Ola ke asen?
Viendo que actualicé rápido o ke asen?
(?)
Vale no xD
Soul Eater, ni Rosas Rojas me pertenecen *llora desconsoladamente*
Capítulo 9
Media hora después, Maka entraba como un rayo en casa de los Albarn con el doctor Death the Kid pisándole los talones.
— ¿Dónde están? —preguntó a Stein jadeando.
—En la alcoba del señorito Hero —dijo Stein retorciéndose las nudosas manos, visiblemente preocupado.
Maka subió las escaleras de tres en tres, seguida de Kid. Cuando llegaron a la puerta de la alcoba, entró Kid y ordenó que saliera todo el mundo.
—Les diré algo en cuanto le haya examinado —dijo con firmeza, y luego les cerró la puerta en las narices, dejándolos angustiados en el pasillo.
— ¿Ha recuperado la conciencia mientras yo estaba fuera? —preguntó Maka mirando alternativamente a Soul y a Chrona, temiéndose la respuesta que se reflejaba en la expresión de ambos.
Soul negó repetidamente con la cabeza.
—No. Se ha quejado un par de veces, pero no ha llegado a abrir los ojos.
— ¿Se va a morir? —preguntó Patty con un hilillo de voz y expresión asustada. Apretó a la señorita Liz contra su pecho y miró a Maka con los ojos como platos.
Intentando desterrar sus propios miedos, Maka se arrodilló y abrazó a la pequeña.
—No, cariño, Hero no se va a morir —le contestó, intentando con todas sus fuerzas que no le temblara la voz. «Me niego a dejarle morir.» Le dio un beso en la frente y añadió—: El doctor Death va a dejar a Hero como nuevo. De hecho, estoy segura de que va a despertarse pronto, ¿y qué te apuestas a que lo primero que querrá hacer será comerse una de las galletas de azúcar de Joe?
—Seguro que sí, Patty —intervino Chrona—. ¿Por qué no nos vamos las dos a la cocina y preparamos una merienda con todas las pastas preferidas de Hero?
Patty inspiró haciendo ruido por la nariz y luego se la frotó con el dorso de la mano.
— ¿Una merienda con pastas? —preguntó, mirando a todos los presentes.
—La merienda más maravillosa del mundo —le prometió Maka con una sonrisa.
—De acuerdo —dijo Patty, dándole la mano a Chrona y dejándose guiar hacia la cocina.
Maka se volvió hacia Ragnarok.
— ¿Por favor, te importaría ir a ver cómo están Pericles y el caballo del doctor Death? Los hemos dejado atados en la entrada. Los dos necesitan agua y pienso, y Pericles que lo cepillen.
Ragnarok miró de soslayo la puerta cerrada.
— ¿Me explicaréis lo que diga el médico? —preguntó, visiblemente reacio a marcharse.
—En cuanto salga de la habitación —le prometió Maka. Dio a Ragnarok lo que intentaba ser una palmadita tranquilizadora en el hombro y luego observó cómo se alejaba. En cuanto su hermano estuvo fuera del alcance de su vista, a Maka se le desplomaron los hombros y hundió el rostro en las manos.
Soul sabía que estaba luchando por no perder el control, y eso le encogió el corazón. Estaba intentando con todas sus fuerzas parecer entera ante todo el mundo, pero él sabía que estaba aterrada. ¡Maldita sea! Nunca se había sentido tan impotente en toda su vida. No lograba recordar la última vez que había pedido algo a Dios, pero desde que habían encontrado a Hero no había dejado de rezar para que el niño estuviera bien. Alargó el brazo y tocó la manga de Maka.
—Maka —le dijo con dulzura, sufriendo por ella.
Ella levantó la cabeza de las manos y lo miró, mientras le resbalaban por las mejillas todas las lágrimas que llevaba rato intentando contener.
—Por Dios, Maka, no llores, por favor. —A Soul, la visión de aquellos ojos verdosos, anegados de lágrimas, y de aquel rostro pálido de miedo le partía el corazón. Abrió los brazos y ella, con un sollozo entrecortado, se refugió en ellos.
Soul la apretó contra su pecho y sus brazos la rodearon como dos barras de metal. Ella lo cogió por la cintura y se apretó contra su torso, hundiendo la cara en su hombro y mojándole la camisa con las lágrimas. Dándole delicados besos en el pelo, Soul le susurró palabras dulces con el afán de consolarla. No sabía cómo ayudarla más que abrazándola. Las lágrimas de Maka atravesaron a Soul, calándole primero la camisa y mojándole luego la piel hasta llegarle al centro del alma. Escuchando sus sollozos amortiguados, Soul pensó que el corazón le iba a estallar en mil pedazos.
Cuando los sollozos acabaron y dieron paso a una serie de hipidos, Soul se dio cuenta de que había pasado lo peor y se le escapó un suspiro de profundo alivio.
Rebuscando en el bolsillo del vestido, Maka extrajo un pañuelo. Se reclinó hacia atrás apoyándose en los brazos de Soul y se sonó sonora y nada femeninamente.
— ¿Mejor? —le preguntó Soul mientras una leve sonrisa tiraba de la comisura de sus labios. Cuando ella levantó la cabeza y lo miró, la sonrisa de Soul se desvaneció completamente. Tenía los ojos enrojecidos y todavía se leía el miedo en su mirada.
—Estoy tan asustada, Soul —susurró—. Primero mi madre, luego mi padre... —Se le escapó un sollozo—. No podría soportar si Hero...
—Va a ponerse bien, Maka —dijo Soul con firmeza, y él sabía que habría dado cualquier cosa para que sus palabras se hicieran realidad. Vio cómo una lágrima solitaria se escapaba de las pestañas de Maka y le resbalaba por la mejilla. Alargó el brazo y la capturó con un dedo. «No sabía que los ángeles lloraran.»
Maka hizo ruido con la nariz y se volvió a secar los ojos con el pañuelo.
—Siento haber perdido el control de esta manera. No suelo hacerlo. Gracias por estar aquí. Por ser mí amigo. Por ayudar a Hero. Por consolarme.
—No se merecen. — ¡Dios! Parecía tan asustada, tan vulnerable, mirándole fijamente con aquellos inmensos ojos verdes.
Maka alargó la mano y acarició la mejilla de Soul.
—Eres un hombre maravilloso, Soul —le susurró.
Un fuerte impulso de protección se adueñó de él. Sintió la abrumadora necesidad de derribar la puerta de la alcoba y sacudir al médico hasta que les asegurara que Hero iba a ponerse bien.
Quería talar el odioso árbol que había derribado a Hero de sus ramas. Le invadieron emociones completamente desconocidas para él... emociones que le hacían querer destruir a cualquier persona o cualquier cosa que osara lastimar a aquella mujer que le estaba mirando como si él fuera una especie de héroe. Como si él importara. Como si tuviera algo más que un título y un montón de dinero. «Eres un hombre maravilloso, Soul», repitió para sus adentros.
Cerró momentáneamente los ojos y dejó que aquellas palabras resonaran en su interior. «Eres un hombre maravilloso, Soul.» Nadie, ni siquiera su hermana, le había dicho nada parecido en toda su vida. Y él sabía perfectamente que no tenía nada de maravilloso. Después de todo, había alguien que le odiaba lo suficiente como para querer verle muerto.
A Soul se le hizo un nudo en la garganta. Quería decirle algo a Maka, desengañarla, explicarle que lo que ella creía no era verdad, pero no le salían las palabras.
—Sí, lo eres —le dijo ella con dulzura, como si le hubiera leído el pensamiento—. Tal vez no lo creas, pero lo eres. No sólo eres maravilloso, eres noble, generoso y bueno. —Le puso la mano justo encima del corazón—. Lo que hay aquí dentro, en lo más hondo de tu corazón, en tu alma, eso es lo que cuenta. —En sus labios se dibujó una trémula sonrisa—. Yo nunca te mentiría. Confía en mí. Lo sé.
