VIII

El Reto de la Zona Lago

Kumiko se Despide.

Mirai se rezagó de nosotros, miré sobre mi hombro y la vi caminar con la mirada agachada. Sus hombros subían y bajaban irregularmente, enjugaba sus lágrimas con el dorso de sus manos y se abrazaba a sí misma como un miserable acto de consuelo.

Habría dado cualquier cosa con tal de correr, abrazarla y decirle que todo estaría bien.

Aunque fuera mi némesis, mi rival, era casi imposible no compadecerme de ella.

Kiyoshi caminaba con la frente en alto y fue el primero en llegar al castillo. Todos nos sentimos agradecidos cuando una Bastemon salió a recibirnos y centró toda su atención en él. Kiyoshi la fulminó con la mirada e intentó liberarse de sus melosos abrazos, Bastemon ronroneaba mientras restregaba su mejilla con la de Kiyoshi. Ninguno de nosotros pudo evitar reír, incluso Mirai esbozó una pequeña sonrisa.

Cuando Bastemon terminó con su cálido recibimiento, nos condujo al interior del castillo. De repente ya tenía a Mirai caminando junto a mí y buscando una forma de sujetar mi mano para infundirse valor. Bufé, ¿en qué momento me convertí en su soporte? Sí, sentía lástima por ella pero, ¿eso me hacía responsable de ella?

Para dejarle bien claro que no tenía pensado ser su amiga, apreté el paso y me alejé de ella tanto como pude. Miré hacia atrás fugazmente y la vi mirarme con angustia.

Mirai me partía el corazón.

Bastemon nos llevó hasta una de las cámaras del castillo y al llegar a aquél sitio todos nos detuvimos en seco.

El sitio donde Satanmon llevaría a cabo el reto era una enorme habitación de techo tan alto como el de una catedral. Las paredes eran de color rojo y el piso era de madera que crujía bajo nuestros pies. La única iluminación era proporcionada por antorchas que le daban un aspecto más lúgubre a nuestro entorno. Y al fondo se veían dos cruces de madera con grilletes frente a las cuales había un par de ballestas cargadas con una única flecha puntiaguda. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda cuando me di cuenta del rumbo que estaba tomando el juego absurdo en el que teníamos que participar.

— ¡Bienvenidos al reto de la Zona Lago! —escuchamos decir a Satanmon. Nos giramos y vimos al demonio oculto en una esquina de la habitación—. En ésta ocasión vamos a hacer las cosas un poco más interesantes. En esas cruces de madera será sujetado un miembro de cada equipo. Para poder rescatarlo, uno de sus compañeros tendrá que vencer a su contrincante del equipo contrario. El equipo perdedor verá morir al Digimon de quien haya sido vencido en la batalla. Y además, verán morir a quien sea apresado en la cruz. Cuando esos dos peones hayan muerto, se abrirá el portal que los transportará a la siguiente zona —dio un chasquido y los grilletes se abrieron, listos para apresar a quien debiese colocarse en ese lugar—. La víctima del equipo de Umiko Ishikawa será Kyoko Kazuma. La víctima del equipo de Mirai Minamoto será Kumiko Matsuki.

Dicho aquello, de los grilletes comenzó a emanar bruma negra que capturó a nuestras dos compañeras por ambas extremidades y las obligaron a colocarse en sus sitios. Ellas soltaron un agudo grito cuando los grilletes se cerraron sobre sus muñecas y sus tobillos con tal fuerza que un poco de sus pieles quedó atrapado. Las ballestas soltaron un chasquido y nosotros adivinamos que estaban preparándose para disparar.

Mirai se mostró aliviada al no haber sido seleccionada. A decir verdad, yo también me sentía así.

—La batalla será de Kenta Suzuki contra Umiko Ishikawa. Nos veremos en la Zona Arena.

Vimos aparecer nuestras fotografías en esas imágenes holográficas y Satanmon desapareció. Sobre mi cabeza y la de Kenta aparecieron esas barras verdes y ambos adoptamos posiciones de batalla.

