Bueno, como me había tardado tanto en subir, voy a subir dos. Muchas gracias por los reviews y favoritos (ya voy a contestar los que tengo hasta ahora). Espero que ahora no vaya a tardar tanto. Como siempre, esta es una TRADUCCION del fic Harry Potter and the Marauders of the Mind de Moonsign, no es mía, y tiene SLASH.

Faltaban un par de días hasta que empezaran las vacaciones. Harry estaba sentado frente a su escritorio, tratando de hacer lo mejor que podía para corregir antes de que terminara el tiempo para poder pasar las vacaciones buscando la forma de ayudar a su familia a encontrar cuerpos y así hacer que dejen de ocupar su cabeza. Esta, pensó cansadamente, tenía que ser la única vez en la historia que alguien tenía eso en su lista de cosas que hacer para Navidad.

Sin embargo, sería un alivio tener su mente para él solo de nuevo.

James y Sirius tenían el irritante hábito de jugar a mezclar y volver a juntar sus recuerdos cuando estaban aburridos. Sólo después de haber recibido unas miradas muy raras se dio cuenta (ya a medio camino de contar los hechos en su segundo año después de muchos ruegos de los otros profesores), de que seguramente nunca había peleado con un basilisco que se había convertido en snitch, la que había tragado y entonces devuelto en la forma de un pygmypuff rosa que Ginny había llamado Boris.

Como resultado, tuvo que revisar los recuerdos en su cabeza para averiguar si eso realmente había pasado, o si era demasiado ridículo para ser verdad.

Lo malo era que la mayoría de los eventos en su vida eran muy ridículos para ser verdad. Hubo un momento en que había afirmado firmemente que no era posible que hubiera sido lo suficientemente estúpido como para seguir una estampida de arañas aterrorizadas al Bosque Prohibido por orden de Hagrid, solo para escapar de un grupo de Acromántulas en un Ford Anglia volador. Obviamente había pasado la raya para Remus y Lily, que obligaron a los demás a reacomodar los recuerdos de Harry como iban.

Suspiró y mordió su pluma, dándose cuenta con resignación de que si no podía mantenerse concentrado, no iba a terminar de corregir a tiempo. Miró a los otros dos ocupantes de la habitación.

Alex y Daniel estaban sentados en la colorida alfombra frente al fuego jugando al ajedrez, o al menos habían estado jugando hasta que Daniel había levantado la vista como si alguien lo hubiera llamado. Ahora Alex estaba sentado a un lado del tablero, sacando pelusas de la alfombra mientras veía a su amigo, que parecía estar teniendo una intensa, si bien silenciosa, conversación con la pared de piedra.

-Eso debe ser frustrante, -observó Harry, dejando su pluma y mirando al pequeño Gryffindor con simpatía.

Alex levantó los hombros y miró a Daniel con una cariñosamente exasperada expresión.- Ya estoy acostumbrado. El otro día nos hizo llegar tarde a Herbología porque paró a hablar con el Sauce Boxeador. Dijo que quería contarle sobre un auto, y un lobo, y un perro que se convirtió en esqueleto y rompió la pierna de un chico.

Harry sintió un escalofrío recorrerlo. En momentos como ese Daniel pasaba de ser un extrañamente excéntrico niño a algo mucho más real y escalofríante.- ¿Por qué le dijo eso? -Preguntó, sabiendo que su voz sonaba un poco ronca.-

Alex se veía avergonzado.- Bueno, dijo que le había pedido a Hogwarts que le contara cosas de usted, señor. Y le dijo que podía decirle muchas historias, y también podía el Sauce Boxeador. Dijo que el Sauce era parte de la... -arrugó su cara- heritancia de su familia.

-Herencia, -corrigió Remus en su paciente voz de profesor.

Harry miró a Daniel, cuyos grandes ojos negros estaban enfocados con peculiar intensidad en la pared.- Sí, -le dijo Harry a Alex- Lo es.

Daniel enconces levantó la vista, sacudiendo un poco la cabeza y pasándose la mano por el pelo rubio.

-¿Estás bien, amigo? -Preguntó Alex, estirando la mano por encima del tablero para tocar a Daniel.

En su boca se formó una pequeña pero bastante perturbadora sonrisa cuando tocó a Alex de vuelta.- ¿Hora? -Preguntó, como siempre usando la menor cantidad de palabras necesarias para hacer la pregunta.