Soul ahuecó las manos en torno al rostro de Maka y la miró con ojos sombríos. Su mirada sondeó la de Maka, buscando no sabía muy bien qué, pero, de repente, se sintió confundido y, en cierto modo, vulnerable. «Yo nunca te mentiría.» Todo lo que él le había contado sobre su vida era mentira. Se sentía como un verdadero canalla.
—Maka, yo...
Se abrió la puerta de la alcoba y Death the Kid salió al pasillo. Si le sorprendió encontrarse a Maka y Soul tan cerca el uno del otro, las palmas de Maka sobre el tórax de Soul y él rodeándole el rostro con ambas manos, no lo demostró.
— ¿Cómo está Hero? —preguntó Maka separándose de Soul—. ¿Está bien?
—Sí. Está bien —la tranquilizó Kid con una sonrisa.
Soul la vio frotarse los ojos durante varios segundos. Él mismo sintió como si le hubieran quitado un enorme peso de encima.
— ¡Gracias a Dios! —dijo ella, tomando la mano de Soul y apretándosela fuertemente.
—No tiene ningún hueso roto, y se ha despertado mientras le estaba examinando —prosiguió Kid—. Es un chico muy afortunado. Le he curado el corte de la frente, que, a propósito, era poco más que un rasguño, y le he prohibido con toda la dureza de que soy capaz que se vuelva a subir a un árbol.
—Quizás a usted le haga caso —dijo Maka con una risita trémula—. Desde luego, a mí no me lo ha hecho.
—Si quieren verle, ahora está despierto. Le he dado un poco de láudano, de modo que no lo estará por mucho tiempo. Necesita guardar cama un día o dos, y luego estará como nuevo.
Maka tomó las manos de Kid entre las suyas.
—Gracias, Kid, de todo corazón. Muchísimas gracias. ¿Puede explicarle a los demás que Hero está bien? Y tal vez le apetezca quedarse a tomar el té.
—Me encantaría. Ambas cosas —dijo Kid con una sonrisa de oreja a oreja, y luego se dirigió hacia las escaleras.
Maka abrió la puerta y miró a Soul al verle dudar.
—Vamos —le instó. Cuando vio que seguía igual de dubitativo, le cogió de la mano y tiró de él—. Has ayudado a rescatar a Hero. Eres parte de la familia, Soul. Entra conmigo.
«Eres parte de la familia.» Soul observó la mano que le había cogido Maka, sus dedos estaban entrelazados con los de ella, y dejó que lo arrastrara al interior de la alcoba de Hero.
«Eres parte de la familia», se repitió.
Maka vio la preocupación reflejada en el rostro de Harvar en cuanto éste se unió al grupo en el salón tras visitar la alcoba de Hero.
— ¡Que me encierren en el camarote de proa y me golpeen con una copa de ron! —masculló entre dientes y luego se sonó la nariz en un inmenso pañuelo—. A quién se le ocurre trepar a un árbol como un estúpido mono, caerse y casi romperse la crisma... —Se giró y miró a Maka con solemnidad—. Su padre, que en paz descanse, me daría una buena reprimenda por permitir que los chicos tuvieran un escondite tan estúpido e inseguro si se enterara de lo ocurrido.
Maka se levantó para tranquilizar al alterado marinero, pero se detuvo cuando Stein puso su endeble brazo sobre los fornidos hombros de Harvar.
—Vamos, vamos, Harvar —dijo Stein dándole palmaditas delicadamente en la espalda—. El capitán Albarn sabía que los muchachos hacen travesuras. ¿No recuerdas cuando a Ragnarok le dio por ponerse encima una sábana y hacer ver que era un fantasma?
Harvar soltó una carcajada.
—No levantaba dos palmos del suelo, según creo recordar, pero tú te asustaste tanto que casi te cagas en los pantalones —se volvió a sonar—, cobarde saco de huesos.
—Creo que se tercia un traguito de oporto —dijo Stein, instando amablemente a Harvar a salir del salón—. Para celebrar la recuperación del señorito Hero.
Harvar asintió y olfateó.
—Me parece una buena idea, Steinsito. Tú primero.
Los dos hombres salieron del salón y los presentes reanudaron la conversación y siguieron tomando el té.
— ¿Esos dos se aprecian de verdad? —preguntó Soul a Maka—. No me lo puedo creer.
—Haz ver que no te das cuenta. Además, jamás lo reconocerían. —Maka tomó un sorbo de té y observó disimuladamente a Chrona y a Kid, que conversaban en el otro extremo de la habitación. Por lo menos ella creía que lo hacía disimuladamente pero, por lo visto, estaba equivocada, porque, al cabo de un par de minutos, Soul le comentó:
—Parece ser que Death tiene a tu hermana en gran estima, algo que a ti parece agradarte mucho, debería añadir.
— ¡Vaya! ¿Tanto se me nota? —le preguntó ella, consternada.
Soul asintió, con un brillo malicioso en los ojos.
—Me temo que sí, querida. Tus ojos son sumamente expresivos.
Maka lo miró fijamente, sin estar segura de haber oído correctamente la palabra cariñosa que había salido de la boca de Soul. ¿La había llamado querida? No podía ser. Probablemente acababa de tener una ilusión auditiva.
—Death the Kid es un joven encantador —dijo Maka en voz baja, sin quitar ojo a la pareja—. Hace bastante tiempo que tiene debilidad por Chrona, y ella está encantada con él. No me extrañaría que en breve anunciaran su compromiso.
— ¿Y eso te haría feliz?
Ella asintió.
—Ya lo creo que sí. Que Chrona se enamore y forme su propia familia es uno de mis mayores deseos.
—Lo puedo entender.
— ¿Qué? Sí. Quiero más té —interrumpió súbitamente tía Marie, acercando su taza a Soul—. Es muy amable de su parte preguntármelo, señor Evanson.
Maka observó cómo Soul servía el té galante pero torpemente a tía Marie. Cogió la tetera como si fuera la primera vez que lo hacía en toda su vida. Evidentemente servir el té no era una tarea en la que se supone que debe destacar un tutor.
Tía Marie clavó la mirada en el rostro de Soul.
— ¿Acaso está intentando dejarse barba, señor Evanson?
Soul se pasó la mano por el rostro hirsuto.
—No, no particularmente, aunque lo pueda parecer.
—Bueno, si le interesa conocer mi opinión... —Dejó la frase a medias y miró directamente a Soul.
—Me sentiría muy honrado de escuchar su opinión sobre el tema, querida dama —le aseguró Soul inclinando la cabeza hacia delante.
Tía Marie le dedicó una sonrisa de oreja a oreja.
—En tal caso, debo decir que, aunque estoy bastante segura de que estaría bastante imponente con barba, su rostro es demasiado atractivo para ocultarlo tras una capa de vello facial. —Hizo un coqueto movimiento de pestañas mientras miraba a Soul y luego añadió—. ¿No crees, Maka, querida?
Maka casi se atraganta con el té. Si no la conociera mejor, juraría que su tía estaba coqueteando con Soul.
—Bueno... yo, eh... Sí, supongo que sí. —Notó que una oleada de calor le subía por el cuello.
Soul se recostó en el respaldo de la silla y dirigió una sonrisa devastadora a tía Marie.
—Bueno, entonces, si me prefiere recién afeitado, tía Marie, tendré que deshacerme de estos repugnantes pelos.
Tía Marie parecía que se iba a derretir como un cubito de hielo bajo el recio sol de verano.
—Excelente, querido muchacho.
—Gracias por el té —dijo Kid, uniéndose al grupo sentado junto al fuego—. He disfrutado mucho de la merienda —su mirada se centró en Chrona—, pero realmente tengo que irme.
Maka se levantó y estrechó la mano de Kid.
—Gracias por todo lo que ha hecho por Hero. ¿Le veremos este viernes en la fiesta que da la señora Diehl?
—Oh, por supuesto. Tengo muchísimas ganas de ir. —Kid le dio la mano a Soul, hizo una reverencia a tía Marie y dijo adiós con la mano a Patty y a Ragnarok, que estaban jugando a las cartas.
