Los personajes Twilight le pertenecen a la señora Meyer, yo sólo estoy jugando un poco con ellos.


- ¡Vaya! Al parecer, también sabe sonreir.- dijó una conocida voz que la hizó voltear sorprendida a buscar a la figura que se encontraba al fondo del interior del carruaje.

- ¡¿Usted? - exclamó Isabella con un tono más alto de voz.

Isabella como primer impulso pretendió bajar del carruaje en ese instante, pero se detuvo, tenía que actuar con sensatez. A pesar de que no estaba preparada para encontrarse con semejante individuo. Un personaje que le alteraba los nervios sin saber por qué razón, revolucionaba todas sus emociones y le provocaba cierta ansiedad su presencia.

- Efectivamente, Lady Isabella, al parecer el destino pretende juntarnos una y otra vez - El duque, la vió de manera divertida. No había ninguna duda. La singular jovencita era toda una maravillosa contradicción. Por un lado, a la caprichosa Rosalie la quería con ella por ser una compañía muy agradable y por otro, a él lo rechazaba sabe Dios por qué asunto.

Isabella se dió cuenta que él la llamo por su nombre, cuando ella no sabía ni cómo se llamaba el hombre, así que se recompusó inmediatamente, no iba a dejarse intimidar por ese caballero. Por lo que subió la barbilla cómo si eso le dierá seguridad y lo vió desafiantemente - Así parece, ¿Lord? - preguntó de manera altiva pero educada.

Edward se mordió la lengua para no reirse, ya se imaginaba lo mucho que se iba a entretener, con el carácter de esa muchachita. - Oh, me temó que no nos han presentado como se debe - dijó con fingido pesar - pero permitame redimir tal error. - hizó ademán de ponerse de pie en el carruaje, cosa que no consiguió por lo reducido del tamaño, pero de cualquier manera se las ingenió, para tomar una de las manos enguantadas libres de Bella, que descansaba en su regazo y con todo el coqueteo, su poderosa galanteria y presunción, se presentó - Soy Edward Cullen duque de Masen, a sus pies, mi señora. - y besó su mano mientras observaba las diferentes reacciones que pasaban por el rostro de la jovencita.

Isabella se quedó perpleja, su corazón empezó a latir acelerado, e intuyó que era una muestra de respeto, por qué en algunas ocasiones vió a su padre hacer esa misma acción a su madre, pero era el primer beso que alguien le daba en la mano. Y desconocía como reacciónar, así que trató de contestar sin que se vierá su consternación, haciéndole una venía con la cabeza, probablemente sería un duque, pero en ese momento no le pareció levantarse para hacerle una venía como marcaban los estándares del buen comportamiento -Mucho gusto, Lord Masen - contestó serenamente.

- Le aseguró Lady Isabella, que yo disfrutó más de ese placer.- dijó cálida y sinceramente Edward, preguntándose por qué esa mujercita le hacía sonreir tanto y le gustaba provocarla. Era tan diferente a... no... se dijó que no iba a recordarla, ni siquiera tenía que compararlas.

Entonces, Isabella recordó algo - Por cierto, Lord Masen, no sabía si iba a regresar al convento así que me tomé la libertad de dejar su abrigo ahí, por tal motivo le sugeriría que se apresurará y bajará por él.

Edward tenía ganas de carcajearse, ápenas la conocía y ya le daba órdenes, de cualquier modo, bajó del carruaje encaminándose hacía el portón dónde se encontraba un Lord Emmett hablando con la viejecita rechoncha, que inmediatamente el duque identificó cómo la "hermana regañona"

En cuánto el duque se bajó de la carroza, Isabella se puso la mano en el corazón, el cuál le latía aceleradamente y trataba de respirar tranquila, pensó que probablemente era lo que se sufría por usar un corsette tan apretado, pero en lo más profundo de su mente sabía que se estaba mintiendo, era la presencia del cobrizo la que le ocasionaba ese sofoco.

.

.

.

