Advertencias: Violencia algo más fuerte de lo normal, pero nada demasiado explícito.
Nota de Autor: Bueno, creo que con este capítulo entramos en una parte un poco más "oscura" de la historia, por llamarla de alguna manera^^ Y un saludo muy especial a Lor-mats y Zarland-black93 por tomarse el tiempo de dejar un comentario en el capítulo anterior!
Capítulo 8: Cuenta atrás
Danny no estuvo presente en la construcción de la pista de aterrizaje al día siguiente. Tampoco al siguiente. Ni al siguiente.
Más que nunca James y Juliet sentían que tenían que escapar, ya que la ausencia injustificada de Pickett durante tres días no podía significar nada bueno, sobre todo para el sureño.
Se había hecho ya de noche cuando desde su posición en el interior de la jaula Sawyer y Juliet vieron a pasar a un grupo de Otros vestidos completamente de blanco. Ninguno de ellos se molestó en mirar en dirección a las jaulas, simplemente se marcharon con la misma rapidez con la que habían aparecido en dirección a la selva.
— ¿Hay una fiesta hawaiana y no nos hemos enterado?—comentó Sawyer irónicamente.
—Van a un entierro, James—dijo Juliet, acabando con cualquier tipo de broma que el sureño pudiese tener intención de hacer.
— ¿La mujer de Pickett?—preguntó mientras que giraba la cabeza en dirección de la rubia. Ella asintió un par de veces con la cabeza— ¿Y os vestís de blanco?
—Es parte del protocolo. Se hace una ceremonia en el mar donde se incinera el cuerpo—explicó mientras que sus ojos azules se quedaban clavados en los árboles entre los que habían desaparecido los Otros.
—Parece que sabes muy bien como funciona.
—He tenido que estar en más entierros de los que me gustaría desde que estoy aquí…—murmuró con voz tensa mientras que empezaba a caminar hasta su lado de jaula, tumbándose en el suelo.
Sawyer no sabía exactamente a que se podía estar refiriendo con esa frase. ¿Habría perdido Juliet a algún ser querido en la isla? ¿Tal vez algún paciente? Sea como fuere, el sureño decidió dejar pasar el tema e imitó las acciones de su compañera, quedándose dormido pocos minutos después de haber cerrado los ojos.
Habían pasado unas tres o cuatro horas cuando el ruido de la jaula abriéndose los sacó a ambos de su sueño. Antes de que tuviesen tiempo de reaccionar, Danny entró apuntando a Sawyer con un arma.
—No te muevas de donde estás, Juliet—amenazó Pickett sin quitar su atención del sureño cuando de reojo pudo ver como la rubia hacía la intención de ponerse en pie.
—Oye tú, se que estás enfadado per-.
— ¡Cállate!—gritó Danny, impidiendo que Sawyer dijese una palabra más—Tú amiguita mató a Colleen y tú vas a pagar por ello.
— ¿Sabe Ben que estás aquí?—intervino Juliet, tratando de llamar la atención de su antiguo camarada.
—Ya rendiré cuentas con Ben más tarde…
—Se va a poner furioso cuando sepa que has matado a su prisionero—siguió hablando con ese tono de voz inquietantemente tranquilo y calmado.
— ¡Seguro que no tan furioso como me voy a poner yo si dejo que este capullo siga respirando!—gritó de nuevo, perdiendo la paciencia.
Y justo en ese momento Sawyer aprovechó la distracción que había generado la rubia para ponerse en pie y lanzarse sobre Danny, haciendo que ambos se estrellasen violentamente contra los barrotes de la jaula.
El sureño consiguió conectar su puño un par de veces contra el rostro de Pickett, casi partiéndole el labio inferior, pero después de unos momentos de aturdimiento Danny consiguió esquivar el tercer puñetazo y se lanzó sobre el rubio.
Ambos hombres rodaron por el suelo uno encima de otro, forcejeando con el arma escondida entre sus cuerpos y con el peligro de que pudiera dispararse en cualquier momento.
Sawyer logró darle un nuevo puñetazo, haciendo que la pistola saliese volando por los aires y acabase tirada en el otro extremo de la jaula. Entonces Pickett le dio un fuerte rodillazo al sureño el la ingle, haciendo que el hombre se retorciese de dolor.
Tras limpiarse la sangre que le salía del labio, Danny le dio una fuerte patada a James y se encaramó a horcajadas sobre su cuerpo, comenzando a pegarle todo tipo de golpes en el rostro y en la zona del pecho. El sureño trató de alargar el brazo para poder coger el bisturí que llevaba guardado en el bolsillo del pantalón, pero con cada nuevo puñetazo notaba como su mente se desconectaba un poco más de su cuerpo y las extremidades comenzaban a no obedecer sus órdenes.
