Los personajes de esta historia le pertenecen a S.M, yo sólo me adjudico de la creación de algunos personajes pero la trama es mía y sólo mía.
9. Un evento inesperado.
Bella POV
— ¡¿Suspendida?! ¿Pero por qué? —alcé al menos cuatro octavas mi voz, estaba que no me la creía. ¿Qué había hecho tan mal que causara una suspensión?
— Bella, sabes que esto me duele más que a ti. — Félix frunció el ceño y tronó sus nudillos, para parecer más serio y amenazador desde mi punto de vista. — Tú sabes muy bien el motivo de tu suspensión. Por favor evítame la molestia de llamar a los guardias de seguridad para que te saquen a la fuerza.
— Pero…—balbuceé y me detuve a mirarlo a los ojos en busca de respuestas pero nada, su mirada no decía nada en lo absoluto.
— Pero nada, por favor deja tu placa y tu arma en mi escritorio por favor. — se apresuró a decir, pero pude notar que le costó trabajo tomar aquella decisión.
— No me iré hasta tener una explicación. —golpeé su escritorio con fuerza y fruncí el ceño. Estaba confundida, yo cumplía con mi trabajo al pie de la letra seguía sin entender el motivo por la actitud tan extraña y violenta por parte de mi jefe. — Edward te hizo tomar esta decisión ¿No es así?
— ¿Edward? ¿Qué tiene que ver él en este asunto? — Bufó y tomó un sorbo de su café— Yo soy tu jefe, si te quiero despedir te despido. Recuerda que esto es temporal hasta que obtengas lo que quedamos. — recordó guiñándome el ojo, por poco lo había olvidado.
Mis habilidades de ladrona a cambio de la eliminación de mi historial y el de mi padre pero, después de haber pasado tanto tiempo ahí era lo último que me importaba. Había hecho amigos ahí fuera increíble o no y también debía admitir que me comenzaba a agradar esto de ser policía, aunque sea provisional.
— Tú me dijiste que podía ser permanente. — mordí mi labio, dudando en dejar mi arma en su escritorio tal y como él había ordenado hace unos instantes.
— Yo sé lo que dije pero no puedo tener a una nueva agente con historial. — me levanté de mi asiento para interrumpirlo pero como era de esperarse él sabía cada movimiento que hacía, él podía hasta anticiparlos así que con una mirada amenazante me vi obligada a tomar asiento una vez más. — No me refiero a esa clase de historial, querida. Me refiero al nuevo historial. — lo vi extrañada. ¿De qué demonios hablaba?
— ¿Disculpa?
— Hace no más de 72 horas, hubo una llamada de una persona que prefirió mantenerse anónima. — aclaró acomodando su corbata. — Esta persona te acusa golpeado a otra en vía pública. — abrí la boca para protestar. — La persona que habló probablemente fue un testigo. Y bueno, debo remarcar que los moretones que olvidaste maquillarte por cierto te delataron y confirmaron mis sospechas. No creo que te hayas caído en las escaleras, eres torpe pero no tanto. — chasqueó la lengua mirándome decepcionado, ahora era yo la que le había comido la lengua el gato.
— ¿Tienen pruebas? — mi voz flaqueó, era lo que me faltaba. Que me delataran.
— Al principio no creí ninguna basura de la llamada pero entonces seguí la ruta que habías hecho esa noche y descubrí que en último club que habías revisado afortunadamente tenían cámaras. Fue el día en que tú y Victoria estuvieron de guardia. — me mostró el video en su computadora y efectivamente ahí estaba yo, dándole una paliza a Rosalie pero para mí mendiga suerte su rostro no salía. Maldita suertuda.
— Yo sólo me defendía. — me encogí de hombros mirando al suelo, lo que menos quería en este momento era decepcionar a mi jefe.
— ¿Cómo dices? — se acercó a mí y alzó mi barbilla.
¿Debía decirle lo que pasó esa noche? No estaba segura de decirle a mis nuevos s compañeros lo que mi hermana tramaba, sabía que no era correcto quedarme callada. Sin embargo, quería que se hiciera justicia y si me quedaba callada de ninguna manera la habría. Pero desde la noche en que mi hermana me amenazó supe que esta guerra sería diferente, no quería y no me sentiría cómoda si involucraba a la policía en mis problemas porque sabía que mis compañeros a pesar de llevar tanta experiencia no ganarían, gente como Rosalie y sus contactos no juegan acorde a las reglas, es decir, juegan sucio. Por eso lo mejor era enfrentar esto sola, así que lo mejor era aprovechar este asunto de la suspensión, le sacaría provecho y puede que descubra nuevas cosas sobre el nuevo plan de mi hermana en estas vacaciones forzadas.