— ¿Chrona, te importaría acompañar a Kid? —le preguntó Maka con una sonrisa—. Estoy terriblemente cansada después de tantas emociones.
—Por supuesto que no. —Chrona cogió tímidamente a Kid del brazo y lo guió hacia la puerta.
—Preguntarle a Chrona si le importa acompañar al doctor Death a la puerta es como preguntarle a Patty si le gusta invitar a la gente a tomar el té, ¿no crees? —preguntó tía Marie con los ojos abiertos de par en par en señal de inocencia.
Maka sonrió y movió repetidamente la cabeza en gesto de negación. Al parecer, tía Marie se enteraba de mucho más de lo que todo el mundo creía.
Más tarde aquella misma noche, después de que todo el mundo se hubiera retirado a su alcoba, Maka se dirigió al despacho de su padre. Aquélla era una magnífica oportunidad para adelantar el trabajo atrasado. Había escrito muy poco desde la llegada de Soul. Si no escribía, no vendería sus relatos. Y sin ventas, no había dinero.
Cuando pasó junto a la biblioteca de camino al despacho, miró hacia abajo y vio el suave resplandor de la luz colándose por debajo de la puerta. Empujó la puerta y entró en la habitación. La escena que vieron sus ojos la llenó de ternura.
Había estado tan ocupada acostando a los niños y controlando el estado de Hero que había supuesto que Soul se había retirado pronto a su alcoba como la noche anterior. Pero era obvio que no lo había hecho porque estaba tumbado en el largo sofá acolchado que había delante de la chimenea. El fuego estaba encendido y el cálido resplandor de las llamas proyectaba sombras suaves y una luz parpadeante por toda la habitación.
Tras cerrar la puerta, Maka se acercó al sofá sin hacer ruido, se detuvo delante de Soul y se quedó mirando fijamente cómo dormía. Su chaqueta y su chaleco estaban pulcramente doblados en una silla que había al otro lado de la chimenea. Se había alzado las mangas de la camisa, dejando al descubierto sus musculosos brazos, y tenía la camisa desabrochada casi hasta la cintura.
Maka miró fijamente la piel bronceada que brillaba entre ambos lados del cuello de lino. Soul se había quitado el vendaje que le cubría las costillas, lo que permitía ver su musculoso torso sin impedimentos. El remolino de vello rizado del tórax se convertía en una fina veta oscura que partía en dos su terso y plano estómago antes de desaparecer de nuevo bajo la camisa. En el suelo había un número de Gentleman's Weekly. Maka se dio cuenta de que la revista estaba abierta por la página de Las aventuras de un capitán de barco, de H. Spirit.
La mirada de Maka se detuvo en la cara de Soul. «¡Qué rostro tan perfecto! ¿Cómo puede ser tan atractivo?», se dijo para sus adentros. Relajados por el sueño, sus rasgos se suavizaban y casi parecía un muchacho, con un mechón oscuro cayéndole sobre la frente.
A Maka le embargó una ternura abrumadora e indescriptible por aquel hombre que, a pesar de sus heridas, se había agotado construyendo un muro de piedra para hacer felices a dos muchachos, había cargado a Hero y la había consolado como nadie más podría haberlo hecho.
Le quería.
«¡Que Dios me ayude! ¡Cómo le quiero!»
Incapaz de detenerse, se arrodilló junto al sofá mientras devoraba con los ojos a aquel hombre que le había robado el corazón, un corazón que ella nunca había pensado entregar a nadie, ni creído que ningún hombre quisiera aceptar. Dudaba que Soul lo quisiera, pero, de todos modos, ya era suyo.
La cabeza le decía que se marchara, no tenía ningún sentido alargar más aquella dulce agonía de desear lo que no podía tener, pero sus deseos se rebelaron contra la razón y ganaron la batalla. Por una vez en la vida, Maka escuchó a su cuerpo, y lo que su cuerpo le pedía era que tocara a Soul. No como lo había tocado cuando había cuidado de él mientras estaba herido, con el tacto impersonal de una enfermera, sino como una mujer toca a un hombre, a un hombre a quien ama.
Sin apenas atreverse a respirar, alargó el brazo y le apartó suavemente el mechón de pelo de la frente. Las pestañas proyectaban sombras crecientes sobre sus pómulos. Tenía los labios ligeramente abiertos, la respiración lenta y profunda. Maka deslizó con suma delicadeza la yema de un dedo por la mejilla de Soul, cubierta por una recia barba de tres días, disfrutando de aquel áspero roce en su piel.
Se quedó inmóvil durante varios maravillosos minutos, arrodillada, extasiada, mientras su mirada deambulaba entre el pecho de bronce y el perfecto rostro de Soul. «Tengo que parar. Tengo que detener esto. No quiero arriesgarme a que se despierte y me encuentre aquí arrodillada, como una esclava adorando a su amo.» Segura de lo que tenía que hacer, aunque reticente a hacerlo, Maka se empezó a levantar.
—No pares.
Maka se quedó helada ante aquellas palabras dichas en un suave susurro. Su asustada mirada se detuvo en el rostro de Soul. Tenía los ojos medio abiertos y la estaba mirando con una expresión insondable, impenetrable. De repente, sintió una oleada de calor por todo el cuerpo, acompañada de una profunda vergüenza, que la dejó sin habla.
Soul alargó el brazo, cogió la mano de Maka con delicadeza y se la llevó al pecho, cubriéndola con la suya. Ella notó el vello suave y ensortijado bajo la palma de la mano, y el calor de aquella piel palpitante la atravesó por completo hasta llegarle al alma.
—No pares —volvió a susurrar él, dirigiéndole una mirada intensa y penetrante—. Tócame. —Apretó fuertemente la mano de Maka contra su pecho y luego la deslizó sobre la densa mata de vello pectoral—. Así.
Maka lo miró fijamente, hipnotizada por las llamas que se reflejaban en sus ojos. Su ardiente mirada se fundió con la de ella, suplicándole que hiciera lo que le pedía. El sentido común de Maka, que nunca le había fallado, la voz interior que debería estar diciéndole que se detuviera, que pensara en su reputación, que considerara las consecuencias de sus actos, se empeñaba en guardar silencio. La mujer que tenía dentro, a quien había sepultado y olvidado durante tanto tiempo, había emergido del olvido, pletórica de amor y necesidades y deseos; deseos por aquel hombre cuyo corazón latía fuertemente bajo las yemas de sus dedos.
Maka observó su mano sobre el tórax de Soul y luego la deslizó con inseguridad sobre su cálida piel, mientras el vello ensortijado que la cubría le hacía cosquillas en la palma.
A él se le escapó un grave gemido y ella, alarmada, volvió a buscar su mirada.
— ¿Te he hecho daño? —le susurró preocupada.
Él negó lentamente con la cabeza.
—No.
— ¿Entonces por qué has gemido?
—Porque... porque me ha gustado... muchísimo. Hazlo otra vez.
A Maka se le secó la boca. Volvió a acariciarle el tórax delicadamente, con la mirada clavada en la de él. Lo observó entre aturdida y asombrada mientras los ojos de Soul, nublados por el deseo, se iban oscureciendo a rojo vino.
Se envalentonó y volvió a deslizar la mano lentamente sobre el torso de Soul, palpando con los dedos sus tersos músculos. Cuando las yemas de Maka rozaron uno de los pequeños pezones de Soul, él inspiró sonoramente, pero ella sabía que no le había hecho daño.
Fascinada, le puso la otra mano sobre el torso y dejó que sus dedos curiosos fueran explorándolo, deslizándose entre la oscura mata de pelo que cubría la ardiente piel de Soul. Observó gratamente sorprendida cómo él iba tensando y contrayendo los músculos ante sus delicadas caricias.
Maka siguió acariciándolo, con movimientos amplios y lentos. Pronto la camisa, a pesar de estar abierta, se reveló como un impedimento para las ávidas manos de Maka. Sin mediar palabra, Soul se desabrochó los últimos botones, estiró del faldón de la camisa apresado bajo los pantalones y volvió a guiar las manos de Maka hacia su cuerpo.