Harry miró al pequeño reloj en su escritorio y suspiró mientras pensaba en cuantas cosas todavía tenía para corregir.- Tarde, muchachos. Es hora de que se vayan a la cama para que no los encuentren fuera después de hora.

Con la misma mala gana que el resto de los preadolescentes, comenzaron a juntar sus cosas, guardando las piezas de ajedrez y levantando pergaminos de tarea y plumas. Harry agachó la cabeza para volver a corregir, pero levantó la vista cuando vio que estaban parados.

-¿Qué pasa? -Preguntó, mirando a sus caras con preocupación.-

-Probablemente no estaremos aquí antes de Navidad, -explicó Alex- así que queríamos darle su regalo ahora.

-¿Mi regalo? -Harry se sentó derecho por la sorpresa.- No tenían que comprarme nada, chicos. Me temo que no les conseguí uno.

Alex negó con la cabeza.- No, no tiene que hacerlo. Queríamos darle uno para decirle gracias por dejarnos venir aquí. Hubiera sido bastante difícil que siguiéramos siendo amigos si no lo hubiera hecho.

Harry les sonrió, sintiendo su corazón apretarse un poco en su pecho.- De nada. Me alegra haber podido ayudar.

Daniel sacó un regalo desprolijamente envuelto y se lo dio a Harry en silencio solemne.

-Gracias. ¿Lo abro ahora o en Navidad?

-¡Ábralo ahora! -Dijo Alex con los ojos brillando.

Harry cuidadosamente abrió el regalo y una brillantemente decorada caja verde y roja cayó en su regazo. La recogió y la abrió. Dentro habían una docena de zumbantes snitches doradas. Por un momento creyó que eran reales, y se sintió mareado al pensar en cuando habían costado. Entonces Alex estiró la mano y tomó una, mostrándola.

-Son adornos de chocolate. Para su árbol de Navidad. Todos saben que fue el mejor buscador que tuvo esta escuela.

-¡Son geniales! -Dijo, agarrando uno de los chocolates envueltos.- ¡Gracias!

Los dos sonrieron. Era la expresión más abierta que había visto en la cara de Daniel. Entonces Alex le dio un codazo y siseó.- ¡Dile!

-¿Decirme qué? -Preguntó-

-Algo que Hogwarts le dijo, -explicó Alex- Un mensaje para usted.

Harry miró al chico con curiosidad.- ¿Qué cosa?

Daniel apretó los labios e inclinó la cabeza a un costado.- Está buscando un libro.

-¿Un libro? -Harry frunció-

-Sí. Hogwarts dijo que le dijera que él lo tenía cuando estaba aquí.

-¿Quién?

Daniel no se veía felíz por tener que usar tantas palabras para explicarse.- El chico que hizo el diario.

Harry sintió nauseas.- ¿Tom Riddle?

Daniel tocó la pared por unos segundos, y entonces asintió.- Tenía el libro que usted busca. Pero se lo llevó cuando se fue.

Harry se sentó, con el corazón latiendo rápidamente mientras su familia conversaba emocionadamente en su cabeza.- ¿Qué libro, Daniel?

El chico lo miró fijamente sin contestar.

-¿Sacrum Obitus?

-Una capa, una varita y una piedra, dijo ella -contestó Daniel.-

-Por Dios, -murmuró Harry, su mente corriendo por el descubrimiento.

-Ese niño es muy escalofríante, -comentó Sirius.- De una forma perturbadoramete tierna.

-¿Eso ayuda? -Preguntó Alex luciendo ansioso.-

-Sí, -Contestó Harry, forzándose a dar una sonrisa.- Gracias. Y creo que es hora de que los dos se vayan a dormir. Pasen una felíz Navidad.

-Felíz Navidad, profesor, -dijo Alex, y Daniel asintió antes de arrastrar a su amigo de la habitación.

Se quedó sentado sin moverse por largo rato después de que se fueran.


Fue bueno volver a casa después de tantos meses en Hogwarts. Extrañamente, número 12 de Grimmauld Place se sentía como su casa ahora, algo que nunca hubiera soñado pasaría en esos traumáticos años cuando había sido el cuartel de la Orden del Fénix.

Harry y Kreacher habían trabajado mucho para pasar la casa de "Tributo Parecido a Un Mausoleo a la Malvada y Perturbada Casa de la Familia Black" a "Un Lugar Donde Harry Pueda Ser Harry". No se había dado cuenta hasta que se habían metido en el proyecto de la cantidad de tiempo y dinero que tomaría, o que causaría tantos incidentes con objetos oscuros, ronchas, tentáculos y tres días pegado al techo del estudio de Orión Black.

