Los personajes no me pertenecen, la historia sí.


Capítulo 9: Mía

-Leah. Leah... ¡Leah!

-¿¡QUÉ!- gritó la chica en medio del pasillo del instituto, ganándose las miradas de todos los presentes.

Embry se pasó una mano por el pelo, nervioso y avergonzado de tener todas las miradas puestas en ellos.

Leah se dio la vuelta, mirándole hastiada. Llevaba toda la mañana detrás de ella, llámandola. Le había ignorado las dos primeras horas, pero ya no podía más. Estaba empezando a dolerle la cabeza y cuando Embry se separaba de ella para ir a clase seguía resonando su voz en su cabeza.

-¿Podemos hablar en...un lugar más privado?

-No.- La respuesta fue clara. Leah se dio la vuelta, prosiguiendo con su camino. Embry la siguió.

-Espera, escúchame.

-Embry, me halaga mucho que quieras ser mi perro faldero toda la mañana, pero comienzas a hartarme. Si quieres decirme algo, dimelo ya.

-Yo... Quería disculparme por lo del otro día. Han pasado tres días y no te has reunido con nosotros. Sé que estás enfadada, pero Jake y yo no volveremos a pelearnos... Lo juro.- Leah le miró a los ojos. Le estaba costando mucho decir esas palabras, ni Embry ni Quil eran de los que pedían disculpas, por no hablar de Jacob.

-Acepto tus disculpas, pero no me reuniré con vosotros mientras las hormonas os nublen el cerebro. No quiero ahogarme en testosterona, gracias.- Contestó, mordaz.

-Oh, venga ya. Qué rencorosas sois las tías, macho- las palabras salieron solas de su boca, sin controlarlas. Había estado tres días intentando hablar con Leah, hablándole educadamente y la había cagado en un segundo.

-Adiós, Embry- Se despidió la chica, entrando en el baño.

Se dejó caer en el lavabo, mirándose en el espejo. Llevaba tres días evitando a Quil y Embry. El primero no tenía nada que ver con su enfado, pero tampoco tenía ganas de hablar con él. A Seth no tenía más remedio que verlo en casa, pero aún así no pasaba mucho tiempo allí. Se pasaba las tardes en casa de Dan, el cual se recuperaba poco a poco, jugando a videojuegos y enrrollándose con él de vez en cuando.

A Jacob no le había visto desde el día del bosque. Le habían expulsado del instituto una semana por la pelea, así que no tenía que esforzarse en evitarle.

Y, aunque odiaba admitirlo, le echaba de menos. No podía evitar pensar en él cuando Dan la besaba y tampoco había podido llegar a algo más con él porque sentía que estaba traicionando a Jake. Ese pensamiento siempre la enfurecía.

Ella era libre. Podía hacer lo que quisiera con quien quisiera.

Pero parecía que su cuerpo no entendía el razonamiento. Sin darse cuenta su cuerpo rechazaba a Dan. Sus manos no le parecían lo suficientemente suaves, su pelo no era lo suficientemente largo y era demasiado claro. Su cuerpo no tenía esos músculos que sí tenía Jake y sus labios no eran ni la mitad de deliciosos que...

Suspiró, mojándose la cara con agua fría. Se estaba volviendo loca. Loca por él.

Intentaba convencerse a sí misma que sólo era atracción sexual. A simple vista estaba el hecho de Jacob estaba bueno... muy bueno. Cualquier chica se sentiría atraída por él. Y ella era una chica.

Conclusiones estúpidas aparte no sabía qué hacer.

Quería ir a verle y al mismo tiempo no. No soportaría que se pusiese tan posesivo con ella como las últimas veces, no le gustaba sentirse como si le perteneciera a alguien.

Salió del baño suspirando agradecida de que Embry no estuviese esperándola fuera y se fue a clase, aunque fuese inútil, no podía dejar de pensar en él ni durmiendo.

Al acabar las clases decidió ir a casa de Dan a intentar olvidarse un poco del caos que era su vida en ese momento. ¿Cómo iba a poder volver a estar con su manada después de lo que había pasado? Los echaba de menos, en realidad. Echaba de menos salir a cazar con ellos, correr libremente por el bosque e incluso las carreras que hacían compitiendo con Jacob hasta el último segundo a ver quién de los dos ganaba esa vez.

Sin darse cuenta, metida en sus recuerdos de aquellos días en los que no tenía a casi todos los lobos pendientes de ella, llegó a casa de Jacob. Sus pies la habían llevado allí inconscientemente, como si debiera ir allí.

