Hola amiguitos! ¿Se preguntaban dónde estaba el capítulo 9? Pues aquí está, ya listo para ser publicado y para que ustedes lo lean. ¡Estamos a tan sólo 5 días de que Gears of War 4 salga! ¿Emocionados? Yo estoy más que eso; dios, no puedo esperar más :'( . Pero bueno, de eso hablaremos con más profundidad en la última nota de autor. Que disfruten el capítulo 9!
-StormerHere
Capítulo 9 - See You Again
Justo como le había ocurrido con Hoffman, Dom tuvo que pasar largos minutos, que pronto se transformaron en horas, explicando todo lo que había pasado desde el momento en el que despertó en aquel hospital de un coma que duró poco más del año hasta el instante en el que llegó a Azura. Marcus no decía palabra alguna; simplemente se detenía de forma ocasional para hacer preguntas, pero no opinaba ni mostraba sus reacciones. No había cambiado en lo absoluto. Al parecer la presencia de Adam no había provocado un gran cambio en la actitud de Marcus, pero se alegraba por ello, pues aún recordaba la forma en la que tenía que tratar al sargento para que una conversación entre los dos surgiera de manera fluida y animada. Había respondido preguntas que Marcus ni siquiera le había hecho, y le contó sobre Matthew y su importancia en su historia. Lo describió como era: un hombre apasionado, joven, lleno de energía y vida, dispuesto a hacer hasta lo imposible para lograr su objetivo. También explicó el recorrido que hicieron a Anvil Gate, y de Anvil Gate a Azura, donde habían aterrizado y caminado aproximadamente dos horas y media bajo el incandescente sol hasta llegar al hotel.
Dom describió el plan espontáneamente elaborado para adentrarse en el hotel, empezando con usar a Rogers, el piloto, como principal distracción. Después de eso, contactaron al capitán temporal que la CGO tenía. Marcus admitió no ser muy cercano al sujeto, pero que a pesar de eso era un buen líder. El capitán se llamaba Frederick Johnson, un hombre alto de pelo negro y ojos azules, poseedor de una intimidante musculatura. Gracias a la influencia de Rogers y a los múltiples contactos que tenía dentro, habían logrado llegar hasta la pequeña oficina de Frederick, explicando la situación. El capitán les asignó una habitación a Dom y a Matthew, mientras que Rogers había sido emparejado con otro Gear que por suerte conocía. Usando el casco de Rogers para que los soldados no lo reconocieran, Santiago y Matt habían llegado a la habitación, asentándose y descansando un poco, y Dom había tomado la oportunidad para poderse preparar mentalmente mientras Matthew dormía plácidamente. Hasta haber sentido que estaba lo suficientemente listo para afrontar lo inevitable, Dom había despertado a Matt, pidiéndole que descubriera la localización del sargento, lo cual no fue difícil gracias a la fama que Marcus Fenix tenía dentro de la CGO.
Después de que Matthew regresara y le diera a Santiago las indicaciones, éste mismo se deshizo del casco y salió del cuarto para encaminarse a la habitación de Marcus, a donde había llegado después de pocos minutos de caminata sin ser visto por nadie, afortunadamente.
—Y ahora estoy aquí —Dom finalizó, suspirando tras llegar a la última frase de su relato. Marcus estaba sentado en su cama, inclinado hacia adelante de forma en que sus codos pudieran estar sobre sus rodillas, procesando toda la información. Santiago sabía que el sargento no era un hombre dado a expresar sus sentimientos, pero sabía que éste, muy dentro de sí, rebosaba de alegría al saber que su hermano estaba de vuelta y que no planeaba volverse a ir—. Una historia de locos, ¿no?
—Aún no puedo creer que en verdad estés aquí. El desgraciado de Hoffman no nos informó nada al respecto —Marcus se quejó, haciendo una mueca.
—Eso es porque yo le dije que no lo hiciera. Quería que esto fuera una clase de sorpresa.
—Y vaya que me sorprendiste —Marcus contestó provocando una risa de parte de Santiago. El ambiente aún seguía un poco tenso, pero afortunadamente la densa capa de incomodidad había sido eliminada por completo. El silencio del sargento estaba desesperando a Santiago, pero tenía que ser paciente. Todos iban a reaccionar de diferente forma al escuchar las noticias, pero creía y quería pensar que la reacción de Marcus era la más difícil de interpretar. Al mirarlo y verlo en una pose tan pensativa y reflexiva, no podía percibir lo que el sargento sentía, y eso le frustraba un poco. Al parecer ese año que pasó sin observar ni analizar a Marcus habían arruinado su don de poder leer con plenitud al sargento, algo que nunca nadie había logrado antes. Esperaba ansioso sentado en una silla frente a Marcus, y sus piernas estaban cruzadas de manera en que su tobillo izquierdo estaba sobre su rodilla derecha, mientras que su espalda estaba recargada por completo en el respaldo. Marcus pasó varios minutos analizando todo lo que se le había platicado y confesado, sumergido profundamente en sus pensamientos.
—Impresionante —susurró, permitiéndole a la primera sonrisa aparecer en sus labios. Contagiado por la reacción, Dom sonrió de igual forma—. Realmente impresionante —repitió con más énfasis en la palabra, rascando su barbilla con ayuda de su dedo índice—. ¿Y cómo piensas darles las noticias a los demás?
—Aún no lo sé —Dom respondió con sinceridad, bajando su rostro—. Todos pueden tener miles de reacciones distintas.
—¿Y piensas encontrarte con todos hoy?
—Mientras más temprano lo haga será mejor. Primero quería venir contigo porque lo mereces —Marcus asintió, internamente agradecido por la consideración de Santiago—. Después supongo que serán las reacciones fáciles. Cole, Jace, Clayton...
—Puedo ayudarte si lo necesitas.
—Te lo agradezco, pero quiero hacer esto solo —Dom respondió, encogiéndose de hombros—. Necesito yo ser el que les dé la noticia.
—Bien —murmuró Marcus, su voz grave y rasposa resonando en el lugar—. Si eso es lo que quieres, de acuerdo.