Desde que Rosalie mencionó tener "contactos", tuve el mal presentimiento y he sentido que durante los últimos días mi hermana ya envió a alguien a espiarme, y era lo que menos necesitaba en estos momentos una completa e inútil desventaja, puede que a estas alturas ya sepa mis horarios y varias cosas de la gente que me rodeaba y eso era preocupante pero bastante predecible por parte de ella porque significaba que era una nueva amenaza para ella pero al mismo tiempo estaba un poco asustada porque temía que le hiciera daño a la gente que me importaba. Tenía que alejar a toda la gente que conocía para enfrentar esta guerra sola.
— Eh, nada. — sacudí la cabeza para volver mis pies a la Tierra y poner mi plan en marcha. — ¿La suspensión es temporal? — saqué mi arma y placa de mi cinturón y decidida, la dejé en el escritorio de mi jefe. Me dolió un poco dejarla ahí pero sabía que la recuperaría pronto.
— Claro que sí. — asintió varias veces y le pareció algo bizarro que dejara de protestar. — Esto es más difícil para mí que para ti, eres una de mis mejores agentes. — susurró con una sonrisa sincera, oír eso de alguien tan serio como Félix me hacía sentir orgullosa de mi misma.
— Lo sé, no tienes por qué recordármelo. —besé su mejilla y él se limpió mi beso, reí. Era de esperarse.
— Sobre todo, modesta. — puso los ojos en blanco.
— Serán como unas vacaciones forzadas. —hice un mohín y después le saqué la lengua en tono de burla.
— Cortas vacaciones. — corrigió apuntándome con el dedo. —Tómalo como una advertencia ¿Esta bien?
— Sí, capitán. — me paré de mi asiento y comencé a marchar como soldado.
— Ahora, ve a descansar. Regresa la próxima semana. —sacudió la mano con el ceño fruncido, en verdad no le agradaba eso de no tenerme ahí por siete días por lo visto. — Si fuera por mí, en verdad esto pasaría por desapercibido pero… sabes aquí todos se enteran de todo, no hay secretos y sé que si no te suspendía me iban a reclamar porque van a pensar que eres mi consentida.
— ¿Y acaso no lo soy? — dije con un sensual ronroneo, alzando ambas cejas de manera juguetona.
— Anda, vente ya a casa antes de que cambie de opinión y se conviertan en dos semanas. — me regañó y dando esa amenaza ya me tenía fuera de su oficina en menos de lo que canta un gallo.
— ¿Bella, estas bien? — En cuanto di un paso afuera de la oficina de mi jefe Victoria corrió hacia mí, sonreí inconscientemente cuando admiré la forma en que sus bien formados caires rebotaban con cada paso que daba. Parecía que mi nueva amiga tenía una clase de radar, donde yo iba ella siempre aparecía.
— Sí, perdón por cancelarte el otro día a última hora. — rasqué mi nuca, me sentía mal por no haberle contado a alguien como Victoria algo tan delicado como lo que había pasado aquella espeluznante noche pero no quería involucrar a la policía y mucho menos a mis amigos en esta clase de asuntos. —Ya sabes… la familia.
— Entiendo completamente. — tomó mi brazo con algo de fuerza desde mi punto de vista y en verdad traté para no quejarme ante su tacto, así que tomé una gran bocanada de aire e ignoré el dolor que reaparecía en mi brazo, a pesar de haber pasado casi cuatro días de la pelea mi brazo seguía adolorido Rosalie sí que tiene la mano pesadita. — La familia es la familia. — repitió con una sonrisa que marcaba sus hoyuelos. — ¿Cómo esta Scott? ¿Se le pudo bajar la fiebre? — alzó las cejas esperando una respuesta, parecía en verdad preocupada y me hizo sentir cada vez más culpable.
Comenzaba a hacer una vez más lo que más odiaba en este mundo y eso era mentir, sólo rezaba para que ese mal hábito regresase. Esperaba que sólo fuese una cosa momentánea.
— Algo así, sigue algo débil pero con un poco de reposo y atención se pondrá bien en cuestión de días. — la miré de forma inocente y la obligué a soltarme del brazo.
— Chica, no comprendo porque viniste a trabajar. — sus labios formaron una delgada línea y después se encogió de hombros para volver a hablar otra vez. — Para ser honestas esas ojeras ni el maquillaje las puede cubrir. — susurró suficientemente cerca de mi oreja.
— ¿Tan mal me veo? — señalé mi rostro y ella asintió con la cabeza varias veces sin decir palabra alguna. Yo sabía que debía prepararme para tal clase de comentarios, y debía acostumbrarme a ellos era la segunda vez en los últimos días que me decía lo mismo. — Te mentiría si te dijera que me siento exhausta.
