Crepúsculo no me pertenece solo esta trama.

---

Capitulo 9 "Celos"

—Que bonito lo que te regalo Bella.

—Lo se, Rose.

Íbamos camino a la casa de los Cullen, la misma Esme nos había llamado invitándonos, dijo que quería que conociéramos a alguien. Rosalie iba manejando.

Ayer me había dado cuenta de que quería a Edward. Y no podía hacer nada para evitarlo, simplemente había pasado. Te quiero Bella. Iba a hablar con Edward, le preguntaría el significado de sus palabras anoche. Jugaría todo o nada. No era la persona más audaz del mundo, pero en estos momentos no sabía como, había tomado el valor suficiente para hablar de eso con Edward.

Que mis padres no se amaran y que su matrimonio no haya funcionado, no significaba que a mi me fuera a pasar lo mismo. Por eso estaba emocionada por llegar pronto a la casa de los Cullen, podría hablar con Edward. Cuando Rosalie se estaciono frente la mansión fui la primera en salir del auto. Alice salió a recibirnos, nos abrazo con alegría y a Jasper le dio un corto beso en los labios.

—Hola chicos.

—¿A quién quiere presentarnos Esme? —pregunto Rosalie. Alice bufo.

—Véanlo ustedes mismos.

Entramos a la casa, y caminamos hacía la sala. Al llegar allí nos encontramos con los demás. Carlisle y Esme nos recibieron con un abrazo. Ahí me di cuenta de que Edward estaba sentado en el sillón junto a una chica. Su cabello era rubio fresa, su piel tenía un ligero bronceado y llevaba una falda corta que mostraba unas largas piernas, era hermosa.

Edward al verme sonrió, pero esta vez no pude devolverle la sonrisa.

—Esta es Tanya. —dijo Esme.

—¡Hola! —saludo Tanya.

—Tanya pertenece a una familia amiga y pasará una temporada con nosotros. —explico Carlisle.

Escuche a Alice bufar.

La mire de pies a cabeza, parecía modelo. Hacía que yo me viera más simple de lo que ya era. Edward se unió a nosotros y me volvió a sonreír, desvíe la mirada.

—Los invitamos para que la conocieran, se quedan a almorzar ¿No? —dijo Esme.

—¡Claro! —contestaron Jasper y Rosalie.


—No te cayo bien ¿Cierto? —me pregunto Alice mientras caminábamos al patio trasero— A mi tampoco, se pega como sanguijuela a Edward, se nota que quiere algo con él…

—Pero Edward no…

No logre continuar porque Emmett se unió a nosotros.

—Chicas ¡haremos una Barbecue! ¿Qué te ocurre Bells? Te ves pálida y en estado de shock.

Ja. Que perceptivo era este chico. Me contuve para no bufar.

—No, nada Emmett.

—Vamos con los demás.

Emmett nos rodeó a ambas con sus brazos y caminamos en dirección a la parrilla donde estaban todos.

—¿Quieres que te ayudemos en algo Esme?

—Oh no, gracias Rosalie, pero Tanya y yo preparamos todo esta mañana, solo falta que los hombres cocinen la carne.

Sentí como alguien me jalaba y me llevaba lejos de allí.

—¿Qué ocurre Edward? —pregunte y me sorprendí cuando mi voz sonó con tono enojado. Ni siquiera lo miré a los ojos.

—¿Te encuentras bien? No tienes buen aspecto.

Bufé.

—Oh, lo siento. No soy una Miss Universo. —me cruce de brazos y entorne los ojos, Edward soltó una risita. ¿Se divertía conmigo?

De pronto tuve ganas de golpearlo, algo raro, porque no era una persona violenta.

—No eso, quiero decir, que no luces muy bien, ¿Pasaste mala noche?

—No —respondí cortante aún sin mirarlo.

—¿Entonces?

—Edward… quiero preguntarle algo.

Tomé aire y levante la vista para mirarlo, era momento de aprovechar no de ser una enojona total. Sus ojos verdes me encantaban y me hacían preguntarme: ¿Cómo podía enojarme con él?

—Esta bien, dime.

—Lo de…

No pude seguir porque llegó Tanya. Me fue inevitable poner los ojos en blanco. Perfecto.

—Hola chicos.

—Hola Tanya. —dijo Edward cortésmente.

—¿Tú eres Bella? —asentí— Escuche que ayer estabas de cumpleaños, ¡feliz cumpleaños atrasado!

—Gracias.

—¿Cuántos años cumpliste?

—diecisiete.

—Oh, eres una niña todavía.

—¿Disculpa? —pregunte con el ceño fruncido.

Vamos, la tipa acababa de conocerme, no podía decir si yo era "Una niña" o no. La edad no significaba nada.

—Tanya va a entrar a la Universidad el próximo año. —explico Edward.

—Si ¡Iré a Stanford! ¿No es genial?

—Mucho, que bueno —dije tratando de sonreír, pero sin lograrlo. Encima inteligente.

—Si, pero no hubiera entrado de no ser por Edward, que me dio clases particulares el verano pasado.

Le dio un beso en la mejilla a Edward, un nudo se formo en la boca de mi estomago y tomé aire con brusquedad. La imagen de los carnosos labios de Tanya tocando la mejilla de Edward no saldría de mi mente en un buen tiempo.

—No fue nada Tanya. —contesto él.

—Voy a ver en que puedo ayudar —dije sin mirar a ninguno de los dos.

Comencé a caminar rápido para alejarme de ese par. Tonta Isabella, no le gustas, y nunca lo harás.

—Insoportable ¿No? —me pregunto Alice cuando llegué a su lado, no dije nada—. Eso se llaman celos Bella.

¿Celos? Maldición.


—Bella no has comido nada.

—Si he comido Esme. —dije echándome a la boca un gran trozo de carne.

Alice que estaba a mi lado y comenzó a reír, la fulmine con la mirada. ¿Cómo se atrevía a reírse de mi patética situación?


—Estuviste callada todo el día Bella.

—Lo se, Esme, es que la fiesta de ayer me dejo secuelas.

—¡Adiós! —se despidió Tanya que estaba al lado de Edward, para variar.

Edward se despidió con una afectuosa sonrisa y un gesto con la mano. Luego de las despedidas nos dispusimos a subir al auto.

—No te preocupes Bella, me encargaré que esa modelo de Victoria secret's no se acerque a Edward. —susurró Alice mientras me abrazaba.

El camino a casa fue silencioso, no tenía ganas de hacer nada, ni siquiera de hablar. Todas mis esperanzas de que Edward pudiera quererme más que como amiga, se desvanecieron. Hasta clases particulares le había dado a Tanya, hacían una pareja perfecta, ambos hermosos.

Esto solo me podía pasar a mi. Luego de prometerme a mi misma nunca enamorarme, que apareciera un Dios griego para hacerme cambiar de opinión, pero resulta que él esta con una chica hermosa que tiene piernas kilométricas. Yo nunca lograría competir con Tanya.

Que hoy no pudiera decirle a Edward lo que yo sentía, era una viva señal de que no éramos el uno para el otro.

El colgante que me había regalado quemaba mi piel, era como si cada vez se ajustará más a mi cuello, ahogándome.

Sin duda el amor no estaba hecho para mi. Yo era como el grinch del amor. Tonta Bella, fue lo último que pensé después de arrancarme el colgante del cuello y tirarlo al suelo de mi habitación.

Fin del capitulo