira con curiosidad también a ver que saca de ahí. Helena mete la mano y saca un libro. Roma se echa en la silla, cruzándose de brazos y mirándola.

—Sea lo que sea vas a hacerme esa escultura... —asegura sonriendo y mirando el libro.

—Ese no es un incunable, es una primera edición de Socratres y la tragedia, de Nietszche. También encontraras "La visión Dionisiaca". Me faltó encontrar "El estado griego" quizás te lo consiga para navidad. Saca otro.

—Ohh... Nietzsche... —le brillan los ojos y le mira, sonriendo.

—Sé que leíste el de "Así habló Zaratrusta", pero estos aun no los has leído. Saca otro, venga.

—¡Tengo muchísimas ganas de leerlos! —sonríe metiendo la nariz otra vez en la caja y sacando otros,

—Descartes... Focault... Ah, mira ese, ese —señala uno en concreto. Inclina la cabeza para leerlo.

—De Oratoria, de Cicerón, también una primera edición, mira la fecha.

Levanta las cejas.

—Exacto, Mil cuatrocientos treinta y uno. ¡Anda! pero sí ES un incunable. Un clásico romano, de después de Grecia fuera romana.

—Oh, Cicerón... —sonríe—, no tuve a bien conocerlo, estaba demasiado muerta. Pero he leído muchas cosas de él últimamente.

Roma sonríe y niega con la cabeza,

—Me encantan, Rómi... estoy segura de que entretendré a Egipto por horas y horas antes de dormir con esta apasionante lectura —le cierra un ojo al romano. Hace un suave gesto de asentimiento con la cabeza y Egipto pone los ojos en blanco.

—Necesitamos... una biblioteca más grande en la casa.

Roma se ríe y... lo peor es que está de acuerdo.

—Por Thor, pronto vamos a necesitar otra casa al paso que vamos... —protesta Germania.

—¿Eso quisieras tú, verdad? Una casa en la que no viviéramos nosotras y solo vivieras tú con Rome —asegura Britania.

—¿A quién le hablas, Britania? —pregunta Egipto, fingiendo aún que el sajón no existe.

—A Germany. No a ti, evidentemente —frunce el ceño. Germania vacila porque en realidad no estaba pensando en eso.

La egipcia pone los ojos en blanco porque no ha entendido.

—Se te van a quedar así los ojos y por más pintados que los tengas vas a parecer muerta, como pareces siempre —hace notar Britania en relación a los ojos en blanco.

—Supongo que eso es lo que te da miedo del maquillaje después de todo, yo pensaba que temías que alguien te confundiera con una mujer.

—Hablo de los ojos en blanco, idiot. Me pregunto ¿de tanto hacerlos alguna vez has encontrado tu cerebro ahí dentro?

—Si tuvieras uno sabrías que no puedes verlo haciendo eso, estúpida.

—Asumo que tan pequeño es el tuyo que ni siquiera si pudieras hacerlo lo verías.

—No tanto como el tuyo que ni siquiera puede inventarse insultos propios.

Helena abre uno de sus libros, ignorando a las otras dos, con media sonrisa de fascinación.

—No, yo lo ocupo para cosas más útiles, a diferencia de ti.

—Solo repites lo que yo digo con distintas palabras, lorita —se ríe. Britania levanta una ceja con esto.

—¡No es verdad!

—Y cuando no digo nada que puedas repetir, chillas.

—Bloody hell con esta mujer con cerebro de maní, ni siquiera se entera —protesta Britania con la voz menos chillona que puede.

—Muy bonito, Britania, muy bonito —se burla.

—Shut up, snake.

—¿Ya les dijiste de la estupidez que me dijiste en la tarde? ¿Sobre el jefe del departamento? —interrumpe Germania a todo el mundo. Egipto suelta un bufidito a Britania sin ni contestar.

—Ah! non! —suelta Roma—. Dicen las lenguas de doble filo que quizás me suben de categoría en la escuela, pero aún no hay nada claro.

Germania hace los ojos en blanco.

—Lo cual creo que es una estupidez absoluta y creo que debemos negarnos.