Quedaron en silencio por minutos que asemejaron a la eternidad misma. Marcus aún se sentía abrumado por tanta información, pero el hecho de volver a tener a su hermano a su lado le causaba un júbilo inexplicable y una alegría que rebasaba cualquier límite establecido. Se sentía feliz. Alegre.
—¿Y cómo están todos? —Dom preguntó, sonriente—. Baird, Cole, Clayton, Jace, Sam...
—Ellos están bien —Marcus respondió, mientras una imagen de cada Gear mencionando se proyectaba en su mente—. Mejor que nunca.
—Me alegra escuchar eso —Santiago sonrió—. ¿Y qué me dices de Adam? ¿Sigue inventando y experimentando? Me gustaría felicitarlo; el mundo no se salva todos los días.
La habitación cayó en un fúnebre silencio, y Marcus no pudo evitar bajar su rostro, centrando su mirada en el suelo. Dom no pudo interpretar la reacción del sargento, pero sintió un mal presentimiento que se representó como un bulto de nervios en su estómago. Sintió angustia e incomodidad llenarlo por dentro, y temió lo peor.
—Mi padre —Marcus empezó a hablar, logrando encontrar su voz después de unos minutos de estar en silencio—, él no lo logró. Se inyectó imulsión para ver si su experimento funcionaba, y...funcionó.
—Lo siento, Marcus —Dom murmuró después de unos minutos de analizar lo mencionado, sintiendo compasión y un poco de tristeza al saber que Adam no había podido disfrutar de su gloria. Se había sacrificado por el mundo. Se había sacrificado por la humanidad. Dom cerró sus ojos y un suspiro abandonó su boca. El hombre talló sus párpados con su dedo índice y pulgar, masajeando la suave piel mientras trataba de procesar toda la información que se le acababa de ser brindada. Por un instante fugaz, quiso que las cosas no se hubiesen dado de esa forma. Entonces el sargento había sufrido el doble de dolor, había experimentado una doble agonía, doble tristeza. Perder a su hermano y a su padre antes de que la guerra terminara sonaba tan inhumano y cruel… Tan injusto.
—Lo siento tanto, Marcus —repitió, sintiéndose preocupado por su hermano. Pero había pasado un año, y esperaba, anhelaba que el trauma de haber perdido a dos personas cercanas de una forma tan trágica y rápida ya no existiera. Cuando abrió los ojos, vio al sargento encogerse de hombros, una sonrisa triste formada en sus labios, la melancolía plenamente plantada en su rostro como recordatorio de todo por lo que había pasado. Admiraba a Marcus, porque por lo que podía ver, su hermano había logrado salir adelante. Si él hubiera estado en su lugar no podría asegurar que lo lograra sobrellevar de la misma forma.
—Murió como un héroe, y seguirá siendo recordado como tal —Marcus dijo, sonriendo—. Justo como tú.
—Esto es incómodo —Samantha murmuró, quedándose paralizada en la misma posición, creyendo imposible estar en una situación más vergonzosa. Baird se quedó callado, mientras sus ojos analizaban en silencio lo que estaba pasando.
—Lo es —Damon aseguró, asintiendo en silencio. Empezó a sentir un color abrasador invadir su cuerpo, y se removió con molestia—. Creo que será mejor que me vaya —Baird dijo, ladeando su cabeza y deslizando su pierna para deshacerse de la de Sam.
La pelinegra se sintió ligeramente ofendida, pero si esa no hubiese sido su habitación tal vez habría hecho lo mismo. Subió su pierna tras sentir la de Baird comenzar a moverse, engarrotándola hacia arriba, viendo a Damon ladear su cuerpo para bajar sus piernas de la cama, seguido de levantarse con lentitud y estirar sus brazos hacia arriba. Sam lo estudió en silencio, y Baird se quedó de pie, inmóvil y en silencio, al parecer sumergiéndose en sus pensamientos. Estaba a punto de mencionar su nombre cuando Damon comenzó a caminar hacia la puerta, rodeando la cama. Las suelas de sus botas produciendo un sonido hueco que resonó en todo el cuarto mientras se acercaba más a su objetivo. Samantha quiso detenerlo, abriendo su boca para pronunciar algo que lograra llamar su atención, pero sacudió su cabeza. Se vería muy patético. Miró en silencio como Baird se detenía en frente de la puerta y su mano tocaba la perilla. El soldado miró sobre su hombro, y la pelinegra sintió un atisbo de esperanza apoderarse de ella.
—Hasta luego, Sam —murmuró, abriendo la puerta y saliendo con rapidez de la habitación, cerrándola tras de sí con fuerza. Samantha bajó su mirada y mordió su labio inferior. De alguna forma sabía que eso iba a pasar, y no le sorprendía ver esa actitud proviniendo de Baird. Lo que le extrañó en gran medida fue la reacción que tuvo; nada de ira, tristeza o desilusión. Sólo un vacío que pudo ignorar con facilidad y que no la afectó en lo más mínimo. Se encogió de hombros y volvió a recostarse, fijando sus ojos azabaches en el techo que se erguía sobre ella. Todo se tornó negro cuando permitió que sus párpados le taparan su vista, y suspiró ruidosamente disfrutando de la soledad que había en su cuarto.
No sabía por qué, pero tenía el presentimiento de que ese iba a ser un buen día.
¿Acaso era posible perder la noción del tiempo? Santiago se lo preguntaba, pues sentía como si las horas fueran simple segundos acumulándose, y podía asegurar que ahora eran aproximadamente las cuatro de la tarde cuando tan sólo parecía como si hubieran pasado insignificantes minutos desde que había llegado a la habitación del sargento. Marcus y Dom charlaban de todo y de nada, ajenos a lo que pasaba en el mundo exterior mientras compartían vivencias y experiencias que eran merecedoras de ser contadas. Al igual que Marcus, Dom también tuvo la oportunidad de hacer las preguntas de las que tanto había anhelado tener una respuesta. Le pidió al sargento que explicara con lujo de detalle y sin omitir absolutamente nada cómo había sido que se había reencontrado con su padre, cómo había logrado salvar el mundo y cómo había sido la vida en Azura desde el fin de la guerra. Marcus narró todo con naturalidad y simplicidad, y aunque para él pareciera un sencillo relato, para Dom era un orgullo. Se sentía emocionado con cada palabra que salía de la boca del sargento, y aliviado al saber que la reina Myrrah por fin había sido derrotada y que la paz finalmente reinaba sobre todos los habitantes que quedaban de Sera. A comparación de Marcus, Santiago opinaba y hablaba sin parar cada vez que el sargento pronunciaba una frase nueva. Expresaba sus emociones sin problema alguno, todo eso mientras sonreía ampliamente al saber que habían sido los ganadores de aquella guerra que había parecido imposible de ganar en aquel entonces, más o menos unos diez años atrás.