— Parece que te dieron una gran paliza. — al escuchar tal palabra se me puso la piel de gallina, no quería delatarme. A veces odiaba estar tan cerca de policías, porque ellos con tan sólo mirarte te podían hacer un perfil y si contaban con suficiente información puede que hasta un historial, era escalofriante y al mismo tiempo tan impresionante la manera en que los entrenaban.
Lo que menos quería era que todo el departamento se enterara del pequeño acontecimiento.
— Lo tomaré como un cumplido. — dije y comencé a caminar hacia el elevador para irme a la planta baja y después a la salida.
— Pensé que irías al laboratorio. — negué con la cabeza. —¿Félix te dejo alguna misión secreta? — Victoria me acompañó hasta el ascensor y se recargó en la pared mientras esperábamos.
— Ya quisiera. — resoplé y apreté por tercera vez el botón. — No, en realidad. Suene fantástico o no, me dio el día libre. — escupí, ahora debía de inventar una excusa. Félix me seguiría la corriente, bueno al menos eso yo esperaba pero sabía que tenía una clase de debilidad por Victoria por lo tanto no sabía si podría ser capaz de decirle una mentirilla blanca. — Le conté el asunto de Scott, que no había nadie que cuidara de él y me dio una plaza de una semana para ya saber, vigilarlo y asegurarme de que no empeorara.
— Wow eso es asombroso. —puso ambas manos en sus caderas. — Sabes, se empieza a rumorar que eres su consentida. —pude notar los celos en su voz.
— Puede que sí. — me encogí de hombros sin sentir culpa alguna, gracias a mi muchos casos que ni siquiera me correspondían se solucionaban incluso con más rapidez y efectividad.
Miré de reojo a victoria y ella parecía furiosa, y resentida conmigo. Se podía oler desde donde estaba toda su furia, cuando el elevador anunció su llegada entré prácticamente corriendo antes de que me diera una paliza que no merecía y que no estaba aun totalmente curada y con fuerzas para poder defenderme de vuelta, pero gracias al cielo no fue así pero tampoco me quilo acompañar hasta la planta baja.
— Puede que sea su consentida, pero no la dueña de su corazón — le guiñe el ojo y al decir aquella declaración pude ver se puso roja como tomate y sonrió como tonta antes de que se cerraran las puertas del elevador.
Por este momento mi plan no sería ir a casa y aburrirme durante una semana, iba a provechar al máximo el tiempo que tenía para averiguar lo que Rosalie estaba preparando para vengarse de mí, iba a ver qué pasaba por su mente por lo tanto me veía obligada a pensar una vez más como criminal pero a tiempo completo e iba a comenzar desde este momento.
Edward POV
— Oye Newton ¿Has visto a Bella? — mi amigo me vio súper raro al preguntarle eso, me vi obligado a darle una explicación. — Necesito de su mente para que me ayude en un caso.
Sonó algo bizarro que hablara de esa manera pero en parte era verdad, desde su llegada me había ayudado en muchos casos e incluso me ayudó y me dio algunos consejos para pensar igual que los criminales aparte de que éramos cada vez más cercanos y disfrutábamos de la compañía del otro, bueno al menos yo lo hacía pero cuando estábamos con una tercera persona éramos completamente diferentes. Al principio era desconcertante pero después se hizo costumbre, claro aún no llegábamos a salir juntos a comer, pero si a platicar cosas que no fueran de trabajo.
— No la he visto en todo el día. — Se rascó el cuero cabelludo con fuerza bruta. — ¿Por qué no le preguntas a Félix? Puede que le haya dejado un caso especial. — golpeó mi hombro con su folder, empujándome a la oficina de mi mano derecha, lo bueno era que estaba a pasos de ella.
— Hm, no pensé en ello. Gracias amigo. — asentí chasqueando la lengua y enseguida entré a la oficina de Félix sin siquiera pedir permiso.
— ¡Edward! — colgó su teléfono, probablemente acababa de terminar una llamada importante. Pero afortunadamente parecía que no le había interrumpido nada. — ¿En qué puedo ayudarte mi querido compañero?
— Sonará extraño pero sí necesito de tu ayuda, ya sé ni me digas. — rodé los ojos y dejé mis papeles en la mesa que estaba enfrente de mí. — "Al fin dejaste de ser tan orgulloso" — imité la voz del hombre que estaba conmigo en esa oficina casi a la perfección pero Félix hizo una mueca.
— Casi te sale igual Anthony… casi. — rugí cuando me llamó por mi segundo nombre, no estaba acostumbrado a que me llamaran así solamente mi madre lo hacía y eso para regañarme. Los segundos nombres habían sido inventados para llamarnos la atención. — Y suena a algo que yo diría.