Separando el fino tejido con ambas manos, Maka desnudó completamente el torso de Soul, deleitándose ante aquella visión. «¡Tiene un cuerpo magnífico!» Todos aquellos músculos cubiertos de piel dorada salpicada de vello oscuro. Sin asomo de duda, ella deslizó ávidamente ambas manos por el cuerpo de él. Los suspiros de Soul cada vez eran más largos y sus gemidos de placer más hondos con cada nueva caricia.
Maka sintió que su cuerpo se había convertido en un ascua incandescente. Se sentía tan bien, tan llena de energía y tan viva... Aquel olor tan masculino embargaba todos sus sentidos; aquella fragancia tan limpia y salvaje al mismo tiempo que sólo le pertenecía a él. Sintió la acuciante necesidad de hundir los labios en aquella carne palpitante, de probar el sabor de aquella maravilla que estaban palpando sus manos.
Pero, antes de que pudiera dejarse llevar por aquel impulso, él la agarró de las muñecas. Cogiéndole ambas manos, Soul se incorporó hasta quedarse sentado, apoyó la frente en las yemas los dedos de ambos, ahora entrecruzados, y respiró de forma entrecortada.
—Creía que no querías que parara —susurró Maka. «Yo no quiero parar. Por favor, no me obligues a hacerlo. Sólo por esta vez, déjame obtener lo que deseo.»
Él levantó la cabeza y sus miradas se cruzaron.
—No, no quería. No quiero —dijo con voz ronca—. Sólo es que...
Sus palabras se desvanecieron cuando Maka le tocó el vendaje del brazo.
— ¿Te he hecho daño?
Soul dejó escapar un sonido ahogado y apartó la mano de Maka.
— ¡Qué va, Maka! No, no me has hecho daño. Al revés. Me has dado placer. Mucho placer. Demasiado.
—Entiendo. —Pero no entendía nada. Ella ansiaba tocarlo otra vez y él, sin embargo, evitaba su contacto. Le decía que le gustaba que lo tocara, pero le obligaba a parar. De repente, la embargó una espantosa sensación de vergüenza. «¡Santo Dios! ¿Qué debe de pensar de mí?» Tenía que alejarse de él antes de hacer todavía más el ridículo. «¿En qué estaba pensando?» Parecía como si, con sólo mirar a aquel hombre, fuera a perder completamente la cabeza.
Separando las manos de las de Soul, Maka se puso de pie e hizo un gran esfuerzo para contener las lágrimas y hablar con el nudo que se le estaba haciendo en la garganta.
—Siento haberte despertado. Te dejaré con tu lectura. —Se dio la vuelta para marcharse, pero no había dado ni un paso cuando él la retuvo, rodeándole la cintura con sus fuertes manos.
Ella miró hacia el sofá y volvió a ver la misma expresión insondable en los ojos de Soul.
— ¡Al diablo con intentar actuar tan noblemente! —murmuró él. La cogió de la mano y tiró de ella hasta que la sentó sobre sus muslos.
—Rodéame el cuello con los brazos —susurró, con los labios a pocos milímetros de la boca de Maka.
Ella dudó un momento, pero cuando él murmuró un «por favor», ella ya estaba perdida. En el instante en que lo abrazó, recibió un largo, lento y profundo beso que los fundió en uno y despojó a Maka de todo asomo de sentido común.
Soul la volvió a besar una y otra vez, y a cada segundo que pasaba perdía más el control. El tacto de las finas manos de Maka, la sedosa caricia de su lengua contra la suya, su piel con perfume a rosas, le estaban volviendo loco. La palpitante rigidez de su erección chocaba dolorosamente contra sus apretados pantalones, torturándole con un ardiente deseo. Debería haber dejado que se marchase cuando se presentó la oportunidad, pero aquella mirada dolida y confusa al mismo tiempo en el rostro de Maka se le había clavado en el corazón.
Ella suspiró su nombre, él la tumbó de espaldas sobre los blandos cojines del sofá, inclinándose hacia delante hasta estirarse completamente sobre ella. Su voz interior le gritaba: «¡No! ¡Para ya! ¡Retírate! Déjala sola. ¡Maldita sea! Esto no está bien.»
Pero se sentía tan bien.
Intentando apaciguar su conciencia, se dijo mentalmente que sólo quería besarla, nada más. Sólo un beso... sólo un beso más...
Pero le resultó imposible contentarse con un beso.
Ella le abrumaba en todos los sentidos, sin dejarle pensar coherentemente. Soul apresó los senos de Maka con ambas manos y, con los pulgares, le acarició los pezones, que inmediatamente se transformaron en dos montículos duros, enhiestos. Maka gimió y enredó los dedos en el pelo de Soul, instándole a acercársele todavía más. Incapaz de detenerse, él deslizó una mano hacia abajo, cogiendo el dobladillo del vestido y levantándolo lentamente. Introdujo la mano bajo la fina muselina y fue ascendiendo con los dedos por la pantorrilla. Cuando llegó a la rodilla, se encontró con el obstáculo de las bragas de algodón, una barrera que franqueó rápidamente.
Mientras los dedos de Soul proseguían su placentera exploración pierna arriba, él se deleitaba escuchando los gemidos guturales y los suspiros entrecortados que se le iban escapando a Maka. Cuando la mano de Soul alcanzó la unión entre los muslos, todo el cuerpo de Maka se tensó.
—Soul... —susurró ella en sus labios.
Levantando la cabeza, él miró directamente aquellos ojos luminosos y dilatados por el placer. Y luego la acarició delicadamente con los dedos.
—Separa las piernas para mí, Maka. Quiero tocarte. Necesito sentirte.
Sin apartar ni un momento la mirada de la de él, Maka obedeció.
Los dedos de Soul siguieron ascendiendo y acariciaron los suaves pliegues de carne femenina de Maka, provocando en él un hondo gemido de placer masculino. Ella estaba húmeda y resbaladiza, caliente y tersa, y él se perdió en aquel contacto tan íntimo, aquella visión de Maka con la cabeza echada hacia atrás, deleitándose con aquellas nuevas sensaciones.
Mientras ella se retorcía bajo las caricias de Soul, aferrándose a sus hombros, él introdujo suavemente un dedo en su interior, observándola todo el rato. ¡Estaba tan mojada y suave por dentro! Él desplazó el dedo lentamente, entrando y saliendo del cuerpo de Maka, viendo cómo crecía su pasión, cómo la respiración se le aceleraba y se le hacía más profunda. Soul introdujo un segundo dedo en el interior de Maka y emitió un grave gemido cuando notó que las paredes de terciopelo se contraían con fuerza.
Ella se apretó contra la mano de Soul, y él supo lo que quería, consciente de lo ardiente y desesperada que se sentía en aquel momento. Exactamente como se sentía él.
—Soul —le susurró, su voz convertida en un acelerado jadeo—, me siento tan rara, tan dolorida y tan maravillosamente bien al mismo tiempo, y... ¡ohhhhh! —exclamó entre jadeos.
Él la observó, completamente extasiado, mientras ella llegaba al clímax. Ella reaccionó abandonándose totalmente, la espalda arqueada, las caderas fuertemente apretadas contra él. Cuando se cayó de espaldas sobre los cojines, saciada, él retiró los dedos de su cuerpo. Soul se tumbó a su lado y la apretó contra su palpitante corazón, hundiendo el rostro en su pelo y aspirando su perfume. Soul nunca había visto nada más erótico, más sensual, que Maka en su primer éxtasis pasional. Era un milagro que él no hubiera explotado también, aunque le había faltado bien poco.
Al poco rato, ella se inclinó hacia él y le tocó la cara. Él la miró y se quedaron mutuamente prendados de sus miradas.
Soul giró la cara y le dio un ardiente beso en la palma de la mano.
— ¡Caramba, Maka! Eres hermosa. Tan suave y tan ardiente, tan acogedora. —Su excitación aumentó y volvió a notar que los pantalones cada vez contenían menos su tiesa virilidad, un recordatorio de lo desesperadamente que deseaba hundirse en ella.