La conversación que Marcus y Santiago estaban teniendo fue interrumpida cuando dos golpes estruendosos resonaron en las cuatro paredes de la habitación. Marcus centró su mirada en la puerta de madera, levantando una ceja en cuestionamiento, mientras que Dom se puso rígido, consciente de que podía ser visto e identificado por la persona que estuviera del otro lado de la puerta. El pánico surgió dentro de él, y volteó a ver a Marcus con su rostro lleno de dudas, tratando de transmitir mediante su mirada todas las preguntas que se generaban dentro de su mente en esos instantes. Preguntas que el sargento nunca dio indicios de responder. Los golpes se repitieron, y Marcus se puso de pie con lentitud. Sus pasos hicieron eco en los oídos de Santiago mientras se aproximaba a la puerta. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Marcus tomó la perilla y la giró con lentitud, abriendo la puerta tan sólo unos pocos centímetros por los cuales logró asomar su cabeza. Levantó ambas cejas cuando vio al hombre que estaba de pie frente a la puerta, y que ahora lo miraba con una sonrisa nerviosa y un sonrojo apenas visible.
—¿Quién eres tú? —preguntó, inconscientemente poniéndose a la defensiva. El hombre soltó una risa nerviosa y cerró sus ojos, ladeando su cabeza.
—Usted debe de ser Marcus —el joven dijo, rascando su nuca—. Siento interrumpir —extendió su mano hacia adelante, y desde la pequeña abertura, Marcus estudió la mano del joven—. Mi nombre es Matthew Ross. Soy amigo de Santiago, sólo venía a ver si todo estaba bien — Marcus retiró su mirada de Matt por unos instantes para centrar su atención en Dom, quien tras ser informado de que era Matthew soltó un suspiro lleno de alivio, relajando sus músculos. Al ver su reacción, Marcus gruñó en lo bajo y abrió por completo la puerta, moviéndose hacia un lado para permitirle a Matt adentrarse en su habitación. El joven doctor lo hizo con cierto titubeo, y después de dar pasos tentativos, examinando el entorno con ojos ligeramente entrecerrados, se acercó con más confianza hacia Dom. El soldado lo esperaba con una sonrisa, un gesto que fue correspondido por Matthew en cuanto lo vio.
—Matt, ¿todo en orden? —Santiago preguntó, un poco consternado.
—Oh, sí. Sólo quería ver cómo estaban los dos. ¿Lograron ponerse al día?
—Y que lo digas —respondió Santiago. Entonces Marcus regresó con Dom y Matthew, analizando a los dos desde la entrada a su recámara con los brazos cruzados a la altura del pecho. Santiago se levantó y señaló al sargento con su mano—. Matt, éste es el sargento Marcus Fenix. Marcus, éste es Matthew Ross. Él fue quien me rescató y salvó —Matt volvió a extender su mano como lo había hecho antes, secretamente temiendo el ser rechazado una vez más.
—Un gusto finalmente conocerlo, sargento —dijo ligeramente nervioso, pero aún así sonriente—. Dom hablaba mucho de usted —Marcus analizó la mano del joven doctor como lo había hecho minutos atrás, y deshizo su cruce de brazos para poder estrechar la mano de Matt.
—Llámame Marcus —el sargento murmuró, seguido de soltar la mano de Matthew y comenzar a caminar hacia el mismo lugar donde había estado sentado antes de ser interrumpido por la presencia del joven doctor. Matt permaneció de pie en medio del cuarto, visiblemente rígido e incómodo.
—No te preocupes, Matt —Dom rió con serenidad, su cuerpo moviéndose al ritmo de su risa—. Marcus suele causar esa impresión en la mayoría de las personas.
—Me alegra no ser el único —Matthew murmuró, pero aun así pudo ser escuchado por el par de hombres que estaban en la habitación junto con él—. Oh, por cierto, un sujeto que estoy seguro que lo has mencionado comenzó a hacerme muchas preguntas.
—¿De quién hablas?
—Clayton...algo —Matthew dijo pensativo—. Me lo encontré en los pasillos y empezó a decirme que no me había visto antes, y que si era nuevo.
—¿Clayton Carmine? —Dom preguntó, sabiendo la respuesta y confirmándola tras ver la reacción de Matt.
—Ese era su apellido, exacto. Sabía que lo había escuchado antes.
—¿Y qué le dijiste?
—Pues que era nuevo.
—¿Y por qué hiciste eso?
—¿Qué esperabas que dijera? ¡Me tomó con la guardia baja!
—Bueno, si te hubieras quedado en la habitación tal y como acordamos tal vez no hubieras tenido que pasar por esa situación.
—¿Me vas a culpar por querer tomar un poco de aire fresco? Además estoy hambriento, y no sabía dónde estaba la cafetería. Supongo que tienen algo así aquí, ¿no?
—Íbamos a ir en cuanto terminara de hablar con Marcus.
—Sí, bueno, no creía que te iba a tomar cuatro horas hacerlo.
—¡Suficiente! —el sargento interrumpió, elevando la voz y logrando capturar la atención de Santiago y Matthew, quien se sobresaltó asustado por la espontánea reacción de parte de Marcus. Bajó su mirada y escondió las manos en sus bolsillos—. Dom, creo que es momento de que empieces a encontrar a los demás para decirles. No pueden seguir ocultos todo este tiempo; necesitan terminar con esto de una buena vez.
Santiago asintió en silencio, sabiendo que Marcus tenía razón en lo que decía. Pero, ¿cómo lo iba a hacer? Ahora que lo pensaba, tener que ir a buscar uno por uno lucía como una tarea muy complicada, pues tendría que buscarlos, evitar ser visto por los demás soldados que podrían tal vez reconocerlo y encontrarlos en un lugar que no estuviera muy concurrido y en donde pudiera explicar todo de forma que no tuviera ningún tipo de interrupción.