Me sentía confiada, estaba convencida de que podría deshacerme de Kenta y rescatar a Kyoko. Kenta llamó a su Gabumon a la batalla y supe que sería pan comido.

— ¡Reload, Piedmon!

Kenta tenía el séptimo lugar entre las mejores diez puntuaciones, yo tenía el segundo lugar así que él no era un gran oponente para mí. Evolucionó a su Gabumon para transformarlo en un MetalGarurumon. Aunque yo hubiera hecho evolucionar a Piedmon con los Virus que alojaba en mi Xros Loader, Metal Garurumon seguiría siendo débil en comparación nuestra.

Intercambié una mirada de complicidad con Kyoko y entendí lo que el valor en sus ojos quería comunicarme: Haz tu mejor esfuerzo, yo estaré bien.

— ¡Espadas del Triunfo!

— ¡Aliento de Lobo Metálico!

Piedmon logró esquivar el ataque enemigo y las cuatro espadas acribillaron a MetalGarurumon. Vi a Kenta esbozar una mueca de inconformidad cuando Piedmon comenzó a golpear con los puños a MetalGarurumon en el lomo. Ni siquiera tenía que darle órdenes, mi Xros Loader brillaba y yo esbozaba una sonrisa de oreja a oreja que se acrecentó cuando la barra verde de Kenta comenzó a descender.

— ¡Defiéndete, maldita sea! —ordenó Kenta a su Digimon cuando el pobre cayó al suelo soltando un lastimero gemido.

— ¡Tú puedes, MetalGarurumon! —escuché exclamar a Mirai y la fulminé con la mirada.

Esa chiquilla era todo un enigma.

— ¡Piedmon, date prisa! —le ordené.

— ¡Hechizo Final!

La técnica de Piedmon colisionó contra la bomba congelante de MetalGarurumon. Se levantó una nube de polvo en el sitio del impacto y me alegré cuando vi a Piedmon emerger de la nube y clavar una de sus espadas en el lomo de MetalGarurumon.

— ¡Maravilla Tramposa!

Aquella era la técnica de Piedmon que más me encantaba, después de las Espadas del Triunfo. Consistía en lanzar una ráfaga de aire, rocas o cualquier cosa que tuviera su alcance en contra de su enemigo.

Tal y como lo predije, MetalGarurumon no era un rival para nosotros.

La barra verde de Kenta ya había disminuido bastante y estaba a poco de tornarse de color rojo. Tuve que hacérselo notar a Piedmon para que lanzara el ataque definitivo. Tras darle una fuerte patada en el lomo a su enemigo, Piedmon tomó sus cuatro espadas y las clavó todas en el cuerpo de MetalGarurumon. Y para rematar, lanzó su técnica especial.

— ¡Hechizo Final!

— ¡MetalGarurumon!

El grito de Kenta ahogó el chillido que soltó MetalGarurumon antes de explotar en una nube de datos cuando la barra verde desapareció. No pude evitar soltar una fría carcajada, Piedmon y yo chocamos las palmas de nuestras manos para celebrar.

Kenta se dejó caer de rodillas en el suelo de madera y Kumiko comenzó a sollozar sin parar. Me giré y vi que Mirai intentaba destruir la ballesta a punta de patadas. La flecha se disparó sin más y atravesó el estómago de Kumiko. La sangre salpicó el rostro de Mirai y la mejilla de Kyoko, quien fue liberada cuando la imagen de Kumiko se distorsionó y desapareció.

— ¡La ganadora es Umiko Ishikawa!

Escuchamos la voz de Satanmon retumbar entre las paredes y el portal que nos conduciría a la siguiente zona se abrió ante nosotros. Kiyoshi lo atravesó sin esperar un segundo más, mi equipo fue el siguiente en entrar. Katsura masajeaba las muñecas de Kyoko para devolverles la circulación y Mirai gritaba desesperada mientras intentaba limpiar la sangre de su rostro.

El juego de Satanmon estaba tomando un rumbo demasiado siniestro.

Le dediqué una mirada de suficiencia a Kenta y atravesé el portal.