8.- Sábanas y lágrimas

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El estúpido amor estaba en el estúpido aire. Kurt miraba con amargura a todas las parejas que paseaban felices, tomadas de la mano celebrando su día de San Valentín, mientras él estaba sentado en un rincón de The Lima Bean esperando ahogarse con medio litro de café y medio kilo de dulces. Definitivamente, pasar esa fecha soltero y solo, le hacía mal. ¡Hasta su padre había encontrado con quien pasar el maldito 14F! y, a pesar de que se alegraba por él, le deprimía pensar que le llevaba la delantera. Había salido temprano de su casa pues Finn, su amigo del coro y reciente hermanastro pasaría el día con Rachel y su padre, con Carole. – Patético – murmuró Kurt, reprochando su eterna soltería. De pronto el horror de morir solo en un departamento, rodeado por gatos le aterró y antes de que pudiera espantar esa fea imagen de su cabeza, su móvil vibró.

Con desgano tomó el móvil, miró la pantalla de llamadas y su corazón se aceleró. Jake, el eterno y siempre presente Jake, lo estaba llamando. Sonriendo como un bobo, contestó y se llevó el celular a la oreja.

- Asociación de solterones y lunáticos, habla Kurt Hummel, presidente, ¿En que puedo servirle?

Tras una carcajada, Jake habló

- Señor presidente, quiero verlo ¿Tiene tiempo?

- Deja revisar mi agenda de San Valentín – dijo Kurt – ok, vacía.

- Nos vemos más tarde, quiero conversar con Finn algunas cosas del coro y luego, tal vez, quedarme en tu casa…

- Claro… tu cama te espera – dijo Kurt

- Excelente, te veo, adiós.

- Adiós.

Y colgando la llamada, a Kurt ya no le pareció que ese día fuera tan estúpido.

Esa misma noche, luego de que Jake hubiera conversado durante horas con Finn, acerca del repertorio que debían llevar a las nacionales se fue al cuarto de Kurt para dormir de una vez. Pero con el tiempo, las temperaturas en Lima seguían bajando… o Jake se había puesto más friolento, ya que en medio de la noche le preguntó a Kurt si podía dormir con él.

- Esto… claro… - dijo Kurt, disimulando su emoción.

En menos de un minuto, Jake se pasó de su cama, a la cama de su amigo y se acurrucó junto a él.

Pasaron los minutos y ninguno de los dos hablaba. Jake se movía insistentemente, mientras que Kurt estaba más quieto que león al acecho. Con disimulo, Jake había comenzado a jugar con el pelo del castaño y éste, cual felino, se rendía a la caricias de su amigo, ronroneando de placer. La mano de Jake bajó de la cabeza a la espalda del castaño y se mantuvo ahí, describiendo íntimo círculos que abarcaban ambos lados de la cintura de Kurt, que seguía tratando de dormir, boca abajo. Girándose para quedar frente a frente del moreno, sintió por fin que Jake hacía lo que quería hacer; Con fuerza, lo había abrazado y acortando la distancia entre ambos, lo había atraído hacia si, dejando sus cuerpos totalmente pegados, permitiendo que, literalmente, Kurt respirara del aliento de Jake, embriagando su corazón y conciencia.

- Yo… - Jake tomó aire con dificultad y frente a él, Kurt jadeó – quería darte las gracias…

- ¿Por…?

- No hables hasta que termine – interrumpió el moreno, rozando con sus labios la punta de la nariz de Kurt.- quería darte las gracias… por todo lo que has hecho por mi. Cuidarme, abrirme las puertas de tu casa, estar conmigo cuando se descubrió lo de mi madre – silenciosas lagrimas caían por el rostro de Jake, empapando los labios de Kurt – creo que sin ti… no podría haberlo hecho.

Kurt no supo que decir y por un momento se quedó bebiendo de las lagrimas de Jake. – Lo sabía… hasta sus lágrimas saben bien – pensó a tiempo que estiraba su mano y enjugaba las lágrimas del muchacho.

- Te amo, amigo – soltó Jake de pronto y algo cerca de la puerta se estremeció, pero Kurt estaba tan absorto escuchando al moreno que no tuvo ganas de ver que ocurría.

- Te amo – respondió Kurt simplemente, sintiendo como la palabra "amigo" caía sobre él como una sentencia.

Pasó un rato y suspirando, Jake hizo el amago de salirse de la cama, pero Kurt lo sujetó de un brazo.

- Quédate – susurró

Y como si fuera un hechizo, Jake no replicó. Ambos se olvidaron de las reglas de Burt, de lo que pudiera pensar la familia de Kurt y de la incomodidad que se generaba al dormir dos personas en una cama individual. Todo les pareció pequeño, todo les pareció nada y juntos se perdieron entre sábanas y lágrimas. Jake lloraba de gratitud y Kurt… lloraba al sentir que Jake lo miraba como un amigo… solo como un amigo.