—¿Por qué no le pides a Marcus que reúna a todos los que restan en un lugar específico y les das la sorpresa a todos por igual? —Matthew preguntó, encogiéndose de hombros. Dom parecía no ser el único considerando la sugerencia de Matthew, pues Marcus se inclinó hacia adelante, rascando su apenas naciente barba con ayuda de sus dedos, sumergido profundamente en sus pensamientos.
—Eso es lo que estaba pensando —Dom habló, mirando a Matt—. Va a ser muy complicado ir explicando de uno a uno todo lo que pasó. ¿Alguna sugerencia?
—¿Y por qué no aquí mismo? —Matthew dijo, señalando el cuarto.
—No puedo invitarlos a mi habitación solamente porque sí. Tiene que haber una razón.
—¿Hay un bar aquí cerca? —Marcus levantó su rostro para encarar a Santiago, y cuando hicieron contacto visual, el sargento asintió en silencio.
—Entonces, el bar será —Matthew exclamó, extendiendo sus brazos hacia los lados—. ¿Qué estamos esperando?
Marcus se levantó de su cama y se acercó al par de hombres que comenzaban a formular el plan.
—¿Entonces tengo que invitar a todos al bar? —el sargento preguntó, una ceja arqueada en duda.
—Vamos, no es tan difícil. Sólo asegúrate de que no haya nadie más en el lugar y todo estará listo —Matthew dijo, encogiéndose de hombros. Marcus lo volteó a ver con sorpresa, tratando de fulminar al joven doctor con la mirada. Matt simplemente desvió la suya y la centró en Santiago—. ¿Verdad, Dom?
—Sólo una cosa, Marcus —Santiago murmuró, inclinándose hacia adelante para estar más cerca del sargento—. No invites a Sam. Yo...me encargaré de eso.
El sargento asintió en silencio.
—Bien, entonces manos a la obra.
Baird no sabía qué pensar cuando Marcus lo invitó al bar a una "reunión". Su extrañeza no pudo ser ocultada, y miró al sargento como si fuera un completo desconocido. Aún después de que Marcus se había ido, Damon había permanecido en la misma posición digiriendo todo lo que había pasado hasta ese momento. Debía ser algo realmente importante como para que Marcus se diera la tarea de buscar a todo Delta por su cuenta. Sabía que a pesar de que el sargento se lo había pedido, era una clase de orden indirecta que tenía que seguir aunque le diera pereza hacerlo. Había tenido una mañana de locos, y justo cuando empezaba a tener una tarde normal, Marcus había llegado para invitarlo al bar. Perfecto. ¿Qué demonios le estaba pasando a todo mundo?
Definitivamente no quería recordar la vergüenza que había sentido aquella mañana, así que salió de su habitación después de haberse duchado y cambiado de ropa para dirigirse al bar tal y como se lo había indicado Marcus. Tal vez un trago podría hacerle bien. Todo ese asunto con Sam se estaba saliendo de control, y tenía que cortar todo posible lazo que hubiese creado entre él y ella para evitar cualquier encuentro incómodo e indeseado que ocurriera en un futuro no muy lejano. Clasificaría lo que había pasado entre los dos como una clase retorcida y extraña de experimento que no había salido bien. Estaban bien como compañeros, ¿para qué forzar que otra clase de relación ocurriera entre ambos? Tal vez fue su culpa, ya que él fue el que se dirigió a su habitación, pero lo había hecho por pura compasión y pena. De alguna forma se había sentido comprometido, y ahora parecía que todo había llegado a un cierre entre él y Sam. Había logrado disculparse, enmendar su error y saciar la curiosidad que tenía de besar a Samantha. No había sido nada especial. Tal y como lo había pensado antes: un retorcido y extraño experimento fallido y nada más.
Después de unos cuantos minutos de caminata, logró salir del hotel, encontrándose con Cole en la plataforma, recargando en la barandilla.
—¡Hey, hermano! Te estaba esperando —Baird saludó con la mano y siguió caminando, ahora con Augustus como su acompañante.
—¿Marcus también te invitó a su misteriosa reunión?
—En efecto. De hecho invitó a toda Delta.
A toda Delta. Perfecto, tendría la oportunidad de explicarle todo a Sam y tratar de hacerle entender que era mejor fingir que nada de eso había pasado y seguir con sus vidas como si nada hubiera ocurrido. Se escuchaba como un buen plan. Aún a pesar de eso, esperaba no causarle ninguna clase de daño a Samantha. Seguía siendo su amiga, y no quería causarle un daño innecesario. Deseaba que se lo tomara bien; en serio lo esperaba.
—¿De qué crees que se trate todo esto? —Cole preguntó, con la curiosidad clara en su voz.
—¿Por qué no lo averiguamos? —Baird dijo, visualizando en la distancia el pequeño bar. Siguieron caminando hasta llegar a la entrada, abriendo la puerta y visualizando a Clayton, a Jace y a Anya. Samantha no parecía haber llegado aún. Se acercaron a la mesa donde el resto de Delta estaba situado, y tomaron asiento, comenzando a preguntarse entre ellos qué estaba pasando. Marcus de pronto salió a la vista, y lo vieron titubear y suspirar temblorosamente, removiéndose incómodo en su posición. Analizó a todos con una mirada intensa y analítica, una mirada que incluso logró intimidar ligeramente a Baird. El silencio reinaba en la habitación y los Gears esperaban impacientes a que Marcus comenzara a hablar. Damon miraba constantemente hacia la puerta esperando ver a Samantha entrar, pero eventualmente se dio por vencido, centrado su atención de nuevo en un agitado Marcus que parecía que aún no lograba encontrar palabras.
—Marcus, ¿está todo bien? —Anya preguntó consternada, con ambas cejas elevadas en señal de duda y la preocupación plantada claramente en su rostro. El sargento asintió en silencio, cerrando sus ojos e inhalando con fuerza, logrando minimizar su nerviosismo.
—Quiero que escuchen muy atentamente porque no lo repetiré —Marcus habló finalmente después de varios minutos de permanecer en un lúgubre silencio—. Sé que esto va a ser una locura, pero por favor, no se alteren.