No podría haberlo hecho sin Kreacher, que había estado felíz de seguir el plan mientras Harry prometiera quedarse con algunas de las cosas menos homicidas y el tapiz de la familia Black en la sala. El feo elfo había pasado los meses que estaba en Hogwarts poniéndole los toques finales a la decoración.

Cuando había entrado a Grimmauld Place el último día de clase sintió, por primera vez en su vida, que iba a casa. Además de Hogwarts, nunca había sentido que pertenecía a ningún lado, y mientras salía de la chimenea de la cocina se sintió contento de ver a Kreacher trabajando en las ollas, con el olor de la comida llenando la habitación.

La cocina era limpia y cómoda. Las grises piedras habían sido limpiadas y decoradas con una alfombra marrón, en la que la vieja y sólida mesa de roble estaba, un recuerdo desde los días de la orden.

La alacena de madera en la cocina estaba pulida y la mesada de granito suave de haber sido refregada. Una agrandada y enmarcada fotografía colgaba encima de la chimenea, mostrando a Canuto cazando palomas en el parque mientras un Remus Lupin con su ropa vieja hacía poco esfuerzo para controlarlo tratando de no reírse. Había sido una de las pocas veces en que Sirius había podido salir de la casa en el quinto año de Harry, y era el día más felíz que había visto tener. Ahora sabía qué significaba el brillo y calidez entre ellos.

-Nunca creí que sentiría otra cosa que desprecio por esta casa, -dijo Sirius, sonando calmado y viejo en la mente de Harry.- Pero como siempre, Harry Potter ha hecho lo imposible. Verdaderamente lo convertiste en un hogar.

Sintió el último peso levantarse de sus hombros al escuchar eso.- Lo hice porque no quería que este lugar fuera siempre un feo recuerdo. Quería cambiarlo para hacer algo bueno, sólo para probar que podía. Solamente para probar que no me iba a superar.

-Lo sabemos, cariño, -la voz de Lily sonaba suave.- Estuvimos aquí por bastante tiempo antes de que pudieras hablarnos...

-Me gusta la foto, -agregó James- Muestra los verdaderos colores de Canuto, un cazador de palomas crónico. Ha pasado tiempo desde la última vez que perseguiste pajaritos, ¿no?

-Nope, -Contestó Sirius- Solamente persigo a Lunático.

-Qué bien, -dijo James, haciendo el equivalente mental de arrugar la naríz.-

-¿El amo no está felíz con el trabajo de Kreacher en la cocina?

Harry pegó un salto cuando la voz nerviosa se metió su conversación mental.- ¡No! -Se agachó al lado de el pequeño y feo elfo y estiró la mano para darle un golpecito en el hombro.- ¡No, me encanta! En serio, Kreacher. Solamente estaba asombrado por cuan bien se ve. Estaba analizándolo.

Kreacher se relajó y su boca formó una sonrisa qu se veía rara en su cara.- ¿El amo está contento con el trabajo de Kreacher?

-Sí. Muy, muy felíz. Y la cena también huele bien.

Kreacher se llenó de orgullo mientras se acercaba a revolver la carne.

-¿Hay suficiente para tres? -Preguntó- Es que invité a mis amigos.

-Kreacher puede hacer suficiente para tres, -el elfo doméstico le aseguró.- A Kreacher le caen bien los amigos del amo.

-Bueno. Gracias. -Se sentó en la mesa y observó como Kreacher recorría la cocina.

-Creo que deberías decirle de nosotros, -dijo Lily- Va a escuchar cosas cuando Ron y Hermione están aquí. Y podría ser útil también. Los elfos domésticos son bastante poderosos.

-¿Tenemos que? -Se quejó Sirius- ¡Me odia!

-Solamente porque siempre lo trataste mal. -La voz de Remus era calmante.- Si lo tratas bien, estoy seguro de que estaría muy contento de apoyar a un verdadero Black.

-Creo que es una buena idea, -estuvo de acuerdo Harry.- Ha sido útil antes, lo hice seguir a Malfoy en mi sexto año.

-¿Kreacher? -Lo llamó en voz alta.

Kreacher se acercó- ¿Sí, amo?

-Eh... tú has visto mucha magia rara, ¿verdad? Apuesto que siendo parte de la familia Black has visto muchas cosas que no son completamente legales o normales.

Kreacher lo miró, enredando sus dedos en el repasador y luciendo perdido.- Sí... -contestó lentamente.- ¿El amo se refiere al último viaje con el amo Regulus?