Golpeándose mentalmente se dispuso a dar la vuelta y marcharse cuando oyó la puerta abrirse. Seguramente Jake la habría olido. Se volteó y ahogó un gemido involuntario al verle allí, semidesnudo mirándola fijamente.

-Jacob, cariño, ¿por qué has salido?- Se oyó una voz femenina de dentro de la casa. Una chica pelirroja con el pelo muy largo y que sólo iba en ropa interior se asomó por la puerta.

Leah no pudo evitar abrir la boca, asombrada.

En estado de shock se dio media vuelta y salió casi corriendo, andando lo más rápido que podía.

-Leah, espera- oyó a Jacob detrás de ella, siguiéndola. Echó a correr, transformándose en el camino, sin importarle una mierda su ropa.

Se sentía tan dolida, tan decepcionada. Era cierto que ella había estado con Dan todo este tiempo e incluso había intentado acostarse con él inútilmente. Pero de saberlo a verlo con tus propios ojos era muy diferente.

Jacob se tranformó rompiendo los pantalones, pero en ese momento sólo le importaba lo que pensara Leah. No podía haber llegado en un peor momento. Aunque el idiota fue él, que no pudo controlar el impulso de salir corriendo a abrir la puerta en cuanto la olió.

Estaba intentando olvidarla, calmar esos instintos animales que lo poseían y eligió a la primera chica que mostró algo de interés por él.

Cuando consiguió alcanzar a Leah, ésta se dio la vuelta y le dio un zarpazo en la cara, que pudo esquivar mínimamente y le arañó un poco la cara. Ella no le dio tregua y volvió a atacarle, con más fuerza, ésta vez haciéndole daño en una oreja.

Jacob gruñó. No quería atacarla, pero si seguía así no se iba a controlar.

Leah se abalanzó sobre él y, como otras veces, Jacob dejó que lo tumbara de espaldas al suelo. Le arañó en la cara, de nuevo, y después en la nariz. Los ojos de ella estaban rojos por la furia y los celos, celos que ni ella misma lograba entender.

"Leah, para" Le ordenó, pero ella hizo caso omiso a la orden, como de costumbre. Jacob intentó meterse en su mente, pero lo único que logró ver fue rojo. La ira la invadía y sabía que no podría controlarla. Tenía las patas delanteras llena de arañazos, aparte de los que le había echo en la cara. No iba a aguantar mucho más los juegos.

Intentó morderla en el cuello, o eso pasó por su mente, pero no pudo. Su mente daba la orden a su cuerpo y éste no respondía.

No podía dañarla.

Mierda.

"¡Para de una vez!" Gritó, empujándola casi suavemente y poniéndose de pie.

Leah tenía la respiración acelerada y volvió a abalanzarse sobre él, dispuesta a morderle. Jacob la esquivó por los pelos y volvió a su forma humana. Así no le atacaría.

Ella se cabreó aún más cuando le vio destransformarse. No podía atacarle así.

Leah le imitó, volviéndose humana y sin percatarse de su desnudez.

Pudo apreciar mejor las heridas de Jacob, que iban curándose al pasar los segundos.

-¿¡Se puede saber qué coño te ha pasado!- Gritó él, mirándola furioso, acercándose poco a poco.

-¡No tienes ningún derecho a recriminarme nada! Yo almenos no he atacado a tu nueva novia humana.

-¿Todo esto es por que estás celosa, Leah?

No había ningún tipo de burla en su voz, estaba serio, amenazante, dispuesta a atacar mientras se acercaba a ella.

-No. Simplemente me enfada la gente tan hipócrita como tú.-Había veneno en sus palabras- "Eres mía"- dijo, imitando su voz- y después te encuentro acostándote con ella.

-No estaba acostándome con ella.

-Ah, entonces estaríais jugando al parchís, supongo. No soy idiota, a pesar de lo que tú creas.

-¡No te entiendo! Te quejas de mi comportamiento y tú eres igual.- La agarró de la cintura, pegándola a su cuerpo. En ese momento Leah se percató de que ambos estaban completamente desnudos.

-¡Suéltame!- Gritó, removiéndose entre sus brazos sin poder aflojarlo ni un milímetro.

-No.- gruñó antes de besarla.

Leah se resistió, intentó apartarle con sus manos, intentó mover la cara, pero sus labios estaban firmemente pegados a los de ella. Abrió la boca y Jacob metió su lengua, aprovechando ella para morderle fuertemente.

Jacob gimió en su boca y notó el sabor de la sangre, pero eso no le detuvo, al contrario notó su miembro erguirse y rozar suavemente su cadera.

Jacob apretó su agarre y la tumbó en el suelo, con él encima, sin dejar de devorarle la boca. Se separó de ella y bajó por su cuello, dando besos y mordiscos suaves.