—¿Vas a decirnos o no? —Baird preguntó frustrado. Odiaba el suspenso.
Marcus volvió a suspirar, su mirada se hallaba perdida en el espacio, tratando de encontrar las palabras correctas. Al principió pensó que sería fácil darles aquella noticia, pero ahora que tenía a todos los soldados frente a frente veía que iba a ser un completo desafío.
—Escuchen... —el sargento dijo, su gruesa voz resonando en el pequeño cuarto. Todos esperaban desesperados a que Marcus prosiguiera con cualquiera que fuese aquella cosa que quería decirles, pero el misterio se estaba volviendo insoportable y molesto—. Ah, mierda —murmuró para sí mismo, seguido de mirar a todos de frente y cubrir su rostro con una escalofriante seriedad.
—¿Marcus? —Anya preguntó, frustrada.
—Chicos, Dom está vivo.
Fue extraño, porque lo primero que quiso hacer Baird fue reírse. Luego entendió que no sería lo más correcto puesto que su sargento estaba perdiendo el juicio. ¿Por qué no le sorprendía? Había aguantado un año entero, debía darle crédito por eso, pero finalmente había sucumbido ante la locura y había perdido la razón. Ahora había perdido tiempo en escuchar disparates y suspiró agobiado. Volteó a ver las reacciones del resto de sus compañeros y pudo identificarlas con facilidad. La de Anya era sorpresa y preocupación, la reacción de Clayton era parecida a la suya, la de Jace era confusión, la de Cole era sorpresa y la de Dizzy era incredulidad. Al parecer nadie se había creído el cuento.
—Em, Marcus, creo que no escuché bien —Augustus dijo, fingiendo una sonrisa—. ¿Podrías repetirlo?
—No necesito escucharlo de nuevo —Damon habló, arrastrando su silla hacia atrás y levantándose lentamente—. Lo siento, Marcus, pero ahora me voy.
—¡Joder! No entienden, ¡déjenme explicarles! —Marcus exclamó molesto, incluso frustrado. Baird se encogió de hombros y se dio media vuelta, pero se detuvo cuando vio a un hombre de aproximadamente treinta años recargado en el marco de la puerta. Tenía cabello rubio, y vestía una chaqueta café y jeans negros. Tenía sus brazos cruzados, bloqueando el paso.
—¡Eso fue muy delicado, Marcus! ¡En serio! —el hombre en la puerta gritó, ligeramente molesto. La atención fue dirigida hacia el joven y Clayton no perdió tiempo en señalarlo, poniéndose de pie en el proceso.
—¡Tú eres el tipo del pasillo! ¿Qué demonios haces aquí?
—¿Qué mierda está pasando? —Jace cuestionó en lo alto, completamente confundido.
—Marcus, ¿por qué no vamos a tu habitación y descansas un poco? —Anya sugirió, poniéndose de pie y acercándose de forma dubitativa hacia el sargento.
—No me importa quién seas, pero te pido que muevas tu trasero del camino —Baird exclamó frustrado.
—No dejaré que te vayas.
—Ah, ¿no? ¿Y quién te crees tú para detenerme?
—Damon, ¡no es el momento! —Cole gritó, acercándose a su mejor amigo.
—¿Alguien me puede explicar qué mierda está pasando aquí? —Dizzy exclamó frustrado, mirando a todos y recibiendo la atención de nadie.
—Yo puedo explicarles —esa voz. Esa voz logró que todos se detuvieran en seco y que dejaran de hablar. Interrumpió las acciones de todos, y se paralizaron por la sorpresa. Baird no lograba ver nada, ya que estaba dándole la espalda al resto de sus amigos Gears, y sus ojos se ampliaron cuando escuchó un jadeo sorpresivo proviniendo de Augustus, que seguía a su lado. Escuchó el crujir de la madera de una silla, y por un momento pudo percibir el sonido de su corazón latiendo con fuerza tras ser víctima del silencio fúnebre y escalofriante que invadió el lugar en cuanto esa voz habló. Esa voz. Esa voz sonaba tan familiar. Baird cerró los ojos y sacudió su cabeza lentamente, repitiéndose en su cabeza que eso no podía ser posible.
—Pensé que nunca saldrías —el hombre que bloqueaba la puerta habló, sonriendo ampliamente. Damon no quería darse la vuelta, temeroso de descubrir que en realidad todo estaba sucediendo y que no estaba en una clase de pesadilla. Y entonces lo escuchó.
—Dom... —era la voz de Cole, murmurando más para sí mismo que para el resto. Abrió sus ojos con espontaneidad y se atrevió a mirar a su mejor amigo, quien tenía ambas manos puestas frente a él como en una clase de pose defensiva, sus ojos estaban tan abiertos como nunca antes los había visto, y logró percibir cómo su labio inferior temblaba un poco. Inhaló profundamente y se giró sobre sus talones con lentitud, esperando cualquier cosa, porque para ese momento hasta lo lógico parecía ser ilógico. Pero entonces cuando su cabeza estaba suficientemente girada, lo pudo ver con sus propios ojos.
Era Santiago.
Y estaba vivo.
Parpadeó múltiples veces y por inercia dio un paso hacia atrás, con el entrecejo fruncido. Sus ojos examinaron al resto de los Gears, quienes seguían en una clase de trance. Parecía como si de alguna forma el tiempo se hubiese detenido, y se sentía atrapado en una clase de sueño. No sabía qué hacer, sus oídos zumbaban y un dolor minúsculo apareció en su cabeza. Tampoco podía ignorar su respiración errática y la forma en la que su corazón latía con fuerza.
Pero entonces todos parecieron salir de ese trance cuando Anya gritó el nombre de Dom, y corrió hacia él, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Santiago y estampando su cuerpo contra el suyo.
—¡Dom, eres tú! —exclamó con claras lágrimas en sus ojos, sollozando mientras una sonrisa se formaba en sus labios. El soldado correspondió el abrazo, colocando sus manos en la cintura de Anya y riendo animadamente. Baird volteó a ver a Cole, quien hizo lo mismo, Augustus sonriendo de oreja a oreja. Entonces todos comenzaron a reunirse con Santiago, incluso Cole empezó a acercarse con paso lento y dubitativo, pero Baird se quedó de pie en la misma posición, aún creyendo imposible lo que sus ojos estaban presenciando.
