En este fic hay parejas secundarias y espero que las acepten. Aunque no profundizaré mucho en ellos se hará mención del desarrollo de sus romances. Si hay aceptación haré más por ellos. Disfruten la actu.

Ese día no hubo carta. Ese día Hanamiya sacudió sus cabellos húmedos y medio se acomodó las ropas. Algo no muy formal pero tampoco informal, debía acudir a una reunión con su profesor para aclarar los puntos del próximo torneo. Buscaba no pensar en lo ocurrido, enfocarse en otras cosas. Tenía que despegar de su mente a Teppei y a Hara, era insano estarse preocupando tanto por esos dos pequeños problemas aunque, vale, uno no era un problema si no un placer.

Salió de su casa rumbo al punto de reunión, habían acordado ir a un restaurante pero cabe decir que Hanamiya casi se le cae la cara al ver que este era un poco más elegante y nada acorde a sus vestimentas. Se golpeó un poco la frente y cuando dio la vuelta para volver ahí estaba su profesor frente a él vestido formal como siempre hacia para ir a la universidad.

—Makoto, ¿Sucede algo? —Hanamiya retrocedió un poco, ese sujeto de verdad era imponente a su lado y recriminarle por haber planeado una reunión sin advertirle de la clase de lugar donde seria era muy desconsiderado de su parte no era una opción, era su superior. Se limitó a chistar mentalmente y buscar respuesta.

—No, creí que me había equivocado de lugar —Imayoshi sonrió levemente y le dio un par de palmadas en la espalda.

—Es el lugar correcto, disculpa si no te advertí de que iba… —el alumno solo podía ejecutar mentalmente un insulto y dar la vuelta hacia la puerta del elegante lugar.

—Solo me sorprende un poco que nos reunamos en un lugar tan costoso si solo hablaremos del torneo —y si, Hanamiya estaba preocupado porque su bolsillo no alcanzaba para pagar la posiblemente carísima comida del lugar pero terminaría por mentir diciendo que ya había almorzado para evitar pedir algo costoso.

—Oh, sí. Es que este lugar tiene muy buena comida —dijo aun con la mano en la espalda del chico de cejas amplias caminando hasta que en la entrada un joven les atendió — la reservación de Imayoshi Souchi, por favor.

El joven de la puerta rebuscó en la lista mientras Hanamiya alzaba la ceja viendo el interior del lugar que en efecto estaba pulcro y reluciente, extenso y con candelabros colgando del techo. De repente el estar ahí, las etiquetas y esas cuestiones empezaban a producirle escozor.

—Claro, adelante. —indicó el joven tras encontrar la reservación y tomando dos cartas les indicó donde tomar asiento. Imayoshi impulsó un poco a Hanamiya sin quitar la mano de su espalda, sentía que el otro estaba cohibido y de no llevarle así tal vez se quedaría en shock de pie en plena puerta.

—¿Nunca habías venido a este lugar?

—Ni a ninguno como este—contestó mirando alrededor. Analítico observaba a las personas ahí y estas le observaban juzgador pero Hanamiya pasó de todos y su maraña de pensamientos impropios que seguro le clasificaban como alguien inferior, no necesitaba impresionar a nadie a la vista, no era su estilo preocuparse por la opinión de las personas así que pasó de ellos mirando al frente.

Entonces le vio al fondo. Las luces iluminaban levemente su mesa, una veladora al centro y sonrisas suaves. Una mujer de cabellera castaña estaba al frente pero él no podía verle la cara y entonces supuso de quien se trataba. Dudó un momento, momento que Imayoshi no pasó desapercibido y dirigió la vista a buscar lo que Hanamiya observaba. Entonces como un momento fugaz miró al hombre castaño quien tomaba un poco de vino y después volvía a su charla amena, Hanamiya salió del shock y bajó un poco la vista para llegar al fin a la mesa, lamentablemente esa mesa daba visibilidad a la de Teppei.

Tomó lugar en un punto donde le observaba y abrió el menú intentando disimular. Ambos pidieron algo de tomar y una entrada sencilla aunque el de cejas amplias se quedó un poco shockeado Imayoshi habló.