—Eso es excelente, Roma —le sonríe Egipto casi a la vez.

—¡No es excelente! ¿Sabes qué implicaría? Que fuera tu JEFE —insiste Germania.

—Oh... vaya, ¡un aumento de puesto! —Helena le sonríe orgullosa.

—Aún no hay nada seguro, puede que sea después de las fiestas —asegura Roma sonriendo para ambas.

—Ah, sería bonito que te lo dieran —suspira Galia, Germania BUFA.

—¿Pero es que no piensan? ¡Sería su jefe, tendría derechos SOBRE ustedes!

Britania se revuelve un poquito y mira a Germania de reojo y luego a Roma.

—¡Ves? Ellas no son tan negativas como tú —le echa en cara a Germania, sonriendo.

—Si va a ser alguien de nosotros, debería ser Helena —Germania la señala. Galia se vuelve a Helena.

—¿Yo? —Helena levanta las cejas,

—¿Ves? Ella ni siquiera quiere —insiste Roma.

—Pues tiene que empezar a querer, ¡TÚ no puedes ser nuestro jefe!

—¿Por qué? —pregunta Galia,

—Eso, ¿por qué?

—¡Porque va a tener control sobre nosotros! Como si fuera el graaan imperio romano. Podrá decirnos qué hacer, dependerá de él si hacemos o no hacemos ciertas cosas, habrá que pedirle permiso hasta para tomar un día o avisarle a él si estamos enfermos.

—Pues mejor decírselo a él que a un... ¿a quién se lo decimos ahora? —Galia no se entera de NADA.

—SOY el graaaaan imperio romano, Germaniae —responde con su sonrisilla,

—No eres ningún gran imperio de nada y yo me NIEGO ROTUNDAMENTE a reportarte a ti en el trabajo. ¿Qué no les molesta a ustedes? ¡Él las quiere controlar! Britania, bitte, ¡piénsalo bien!,

—Pues... yes, es decir, yo le odio.

—Déjalo, Germaniae, a ella sí que le pone la fantasía jefesecretaria,

—¿Ves? Y vas a dejar que EL te...

—WHAT? NO! —ahora le cae una cuchara en la cabeza porque ya se acabaron los chícharos y Roma se muere de risa otra vez.

—Tú, Galia... ¿no te importa que te controle? —protesta Germania y luego piensa que esa pregunta es estúpida si se dirige a GALIA, que no se entera de nada, que coño le va a importar.

—Pero no me va a controlar, me va a ayudar, ¿a que sí?,

—A ti, sí, mi princesa —asegura Roma, Germania BUFA OTRA VEZ.

—Bueno ¿y tú qué? Si llega Britania y le hace gracia un día, puede que tú te quedes con un pésimo horario por su culpa... —asegura el germano mirando a Egipto que está con su copa de vino como si oyera llover, sin ni mirarle.

Germania frunce el ceño y mira a Helena.

—Tú que eres, aparentemente, la única que piensa en esta mesa, podrías poner un poco de orden y decir que sí que sería más lógico que fueras la jefa de todos nosotros. ¡Nadie objeta a que lo seas!,

—¿Para qué iba a querer ella un montón de trabajo extra? —pregunta Roma y Germania le fulmina.

—Es que no puedes ser tú, el asesino de todas, ¡ahora su jefe! ¡Es estúpido!

—No es como que tenga ganas de matar a nadie más, gracias por volver a mencionarlo —protesta el romano poniendo los ojos en blanco. Germania bufa cruzándose de brazos.

—Lo que si no sé, es si tengas tiempo de hacer más cosas aún, Rómi —hace notar Helena.

—Ah, esto no es nada en comparación a lo que hacía, cuantas más cosas hago a la vez, ¡mejor funciona todo! —exclama—. Y si no siempre puedo pedir que me pongan a una asistenta joven y guapa de secretaria.

—Pues yo voy a hablar con el decano... que seas jefe de todo el mundo, pero mío no vas a ser —asegura convencido, y temo que vas a terminar tragándote tus palabras. El romano se ríe y suspira.