—Dom está vivo —susurró para sí mismo, y entonces una sonrisa se comenzó a formar en sus labios—. Está vivo —y entonces se reunió con el resto, compartiendo el júbilo que se podía percibir en el aire. Todos gritaban y reían, palmeándole la espalda a Santiago, pidiendo explicaciones y conviviendo como nunca antes lo habían hecho.
Después de la emoción causada por el reencuentro, todos tomaron asiento enfrente de Dom para que éste comenzara a narrar todo lo ocurrido. Matthew se puso a un lado de Marcus, viendo las reacciones de todos cambiar cada vez que una palabra salía de la boca del soldado perdido. Entonces después de unas horas de estar explicándolo todo y respondiendo las preguntas que cada Gear hacía, finalmente llegó el momento de celebrar. Todos comenzaron a beber y a festejar que Dom había regresado, y aunque al principio fue difícil para todos digerir la información, eventualmente se lograron convencer de que en realidad Santiago había regresado de entre los muertos y había llegado a su hogar. El júbilo era palpable, y la alegría contagiaba hasta la más fría alma. Se creó con rapidez un ambiente animado y fraternal, y lograron conocer a Matthew, quien simpatizó con todos y relató su parte de la historia. Todos le agradecieron a Matt por su gran hazaña, y siguieron conversando con naturalidad.
—Es un gran milagro que hayas sobrevivido, Santiago —Dizzy opinó, bebiendo de su cerveza—. ¡Joder, hijo! Ya no recordaba cuánto te extrañaba.
—Si no hubiera sido por ti, tal vez todos nosotros estaríamos muertos, Dom. Gracias por eso —Anya dijo, sonriente. Santiago se sentía feliz. Se sentía casi completo. Se sentía alegre de volver a reencontrarse con su familia y de recibir una bienvenida tan cálida. Se sentía a gusto, cómodo. Todos exclamaron un alegre "gracias", inclinando sus botellas hacia Dom.
—¡Aguarden! —Clayton exclamó alarmado, sorpresa en su voz—. ¿Qué demonios estamos haciendo? Sam no está aquí, ella merece saber que regresaste, Dom.
—¿Sam? ¿De la que habías hablado en el camino? —Matthew preguntó interesado. La observación que había hecho Clayton hizo reaccionar a todos, y detuvieron su celebración para recibir una respuesta.
—Por supuesto que Sam lo merece —Dom comenzó a hablar, bajando la mirada—. Es sólo que..., tal y como lo hice con Marcus, quería que el reencuentro con Sam fuera más...
—¿Íntimo? —Jace preguntó, sonriendo. Dizzy, Anya, Cole y Jace rieron en lo alto, provocando que Santiago se sintiera avergonzado.
—Algo así. Hablando de eso, creo que es hora. Ya ha anochecido. ¿Alguien sabe dónde está su habitación? —Santiago cuestionó, examinando a todos con la mirada. Anya estaba a punto de ofrecerse cuando Cole empezó a hablar.
—Baird sabe.
—¿Qué?
—Sí, Damon, tú sabes mejor que nadie, ¿o no? —Jace arqueó ambas cejas, probando a Baird, quien se mofó, cruzándose de brazos.
—Eso es genial, Baird. ¿Podrías llevarme ahí ahora mismo? —Dom preguntó ansioso, dando pasos hacia la dirección en la que Damon estaba. El soldado quiso pedir disculpas y responder que no, pero la mirada esperanzadora que Santiago le estaba dando era algo muy difícil de ignorar. Torció su boca ligeramente seguido de suspirar y cerrar sus ojos, resignado.
—De acuerdo. Vayamos antes de que cambie de opinión —respondió mientras se levantaba, tomando el último trago de su botella. Santiago dejó la suya en la barra que estaba a sus espaldas y se acercó a Baird. Comenzaron a caminar juntos hacia la salida. Después de que Dom se despidiera de todos a lo lejos, los dos salieron del bar encontrándose con la fresca noche y la iluminada estructura del hotel, opacando con las diversas luces provenientes de las habitaciones la belleza de la luna siendo acompañada por las estrellas. Caminaron hacia la plataforma de la entrada en silencio; sus botas se hundían constantemente en la arena. El aire era frío, y llevaba consigo la esencia de varios árboles y plantas nocturnas que desprendían su aroma solamente por la noche. Baird se sentía ligeramente incómodo; convivir con Dom mientras estaba con el resto de Delta estaba bien y era manejable, pero ahora que estaba a solas con él no sabía muy bien si debía de forzar una conversación entre los dos o dejar que el silencio los guiara hasta la habitación de Sam.
La habitación de Sam. Algo íntimo. Esas dos frases lo ponían a cuestionarse sobre el verdadero motivo que estaba impulsando a Santiago a encontrarse con la pelinegra a solas. Era su decisión, por supuesto, pero, ¿qué tenía ella de especial? Recordaba que Samantha había llegado a tener sentimientos hacia Santiago antes de su supuesta muerte, pero por lo que él sabía, Dom nunca los correspondió, ya que estaba muy herido por lo que había pasado con María, su esposa. La situación era extraña, pero no era de su incumbencia, así que trató de ignorar la pequeña molestia que tenía dentro de él por el hecho de saber que Dom quería reencontrarse con Sam a solas.
—¿Y cómo está ella? —hablando de la reina de Roma. Baird hizo todo lo posible por evitar poner sus ojos en blanco, y en lugar de eso sonrió.
—Está bien, supongo. No nos hemos visto mucho —Damon respondió. A pesar de todo, comprendía a Santiago. Entendía su ansiedad y su curiosidad, pero era mejor que lo descubriera él por su propia cuenta a escucharlo venir de alguien más—. ¿Nervioso? —preguntó con genuino interés.
—Y que lo digas —Dom respondió, ladeando la cabeza y soltando una risa no muy convincente—. Supe cómo sería la reacción de todos ustedes, incluso tenía una cierta noción de cómo actuaría Marcus una vez me viera. Pero Sam..., pienso y pienso, pero no logro imaginármelo.