—Yo invitaré, así que no te contengas…

—No es buena idea invitar a cenar a un alumno, profesor Imayoshi —contestó Hanamiya casi lascivo. Imayoshi sonrió divertido ante lo que sonaba como coquetería ante sus oídos.

—Entonces esta noche no seas mi alumno, Makoto —el chico respondió con una sonrisa irónica y divertida aunque por dentro tuvo esa sensación de estarse pudriendo y de haber entrado a ese pequeño juego solo por la situación en la que estaba. Sabía que Teppei tenía su vida pero ser espectador de esta era desagradable.

La chica se puso de pie disculpándose, seguro iría al tocador en ese ritual femenino y Teppei se quedó solo. En ese instante pudo notar como toda esa farsa de felicidad se borraba como si estuviera cansado, claro, las cosas en su mente debían ser un caos. Para terminar de formar sus emociones en algo terrible Teppei alzó la vista y le observó, miró a Hanamiya impactándose de su presencia y el azabache entrecerró los ojos actuando natural, pasando de él y volviendo a la conversación con su profesor.

—Tengo que ser su alumno pues hablaremos del torneo ¿Lo olvida? —Imayoshi suspiró alzando los hombros y recargándose en el respaldo de la silla.

—Bien, lo sé. Pero después podremos reunirnos para charlar de otras cosas ¿Te parece? —Hanamiya alzó una ceja ante la sugerencia que era desagradable. ¿Charlar? Él no acostumbraba realizar esa práctica y menos con la definición tan generalista de 'otras cosas'.

—Depende de mí humor…—respondió frio e Imayoshi empezó a reír para retornar a la conversación del torneo mientras Hanamiya sentía la mirada de Teppei clavada en él. Sentía que estaba a punto de levantarse si no fuera porque la joven llegó y contuvo sus impulsos.

Llegaron a su mesa un par de copas y la entrada mientras trataban diversos puntos de los contrincantes que tendría y sus técnicas. Charlaban de estrategias, ventajas y desventajas, relatos de experiencias en torneos pasados, consejos y demás. Por momentos su mirada cruzaba con la de Teppei y este volvía a la chica riendo con dulzura, ocultando toda esa tensión. Imayoshi era inteligente y había notado ese extraño patrón de observar a ese punto.

—¿Hay algo que te esté incomodando?—cuestionó el de lentes sorprendiendo a Hanamiya.

—Nada de eso —dijo frunciendo el ceño y repentinamente sintió la mano del profesor sujetándole los cabellos y colocándolos detrás de su oreja ya que estos perturbaban y tapaban las facciones de Hanamiya. Estuvo a punto de preguntar que sí que pensaba, que si de que iba ese acto pero el profesor solo curvó sus labios en una sonrisa. Aquel contacto íntimo le pareció inadecuado.

—No frunzas el ceño, te volverás viejo pronto.

—No me importa envejecer —contestó mientras la mano del profesor era retirada y este se incorporaba.

—Solo no lo hagas de la manera inadecuada…—sugirió con ese tono tan maduro y correcto que sonó como un sabio consejo que se grabó en el joven. ¿Cómo envejecer adecuadamente cuando su juventud fueron tropiezos tras tropiezos? Gente como Hanamiya no tenían salvación.

Entonces miró a Teppei y aquella mujer alzarse de su mesa y empezar a partir, entonces la vio de perfil. Ella era hermosa, rasgos finos, cabellos cortos y castaños, sonrisa adorable y un porte imponente a pesar de su baja estatura. Seguro era muy buena persona, noble y amable como Teppei. ¿Qué pensaba Teppei engañando a una mujer así? ¿Qué pensaba sobre envejecer de una manera adecuada? Tal vez, tal vez lo de ambos era solo un impulso y él decidió envejecer junto a esa mujer no sin antes probar lo prohibido.