Rosalie subió al carruaje y se sentó junto a Isabella, quedando frente a un muy sonriente Lord McArtty y al despreocupado duque, que subió al último, En cuánto la carroza se puso en marcha, la rubia comenzó a hablar con la castaña, describiendole de todos los acontecimientos que les esperaban en Lóndres, hablaba de manera pausada y con cierta condescendencia con Isabella, como si esta última no entendiera de todo ese tipo de cosas. Gesto que no pasó desapercibido para Edward, sintiendose molesto por la forma un tanto altanera de ser de Lady Hale.

Hubo un momento que Isabella se sintió mareada con toda esa información, mientras la señorita Hale, tomaba cierto descanso. Momento que Edward aprovecho para interferir.

- Señorita Isabella, me atrevo a advertirle se vaya haciendo una idea de lo agotadoras que será emprender todas las actividades a las cuáles se va a ver expuesta - dijó de forma pacífica.

Isabella trató de aparentar cierta confianza en ella misma, pero ella internamente sabía que estaba fallando, estaba asustada, no, aterrada sería la palabra, su incertidumbre bien podría medirse hasta la China - Lady Rosalie es una excelente asesora y amiga, así que trataré de estar a la altura de las situaciones que se presenten. - espetó con firmeza.

- No esperaría lo contrario - le contestó el duque con voz claramente interesada.

Isabella sintió que se estaba burlando de ella, y por supuesto, ella debía responder- Tal vez no, pero si piensa en qué no tenga el carácter para afrontar dichas circunstancias.

Edward, ya estaba pensando en el estado vulnerable en el que se encontraba la jovencita, al verse extraída, de la calidez del monasterio, pero al escuchar cómo interpretaba sus intentos de conversación, reprimió el sentimiento de empatia que empezaba a surgir.

- Jamás dije que no tuviera el carácter, sino que no será fácil cubrir toda esa agenda - dijó con voz indignada, ya que no entendía por qué siempre que trataba de entablar una conversación con esa señorita, se desviaban y terminaban enfadados.

- ¿Ésta dudando de mi desenvolvimiento? - preguntó Isabella, sabiendo que probablemente se estaba extralimitando, pero realmente, había algo, un detalle, no sabía que era, pero la hacía ir en contra de su naturaleza, la cuál por lo regular era pasiva y analítica, pero con ese sujeto, no se podía controlar.

El cobrizo trató de no reir, pero tal parecía, que jamás iban a tener una platica civilizada, - Lady Isabella, estoy notando cierta aversión a mi persona, si me permite sólo aclararle que estoy ciertamente preocupado por su adaptación al mundo real.

- Para usted ¿soy inadecuada para la sociedad londinense? - preguntó la jovencita, tratando de que su enojo no fuera perceptible.

Edward contuvó las ganas de tomarse el cabello y jalarselo, no era posible, que cualquier comentario que le expresará, lo tomará con tanta hostilidad.- No ha sido mi intención que usted tergiversará las palabras.

Emmett y Rosalie sólo volteaban entre uno y otro, para Lady Hale, era increíble ver con qué facilidad se le daba a Isabella debatir a Edward, mientras que con ella se mostraba recatada y cauta. Y para Lord McArtty, era divertidisimo ver a su amigo lidear con semejante ingenio de la pertinaz jovencita

- ¿Ahora me esta diciendo que probablemente sufró de cierta incapacidad para entender lo que se me quiere decir ? - Cuestionó Isabella con los dientes apretados.

- Las amonestaciones ya corrieron. Por cierto ¿Lord McArtty? - la rubia interrumpió, tratando de atraer la atención de su prometido y de los dos debatientes, cortando de manera abrupta su discusión.

Isabella miró de manera apenada hacía Lord McArtty y su amiga, mientras Lord Masen veía divertido como era posible que esa muchachita fuera un torrente de emociones cuando se tratará de discutir,

.

.

.

Después de esa pequeña confrontación, duraron exactamente una hora de camino sin hablar, tal vez por qué habían sido unos minutos muy intensos ó por qué cada quién estaba sumido en sus pensamientos.

Isabella aprovechó para sacar un libro, un libro griego sin traducir, lo cuál hizó que la curiosidad del duque por aquella mujercita incrementará. Pensó en la manera de abordarla, sabía que era fácil provocarla, entonces, inmediatamente supo de qué forma empezar una conversación.