— ¿Qué me ha pasado? Nunca había experimentado nada semejante.
—Has experimentado el placer femenino —susurró él.
— ¡Ha sido... increíble! No tenía ni idea de que fuera así. —Acarició el rostro de Soul con suavidad y dejó escapar un hondo suspiro—. ¡Qué sensación tan maravillosa, tan indescriptible!
Soul apoyó la frente en la de ella y cerró los ojos, intentando tragarse el nudo de culpabilidad que se le había hecho en la garganta y amenazaba con ahogarle. Ahora que otra vez podía pensar con claridad, estaba profundamente enfadado consigo mismo. «Dios, soy un canalla asqueroso.» Acababa de comprometer la reputación de Maka más allá de toda esperanza y, todavía peor, sabía que, si no se alejaba de ella, la comprometería todavía más. «Y, ¡maldita sea! Ella se merece mucho más que un revolcón en el sofá de un despacho con un hombre que la acabará dejando.»
Apoyándose en un hombro, Soul apartó delicadamente un rizo de la frente de Maka.
—Maka, yo... —«¡Dios!» Sabía que debía disculparse, pero se sentía incapaz de hacerlo. Había sido demasiado hermoso. Ella era demasiado hermosa. Le embargó una profunda ternura. Tragó saliva y lo volvió a intentar—. No podemos seguir así, Maka. No podemos seguir viéndonos a solas. Echarás a perder completamente tu reputación, y yo voy a acabar perdiendo la cabeza. No quiero comprometerte más de lo que ya lo he hecho. —«¡Maldita sea! En el fondo, me habría gustado llegar hasta el final. Me gustas demasiado, tanto que apenas puedo pensar con claridad.»
Las mejillas de Maka se tiñeron de rojo carmesí, y ella hizo ademán de incorporarse.
—Por supuesto, tienes razón. Lo siento...
Soul le puso un solo dedo en los labios, impidiéndole acabar la frase.
—No tienes que disculparte por nada, Maka. Yo asumo toda la responsabilidad de lo ocurrido. Pero no soy más que un hombre, y no quiero poner en peligro tu reputación. Y, si volvemos a quedarnos solos como hoy, lo haré. No creo que me pueda controlar otra vez.
Haciendo un gran esfuerzo para separarse de ella, Soul se sentó y luego ayudó a sentarse a Maka. Se pasó los temblorosos dedos por el pelo y emitió un largo suspiro. Las partes íntimas le seguían palpitando y doliendo, pero él sabía que Maka era la única persona que le podría saciar, y era la única que no podía tener. Menuda ironía que todas sus riquezas, haciendas y títulos no pudieran darle lo que realmente deseaba. Él sabía que podría tomarlo sin más, pero ¿a qué precio? «Me odiaría a mí mismo. Y, todavía peor, me odiaría ella. Tal vez no ahora, pero sí más adelante. Cuando me marchara.»
Al girarse hacia ella, vio que se estaba arreglando la ropa. Se veía vulnerable, confundida y más hermosa que ninguna otra mujer en quien él había posado los ojos. Tenía los labios enrojecidos e inflamados por los besos y los pómulos irritados por el roce con la barba. La melena ceniza le caía con un atractivo desorden sobre los hombros. El resplandor del fuego proyectaba un halo dorado a su alrededor. Era evidente que tenía que alejarse de ella. Ya.
Levantándose, le tendió la mano.
—Vamos. Te acompañaré hasta tu alcoba.
Antes de que ella pudiera responder, la puerta de la biblioteca se abrió de par en par. Era Patty. Estaba de pie en el umbral, llorando como una magdalena.
—¡Maka, Maka! ¡Por fin te encuentro!
Maka fue corriendo hasta la pequeña, se arrodilló ante ella y ésta se le abrazó fuertemente.
— ¿Qué pasa, cariño? ¿Te duele algo?
Patty se aferró al cuerpo de su hermana mayor y sollozó en su cuello.
—He tenido una pesadilla, con monstruos peludos que se comen a las niñas pequeñas. Te he buscado por todas partes, pero no te encontraba. Estaba muy asustada.
—Oh, mi preciosidad. Lo siento. Lo siento mucho. Ahora ya me has encontrado.
Maka miró a Soul con ojos afligidos. Él casi podía leerle el pensamiento... «Mira lo que he hecho. Yo aquí, comportándome como una fresca mientras Patty me necesitaba. Le he fallado. ¡Qué tremenda equivocación! ¿Y si nos hubiera interrumpido hace cinco minutos?»
Maka miró inequívocamente hacia la puerta y Soul supo que ella quería que se fuera antes de que Patty se percatara de su presencia. Sin decir nada más, Soul se fue, cerrando la puerta silenciosamente detrás de él y sabiendo que dejaba un trozo de su alma allá dentro.
—¿Interrumpo algo, lacayo? —preguntó Black Star al día siguiente por la tarde. Entró en el patio de la casa de los Albarn y enseguida se dibujó una mirada entre incrédula y divertida en su rostro.
Soul trató de mirar a su amigo con mala cara, pero era sumamente difícil parecer amenazante con una diminuta tacita de té entre los dedos. Todavía resultaba más difícil teniendo en cuenta que estaba sentado a una mesa de tamaño infantil, con el cuerpo replegado sobre sí mismo, con las rodillas en contacto con el mentón y las nalgas apretadas en una diminuta sillita. Dirigió a Black Star la mirada más seria que logró esbozar en tales circunstancias.
—¿Por qué? No, qué va, Black Star. No interrumpes nada. De hecho, llegas justo a tiempo para unirte a nosotros. —Señaló una sillita vacía levantando levemente la barbilla—. Por favor, toma asiento.
Soul casi se ríe a carcajadas al ver la expresión de horror en el rostro de Black Star.
—Oh, no —dijo Black Star—. No es nece...
—No digas tonterías —le interrumpió Soul—. Insistimos. Black Star, permíteme que te presente a la señorita Patty Albarn, la mejor anfitriona de todo Death City. Patty, te presento al señor Black Star Star, un buen amigo mío.
Patty miró a Black Star desde debajo del ala de un inmenso sombrero adornado con plumas de colores.
—Encantada, señor Star —le dijo con una dulce sonrisa—. Siéntese, por favor. Estábamos a punto de empezar a tomar el té. —Rodeó la mesa y sacó una sillita para Black Star—. Puede sentarse aquí, al lado de la señorita Elizabeth Chilton-Jones.
Soul vio cómo la mirada de Black Star deambulaba entre la minúscula silla, la muñeca no demasiado limpia y la expresión expectante de la pequeña Patty. Consciente de que había perdido la batalla, Black Star se acercó a la diminuta silla y se sentó con suma cautela. Las caderas le chocaban con los brazos de madera y, al igual que Soul, las rodillas le llegaban a la altura del mentón.
—¡Maravilloso! —exclamó Patty, batiendo palmas entusiasmada—. Serviré el té mientras esperamos a que Stein nos traiga las pastas. —Patty vertió el té ceremoniosamente en cuatro tazas y se las pasó a sus cuatro invitados. Black Star miró perplejo su taza, del tamaño de un dedal, y contuvo la risa.
Stein llegó con una bandeja de pastas y la dejó en el centro de la mesa.
—Buenas tardes, señor Star.
Black Star miró hacia arriba desde su postura encorvada.
—Buenas tardes, Stein.
—¡Qué suerte que haya llegado a tiempo para tomar el té! —dijo el lacayo con expresión de absoluta seriedad. Hizo una reverencia y salió del patio.
Patty pasó la bandeja de pastas a los invitados, sin dejar de conversar, y fue rellenando las tacitas en cuanto se vaciaban —con un sorbo bastaba—, comportándose como una perfecta anfitriona. Cuando se dio cuenta de que la tetera estaba vacía, se excusó para volverla a llenar.
Solos en el patio, Black Star miró a Soul de soslayo.