— Iré al grano. — aclaré mi garganta. — Sé que ya es casi de noche y que la jornada de trabajo de Bella casi termina pero de pura casualidad ¿La has visto? — miré hacia otro lado para que no viera mis verdaderas intenciones. — No ha aparecido aquí en todo el día y me imaginé que le dejaste algún caso individual.
— En efecto mi querido Edward, la última vez que la vi fue esta mañana. —me miró algo indeciso he hizo redoble de tambores con un par de plumas de colores sobre su escritorio de caoba. — La he suspendido. —dijo con un tono de culpabilidad.
— ¿¡Suspendiste!? — aquello fue una total sorpresa para mí, ni siquiera fue música para mis oídos. Ahora quería una explicación y que fuera valida. — ¿Cómo? ¿Por qué
— Me encanta que sea una rebelde sin causa pero no podía quedarme con los brazos cruzados. —suspiro y se acarició la frente con escasas arrugas que comenzaban a aparecer, ya casi llegaba a los treinta.
— Gracias a ti los casos se van a atrasar. — dije furioso, en parte estaba molesto porque no sabía por cuanto tiempo soportaría su ausencia esto de verla a diario ya se había hecho un placentero hábito.
—Cada acto tiene su consecuencia. — su voz parecía serena. — Y no creas que no me arrepiento de haberlo hecho, Cullen. Al contrario me siento muy culpable de haberlo hecho pero el punto es que entienda que las cosas no son así aquí. —Suspiró — Aquí si hay justicia.
— Te recuerdo que soy el jefe. — dije de manera amenazadora pero no pareció sorprenderle aquel cambio de actitud, ese hombre me conocía de pies a cabeza.
— Y te recuerdo que yo la contraté, tú me dijiste que me hiciera cargo de mi personal. ¿Cierto? — alzó ambas cejas mirándome algo divertido, en aquello tenía razón. Antes de Isabella había metido a mucho personal inútil que lo único que hacían era quitarme dinero desde entonces le dije a Félix que en vez de quitarlo de mi suelo se lo quitaría del suyo, de esa manera le abrí los ojos y contrataba a personas efectivas.
— Bueno ¿Ahora qué? — empecé a jugar con los artefactos que tenía mi compañero por su escritorio.
— La vida sigue hermano, sobrevivirás una semana sin Bells. —me miró guiñándome el ojo de manera picarona y no pude evitar poner los ojos en blanco. ¿Bells? Desde cuando la llama de esa manera, una vez más comenzaba a dudar cuan cercanos eran Bella y Félix. Tampoco quería que mi compañero insinuara que yo quería algo con Bella porque al menos para mí no era así él sabía lo que tenía y sentía por Olivia, lo único que quería era la amistad de Isabella.
— Al menos hazme saber el motivo de sus repentinas vacaciones. —tomé una gran bocanada de aire sin mirarlo a los ojos, en vez me puse a admirar el paisaje que estaba detrás de mi amigo, se veía casi todo Nueva York. Era una vista espectacular de la cual nunca me cansaría de ver.
—Tuvo una pelea. — dijo sin dar más rodeos y me quedé impactado. Eso era imposible, Bella no sería capaz de matar a ninguna mosca y peor aún tener una pelea en vía pública. Ella nunca sería capaz de romper las reglas.
Pero he aquí de nuevo, las reglas fueron hechas para romperse, pero aun así era imposible de creer.
— ¿Quieres que te muestre el video? — Felix abrió la boca una vez más, el nunca sería capaz de mentirme yo creía ciegamente en él y eso comenzó a preocuparme. Entonces, era cierto.
Bella había tenido una pelea y fue pública pero yo la conocía, ella no era agresiva ni nada por el estilo, nunca sería capaz de hacer eso al menos… de que tuviera un motivo.
— Mira, Bella no nada golpeando gente en la calle porque quiere. Tal vez lo hizo porque tuvo una razón. — comencé a morder mis uñas para distraerme y mientras pensaba en alguna razón coherente por la reacción de Bella.
— Según mi testigo Bella comenzó a golpear a esta otra chica fuera de la nada. — tosió, aclarándose la garganta. — Como ya te dije, podemos ver el video y revisar la llamada si quieres, pero es lo único que puedo hacer. No puedo llamar al testigo que quiso quedarse como anónimo, sería llevar a otro nivel este asunto, Edward.
— Ya lo sé. — crucé los brazos arrugando la nariz. — Tal vez se estaba defendiendo, no lo sé. Se sintió amenazada y pensó que la única salida de ese callejón eran los golpes. — llegué a esa conclusión después de varias pausas para formar una oración coherente.
— ¿Defenderse de quién? — aquello al parecer había llamado la atención del agente Asher, era listo pero no había llegado a esa conclusión. A pesar de haberla tenido hace rato en su oficina para preguntarle la causa de la pelea o en todo caso preguntarle si era verdad, algunas veces cuestionaba cuan profesional era mi amigo. Nunca fallaba pero a veces le fallaba el uso de la lógica.