Harry hizo una mueca, sabiendo que era difícil para el elfo.- Sí. Cosas así. Eres bueno manteniéndolas en secreto, ¿no? ¿Nunca le dirías a nadie?

-¡No, amo! -Kreacher se veía insultado por la sugerencia.- ¡Kreacher nunca cuenta los secretos de su amo! -Dejó de habler y miró a Harry, con una expresión de entendimiento en su pequeña y fea cara.- ¿El maestro tiene algo que quiera que Kreacher mantenga en secreto?

-Sí, -dijo Harry aliviado.- Sí, claro. ¿Prometes mantenerlo en secreto?

-Sí, amo. Kreacher siempre mantendrá los secretos de Harry Potter.

-Bien. -Hizo una pausa, pensando en cómo explicarlo. Eventualmente decidió hablar directamente.- Bueno, tengo a mi madre, mi padre, Sirius Black y Remus Lupin viviendo sin cuerpo en mi cabeza.

Hubo una larga pausa y Kreacher parpadeó una sola vez. Entonces se enderezó y asintió.- Está bien, amo.

-¿Bien? -Harry lo miró.- ¿Sólo así?

-Kreacher cree que el amo busca una forma de buscar cuerpos para su familia.

Harry se recostó en su silla.- Bueno... sí.

-¿Hasta Sirius Black? -Kreacher se veía bastante deprimido pensándolo.

-Sí, -le dijo Harry.- Pero promete que será más bueno contigo. Está agradecido de que me hayas estado cuidando. Y le encanta lo que hiciste con la casa.

-A Sirius Black le gustaría, -se burló Kreacher.- Nunca le agradó el gusto de la señora en decoración. No como al amo Regulus.

-Para ser honesto, no puedo decir que me gustaba mucho su decoración,

La respuesta de Kreacher fue interrumpida por el fuego de la chimenea. Harry le sonrió cariñosamente a Hermione y Ron, que ya estaban discutiendo.-

-¡...Solamente digo que no podemos apurarnos, Ron! Tenemos que hacer una estrategia.

-¡Eso nos tomará semanas! No veo por qué no podemor empezar a buscar directamente. Podemos armar una estrategia mientras hacemos las cosas.

-Eso solamente arruina la estrategia. ¿No crees, Harry?

-No tengo idea de por qué están peleando, -dijo Harry, levantando las manos tratando de hacer un gesto apacguador.- No me arrastres en esto. ¿Comida?

-Estamos hablando de cómo vamos a hacer la búsqueda en las vacaciones, -le dijo Hermione, sonriéndole a Kreacher y se sentó en la mesa. Él la miró fijamente por un par de segundos. Ella tenía el hábito de darle regalos inesperados, a lo que nunca se había acostumbrado. Cuando parecía que estaba lo suficientemente distraída, hizo levitar la olla encima de la mesa.

-Hablando del Sacrum Obitus. Tengo algo que decirles. Un mensaje de Hogwarts.

-¿De quién en Hogwarts? -Preguntó Ron, sirviéndose comida en su plato.

-No, -dijo Harry.- Hogwarts, ella misma.

-¿Qué? -Hermione lo miró con expresión preocupada.- ¿Estás escuchando voces en las paredes de nuevo? Recuerdas lo que pasó la última vez que escuchabas esas voces, no?

-Sí, amigo, -agregó Ron.- La bienvenida al amigable barrio basilisco y todo eso.

Harry giró los ojos.- No, no es lo mismo. -Les contó lo que había pasado con Alex y Daniel y lo que le habían dicho. Al final, Hermione y Ron lo miraban con incertidumbre.

-¿Estás seguro de que el chico no está loco? -Preguntó Ron.- Suena muy parecido a Luna.

-No es como Luna, -afirmó Harry. Se sirvió un segundo plato de carne y ensalada.- Es más que eso. Puedo entenderlo. Y como sea, -levantó los hombros y los señaló con su cuchara.- Ninguno de nosotros tiene idea. Tiene sentido que Tom Riddle tuviera el libro. Lo último que se supo era que lo tenía la familia Gaunt, y sabemos que fue a su casa para matar a Morphin. Seguramente lo encontró ahí.

-Bien, -dijo Hermione, estirando la mano para sacar una libreta y pluma de su cartera, anotando la información.- Asumiendo que tengas razón y Tom Riddle lo tuvo en la escuela. Bueno, mucho pasó desde entonces. No tenemos idea de en donde lo pudo haber puesto.