-¿Sabía usted que Platón reconoce una misma naturaleza para el hombre y la mujer? De tal manera, que él pensaba que debían tener una educación igualitaria - Comentó el cobrizo, aparentando cierto desinterés, cómo si estuviera hablando del clima.

Y casi quisó bailar de emoción, cuando se cumplió lo que había predicho, ya que vió lentamente cuando el rostro de Isabella dejó el libro, para clavar la vista en él, y entonces lo supó, había acertado en la conjetura de la personalidad de Isabella. Era la clase de persona que le agradaba deliberar respecto a lo que leía.

- En efecto, lo sabía, pero de qué sirve cuando para ser uno de los principales pensadores antiguos, no defendierá los derechos femeninos, sino que pone al hombre como un ser superior a la mujer. - Contestó mordaz.

Edward se encogío de hombros y habló con falsa apatía - Fué el único que pensó en una educación igualitaria.

- Pero no por el que vieran que una mujer con el suficiente conocimiento era útil, sino para cumplir con el sentido común que le dictaba su razonamiento machista - espetó la castaña, tratando de no mostrar su indignación por ese tema en partícular.

A Edward le brillaron los ojos, pero trató de no mostrar lo cautivado que lo tenía el apasionamiento de la muchachita- En eso le concedo la razón, pero la intención es lo que cuenta.

-¿ La intención es lo que cuenta? Por Dios, sabe usted acaso cuantas mujeres han contribuido a la historia- lo vió a los ojos e Isabella continúo hablando enardecidamente - muchas y sin embargo se nos ha visto como creaturas monstruosas que hacen que el hombre nuble su razón.

- Yo no concuerdo con ese punto, las mujeres son hermosas y tienden ser un poco faltas de conocimiento, pero no por ello se les desestima. - La contradijó inmediatamente Edward.

Isabella sintió que le jalaban las orejas - Si, para ustedes los hombres, sólo nos ven como un objeto el cual mostrar a la sociedad - Frunció el seño y continúo con voz claramente enfadada, viendolo a los ojos - Un mero mueble andante.

- Jamás vería a una mujer de esa forma. Ustedes son seres a los que hay que cuidar, son débiles y emocionales - contestó el duque en tono indulgente.

El modo de hablar del cobrizo estaba exasperando a Isabella, que trataba y trataba de no perder los estribos y contestarle de una manera altanera, así que con el tono más educado posible preguntó- ¿Ácaso esta diciendo que por el hecho de ser mujer no puedo pensar racionalmente?

- No, digo eso, simplemente que se rigen por sentimentalismos y caprichos que tienden a mermar un poco el juicio - Nuevamente, el tono de voz de Edward era benevolente, pero teñido de algo que Isabella no alcanzaba a comprender, ¿la estaría provocando?, se preguntó internamente, mordiendose la lengua para no contestar imprudentemente.

-¿Y los hombres no? - La castaña juraba que lo había intentado, no quería contestar las incitaciones que claramente le proponía el duque, pero no podía dejar pasar la oportunidad de molestarlo a él también, a ver quién se cansaba primero.

- No, a lo largo de la historia, ha sido nuestro género el qué ha contribuido con todas las mejoras - Edward contestó de manera jactanciosa.

- Eso es...

El duque la interrumpió - Efectivamente, es una obra ensalzable y admirable, el qué se nos haya permitido sobresalir, desde tiempos memorables, el de proteger y proveer a la mujer ha sido nuestro deber.

Isabella casi gritaba, era un narcisista, ostentoso y engreído - No, no estoy diciendo eso, simplemente es injusto, es una forma indebida de ver las cosas.

Emmett se carcajeo no aguantó tanta verborrea mientras su amigo lo fulminaba con la mirada.

E Isabella aprovechaba para dejar en su lugar al duque - Los hombres han tenido durante mucho tiempo el poder y lo único que hacen es querer extender sus territorios, no importando lo que destruyen a su paso, sin embargo, le aseguró que si nos dejarán a las mujeres ese tipo de diplomacias, jamás habrían guerras.

- Eso no lo puede constatar.- Le dijó el duque de manera petulante.