— Cuando la contrataste, ¿La entrevistaste al menos? ¿Le preguntaste si tenía enemigos? — nunca había tenido la oportunidad de aclarar esos detalles con él. Podía matar a dos pájaros de un tiro
— Te diré la verdad, estaba tan apresurado por terminar el caso antes de que llegaras que ni siquiera pensé en entrevistar a una ex criminal, aparte de que ya tenía su historial y estaba al tanto de lo que hacía o no. — lo miré con ojos de pistola, habíamos quedado en no hablar o mencionar sobre el pasado de aquella chica lo importante era que estaba de nuestro lado y dispuesta a ayudarnos.
— ¿Crees que este en problemas? — titubeé al decir y ambos nos miramos con los ojos abiertos como plantos y salimos de la estación de policía en un dos por tres yéndonos directamente a su departamento para ver si se encontraba bien y servía que le preguntábamos acerca de los probables enemigos que ha de tener porque muy rara vez que alguien salía de la cárcel salía sin tener al menos cinco enemigos.
(…)
— ¿Isabella Swan? — toqué la puerta con los nudillos repetitivamente, estaba que moría de nervios. Podría morir tranquilo si cuando abran la puerta sea Bella quien lo hacía. — Agente del FBI escenas del crimen.
— Edward reconozco perfectamente tu voz, y donde trabajas no tienes porque recordármelo. Cabeza hueca. — fue decepcionante oír la voz de Scott Murray del otro lado de la puerta, y claro seguía sin abrirme. — Es Scott, por cierto.
— Ya me di cuenta. — gruñí por lo bajo, yo pensaba que vivía con Alice pero al parecer me había equivocado. — Cuida tu lenguaje. — advertí, había escuchado el insulto que me había dicho hace unos instantes. — ¿Esta Bella Swan contigo? — segundos después abrió la puerta y ahí estaba el británico tan terco viéndome de nuevo con odio, yo ni idea sobre, o ni siquiera me envió un memo con la razón de su odio pasional hacía mí, pero me sorprende que sin haberme conocido me aborreció.
— Disculpa. ¿Para qué quieres ver a Bella? — respondió a la defensiva. — Hola Félix. ¿En qué puedo ayudarte? — y de repente aquel británico paso de ser a odioso nivel dios a una persona sumamente amigable cuando cruzó palabra con mi compañero. Era como un cachorrito, amoroso y amigable con dueños y amigos pero una completa pesadilla con sus enemigos pero cuando su dueña estaba presente se comportaba como un angelito.
— Ni te apures por mí, vengo con Edward. — al fin nos dejó pasar y nos permitió sentarnos en su sofá, era acogedor aunque daba el aire de que la pareja ya estaba prácticamente casada. Mi apartamento con Olivia ni siquiera se acercaba a eso, se veía claramente que parte era mía y cuál era la suya y aquí es lo contrario, todo combinaba perfectamente al igual que ellos.
— Sólo queríamos estar seguros que Bella llegara con bien a tu casa. — Félix se apresuró a decir por mí, en el sonaba más creíble.
— A ti, te la creo pero a él. — me señaló negando con la cabeza y maldije en mi interior, a Scott nada se le escapaba. — ¿Desde cuándo Cullen se preocupa por Swan? — aun teniéndome enfrente de sus narices seguía sin dirigirme la palabra.
Desde siempre me preocupaba por ella, como cualquier compañero de trabajo. Aunque no sabía por qué no quería admitirlo en voz alta, no se sentía correcto.
— ¿Dónde esta Bella? — pregunté de nuevo pasando por alto su pregunta.
— Se supone que está trabajando con ustedes. — se sentó en el sofá con un bote lleno de manzana picada con limón y sal, parecía cuidarse porque en vez de palomitas era fruta picada.
— Si estuviera con nosotros no hubiéramos venido en primer lugar. — puse los ojos en blanco diciendo lo más obvio del mundo.
— Félix. — me calló enseñó los dientes molesto y hubo un silencio incomodo entre nosotros.
— Le dimos el día libre pero por lo previsto no ha regresado. — comenzó a mirar alrededor de la casa sin prestarle atención a la tensión que había en el ambiente entre Scott y yo. Intercambié una que otra mirada con mi compañero, alguno de los dos teníamos que hacer aquella pregunta en cualquier momento. — ¿Puedes llamarla a su celular? — y Félix fue el valiente que se animó a hacerla.
— Claro, dame un instante. — tomó el teléfono inalámbrico que estaba colocado encima de una mesa pequeña y más rápido que un rayo marco su celular, se lo sabía de memoria.