El sabor metálico de la sangre inundó por completo su boca mientras que cada vez le era más difícil mantener la mirada centrada en el rostro furioso de Pickett, que seguía golpeándole sin descanso.
Tras unos segundos en shock, pensando que Sawyer podría deshacerse fácilmente de Pickett, Juliet se puso en pie y en un par de zancadas llegó hasta donde estaba tirada la pistola. Sosteniendo el arma con firmeza entre sus manos se giró en dirección a los dos hombres.
— ¡Danny, para!—gritó, haciendo que el Otro dejase de golpear al sureño.
—No hagas ninguna tontería, Julie—dijo mientras que se ponía en pie, levantando levemente ambas manos y escupiendo algo de sangre al suelo.
—Cállate—ordenó ella.
Entonces Sawyer volvió a lanzarse sobre el hombre, solo que estaba vez las posiciones se invirtieron y fue Danny el que comenzó a llevarse todos los golpes, dándole la oportunidad a James para vengarse por lo ocurrido apenas unos minutos atrás. Juliet siguió a puntándoles con la pistola, con el dedo encima del gatillo.
Con lo que ninguno de los dos rubios contaba era con que Danny tenía un último as bajo la manga en caso de que las cosas se pusieran peligrosas para él, y antes de que James pudiera siquiera reaccionar, Pickett sacó el táser y lo accionó sobre el cuerpo del sureño.
Sawyer volvió a caer al suelo, solo que esta vez lo hizo entre convulsiones y con el cuerpo completamente paralizado. Pickett, cansado ya del combate, decidió que era el momento de dejar de jugar, por lo que se colocó encima del rubio y colocó sus manos alrededor de su cuello, cortándole el suministro de aire.
— ¡Danny!—gritó Juliet al ver como James comenzaba a retorcerse débilmente en el suelo— ¡Danny, suéltale!—repitió mientras que se acercaba hasta ellos de manera amenazante, con la pistola apuntando en dirección al Otro. Sin embargo, Pickett parecía no estar escuchándola, porque por cada segundo que pasaba apretaba su agarre un poco más— ¡Danny!—gritó por última vez mientras que echaba hacia atrás el percutor de la pistola.
Sawyer dejó de luchar y de retorcerse en el suelo, completamente agotado después de la pelea, la descarga eléctrica y la falta total de aire. Su rostro estaba completamente rojo, lleno de heridas y un tanto hinchado. Sintió como le zumbaban los oídos mientras que todo su entorno comenzaba a volverse oscuro y confuso. Y justo cuando pensaba que todo se había acabado para él, el rubio pudo escuchar el sonido inconfundible de un disparo seguido de tres más. Y como si nunca hubiese estado allí, la presión asfixiante en torno a su cuello comenzó a desaparecer.
El cuerpo de Danny cayó pesadamente sobre el suelo con cuatro agujeros en el pecho, justo al lado de James, permitiendo que el sureño pudiese ver como Juliet aún permanecía con el arma entre sus manos después de haber disparado sobre Pickett, matándole en el acto. Y justo en ese momento el resto de los Otros hizo su aparición en la jaula. Qué oportuno.
—Suelta el arma, Juliet—ordenó Ben con voz tranquila.
La rubia clavó sus ojos sobre los de Linus, sabiendo que acababa de firmar su propia sentencia de muerte al haber matado a Danny. Sin oponer ningún tipo de resistencia, Juliet dejó caer la pistola al suelo y levantó ambas manos.
—Sabía que no tardarías en fallar—se regodeó Ben mientras que se acercaba hasta ella con una levísima sonrisa triunfal dibujada en su rostro.
—Tú mandaste a Danny…—murmuró Juliet.
—No, no lo hice. Simplemente no le impedí que viniese—respondió mientras que le colocaba unas esposas en las muñecas y un grupo de hombres se llevaba el cuerpo de Pickett—Metedla en la jaula de enfrente—le ordenó a los suyos. Después volvió a girarse para mirar a Juliet—Disfruta de tus últimas horas. Tu ejecución será mañana al alba.
— ¿No tengo derecho a un juicio?—replicó aún sabiendo que ni siquiera eso podría salvarla.
—Lo que has hecho ha sido grabado por la cámara. Eres culpable, no hay nada que juzgar—respondió mientras que Tom sacaba a Juliet de la jaula para meterla en la otra—Aseguraos de marcarla antes de la ejecución. Que quede bien claro el crimen que se está castigando—ordenó antes de marcharse—Buenas noches, Juliet—añadió.