—No lo digas, Black Star.
—¿Que no diga qué?
—Lo que estás pensando.
Black Star miró a su amigo entornando los ojos.
—De hecho, me estaba preguntando qué diablos te ha pasado en la cara.
Soul lo fulminó con la mirada.
—Me he afeitado, por si te interesa.
Black Star se quedó boquiabierto.
—¿Que te has afeitado? ¿Con qué diablos lo has hecho? ¿Con un hacha oxidada?
—Con una navaja de afeitar. Y te diré una cosa, creo que he hecho un buen trabajo. No es nada fácil afeitarse solo. Te recomiendo que valores más a tú ayuda de cámara. En cuanto llegue a Londres, pienso doblarle el sueldo a Mosquito.
—¿Y por qué no te has limitado a dejarte barba? —preguntó Black Star pasándoselo en grande.
Soul suspiró para sus adentros y deseó que Black Star se limitara a guardar silencio.
—Tía Marie me prefiere recién afeitado —dijo entre dientes—. Y Patty también.
—Ah, ya entiendo —dijo Black Star asintiendo con la cabeza. Luego miró la mano de Soul—. ¿Y ese rasguño en la mano? ¿Otra marca de la batalla contra la barba?
—Es un recuerdo del día que salí a pescar con los chicos.
Black Star enarcó las cejas.
—¿A pescar?
—Sí, pesqué ocho peces y sólo me caí dos veces al río.
A Black Star casi se le salen los ojos de las órbitas. Luego estalló en carcajadas. Rió hasta que empezaron a caerle lágrimas por las mejillas.
—¡Santo Dios, Soul! —dijo por fin, secándose las mejillas con una servilleta de lino—. Pero... ¿qué demonios te está pasando? Tomas el té con niñas pequeñas. Te vas de pesca con muchachos. Te destrozas la cara. ¡Dios mío! Pero si no tienes ni idea de afeitarte, ni de pescar. Aún tienes suerte de no haberte rebanado el cuello. O de haberte ahogado en el río. ¿Acaso sabes nadar?
Sintiéndose insultado, Soul contestó:
—Por supuesto que sé nadar.
Black Star volvió a estallar en carcajadas.
—Black Star —el tono de aviso de la voz de Soul era inconfundible.
—¿Sí?
—La única razón de que no te haya lanzado de bruces contra el suelo es que tengo el culo permanentemente pegado a esta maldita sillita de muñecas. Tal vez no pueda volverme a levantar nunca más. Pero, si lo hago, ten por seguro que haré que te arrepientas de tu falta de respeto.
Black Star dio un mordisco a una pasta, haciendo caso omiso de las amenazas de su amigo.
—Lo dudo. Podría sacarte hasta la última libra que posees haciéndote chantaje con lo que he visto hoy. A propósito, estas pastas están para chuparse los dedos —añadió guiñando exageradamente el ojo a Soul.
Patty regresó con una tetera humeante, y el grupo se pulió una taza tras otra, o un sorbo tras otro, del caliente brebaje y otra bandeja de pastas. Cuando se acabó la segunda tetera, Patty se levantó.
—Muchísimas gracias por acompañarme a tomar el té —dijo con una reverencia. Cogió a la señorita Elizabeth Chilton-Jones de la silla y la abrazó fuertemente—. Ahora debo acostar a la señorita Elizabeth. Buenas tardes, caballeros. —Y, asintiendo educadamente, salió del patio.
Soul y Black Star se miraron mutuamente. Al final, Soul suspiró y dijo:
—Necesito levantarme de esta silla. Tengo todo el cuerpo agarrotado.
Black Star intentó incorporarse, en vano.
—Me temo que el culo se me ha quedado enganchado entre los brazos de la silla.
Soul intentó levantarse, pero no lo consiguió.
—Bueno, esto es un verdadero tostón —comentó entre dientes—. Y, encima, necesito aliviarme desesperadamente. He debido de beber por lo menos cuarenta y tres tazas de té.
Black Star rió.
—Cuarenta y siete. Pero, ¿para qué contarlas?
—¿Por qué están ahí sentados? —preguntó Ragnarok mientras entraba en el patio.
Miró boquiabierto a los dos hombres y se dibujó una expresión de horror en su rostro.
—¡Ah, ya! Déjenme que lo adivine. ¡Patty les ha invitado a tomar el té! ¿Verdad?
Soul esbozó una mueca de arrepentimiento.
—Eso me temo.
Black Star se inclinó y se quedó mirando fijamente al chico.
—Pero... Ragnarok, ¿qué diablos te ha pasado en la cara?
Ragnarok se palpó la mejilla y dirigió una tímida sonrisa de complicidad a Soul.
—El señor Evanson me ha enseñado a afeitarme.
—¿Que el señor Evanson te ha enseñado...? —Black Star sacudió enérgicamente la cabeza—. Ya puedes darle las gracias a Dios, chico. Tienes mucha suerte de poderlo contar. Soul no tiene ni idea de...
—¡Ejem! —Soul dirigió a su amigo una mirada asesina para hacerle callar y luego se volvió hacia Ragnarok.
—¿Y si nos echaras una mano para levantarnos?
—Con mucho gusto —dijo Ragnarok. Se inclinó hacia delante y primero ayudó a Soul y luego a Black Star a desencajar las caderas de las diminutas sillas, intentando no romper éstas.
Black Star levantó una de las sillas después de liberar las nalgas y dijo:
—Resistente, para ser tan pequeña. Es increíble que haya podido soportar mi peso.
—Gracias, Ragnarok —dijo Soul frotándose los agarrotados muslos.
Ragnarok dirigió a los dos amigos una sonrisa de complicidad.
—No hay de qué. He tenido que soportar más de una de las dichosas meriendas de Patty y estoy bastante familiarizado con esas horribles sillitas. —Cogió una pasta de la bandeja prácticamente vacía, se la llevó a la boca y entró en la casa a paso lento.
Black Star recogió del suelo el paquete que había traído y apremió a Soul:
—Vamos, Soul. Salgamos de aquí antes de que nos ocurra algo más.
Soul asintió, y tomaron un sendero de piedra que se alejaba de la casa. Tras andar durante un rato, se detuvieron y se sentaron en un banco de piedra.
—¿Dónde está el resto de los Albarn? —preguntó Black Star, apoyándose en el respaldo del banco y estirando las piernas.
—Maka, Chrona y tía Marie están en el pueblo, y Hero guardando cama. Ayer se cayó de un árbol.
—¿Está bien? —preguntó Black Star.
—Sí, pero el médico le recomendó guardar cama durante todo el día de hoy. —A Soul se le escapó una risita—. Creo que tanto encierro está matando al pobre muchacho.
Black Star miró a su amigo con curiosidad.
—Pareces estar adaptándote bastante bien a la familia —dijo como quien no quiere la cosa—. Cuando hablamos por última vez parecías opinar de los hermanos Albarn que eran unos gamberros ruidosos e ingobernables.
—Son unos gamberros ruidosos e ingobernables. Sencillamente, en cierto modo, me he acostumbrado a ellos. —Sonrió para sus adentros, pensando en la radiante y encantadora sonrisa de Patty cuando él le dijo que aceptaba su invitación para tomar el té. A pesar de las diminutas sillas, había disfrutado, y la alegría de la pequeña le había enternecido de una forma hasta entonces desconocida para él—. A los muchachos les falta pulir un poco los modales —comentó Soul—, pero todos tienen un gran corazón. —«De hecho, son maravillosos.» Deslizó la mirada hasta el paquete que Black Star había dejado en el suelo—. ¿Son ésas las cosas que te pedí?
Black Star asintió con la cabeza y alargó el paquete a Soul.
—Sí.
—Excelente. Necesitaba desesperadamente varias mudas de ropa más. —Se lamentó en silencio de la raja que se había hecho en uno de sus pantalones.
Black Star arqueó una ceja.
—¿Ah, sí? ¿Por eso me pediste que te trajera un vestido? ¿Un vestido de muselina azul claro? ¿Con zapatos y complementos a juego?