Era incómodo estar a su alrededor, era claro que éramos como el agua y el aceite. Jamás nos llevaríamos bien. Esperamos segundos a que hablara para saber que Bella atendió el teléfono, pero nada… No sucedió nada. Hubo un silenció aún más sepulcral como si eso fuera posible.
Y eso era ya preocupante, yo sabía que Bella siempre contestaba su celular. Quería que me evitara las ganas de querer rastrea su teléfono, lo malo de ser policía era que por una llamada que no se contestase te imaginabas lo peor. Desde un secuestro hasta un asesinato cuando puede ser una cosa bastante simple como, que se le hubiera acabado la batería o no lo hubiera escuchado.
Un policía es demasiado extremista.
— ¿Nos podemos quedar aquí hasta que llegue sana y salva? — me atreví a preguntar.
— Ya qué. — con una mueca y de mala gana al fin el británico de ojos azules radiantes aceptó.
— Vaya Scott, 10 llamadas perdidas. Perdona, me quedé sin batería. — entró a la sala sonriendo de oreja a oreja y con una risa risueña. Fue un alivio escuchar eso, había llegado a casa con bien después de haberla esperado durante una hora y media. — ¿Qué era tan urgente?10 llamadas perdidas tuyas en serio? — los tres nos paramos de inmediato del sillón en cuanto la encantadora mujer de ojos color chocolate hizo acto de presencia.
— Nos tenías algo preocupado. — contestó mi rival en su perfecto acento inglés que hace que cualquier mujer, incluida Bella… se derritiera.
Los tacones de Bella se escuchaban dando pasos de aquí para allá, pero seguía sin entrar directamente a la sala y eso me tenía nervioso ya sabía perfectamente cuál sería su reacción si sabía que vine a su casa para ver si había llegado directamente a su casa después de que mi mano derecha la suspendió. Iba a pensar que la perseguíamos o algo así.
— Pero en serio ¿Mas de 10 llamadas? — se rio un poco más fuerte. — Discúlpame Scott, pero ni siquiera mi padre lo hace.
— Lo sé, perdón. — dijo en tono inocente, y me hirvió la sangre.
— Espera. — el tono de su voz pasó a ser alegre a tan serio como lo era en el trabajo. — Dijiste "nos" no me digas que le dijiste a Alice. — rogó y sus pasos comenzaban a escucharse cada vez más cerca, por alguna extraña razón me comenzaron a sudar las manos. — ¿¡Scott?! ¿Por qué el uso del plural? — alzó dos tonos su voz al no escuchar respuesta por parte de su pareja.
Bella entró a la sala y su mirada fue directamente hacia mí. Y recordé el dicho "Si las miradas fueran puñales" ya estuviera más que muerto y la causa de muerte serían más de veinte puñaladas en el pecho.
(…)
— ¿Qué haces aquí? — su característica sonrisa desapareció en cuestión de segundos y susurró aquello mientras me tomaba del brazo bruscamente y me halaba hacia lo que parecía ser la cocina.
— Lindo apartamento. — silbé mirando la mueblería que parecía ser costosa.
— Basta de cuentos. — golpeó mi brazo molesta. — ¿Cómo supiste dónde vivía? — susurró acercándose a mí, había olvidado cuan nervioso me ponía estar a centímetros de ella.
— Yo no sabía, Félix me trajo. — dije la verdad y ella pareció sorprenderse.
— ¿Él está aquí? —asomó su cabeza por la puerta giratoria de la cocina, segundo después volvió conmigo pero una arruga apenas visible apareció en su frente.
— ¿No te habías dado cuenta que estaba aquí? — dije con una risa apenas audible y ella negó varias veces con la cabeza. — Había olvidado por un momento cuan distraída eras. —me golpeé la frente con la mano y ella me vio con cara de pocos amigos.
— ¿Vas a decirme el motivo de tu visita? — se cruzó de brazos y pude ver la frialdad de sus ojos.
— Sólo quería asegurarme de que llegaras con bien. — Confesé y se quedó más callada de lo usual, pero suavizó un poco sus facciones. — Por cierto, me enteré de tu suspensión. —dije mientras tosía y una mueca apareció en su cara.
— Ya te enteraste. — parecía apenada, y miró al piso.
— Olvidas que yo soy el jefe allá, nada pasa en la oficina sin que yo me entere. — me encogí de hombros con una sonrisa tímida.
Levanté su barbilla con mi dedo índice suavemente y nuestras miradas se conectaron por un instante. Y cuando su mirada chocó con la mía, el tiempo no supo si avanzar o detenerse, tampoco sabía si armarme de valor para hacer lo que más deseaba a hacer desde su llegada... Besar esos labios.
Pero no era lo correcto ambos teníamos pareja, y aunque era lo que más deseaba debía de aguantarme, me alejé de ella tal vez con demasiada brusquedad cuando nuestros rostros estuvieron a centímetros del otro.