—Eso es porque todo lo que Sam hace es muy difícil de prever —trató de evitar que el recuerdo apareciera en su mente, pero la misma proyectó el momento en el que Samantha lo besó de sorpresa—. Pero no te preocupes, sea cual sea su reacción, estará muy feliz de volverte a ver.
—Eso espero —Santiago susurró, más para sí mismo que para Baird. Ambos hombres siguieron caminando en la penumbra hasta que lograron llegar a la entrada, envueltos rápidamente por las luces de la recepción del hotel. Se encaminaron hacia las escaleras con rapidez mientras Dom temía por ser descubierto. Siguió a Damon por los pasillos una vez que se hubieron detenido en uno de los pisos, pasando puertas y puertas mientras su nerviosismo iba en aumento y su ansiedad lo comenzaba a asfixiar. Sintió sus manos sudorosas, y se las limpiaba una y otra vez frotándolas contra su armadura con la esperanza de que el líquido pegajoso desapareciera de sus palmas. Baird rio para sus adentros al ser testigo de la reacción de Dom, y quiso tratar de darle ánimos, pero era mejor que se comenzara a preparar mentalmente por su cuenta. Además de que Baird nunca había sido bueno para esas cosas.
Siguieron caminando, y sus pasos haciendo eco en el pasillo a través del cual se desplazaban. Con cada paso que daban, varias partículas de polvo se elevaban y quedaban suspendidas en el aire, moviéndose constantemente por la corriente que se podía sentir. Dom suspiró hondo, cerró sus ojos y tragó con fuerza. Estaba listo. Podía hacerlo. Era Sam; ella estaría feliz de volverlo a ver y eso era lo único que importaba. De pronto, Baird se detuvo frente a una de las puertas, señalándola con su mano.
—Adelante, toda tuya —no le gustó la forma en la que se expresó, pero una vez las palabras salieron de su boca ya no pudo regresarlas. Esperó a que Dom se tranquilizara, visiblemente impaciente a un lado de él. Tómalo con calma, Damon, se dijo a sí mismo, haciendo lo imposible por terminar de comprender.
—Estoy preparado —Santiago susurró, dando pasos tentativos hasta quedar de pie frente a la puerta. Volteó a ver a Baird sobre su hombro, asintiéndole—. Gracias por la ayuda.
—No hay de qué. Haría cualquier cosa por un amigo regresado de entre los muertos —provocó una risa en Dom y se sintió aliviado por liberar un poco de la tensión que Santiago tenía consigo—. Yo ya hice mi parte, ahora te toca a ti —de forma espontánea, palmeó el hombro de Dom—. Buena suerte.
Y comenzó a caminar de vuelta por donde habían venido, escuchando resonar en el pasillo el suspiro tembloroso de Santiago antes de oír el sonido de tres golpes azotar contra la puerta de Sam. Cerró sus ojos, mordiendo su labio inferior y dando la vuelta en el pasillo. Se detuvo en la esquina de la pared, con su espalda contra la misma. No sabía qué estaba haciendo, pero algo dentro de él le pedía que se quedara para ser testigo del espectáculo. Y así lo hizo.
Dom golpeó la puerta de la habitación de Sam tres veces, y el sonido que provocó su puño estampándose contra la madera lo aturdió en gran medida. Suspiró incontables veces, su nerviosismo estaba a punto de desbordarse dentro de él y a nada de hacerlo perder el control. Se seguía diciendo palabras para tranquilizarse, pero eran inútiles ahora que se encontraba enfrente de la puerta de Samantha. ¿Qué iba a decir cuando lo viera? ¿Cómo iba a reaccionar? ¿Qué pasaría cuando la tuviera frente a frente? Tuvo impulsos de irse y retrasar lo inevitable, pero fue fuerte, y tomó toda la voluntad dentro de él para quedarse de pie a esperar con molesta desesperación a que Sam abriera aquella puerta.
Su corazón se detuvo cuando escuchó el momento en el que la perilla era girada y el seguro era quitado. Y entonces la puerta ante él se abrió ampliamente, revelando a la persona que había anhelado ver desde que había despertado. Su respiración se atascó en su garganta y fue irónico, porque aún cuando había regresado a la vida casi un mes atrás, al momento de volver a ver a Sam fue cuando realmente pudo volver a sentirse vivo. Vivo y completo. La examinó con rapidez y ojo entrenado; su cabello estaba un poco más largo de como lo recordaba, su aspecto lucía más cuidado y la banda que tenía en su mejilla derecha había desaparecido. Vestía una camisa de cuadros rojos y negros que le quedaba visiblemente grande, y también llevaba puestos un par de shorts de mezclilla. Entonces centró su atención en su rostro cuando escuchó un jadeo provenir de ella, sintiéndose de pronto vulnerable y desnudo frente a Samantha.
De sus ojos caían lágrimas que se deslizaban por sus mejillas, pero su recorrido era detenido por las manos de Sam, ambas estampadas contra su boca. Dio un paso hacia atrás, perdida en los ojos de la persona frente a ella. Dom se sintió estúpido, pues se quedó sin palabras, y envés de eso dio un paso hacia adelante, extendiendo sus manos hacia el frente. Pero eso sólo provocó que Sam retrocediera aún más. Podía ver cómo temblaba, y quiso resguardarla entre sus brazos y reconfortarla, pero ella se estaba alejando de él como si se tratara de un enemigo.
—Sam... —susurró, sin saber qué más decir. Se volvió paranoico, sintiendo sus ojos enrojecerse de igual forma—. Sam..., s…soy yo.
La pelinegra quitó las manos de su boca y las colocó en sus orejas, cerrando sus ojos y sacudiendo su cabeza de un lado hacia el otro.
—No eres real —dijo, ira y tristeza marcadas en su voz—. ¡No eres real, no eres real, no eres real, no eres real! —repitió y repitió, sus palabras causando un silencioso dolor dentro de Santiago. Abrió su boca y se sorprendió al descubrir que sus labios temblaban, sus dientes superiores chocando contra los inferiores. Dio otro paso tentativo hacia adelante, logrando adentrarse por completo en la habitación de Samantha.
—Sam, por favor, soy yo..., he regresado.