Soul dirigió a Black Star una gélida mirada.
—El vestido es para la señorita Albarn.
—¿Ah, sí? ¿Cuál de ellas? Hay varias, como tú bien sabes.
—Es para Maka —dijo Soul con voz tirante.
—Ah. Un regalo que se sale de lo corriente. Muy personal. Y bastante caro, para venir de un tutor. Has de saber que necesité una cantidad considerable de tiempo, esfuerzo, dinero e inteligencia para conseguir ese vestido. De hecho, casi necesito un acta parlamentaria para traértelo.
—Por descontado, te lo pagaré, hasta el último penique —dijo Soul gélidamente.
—Preferiría que satisficieras mi curiosidad.
—Olvídalo, Black Star —le avisó Soul.
—Como quieras —dijo Black Star sonriendo—. Sólo espero que Tsubaki no se entere de mi compra. Si llegara a enterarse, podría tener graves problemas. ¿Cómo demonios quieres que le explique que compré el vestido para ti? Seguro que cree que tengo una amante.
—Eres un hombre de recursos. Seguro que se te ocurre alguna excusa plausible. Ten por seguro que nunca oirá la verdad de mis labios. Ahora, cuéntame. ¿Cómo van las cosas por Londres?
—Ha habido bastante movimiento —contestó Black Star—. De hecho, aunque no me hubieras pedido que viniera, tenía pensado venir. Uno de nuestros sospechosos, Marcus Lawrence, está muerto.
Soul miró fijamente a Black Star.
—¿Muerto?
Black Star asintió.
—Suicidio. Lo encontraron en su despacho hace un par de días. Aparentemente, se metió una pistola en la boca y apretó el gatillo. El magistrado estaba a punto de levantar cargos contra él por el asunto del cargamento ilegal. Eso, junto con su ruina financiera, aparentemente le llevó al límite.
Soul entornó los ojos.
—¿Y cómo sabes que no fue un asesinato?
—Al parecer, varios testigos le vieron la noche de su muerte. Estaba como una cuba, divagando sobre sus pérdidas financieras y profundamente abatido. Según explicó su mayordomo, Lawrence llegó a su casa a medianoche y se fue directo al despacho. El mayordomo oyó el disparo varios minutos después.
—¿Y si había entrado alguien por una ventana? —preguntó Soul.
Black Star negó con la cabeza.
—Imposible. Sólo había una ventana y estaba cerrada por dentro. Además dejó una breve nota a su mujer, pidiéndole perdón. Sin lugar a dudas, fue un suicidio.
—O sea que, en el caso de que Lawrence fuera nuestro hombre —reflexionó Soul en voz alta—, entonces ya no estoy en peligro.
—En el caso de que Lawrence fuera nuestro hombre —asintió Black Star.
Soul miró a su amigo y una oleada de complicidad fluyó entre ambos sin mediar palabra.
—Siguiendo nuestro plan, expliqué a tu personal y a tu familia que te habías ido de viaje al continente —informó Black Star—. Nadie cuestionó mi relato, pero Wess me ha preguntado varias veces por tu paradero exacto. Yo le he dicho que preferías mantenerlo en secreto porque estabas disfrutando de unas vacaciones íntimas con tu nueva amante.
Al oír las palabras de Black Star, a Soul le subió por el cuello una oleada de calor. Se aclaró la garganta y dijo:
—Con Lawrence muerto, Wess es nuestro principal sospechoso.
—Heredar varios millones de libras, junto con numerosas propiedades y títulos nobiliarios es un buen motivo para asesinar a alguien —afirmó Black Star.
—Pero Wess no necesita dinero.
—Yo no estaría tan seguro de eso, Soul. He oído que debe una cantidad considerable en el club White, y ha estado frecuentando algunos locales de juego de mala reputación. Pero, de todos modos, creo que ya va siendo hora de que vuelvas a Londres. Si Lawrence era nuestro hombre, tu vida ha dejado de estar en peligro. Si el culpable es Wess, necesitamos desenmascararlo. —Miró el torso de Soul—. ¿Cómo tienes las costillas para montar a caballo?
Soul asintió con mirada ausente.
—Supongo que bien. Pero ¿y si nuestro hombre no es ni Lawrence ni Wess?
—Pues también debemos desenmascararlo —contestó Black Star—. Aunque no es mi intención ponerte en peligro, no vamos a conseguir nada si te quedas aquí. Es hora de volver a casa, Soul.
«Casa.» La realidad golpeó a Soul como una descarga eléctrica. Durante las dos últimas semanas se había involucrado tanto con Maka y su familia que casi se había olvidado de su vida en Londres, una vida que incluía a un asesino a sangre fría.
«Casa.» Una inmensa casa de ciudad en la avenida Park Lane de Londres, una casa que funcionaba a la perfección. El paradigma de la elegancia, con un personal perfectamente formado que satisfacía todas sus necesidades. Sin niños revoltosos, perros indómitos, tías sordas ni sirvientes irreverentes.
Soul asintió lentamente.
—Sí, supongo que ha llegado el momento de volver a casa. —Aquellas palabras le produjeron una dolorosa sensación de vacío.
—Excelente. ¿Te espero mientras recoges tus cosas? ¿O prefieres que te eche una mano con la maleta? —le preguntó Black Star mientras se levantaba.
Soul lo miró sin entender nada.
—¿Qué has dicho?
—Que si necesitas ayuda para preparar el equipaje.
Soul se levantó lentamente mientras arrugaba la frente.
—No puedo irme hoy contigo, Black Star.
Black Star levantó las cajas en señal de sorpresa.
—¿Por qué no?
—Tengo un par de cosas pendientes antes de marcharme —dijo Soul vagamente, molesto al darse cuenta de que se estaba empezando a sonrojar.
—¿Como por ejemplo? —Black Star lo miró intrigado—. ¡Caramba, chico! Pero... ¡si se te han subido los colores!
—No es verdad —dijo Soul irritado, mientras caminaba hacia la casa—. Sencillamente no puedo marcharme hoy.
—Está bien. Entonces mañana.
—No puedo irme hasta pasado mañana.
—¿Por qué?
—No es de tu incumbencia —contestó Soul de malos modos, pero luego se retractó—. Prometí a Maka y a su hermana acompañarlas a una fiesta mañana por la noche, de ahí que te pidiera que me trajeras el vestido. No puedo faltar a mi promesa.
—Ya entiendo —dijo Black Star repasándolo con la mirada—. ¿Y qué tal te llevas con la señorita Albarn?
—Chrona Albarn es una joven encantadora —dijo Soul simulando haber interpretado erróneamente la pregunta de Black Star mientras aceleraba el paso.
—Chrona no es la señorita Albarn a quien me refería, como tú muy bien sabes —dijo Black Star, siguiéndole al mismo paso.
—Maka y yo nos llevamos bien —contestó Soul con una brusquedad que habría disuadido a cualquiera de seguir haciéndole preguntas.
Pero Black Star ignoró completamente aquel tono.
—Siento no haber podido verla esta vez.
—Ella no sabía que venías.
—¿Ah, sí? ¿Por qué no se lo dijiste? ¿Lo hiciste a propósito para que no me cruzara con ella? ¿Acaso temías que notara algo raro en su comportamiento? ¿O tal vez en el tuyo?
Soul se paró de golpe y dirigió una mirada pretendidamente imperturbable a su amigo. «¡Maldito seas, tú y tu condenada perspicacia!»
—No tengo ninguna intención de hablar contigo sobre Maka, Black Star.
Black Star se detuvo y analizó atentamente a Soul. Soul intentó poner cara de póquer. Si ni tan siquiera él entendía lo que sentía por Maka, ¿cómo iba a intentar explicárselo a Black Star?.
—Como quieras, Soul —dijo bajando la cabeza. Reanudaron la marcha—. Pero, como no quieres hablar conmigo sobre la señorita Albarn, supongo que no te interesará conocer una curiosidad que he averiguado sobre ella.