— Edward lo mejor es que te vayas. — ella también se percató lo que tanto anhelaba hacer, abrió la puerta mientras ponía un mechón rebelde de su cabello detrás de su oreja.
— Bella queríamos hacerte algunas preguntas de trabajo. — me paré en el marco de la puerta y respiré hondo para sacar la bomba. — Quiero saber la razón por la cual te peleaste en la vía pública, yo te conozco bastante bien y sé… estoy más que seguro que tu no andas golpeando a gente al azar.
— Edward…— interrumpió.
— Déjame terminar. Yo no te culpo, y aquí entre nos a mí tampoco me cayó bien la noticia cuando me dijeron que fuiste suspendida. —choqué mi hombro contra el suyo y la sonrisa Colgate volvió, me alegraba que aún tenía el don para hacerla sonreír, se sentía bien. — Pero tampoco sé que pasó para que reaccionarás así, porque todo… todo tiene razón de ser. — golpeé su nariz con la punta de mi dedo y ella arrugo su pequeña nariz respingada.
— Tienes razón, tuve un motivo. Pero a menos de que esa personita que resulto ser agredida presenta cargos contra mí, con mucho gusto te lo diré. — quitó mi mano de su nariz y la puso en el aire. — Y dudo que lo haga, así que si me haces el favor. — volvió a la faceta fría y me mostró la salida.
— ¿No planeas contarme? — dije con un puchero y ella negó con la cabeza. — Esta bien, sólo te aviso que no me rendiré. — susurré en su oído y me vi tentado a morder el lóbulo de su oreja.
— Basta. — comenzó a decir entre risas al mismo tiempo que me daba un aventón, le seguían dando cosquillas en ese lugar. Sonreí internamente y obedecí sus órdenes saliendo de la cocina sin decir ni pio.
— Ey, espera. — Tomó mi brazo — ¿Te veré luego? Ya sabes, en el trabajo. —dudó por un instante pero me soltó el brazo en cuanto se dio cuenta que ya llevaba tiempo colgada de él.
— Soy el jefe, es mi obligación ir diario. — acomodé mi corbata y llamé a Félix para regresar a la oficina. — Nos vemos después, descansa. — besé su mejilla y salí de su apartamento sin despedirme de su novio.
Esa era una mujer llena de sorpresas primero se ponía brava conmigo pero después revelaba su verdadera identidad, una chica dulce. Tal vez usaba esa faceta de chica mala para dar apariencias y para que no terminara lastimada.
Bella POV
Odiaba a Edward, y no en el buen sentido. No quería volver a ser la niña ingenua que era antes pero justo cuando el aparece comienzo a flaquear y es inevitable no actuar como tal. Primero, no pude ser distante en frente de Scott; simplemente no pude. Después la pregunta estúpida que hice ¡Claro que lo vería después! Ahí trabajaba después de todo, pero no me hubiese atontado o nada de esto hubiera sucedido si sus magníficos y perfectos labios estuviesen a centímetros de los míos o si no se hubiera presentado a mi casa para pedir explicaciones.
Tal vez era un pretexto pero su hermoso rostro me aturdía, me comporto como una idiota cuando él está cerca y me di cuenta de aquel detalle mientras trabajábamos la semana pasada a solas en su oficina.
Y de nuevo, tenía otro problema por enfrentar, necesitaba un pretexto creíble para decirle a Edward sobre la pelea, el no estaría tranquilo hasta que le dijera la verdadera razón y he aquí mi dilema; no había otra salida más que decirle la verdad pero yo no quería. Así que debo de poner a mi mente a trabajar para inventarle algo porque por lo previsto iba a volver a mi antiguo oficio al cual en estos tiempos le tenía menos afecto y el que menos quería hacer y era... Mentir.
Y mucho menos a la persona que más me importa, Edward. ¿Acaso dije "importa"? Quiero decir importaba, tiempo pasado. Volver a las mentiras aunque sean inocentes o no tan blancas y a los planes secretos me dio un tremendo y extraño deja vu.
—Mi amor, al fin se fueron esos patanes. — Scott corrió a mis brazos con demasiado entusiasmo tras haber cerrado la puerta donde nuestros inesperados visitantes habían salido
—Hola. —dije sin ganas y le abrace con un solo brazo. Era divertido y extraño al mismo tiempo ver a mi amigo tan celoso, me recordó a Alice cuando solía pasar mucho tiempo con Rosalie.
—Merezco una historia, me la debes. — despeinó mi cabello y me arrastró hasta el living.