Isabella cruzó los brazos y contestó alzando la barbilla- Claro que no, por qué no hemos sido tomadas en cuenta.

- Es sólo una forma de ver las cosas, son importantes para continuar un linaje - Externó el duque de manera solemne, mientras apreciaba todas las emociones que pasaban por la cara de la jovencita, que lo tenían abrumado.

Isabella bufó, era un sonido no muy elegante, pero al duque le fascinó. - Tal parece que usted forma parte del grupo que no ha razonado que la mujer puede ser útil en otros aspectos y no sólo como meras cargadoras de niños y organizadoras del hogar.

- Usted abiertamente me ha insultado al decirme que mi hábilidad de raciocinio es poca. -dijó de manera irritada Edward

- Yo no lo he insultado, usted a tergiversado las palabras, yo sólo he contestado sus provocaciones - le contestó Isabella de manera mordaz, añadiendo- Si me permite - le mostró el libro - Deseo continuar leyendó - Y finalizó de hablar con una pequeña sonrisa de triunfo que cubrió con su libro para que el cobrizo no se dierá cuenta.

Edward sólo pudo parpadear sorprendiendose de la facilidad con qué se le daba dejarlo callado, y cómo le devolvía la misma palabra de la "tergiversidad", era irónico, pero también le pareció adorable.

.

.

.

.

Isabella no podía dormir, aún recordaba todo el tipo de turbaciones que la inquietaban, todo el camino trató de parecer una chica sensata y ecuanime, pero al parecer en cuánto se le aparecía el caballero cobrizo de ojos verdes, se alteraba todo y perdía todo trazo de discreción, de manera que era añadir más preocupación a la incertidumbre que le producía el conocer el país de su padre.

Se dirigió hacía la ventana y la abrió. La brisa nocturna acariciaba su cara, revoloteando algunos mechones de su pelo suelto, mientras que la luna de Septiembre se mostraba toda llena y blanca, junto con un manto nocturno de estrellas titilantes.

Y ella era libre, libre para tomar sus propias decisiones. Eso le gustaba, pero también le asustaba...era ahí dónde debía mostrarse juiciosa, y la mayoría de las veces no sabía cómo proceder. El hecho de qué a veces se sintierá como una pequeña pelusa sin rumbo, qué no contará con las recomendaciones y asesorias de alguien de mayor experiencia; la hacían sentirse algo abatida e insegura. Cómo añoraba haber tenido la oportunidad de estar junto a sus padres, escuchar sus consejos, ella suponía que habría sido buena hija, habría tomado todos sus cuidados y opiniones.

Incluso, se imaginaba en una sala llena de libros, con su madre sentada en un mullido sillón, acariciandole cariñosamente su cabello, mientras ella le leía, frente al calor que proporcionaba una chimenea, en compañía de su padre, que se encontraba en el mismo salón, cuadrando los libros contables en un imponente escritorio. Era una imagén que le hacía suspirar y que el sentimiento de nostalgía se expandiera por todo su corazón, provocando que una solitaria lágrima se deslizará por su mejilla.

Se dijo que no perdería la esperanza, siempre albergaría en su alma, el consuelo de saber que sus padres la amaban y estaban en algún lugar, esperando por verla con el mismo anhelo que ella.

Giró su vista hacía la habitación. Era tranquilizante ver a Rosalie rendida por el sueño, al menos alguien estaba descansando sin pesadumbre.

Nuevamente, vió por la ventana el paísaje de la noche.

Pensando en qué era la misma luna, la que vería su padre e incluso su madre, dirigió su vista al cielo. Y rogó por que sus plegarías se hicieran realidad.

De repente se le antojó disfrutar de la frescura, tomó su capa y se la pusó sobre los hombros tapándose la cabeza, para salir a la tranquilidad que le proporcionaba ver una noche de estrellas.

.

.

.

Mientras tanto, un Lord Emmett y un duque hacían sobremesa en la taberna, que se encontraba cerca de la posada de las habitaciones, aguardando que el sueño los venciera para irse a descansar

- Te digo por experiencia, que no puedes discutir con una mujer así y menos, con una, que al parecer domina el tema al igual que tú - dijó el castaño despreocupadamente.