Comieron en silencio por un rato, contemplando el problema.

-Da bastante miedo, -comentó Ron después de un rato.- Ya saben, pensar que Voldemort tenía acceso a ese tipo de información. Qué bueno que seguramente no tenía idea de dónde estaban ninguna de las Reliquias de la Muerte. Creo que le hubiera gustado mucho tener el título de "amo de la muerte".

-Me pregunto, -comenzó Harry lentamente.- Si esa poción que usó para conseguirse un cuerpo en nuestro cuarto año era adaptada de algo en el libro. Quiero decir, no tenía acceso a las Reliquias, pero sí tenía acceso a las mentes e ideas de algunos magos y brujas muy poderosos. Si hubieran alterado parte de las instrucciones... -levantó los hombros, sintiéndose bastante enfermo ante la idea.-

-Tienes razón, Harry, -le dijo Remus, con voz pensativa.- Y eso significaría que seguía teniendo el libro después de su segunda aparición.

Hermione y Ron asintieron cuando Harry se los repitió.

-Así que la pregunta es, -habló Sirius.- ¿En dónde mantenía el viejo Voldie la mayoría de sus valiosas posesiones?

Harry exclamó cuando la última pieza cayó en su lugar.- ¡Lucius! -dijo, al mismo momento que Hermione exclamó- ¡Bellatrix!

-¿Qué? -Preguntaron los otro cinco participantes de la conversación, dentro y fuera de la cabeza de Harry.-

-¿No lo ven? -Dijo Hermione, saltando con emoción.- ¡Sabemos exactamente en donde guardaba sus posesiones más valiosas! Se las dio a sus más confiables seguidores para que las cuidaran. Le dio su primer Horrocrux, el diario, a Lucius Malfoy. Y le dio la espada de Gryffindor a Bellatrix para que la pusiera en su baúl.

Kreacher dudó antes de sacar los platos.- ¿Puede Kreacher hablar, amo? -Le preguntó a Harry-

-Claro, Kreacher.

-Cuando el amo ordenó a Kreacher seguir al chico Malfoy, Kreacher vio muchas cosas. Una de esas cosas era que el señor tenebroso no estaba felíz con el padre del chico Malfoy. Sentía que el hombre lo había traicionado. No confiaba en él.

-Por lo del diario, -dijo Harry- Y el hecho de que falló en traerle la profecía intacta.

-Lo que significa, -empezó a hablar Lily- que nos quedan las personas que SÍ creía eran leales a él.

-¿En quiénes podía confiar, entonces? -Preguntó Harry- ¿Para que siguieran siendo leales a él?

-Barty Crouch, -respondió Ron sombríamente.- Aunque aparentemente le habían chupado el alma desde cuarto año, así que quizás no él.

-Lo que nos deja con mi querida prima, -dijo Sirius- Creo que quizás estaba enamorada de él, o tan cerca de eso como su extraña y loca mente podía llegar.

-Bellatrix, -dijo Hermione, obviamente llegando a la misma conclusión.

-La pregunta es, -comenzó Harry, parándose y yendo a la sala seguido de sus amigos.- ¿Qué le pasó a todas las cosas en su baúl después de que la mamá de Ron se deshizo de ella en esa espectacular muestra de ira maternal?

Paró en frente del árbol genealógico de los Black.- ¿Quién heredaría todas sus cosas?

-No su esposo, -negó Hermione.- No puedo recordar si está muerto o en Azkabán, pero como sea, no tiene herencia.

Harry siguió las líneas que salían del nombre de Bellatrix con el dedo.- ¿Sus hermanas, entonces? -Preguntó en voz baja.- Narcissa nunca fue convicta por nada. En realidad no tenía la marca tenebrosa, y me ayudó en la batalla final, aunque originalmente estaba con él. ¿O quizás Andrómeda?

-Parece que vamos a ir a ver a tu ahijado, amigo, -le dijo Ron, sonriendo.

Harry le sonrió de vuelta.- Qué bueno. Quería verlo la semana próxima de todas formas. No lo veo desde el verano. Y seguramente a Lunático también le gustaría.

-Oh, sí, -susurró Remus con voz reverente.- ¿Podríamos?

-A mí también me gustaría verlo -dijo Sirius, sonando inusualmente solemne.- El bebé de Lunático, quién hubiera pensado que serías tú, Remus, el que tendría el único otro bebé merodeador.

-Está decidido entonces, -dio Hermione- Mañana visitamos su casa. Continuaremos desde allí.