Hanamiya se sintió como una aventura temporal que se desvanecería con el tiempo y una voz interna le decía "tú no necesitas ser eso…"

Pero no importaba cuantas veces su mente le dijera que eso estaba mal pues ver los ojos de Teppei lo arrastraban y encendían el interruptor que desplegaba su inmoralidad. Se engañaba diciendo que esos besos los daba para arruinarle la vida pues en el proceso se la arruinaba a si mismo. Quería detenerlo pero no podía detenerlo, no debía hacerlo por orgullo y por placer.

Casi pudo ver que Teppei giró el rostro al verlo antes de salir del lugar, Hanamiya le miró y aprovechó de la distracción de su profesor para sonreír burlesco a Teppei solo por molestar, por no perder ese toque peculiar que tenía de lastimar al otro aunque esta vez seguro el hombre no lo estaría disfrutando pues vio en sus ojos que los celos le carcomían y que la burla de Hanamiya tal vez le costaría, el joven esperaría a recibir su castigo, no podía pedir nada más.

Por su parte Reo este día despertó, se peinó los cabellos, se vistió con un pantalón de flores y una camisa holgada muy acorde, zapatos casuales y un broche sujetándole el cabello. Su maquillaje era ligero, precisamente ese día tenía pocas ganas de arreglarse mucho y no quería lucir exagerado o de alguna manera que pudiera incomodar a la persona que iba a ver. Su hermana sabía que Reo era así, desde aquella época en la que vivieron juntos la azabache lo sabía más solo le veía sin decir nada, sin detenerse a hablar.

A veces Reo se preguntaba si ellos hubieran podido llevarse bien, charlar de ropa, de chicos, acercarse y establecer esa conexión entre hermanos pero cuando sentía que había dado un paso hacia ella, ella se hacía más distante. Y es que en aquel entonces ella era seria, inteligente, recatada y educada pero algo pasó en su juventud que la cambió, que se embarazó y escapó de casa. Tal vez debió ser Reo quien se acercara a hablar, preguntarle él que tenía y no esperar a que ella lo hiciera.

Dolía admitirlo pero dentro de esa casa, compartiendo ese techo ambos eran unos desconocidos.

Tomó su bolso y se lo echó a la espalda, suspiró y abrió la puerta de su casa mirando a Himuro sentado en la orilla de la fuente con teléfono en mano, leyendo tal vez un pdf, un correo, hablando con su hermano, quien sabe. Suspiró nuevamente cerrando su casa y emprendió camino sin mirarlo, seguro el otro también pasaría de él como había hecho todos los días.

Y es que es cierto, se lo había ganado a pulso. No todos los días tu novia a distancia resulta ser un hombre y seguro este es un episodio traumático en la vida de Himuro Tatsuya del cual sus amigos se jactarían si se enteraban. Hubiera querido ahorrarle la pena de ir a visitarle de haber sabido que día iría para decir alguna mentira piadosa o armarse de valor para ser sincero.

Pero no espero lo que ocurriría en ese momento. Reo pensó que era su imaginación pero cuando escuchó a Himuro llamarle de nueva cuenta giró la vista sorprendido hacia el azabache de ojos grises. Parpadeó hasta esperar una confirmación de que no alucinaba pero el otro le observaba poniéndose de pie y sacudiéndose las sentaderas. Se echó el móvil a la bolsa y caminó un par de pasos hacia el estático Reo.

—Yo…—Himuro dudó un poco y después de un segundo de pausa prosiguió —Creo que debo avisarte que pronto me iré…la próxima semana.

Demás está decir que Reo sintió una punzada muy en el fondo de su corazón porque aún estaba enamorado de aquel hombre y saber que se iría era cerrar para siempre la puerta de lo que habían construido puesto que es obvio que el otro jamás volvería.

—Ya veo, espero que hayas conocido muchos lugares —dijo intentando sonar natural como si nada pasara aunque realmente todo estaba pasando.

—Bueno, algo así —dijo intentando no profundizar mucho en la charla e ir al grano —era necesario avisarte, fue por ti por quien vine.

—No…—susurró Reo un tanto triste —no era por mí por quien venias.

Y era una afirmación muy cierta pues Himuro estaba ahí para poder estar con su hermosa novia de cabellos azabaches y dulce sonrisa. De ser Reo por quien estaba ahí no le hubiera ignorado todos esos días pasando de él. Pero bueno, no había más que decir.

—Tienes algo de razón…—le mira y sonríe de una forma que solo había visto a través de la cámara y que ahora en persona era mucho más efectiva y encantadora —pero si tu única mentira fue tu sexualidad entonces creo que podríamos llevarnos bien.

Aquello sonó como irreal ante los oídos de Reo que hasta pensó en pellizcarse para saber si no estaba soñando. Reaccionó del shock y empezó a balbucear cosas sin sentido para después regañarse mentalmente diciendo "Te está pidiendo que solo sean amigos o aunque sea conocidos, no te emociones tanto". Sonrió dispuesto a dar una contestación más acertada pero Himuro le interrumpió.

—Por lo menos el viaje valdrá la pena si me voy sabiendo que hice un amigo …

—Haz hecho un amigo ¿Qué hay de Nebuya? —Himuro rio leve, esa risa encantadora que lo tenía enamorado.

—Bien, no le menosprecio… es un buen amigo también —y ese 'también' sonó presuroso de sus labios, ambos lo sintieron así que no iba a retractarse. Reo quería disculparse por la mentira, por ese tiempo fingiendo ser algo que no era pero no podía hacerlo aunque había algo que estaría bien intentar para que el otro entendiera un poco su situación y reforzar esa, ahora, amistad.

—¿Quieres acompañarme? Iré a ver a alguien…—el otro se sintió incómodo con la proposición 'ver a alguien'. ¿Acaso tan pronto había empezado a salir con otra persona? Por algún motivo imaginarlo le hizo sentir extraño pero al instante siguiente se dio cuenta de su fallo y decidió calmar esa punzada.

—Yo no quiero interrumpir nada…—dijo negando y Reo sonrió leve.

—Será muy rápido, después de eso podemos ir por algunos tragos, yo invito —aquello se le salía de las manos, no podía negarse diciendo que tenía algo que hacer porque no tenía nada que hacer, era obvio, y ahora que había emitido poder sentir amistad por él entonces no estaba en posición de rechazarle por algo.

—Bueno, está bien…solo cerraré la pieza —dijo yendo hacia la puerta, la abrió, sacó unas llaves y cerró esta para después guardarlas en su bolsillo. Himuro regresó la vista a Reo y esa sensación volvía a abordarlo porque en el joven seguía viendo a la novia que ansiaba conocer con esos rasgos finos y suaves cabellos, pero negó en su mente y fue hacia él. —Estoy listo.

—Adelante entonces… es muy cerca de aquí, en el parque —era el mismo lugar donde se encontraron frente a frente hace días y ahora volverían a ese punto.

Caminar a su lado fue una experiencia renovadora y deseada aun cuando fueran solamente conocidos o lo que fuesen era cómodo sentirse a su lado, ese nervio se disipaba pues Himuro emanaba tranquilidad y no se sentía como si fuera a enfrentarse a su pasado, un pasado que Himuro conocía a medias. Sabía de su mala relación con sus padres, su hermana, los problemas, ella partiendo de casa repentinamente y él huyendo de la misma manera. En ese momento caminando y charlando de cosas como la diferencia horaria y de climas se sentía tan normal cómodo aunque sabía que esa atmosfera se rompería. Llegaron al parque y observaron a todos lados buscando a alguien que Reo reconocería y algo que Himuro no sabía de qué se trataba. Una mujer rubia a la distancia jugaba con una pequeña azabache entre risas y demás, la rubia era muy llamativa por lo que fue lo primero en lo que la vista de ambos se fijó y al fondo en una banca había otra mujer con mirada más apacible y una leve sonrisa ante aquella niña y esa mujer.

Reo sintió una leve emoción al verla, estaba igual que años atrás aunque ahora mostraba mayor madurez en sus expresiones, la misma seriedad pero esta no reflejaba presión si no paz. Caminó hacia ella con Himuro a lado y aunque ese caminar fue eterno al fin llegó quedando a unos metros de ella. La chica le miró levemente inexpresiva e hizo una señal con la cabeza para que se sentase a su lado. Reo asintió sentándose y de repente la niña que jugaba con la rubia corrió hacia Masako recargando la cabeza en sus piernas.

—¡Mazu, come!—dijo la rubia corriendo hacia ellos y hablando en inglés. La niña se había acercado al ver que ese desconocido se sentaba a lado de su madre e hizo un puchero de desconfianza ante el cual Reo no supo cómo reaccionar. Himuro sonrió y se inclinó un poco a la niña captando casi de inmediato la situación en la cual estaban, aquella mujer lucía muy parecida a Reo con sus ojos negros y su cabello de igual tonalidad. Es obvio que se trataba de su hermana.

—Que linda pequeña ¿Mazu es su nombre? —dijo Himuro rompiendo el silencio y Masako asintió. Himuro estiró la mano hacia la niña sonriéndole y esta se cohibió un poco más.—Mucho gusto, soy Himuro.

La pequeña dudó y miró a su madre esperando que le confirmara si podía saludar al sujeto. Ella le hizo una señal de que estaba bien y estiró su manita hacia el chico estrechándola con una pequeña sonrisa, algo avergonzada. Reo rió leve, recordó que Himuro tenía ese tacto con los niños, ese cariño y habilidad para hablar con ellos, al menos eso le decía en los mensajes y ahora sabía que había tanto de verdad en sus palabras.

—Él es Reo…—dijo estirando una mano al otro joven y la niña parpadeo mirándole. Entonces miró a su madre y después a Reo nuevamente como notando el extraño parecido. Se acercó al chico y saludó de igual forma como había hecho con Himuro.

—Mucho gusto, pequeña… —en cuanto lo soltó la niña volvió a prisa a aferrarse a las ropas de su madre y esta le acarició los cabellos con ternura.

—Mazu, ven—dijo ahora la rubia —Mamá tiene que charlar.

—Podemos ir a comprar un helado cerca, ¿Te parece? —preguntó Himuro para alejarse, darle privacidad, sabía que a pesar de acompañarle no debía interferir, solo serviría de apoyo moral. Irónico, hasta ayer se ignoraban y ahora estaba cuidándole las espaldas pero ellos siempre han sido así actuando de esa forma inexplicable.

La niña feliz asintió y tomó la mano de la rubia para ir con ellos por un helado y dejar a su madre con el joven que se parecía mucho a ella. Mientras partían Reo les vio fijo sonriendo, esa pequeña había crecido mucho en esos años y su hermana había cambiado en forma y actitud en ese tiempo. Ahora no había emitido palabra alguna, como si hablase a cuenta gotas. El chico suspiró y miró a Masako esperando que hablase pero prefirió hacerlo él.

—Ella es tan grande… —dijo y Masako apretó un poco la mandíbula sin verle.

—¿Qué necesitas de mí? —preguntó yendo al grano. El chico bajó la vista sintiéndose un poco mal, sabiendo que las cosas no saldrían tan bien.

—Quería verte y saber que estabas bien…

—No estaré esperando a que ustedes decidan preguntar si estoy bien, Reo…—apretó sus manos, una contra otra y enfocó la vista hacia el frente, sin verle a él en ningún momento —cuando los necesité no estuvieron para mi… no vengas con eso de que quieres saber si estoy bien ahora.

—Masako…—el chico miró algo preocupado a su hermana y ella le devolvió la mirada enfurecida, algo triste pero equilibrado con rabia.

—Papá, mamá, tú…todos fueron la misma lacra de gente egoísta… —sus ojos enrojecieron y se puso de pie mostrando ese orgullo que Masako siempre tenía —…siempre pensaron en ustedes mismos… no puedes venir y preguntar si estoy bien cuando no estuviste conmigo…

—Escucha, hermana —intentó detenerle tomando su mano pero ella retrocedió —no eres la única que estabas sola en casa…. No eres la única que necesitaba que le escucharan… —la joven se sintió algo sorprendida por las palabras de Reo, por cada cosa dicha —yo también los necesitaba y también huí como tu…

—No puedes esperar que después de todos estos años te abra las puertas de mi vida, no después de todo lo que viví sin ustedes…—a la distancia la rubia, Himuro y la pequeña se acercaban.

—Se que no puedo pero poco a poco quiero ser parte de ella… quiero escucharte y saberlo todo…quiero entenderte y que me entiendas —la pequeña soltó a la rubia y fue corriendo hasta tomar la mano de su madre — hermana, sé que debí haber dicho eso hace muchos años…

—Debiste hacerlo …—susurró ella, todos le escucharon claramente —pero a este punto ya no te necesito…ni a ti, ni a mis padres…—se inclinó cargando a la niña y dio la espalda sin despedirse. La mujer que le acompañaba le siguió sin decir más mientras los dos jóvenes se quedaron ahí en medio del parque. Reo cabizbajo en la banca, Himuro de pie observándole con una sensación de desasosiego.

Y es que en ese momento notó que no era el único que había cambiado para obtener su atención, no era el único que había cometido locuras para que se acercasen y preguntaran que le pasaba, no era el único que necesitaba ser escuchado. Su hermana pasaba por lo mismo y de haber dejado ese orgullo, ese miedo, se hubieran ahorrado todos esos días, meses y años distanciados.

Ahora parecía tarde para decir lo siento.

Reo se puso de pie, sonrió como siempre pero las lágrimas no engañaban a Himuro cuando estas caían sin control por sus mejillas. Reo las tallaba preguntándose en voz alta por que estas salían sin preguntarle si estaba bien hacerlo. Se cubrió el rostro y sintió unos brazos rodearle, los brazos de Himuro estaban a su alrededor y Reo solo pudo recargarse en su hombro y dejar ir toda esa tristeza.

Todos esos años Reo había cargado con ese dolor y ahora que había tenido el valor para solucionarlo se había desmoronado, sus esperanzas destruidas, él de igual forma. Era demasiado lo tolerado, demasiado lo vivido, tanto tiempo solo pero ni llorar el resto del día daría solución a las cosas. Ahí, en medio del parque, ambos supieron que había cosas que no se podían arreglar y para Reo ya era demasiado: primero su relación y ahora su hermandad. Estaba cansándose de equivocarse.

"Este día no escribí sobre él pero me sorprendí de verlo. Miyagi estaba aquí en Croacia. Me saludó apenas y pasó de largo hasta encontrarse con Takao algo tenso, extraño.

Desde hace unos días los rumores de la relación entre Takao y el representante eran peores. Ahora circulaban fotos de él abrazándolo pero si lo veíamos desde un punto de vista lógico Takao gustaba de abrazar a todo mundo entonces no veía la causa de los chismes. Pero más sorpresivo me pareció escuchar a Miyagi reclamarle al respecto diciéndole que no podía meterse con hombres casados, destruir una familia, que era un inconsciente y bueno…muchos insultos más.

Kasamatsu intentó detenerlos pero Sakurai se lo impidió, ese asunto debían resolverlo ellos puesto que Miyagi no tenía autoridad para reprenderle y ponerle un alto era cosa de Takao, en eso estuve de acuerdo pero ¡Me sorprendí! Takao asintió a todo lo dicho como si se tratase de un superior y Miyagi solo se fue chistando y azotando la puerta mientras gritaba algo como 'si tienes tantas ganas de abrir las piernas contrata a alguien'. Nunca escuché a Miyagi hablar así, nunca vi a Takao tan rendido cayendo en el sillón.

Me acerqué a él y sollozaba, me abrazó con fuerza y dijo algo que me pareció triste pero melodioso de cierta forma 'Dime como hiciste para olvidarte de él, para no amarlo…' y sentí un hueco. Si hubiera una formula se la pasaría a Takao para que no sufriera.

Pero ni yo sé cómo lo hice. Ni yo sé por qué Miyagi le trata así. Ese día descubrí los sentimientos de Takao"