—¡No! —jadeó en sorpresa al escuchar el cambio de voz en Samantha—. ¡No, no, no! ¡Vete! ¡Vete de aquí! —Santiago amplió sus ojos y fue inevitable sentir como si lo acabaran de apuñalar. Quiso gritar, quiso sujetarla de los hombros y hacerle ver que todo era real y que en verdad había vuelto. Pero no podía. No se podía atrever a hacerlo.
—Sam, no me hagas esto —se sorprendió al escuchar su voz temblar, pero ignoró la reacción. ¿Qué había hecho mal? Las lágrimas comenzaron a acumularse en las esquinas de sus ojos azabaches, y trató de calmar su agitado corazón—. Samantha, vamos...
—¡No eres real, no eres real! —gritó, intentando convencerse a sí misma. Seguía con los ojos cerrados y con las manos sobre sus orejas—. No eres real, no eres real —su voz comenzó a perder intensidad, y su cuerpo empezó a descender, sus piernas flexionándose de forma en que cada vez caía más hacia el suelo—. No eres real... —y en cuanto terminó de decirlo, estaba completamente sentada en el alfombrado piso, con sus brazos caídos a los lados, como si de pronto hubiese perdido el control de sus extremidades. Las lágrimas bajaban sin control, suicidándose al piso—. Por favor... —murmuró justo antes de romper en llanto. Un desgarrador y escalofriante llanto. Su cara apuntaba al suelo, y su cuerpo se sacudía con cada sollozo que abandonaba su boca. Lucía como un completo desastre. Lloró con fuerza, logrando lastimar su garganta, sintiendo punzadas de dolor en su cabeza y en su corazón. Dom se quedó inmóvil frente a ella, ignorante a lo que debía de hacer. Quería decirle que todo estaba bien, consolarla y asegurarle que había regresado a ella y que jamás volvería a irse. Pero no podía encontrar en sí la fuerza para hacerlo. Se sintió impotente, como si un fenómeno invisible lo sujetara sin dejarle escapatoria.
Suspiró temblorosamente y dio un paso tentativo hacia adelante, sintiendo el suelo debajo de él crujir. Miró hacia abajo tras escuchar el sonido hueco y después hacia Sam, y ganó más confianza al ver que no había causado ninguna reacción mala en ella. Dio un paso más, pero Samantha seguía perdida en su llanto. Recuperó fuerza y siguió avanzando, su mirada fría y su rostro inexpresivo. Una sola lágrima había bajado anteriormente y ahora se secaba sobre su mejilla. Cuando estaba suficientemente cerca de la pelinegra, se arrodilló con cierto titubeo a su lado, extendiendo sus brazos hacia el frente y colocando sus manos sobre los hombros de Sam. Ella se puso rígida al sentir la calidez proviniendo de las palmas de Dom hacer contacto con sus hombros, pero eventualmente se inclinó hacia el tacto, y Santiago supuso que eso era una buena señal. Entonces sus manos viajaron hasta su espalda, acercándose más a la sollozante figura. Frotó sus palmas contra la camisa de Sam y empezó a susurrar palabras de consuelo.
—Estoy aquí, Sam. Realmente estoy aquí —murmuró, ignorando el nudo que volvía a subir a su garganta—. Estoy aquí y no me volveré a ir. Lo prometo. Todo va a estar bien, todo estará bien —repetía y repetía sin cansarse, y su voz resonó en la habitación,combinándose con el constante llanto de Samantha—. Shh, está bien, llora todo lo que necesites —y después de unos minutos de permanecer en el suelo abrazando a Sam, ésta finalmente bajó el volumen de su llanto, sollozando casi en silencio. Aún seguía con los ojos cerrados, su cabeza recargada sobre el hombro de Santiago. Levantó sus brazos con resistencia, y rodeó con cierto temor a que se desvaneciera el torso de Dom, pero cuando pudo percibir que la figura seguía en su lugar y que la misma irradiaba calor, abrió sus ojos repentinamente, como si la realidad la golpeara de pronto.
Sus brazos abrazaron a Dom con fuerza, y ella inhaló profundamente logrando percibir el dulce aroma que emanaba de Santiago. Lo abrazó con miedo a que se fuera, con aprehensión, con alegría, con nostalgia. Lo abrazó con todo lo que ocurría dentro de ella en esos momentos. Todas las emociones encontradas, todos los sentimientos que se acumulaban dentro de ella y que la buscaban asfixiar finalmente salían a la luz. Lo abrazó como si su vida dependiera de ello.
—Dom... —susurró de forma casi inentendible, y Santiago reforzó el agarre que tenía en ella, estampándola más contra su cuerpo. Las lágrimas seguían bajando, y ahora caían sobre la armadura de un aturdido pero al mismo tiempo aliviado soldado que había cerrado sus ojos, dejándose llevar por el sabor agridulce que el reencuentro tenía.
Finalmente se sentía completo.
Finalmente se sentía vivo.
Pero que reencuentro tan bonito ;_; , finalmente nuestros dos Gears están juntos y no están planeando separarse pronto 7u7, pero…¿qué pensará nuestro queridísimo Baird al respecto? OHOHO, en respuesta a un review que me dejaron siii, ya vi el prólogo. Vi varios vídeos así de teorías y ese estilo y vi una bien LOCA que decía que Sam y Cole eran pareja y que su hijo era Del Walker xD . Y también vi que el ciéntifico que salía al principio era Baird… DIOS MÍO, VOY A EXTRAÑAR MUCHO SU CABELLO VOY A LLORAR :'((((((((((((((( pero ni modo ;_; , ahora está James D Fenix para remplazarlo 7u7 (mentira, Baird nunca será remplazado xD) pero admitamos que JD es muy guapo *corazón*.
Muero por jugar el juego! OIGAN, ¿ya se enteraron de que está confirmada una película de Gears of War? ¿Qué eso no es MAGNÍFICO? Obviamente la vernos dentro de dos años o hasta tres tal vez, pero estoy muuuuy emocionada por ello, y estoy muy curiosaaa :D, Rod me va a volver loca con tanta noticia nueva xD bien, lo siento por entretenerlos tanto, que disfruten su jueves, su viernes y su fin de semana! Byebyeee