—Bueno, creo que yo quiero inaugurar nuestro reciente arreglo hoy mismo en la noche —asegura Helena sonriendo y dando por terminada la discusión, cerrando su libro y metiéndolos todos con cuidado en la caja—. Vienes a la cama, Egipto, ¿a contarme cómo va a ser mi escultura?

—No!,

—¿Planeas quedarte a lavar los platos?

—No, pero tengo que hacer muchas cosas antes de ir a dormir.

—Muchas cosas como... ¿cuáles? —pregunta divertida.

—Ja! A ti te las voy a contar. Y no planeo decirte que he decidido sobre tu escultura, la verás cuando Roma la tenga hecha —será mejor que se lo preguntes a Roma.

—Pretendes que me esculpa mientras tengo los ojos cerrados, entonces —le toca la mejilla con suavidad.

—Pero se lo voy a tener que decir cuando pose... —interviene también él.

—En definitiva, que no planeo decírtelo —sentencia la egipcia.

—Bueno, puedes describirme con la lengua qué partes exactas pretendes que tenga cubiertas —es infinita, Helena. No para de dar ideas.

—Tengo. Que. Prepararme. Antes. De. Dormir. Seguro que con eso que lees para cuando acabe ya estarás dormida.

—Bien. Arréglate para mí, trataré de no dormirme —se ríe un poquito inclinándose encima de ella para darle un beso a Roma—. Gracias por mis libros.

—Te quiero —asegura él besándola de vuelta, sonriendo.

—Yo más —asegura haciéndole un cariñito en la cara antes de separarse y tomar su caja—. ¡Buenas noches a todos!

—Buenas noches —saluda Galia sonriendo. Germania carraspea mirando a Roma cuando Egipto se acerca a él y le besa también sin decir nada más antes de irse.

—Bah, yo también me largo, you arseholes —suelta Britania bastante agresiva durante el beso, levantándose.

—No te olvides de soñar con tu escultura desnuda, bruja —se despide Roma.

—¡No me llames bruja! —grita desde afuera del comedor, aunque sonríe un poco, secretamente... sonrojada.

—Yo me voy a ver la televisión —asegura Galia.

—Te llevo —propone Germania cargándola, mirando a Roma y sonriendo un poquito. Roma levanta una ceja y le mira.

—¿Te dejo en la sala? —pregunta Germania hace un gesto con la cabeza a Roma para que le siga.

—Oui —sonríe abrazándose a él. Roma se cruza de brazos y le sigue con una sonrisita de lado.

Germania sienta a Galia en el sillón y le da un beso mucho más apasionado del que le daría... OK, de hecho no le daría quizás beso alguno si no estuviera Roma.

—Guten nacht... —susurra al separarse,

Ella le sonríe al germano, que sonríe también, un poquito sonrojado. Roma les mira de brazos cruzados y con la cabeza inclinada. Germania carraspea sonrojándose más, separándose de la gala, pasándose una mano por el pelo. Mira a Roma.

—¿Me has hecho venir para ver como la besas?

—Nein, te he hecho venir para ir a dormir —le toma la mano—, y no he hecho nada que no hayas hecho tu besuqueando a Helena y a Egipto.

—Aún podría ir a besuquearla a ella también —señala a Galia.

—Vamos arriba, mejor —tira de él, haciendo que se ría, le aprieta la mano.

Por cierto, la escultura de Helena...

¡Ah, cierto! *Helena para la antena*

Es con una toalla, sujeta de una mano entre sus pechos, de manera que se le vean igual, mientras sostiene un libro y lee con la otra, pero no se le vea nada más, porque no se fía de que no sean unos vándalos y le pinten cosas inapropiadas si se ve.

Helena agradece la protección, ante posible actos vandálicos. Además así puede leer mientras posa, aunque ese es un asunto al estilo "no es para un colegio?",

Quien lo diría, en el fondo Egipto no es TAAAAN egoísta como parece, pero eso sí, que se le vean los pechos, el culo y las piernonas que tiene.


¿Tú quién crees que debería ser el/la jefe/a? ¡No olvides agradecer a Josita su beteo y edición!