Hola a todos y todas, tras mucho tiempo sin escribir nada, vuelvo con este capítulo. En realidad lo había hecho hace mucho tiempo, pero no me convencía demasiado...no sé u.u
Espero que os guste, ya sabéis, comentadme que os ha parecido!
Disclaimer: no poseo HP.
Luz de luna
-Era medianoche y, después de una cena ligera, Hermione intentaba conciliar el sueño. La temperatura era agradable, desde la ventana que había en su habitación podía ver claramente la luna. El cielo nocturno, sereno, la invitaba a caer en los brazos de Morfeo.
Con los ojos cerrados, estaba ahora recostada de lado, pensando. La gryffindor era de esas personas que se meten en cama y tardan horas en dormirse, su cerebro reproducía momentos vividos e imaginaba miles de cosas, fantasías que incluso parecían reales.
La chica quería poder entender a Draco Malfoy, quería saber cuáles eran sus intenciones. Un día le daba una de cal y otro día una de arena. Podía pasar en cuestión de segundos de una pose juguetona e incluso divertida a una de frialdad e indiferencia.
De repente, notó como la puerta del cuarto se abría lentamente para cerrarse después. Sobresaltada, se dio la vuelta sin pensárselo dos veces para ver quién era el intruso.
"¿Por qué…?"
-Malfoy… ¿Cómo has podido entrar aquí? -frente a ella se encontraba el rubio, que sin perder el contacto visual, estaba acercándose. Tras estar parado varios segundos al lado de su camilla, cogió una de las butacas que había allí y se acercó con ella para sentarse a su derecha.
Hermione estaba ahora recostada, contemplándolo fijamente, tenía algo de miedo. El chico tenía las manos entrelazadas y jugaba con sus pulgares, pensativo, podía escuchar su profunda respiración.
-Lo siento-susurró el chico, clavando sus penetrantes ojos en ella, de forma directa, desnudando su alma.
La chica no daba crédito, ¿Draco Malfoy había ido hasta la enfermería expresamente a decirle que lo sentía? ¿Qué sentía lo qué?
-¿Qué es lo que sientes? –preguntó Hermione, que no comprendía nada.
-Yo provoqué a Weasley, yo hice que me intentase atacar, yo hice que te pusieses en medio, y por mi culpa estás ahora aquí –sentenció el mago, serio.
-Es... es peligroso que estés aquí, deberías… -quiso sugerir Hermione, titubeando y apoyándose en sus antebrazos.
-No –respondió él tajantemente. Draco Malfoy parecía no estar dispuesto a irse.
Boquiabierta, Hermione sentía como su corazón latía cada vez más fuerte, jamás se habría imaginado lo que estaba pasando en esos instantes. ¿Y si era todo un sueño…o una pesadilla?
-Esto es muy bizarro, ¿lo sabes, Malfoy? –preguntó la muchacha, acomodando la almohada bajo su cabeza y apartando unos mechones de cabello que le molestaban.
-Lo sé, y me da igual, Granger. Por una vez, no quiero pensar-contestó él, relajándose sobre la silla y llevando hacia atrás su cabeza, con el flequillo tapando parcialmente su rostro -. Por cierto, como parece que te vas a quedar varios días aquí, he decidido traerte esto, a ver si así te entretienes algo y dejas de intentar salvar al mundo durante unas horas.
El rubio acababa de depositar en el regazo de la chica el libro por el que tantas veces había ido a preguntar a la biblioteca. Una espléndida sonrisa se formó en la cara de Hermione, y rápidamente lo cogió entre sus manos, para pasar sus hojas llena de felicidad.
-¿Ya lo has terminado? –dijo Granger, mientras abrazaba el tomo contra sí.
-Hace días que lo acabé, pero tenía ganas de joderte un poco más –respondió el chico, que seguía en la misma postura de antes, mirando el techo.
"Ahí está de nuevo su bipolaridad…"
Tras varios segundos en silencio y sin moverse, Draco Malfoy por fin cambió de postura. Silenciosamente, se había levantado de su silla y se dirigía hacia la ventana, para observar la luna llena. Hermione no sabía muy bien como debía actuar frente a él. Parecía que el chico no estaba allí para hacerle daño, y, aunque sonase raro, se sentía más cómoda con el Draco Malfoy déspota, ya que era el que conocía desde pequeña.
-¿Te gusta mirar la luna? – interrogó la bruja, sin darse cuenta de sus palabras, curiosa por esa parte desconocida del muchacho.
Draco, sorprendido por la pregunta, se giró levemente para mirarla, sus ojos emanaban una gran tristeza. Tras pensar varios segundos qué responder, recuperó su antigua posición, y mientras le daba la espalda, contestó –Cuando era pequeño y no daba dormido, mi madre venía hasta mi habitación y se quedaba conmigo, juntos mirábamos las estrellas o la luna y me contaba las historias de las constelaciones .
"Vaya …"
-Granger, dime, ¿qué puedo hacer? –indagó él, con una suave voz que hasta a ella le sorprendió.
-¿Qué qué puedes hacer? ¿Con qué?
Draco lentamente se acercaba a la muchacha, con una tenue sonrisa ladeada. Podía ver la confusión reflejada en el rostro de Hermione. Cuanto más se acercaba a ella, más tensa se ponía. Sabiendo como era, lo más probable es que pensase que iba a sacar su varita para torturarla, u otro disparate.
-Contigo –sentenció el chico, sentándose a su lado en la camilla, inclinándose sobre ella ligeramente.
La chica pensaba que iba a infartar en cualquier instante, su cuerpo estaba paralizado y quería quitarse al slytherin de encima, ¿qué le estaba pasando? Si no lo paraba, iba a…
Justo cuando sus cabezas se encontraban separadas por unos pocos centímetros, el chico habló –Buenas noches, Granger.
Tras pronunciar estas últimas palabras, se separó de ella sin perderla de vista, se le notaba relajado, tranquilo, enigmático. Porque Draco Malfoy era una gran incógnita para ella.
Con la respiración agitada y una expresión de confusión, Hermione vio como el eterno enemigo de Harry Potter abandonaba la habitación, sin darle tiempo a pedirle explicaciones.
Esto es todo, nos vemos en el siguiente!
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