- ¿Experiencia? Por favor Emmett, tú llamas experiencia a tús meteduras de pata.- expusó el cobrizo.

- Bueno, ahora también tú tienes ese tipo de "experiencia" - le debatió McArtty.

Edward sonrió y en ese punto le dió la razón a su amigo, así que respondió conciliadoramente - Bueno, no podría ser vencedor de todas las batallas.

- Efectivamente, aunque eso te convierta en perdedor, pero frente a qué contrincante, ni más ni menos que una jovencita.- Emmett volteó a ver cómo le había cambiado la cara al duque, por una indignada, así que continúo hablando - Casi no me lo puedo creer, ha sido la conversación más amena al que he tenido oportunidad de asistir. - Lord Emmett, decía divertido, tomando su tarro de cerveza, mientras veía todas las reacciones que pasaban por el rostro de su amigo.

Edward gruño - No pretendía ser tú bufón, McArtty.

-Lo más seguro es que no, pero es muy interesante la forma que eligen para comunicarse entre ustedes dos - Sin dejar de sonreir le contestó Emmett.

El duque no quería seguir escuchandolo, conocía lo suficiente a su amigo y sabía que no tardaría en sacar conclusiones, y no quería exponerse, así que trató de cortar la conversación - Es cierto, menuda manera de dialogar.- Volteó a ver a su amigo y fingió un bostezo, para decirle - Me retiró, buenas noches.- dijó serio, haciendo ademán de meter la mano a su monedero.

Emmett le tocó el brazo y negó con la cabeza. Inmediatamente, Edward entendió que su amigo no le permitía pagar. Le hizó una mueca de disconformidad, pero aceptó, sin decir más salió.

¡Que muchachita tan vivaz! ¡Tan apasionada y testaruda! pensaba Edward en la puerta de la taberna, viendo hacía las caballerizas, preguntandose si ya se habría dormido, al mismo tiempo se respondió, que probablemente si, Rosalie y ella se veían agotadas, para las mujeres era dificíl un recorrido cómo ese.

Un hombre, un poco tambaleante se dirigía hacía él, bueno, la verdad no era hacía él, pero cómo estaba estorbando en la puerta, cualquier individuo que quisiera entrar, se iba a dirigir hacía él.

Así que se separó de la puerta y echó a andar hacía la parte de atrás de la taberna para entrar al lugar de la posada, dónde estaba su habitación.

- ¡Sueltáme, puerco espín del mal ! - gritó una mujer.

Edward se envaró al oir es voz. Una voz que lo había exasperado todo el día. Así que se apresuró a llegar hacía dónde provenía.

- Pero si es un primor - esa era la voz gangosa de un hombre.

Y cuando llegó al lugar, vió todo rojo.

Por la luz que proporcionaba la claridad de la luna, fué testigo de qué un individuo forcejaba con una jovencita, la jovencita conocida. ¡Demonios!

Así que, no supo cómo corrió para llegar hasta dónde se encontraba el granuja, que maltrataba a esa niña. No dándose cuenta que otros dos individuos, complices del raptor estaban cerca.

Golpeó su puño en la cara del hombre, que la traía como costal de papas en los hombros, provocando que el maleante trastabillará con Isabella a cuestas. -¡Sueltala! - rugió.

Uno de los compinches se avalanzó hacía él, mientras que Edward trataba de esquivar el impactó, descuidandose así del tercer mal viviente que se aprovechó de ese movimiento para abalanzarse sobre sus espaldas y tomarle el cuello con ambas manos para tratar de estrangularlo.

-No, no, no - gritaba Isabella y forcejeaba, mientras la tomaba otro individuo, echándola sobre su hombro.

-¡Qué Diantres! - Un Emmett bastante exaltado llegó corriendo, ayudando a su amigo con la pelea que tenía con tres hombres, diciéndo - Podría hacerme a la idea de un asalto, incluso podría haber dejado que golpearán a mí amigo aquí presente - y lanzó un trancazo al delincuente que golpeaba a su amigo, dejándolo inmediatamente en el suelo y volteándose a brindarle una cálida sonrisa a Edward - Pero no soportó que toquen a ninguna mujer y tú lo hiciste, así que - rugió y golpeó en la mejilla, al bandido que traía a Bella, luego impactó su estomago para provocar su caida. Colocó su bota sobre la cara del rufián, rió irónicamente y continúo hablando - Soy bastante agresivo y para colmo escocés- dijó lo último carcajeandose cómo si eso justificará su comportamiento.