Para ese momento, Leah ya estaba completamente entregada, restregándose contra su cuerpo y gimiendo por sus caricias.

Jacob llevó una de sus manos a la intimidad de ella, para descubrir que estaba completamente mojada. Una sonrisa de satisfacción adornó su cara y volvió a besarla, mientras se introducía en ella de una sola estocada. Leah rugió y enlazó las piernas en la cintura de él para sentirlo mejor.

Nada importaba en ese momento, tan sólo ellos dos. Jacob se movía frenéticamente dentro de ella, desesperado y descargando toda la frustración de esos días.

No duraron demasiado. En un movimiento certero Leah llegó al orgasmo, llevando a Jacob con ella.

El no dejó de moverse, alargando el momento y, mientras estaba en pleno cielo, se le escaparon las peores palabras que podría haber dicho.

-Eres mía.

Al escuchar aquello, Leah se enfureció y, aprovechando la debilidad de él, lo apartó de un empujón y se puso de pie. Todo alivio y toda satisfacción se esfumaron.

-¿Y ahora qué te pasa?

-¿Cuántas veces tengo que decirte que no soy de nadie, y mucho menos tuya?

Jacob bufó y se levantó, acercándose a ella. Antes de que Leah pudiese evitarlo, él la agarró de la cintura, como hizo minutos antes de acabar haciéndolo en medio del bosque, otra vez.

-Esque eres mía, ¿cuándo vas a darte cuenta?- Le susurró al oído, notando cómo se enfurecía.

-Entonces, ¿por qué estabas con esa chica en tu casa?- Intentó cambiar de tema.

-Tenía que olvidarte.- Se sinceró. No tenía sentido mentirle en eso, sólo sería perjudicial para sí mismo.

-Eso no es excusa, Black.

-Lo sé, pero estaba cansado de despertarme todos los días excitado por haber soñado contigo- le susurró, de manera muy sensual en el oído. Leah se sonrojó.

Consiguió apartarse de él y se dispuso a marcharse directa a su casa y ponerse algo de ropa.

-Eres mía, y lo sabes- gritó.

-Sigue soñando, Jacob.- Contestó, entre divertida y fastidiada, dándose la vuelta, mirándole.

-Has vuelto a follar conmigo- Sin saber por qué, le dolió que se refiriera de esa manera a lo que acababan de hacer.

-Estaba cansada de despertarme todos los días excitada por haber soñado contigo- En cuanto repitió sus palabras anteriores, se arrepintió. Antes de darse cuenta, Jacob estaba a su lado, y seguía desnudo.

-¿Sueñas conmigo?- Preguntó, divertido.

Leah no contestó.

-Sabes que es inevitable, Leah. Necesitamos estar juntos.

-Quizás lo sea, pero mientras yo no tenga esa necesidad estaré los más alejada de ti que pueda.- Gruñó, alejándose completamente de él, e internándose en el bosque.

-¿A quién quieres engañar?- Susurró, sabiendo perfectamente que ella le había oído.

Suspiró pesadamente y se encaminó hacia su casa. Le dolía el rechazo continuo de Leah. Ella estaba interesada en él, lo sabía de sobra. Además de que no podía evitarlo.

A él tampoco le gustaba la situación. No le gustaba que Leah tuviese que fijarse en él sólo porque su instinto la obligaba. No quería sólo su cuerpo por mucho que se hubiese estado obligando a pensar en ello. La quería a ella, completamente.

Estaba cansado de la historia, cansado de que se repitiera. Discutían, se alejaban, alguno de los dos se ponía terriblemente celoso, hacían el amor y volvían a discutir.

Leah se tumbó en su cama después de darse una larga ducha, pero el olor de Jacob seguía por todo su cuerpo.

Le fastidiaba tanto su posesividad, pero lo que más le molestaba era que ella sentía que era de él.

Todo era una auténtica locura.

Y no quería pensar ni por un momento, en las cosquillas que estaba empezando a sentir en su vientre cuando la tocaba, cuando le veía e incluso cuando pensaba en él.

No quería pensar en que esa atracción sexual se estaba empezando a convertir en otra cosa.

No podía pensar ni por medio segundo que quizás, y sólo quizás, estaba empezando a enamorarse de Jacob...

...Porque eso, simplemente, era imposible, ¿no?


Dios, hacía meses y meses que no actualizaba. Falta de ideas. Ni siquiera sé muy bien qué escribí aquí. No lo he revisado muy bien, acabo de terminarlo a las 3 de la mañana.

Disfrutadlo, si esque es posible