Poco a poco Sawyer dejó de toser y de escupir la sangre que le salía del labio, empezando a recuperarse y ganando la fuerza suficiente como para poder ponerse en pie y echar un vistazo a su alrededor. A pesar de que Ben ya se había marchado, Tom y un grupo de Otros se quedó en la zona mientras que Juliet se aferraba a los barrotes de su recién estrenada jaula con las manos y las esposas sobre sus muñecas.
—Eh, tú—dijo, llamando la atención de Tom— ¿Qué significa eso de que la vais a marcar?
—Espera un poco y lo verás tú mismo—respondió el hombre crípticamente.
Con un leve gesto de cabeza por parte de Tom, los Otros volvieron a sacar a Juliet de la jaula, poniéndola de cara contra los barrotes y atándole las manos esposadas por encima de la cabeza. Mientras que otro hombre se encargaba de hacer una pequeña hoguera en el suelo, James seguía observándolo todo sin entender absolutamente nada.
—Preparad el sello—ordenó Tom.
Sin perder ni un solo segundo, uno de los Otros puso una barra de hierro con un extraño símbolo en uno de extremos en el fuego. Y entonces todo hizo click en la cabeza de Sawyer. La mirada del sureño se cruzó rápidamente con la de Juliet, que tenía la desesperación grabada en su rostro.
— ¡Espera! ¿Qué coño vas a hacerle?—gritó el rubio.
—Ben a dado la orden de marcarla y marcarla es lo que vamos a hacer—respondió Tom con tranquilidad.
— ¿Has perdido la jodida cabeza?—volvió a gritar, pero como respuesta solo obtuvo que uno de los hombres sacase la vara del fuego y se colocase justo detrás de Juliet— ¡No es un maldito animal!
Tom le levantó la camiseta a la rubia, dejando expuesta toda la parte baja de su espalda. James pudo percatarse perfectamente de cómo Juliet se estremeció ante el contacto, cerrando los ojos con fuerza para tratar de ser capaz de aguantar lo que iba a venir a continuación mientras que sus nudillos de volvían de color blanco al agarrarse a los barrotes.
— ¡Para! ¡Para, joder!—siguió exigiendo Sawyer mientras que golpeaba las barras de su jaula con las manos en un gesto de impotencia.
Entonces, tan pronto como el hierro al rojo vivo tocó la piel de la rubia, un agudo chillido se escuchó en toda la zona. El cuerpo de Juliet se retorció violentamente, tratando de alejarse de lo que le estaba causando tanto dolor, pero Tom y los demás hombres se aseguraron de mantenerla bien sujeta hasta que el Otro que manejaba la vara de hierro terminó de marcarla, hundiendo el metal incandescente en su espalda. Ella siguió chillando incluso después de que el hierro dejó de tocar su piel, mientras que las lágrimas se escapaban inevitablemente de sus ojos.
Las rodillas eran incapaces de soportar el peso de su cuerpo, temblando violentamente, por lo que cuando finalmente le desataron las manos, Tom tuvo que cargar con todo el peso de la rubia para poder meterla de nuevo en la jaula que había frente a la de Sawyer. Tras apagar la hoguera y asegurarse de que los candados de ambas jaulas estaban correctamente cerrados, Tom y los demás hombres se marcharon por donde habían venido como si no hubiese pasado nada.
James se pasó las manos por el pelo mientras que le volvía a dar un golpe a los barrotes de la jaula, impotente por haber tenido que vivir la escena que acaba de ocurrir como un mero espectador. El llanto suave de Juliet siguió escuchándose con claridad durante unos cuantos minutos hasta que finalmente quedó reducido a unos sollozos ahogados. La mujer se había quedado tumbada de lado en el suelo, jadeando agitadamente, de manera que su reciente herida no pudiese entrar en contacto con nada que no fuese el aire.
—Rubia… ¿estás bien?—preguntó Sawyer con un hilo de voz.
—No pasa nada… Todo ha terminado para mí…—respondió sin cambiar la posición de su cuerpo, ya el más mínimo movimiento en su piel le provocaba un dolor bastante insoportable en la quemadura—Todo ha terminado para mí…—repitió en un susurro.
Aunque aún seguía siendo noche cerraba, no quedaban demasiadas horas para que empezase a amanecer. La cuenta atrás acababa de comenzar y una derrotada Juliet, tanto física como psicológicamente, no tenía intención de luchar más por su vida.
Continuará...