Edward viendose libre del induviduo que apresaba su cuello, se recompuso y tomó al primer rufián que tenía enfrente, para decirle con los dientes apretados y voz fria - Si nos llegamos a volver a encontrar, será la última vez que respires.¿Queda claro? - El malviviente asintió y se incorporó para salir corriendo. El duque volteó a ver al criminal que sujetaba Emmett y le dijo - ¿Quedó claro también para ti ?

Él tipo trató de asentir con la cabeza pero la bota de Emmett se lo impedía, así que, el castaño, la retiró de su cara para ver cómo el individuó asentía temeroso - Excelente - dijó McArtty y volteó a ver a Edward - creó que nos hemos entendido - concluyó.

En cuánto, se aligeraron las cosas, Edward le lanzó una mirada furibunda a Bella, la cuál no dejaba de temblar, mientras el acobardado delincuente se alejaba lentamente, cómo si sintiera que si lo hacía de una manera más ágil, él forzudo castaño lo alcanzará para darle otra tunda, así que prefirió no tentar la suerte.

El cobrizo pensaba en unas mil formas de dirigirse a Isabella y regañarla por su imprudencia ¿En qué cabeza cabría, la maldita idea de salir de la seguridad de la habitación de una posada que se encuentra junto a una taberna, que alberga a cualquier cantidad de hombres de diferentes condiciones?

-¡Santo haggis!* - emitió Emmett con tono alarmado - Ed... - No terminó la frase, por que el duque ya se había abalanzado hacía Isabella para tomarla en brazos, antes de que se estrellará en el suelo, la pobre había sentido tanto miedo que su mente se cerró y se desmayó.


*haggis - Es una un tipo de embutido escocés muy condimentado preparado con varios tipos de carnes, ya sea cordero, oveja ó ciervo.

¿Qué les pareció?

No estaba muerta, andaba de parranda.

Lamentó tardar en actualizar, no hay pretexto, sólo que debo descansar mis ojos y no puedo dejar de leer y leer y nada de escribir, por cierto hay historias geniales. Por otra parte, quería comentarles que necesito una beta, si alguien lo es, ¿Le gustaría ser mi Beta? Tengo algunos horrores ortografícos y de sintaxis, así que si alguien esta dispuesto a ayudarme, bienvenida sea.

Muchas gracias por sus alertas, reviews y favoritos,¿ya les dije que son geniales?

Cathaysa, nomigo, LUCY, betzacosta, Nostalgiacullen, sabi07, ackanne, Adrynoe, V, FranBells, dark warrior 1000, xelatwi, liduvina, lizzy90, Nyleve Cullen, sophia18, Mrs. Black UbT, Ally Masen, sumebe, vicky140, Lilu the little witch, AleLupis, kxprii, Carmen Cullen 116, EdithCullen71283, beluchiss, MissBennetDarcy, BET SI, ELEKTRONIKKA, Ginegine, zujeyane, TprEtincelle, miadharu28, Klaudia T, honey04, Maeva, karenesmee(punto)cull(punto)pottz, diana, roSS, usako tenoh, culdrak, jovipattinson, lore191, sarydark, Tati, Inmans, I am waiting for you, Lucero Hale, KaRoLiNNe-FaLLeN AnGeL, Lissiwen, Muse87, AleLupis, Lela Granger, margara, PRISGPE, memoriescullen, nena10124, Anicherry, BC-vampire, Lorein20, LINA01, Mithrill, andycullen07, crisode76, J´t ame, Caritogz, mandrea, Kristews, carmenlr, Bella Cullen H, Twilight FAVORITOS, sailor lady, carlita cullen, dana03, isabella-cullen-swan9408261787,

Tati: Oi não sou muito boa em português. O fic não é uma adaptação, podem deixar seu correio eletrônico? Obrigado!