Estuve a punto de protestar pero no dije nada pues me esa misma mañana le había prometido que lo haría pues la noche que regrese golpeada a casa, entré más que furiosa no sólo con mi hermana sino con todo el universo y me descargué sobre él. Cosa que me arrepiento, no le di explicaciones y me encerré en mi cuarto y para castigarlo aún más por algo que ni siquiera hizo le prohibí salir de casa; y bueno no sólo lo hice para torturarlo, también lo hice para protegerlo del peligro que se avecinaba para mi familia y amigos pero tal orden le pareció bizarra pues yo nunca le privé de salir a la calle y despabilarse.
— Tienes toda tu boca llena de razón. — palpó el lado izquierdo del sofá donde estaba sentado y proseguí a tomar asiento a su lado. A continuación tomé su mano y comencé a jugar con sus largos dedos de pianista, no tenía la más mínima idea de dónde empezar y lo que estaba haciendo comenzaba a distraerme. Pensaba en ir directo al grano como "Hey mi hermana me dio una paliza, amenazó con lastimarme y probablemente eso incluye a la gente que quiero también por eso te vas a Florida con Alice y papá."
Regresar al Valle del sol ya no parecía un gran duelo ahora, pero yo sabía que monitoreaban mis movimientos por lo tanto tendría que quedarme aquí y terminar con los pendientes que tengo.
— ¿Entonces? — quitó sus manos y comenzó a frotarlas impacientemente.
— Sabes cuántas hermanas tengo ¿Cierto? — asintió. — Bueno, no te conté a detalle sobre una en particular. Pero como vez a Alice tan seguido... supongo que ya te puso al corriente. — deduje suspirando. — La noche que regrese con una gran paliza, ese día me rencontré con ella.
— ¿Por qué no estas feliz? — recargó su mentón en las palmas de sus manos. — Según Alice, tu mueres por verla.
— Pues sí pero…
— Entonces avísale a tu cara. — comenzó a reírse y le vi con mala cara. — Disculpa.
— Te diré la verdad, sólo si prometes cumplir mis instrucciones al pie de la letra. — besó mi coronilla y lo tomé como un sí. — Cuando la vi las cosas no fueron como esperaba, bueno.. al principio lo fueron pero se enteró que trabajo para la policía y blah blah blah larga historia. —rodé los ojos. — El punto es que me amenazó, y ella es muy manipuladora, va a investigarme a fondo, ver mis puntos débiles, no sé lo que me vaya a hacer y eso me tiene en suspenso. — no supe explicarme bien pero me daba pena admitir que estaba un poco asustada. — Si las cosas se ponen feas, yo te voy a avisar. Cuando ese momento llegué sin decir peros o protestar tomarás el primer vuelo a Florida y te irás con mi padre y mi hermana porque no quiero que esto les afecte otra vez.
— Pero Bella, lo dices como si tú no fueses a pelear de vuelta.
— Claro que lo haré pero debo de tener un plan en mente primero. —recargué mi cabeza en su hombro. — Y no, no quiero involucrar a la policía en esto porque tendrían que atar varios cabos sueltos que hay en mi familia y no quiero que lo hagan. Este es mi problema y voy a solucionarlo con o sin ayuda. — dije como si ya supiera lo que me iba a preguntar, como si hubiese leído su mente. — Tú sólo confía en mí Scott, con el tiempo aclararé las cosas mejor. Sólo se paciente conmigo.
— No entiendo, ¿A qué le tienes tanto miedo? — cerré los ojos, Scott me conocía tan bien.
— A que lastimen a las personas que me importan. —Hubo un minuto de silencio— Así que esta semana, aprovecharé mis "vacaciones" — dije marcando las comillas en el aire con mis dedos. — investigaré en que anda Rosalie.
— Suena tan emocionante y peligroso. Como una película de acción. — yo ya había vivido aquello y no era como lo pintaban, era toda una tortura, estas preocupada todo el tiempo y no puedes dormir porque cada vez que cierras los ojos presientes que tu enemigo está detrás de ti y te va a apuñalar en la espalda. — ¿Por dónde planeas empezar?
— No tengo idea. — mire al piso abatida conteniendo las ganas de llorar.
— Yo tengo una, Si no quieres que esto sea una guerra tengo una solución muy fácil para tu problema.— parecía contento a pesar de la situación, tal vez sólo quería ponerme de buen humor.— Alice.— se encogió de hombros.
La mención de aquel nombre llamó la atención de mis oídos obligándome a sentarme derecha, y comencé a escuchar el plan de mi amigo con mucha atención.
N/A: ¿Les gusto el capítulo? ¿Lo amaron, lo odiaron? Dejen su opinión :D
Lo sé ya ni me digan admito que es algo difícil escribir un capitulo por día al menos de 6000 palabras, si por mi fuera los haría más cortos pero eso no es lo mío
Les deseo un asombroso 2014 :D feliz año y mis mejores deseos para cada una de ustedes.