—¿Sobre Maka? —preguntó Soul incapaz de ocultar la sorpresa en su voz.
—Ajá —dijo Black Star paseándose pausadamente delante de Soul como si tuviera todo el tiempo del mundo.
—¿Y bien? —preguntó Soul impacientemente cuando comprobó que su amigo guardaba silencio.
—Creía que no querías hablar sobre ella.
—He cambiado de opinión—espetó Soul. «¡Maldita sea! A veces Black Star sabe sacarme de quicio.»
—Ah, bueno. En tal caso, te lo contaré. He hecho algunas indagaciones, con suma discreción, descuida, y he descubierto que el padre de Maka los dejó en la ruina cuando murió.
Soul frunció el ceño y miró a Black Star con rostro preocupado.
—¿Eso hizo?
—Sí. Al parecer, vendiendo su barco consiguieron reunir suficiente dinero para pagar las deudas de Spirit Albarn. La herencia de la familia ascendía a menos de cien dólares en total.
—Entonces, ¿cómo se las han arreglado para sobrevivir? —preguntó Soul sumido en la confusión—. Deben de recibir dinero de alguna parte. ¿Tal vez de la familia materna? ¿O de algún abuelo? ¿Quizá de tía Marie?
—No lo creo —dijo Black Star negando con la cabeza—. En ninguna de mis indagaciones averigüé nada semejante.
—Sé que no nadan en la abundancia, pero reciben dinero de algún sitio. Se te debe de haber escapado algo, Black Star.
—Tal vez.
Paseando, los dos amigos habían llegado al establo. Tras desatar su caballo, un magnífico ejemplar castrado, Black Star se subió a la silla de montar.
—Te espero de vuelta pasado mañana, Soul. —Black Star se ladeó el sombrero y guiñó el ojo a Soul exageradamente—. Pásatelo bien en la fiesta.
Soul observó cómo Black Star se alejaba galopando y luego se encaminó hacia la casa, apretándose contra el pecho el paquete que le había traído Black Star.
Estaría en Londres dentro de sólo dos días.
Debería estar ilusionado. Entonces... ¿por qué se sentía tan abatido?
D:!
NOOOO! Soul no te vayas! ;O;!
Y... Oh mi Dios! También quiero tocar el pecho de Soul! Y hacer unas cuantas cosillas más... asldjflasdjfa
Y... ¿a poco Patty no es una ternurilla? En el próximo cap se vuelve de los personajes más tiernos que he conocido en mi vida~ adlsjflñkas Patty moe~~!
Además... ¿será que se quede en "T" o lo paso a "M"? xDDD
Bueno~ A responder reviews:
Julian & Jumbiie Hana Roth: xDDDD! ¿Lanzarme? ¿Peor que una yandere? Esrás muerto e.e cuando te vea sí me lanzaré para enterrarte un cuchillo en tu %$&$%$$ y arrancarte tus $&$&/((&/"%"# para dejarte sin asñdfljkasjdñflas (?). Mmmm, cuñis, haces tan buenos tratos D: pero nunca he hecho uno... bueno lo intento te lo paso en private (?) para que me digas si está bien o no xDDD (?) y la fiesta es... aflsdjfñlasjflksd c: No soy mortal!
Love Anna: Aquisaquisaquis! Yo también quiero lemmon *q* (?) perv~ y te digo que pasa en la fiesta? pues... *susurro* eso pasa D; (?)
hikary-neko: ¡Yo no maté a nadie! ;O; y jijí, pervertida hikary-chii D; xD y sí, te sigo alejando del lemmon JOASJOASJOASJOAS
Bell Star: Holis Bellis (?) Y sí, su acento es eg mejog (?) asldfjñsdklfjl me sonrojas D/; no es tanto, sólo cambio palabras pero gracias... xDDD aunque algunas partes sí se tienen que cambiar completamente y slfjñaskljfkasd calla Ren! Y lo sé, se pone tan caliente como la sopa de Joe (?) Vale no. Y LOL tu sonido de cerdito xDDDD Bueno, como puedes ver Hero no morirá.. por ahora joasjoasjoas (?) :c Tambieg te quiego (?) c:
TCHini: Jijís, aquí esta´el cap, trataré de actualizar tan rápido como pueda D: y haré los capis un poquis más cortos -o eso intentaré...- D;
Ellie77: Yo la descargué por accidente y me daba flojera leerla hasta que la leí y me quedé traumada xD te gustará y los protagonistas son muy sexies (?) xD poderes telepáticos? xDDD! Vale, espero que lo hagas D; Y gracias por el favorito ;w;
Celia-Chop: xDDD A mí también me cae mal :c es una #$%&$%&/$%/%43 (?) Okay no. Ya casi llega la fiesta :D
tsu: Aquí está! Y sí! Soul es varonilmente SEXY!
xD
Oh Dios, 8 reviews! Me muero de felicidad *u* Bueno, traté de actualizar lo más rápido que pude e.e y aquí está :D siguen siendo 6 reviews para el próximo ;D Y el próximo cap todos lo amarán! LO SÉ! (?)
Paso de T a M? xD
Avances~
"Maka se dio la vuelta y miró fijamente a su hermana.
—Es un regalo.
—¿Un regalo? ¿De quién? —Chrona tocó la fina muselina con un dedo.
—De Soul —dijo Maka con un hilo de voz—. Me lo ha regalado Soul.
.-.-.-.-.-.-
—No hay nada más maravilloso que los hijos —dijo el capitán Haydon a su tripulación—. Cuando nació cada uno de mis hijos, mi esposa y yo lo miramos y recordamos el momento en que lo habíamos concebido. —Su risa retumbó en la calma de la brisa marina—. Les pusimos nombres en honor al lugar donde nos habíamos amado. ¡Menos mal que ninguno fue concebido junto a un riachuelo o el pobre se habría llamado «Aguado» o «Riachuelo»!
Miró fijamente la página, boquiabierto, mientras las piezas empezaban a encajar. ¿«Aguada»? ¿Elegir el nombre de los hijos en honor al momento en que fueron concebidos? H. Spirit, Spirit Albarn, capitanes de barco, las indagaciones de Black Star sobre la situación financiera de los Albarn... «¡Maldita sea! Si Maka no es la autora de los relatos, desde luego tiene alguna relación con ellos.»
.-.-.-.-.-.-.-.-.
Agachándose, apartó un rizo de la frente de la pequeña y le preguntó:
—¿Qué ha pasado, Patty? ¿No se supone que deberías estar en la cama?
Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Es la señorita Elizabeth —susurró con voz débil y trémula—. Ha tenido un terrible accidente.
.-.-.-.-.-.-
Fuera como fuese, tenía que dejar de pensar en Maka. Pero, por mucho que lo intentaba, no podía alejar sus pensamientos de ella.
Dentro de cuarenta y ocho horas estaría de vuelta en Londres, fuera de la vida de Maka. Se le revolvieron las tripas sólo de pensarlo y sintió un dolor que no se atrevió a nombrar. ¡Maldita sea! Aquella mujer se le había metido debajo de la piel y no sabía cómo sacársela de allí. Tenía que marcharse, por el bien de los dos.
.-.-.-.-.-
Soul le puso un dedo en los labios.
—No, Maka. No has hecho nada mal. Sólo estaba intentando evitar la tentación.
—¿La tentación?
—Ejerces sobre mí una atracción irresistible.
.-.-.-.-.-.-
Le invadió una profunda sensación de pérdida y la abrazó todavía más fuerte, disfrutando de la ternura de aquel momento, tan hermoso como fugaz.
«Pasado mañana todo se habrá acabado.»"
¿Mucho avance? xD
Sorry, el siguiente está tan bueno que no pude evitar darles todo esto xDDD
¡Los amo! De verdad, los que me han seguido desde un principio y los que apenas me siguen, los amo a todos ;w; me hacen feliz! 50 REVIEWS! MIERDA!
Estoy tan feliz que puedo gritar obsenidades (?) Vale no.
Gracias ;w;
By.
Ren la agradecida Miyamoto c:
